¿Qué es un campo popular? / Ensayo Revista Espectros. — Escrituras


A Enrique Hernández y Rodolfo Celestino López, in memoriam. Resumen Los cuerpos contaminados del presente global actualizan las raíces sangrientas raíces de los pueblos del sur como verdad de la tecnología del capital sobre el humano: el campo popular como bloque mundial de la biología explotada. II. Un pueblo es un resto, una diferencia, […]

a través de ¿Qué es un campo popular? / Ensayo Revista Espectros. — Escrituras

¿Match Point?


por Carlos Leyba

Último partido del año… parlamentario.  Sesiones extraordinarias e impuesto a las ganancias propuesto por el Ejecutivo. Mauricio Macri esperaba que Sergio Massa firmara un contrato de adhesión. Massa no lo firmó.

283789-match-pointEn subsidio, el PRO, supuso que cada uno se empecinaría en su proyecto. Había tres. Y que la reforma al impuesto a las ganancias habría de sucumbir por exceso de proyectos sin los votos necesarios.

Un golpe de astucia: proponer un proyecto en extraordinarias que no se habría votado porque ninguno, incluido Cambiemos, habría cedido para sumar mayoría. Error de cálculo. Como recuerda JL Borges, cálculo en latín significa  “piedrita”. Y el error de cálculo se convirtió en piedrita en el zapato que, como todos sabemos, impide caminar. Ahí estamos.

Massa se sumó a Axel Kicillof. ¿Ofensa por despecho derivado de que el PRO no buscó pactar? Sergio pasó de adversario o socio a enemigo.

Las órdenes de Jaime Duran Barba, esta vez, no fueron Zen sino histéricas. Su discípulo, Marcos Peña, afirmó que “Sergio Massa es la persona menos confiable del sistema político argentino” ; y su asesorado, Mauricio Macri, complementó con “a la larga, cuando uno es impostor, sale a la luz” y le recomendó que “con los años aprenda a ser confiable”.

Las descalificaciones responden, seguramente, a un “Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala”(RAE).

La situación es anómala. Los acuerdos parlamentarios que habían funcionado hasta ahora no se verificaron. Las reacciones gubernamentales fueron propias de una “excitación nerviosa”. Pero todo indica un estado pasajero. Si así no fuera no habrá posibilidades de legislar iniciativas gubernamentales. Y el Ejecutivo debería reglamentar las leyes de un Parlamento opositor. Estado pasajero.

Todo indica que las reacciones de Macri y Peña responden a la definición de “histeria” del diccionario de la Real Academia Española (RAE). No es bueno que la histeria gobierne.

Nadie duda, excepto el trío “Duran-Peña – Macri”, que la situación exige “consenso”. No sólo porque el Ejecutivo es minoría en el Parlamento y es minoría en el territorio de gobernaciones y municipios. Sino porque el país carece de rumbo.

Hemos pasado – gracias a la inconsistencia de los que se dicen peronistas – de la instauración de un modelo neoliberal a un proceso de consolidación del DIARgobierno de la oligarquía de los concesionarios (servicios, petróleo, bancos, etc.)

El primer modelo, menemista,  dominado por la economía para la deuda,  con privatizaciones, desregulaciones, apertura, desmontaje del Estado de Bienestar, adhesión plena al Consenso de Washington y al proceso de globalización, participación en las guerra del Golfo, destrucción de las FFAA, eliminación del sistema ferroviario, renuncia a la moneda nacional y retiro del Estado del diseño del Desarrollo Económico y Social, duró 10 años e implosionó, por no cambiar, con la administración de la Alianza.

El segundo modelo K mantuvo las privatizaciones, el desmontaje del Estado de Bienestar (36 por ciento de trabajo en negro, 30 por ciento de pobreza), adhesión a la globalización (primarización soja dependiente) ausencia del sistema ferroviario, un Estado sin programa de Desarrollo y – sobre todo – manteniendo, a pesar del discurso, las bases de una “economía para la deuda” administrada por los intereses de la “oligarquía de los concesionarios”. Mantuvo la ley de entidades financieras de la Dictadura y aspectos centrales de la ley de convertibilidad y generó un escenario legal para la fuga de capitales que sumó 100 mil millones de dólares en el período. Este modelo, sólo en el discurso (“miren lo que yo hago no lo que yo digo” Néstor Kirchner) fue la antípoda del anterior.

Lo común a ambos modelos, lo que realmente importa, fue la declinante participación de las inversiones reproductivas en la Demanda Global  como consecuencia del retiro del Estado de un programa de Desarrollo.

