Heriberto Khan, el periodista que brilló en años oscuros


doy-fe-heriberto-kahn-13605-MLA3172646687_092012-OHeriberto Khan un periodista que supo brillar en una época oscura, escribía y firmaba sus notas en La Opinión, en los años 70. Fue el primero que investigó al ex ministro López Rega, cuando era peligroso hacerlo. Su historia personal merece ser conocida.

La vida y obra del periodista Kahn bien podría ser descripta como “el matiz del gris”.Un obsesivo de la información, de los contactos reservados y de las fuentes reveladoras. Cómo se convirtió de pronto en el periodista estrella del diario más prestigioso del momento. Escribir y firmar en los años de plomo. Una época oscura del periodismo en que se podía ser funcional a diversos sectores sin tener plena conciencia. DsD presenta otra Zona Dura para recuperar la historia del periodismo argentino. Sin prejuicios ni estigmatizaciones. Para tratar de entender.

Enrique “Jarito” Walker fue detenido desaparecido a los 35 años. Rodolfo Walsh ya había cumplido 50 años, cuando enfrentó con su arma a la fuerzas de la represión y luego fue detenido desaparecido. Otros 52 años sumaba el “flaco” Zelmar Michelini cuando fue asesinado. Todos periodistas.

Heriberto Kahn fue contemporáneo de Walker, Walsh y Michelini. Pero a diferencia de ellos, él creyó en los militares en ascenso durante el gobierno de Isabel Perón. Los uniformados fueron sus principales fuentes informativas, cuando constituían un factor de poder. También el final de su vida fue distinto: murió de un cáncer de páncreas a los 31 años.

Kahn parece haber vivido el mismo ciclo que Manfred Schönfeld, el insigne columnista de La Prensa. Luego del golpe institucional de 1976 Khan quedó anodadado cuando una amiga suya fue secuestrada y desaparecida por las fuerzas seguridad. Schonfeld también respaldó la sonada cívica y militar, hasta que empezó a criticar el régimen cuando pudo constatar la existencia de un juez que tomaba declaraciones a un detenido bajo torturas.

Pero unos y otros fueron periodistas. Que los “años de plomo” aún estigmatizan.Que obligan a clasificarlos cuando quizá sea una tarea imposible. O peor aún: son condenados al olvido. Y entre tanta polémica pasada y presente se pierde de vista el profesional. Y sus aportes.

Per ejemplo, de Kahn casi nadie recuerda en el ambiente profesional que fue el primer periodista que investigó y publicó notas en la gráfica porteña sobre el entonces poderoso ministro José López Rega. Para valorar su tarea, hay que recordar que pasarían varias décadas hasta que algún periodista argentino intentara reconstruir la vida del ex funcionario que brindó protección y logística a la Triple A, comandos paraestatales que asesinaron impunemente, en lo que sería el preámbulo del genocidio de 1976. Pero eso recién ocurrió con López Rega ya fallecido.

Diario sobre Diarios (DsD) recuerda hoy al periodista Heriberto Kahn, inserto en un complejo contexto histórico que hay que recrear para comprender sus actitudes y expresiones. Para ello, se relevaron todas las fuentes documentales públicas que aluden a Khan y se concretaron algunas entrevistas con quienes lo conocieron o escribieron antes sobre él.

Un tiburón del periodismo

Heriberto Kahn nació en Buenos Aires el 6 de enero de 1946 y cursó la secundaria en el Nacional Buenos Aires, un hecho que para él siempre fue motivo de orgullo. Desde chico se destacó por su capacidad de expresarse en forma oral y escrita, así como por su facilidad para aprender idiomas: además del español, dominaba perfectamente el inglés, el alemán y el francés. En 1965 empezó a estudiar Derecho en la UBA, y cuando tenía 22 años arrancó su carrera periodística en la revista Confirmado. Ahí trabajó durante algún tiempo como redactor, aunque pronto llegó a ocupar la prosecretaría de redacción especializándose en temas de política nacional e internacional. Desde ese medio Kahn cubrió muchísimos viajes al exterior y numerosos hechos de repercusión mundial, entrevistando a personalidades como Henry Kissinger, Franz Joseph Strauss, Simon Wiesenthal y Pierre Salinger.

En 1975, Kahn pasó a integrar el equipo de redactores del diario La Opinión. En su formidable biografía sobre Jacobo TimermanGraciela Mochkofsky relata este ingreso en el marco de lo que describe como un “corrimiento a la derecha” del diario. “Timerman había optado por cambiar la línea del diario. Años más tarde, admitió que había decidido desprenderse ‘de todos los activistas de la JP porque recibí información, a través de los canales periodísticos, de que el general Perón iba a deshacerse de Cámpora y que trataría de neutralizar a los sectores extremistas del peronismo. Pensé que era más prudente ir logrando paulatinamente un tono más moderado en el diario’”, escribe Mochkofsky y remata: “necesitaba gente nueva”. Kahn, con sus excelentes contactos militares, claramente era una posibilidad.

Según detalla el mismo libro, Timerman conoció a Kahn en una comida en la casa del director para América del Sur del American Jewish Committee, Jacobo Kovadloff, en ocasión de la visita a Buenos Aires de un directivo norteamericano del AJC. “Luego de la comida, Timerman y Abrasha (Rothenberg, directivo de La Opinión), que también estaba invitado, se encerraron en el escritorio para hablar con Kahn y le ofrecieron trabajo en La Opinión. Kahn llevó sus dudas a Kovadloff: era un hombre de derecha y tenía reservas ideológicas sobre Timerman. ‘No tenga dudas –le dijo Kovadloff-. Es un periódico para hacer una carrera. Usted no se compromete ideológicamente, no le van a hacer firmar nada. Vaya’.”.

Kahn fue y, efectivamente, hizo carrera, una carrera tan brillante que al poco tiempo se convirtió en el columnista político estrella del diario. Sus informantes principales eran el almirante Massera, jefe de la Armada, y el general Roberto Viola, que en agosto de ese año ascendió a jefe del Estado Mayor, además del coronel Sosa Molina, jefe de Granaderos. El blanco principal de sus artículos fue el entonces ministro de Bienestar Social José López Rega.

Kahn, de hecho, fue uno de los periodistas que más hizo por expulsar al “brujo” del poder, revelando a través de cantidad de una serie de artículos sus manejos espurios yvinculaciones con la Triple A.

“Kahn era un animal del periodismo, un tiburón para la búsqueda de información política”, dice Fernando Ruiz, autor de la investigación sobre la historia de La Opinión Las palabras son acciones a DsD. “Él empezó a cubrir para el diario política exterior, y entonces se volvió muy cercano al canciller peronista Alberto Vignes. Desarrolló con sus fuentes una relación bastante empática, al punto de decir que sus coberturas rayaron en un punto lo propagandístico”.

Según Ruiz, Kahn fue luego tomando cada vez mayor protagonismo en la cobertura de la política nacional y acercándose a las fuentes militares. “Por otra parte –explica- hay que dejar claro que en la Argentina, desde el ’30 en adelante, las fuentes militares estaban naturalizadas. No había un solo periodista político que no estuviera permanentemente en la Armada, en la Fuerza Aérea, en el Ejército. Los medios los tenían totalmente incorporados a su elenco de fuentes”.

Las amenazas

Claro que, por llevar a cabo su trabajo, el periodista recibió amenazas de diversa índole.Rodolfo Pandolfi, colega de Kahn en Confirmado, recuerda el clima de aquellos años:

A partir de 1969, tomamos conciencia de los años tremendos que comenzaban en el país. Todos, de una u otra forma, aprendimos a tener miedo: a saber que hiciéramos lo que hiciéramos, siempre habría un tribunal secreto estudiando si correspondía o no dictar la pena de muerte contra nosotros. Por lo demás, de una manera directa o indirecta, vivíamos amenazados y sin protección. Una organización terrorista de origen fascista y retórica ultraizquierdista nos avisó, en determinado momento, que uno de los hombres del staff de Confirmado sería castigado (por decirlo levemente). Luego vendrían sucesivas amenazas, muchas de las cuales eran, lógicamente, ‘corridas con la vaina’ en un momento de especiales tensiones. En otros casos se trataba de intimidaciones auténticas. Heriberto recibió, concretamente, dos avisos más, que son de mi conocimiento: uno, proveniente de una banda de extrema derecha, que llegó a desplegar en su revista una fotografía de una página señalándolo como ‘periodista sinárquico’; otro, durante el Operativo Dorrego, llegado desde los entusiastas muchachos que habían sido rescatados para las obras públicas en la provincia de Buenos Aires. Parece que no se conformaban con las obras públicas”.

Ya en el ’75, la revista peronista de derecha El Caudillo -orientada por López Rega desde las sombras- también amenazó a Kahn con este mensaje: “En otro caso, chupatintas, corrés el riesgo de que ese nombre tuyo, chupatintas, tenga alguna alteración y se cambie tinta por plomo. ¿Me entendiste bien, chupatintas?”, decía y de más está consignar que eran palabras que debían interpretarse de una forma bastante literal.

Para dar una idea del contexto, basta decir que el 18 de mayo de ese año la Triple A arrojó a Ezeiza el cadáver acribillado y sin uñas de Jorge Money, periodista de economía de La Opinión.

“Éramos hombres desarmados e indefensos, en un lugar donde ya nadie sabía quién, por qué, cuándo y por quiénes sería asesinado. Contra lo que pudiera suponerse, aunque no todos reaccionamos exactamente igual, sobrellevamos las cosas con buen estado de ánimo y cierto difuso fatalismo”, reflexiona Pandolfi, y cita una frase que cierta vez le dijo Heriberto. “Puede que tenga miedo, pero me falta mucho para entrar en el pánico. Quizá una noche, entrando en la revista, vislumbre la cara de alguien que me vigila; estudie por un segundo sus ojos. Y puede ser que entonces me deje llevar por el terror. Todavía no. Pienso, además, que en estos momentos no se van a dedicar a golpear contra nosotros. Más bien van a golpearse entre ellos, en esta guerra de bandas: el turno de bandas vendrá después. Prefiero que me asesinen, en todo caso, a verme consumir de a poco por una enfermedad”.

También Luis Clur recordó, en una entrevista que le hiciera Página/12, la valentía casi temeraria con la que Kahn se movía:

“Recuerdo cuando nos asaltaron la redacción buscando a Heriberto Kahn, que tenía 29 años. Había publicado en La Opinión el lugar donde estaba la sede central de la Triple A, al lado de la Policía Montada de Palermo. Heriberto hizo una crónica un sábado a la noche cuando cerrábamos el diario. Mandamos el artículo al taller y el coordinador nos pregunta: ‘¿Y esto dónde va?’. ‘Con eso cerramos el diario. Va de contratapa’, le contestamos. ‘¿Lo van a publicar en serio?’, preguntó sorprendido. ‘Bueno, yo entrego el original, reviso las pruebas y me voy, porque no me hago responsable de la salida del diario’. El temor era grande. Esa noche nos separamos todos. Timerman no estaba en Buenos Aries; Ramiro de Casasbellas estaba de vacaciones; Enrique Jara se fue a un lado; Kahn se fue a otro y yo me fui al interior de la provincia. A los pocos días vinieron a buscar a Kahn. Apareció un comando preguntando por él y lo recibe el mismo Heriberto, que les dice en la cara: ‘Acaba de salir’. A los 15 minutos estalló una bomba en el piso de la redacción. Ese fue uno de los primeros atentados. Tuvimos en Barracas ametrallamientos y atentados a granel, y muchos desaparecidos”.

La crónica truculenta

El episodio al que se refiere Clur también está relatado en Doy Fe, el libro póstumo de Kahn e inconcluso en el que, según revela la misma contratapa, “el centro de la diatriba sagaz, sistemática y erosionante fue el ex ministro José López Rega, personaje de raros e inquietantes procederes”. Es una crónica de lo más truculento de aquellos años. Imperdible, por supuesto:

“El 1º de abril de 1975 presentaron sus cartas credenciales a la señora de Perón en la Casa de Gobierno los nuevos embajadores de Irak y Jordania. Como es tradicional, acompañaron a ambos diplomáticos escoltas de Granaderos a Caballo. Cumplida la ceremonia, los efectivos regresaban a la sede del regimiento, en la avenida Luis María Campos, de Palermo, flanqueados por un vehículo en el que viajaban varias personas. En la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Tagle, el vehículo mencionado sufrió un desperfecto, ante lo cual el oficial más antiguo del grupo, un teniente de apellido Segura, se acercó a varios policías que se encontraban en aquella esquina, afectados a la custodia de la embajada de Chile, que se halla a pocos pasos de allí. Segura se dirigió a los agentes solicitándoles le indiquen el lugar más cercano donde hubiera un teléfono desde el cual pedir auxilio para el vehículo averiado.

Sin perder un minuto, los policías indicaron al oficial de Granaderos que en el número 3297 de la avenida Figueroa Alcorta funcionaba una dependencia del ministerio de Bienestar Social, donde sin duda se le facilitaría un teléfono. Ni bien ingresó a aquel edificio, el teniente Segura fue recibido efusivamente por un hombre que se mostró especialmente complacido por la presencia de un oficial de Granaderos en el lugar y señaló que allí trabajaban hombres de la Policía y de las tres Fuerzas Armadas. Con indisimulado orgullo, la persona en cuestión relató a Segura que en ese lugar funcionaba un cuartel de las denominadas Triple A, y aludió al hecho de que, en el fin de semana anterior, ‘nos levantamos’ más de una docena de víctimas. De inmediato, el hombre obsequió al oficial varios ejemplares de la revista El Puntal –la sucedánea de El Caudillo- que, según decía la publicación dirigida por Felipe Romeo, tenía su sede en aquel lugar. Por último, Segura fue presentado a una mujer que dijo, ufana, ser secretaria de López Rega.

El teniente efectuó el llamado telefónico que lo había llevado hasta aquel lugar, e inmediatamente después se alejó del edificio sin decir palabra. Ni bien regresó a la sede de su regimiento, Segura solicitó ver a su jefe, el coronel Jorge Sosa Molina, a quien relató, espantado, el episodio del que había sido protagonista”.

Varios fueron los artículos que en esa línea publicó Kahn en las páginas de La Opinión y en Carta Política, la revista editada por Mariano Grondona donde también colaboraba.“Desde principios de 1975, Kahn comenzó a profundizar su cobertura sobre López Rega, y llegaría a convertirse en un protagonista importante de su caída con el pleno respaldo de Timerman”, asegura en su libro Fernando Ruiz.

Una nota, un estruendo

El 1 de julio de 1975, el periodista publicó un artículo que describía una reunión de gabinete en la que un ministro corrió a otro para pegarle y Massera cuestionó a López Rega. El artículo, según Ruiz, “fue un estruendo”, ya que la nota ponía de manifiesto que los militares participaban activamente de la arremetida contra el superministro. “Fue un punto de inflexión en la estrategia política del actor militar, cuya influencia en el régimen político se hizo más visible, ya que en el mismo artículo Kahn enumeró la agenda de reclamos militares: renuncia de figuras irritativas (López Rega y seguidores), apertura del diálogo con todos los sectores incluso militares y vigencia de las instituciones”.

Las Fuerzas Armadas, en el discurso de La Opinión, aparecían cada vez más como líderes del reclamo civil”, marca también el investigador, y explica en otro pasaje que “el diario no sólo desvinculó a los militares de la violencia derechista, sino que los presentó como la garantía necesaria para que toda violencia desapareciera”.

Una vez desplazado López Rega, Kahn contribuyó con sus artículos a dar otro espaldarazo a la consolidación de la estrategia de Videla y Viola.

“Videla y Viola tenían un pasado colorado y ninguno simpatizaba personalmente con Timerman –despertaba todos sus prejuicios contra izquierdistas y judíos- pero La Opinión fue, en este período, el principal difusor de sus ideas y un importante terreno para sus operaciones políticas”, cuenta Mochkofsky.

Y agrega: “La primera había sido el desplazamiento de López Rega. La siguiente debía ser el reemplazo de Numa Laplane por Videla, el general con mayor consenso del Ejército. El nombramiento de Damasco en Interior, en agosto de 1975, apuró el desenlace: era un coronel en actividad y, por lo tanto, de grado inferior a muchos oficiales a los que estaba en posición de dar órdenes. Los altos mandos se dieron por insultados y rechazaron el nombramiento, detonando una crisis que culminó en la renuncia del ministro y el relevo de Numa Laplane por Videla ese mismo mes. Timerman admitió años después que “por la dura lucha contra López Rega, hicimos una dura lucha contra Numa Laplane, y apoyamos a Videla. Videla llamó esa noche para agradecer a Kahn”.

“¿Habrá un golpe militar esta semana?”, se preguntaba el periodista en un artículo de agosto del 75. “No –se contestaba- pero necesariamente deberá resolverse la crisis militar planteada a partir de la designación del coronel Vicente Damasco como ministro del Interior”.

Mochkofsky describe el contexto y la cotidianeidad de la época con lujosa precisión. “Por esa época, los jefes militares que preparaban el golpe establecieron una rutina de almuerzos con los principales periodistas de Buenos Aires, donde hablaban abiertamente sobre sus planes de derrocar a Isabel. Kahn, convertido desde la campaña contra López Rega en el periodista del momento, era un asistente permanente. Su pequeñez física agudizaba su aspecto juvenil (tenía 30 años). Cuando llegaba a la redacción, una pequeña multitud se reunía a su alrededor para conocer las novedades. Exasperaba a Casasbellas y a Jara, porque sus relatos se extendían y demoraban el cierre de la edición. Lo urgían a sentarse en su escritorio, porque sabían, además, que era lento frente a la máquina de escribir. Kahn sentía un genuino entusiasmo por los militares que se disponían a tomar el control del país, especialmente por Viola y Massera. Tenía excelentes relaciones con ellos, con Videla y con sus aliados internos. El almirante lo impresionaba: lo consideraba un hombre: ‘con un talento político innato’”.

“En febrero de 1976, La Opinión –como el resto de la prensa, con la solitaria excepción de Cuestionario, la revista de Rodolfo Terragno- anunciaba con entusiasmo la inminencia del golpe. Kahn escribió: ‘Es todo el sistema el que aparece en retroceso, creando así las condiciones de un vacío político que puede culminar en un cuadro de colapso que obligue a las fuerzas armadas a intervenir como elemento de reserva ante una grave emergencia nacional (…) Las fuerzas armadas podrán verse obligadas a intervenir, no para suprimir el sistema, sino para regenerarlo. No se trataría de reemplazar el poder civil por el poder militar, sino de reordenar el país y volver a ponerlo de pie en todos los aspectos, en especial el moral. Pero, además, restablecer las bases adecuadas para que el sistema pueda volver a funcionar, en particular a partir de la creación de nuevos canales de expresión partidarios, y de dotar al país de una nueva clase dirigente de la que aparece angustiosamente necesitado’”.

Durante los días del golpe, Casasbellas y Kahn cerraron cuatro ediciones sucesivas hasta el amanecer. “Kahn se sentó a una mesa con dos teléfonos para él solo y comenzó a llamar a sus fuentes”, cuenta Mochkofsky. “La tercera y cuarta edición éramos él y yo solos –recordó Casasbellas-. Por cierto, no cambiamos demasiado: la primera edición ya hablaba del golpe, salió temprano. La segunda daba el nombre de Videla, que no había publicado ningún diario. La tercera y la cuarta insistieron en lo de Videla, pero desarrollando ya la noticia, cuándo iba a asumir, etcétera. Terminamos tarde, alrededor de las seis de la mañana. Arreglé para que un auto del diario nos llevara a mí a mi casa y a Heriberto a la suya. Creo que vivía por Palermo. No sé por qué tomamos la calle Cangallo, donde estaba la Unión Obrera Metalúrgica, y se veían dos tanquetas frente al edificio, un humo de algo, no sé qué sería, se habría disparado alguna granada, y unos soldados que estaban en piquete. Le dije al chofer que fuera lentamente. Mientras pasábamos, Heriberto me dice: ‘¿Ve? El sindicalismo se acaba para siempre, va a haber un nuevo sindicalismo’. Lorenzo Miguel estaba preso. Me dijo: ‘Se va a terminar con todo esto, es una Argentina que tiene que desaparecer’. Le dije: ‘Heriberto, Lorenzo Miguel va a estar de vuelta cuando lo necesiten los militares. A lo mejor dentro de dos años’. Me equivoqué por uno, porque estuvo de vuelta a los tres años. Pobre Heriberto”.
La muerte y las preguntas

Según señala la contratapa de Doy Fe, desde las páginas de Confirmado, Carta Política y La Opinión, Heriberto Kahn “supo dar testimonio de su inquebrantable fe en el quehacer democrático y la rectitud y dignidad personales”. Desde el prólogo de la misma obra, en tanto, Pandolfi recuerda que “la virtud más importante de Heriberto –y sobre esto no existen opiniones- era su honestidadUna honestidad inteligente, pero pura. Kahn no podía, directamente, decir algo distinto a lo que pensaba. Era incapaz de una ambigüedad de la utilización de una doble verdad. Su mismo formalismo lo había hecho orgulloso: nadie lo obligaría nunca a humillarse en la mentira. Ni en el silencio”.

Al mismo tiempo, no puede dejar de reconocerse que a través de esos mismos artículos “valientes y honestos” Kahn contribuyó como pocos a la construcción del discurso golpista que culminó con el derrocamiento de Isabel Perón el 24 de marzo de 1976. ¿Qué responsabilidad pudo haber tenido en periodista en esto? ¿Se lo puede tachar de cómplice? ¿Se lo puede culpar de ingenuo? ¿Se puede decir que no sospechaba qué ocurriría, cuando claramente era el tipo con mejores fuentes militares en la Argentina?

“A partir del 25 de mayo de 1973, fecha en que las Fuerzas Armadas llegaron al punto más bajo de su popularidad, -escribe Fernando Ruiz- se inició un proceso político que culminó el 24 de marzo de 1976 con una nueva ocupación del poder por los militares, que lideraban una alianza social que evitó toda resistencia. Durante esos casi tres años, se fue produciendo un traspaso del poder, primero homeopático y luego a grandes saltos, desde las instituciones democráticas hasta las esferas militares. Hacia el final sólo restaba el traspaso formal de los atributos del poder. Muy pocos protestaron por la creciente injerencia militar en el Estado, pues era vista como una fuerza estabilizadora, moderadora e institucionalizadora. Por acción u omisión, la construcción política del golpe militar fue una tarea colectiva”.

Jorge San Pedro, hoy periodista del diario Buenos Aires Herald, compartió algunos meses de trabajo con Kahn en La Opinión, cuando él tenía 19 años y Heriberto ya se había convertido en el mentado periodista estrella. “No lo trataba demasiado, pero era una persona muy amable, con sentido del humor. De todas formas él no pasaba tanto tiempo en la redacción, sino que la mayoría del tiempo estaba en la calle, era conocido su contacto muy estrecho con las fuentes militares”.

Luego agrega: “Respecto de qué responsabilidad se le puede adjudicar en cuanto a la construcción del discurso golpista, es algo difícil. No hay forma de saber qué pasaba por su cabeza, pero personalmente pienso que él pudo haber comprado de buena fe esa idea que proponía que los militares sólo recuperarían el monopolio de la fuerza para retornar luego un orden democrático, una idea que por lo demás estaba bastante extendida. No se puede negar que Kahn tuviera información excelente, tal vez pueda reprochársele no haber intentado hacer un análisis más profundo y crítico de esa información para poder leer correctamente la realidad. Pero creo que es probable que él ignorara completamente lo que ocurriría, así como mucha gente honesta que apoyó en principio el golpe sin siquiera imaginar lo que se venía: un plan de represión sistemática y asesinatos en masa”.

¿Habrá siquiera sospechado el periodista el negro panorama que se avecinaba? Algo, tal vez, pueda entreverse en esta anécdota que cuenta Mochkofsky:

“También a Heriberto Kahn la conciencia de lo monstruoso le llegó mediante una experiencia personal. Un día, apareció frente al escritorio de Casasbellas, pálido como un muerto, y le rogó, con tono urgente: ‘Quiero hablar con usted’. Casasbellas lo hizo pasar y cerró la puerta. ‘Tengo que decirle algo muy grave –dijo Kahn-. Entraron al departamento de una amiga mía anoche, le reventaron la puerta, le sacaron todo lo que tenía, le destruyeron todo y se la llevaron. No sé qué hacer’. Casasbellas estaba sorprendido. ‘Pero usted, con tantos amigos…’. ‘Ya fui a verlos –dijo Kahn, con la voz quebrada-. ¿Sabe qué me dijeron? ‘No te preocupes, olvidate del tema’. Estaba desolado. Casasbellas lo llevó a la cafetería del diario, para ver si un trago de café caliente le devolvía la compostura. No pudo resistir el impulso de decirle ‘Yo se lo advertí’, porque era la primera vez, desde el golpe, que Kahn no llegaba a él con su entusiasmo de niño y le repetía lo que sus fuentes le habían dicho: que ahora la gente iba a poder participar de la discusión de las leyes en el Congreso, que los militares crearían sindicatos impolutos, que defenderían los derechos de la gente… ‘¿Usted no cree? Usted es un incrédulo’, lo desafiaba Kahn. Casasbellas le decía que no, que simplemente tenía más años y que esas promesas eran grandes mentiras. Le advirtió que habría más brutalidad que durante el gobierno de Lanusse. ‘Usted se equivoca’, insistía Kahn”.

Poco después de la desaparición de su amiga, a Kahn lo fulminó un cáncer de páncreas que se lo llevó el 23 de septiembre de 1976. Tenía 31 años, estaba casado y tenía una hija que todavía no había completado su segundo año de vida./fuente diariosobrediarios.com

VERBITSKY, ANTES Y DESPUÉS DEL KIRCHNERISMO


Por Martín Rodríguez y Tomás Rodríguez Ansorena | Fotos Ignacio Sánchez

A esta altura de la soirée podemos decir que hay dos clases de kirchneristas: los que sabían qué querían del kirchnerismo y los consumidores de poder. El periodista Horacio Verbitsky es de los primeros por una razón básica: no lo inventó el kirchnerismo, aunque llegó a ser, por momentos, “autor” de muchas de sus narrativas. “El perro”, como lo llaman desde sus primeros años en el periodismo, preside el CELS, un organismo de Derechos Humanos que auditó el work in progress de las instituciones democráticas antes, durante y después. Si Luis D’Elía fue kirchnerista a costa de resignar su propia agenda de “tierra” y “vivienda” y Edgardo Depetri fue el referente de una CTA afín al gobierno que no pudo lograr la personería gremial, Verbitsky entró a la Casa Rosada “sin dejar sus convicciones en la puerta”: desde el CELS impulsó la creación del Ministerio de Seguridad, el fortalecimiento de los juicios por deitos de lesa humanidad  o la creación de organismos como la Procuración Penitenciaria de la Nación. Verbitsky motorizó su agenda, incluso cuando no consiguió que bajaran ciertos cuadros (la cuestión Milani), o en “los derechos humanos de hoy”, en causas como la de Luciano Arruga o la represión a los Qom en Formosa. Mientras vemos las ruinas del imperio en el escándalo del vaciamiento de los “medios militantes” del Grupo 23, la conmoción interna del peronismo con sus “fieles” o “traidores”, o las citas judiciales a Alejandro Vanoli, Axel Kiciloff y la propia Cristina, entrevistamos a Horacio Verbitsky quien en su tono pausado parece abstraerse y reducirse al grado cero de su poder: “apenas” un columnista del diario Página/12. Pero Verbitsky es más que eso, y lo sabe. La biografía no autorizada que escribió Gabriel Levinas, y a la que califica de “canallada”, subraya su lugar dentro del sistema político, del que nunca –y sus columnas son el máximo testimonio de ello- pretendió alguna ajenidad. Hoy se para de cara a un nuevo gobierno que parece salido de la peor pesadilla progresista (“un gobierno liberal votado por el pueblo”). Hablamos de lo que pasó y de lo que viene, con el fondo de una efeméride redonda: a 40 años del último Golpe de Estado.

PLAYBOY: Arranquemos por la política, ¿por qué ganó Macri?

Horacio Verbitsky: Porque tuvo dos y medio por ciento más de votos que Scioli.

PLAYBOY: ¿Creés que hay razones para eso?