De la declinación de inversiones parte, por un lado, la reducción de la demanda de empleo y la baja en la productividad media del trabajo; y por el otro, la reducción de la capacidad tributaria para sostener las finanzas del Estado cuyas necesidades se acrecientan a consecuencia del incremento de los pagos de transferencia que suceden a la caída en el empleo productivo como resultado de la reducción de la participación de las inversiones en la Demanda Global.

Lo hasta aquí expuesto cubre 25 años (en realidad abarca 40 años) y pone en evidencia que la carencia de rumbo se mide por la incapacidad de financiar al Estado. Un Estado que, por otra parte, sólo se hace cargo del 50 por ciento de la educación, de la salud y de la seguridad.

¿Cómo se resuelven los dramáticos problemas argentinos? La condición necesaria es un rumbo que tenga un horizonte de permanencia en el tiempo y que rija en el territorio de la Nación. No se puede construir sin un consenso muy amplio.

El consenso, darle un sentido común y de largo plazo a la política pública, implica reconocer la igualdad de los actores, el carácter moral de los mismos y abrirse a la confianza de los compromisos. Todo eso es un supuesto necesario para compartir la identificación de los problemas y los criterios de las soluciones.

De nada vale imponer identificación de problemas o criterios de solución, si los mismos no son sostenidos por una mayoría consistente que, para ser tal, debe incluir las visiones de los distintos mundos que habitamos, el trabajo y el capital, la ciudad y la ruralidad, los distintos alineamientos partidarios, etc. Condición necesaria.

Pues bien. La realidad es que el proceso requerido para encontrar un rumbo y salir de la decadencia que la que estamos instalados hace 40 años, requiere como mínimo de un estado de ánimo que empieza por aquello de “quién esté libre de culpa que tire la primera piedra”.

Sin duda la histérica reacción del trío gobernante se debe a la sorprendente puesta en escena de la convergencia parlamentaria de los que fueran funcionarios del kirchnerismo en todas sus etapas. Muchos de ellos también lo fueron de la Alianza y del menemismo.

Pero en las huestes de Cambiemos se cuentan funcionarios del kirchnerismo, del menemismo y de la Alianza. A no olvidarlo.

El enojo, sin previo examen de conciencia, ha significado un descenso horrible en la posibilidad de construir alguna vez un consenso para un rumbo.

Y eso habla, de uno y otro lado, de una concepción pequeña, miserable, de la política y del bien común.

No se puede hacer política navegando entre la histeria y el despecho.

Lo gravísimo es que en un país con más del 30 por ciento de pobreza, con creciente desempleo, con  enorme informalidad laboral, con fracasos en la estructura educativa, con una infraestructura económica y social propia de un país menos dotado que el nuestro, con un clima de inseguridad alarmante, con una estructura judicial que la sociedad no la percibe como honorable, necesitada como pocos – por todas estas y muchas falencias malas – de un consenso para diseñar un rumbo de superación, escapa a la razón que los protagonistas del poder político den rienda sueltas a sus humores viscerales convocando a la escatología política. Triste.

También es increíble que el peronismo – o lo que quede de él allí – enrolado en el FPV, haya tenido el cinismo de liderar la eliminación del pago del impuesto a las ganancias para los asalariados.  Es increíble que los que se negaron sistemáticamente durante 12 años hayan abanderado la causa. Y también es increíble en los dirigentes del Frente Renovador.

El kirchnerismo es el responsable principal de la atrofia producida en el impuesto a las ganancias durante estos 12 años. Y es indignante que haya pronunciado, en la oposición, discursos de exigencia cuando en el oficialismo impidieron siquiera el debate. Cinismo puro.

Todo empezó porque Macri vino incumpliendo una promesa de campaña: terminar con el impuesto a las ganancias que pagan los salarios.

Una promesa, objetiva y precisa, cuando incumplida responde a una de dos causas y ambas graves. La ignorancia o la mentira. Ninguna tarea cumple con las artes del oficio a partir de la ignorancia o de la mentira. Para cumplir hay que conocer, no ignorar; y decir la verdad de lo que se conoce, no mentir. La verdad no alcanza. Y la ignorancia apesta.

Aclaremos antes de ir al punto de esta semana, la cuestión del impuesto a las ganancias y Macri, que en el gobierno K ha abundado la combinación de ignorancia y mentira.

La manera de haber logrado sobrevivir tanto tiempo a ambos males, fue la de poner la basura bajo la alfombra. Esa es la parte de la mentira. Y la de la ignorancia es, como dicen los rusos,  que “con la mentira se puede ir, pero no se puede volver”.