Verbitsky: Me parece que hizo una campaña inteligente, profesional, muy bien hecha. Sintonizó con algunas tendencias profundas de sectores de la sociedad argentina y no tuvo enfrente una campaña igualmente clara y organizada, con coherencia interna. Por ejemplo, en las legislativas de 2013, el kirchnerismo hizo una campaña a mi juicio muy buena, con la consigna “En la vida hay que elegir”. Pero el candidato era Insaurralde, una fotocopia de Massa. Ese candidato hubiera sido coherente con otra campaña y viceversa. En el 2015 ocurrió algo no tan marcado pero de alguna manera parecido. En las primarias hubo, por parte del candidato del Frente para la Victoria, una campaña de tipo “catch-all”, una apelación genérica, indiscriminada. Y en cambio en la segunda vuelta, digamos, retomó las líneas de las legislativas de 2013. Y, bueno, estuvo muy cerca. Si la campaña hubiera durado un poco más, o si ese giro discursivo hubiese empezado antes, es posible que el resultado hubiera sido distinto. De todos modos, eso es contrafáctico. Pero la pregunta induce la contrafacticidad. Lo que está por verse es si la victoria electoral de Macri significa algo más que un episodio coyuntural y si tiene un arraigo profundo en la sociedad. Eso se irá viendo a medida que pase el tiempo. Hoy no se puede saber. El kirchnerismo sí tuvo un arraigo profundo en la sociedad, y el hecho de haber perdido la elección presidencial no contradice eso. En todo caso, refleja ciertas limitaciones de construcción política por las cuales, en el 2013 llevó a un candidato como Insaurralde y en el 2015 a un candidato como Scioli, que no son la expresión más clara de lo que el kirchnerismo significó a lo largo de 12 años en el país. No son candidaturas de síntesis, son candidaturas que reflejan ciertas líneas internas que han formado parte del kirchnerismo, pero no lo sintetizan. Lo que observo es que hubo incapacidad para construir un candidato. Y esa es una responsabilidad política de quienes han tenido la conducción, sin duda.

PLAYBOY: ¿Cómo era tu relación con Néstor Kirchner y con Cristina? ¿Te leían, te hacían una devolución de lo que escribías? Vos mantuviste una conducta de adhesión y crítica al gobierno, no eras un estilista, eras, en algún sentido, un ideólogo, proponía agendas para el gobierno.

Verbitsky: Esa es una palabrota, “un ideólogo” (ríe). Bueno, durante los primeros 20 años de la democracia argentina, yo he sido muy crítico, y he planteado una serie de cuestionamientos tanto a las políticas de Alfonsín como a las de Menem, De la Rúa o los interinatos del Senador Duhalde. A partir de 2003, cuando hay un gobierno que comienza a realizar muchas de las cosas que he considerado positivas y por cuya ausencia he criticado a los gobiernos anteriores, naturalmente, mi posición ha sido favorable a ese gobierno. Me parece elemental que sea así. Ahora, yo en ningún momento resigné una visión crítica. Pero cómo recibía el gobierno esas cosas… a mí nunca ni Cristina ni Néstor me dijeron “escribiste esto y tal cosa, tal otra”; jamás en 12 años tuve ese tipo de diálogo.

PLAYBOY: ¿Era una relación fluida?

Verbitsky: No, esporádica. Hay muchos mitos en ese sentido, yo los veía de tanto en tanto. No he tenido una relación ni cotidiana, ni semanal, ni siquiera mensual.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del factor Aníbal Fernández en la elección y, más concretamente, del “fuego amigo”?

Verbitsky: Amigo de quién es la pregunta. Está claro que no era amigo de él. Yo creo que tanto el factor Aníbal como el factor Sabbatella, fueron muy importantes. Porque Aníbal tuvo la oposición abierta, organizada y militante de la Iglesia Católica; y Martín Sabbatella, de parte de un sector importante de los intendentes peronistas. Eso también explica el resultado en la Provincia de Buenos Aires, y el resultado en la Provincia explica el resultado nacional. Si Vidal no hubiera ganado la elección en octubre, Macri no hubiera ganado en noviembre. Es un encadenamiento de hechos. Cuando vos ves una pelea de box, el knock out es muy espectacular, pero antes del directo a la mandíbula, hubo un golpe al hígado.

PLAYBOY: ¿Pero ese golpe al hígado vos lo identificás con la campaña de la Iglesia o con la denuncia en sí misma? Y de ahí la pregunta por el “fuego amigo”.

Verbitsky: Es la denuncia, la Iglesia militándolo, y el uso de la campaña de Cambiemos. Lo del “fuego amigo” no me parece decisivo, ni lo más relevante. Ha habido, como en toda interna; si compiten, una se opone a la otra. Eso es una interna. Pero veamos las cosas que se han mencionado. El gran agravio que le habrían hecho a Aníbal es la presencia de Domínguez bailando en el programa de Tinelli al día siguiente de la denuncia…

PLAYBOY: La autorización al equipo periodístico a hacer las entrevistas.

Verbitsky: Veamos: la participación en el programa, no creo que tenga relevancia. Y el ingreso de las cámaras fue autorizado por la jueza de la causa. Eso, Casal lo explicó en detalle, mostrando la comunicación judicial. Lo pidieron los presos, los autorizó la jueza… Scioli dio una buena respuesta, “¿yo me estoy tirando un tiro en el pie?”. No creo realmente que Scioli haya pensado que él podía incidir en la primaria contra Aníbal, y que después eso no tuviera repercusión en la general en contra suyo. Me parece que Scioli tiene limitaciones evidentes, pero es bastante astuto, no es un estúpido. Y si él hubiera participado en esa operación, sería de tonto. Y no me parece que sea tonto. Yo le asigno más importancia a la militancia de la iglesia y al uso propagandístico por parte de Cambiemos, que a la denuncia en sí.

PLAYBOY: ¿Cómo ves la reconstrucción del peronismo? Hablaste de Pichetto hace poco.

Verbitsky: De Pichetto señalo la paradoja de que los gobernadores, que son los defensores de la territorialidad, tengan como operador a un clavel del aire que no tiene territorio. Pichetto perdió en su provincia. Eso, señalaba, me parece una ironía de la política. Pero, ¿cómo se va a reformatear el peronismo? Me parece prematuro arriesgar opiniones. Ahora en marzo comienza a terminarse la luna de miel de Macri con su electorado, se van a empezar a sentir los efectos de las medidas económicas tomadas. Todo parece indicar que va hacia una desaceleración de la economía, con inflación creciente. Todavía no comenzó el cierre masivo de fábricas como en la década del 90, pero si estas políticas siguen… Los aumentos descomunales de las  tarifas eléctricas, luego de gas, son elementos que van a reducir el consumo, la actividad, pero no van a reducir la inflación.

PLAYBOY: Pero algunos aspectos de este ajuste eran advertidos por Scioli. ¿El modelo kirchnerista, en términos económicos, no estaba también agotado?

Verbitsky: Sí, el tema de la sintonía fina fue planteado por Cristina cuando ganó en 2011. Y comenzó a aplicarlo en los subsidios eléctricos, por ejemplo. Después paró por las dificultades técnicas de la segmentación, que ahora se van a empezar a ver: es muy difícil determinar quién necesita y quién no el subsidio en base a criterios objetivos; y porque hubo una percepción de que iba a implicar un parate de la economía, un efecto recesivo. Por eso, el Gobierno dio marcha atrás. Y eso implicó que se mantuviera un desequilibrio de tipo macroeconómico a lo largo de estos años. Los niveles de inflación eran altos; el déficit fiscal, si bien es mucho menor de lo que pretende el actual Gobierno, iba en aumento. Y eran desequilibrios que requerían su corrección. El Gobierno anterior eligió el mantenimiento del poder adquisitivo del salario. Con medidas de estímulo al consumo y a la producción. El tema es que, si para corregir esos desequilibrios vos promovés un alza de la desocupación, un incremento del endeudamiento interno, una recesión dura, y al mismo tiempo no lográs parar la inflación, bueno, en los libros podrás haber corregido algo, pero armaste un zafarrancho en la sociedad que es mucho más grave que aquellos desequilibrios.

PLAYBOY: Se cumplen 40 años del golpe. ¿Te preocupa la continuidad de los juicios a los militares y las políticas anteriores?

Verbitsky: Macri no va a impedir que los juicios sigan porque no puede. Lo tiene clarísimo y viene diciéndolo desde hace seis años. En el Bicentenario, nosotros le mandamos una carta planteándole el tema de los juicios y él dijo que era una política de Estado, que se comprometía a seguirlos. En el año 2010, por carta. El Congreso votó una declaración en ese sentido por unanimidad, sobre el texto que redactó el CELS. Ahora, lo que su gobierno está haciendo es prescindir de todas las estructuras, financiamiento y personal que en los últimos años y en distintos lugares del Estado trabajó en apoyo de la investigación para favorecer el avance de los juicios, en la Secretaría de DDHH, en el Banco Central, en el Ministerio de Justicia, en el programa Verdad y Justicia. El programa Verdad y Justicia del Ministerio de Justicia se creó a propuesta del CELS luego del secuestro de Jorge Julio López. Fue una de las propuestas que nosotros hicimos porque entendíamos que no había un diseño de política criminal. El gobierno de Alfonsín tuvo un diseño de política criminal. Dijo: vamos a juzgar hasta tal nivel; lo vamos a hacer hasta tal lapso y siguiendo estas reglas procesales. Yo estuve en desacuerdo con eso, pero era un planteo claro. Intervino gente inteligente, capaz, que hizo un diseño de política criminal. El gobierno de Menem hizo todo lo contrario; decidió terminar. Ese también era un diseño claro de política de prosecución criminal. Ahora, los gobiernos no actúan en el vacío, sobre todo en este tema, en este país, donde las organizaciones de DDHH y la movilización política y social han sido muy fuertes. Siempre. Entonces, tanto en el gobierno de Alfonsín como en el gobierno de Menem, no lo pudieron llevar a cabo como hubieran querido. Y pongo ejemplos: Alfonsín había planeado que solo fueran juzgadas las cúpulas y algunos casos de personas que hubieran cometido atrocidades, o hubieran dado las órdenes. Y se preocupó porque quedara claro que el juicio del 85 fuera el último, que ahí se terminaba. Ahora, la resistencia que hubo a esa política de poner punto final fue tan fuerte que incluso la Juventud Radical participó en una marcha con los organismos de DDHH, oponiéndose a las instrucciones que habían dado los fiscales para que se cerrara. Y la Cámara Federal que juzgó a los ex comandantes, y que estaba integrada por gente en la cual Alfonsín confiaba, incluyó en la sentencia un punto en el que contradecía ese diseño de política criminal, según el cual todos aquellos que hubieran tenido responsabilidades debían ser juzgados y no solo ese grupo que Alfonsín quería. Y ahí se abre el juicio del Cuerpo I, la causa 450, el juicio de la ESMA; el juicio de Camps y Ricchieri en la Provincia de Buenos Aires, que no estaban en los planes de Alfonsín. Y eso es justamente por la presión social y de los organismos. En el caso de Menem, por ejemplo, con la Ley de Obediencia Debida, él indulta pero deja una ventana abierta que es el tema del robo de bienes y el secuestro de chicos. No se anima a cerrar eso, ni Alfonsín ni Menem. Porque hubiera tenido un costo muy grande, por un reclamo social muy fuerte. Y además, Menem, acepta llevar a cabo una política de reparaciones reconociendo las decisiones de la Comisión Interamericana de DDHH. Y esa es otra ventana abierta que permite luego seguir avanzando a pesar de los indultos. Y cuando Kirchner llega al gobierno, había 50 militares de alta jerarquía procesados y detenidos. Videla y Massera, para empezar. No fue Kirchner el que empezó esta historia. Ahora, llo que hizo fue darle un fuerte apoyo a esa política. Pero lo que no hizo fue un diseño de política criminal. La situación es el resultado de esas posiciones contrapuestas entre lo que quería Alfonsín, lo que quiso Menem, los límites que la sociedad les impuso a ambos, los indultos que quiso firmar Duhalde. De todo eso surge una situación confusa donde se superponen distintos tipos de juicios, con distintos grados de avance. Y entonces, en el momento en que se produce el secuestro de López, ahí nosotros dijimos: “Bueno, la única manera de enfrentar la amenaza que significa el secuestro de testigos es profundizar la definición de un esquema de persecución criminal y conseguir que los juicios avancen rápidamente”. Y entre las propuestas que hicimos, una fue la de la creación del programa Verdad y Justicia. Ese programa ha hecho un trabajo extraordinario. Esto ha permitido investigar con mucha más profundidad; investigar las responsabilidades civiles y económicas, y hacer un aporte fundamental para los fiscales y para los jueces. Esto es lo que ahora el gobierno trata de frenar. Pero no puede frenar los juicios.

PLAYBOY: En el contexto del clima cultural respecto de los 70, ¿cómo analizás los dichos del Ministro de Cultura porteño, Darío Lopérfido, sobre los 30 mil desaparecidos?

Verbitsky: Bueno, yo escribí que suma a lo pérfido, lo ignorante, porque su fundamentación es patética. Él cita a (Ceferino) Reato, que dice exactamente lo contrario; y a (Graciela) Fernández Meijide, que fue de las primeras que salió a contestarle. Y lo retractaron el secretario de DDHH y el jefe de Gobierno, con lo cual, el clima es de despiste ahí. Me parece que tendrá que controlar mejor los estados alterados en los que se encuentra este muchacho.

PLAYBOY: Uno podría decir que la necesidad de una cifra está contenida en la consigna de “Memoria, Verdad y Justicia”. ¿Qué pasa con el número? ¿Se mitificó y entonces es difícil desarmar un símbolo, es imposible calcularlo?

Verbitsky: Es muy difícil, no sé si imposible. El argumento de Lopérfido de Mitre es que se infló la cifra para cobrar subsidios y cita a Reato que dice exactamente lo contrario: para Reato, la prueba de que son menos es que se cobró subsidios por 8500. Ahora, yo conozco por lo menos siete, ocho casos de desaparecidos que no fueron denunciados. Gente con la cual he hablado del tema. Y no puedo proyectar eso como número válido, porque no lo es, pero me da la pauta de que la existencia de indemnizaciones y de registros escritos no agota el tema. El número puede ser muy superior al que está registrado con nombre y apellido. Yo no cuestiono en absoluto el esfuerzo de precisión. He tenido una polémica al respecto con Reato, donde me atribuía a mí sostener el número de 30 mil, y yo nunca dije eso. He dado el número que estaba acreditado con nombre y apellido, desde la época de la revista El Periodista en adelante. He dicho “tal número acreditado con nombre y apellido, pero que otras fuentes elevan hasta 30 mil”. Ahora, que quedó instalado como un lema, como un símbolo, eso es evidente. Una cosa es alguien que se ponga a hacer una investigación, a ver cuántos son. Y otra cosa es que aparezca un frívolo que diga que inventaron el número para cobrar subsidios. Eso es un ataque simbólico, deliberado, clarísimo. Y, bueno, tuvo el repudio que merecía.