Entonces la primera  posible razón del incumplimiento de la promesa de campaña de Macri es la ignorancia. Macri dice que no sabía lo monstruoso de la herencia fiscal. Y una vez con las cuentas en la mano se apercibieron que no lo podían cumplir. Ignorancia inadmisible.  La otra razón es la mentira a lo Menem. En este caso me inclino por la ignorancia.

La mala noticia es que – como decía JD Perón – “yo he visto a malos que se han vuelto buenos, pero no he visto jamás a un bruto volverse inteligente” . El peligro de la ignorancia.

Macri estaba seguro que las recientes lealtades, por necesidad, de los gobernadores alcanzarían para que los diputados cerraran filas con los mandatarios provinciales.

El modelo de arreglar por territorio, efecto caja, no funcionó. La pelota que tiró Mauricio, con un proyecto no negociado en el Parlamento, fue mala.

Lo había advertido el Presidente de la Cámara, Emilio Monzó: “hay que hacer más política y menos marketing”.

Para Monzó hacer política es argumentar y pactar. Y en el Parlamento eso supone pactar hasta que se tiene la mayoría de los votos. Para Peña y Duran, que habitan el pensamiento de Mauricio, los “políticos” no importan y tampoco los argumentos.

Para ellos importa “la gente” (tomados de a uno, por eso el twiter) y hacer, lograr  “lo que la gente” quiere. El marketing es dar señales de haber escuchado lo que la gente quiere, “las cosas”, el metrobús, el perro viajando en subte, “no hablar de política” y no cansar con argumentos.  Con “la gente” no se argumenta ni se pacta. Para ellos toda “la gente” no son todos los ciudadanos, sino la mayoría que las encuestas revelan.

Esa mayoría – en términos generales – avala a Mauricio y definitivamente repudia a los que quedaron afuera por la corrupción. Lo refiere la excelente última encuesta de Ricardo Rouvier. Ese apoyo no significa un cheque en blanco para las políticas concretas. Y es lo que dicen las encuestas que señalan un claro desencanto respecto de la política económica.

Macri tuvo una derrota en la Cámara de Diputados consecuencia de haber incumplido una promesa por ignorancia y de haber tratado de enmendarla sin argumentar y pactar. Después del retiro espiritual de Chapdmalal tal vez hayan decidido, a su manera, “ir por todo”. Al igual que Cristina, Mauricio – “apelando a la gente por twiter y marketing”- jugó su partido con la estrategia de imponer.

La diferencia es que CFK “iba por todo” sobre la base de una mayoría parlamentaria disciplinada detrás de ese concepto insólito de “lealtad” que con tanta pasión, en nombre de Perón, repiten legisladores que lo combatieron siendo feroces opositores al Perón de carne y hueso.

La tropa propia de Macri no alcanza ni para escaramuza. Y todo lo que consiguió hasta la fecha se lo debe a los miembros de su fuerza que se han dedicado a argumentar y pactar que no son los CEO ni los marketineros.

Macri parece ingresar en el “vamos por todo” y repudiar la idea de consenso y pasar a la “pureza original”. Pureza complicada porque ya vimos que en las filas del PRO hay amplio surtido de sobrevivientes de casi todas las gestiones. Si los fracasos se acumulan dentro del PRO hay toneladas.

Claro que en la oposición parlamentaria los fracasos acumulados son muchos más.

En primera fila el kirchnerismo y sobretodo su última etapa. Pocas personas en la política han tenido el don de ubicuidad de Axel Kicillof,  “vení chiquito” para CFK.

Chiquito, hombre grande con look de niño, milita en el marxismo de Groucho y aplica su apotegma central “estos son mis principios pero si no le caen bien, tengo estos otros”.

El CV político de Axel es sorprendente. Pensaba cobrarle a Repsol el daño ambiental y terminó pagándole más de lo que realmente valía. Pagó de más al Club de Paris por no querer cumplir con el Art IV del FMI organismo al cuál pagaba las cuotas de socio y mantenía como director jugosamente rentado a un recomendado. Sus hombres avalaron el acuerdo secreto de YPF con Chevrón. Inventó el “barril criollo” que consiste en pagar por el petróleo mas que lo que esa commodity vale en el mercado internacional. Inventó el gas nuevo  para pagar 7 dólares el millón de BTU (cuyo costo difícilmente supere los 2 dólares) .Y recibió del desaparecido Carlos Bulgheroni, el más entusiasmado apoyo. Desde Nueva York y por C5N Bulgheroni definió la unción de Kicillof como “excelente”, porque el economista había tenido “un rol muy importante en muchas medidas” del Gobierno. “Es un desafío muy interesante -se entusiasmó Bulgheroni, que deberá negociar con el Estado a qué cotización se le toma la inversión que prometió traer a través del Baade, uno de los instrumentos del blanqueo-.Kicillof ha mostrado una permanente superación de sí mismo frente a los problemas.” También ponderó que el economista hubiera ayudado “a destrabar el problema del precio del gas” y agregó que el nombramiento en el Palacio de Hacienda ponía “una cuota de realismo y es positivo para enfrentar esta nueva etapa”. (La Nación, 20 de noviembre de 2013). Guau!!!  (El Baade refiere al blanqueo que sancionó el trío Gedeon Kicillof-Moreno – Marcó)