PLAYBOY: Rodríguez Larreta fue bastante elocuente, diciendo “no estoy de acuerdo, a mi viejo lo chuparon los milicos”…

Verbitsky: Y sí… Horacio la pasó mal. Todos sabemos lo que pasó. Su padre fue secuestrado y torturado, estuvo en Campo de Mayo, vendado, encapuchado. Hay gente muy frívola y hay gente seria.

PLAYBOY: En un homenaje que te hicieron en Página/12, Mónica Müller cita una frase tuya del año 92: “He sido peronista desde los 13 años, he sido periodista desde los 18, he sido militante peronista desde los 19. He sido militante montonero. He dejado de ser peronista en 1973 y he dejado de ser montonero en 1977. Sigo siendo periodista”. Pasaron 24 años de esa definición. ¿Qué cambió?

Verbitsky: Lo único que cambió respecto de esa frase es que soy el presidente del CELS.

PLAYBOY: ¿No sos peronista?

Verbitsky: No. No he vuelto a ser peronista.

PLAYBOY: Al revés que muchos hombres públicos que vivieron los años 70, vos hiciste una autocrítica…

Verbitsky: Por supuesto.

PLAYBOY: ¿No hubo, en algún aspecto, un freno a una visión más crítica sobre los 70 en esta década? ¿No quedó anclada en el kirchnerismo una reivindicación un poco romántica e idealizada de los 70 y la experiencia política?

Verbitsky: Lo que pasa es que el kirchnerismo no tiene responsabilidad de hacer autocrítica de Montoneros porque ellos no formaron parte. Esa es la responsabilidad de los que sí estuvimos, y yo y otros lo hemos hecho. Ahora, que haya un gobierno que reivindique la militancia, la participación, la entrega, el sacrificio, es bueno. Lo valoro, lo agradezco. Y no me hace olvidar las críticas.

PLAYBOY: ¿Cómo las resumirías?

Verbitsky: Yo lo he dicho a lo largo de muchos años en distintos escritos. En el libro de Ezeiza yo digo que fuimos a la vez prepotentes e ingenuos. La idea de copar el acto para que Perón viera la representatividad… nos recagaron a tiros. Eso es prepotente e ingenuo al mismo tiempo. Y más adelante ha habido mucho ideologismo, poca política…

PLAYBOY: Durante los 80 y los 90 te enfrentaste con Firmenich y Galimberti.

Verbitsky: Yo no estuve enfrentado con ellos, cuando yo decía estas cosas me hacían campañas tremebundas. Lo dijo Galimberti: se reunieron en Río de Janeiro para ver cómo me destruían. Yo dije las cosas que creo que hay que decir. Y además no he hecho una personalización, no creo que una reflexión crítica de esos años pueda saldarse con una demonización de tal o cual persona. Esto fue un fenómeno colectivo: todos tenemos responsabilidad en lo que pasó. Por supuesto, es distinta la responsabilidad de quienes participamos pero en el mismo tiempo en que participamos, criticamos una cantidad de cosas, como fue mi caso, con documentos elevados internamente, de quienes condujeron y pasaron por alto esas críticas. No nos dieron ni cinco de pelota.

PLAYBOY: ¿Cuál era el cuestionamiento central?

Verbitsky: Perder la política en aras de lo militar. Pero todos tenemos responsabilidad. Nunca he eludido mis responsabilidades. Ahora, cuando Reato dice que Juan Gelman ni yo hicimos una autocrítica, no es cierto. Lo que no hicimos es la fiesta que querés hacer vos, destruyendo todo, cagándose en todo, faltándole el respeto a la historia, a los compañeros muertos, a los vivos, y contribuyendo a convertir una historia compleja en una página negra, que es lo que quieren hacer. Claro que hicimos autocrítica, y en el momento de los hechos.

PLAYBOY: Vos fuiste parte de una organización político-militar y sos desde hace tiempo un referente de los DDHH. Pertenecer a una organización político-militar supone que la violencia forma parte de la política; lo que está en el seno de un organismo de DDHH es lo contrario. Es suponer que hay que garantizar el Estado de Derecho, que hay un límite para la política. La creación del CELS es del 79, y simultáneamente, por ejemplo, ese año Montoneros monta una contraofensiva militar. Es decir: en algún momento hubo una simultaneidad entre la violencia política y el surgir de Madres, Abuelas, CELS, y demás organismos de Derechos Humanos. ¿En qué momento vos te desarmaste en términos políticos, cómo fue el pasaje entre un militante armado a un defensor de los DDHH?

Verbitsky: Bueno, yo creo que en torno del tema de la violencia, antes de hablar de situaciones personales, es imprescindible ubicar procesos históricos colectivos. Es decir, la violencia fue parte de la acción política argentina desde que yo nací hasta que terminó la Dictadura. Cuando terminó la Dictadura, yo tenía 41 años. Yo en el año 55, por azar, estuve en el bombardeo de Plaza de Mayo. Iba al colegio a tres cuadras, entraba al turno de la tarde a la 1 del mediodía y salí del subterráneo a las 12 y media, cuando estaban bombardeando la Plaza de Mayo. De ahí en adelante, eso marcó toda la vida política del país. Esa fue la marca central que hubo en la vida política del país en los 20 años que van desde que eso ocurre hasta el gobierno de Isabel Perón, López Rega, la triple A. No había un solo grupo político argentino que no usara la violencia como modo de hacer. Incluso, antes. El atentado en la Plaza de Mayo de 1953, realizado por el Ingeniero Roque Carranza, luego Ministro de Alfonsín, es otro ejemplo. Digamos, no se concebía la política en la Argentina sin determinados grados de violencia. Cuando ibas a una marcha, ibas con palos, ibas con cadenas, o con bolitas para los caballos de la policía, tratabas de llevar pañuelos mojados para evitar los gases lacrimógenos. La proscripción del peronismo, los fusilamientos, los secuestros, son todas cosas que van formando, digamos… La resistencia peronista es profundamente violenta antes de que hubiera la guerrilla que yo integré. La resistencia peronista es anterior a la Revolución cubana. Yo me acuerdo todavía las imágenes del estallido del gasoducto de Córdoba cuando gobernaba Arturo Frondizi en la Nación y Arturo Zanichelli en Córdoba, que estuvo tres días ardiendo. Esa era la moneda corriente de la vida política argentina. La participación de mi generación, y de gente más joven que yo, en la guerrilla, adquiere una lectura crítica de mi parte a partir del momento en que percibo que el componente militar predomina sobre cualquier otra cosa. Es decir, creo que ahí hay un salto cualitativo. Esta historia de violencia de décadas abarca a todos los sectores políticos. Nadie puede decir “yo no fui violento”, no es verdad, eso es lo que aprendimos, lo que vivimos. A partir del regreso a la clandestinidad, en septiembre del 74, y en los años posteriores, en el 75, 76, 77, comienzan  a prevalecer las opciones militares por sobre las opciones políticas. Ahí yo siento que es un camino cerrado, que no lleva a ningún lado. Y una de las cosas que escribo en esos documentos es el error de asimilar las estructuras organizativas y las estructuras ideológicas con los movimientos de liberación nacional asiáticos. La idea del partido, Frente de Liberación, conceptos de la guerra de Vietnam, son inaplicables en la Argentina, no tienen nada que ver. Lo que había en Argentina era una confrontación interna entre sectores. Una de las cosas que yo escribo es que las Fuerzas Armadas son tan nacionales como nosotros; no son una fuerza ocupante extranjera. Ahí yo creo que hay una pérdida de sentido. Ahí, cuando termina la dictadura y con el terrible daño que hace, comienza un proceso de aprendizaje democrático por parte de toda la sociedad. Y yo, afortunadamente, no me excluyo de ese proceso. Yo aprendí también en ese proceso. Y además, bueno, hoy no hay nadie que plantee la violencia como modo de construcción política. Esto ha sido socialmente desterrado. Yo creo que el proceso es ese. Me parece que antes que el camino individual es importante precisar el contexto social general. Dentro de ese contexto, por supuesto, yo siento que la reivindicación de los DDHH y su vigencia universal son un camino muy importante para la construcción democrática y no se me ocurriría pensar en otra cosa.


PLAYBOY:
¿Cuál es la historia de esa foto? (Detrás suyo, sobresale una foto con Kirchner)

Verbitsky: Está tomada dos meses antes de la muerte de Kirchner, el 4 de agosto de 2010, que era el aniversario de la muerte del obispo Angelelli. Había un acto conmemorativo y fui al acto, en La Rioja. Y ahí Kirchner me dijo que fuera a una entrega de computadoras de Conectar Igualdad –en el Polideportivo Carlos Menem-, que coincidía con el evento, porque me dijo que quería charlar algunas cosas conmigo. Así que fui, y aunque sabía que después del acto íbamos a poder charlar, no se aguantaba, y se acercó al borde del palco y quedó esa foto.

PLAYBOY: ¿Y qué te dijo?

Verbitsky: Tenía que ver con algo de la política del momento. Creo que yo le había pegado un garrotazo a Scioli… porque era un momento en que él planeaba ser candidato en el 2011, y yo había escrito que Scioli tenía el plan de desplazarlo. Él decía que no era verdad. Ése es el tipo de ocasiones en las que yo me encontraba con él. Es un buen ejemplo de lo que me preguntaban antes. Son más las veces que he tenido encuentros de ese tipo que las que he planeado.

PLAYBOY: Pero hubo medidas del Gobierno que tuvieron tu impronta, como la creación del Ministerio de Seguridad…

Verbitsky: Esa es una propuesta que yo le hice a Cristina. El CELS venía planteando el tema de la creación del Ministerio de Seguridad desde hace mucho tiempo. Es decir, que lo que se había hecho en Defensa, había que hacerlo en Seguridad, por el control político de la fuerza y demás. Cuando ocurre lo del Indoamericano, que es dos meses después de la muerte de Kirchner, nosotros entendimos que era el momento de impulsar nuestra propuesta de gobierno político de Fuerzas de Seguridad. Pedí una audiencia, la fui a ver a Cristina, se lo planteé y a ella le pareció bien.

PLAYBOY: ¿Y tuviste propuestas rechazadas?

Verbitsky: En general, no. Bueno, sí, claro. Cuando le propuse a Kirchner bajar los cuadros, ya se lo había propuesto a De la Rúa y a Duhalde (a López Murphy y a Jaunarena, respectivamente). Y se burlaron, los dos. En el 2003, se lo propusimos a Julián Domínguez y a (José) Pampuro. Y al día siguiente, Pampuro me dijo que Kirchner quería verlo. Así que lo fui a ver, le planteé el tema, y me dijo: “Bueno, lo hacemos este 24 de marzo”. Ése fue el diálogo. Ahora, por ejemplo, en 2007, cuando él decide impulsar la candidatura de Scioli para la gobernación de la Provincia, le dije: “A mí me parece un disparate, yo no estoy de acuerdo”. Además, lo escribí. Y durante varios meses no hablé con él. Y un día me dice: “Tengo que hablar con vos, yo quiero que entiendas por qué tomé yo esa decisión que vos cuestionás. Yo tengo la información de que Macri está planeando salir de la Capital e ir a la Provincia. Si Macri cruza a la Provincia y nos gana, todo esto se acabó; y el único que le puede ganar a Macri en la Provincia es Scioli”. Y ahí entonces yo le dije que había tiempo para construir otro candidato, y que además iba a ser traccionado por las presidenciales, con la candidatura de Cristina. Y él me dijo: “No, es al revés: para que Cristina gane, hace falta alguien que empuje desde la Provincia”. Esa fue una diferencia de criterio fuerte que tuvimos. A mí no se me hubiera ocurrido por una cosa de esas pelearme con él.

PLAYBOY: Y lo de Milani, ¿cómo fue?

Verbitsky: Lo de Milani, bueno, cuando el Senador Morales y el actual Ministro Martínez hacen las denuncias y demás, nosotros buscamos en nuestro archivo y no teníamos nada. Y entonces, cuando se producen los ascensos previos de Milani, no teníamos nada para decir. Ahora, cuando él es designado para conducir el Ejército como Jefe del Estado Mayor, ya era un cargo con mucha responsabilidad y la insistencia de los Senadores era muy fuerte y además Lanata había entrevistado al ex soldado Llanes, y entonces hicimos una investigación propia y verificamos que efectivamente había elementos muy pesados. Y entonces se lo planteé a Cristina. Y le ofrecí que si ella quería, los organismos de DDHH le pedíamos que retirara el pliego, para que no tuviera el costo de promoverlo. Que nosotros lo asumíamos. Y me dijo que no, que de ninguna manera. Entonces, hicimos una reunión de Comisión Directiva del CELS, que convoqué especialmente para analizar el tema, y fui el último en hablar. Todos en la Comisión habían dicho que teníamos que denunciarlo y yo coincidí. Entonces le mandamos una carta a Cristina con todos los elementos que habíamos reunido. No hubo respuesta. Eso fue un viernes. El Gobierno no nos dio bola y entonces el domingo hice una cosa que no suelo hacer en la columna, y directamente sugerí que Milani diera un paso al costado. Y el lunes, a las 9, cuando se realizaba la Comisión de Acuerdos, llevamos nuestra impugnación con todos los elementos.

PLAYBOY: ¿Y por qué creés que Cristina lo sostuvo?

Verbitsky: Yo no tengo una clara comprensión de por qué. Hay una cosa que yo vi en mi discusión con Cristina, una cosa muy marcada del kirchnerismo, que es no retrocedemos, no cambiamos. La idea de que si modificás algo, es una muestra de debilidad. Todo lo que plantearon el radicalismo yla izquierda, de que a Milani lo tenían porque hacía inteligencia, yo nunca lo percibí. Y de hecho el Ministro Martínez ha dicho últimamente que dieron vuelta el Ministerio y no encontraron nada. A mí no me consta.

PLAYBOY: ¿El caso Boudou es también un ejemplo de esa obstinación?

Verbitsky: No, no creo, no me parece. Porque ahí, digamos, lo que había era una ofensiva contra el Vicepresidente que no avanzó judicialmente. Si hubiera avanzado… lo que se planteaba era que Cristina le pidiera la renuncia. Ahora, si Cristina le pedía la renuncia, al día siguiente iban contra ella. Ahí yo creo que hubo pragmatismo.

PLAYBOY: Vos escribiste que había “interés estatal en Ciccone”.

Verbitsky: Una vez, Adrián Paenza me contó un diálogo con un hacker. Él siempre está en contacto con el mejor hacker, el mejor basquetbolista. Entonces, él le había preguntado al hacker por la seguridad del sistema informático, si hay alguna forma de garantizar la inviolabilidad. Y el hacker le dijo “Mire, todo eso es relativo, depende del esfuerzo, de la inversión. Si a usted lo corre un león, usted no necesita correr más rápido que el león, solo necesita correr más rápido que su amigo”. A mí me parece que en el caso de Boudou está eso. Si no hubiera estado Boudou, el león hubiera ido contra Cristina. Porque está claro… al margen de lo que una investigación seria, imparcial, pueda acreditar en un caso o en el otro, al margen de eso, yo no me voy a pronunciar al respecto, está claro que en toda esa denuncia había una intencionalidad política de derribo del gobierno, es obvio, como lo hay en Brasil con Dilma, Lula, digamos, ha sido una estrategia generalizada contra los gobiernos populistas de Sudamérica. Entonces, yo creo que la explicación de lo de Boudou es esa. Yo dije que había interés estatal, sí, por supuesto. Argentina estaba fabricando moneda en Brasil y Chile, y no había capacidad para producir billetes en el país. Era un problema de soberanía.

PLAYBOY: Mal resuelto…

Verbitsky: Muy mal resuelto. Eran muy difíciles las alternativas en ese momento. Por ejemplo, una cosa que alguien ha dicho: “la hubieran expropiado”. ¿Cómo hacías, si el “Grupo A” tenía mayoría en el Congreso? No se podía. Cuando hubo mayoría, se expropió. Al margen de lo que uno piense de lo que hizo Boudou, el interés estatal en tener el control de la impresión de billetes es indiscutible. Por qué no se actuó mejor, o se buscó otra solución a tiempo, bueno, son las características de los últimos años, siempre se ha actuado sobre la urgencia. Urgencias reales.

PLAYBOY: En ese modus operandi hay algunos casos que son muy similares. El ingreso de los Ezkenazi en YPF, el intento de Rudy Ulloa de comprar Telefe…

Verbitsky: Bueno, ése es otro tema que yo discutí con Kirchner. Cuando él hizo la prórroga de las licencias en el año 2005, que le dio diez años más a todos los canales de televisión, a la radio, a todo el mundo, lo cuestioné. Y él un día me dijo “Si yo no hacía eso, quebraban Canal 9 y América. Con la deuda que tienen, van a la quiebra y Clarín se queda con todo”. “Pero Hadad y Moneta son peores que Clarín”, le dije. “Sí, pero no tienen la misma fuerza. Y si nadie transmite lo que digo, no voy a poder gobernar”, me contestó. Son peores pero son débiles. Yo no hubiera hecho ninguna de esas cosas, pero lo entiendo. Tiene una lógica. Ni se encaprichó ni quiso hacer un negocio, dio una respuesta apurada e incorrecta a un problema serio. Con la debilidad que tenía ese gobierno en ese momento, si no tenés una alternativa de difusión, estás en el horno.

PLAYBOY: La corrupción es uno de los grandes temas en tu trayectoria periodística. En Robo para la corona está muy bien descripta la sobornización como forma de hacer política. ¿Cómo concebís vos la corrupción en el proceso kirchnerista?

Verbitsky: Mirá, yo creo que los niveles de corrupción de los gobiernos kirchneristas no han superado el promedio de lo que han sido los gobiernos argentinos que yo recuerde. En el caso del menemismo, que es cuando yo dediqué tiempo y esfuerzo para investigar esas cuestiones, a mí me interesaba ver cómo la corrupción era el precio que se pagaba a un movimiento popular de raigambre histórica por el abandono de las banderas tradicionales. El proceso español es paralelo; la corrupción del PSOE tiene el mismo origen. En el caso del kirchnerismo… bueno, el caso de Ezkenazi sin duda es un caso de corrupción, no hay ninguna duda de eso. Ahora, digamos, fue puesto al servicio de una idea, errónea, pero donde también había una idea de política de Estado, también en ese caso la motivación…

PLAYBOY: Hay un patrón similar en los ferrocarriles, una burguesía nacional fallida.

Verbitsky: El kirchnerismo ha cometido errores de lectura muy graves. El kirchnerismo de Kirchner; el de Cristina, no. Es decir, durante el gobierno de Kirchner se plantea la lucha contra los acreedores externos y se entiende a los empresarios argentinos como burguesía nacional aliada en esa lucha. Eso termina en el 2008 con la sublevación de la Sociedad Rural. Ahí es donde queda claro que no hay ninguna burguesía nacional, y que los organismos internacionales de crédito son una parte del problema. Pero la “oligarquía diversificada”, como la llama Eduardo Basualdo, son la otra parte. Y Cristina toma una serie de medidas, desde lo que fue esa batalla contra la Sociedad Rural, que radicalizan y profundizan el proceso político. Veo una clara diferenciación entre esos dos momentos. Habrá que esperar que pase el tiempo, a ver los hechos de corrupción, cuáles han tenido o no, alguna explicación vinculada con políticas estatales. Cuáles han sido meramente choreos y cuáles han sido resoluciones berretas, torpes, de temas serios. Como el caso Ciccone. Kirchner, con Repsol, lo que hace es meter al presunto empresariado nacional adentro. Cristina, directamente, expropia. Son dos soluciones distintas, en dos momentos distintos. Lo mismo con Aerolíneas. No sé cuántos casos reales de corrupción ha habido en el gobierno de Cristina. Ha habido un tam tam obsesivo y reiterativo, que impide un análisis en serio. Todo es motivo de denuncia, de sospecha, nunca de prueba. Habrá que esperar.

PLAYBOY: En el libro de Gabriela Esquivada sobre el diario Noticias de Montoneros, aparece clara tu posición de querer hacer un diario de masas: “Vamos a hacer un diario que quiera leer el pueblo argentino”. Y después te convertiste en un periodista que le escribe a minorías: ¿En quién pensás cuando escribís?

Verbitsky: En el pueblo argentino (ríe).

PLAYBOY: Hay una respuesta probable: en el sistema político.

Verbitsky: Eso es lo que dice Lanata. Son momentos distintos. En aquel momento éramos parte de un proyecto popular, militante, teníamos la potestad de influir en cómo iba a ser el producto, de hacer un diario distinto de La Opinión. En Página/12 no he tenido la incidencia que tuve en Noticias. No he sido directivo. Yo soy apenas un columnista político…

PLAYBOY: No sé si sostendría el “apenas”.

Verbitsky: Pero bueno, yo en Página también planteé que había que tener una sección deportiva importante, pero no me dieron pelota. Yo sigo creyendo que sería bueno un diario más popular…

PLAYBOY: Nunca te reivindicaste periodista militante.

Verbitsky: Es que no lo soy. No estoy encuadrado en ninguna estructura.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del periodismo militante? ¿Fue una estrategia comunicacional efectiva, acertada?

Verbitsky: Mirá, a mí me parece que fue una respuesta en espejo a lo que hacen los medios más tradicionales. Una vez me dijeron que 678 era un programa de propaganda. Y yo dije que sí, pero, ¿y TN qué es? Fue hecho en espejo. Por supuesto, se ofendieron todos. No hubo nadie a quien le cayera bien.

PLAYBOY: ¿Y Página/12 qué fue?

Verbitsky: Página expresa a un sector social, político, cultural, que tiene una incidencia significativa en la sociedad pero que no forma parte de un proyecto político determinado, y que en cada momento se va acomodando de acuerdo a lo que va viendo en el panorama político del país. Coincidimos con algunas cosas del gobierno de Alfonsín y criticamos otras; con algunas de Menem y criticamos otras; con poquísimas de De la Rúa y del interinato de Duhalde; y tuvimos muchas coincidencias con los gobiernos de Néstor y Cristina sin dejar de expresar esa identidad preexistente. A mí me parece que el tema de los DDHH ha sido una definición permanente de Página/12 y a mí me importa destacar que el aporte de Kirchner a los DDHH ha sido muy importante. Pero no ha sido un invento del kirchnerismo. Cuando Kirchner llegó, había ya medio centenar de altos cuadros militares bajo proceso. Detenidos y bajo proceso, por obra del movimiento de DDHH, en contra de los gobiernos anteriores. Entonces,  mucha alegría de que el gobierno de Kirchner tomara ese tema. Pero es un tema previo, para el diario y para el movimiento de DDHH. Y es un tema posterior. Ya se fue el kirchnerismo, pero nosotros vamos a seguir, y vamos a seguir mientras existamos. Es un tema de identidad.

PLAYBOY: La última: ¿qué opinás del rol de Bergoglio como Papa en la política nacional?

Verbitsky: Prefiero no contestar sobre Bergoglio.

Por Martín Rodríguez y Tomás Rodríguez Ansorena | Fotos Ignacio Sánchez

A esta altura de la soirée podemos decir que hay dos clases de kirchneristas: los que sabían qué querían del kirchnerismo y los consumidores de poder. El periodista Horacio Verbitsky es de los primeros por una razón básica: no lo inventó el kirchnerismo, aunque llegó a ser, por momentos, “autor” de muchas de sus narrativas. “El perro”, como lo llaman desde sus primeros años en el periodismo, preside el CELS, un organismo de Derechos Humanos que auditó el work in progress de las instituciones democráticas antes, durante y después. Si Luis D’Elía fue kirchnerista a costa de resignar su propia agenda de “tierra” y “vivienda” y Edgardo Depetri fue el referente de una CTA afín al gobierno que no pudo lograr la personería gremial, Verbitsky entró a la Casa Rosada “sin dejar sus convicciones en la puerta”: desde el CELS impulsó la creación del Ministerio de Seguridad, el fortalecimiento de los juicios por deitos de lesa humanidad  o la creación de organismos como la Procuración Penitenciaria de la Nación. Verbitsky motorizó su agenda, incluso cuando no consiguió que bajaran ciertos cuadros (la cuestión Milani), o en “los derechos humanos de hoy”, en causas como la de Luciano Arruga o la represión a los Qom en Formosa. Mientras vemos las ruinas del imperio en el escándalo del vaciamiento de los “medios militantes” del Grupo 23, la conmoción interna del peronismo con sus “fieles” o “traidores”, o las citas judiciales a Alejandro Vanoli, Axel Kiciloff y la propia Cristina, entrevistamos a Horacio Verbitsky quien en su tono pausado parece abstraerse y reducirse al grado cero de su poder: “apenas” un columnista del diario Página/12. Pero Verbitsky es más que eso, y lo sabe. La biografía no autorizada que escribió Gabriel Levinas, y a la que califica de “canallada”, subraya su lugar dentro del sistema político, del que nunca –y sus columnas son el máximo testimonio de ello- pretendió alguna ajenidad. Hoy se para de cara a un nuevo gobierno que parece salido de la peor pesadilla progresista (“un gobierno liberal votado por el pueblo”). Hablamos de lo que pasó y de lo que viene, con el fondo de una efeméride redonda: a 40 años del último Golpe de Estado.

PLAYBOY: Arranquemos por la política, ¿por qué ganó Macri?

Horacio Verbitsky: Porque tuvo dos y medio por ciento más de votos que Scioli.

PLAYBOY: ¿Creés que hay razones para eso?

Verbitsky: Me parece que hizo una campaña inteligente, profesional, muy bien hecha. Sintonizó con algunas tendencias profundas de sectores de la sociedad argentina y no tuvo enfrente una campaña igualmente clara y organizada, con coherencia interna. Por ejemplo, en las legislativas de 2013, el kirchnerismo hizo una campaña a mi juicio muy buena, con la consigna “En la vida hay que elegir”. Pero el candidato era Insaurralde, una fotocopia de Massa. Ese candidato hubiera sido coherente con otra campaña y viceversa. En el 2015 ocurrió algo no tan marcado pero de alguna manera parecido. En las primarias hubo, por parte del candidato del Frente para la Victoria, una campaña de tipo “catch-all”, una apelación genérica, indiscriminada. Y en cambio en la segunda vuelta, digamos, retomó las líneas de las legislativas de 2013. Y, bueno, estuvo muy cerca. Si la campaña hubiera durado un poco más, o si ese giro discursivo hubiese empezado antes, es posible que el resultado hubiera sido distinto. De todos modos, eso es contrafáctico. Pero la pregunta induce la contrafacticidad. Lo que está por verse es si la victoria electoral de Macri significa algo más que un episodio coyuntural y si tiene un arraigo profundo en la sociedad. Eso se irá viendo a medida que pase el tiempo. Hoy no se puede saber. El kirchnerismo sí tuvo un arraigo profundo en la sociedad, y el hecho de haber perdido la elección presidencial no contradice eso. En todo caso, refleja ciertas limitaciones de construcción política por las cuales, en el 2013 llevó a un candidato como Insaurralde y en el 2015 a un candidato como Scioli, que no son la expresión más clara de lo que el kirchnerismo significó a lo largo de 12 años en el país. No son candidaturas de síntesis, son candidaturas que reflejan ciertas líneas internas que han formado parte del kirchnerismo, pero no lo sintetizan. Lo que observo es que hubo incapacidad para construir un candidato. Y esa es una responsabilidad política de quienes han tenido la conducción, sin duda.

PLAYBOY: ¿Cómo era tu relación con Néstor Kirchner y con Cristina? ¿Te leían, te hacían una devolución de lo que escribías? Vos mantuviste una conducta de adhesión y crítica al gobierno, no eras un estilista, eras, en algún sentido, un ideólogo, proponía agendas para el gobierno.

Verbitsky: Esa es una palabrota, “un ideólogo” (ríe). Bueno, durante los primeros 20 años de la democracia argentina, yo he sido muy crítico, y he planteado una serie de cuestionamientos tanto a las políticas de Alfonsín como a las de Menem, De la Rúa o los interinatos del Senador Duhalde. A partir de 2003, cuando hay un gobierno que comienza a realizar muchas de las cosas que he considerado positivas y por cuya ausencia he criticado a los gobiernos anteriores, naturalmente, mi posición ha sido favorable a ese gobierno. Me parece elemental que sea así. Ahora, yo en ningún momento resigné una visión crítica. Pero cómo recibía el gobierno esas cosas… a mí nunca ni Cristina ni Néstor me dijeron “escribiste esto y tal cosa, tal otra”; jamás en 12 años tuve ese tipo de diálogo.

PLAYBOY: ¿Era una relación fluida?

Verbitsky: No, esporádica. Hay muchos mitos en ese sentido, yo los veía de tanto en tanto. No he tenido una relación ni cotidiana, ni semanal, ni siquiera mensual.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del factor Aníbal Fernández en la elección y, más concretamente, del “fuego amigo”?