Axel se negó durante su gestión a revisar las escalas y la capacidad de daño en los ingresos de los sectores medios del impuesto a las ganancias. El problema que se debatirá en el Senado y cuya media sanción brindó diputados, tiene su origen, en continuidad, en la gestión de Axel Kicillof. La participación de “vení chiquito” en el debate y en esa sanción  referida al tema impuesto a las ganancias es, sin duda, un caso extremo de cinismo político. El cinismo político es el uso al extremo de la ignorancia y la mentira.

De un lado y del otro, la misma contribución para alejarnos de la posibilidad de un consenso sin el cual el rumbo se coloca en situación brumosa y más aún cuando el propio Macri, que goza del apoyo por el avance en el castigo a los corruptos, sanciona el decreto sobre el blanqueo que ampara a los familiares de los funcionarios y que como bien editorializa La Nación: “El Presidente no debió emplear un decreto para volver atrás con una idea que ya había sido descartada por ley. Tampoco debió poner en duda la transparencia de los actos que reclama la ciudadanía. Su decreto ha sido innecesario, inoportuno e incongruente con su propia predica”

En este caso me inclino mas por la mentira que por la ignorancia.

¿Match Point? Ignorancia, mentira y cinismo no pueden generar consenso. Y sin consenso no hay rumbo. Llega la Navidad ¿Y si hacemos un examen de conciencia?

Fuente:  DIARIO EPOCA

Sobre la noción de hecho social total


Bricolage

Eduardo González Castillo

Posgrado en Ciencias Antropológicas Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa

Presentación

Cuando -al menos como estudiante- uno se topa con la noción de hecho social total, es casi inevitable experimentar ciertas dudas acerca del significado correcto del término. Es quizá su aparente transparencia lo que más desconcierta, pues, al oírlo, la definición fácil se presenta casi espontáneamente: un “hecho social total” es cualquier fenómeno social considerado en la totalidad de sus implicaciones. Cuesta trabajo, empero, creer que un concepto tan significativo para la antropología se reduzca, sin más, a una perogrullada. Desde luego, la manera más apropiada de enfrentar esta dificultad semántica consiste en la revisión de los textos y autores involucrados. A continuación, con base en lo escrito por Lévi-Strauss, Cazeneuve y el mismo Mauss, presento un conjunto de notas con el objetivo de esclarecer el sentido general del concepto referido y el orden de ideas en que…

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LATENCIA Y ESPERANZA DEL KIRCHNERISMO


54489_1526038595778_1379045483_31401709_4614466_oEl peronismo, si se lo interpreta solo desde un punto de vista económico y político —en el sentido weberiano en tanto política profesional— queda reducido a la subasta del dinero y los cargos. Ahora bien, en esos cargos y en ese dinero, se disputa un inconsciente más profundo y se revela como el procesador psico-político de nuestros dramas, tragedias y comedias; el estabilizador religioso de una urbanidad decadente. De aquí que éste se piense en bares y cafés de los alrededores del Congreso, allí donde se tejen, subterráneamente, las verdaderas alianzas de la política doméstica, sus intrigas, conspiraciones, pero se ejerce, y se sufre, en el interior del país, en los márgenes de esa centralidad tan odiada como deseada. Desde esa visión psicopolítica todo lo que se hizo en el 2016, con la excusa racional de la auto-crítica de la derrota electoral, fue comenzar a procesar la muerte de Néstor Kirchner, libremente, sin la imposición oficial del Estado: discutir su lugar en el panteón peronista de los dioses.