Verbitsky: Amigo de quién es la pregunta. Está claro que no era amigo de él. Yo creo que tanto el factor Aníbal como el factor Sabbatella, fueron muy importantes. Porque Aníbal tuvo la oposición abierta, organizada y militante de la Iglesia Católica; y Martín Sabbatella, de parte de un sector importante de los intendentes peronistas. Eso también explica el resultado en la Provincia de Buenos Aires, y el resultado en la Provincia explica el resultado nacional. Si Vidal no hubiera ganado la elección en octubre, Macri no hubiera ganado en noviembre. Es un encadenamiento de hechos. Cuando vos ves una pelea de box, el knock out es muy espectacular, pero antes del directo a la mandíbula, hubo un golpe al hígado.

PLAYBOY: ¿Pero ese golpe al hígado vos lo identificás con la campaña de la Iglesia o con la denuncia en sí misma? Y de ahí la pregunta por el “fuego amigo”.

Verbitsky: Es la denuncia, la Iglesia militándolo, y el uso de la campaña de Cambiemos. Lo del “fuego amigo” no me parece decisivo, ni lo más relevante. Ha habido, como en toda interna; si compiten, una se opone a la otra. Eso es una interna. Pero veamos las cosas que se han mencionado. El gran agravio que le habrían hecho a Aníbal es la presencia de Domínguez bailando en el programa de Tinelli al día siguiente de la denuncia…

PLAYBOY: La autorización al equipo periodístico a hacer las entrevistas.

Verbitsky: Veamos: la participación en el programa, no creo que tenga relevancia. Y el ingreso de las cámaras fue autorizado por la jueza de la causa. Eso, Casal lo explicó en detalle, mostrando la comunicación judicial. Lo pidieron los presos, los autorizó la jueza… Scioli dio una buena respuesta, “¿yo me estoy tirando un tiro en el pie?”. No creo realmente que Scioli haya pensado que él podía incidir en la primaria contra Aníbal, y que después eso no tuviera repercusión en la general en contra suyo. Me parece que Scioli tiene limitaciones evidentes, pero es bastante astuto, no es un estúpido. Y si él hubiera participado en esa operación, sería de tonto. Y no me parece que sea tonto. Yo le asigno más importancia a la militancia de la iglesia y al uso propagandístico por parte de Cambiemos, que a la denuncia en sí.

PLAYBOY: ¿Cómo ves la reconstrucción del peronismo? Hablaste de Pichetto hace poco.

Verbitsky: De Pichetto señalo la paradoja de que los gobernadores, que son los defensores de la territorialidad, tengan como operador a un clavel del aire que no tiene territorio. Pichetto perdió en su provincia. Eso, señalaba, me parece una ironía de la política. Pero, ¿cómo se va a reformatear el peronismo? Me parece prematuro arriesgar opiniones. Ahora en marzo comienza a terminarse la luna de miel de Macri con su electorado, se van a empezar a sentir los efectos de las medidas económicas tomadas. Todo parece indicar que va hacia una desaceleración de la economía, con inflación creciente. Todavía no comenzó el cierre masivo de fábricas como en la década del 90, pero si estas políticas siguen… Los aumentos descomunales de las  tarifas eléctricas, luego de gas, son elementos que van a reducir el consumo, la actividad, pero no van a reducir la inflación.

PLAYBOY: Pero algunos aspectos de este ajuste eran advertidos por Scioli. ¿El modelo kirchnerista, en términos económicos, no estaba también agotado?

Verbitsky: Sí, el tema de la sintonía fina fue planteado por Cristina cuando ganó en 2011. Y comenzó a aplicarlo en los subsidios eléctricos, por ejemplo. Después paró por las dificultades técnicas de la segmentación, que ahora se van a empezar a ver: es muy difícil determinar quién necesita y quién no el subsidio en base a criterios objetivos; y porque hubo una percepción de que iba a implicar un parate de la economía, un efecto recesivo. Por eso, el Gobierno dio marcha atrás. Y eso implicó que se mantuviera un desequilibrio de tipo macroeconómico a lo largo de estos años. Los niveles de inflación eran altos; el déficit fiscal, si bien es mucho menor de lo que pretende el actual Gobierno, iba en aumento. Y eran desequilibrios que requerían su corrección. El Gobierno anterior eligió el mantenimiento del poder adquisitivo del salario. Con medidas de estímulo al consumo y a la producción. El tema es que, si para corregir esos desequilibrios vos promovés un alza de la desocupación, un incremento del endeudamiento interno, una recesión dura, y al mismo tiempo no lográs parar la inflación, bueno, en los libros podrás haber corregido algo, pero armaste un zafarrancho en la sociedad que es mucho más grave que aquellos desequilibrios.

PLAYBOY: Se cumplen 40 años del golpe. ¿Te preocupa la continuidad de los juicios a los militares y las políticas anteriores?

Verbitsky: Macri no va a impedir que los juicios sigan porque no puede. Lo tiene clarísimo y viene diciéndolo desde hace seis años. En el Bicentenario, nosotros le mandamos una carta planteándole el tema de los juicios y él dijo que era una política de Estado, que se comprometía a seguirlos. En el año 2010, por carta. El Congreso votó una declaración en ese sentido por unanimidad, sobre el texto que redactó el CELS. Ahora, lo que su gobierno está haciendo es prescindir de todas las estructuras, financiamiento y personal que en los últimos años y en distintos lugares del Estado trabajó en apoyo de la investigación para favorecer el avance de los juicios, en la Secretaría de DDHH, en el Banco Central, en el Ministerio de Justicia, en el programa Verdad y Justicia. El programa Verdad y Justicia del Ministerio de Justicia se creó a propuesta del CELS luego del secuestro de Jorge Julio López. Fue una de las propuestas que nosotros hicimos porque entendíamos que no había un diseño de política criminal. El gobierno de Alfonsín tuvo un diseño de política criminal. Dijo: vamos a juzgar hasta tal nivel; lo vamos a hacer hasta tal lapso y siguiendo estas reglas procesales. Yo estuve en desacuerdo con eso, pero era un planteo claro. Intervino gente inteligente, capaz, que hizo un diseño de política criminal. El gobierno de Menem hizo todo lo contrario; decidió terminar. Ese también era un diseño claro de política de prosecución criminal. Ahora, los gobiernos no actúan en el vacío, sobre todo en este tema, en este país, donde las organizaciones de DDHH y la movilización política y social han sido muy fuertes. Siempre. Entonces, tanto en el gobierno de Alfonsín como en el gobierno de Menem, no lo pudieron llevar a cabo como hubieran querido. Y pongo ejemplos: Alfonsín había planeado que solo fueran juzgadas las cúpulas y algunos casos de personas que hubieran cometido atrocidades, o hubieran dado las órdenes. Y se preocupó porque quedara claro que el juicio del 85 fuera el último, que ahí se terminaba. Ahora, la resistencia que hubo a esa política de poner punto final fue tan fuerte que incluso la Juventud Radical participó en una marcha con los organismos de DDHH, oponiéndose a las instrucciones que habían dado los fiscales para que se cerrara. Y la Cámara Federal que juzgó a los ex comandantes, y que estaba integrada por gente en la cual Alfonsín confiaba, incluyó en la sentencia un punto en el que contradecía ese diseño de política criminal, según el cual todos aquellos que hubieran tenido responsabilidades debían ser juzgados y no solo ese grupo que Alfonsín quería. Y ahí se abre el juicio del Cuerpo I, la causa 450, el juicio de la ESMA; el juicio de Camps y Ricchieri en la Provincia de Buenos Aires, que no estaban en los planes de Alfonsín. Y eso es justamente por la presión social y de los organismos. En el caso de Menem, por ejemplo, con la Ley de Obediencia Debida, él indulta pero deja una ventana abierta que es el tema del robo de bienes y el secuestro de chicos. No se anima a cerrar eso, ni Alfonsín ni Menem. Porque hubiera tenido un costo muy grande, por un reclamo social muy fuerte. Y además, Menem, acepta llevar a cabo una política de reparaciones reconociendo las decisiones de la Comisión Interamericana de DDHH. Y esa es otra ventana abierta que permite luego seguir avanzando a pesar de los indultos. Y cuando Kirchner llega al gobierno, había 50 militares de alta jerarquía procesados y detenidos. Videla y Massera, para empezar. No fue Kirchner el que empezó esta historia. Ahora, llo que hizo fue darle un fuerte apoyo a esa política. Pero lo que no hizo fue un diseño de política criminal. La situación es el resultado de esas posiciones contrapuestas entre lo que quería Alfonsín, lo que quiso Menem, los límites que la sociedad les impuso a ambos, los indultos que quiso firmar Duhalde. De todo eso surge una situación confusa donde se superponen distintos tipos de juicios, con distintos grados de avance. Y entonces, en el momento en que se produce el secuestro de López, ahí nosotros dijimos: “Bueno, la única manera de enfrentar la amenaza que significa el secuestro de testigos es profundizar la definición de un esquema de persecución criminal y conseguir que los juicios avancen rápidamente”. Y entre las propuestas que hicimos, una fue la de la creación del programa Verdad y Justicia. Ese programa ha hecho un trabajo extraordinario. Esto ha permitido investigar con mucha más profundidad; investigar las responsabilidades civiles y económicas, y hacer un aporte fundamental para los fiscales y para los jueces. Esto es lo que ahora el gobierno trata de frenar. Pero no puede frenar los juicios.

PLAYBOY: En el contexto del clima cultural respecto de los 70, ¿cómo analizás los dichos del Ministro de Cultura porteño, Darío Lopérfido, sobre los 30 mil desaparecidos?

Verbitsky: Bueno, yo escribí que suma a lo pérfido, lo ignorante, porque su fundamentación es patética. Él cita a (Ceferino) Reato, que dice exactamente lo contrario; y a (Graciela) Fernández Meijide, que fue de las primeras que salió a contestarle. Y lo retractaron el secretario de DDHH y el jefe de Gobierno, con lo cual, el clima es de despiste ahí. Me parece que tendrá que controlar mejor los estados alterados en los que se encuentra este muchacho.

PLAYBOY: Uno podría decir que la necesidad de una cifra está contenida en la consigna de “Memoria, Verdad y Justicia”. ¿Qué pasa con el número? ¿Se mitificó y entonces es difícil desarmar un símbolo, es imposible calcularlo?

Verbitsky: Es muy difícil, no sé si imposible. El argumento de Lopérfido de Mitre es que se infló la cifra para cobrar subsidios y cita a Reato que dice exactamente lo contrario: para Reato, la prueba de que son menos es que se cobró subsidios por 8500. Ahora, yo conozco por lo menos siete, ocho casos de desaparecidos que no fueron denunciados. Gente con la cual he hablado del tema. Y no puedo proyectar eso como número válido, porque no lo es, pero me da la pauta de que la existencia de indemnizaciones y de registros escritos no agota el tema. El número puede ser muy superior al que está registrado con nombre y apellido. Yo no cuestiono en absoluto el esfuerzo de precisión. He tenido una polémica al respecto con Reato, donde me atribuía a mí sostener el número de 30 mil, y yo nunca dije eso. He dado el número que estaba acreditado con nombre y apellido, desde la época de la revista El Periodista en adelante. He dicho “tal número acreditado con nombre y apellido, pero que otras fuentes elevan hasta 30 mil”. Ahora, que quedó instalado como un lema, como un símbolo, eso es evidente. Una cosa es alguien que se ponga a hacer una investigación, a ver cuántos son. Y otra cosa es que aparezca un frívolo que diga que inventaron el número para cobrar subsidios. Eso es un ataque simbólico, deliberado, clarísimo. Y, bueno, tuvo el repudio que merecía.

PLAYBOY: Rodríguez Larreta fue bastante elocuente, diciendo “no estoy de acuerdo, a mi viejo lo chuparon los milicos”…

Verbitsky: Y sí… Horacio la pasó mal. Todos sabemos lo que pasó. Su padre fue secuestrado y torturado, estuvo en Campo de Mayo, vendado, encapuchado. Hay gente muy frívola y hay gente seria.

PLAYBOY: En un homenaje que te hicieron en Página/12, Mónica Müller cita una frase tuya del año 92: “He sido peronista desde los 13 años, he sido periodista desde los 18, he sido militante peronista desde los 19. He sido militante montonero. He dejado de ser peronista en 1973 y he dejado de ser montonero en 1977. Sigo siendo periodista”. Pasaron 24 años de esa definición. ¿Qué cambió?

Verbitsky: Lo único que cambió respecto de esa frase es que soy el presidente del CELS.

PLAYBOY: ¿No sos peronista?

Verbitsky: No. No he vuelto a ser peronista.

PLAYBOY: Al revés que muchos hombres públicos que vivieron los años 70, vos hiciste una autocrítica…

Verbitsky: Por supuesto.

PLAYBOY: ¿No hubo, en algún aspecto, un freno a una visión más crítica sobre los 70 en esta década? ¿No quedó anclada en el kirchnerismo una reivindicación un poco romántica e idealizada de los 70 y la experiencia política?

Verbitsky: Lo que pasa es que el kirchnerismo no tiene responsabilidad de hacer autocrítica de Montoneros porque ellos no formaron parte. Esa es la responsabilidad de los que sí estuvimos, y yo y otros lo hemos hecho. Ahora, que haya un gobierno que reivindique la militancia, la participación, la entrega, el sacrificio, es bueno. Lo valoro, lo agradezco. Y no me hace olvidar las críticas.

PLAYBOY: ¿Cómo las resumirías?

Verbitsky: Yo lo he dicho a lo largo de muchos años en distintos escritos. En el libro de Ezeiza yo digo que fuimos a la vez prepotentes e ingenuos. La idea de copar el acto para que Perón viera la representatividad… nos recagaron a tiros. Eso es prepotente e ingenuo al mismo tiempo. Y más adelante ha habido mucho ideologismo, poca política…

PLAYBOY: Durante los 80 y los 90 te enfrentaste con Firmenich y Galimberti.

Verbitsky: Yo no estuve enfrentado con ellos, cuando yo decía estas cosas me hacían campañas tremebundas. Lo dijo Galimberti: se reunieron en Río de Janeiro para ver cómo me destruían. Yo dije las cosas que creo que hay que decir. Y además no he hecho una personalización, no creo que una reflexión crítica de esos años pueda saldarse con una demonización de tal o cual persona. Esto fue un fenómeno colectivo: todos tenemos responsabilidad en lo que pasó. Por supuesto, es distinta la responsabilidad de quienes participamos pero en el mismo tiempo en que participamos, criticamos una cantidad de cosas, como fue mi caso, con documentos elevados internamente, de quienes condujeron y pasaron por alto esas críticas. No nos dieron ni cinco de pelota.

PLAYBOY: ¿Cuál era el cuestionamiento central?

Verbitsky: Perder la política en aras de lo militar. Pero todos tenemos responsabilidad. Nunca he eludido mis responsabilidades. Ahora, cuando Reato dice que Juan Gelman ni yo hicimos una autocrítica, no es cierto. Lo que no hicimos es la fiesta que querés hacer vos, destruyendo todo, cagándose en todo, faltándole el respeto a la historia, a los compañeros muertos, a los vivos, y contribuyendo a convertir una historia compleja en una página negra, que es lo que quieren hacer. Claro que hicimos autocrítica, y en el momento de los hechos.

PLAYBOY: Vos fuiste parte de una organización político-militar y sos desde hace tiempo un referente de los DDHH. Pertenecer a una organización político-militar supone que la violencia forma parte de la política; lo que está en el seno de un organismo de DDHH es lo contrario. Es suponer que hay que garantizar el Estado de Derecho, que hay un límite para la política. La creación del CELS es del 79, y simultáneamente, por ejemplo, ese año Montoneros monta una contraofensiva militar. Es decir: en algún momento hubo una simultaneidad entre la violencia política y el surgir de Madres, Abuelas, CELS, y demás organismos de Derechos Humanos. ¿En qué momento vos te desarmaste en términos políticos, cómo fue el pasaje entre un militante armado a un defensor de los DDHH?

Verbitsky: Bueno, yo creo que en torno del tema de la violencia, antes de hablar de situaciones personales, es imprescindible ubicar procesos históricos colectivos. Es decir, la violencia fue parte de la acción política argentina desde que yo nací hasta que terminó la Dictadura. Cuando terminó la Dictadura, yo tenía 41 años. Yo en el año 55, por azar, estuve en el bombardeo de Plaza de Mayo. Iba al colegio a tres cuadras, entraba al turno de la tarde a la 1 del mediodía y salí del subterráneo a las 12 y media, cuando estaban bombardeando la Plaza de Mayo. De ahí en adelante, eso marcó toda la vida política del país. Esa fue la marca central que hubo en la vida política del país en los 20 años que van desde que eso ocurre hasta el gobierno de Isabel Perón, López Rega, la triple A. No había un solo grupo político argentino que no usara la violencia como modo de hacer. Incluso, antes. El atentado en la Plaza de Mayo de 1953, realizado por el Ingeniero Roque Carranza, luego Ministro de Alfonsín, es otro ejemplo. Digamos, no se concebía la política en la Argentina sin determinados grados de violencia. Cuando ibas a una marcha, ibas con palos, ibas con cadenas, o con bolitas para los caballos de la policía, tratabas de llevar pañuelos mojados para evitar los gases lacrimógenos. La proscripción del peronismo, los fusilamientos, los secuestros, son todas cosas que van formando, digamos… La resistencia peronista es profundamente violenta antes de que hubiera la guerrilla que yo integré. La resistencia peronista es anterior a la Revolución cubana. Yo me acuerdo todavía las imágenes del estallido del gasoducto de Córdoba cuando gobernaba Arturo Frondizi en la Nación y Arturo Zanichelli en Córdoba, que estuvo tres días ardiendo. Esa era la moneda corriente de la vida política argentina. La participación de mi generación, y de gente más joven que yo, en la guerrilla, adquiere una lectura crítica de mi parte a partir del momento en que percibo que el componente militar predomina sobre cualquier otra cosa. Es decir, creo que ahí hay un salto cualitativo. Esta historia de violencia de décadas abarca a todos los sectores políticos. Nadie puede decir “yo no fui violento”, no es verdad, eso es lo que aprendimos, lo que vivimos. A partir del regreso a la clandestinidad, en septiembre del 74, y en los años posteriores, en el 75, 76, 77, comienzan  a prevalecer las opciones militares por sobre las opciones políticas. Ahí yo siento que es un camino cerrado, que no lleva a ningún lado. Y una de las cosas que escribo en esos documentos es el error de asimilar las estructuras organizativas y las estructuras ideológicas con los movimientos de liberación nacional asiáticos. La idea del partido, Frente de Liberación, conceptos de la guerra de Vietnam, son inaplicables en la Argentina, no tienen nada que ver. Lo que había en Argentina era una confrontación interna entre sectores. Una de las cosas que yo escribo es que las Fuerzas Armadas son tan nacionales como nosotros; no son una fuerza ocupante extranjera. Ahí yo creo que hay una pérdida de sentido. Ahí, cuando termina la dictadura y con el terrible daño que hace, comienza un proceso de aprendizaje democrático por parte de toda la sociedad. Y yo, afortunadamente, no me excluyo de ese proceso. Yo aprendí también en ese proceso. Y además, bueno, hoy no hay nadie que plantee la violencia como modo de construcción política. Esto ha sido socialmente desterrado. Yo creo que el proceso es ese. Me parece que antes que el camino individual es importante precisar el contexto social general. Dentro de ese contexto, por supuesto, yo siento que la reivindicación de los DDHH y su vigencia universal son un camino muy importante para la construcción democrática y no se me ocurriría pensar en otra cosa.


PLAYBOY:
¿Cuál es la historia de esa foto? (Detrás suyo, sobresale una foto con Kirchner)

Verbitsky: Está tomada dos meses antes de la muerte de Kirchner, el 4 de agosto de 2010, que era el aniversario de la muerte del obispo Angelelli. Había un acto conmemorativo y fui al acto, en La Rioja. Y ahí Kirchner me dijo que fuera a una entrega de computadoras de Conectar Igualdad –en el Polideportivo Carlos Menem-, que coincidía con el evento, porque me dijo que quería charlar algunas cosas conmigo. Así que fui, y aunque sabía que después del acto íbamos a poder charlar, no se aguantaba, y se acercó al borde del palco y quedó esa foto.

PLAYBOY: ¿Y qué te dijo?

Verbitsky: Tenía que ver con algo de la política del momento. Creo que yo le había pegado un garrotazo a Scioli… porque era un momento en que él planeaba ser candidato en el 2011, y yo había escrito que Scioli tenía el plan de desplazarlo. Él decía que no era verdad. Ése es el tipo de ocasiones en las que yo me encontraba con él. Es un buen ejemplo de lo que me preguntaban antes. Son más las veces que he tenido encuentros de ese tipo que las que he planeado.

PLAYBOY: Pero hubo medidas del Gobierno que tuvieron tu impronta, como la creación del Ministerio de Seguridad…

Verbitsky: Esa es una propuesta que yo le hice a Cristina. El CELS venía planteando el tema de la creación del Ministerio de Seguridad desde hace mucho tiempo. Es decir, que lo que se había hecho en Defensa, había que hacerlo en Seguridad, por el control político de la fuerza y demás. Cuando ocurre lo del Indoamericano, que es dos meses después de la muerte de Kirchner, nosotros entendimos que era el momento de impulsar nuestra propuesta de gobierno político de Fuerzas de Seguridad. Pedí una audiencia, la fui a ver a Cristina, se lo planteé y a ella le pareció bien.

PLAYBOY: ¿Y tuviste propuestas rechazadas?

Verbitsky: En general, no. Bueno, sí, claro. Cuando le propuse a Kirchner bajar los cuadros, ya se lo había propuesto a De la Rúa y a Duhalde (a López Murphy y a Jaunarena, respectivamente). Y se burlaron, los dos. En el 2003, se lo propusimos a Julián Domínguez y a (José) Pampuro. Y al día siguiente, Pampuro me dijo que Kirchner quería verlo. Así que lo fui a ver, le planteé el tema, y me dijo: “Bueno, lo hacemos este 24 de marzo”. Ése fue el diálogo. Ahora, por ejemplo, en 2007, cuando él decide impulsar la candidatura de Scioli para la gobernación de la Provincia, le dije: “A mí me parece un disparate, yo no estoy de acuerdo”. Además, lo escribí. Y durante varios meses no hablé con él. Y un día me dice: “Tengo que hablar con vos, yo quiero que entiendas por qué tomé yo esa decisión que vos cuestionás. Yo tengo la información de que Macri está planeando salir de la Capital e ir a la Provincia. Si Macri cruza a la Provincia y nos gana, todo esto se acabó; y el único que le puede ganar a Macri en la Provincia es Scioli”. Y ahí entonces yo le dije que había tiempo para construir otro candidato, y que además iba a ser traccionado por las presidenciales, con la candidatura de Cristina. Y él me dijo: “No, es al revés: para que Cristina gane, hace falta alguien que empuje desde la Provincia”. Esa fue una diferencia de criterio fuerte que tuvimos. A mí no se me hubiera ocurrido por una cosa de esas pelearme con él.

PLAYBOY: Y lo de Milani, ¿cómo fue?

Verbitsky: Lo de Milani, bueno, cuando el Senador Morales y el actual Ministro Martínez hacen las denuncias y demás, nosotros buscamos en nuestro archivo y no teníamos nada. Y entonces, cuando se producen los ascensos previos de Milani, no teníamos nada para decir. Ahora, cuando él es designado para conducir el Ejército como Jefe del Estado Mayor, ya era un cargo con mucha responsabilidad y la insistencia de los Senadores era muy fuerte y además Lanata había entrevistado al ex soldado Llanes, y entonces hicimos una investigación propia y verificamos que efectivamente había elementos muy pesados. Y entonces se lo planteé a Cristina. Y le ofrecí que si ella quería, los organismos de DDHH le pedíamos que retirara el pliego, para que no tuviera el costo de promoverlo. Que nosotros lo asumíamos. Y me dijo que no, que de ninguna manera. Entonces, hicimos una reunión de Comisión Directiva del CELS, que convoqué especialmente para analizar el tema, y fui el último en hablar. Todos en la Comisión habían dicho que teníamos que denunciarlo y yo coincidí. Entonces le mandamos una carta a Cristina con todos los elementos que habíamos reunido. No hubo respuesta. Eso fue un viernes. El Gobierno no nos dio bola y entonces el domingo hice una cosa que no suelo hacer en la columna, y directamente sugerí que Milani diera un paso al costado. Y el lunes, a las 9, cuando se realizaba la Comisión de Acuerdos, llevamos nuestra impugnación con todos los elementos.

PLAYBOY: ¿Y por qué creés que Cristina lo sostuvo?

Verbitsky: Yo no tengo una clara comprensión de por qué. Hay una cosa que yo vi en mi discusión con Cristina, una cosa muy marcada del kirchnerismo, que es no retrocedemos, no cambiamos. La idea de que si modificás algo, es una muestra de debilidad. Todo lo que plantearon el radicalismo yla izquierda, de que a Milani lo tenían porque hacía inteligencia, yo nunca lo percibí. Y de hecho el Ministro Martínez ha dicho últimamente que dieron vuelta el Ministerio y no encontraron nada. A mí no me consta.

PLAYBOY: ¿El caso Boudou es también un ejemplo de esa obstinación?

Verbitsky: No, no creo, no me parece. Porque ahí, digamos, lo que había era una ofensiva contra el Vicepresidente que no avanzó judicialmente. Si hubiera avanzado… lo que se planteaba era que Cristina le pidiera la renuncia. Ahora, si Cristina le pedía la renuncia, al día siguiente iban contra ella. Ahí yo creo que hubo pragmatismo.

PLAYBOY: Vos escribiste que había “interés estatal en Ciccone”.

Verbitsky: Una vez, Adrián Paenza me contó un diálogo con un hacker. Él siempre está en contacto con el mejor hacker, el mejor basquetbolista. Entonces, él le había preguntado al hacker por la seguridad del sistema informático, si hay alguna forma de garantizar la inviolabilidad. Y el hacker le dijo “Mire, todo eso es relativo, depende del esfuerzo, de la inversión. Si a usted lo corre un león, usted no necesita correr más rápido que el león, solo necesita correr más rápido que su amigo”. A mí me parece que en el caso de Boudou está eso. Si no hubiera estado Boudou, el león hubiera ido contra Cristina. Porque está claro… al margen de lo que una investigación seria, imparcial, pueda acreditar en un caso o en el otro, al margen de eso, yo no me voy a pronunciar al respecto, está claro que en toda esa denuncia había una intencionalidad política de derribo del gobierno, es obvio, como lo hay en Brasil con Dilma, Lula, digamos, ha sido una estrategia generalizada contra los gobiernos populistas de Sudamérica. Entonces, yo creo que la explicación de lo de Boudou es esa. Yo dije que había interés estatal, sí, por supuesto. Argentina estaba fabricando moneda en Brasil y Chile, y no había capacidad para producir billetes en el país. Era un problema de soberanía.

PLAYBOY: Mal resuelto…

Verbitsky: Muy mal resuelto. Eran muy difíciles las alternativas en ese momento. Por ejemplo, una cosa que alguien ha dicho: “la hubieran expropiado”. ¿Cómo hacías, si el “Grupo A” tenía mayoría en el Congreso? No se podía. Cuando hubo mayoría, se expropió. Al margen de lo que uno piense de lo que hizo Boudou, el interés estatal en tener el control de la impresión de billetes es indiscutible. Por qué no se actuó mejor, o se buscó otra solución a tiempo, bueno, son las características de los últimos años, siempre se ha actuado sobre la urgencia. Urgencias reales.

PLAYBOY: En ese modus operandi hay algunos casos que son muy similares. El ingreso de los Ezkenazi en YPF, el intento de Rudy Ulloa de comprar Telefe…

Verbitsky: Bueno, ése es otro tema que yo discutí con Kirchner. Cuando él hizo la prórroga de las licencias en el año 2005, que le dio diez años más a todos los canales de televisión, a la radio, a todo el mundo, lo cuestioné. Y él un día me dijo “Si yo no hacía eso, quebraban Canal 9 y América. Con la deuda que tienen, van a la quiebra y Clarín se queda con todo”. “Pero Hadad y Moneta son peores que Clarín”, le dije. “Sí, pero no tienen la misma fuerza. Y si nadie transmite lo que digo, no voy a poder gobernar”, me contestó. Son peores pero son débiles. Yo no hubiera hecho ninguna de esas cosas, pero lo entiendo. Tiene una lógica. Ni se encaprichó ni quiso hacer un negocio, dio una respuesta apurada e incorrecta a un problema serio. Con la debilidad que tenía ese gobierno en ese momento, si no tenés una alternativa de difusión, estás en el horno.

PLAYBOY: La corrupción es uno de los grandes temas en tu trayectoria periodística. En Robo para la corona está muy bien descripta la sobornización como forma de hacer política. ¿Cómo concebís vos la corrupción en el proceso kirchnerista?