nestornauta-y-cristinaA través de la muerte de Néstor Kirchner los jóvenes militantes abrazaron al Edipo nacional; un padre, una madre, un yo-peronista. Se disponen, en el nombre del Padre, a declararse, generacionalmente, legítimos herederos. Obviamente, el padre no se reivindicaba “kirchnerista”. El rechazo a la crítica del Padre Patagónico es permanecer en la idealización infantil. Sin muerte simbólica, sin crítica, no hay retorno. No van a poder volver. Para los hijos, impedir que Cristina se someta a la ley, a los tribunales (“si la tocan a Cristina…”) equivale a mantenerse fundidos a ella, como pito ejecutor del trasvasamiento generacional. En este sentido, La Cámpora es la metáfora de una formación incestuosa al nivel de la sociedad. Muchos dirigentes que estuvieron con NK, que formaron parte de su gabinete, firmaron sus decretos, propusieron dirigentes, trabajaron su agenda, están actualmente en el Frente Renovador de Sergio Massa. Quien fue algo así como primer ministro de CFK. ¿Se acuerdan cuando lo gastaban en Tinelli con lo de La Presidentaaaa? Para los peronistas de “La Renovación”, Néstor aparece como un líder con peso histórico específico, propio, un gran constructor de poder y acumulador sin igual de consenso y patrimonio, un animal político total, pero de carne y hueso. Para los jóvenes militantes, es la última encarnación de un linaje que comienza en Rosas y se ancla en la barbarie (concepto inventado por la literatura teológica política de Sarmiento) como verdad del estado. Es que el problema urgente del peronismo no es ¿qué hacer con “la revolución justicialista”? sino ¿qué hacer con la viuda? Por eso, el 2011 fue el triunfo de la culpa como campaña electoral.

La pelea de Moyano con Cristina tiene ingredientes materiales muy concretos, y es una guerra de dioses[1]. Moyano custodió el espectro de Juan Perón en la entrada de la CGT: “no ingresará nadie más acá”; “los sindicatos son de Perón”. Los delegados gremiales saben que así es, y por eso lo cantan, con celo. Todo el intento kirchnerista de poner a los propios en las listas de candidatos, en los directorios de las empresas subsidiadas, en los sindicatos, en los cargos de la administración pública, en las intendencias, bajo apercibimiento de hambruna de fondos, obras de infraestructura, y destrucción pública por cadena nacional produjo la reacción clásica de la psicología colectiva ante el “déspota ilustrado”. Hizo retornar otros espectros. Así “volvieron” los gorilas, Rucci, Vandor, Guardia de Hierro, y también Tosco, Huerta Grande, alguno se acordó de Gelbard. Nos amarramos al pasado, y con la muerte de Alfonsín, también se fundó el “Alfonsín-kirchnerismo”, para seguir idealizando, y masturbando el relato. El Dios Ubaldini ya amenazó con un paro si reparten la estampita del Padre de la Democracia en su iglesia. Volvamos.

La elaboración racional de la identidad peronista exige tiempo, el período de Néstor es levantado como bandera por Lavagna y se concentra en su aura la legitimidad técnica de la herencia “buena”, del “capitalismo nacional”, vilipendiada por “los hijos”, ahora estigmatizados como “secta maldita”, perfecto chivo expiatorio del oportunismo, esto es, descargar sobre militantes (sin trayectoria laboral sólida, sin formación política considerable, sin experiencia de base superior a diez años) el costo de una elección presidencial. Sin embargo, el 60% de los votos de la sociedad argentina son votos no peronistas, no identificados con tradiciones políticas. La mayoría de la sociedad argentina vive esta guerra de dioses como una disputa que le es ajena, que no la representa, una batalla cultural, ideológica, que padece como “grieta”. Acá hinca el diente el PRO y Clarinite. La globalización como ideología y “posmodernidad”. Es el PRO como caudillismo de empresa. El caudillo presidencialista es ahora delirado como CEO transnacional. Nos quita el peso de la historia, nos libera de la carga de la modernidad mediante la Estrategia de la Gran Trola (EGT): abrirse bien de gambas y dejarse penetrar, hasta el sangrado, agotando toda la renta, estrangulada de abusos. A la EGT se la presenta como “confianza” y “volver al mundo”.

Mientras tanto, se le encarga al periodismo la disputa por la interpretación del pasado, heroico en C5N, nefasto en TN. Algunos buscan que ese pasado actúe como gloria, otros como pesada herencia, de forma tal de controlar el trabajo psíquico e incidir en él con imágenes, archivo, conducirlo en su penumbra. Los primeros quisieran que se constituya como tradición, en el mejor de los casos; para los últimos en pesadilla y advertencia. Como no hay artistas, al estilo de un Leonardo Favio, y tampoco hay creatividad ni tiempo —estamos en el puro presente de la comunicación de los sistemas sociales— todas las lagunas, contradicciones, matices de la historia del presente se colman con estadística y encuestas de opinión. Negocio de la ciencia social.

La estrategia de Macri es intervenir en la latencia, involucrar a Cristina en lo cotidiano, hacer que se pronuncie todo el tiempo, bajarla del pedestal del 54% a la pelea del twitter, clausurando el trabajo psíquico-delirante del retorno: ella está ahí, y no es nada más que esto. El cálculo de Cristina es que la latencia, por un contraste de endeudamiento y colapso, la beneficie en el 2019 como redentora. Este último cálculo contiene un inconveniente no menor.

Perón despreciaba la verdad, pero sabía mentir. Jugaba con la verdad como nietzscheano, como artista del gobierno de los otros. El matrimonio Kirchner quiso darle un fundamento científico-metodológico a su voluntad de ilusión. Con título de Economista de la UBA. Le mintieron al pueblo desde el Indec. A las organizaciones sociales, que marcharon junto a la CGT el 18 de noviembre, no se las convence fácilmente de lo que no vivieron y arremeten contra el estado por su deuda: dame recursos ya, contención social y trabajo. Las tres T. Macri pudo hacer demagogia en el debate electoral, puede mandar a mentir a sus intermediarios en la televisión, pero no lo hace desde la estadística del estado, la que oficialmente lo denuncia en recesión. No hay indicador alguno que le regale oxígeno en su primer año. Aquel falseamiento, tan torpe, tan caro en el largo plazo, equivale al desprecio de los humildes. Moreno encarna, necesariamente, el ardor por el Papa.

Francisco, mediador último, organizador a distancia de la guerra de todos contra todos de la política profesional sin partido: representa el perdón de los pecados con el cual se levantará la mano del futuro presidente de los argentinos.

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Un modo supranacional, pacífico, de confirmar al Padre y a su crisis de representación.

Buenos Aires, 27 de noviembre de 2016

Leonardo Fabián Sai

[1] La expresión hace referencia al archi-conocido argumento de Weber sobre el politeísmo de los valores y el conflicto insalvable de las creencias extremas de la sociedad moderna; ninguna moral se puede imponer sobre las demás. No se cierra ningún debate, mucho menos el debate sobre la historia. Las actitudes últimas hacia la vida son irreconciliables; las luchas no se resuelve en una gran conclusión final sino que no cesan de diferenciarse, funcionalmente.

La pregunta del momento


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por Carlos Leyba

¿Cuándo arranca? Esa es, sin duda, la pregunta más repetida por los amigos del actual gobierno. ¿Cuándo arranca esta economía harto deprimida? Acostada. Desvanecida. En la que no hay signos de que esté por despertar.

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Sin embargo la pregunta implica suponer que el vehículo está preparado para funcionar, que el motor está en orden, que tiene combustible, que el sistema eléctrico está en condiciones y solo falta que alguien ponga la marcha y acelere. Por eso esa pregunta, por definición, es una pregunta amigable.

Nadie que no creyera que el aparato económico está en condiciones de ponerse en marcha la haría. Por eso es una pregunta de esperanza. Una esperanza en expectativa. Justamente es lo que dicen las encuestas acerca de la opinión pública y la relación con el gobierno.

Muchas encuestas, por lo que valgan después de la cadena internacional de desaciertos, estiman que el 40…

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La hora del acuerdo


por Carlos Leyba

Finalmente, y seguramente por la preparatoria espiritual previa al encuentro de conciliación con Francisco, Mauricio Macri se desdijo de la descalificación de “libre pensador” que le impuso a Alfonso Prat Gay, y le ha dado la razón: para poder dominar a la vez la tasa de inflación y sacar a la economía de la recesión, es imprescindible al menos intentar un acuerdo económico y social con los representantes de los intereses sectoriales del mundo del trabajo y del empresariado.

Es una condición necesaria ya que no suficiente. La cuestión es qué se acuerda y cómo se conduce y se reconviene. Nada es lineal e inmodificable. No hay acuerdo sino se instala como sistema de control y revisión de decisiones. Al menos eso es lo que debería ser y a su vez es lo que lo hace útil y posible. Sin esa mecánica de sistema se trata de una foto.

El gobierno hasta ahora, antes de esta convocatoria formal que ya está en marcha, ha estado encerrado en los límites de su propia comprensión de la política. Por eso este paso a regañadientes de Mauricio, tal vez a instancias de Francisco que le ofrece su predicamento para que reconstituya rumbos, posiblemente sea el paso mas avanzado de su gobierno.

Posiblemente implique el desplazamiento del marketing del vendedor de humo J Durand Barba y su reemplazo por las ideas y voluntad de personas edificantes.

De tanto insistir en la supuesta originalidad de su nueva manera de hacer política (timbreo, conexión digital, relación con cada uno de los ciudadanos tomados de a uno) el gobierno ha ido produciendo su propio aislamiento, es decir, la ruptura del continente político por donde se puede transitar pisando firme. No se hace continente en la política sólo hablando y sin intercambio.

La consecuencia del aislamiento real, diálogo sin intercambio, es la erección forzada de un archipiélago en el que la conexión entre las islas en las que se convierten todos los actores es azarosa. Los gobiernos construyen también su oposición. ¿La dispersión como estrategia es una visión de Estado o una mezquina estrategia electoral?

Volvamos, lo que está detrás del aislamiento propio y provocado, es en definitiva la consecuencia de la negación de lo colectivo – tal vez no sean plenamente conscientes de ello los hombres del PRO – y remite a aquella espantosa afirmación de Margaret Tatcher “no hay tal cosa como la sociedad, solo hay individuos”.

Como sabemos, la negación de lo colectivo, es la esencia del neoliberalismo como cultura política y económica negadora del Bien Común. Para el neoliberalismo ese Bien no existe ya que no existe lo Común.

No vamos a reiterar las consecuencias que esa visión del mundo ha tenido en materia de decadencia económica y social y no sólo en estas pampas.

Sólo afirmaremos que, en última instancia, esa “nueva política” entendida como la relación del gobierno con los individuos tomados de a uno, es la negación de la política. ¿Qué política?

El politólogo Elías Díaz lo sintetizaba afirmando que  la política, o lo que es lo mismo, el ejercicio de la democracia no debe, no puede ser otra cosa que “argumentar y pactar”   (El País, 9/10/2016). Argumentar implica expresión y fundamentos de los objetivos y propuesta de instrumentos para alcanzarlos, considerando claramente los costos implicados. La idea misma de argumentar reclama, mediante la escucha y la respuesta, la iluminación de otras visiones respecto de esos objetivos y por cierto la discusión de los instrumentos, que siempre son múltiples, y de los costos que siempre son distintos en el tiempo y en el espacio. La argumentación y el respeto a la contra argumentación, implican la posibilidad de pactar.

El pacto es consenso, es decir, poner en común el sentido de las cosas y concertar, hacer ciertas para todos las cosas pactadas.

Argumentar y pactar es la esencia de la política y supone que no es una cuestión entre individuos sino que hay algo común, colectivo, para todos. Y esa visión implica que quienes argumentan y pactan, ceden, conceden y reciben. No hay pacto sin intercambio y no hay intercambio sin argumento.

El gobierno, el oficialismo, hasta aquí ha estado falto de argumentos. Más allá de las generalidades con las que nadie puede disentir – combatir la pobreza, el narcotráfico y la unidad nacional – el gobierno no ha argumentado (objetivos, instrumentos, costos) su programa. Posiblemente no lo tenga.

Pero no es menos cierto que los sectores opositores con algún peso tampoco lo tienen. Y diría que lo tienen aún menos. El PRO repite el inventario de obviedades que componen lo “económicamente correcto”: el mundo, productividad, inversiones, confianza, tecnología, federalismo, etc. Y promete un Plan Productivo que aún está siendo cocinado y que por lo que ha trascendido es un plan a la defensiva.

Pero por ahora el Plan Productivo, que sería parte del argumento tan querido, es un desconocido aunque todo señala la amenaza de la insuficiencia.

Si consideramos las expresiones que se reputan a sí mismos peronistas y que sumadas o tomadas de a una son “la oposición” lo que los divide no es la combinación de distintos objetivos, instrumentos y costos. Es decir “argumentos”. No.

Lo que los divide esencialmente es el pasado. Las tribus se dividen en los que solo participaron con Carlos Menem, los que se subieron a la Alianza y derraparon con ella; los que transitaron con Néstor Kirchner y aquellos que siguieron hasta los últimos días de Cristina y que luego se bifurcan en los que la siguen y los que quisieran que “ella” no siga. No revelan argumentos, en el sentido aquí expresado, que los dividan porque no los expresan. Si es que los tienen.

Hoy la Argentina no es un país pensado en el que se contraponen argumentos de futuros. No.

Hoy sólo tenemos un país relatado. Por un lado el país del ridículo relato kirchnerista del jardín de las delicias del que nos habría expulsado en diez meses Mauricio Macri. Un jardín que nunca existió como lo revelan, no sólo los destellos de la corrupción y el despilfarro, sino la pobreza y al mismo tiempo la pérdida de capital en toda la dimensión de esa expresión. Dos fenómenos a la vez que describen una contradicción inexplicable.

Y por el otro lado está el relato de la herencia recibida, relato que a medida que pasan los meses y nada cambia, se convierte en una “prueba de que hemos sido expulsados del Jardín”.

Pues bien, si se cumple el decreto que instala el acuerdo económico y social, tendremos la oportunidad de exponer argumentos y generar pactos. Si esto ocurre estaríamos avanzando enormemente en el proceso de maduración democrática. El acuerdo, la concertación que implica, supone que no sólo las voces poderosas, electoral y mediaticamente, argumentan y pactan sino que se abre un espacio para que las voces débiles puedan escucharse, argumentar y pactar en proximidad.

La obstinación por el pasado, que la podemos observar en la producción intelectual de los últimos tiempos concentrada en el pasado y en particular en los 70, ha ido cancelando la preocupación por el futuro. Y la política, al desertar del argumento, no se ha considerado a si misma como una avanzada de exploración de los futuros posibles. La posibilidad institucional del acuerdo invita a esa exploración para ser parte del pacto.

¿Por qué este gobierno no lo hizo antes? ¿Por qué fueron necesarios diez meses de inflación y recesión y la ausencia de inversiones para despertar la lógica más elemental de la política? No es imputable al PRO. Desde Raúl Alfonsín la Argentina se ha negado al acuerdo, porque se ha negado al argumento y al pacto.

Se cree que los sistemas informativos más precisos surgen de las estadísticas – que refieren el pasado – o de las encuestas que resumen interpretaciones y que no relatan hechos.

En realidad los sistemas informativos deben complementarse con las observaciones de los que transitan el terreno.

Los dirigentes sindicales tienen antenas repartidas en todo el sistema: lo que los sostiene en el poder es una capacidad de escucha y por cierto la capacidad de tramitar respuestas. Y de la misma manera eso ocurre en la representación empresaria. Claro que en esta simplificación de la representación de los sectores ocurre la paradoja que mientras el poder de la representación sindical esta directamente asociada al numero de los representados, en el mundo empresario el poder de los que representan pocas empresas gigantes es muy superior al de los representantes del numeroso mundo de la pequeña y mediana empresa. El acuerdo neutraliza el lobby.

La disposición al acuerdo que ahora manifiesta el gobierno es el triunfo de la sensatez y es un paso adelante.

Francisco, predicador de la cultura del encuentro, lo va a celebrar  cuando se encuentre con Macri en la Santa Sede.

Y es justo decir que la última mesa de concertación con nombre de tal se realizó en el tercer gobierno de Perón. Es decir hace 40 años. Aquella experiencia, desconocida más que nadie por los propios peronistas, fue producto de una larga maduración iniciada desde la política con La Hora del Pueblo por Ricardo Balbín. Fue bombardeada por los neoliberales de Álvaro Alzogaray y las organizaciones guerrilleras que nunca abandonaron la ideología de “cuanto peor mejor”. A partir de ahí Juan Perón condujo el proceso que culminó en las Coincidencias Programáticas de los partidos y las organizaciones obreras y empresarias que fue la base de la legislación sancionada por unanimidad y del Plan Trienal de 1973. El Acta de Compromiso, conocida como Pacto Social, firmada en la primer semana del nuevo gobierno sentó las bases de la política de ingresos destinada a enfrentar la recesión y el desempleo con que terminó el gobierno de la dictadura y una tasa de inflación del 80 por ciento anual. Un caso extremo de estanflación que fue doblegada entonces gracias al acuerdo tripartito. El FMI, Roberto Aleman o Marcelo Diamand, destacaron entonces el método y los resultados. Funcionó como todos los acuerdos económicos sociales previos en Europa o como el tan celebrado Pacto de la Moncloa.

Hay desconocimiento que en estanflación la receta ortodoxa profundiza la recesión y la keynesiana profundiza la inflación. Las dos a la vez, son contradictorias y revelan la confusión que produce no tener un ministro y apelar a un sistema de coordinación que por definición es tardío.

Van diez meses y la inflación baja poco y la recesión continua. Por eso es muy bueno haber aceptado la mesa de concertación que es un método necesario. Lo que aporta la suficiencia es la calidad de los argumentos y la solidez del pacto. Francisco se lo va a aclarar.

Publicado originalmente en el diario El Economista.