Verbitsky: Mirá, yo creo que los niveles de corrupción de los gobiernos kirchneristas no han superado el promedio de lo que han sido los gobiernos argentinos que yo recuerde. En el caso del menemismo, que es cuando yo dediqué tiempo y esfuerzo para investigar esas cuestiones, a mí me interesaba ver cómo la corrupción era el precio que se pagaba a un movimiento popular de raigambre histórica por el abandono de las banderas tradicionales. El proceso español es paralelo; la corrupción del PSOE tiene el mismo origen. En el caso del kirchnerismo… bueno, el caso de Ezkenazi sin duda es un caso de corrupción, no hay ninguna duda de eso. Ahora, digamos, fue puesto al servicio de una idea, errónea, pero donde también había una idea de política de Estado, también en ese caso la motivación…

PLAYBOY: Hay un patrón similar en los ferrocarriles, una burguesía nacional fallida.

Verbitsky: El kirchnerismo ha cometido errores de lectura muy graves. El kirchnerismo de Kirchner; el de Cristina, no. Es decir, durante el gobierno de Kirchner se plantea la lucha contra los acreedores externos y se entiende a los empresarios argentinos como burguesía nacional aliada en esa lucha. Eso termina en el 2008 con la sublevación de la Sociedad Rural. Ahí es donde queda claro que no hay ninguna burguesía nacional, y que los organismos internacionales de crédito son una parte del problema. Pero la “oligarquía diversificada”, como la llama Eduardo Basualdo, son la otra parte. Y Cristina toma una serie de medidas, desde lo que fue esa batalla contra la Sociedad Rural, que radicalizan y profundizan el proceso político. Veo una clara diferenciación entre esos dos momentos. Habrá que esperar que pase el tiempo, a ver los hechos de corrupción, cuáles han tenido o no, alguna explicación vinculada con políticas estatales. Cuáles han sido meramente choreos y cuáles han sido resoluciones berretas, torpes, de temas serios. Como el caso Ciccone. Kirchner, con Repsol, lo que hace es meter al presunto empresariado nacional adentro. Cristina, directamente, expropia. Son dos soluciones distintas, en dos momentos distintos. Lo mismo con Aerolíneas. No sé cuántos casos reales de corrupción ha habido en el gobierno de Cristina. Ha habido un tam tam obsesivo y reiterativo, que impide un análisis en serio. Todo es motivo de denuncia, de sospecha, nunca de prueba. Habrá que esperar.

PLAYBOY: En el libro de Gabriela Esquivada sobre el diario Noticias de Montoneros, aparece clara tu posición de querer hacer un diario de masas: “Vamos a hacer un diario que quiera leer el pueblo argentino”. Y después te convertiste en un periodista que le escribe a minorías: ¿En quién pensás cuando escribís?

Verbitsky: En el pueblo argentino (ríe).

PLAYBOY: Hay una respuesta probable: en el sistema político.

Verbitsky: Eso es lo que dice Lanata. Son momentos distintos. En aquel momento éramos parte de un proyecto popular, militante, teníamos la potestad de influir en cómo iba a ser el producto, de hacer un diario distinto de La Opinión. En Página/12 no he tenido la incidencia que tuve en Noticias. No he sido directivo. Yo soy apenas un columnista político…

PLAYBOY: No sé si sostendría el “apenas”.

Verbitsky: Pero bueno, yo en Página también planteé que había que tener una sección deportiva importante, pero no me dieron pelota. Yo sigo creyendo que sería bueno un diario más popular…

PLAYBOY: Nunca te reivindicaste periodista militante.

Verbitsky: Es que no lo soy. No estoy encuadrado en ninguna estructura.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del periodismo militante? ¿Fue una estrategia comunicacional efectiva, acertada?

Verbitsky: Mirá, a mí me parece que fue una respuesta en espejo a lo que hacen los medios más tradicionales. Una vez me dijeron que 678 era un programa de propaganda. Y yo dije que sí, pero, ¿y TN qué es? Fue hecho en espejo. Por supuesto, se ofendieron todos. No hubo nadie a quien le cayera bien.

PLAYBOY: ¿Y Página/12 qué fue?

Verbitsky: Página expresa a un sector social, político, cultural, que tiene una incidencia significativa en la sociedad pero que no forma parte de un proyecto político determinado, y que en cada momento se va acomodando de acuerdo a lo que va viendo en el panorama político del país. Coincidimos con algunas cosas del gobierno de Alfonsín y criticamos otras; con algunas de Menem y criticamos otras; con poquísimas de De la Rúa y del interinato de Duhalde; y tuvimos muchas coincidencias con los gobiernos de Néstor y Cristina sin dejar de expresar esa identidad preexistente. A mí me parece que el tema de los DDHH ha sido una definición permanente de Página/12 y a mí me importa destacar que el aporte de Kirchner a los DDHH ha sido muy importante. Pero no ha sido un invento del kirchnerismo. Cuando Kirchner llegó, había ya medio centenar de altos cuadros militares bajo proceso. Detenidos y bajo proceso, por obra del movimiento de DDHH, en contra de los gobiernos anteriores. Entonces,  mucha alegría de que el gobierno de Kirchner tomara ese tema. Pero es un tema previo, para el diario y para el movimiento de DDHH. Y es un tema posterior. Ya se fue el kirchnerismo, pero nosotros vamos a seguir, y vamos a seguir mientras existamos. Es un tema de identidad.

PLAYBOY: La última: ¿qué opinás del rol de Bergoglio como Papa en la política nacional?

Verbitsky: Prefiero no contestar sobre Bergoglio.

FUENTE: Revista PLAYBOY

CÁRCEL SIN PRIVILEGIOS A LOS GENOCIDAS


El colectivo Limando Rejas* expresa enfáticamente su rechazo a la Resolución nro. 557, dictada por el Director Nacional del SPF Emiliano Blanco, que dispone la reubicación de las mujeres alojadas en un sector de la Unidad 31 de Ezeiza, a los fines de alojar transitoriamente allí a personas detenidas por haber cometido crímenes de lesa humanidad, hasta tanto se les construya para ellos “una residencia específica”.
La resolución adoptada por SPF utiliza argumentos vinculados con el crecimiento de la población detenida por este tipo de delitos, y con la conveniencia de que la misma esté alojada cerca del Hospital Penitenciario.
Estamos convencidos de que la salud y la vida constituyen derechos inherentes a las todas las personas y no privilegios para unos pocos. El estado tiene la obligación y el deber de garantizar estos derechos sin discriminación alguna.
Es de público conocimiento el hacinamiento de las cárceles y la falta de acceso a la salud de la cual es víctima la gran mayoría de las personas privadas de la libertad. El año pasado Limando Rejas de manera conjunta con las mujeres alojadas en el CPF IV Ezeiza presentó una nota ante la Dirección Nacional del SPF denunciando los problemas más relevantes de salud que las mismas sufren cotidianamente.
De la resolución cuestionada se desprende que el SPF está finalmente admitiendo que la lejanía respecto del hospital implica una dificultad para acceder a la salud. En este sentido, la medida adoptada va en detrimento de los derechos de otras personas detenidas que padecen enfermedades y dolencias, incluso de gravedad, y requieren la misma o mayor atención médica.
La resolución se refiere a quienes fueron parte de la dictadura cívico militar empresarial y eclesiástica como una “categoría de internos” que mantienen un “bajo nivel de conflictividad” calificándolos así positivamente y otorgándoles un trato diferencial respecto del resto de la población penitenciaria, vulnerando de este modo el derecho a la igualdad.
Por último, nos oponemos al modo en que fueron efectivamente realizados los traslados de las mujeres afectadas: de modo intempestivo, en horas de la madrugada, durante el fin de semana, por personal masculino armado, sin informar el destino ni permitirles los más mínimos preparativos, tales como comunicar telefónicamente a familiares, abogados/as defensores y organismos de derechos humanos respecto de su traslado o llevar consigo sus efectos personales. A eso debe sumársele las requisas denigrantes a las que fueron sometidas las mujeres al ingresar al Complejo Penitenciario Federal IV, que incluyeron, entre otras cosas, la inspección vejatoria de sus cavidades genitales.
Por todo lo expuesto, Limando Rejas repudia esta resolución y estas prácticas de la agencia penitenciaria, que son avaladas directa o indirectamente por la agencia judicial -al no controlar los traslados en forma previa a su efectivización- y que producen lesiones graves a los derechos humanos de las personas privadas de la libertad.
*Limando Rejas forma parte de la organización política Usina y es un colectivo conformado por personas que están o estuvieron privadas de la libertad, estudiantes de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, abogados y docentes, comprometidos con la disputa en favor del efectivo cumplimiento de los derechos de quienes viven o han vivido el encierro carcelario.

El Juez y el Poeta


Las quemas de libros a partir del 24 de marzo de 1976 

Por Julián Axat, defensor juvenil

Cuando mis padres desaparecieron, en abril de 1977, mi abuelo paterno, Carlos Alberto Axat, un moderado abogado civilista, hizo su primer habeas corpus ante el juzgado federal electoral de la Provincia de Buenos Aires. El entonces juez, Teniente Coronel Dr. Héctor Gustavo de la Serna Quevedo, que lo recibió en su despacho, le preguntó qué estudiaba su hijo, a lo que mi abuelo le explicó Filosofía. La respuesta derivó en una arenga entusiasta del magistrado sobre los problemas épicos y filosóficos acerca del trigo y la cizaña. Mi abuelo, desesperado, que solo estaba ahí para pedir por el paradero de su hijo y su nuera, tuvo que soportar que el señor juez terminara con su clase pseudoerudita para implorar una respuesta efectiva. Cuando regresó al juzgado a los pocos días, encontró el rechazo del habeas corpus y las costas al vencido. Yo por entonces tenía pocos meses, la anécdota me la contó cuando ingresé a la facultad de derecho en 1994, en ella estaba contenido el punto de su frustración en el derecho y la justicia para un abogado con 70 años de profesión libre. Con la anécdota me decía: elegí bien, que no te pase lo que a mí. Mi abuelo murió en 1995.

Héctor Gustavo De la Serna Quevedo, nació en 1926 en Catamarca, hijo de un militar de alto rango y primo del “Che” de lado materno; huérfano desde los ocho años, hizo la carrera militar hasta que fue dado de baja por ser parte de la intentona de alzamientos anteriores a 1955. Recibido de abogado a los 40 años, fue designado por Onganía como interventor del Servicio Penitenciario, y más tarde por la dictadura cívico-militar como juez federal electoral de la provincia de Buenos Aires; cargo que ocupó hasta 1983.

De la Serna fue no solo conocido solo por ser el juez preferido de “Jimy” Smart dando cobertura judicial a secuestros y desapariciones, para luego rechazar habeas corpus y gozar de imponer costas a familiares de esos desaparecidos; sino que fue y sigue siendo conocido por uno de los hechos más graves contra la cultura de este país. A eso de las nueve y media de la mañana, el 7 de diciembre de 1978, los depósitos que el Centro Editor de América Latina en Avellaneda fueron allanados y clausurados bajo la acusación de infringir la ley 20.840. Por entonces, el valiente editor Boris Spivakow junto con su abogado se atrevieron a dirigirse hasta el despacho de De la Serna para evitar el atropello, pero allí atónitos recibieron una filípica sobre “filología de la disgregación social”, fundamento que se materializó en el decomiso del 30 de agosto de 1980, en un terreno baldío de Sarandí, donde un millón y medio de libros ardieron frente a la mirada del propio De la Serna.

El acto judicial que firmado y sellado por De la Serna, que ordena la quema ha sido rescatada hace pocos meses, gracias al trabajo de archivo del grupo la Grieta de la Plata encabezado, esta vez, por Gabriela Pesclevi. Como diría Walter Benjamin, el documento judicial representa toda una pieza de la barbarie que, a su vez, expone la negación-destrucción cultural de la dictadura hacia determinados libros, entre los que figuraban Marx, Lenin, Mao, Sartre, Cortazar, García Márquez, pero especialmente libros infantiles como los de Elsa Bonerman, o María Elena Walsh.  La investigación llevada a cabo por Pesclevi, me llevó a otros lugares interesantes. Si uno lo Googlea “Héctor Gustavo De La Serna”, lo primero que encuentra es el típico homenaje que el diario “El Día” hace a los personajes de su ciudad, en los que nunca se distingue al héroe del villano; de allí que el desapercibido fallecimiento de De La Serna ocurrido el 8/5/2012, tuvo un montaje-recordatorio donde aparece como “poeta, docente y filósofo”, y nada sobre su nefasto rol de juez.

Lo que a mí me despertó curiosidad del recordatorio del diario no fue el lavado de una historia, sino la introducción de la siguiente palabra: “Poeta”. ¿Cómo compatibilizar la quema de libros con la poesía? ¿Cuál es el lugar del juez verdugo y cuál el de la poesía frente al Mal? La poesía y el derecho son dos lugares que me obsesionan, y De la Serna no solo había rechazado el habeas corpus de mis padres, sino que además se decía abogado y poeta. Si la pieza judicial firmada por De la Serna, que ordenaba la quema de un millón y medio de libros, se trata de una pieza arqueológica que refleja todo el lugar de la barbarie cultural Argentina, entonces hallar el libro de poesía firmado por ese mismo autor, representa el fin de la palabra (poética), o el lugar donde la maldad y la ignorancia coincidían.

Como detective literario, salí en la búsqueda de la poesía de De La Serna. No figuraba en catálogos de Internet, recorrí librerías de viejo, consulté en bibliotecas de La Plata, hasta que di con un único ejemplar  de “Poesía y Meditación”, Ediciones Almafuerte (1996). La tapa lleva una imagen de la bóveda de la catedral platense, por lo que ya se aprecia un tono cruzado y en la solapa la siguiente  caracterización: “… crítico preocupado por las ideas disolventes en que se ha encarnado la sociedad…”. La serie de versos son una lírica confesional trillada, halito meditabundo de burócrata jubilado que se paga una edición para despuntar culpas y rendir cuentas con los fantasmas que lo persiguen y ante los que se justifica. Basten este puñado de palabras que reflejan al resto: “¿Quién conociera el peso de la historia / y su incidencia en el vivir futuro? / con su irrumpir en varias direcciones / con tanto polvo sedimentando el alma, /con tanta pena crucificando al hombre /en inseguridad sin concesiones / ¡quien pudiera desentrañar la suerte del angustiado permanentemente! / un profundo arcano señorea el mundo / y el torrente de tiempo, vida y muerte / en medio de nuestro acaecer fecundo / se repite absurdo, obstinadamente… /escribir y borrar acto seguido / en el cuaderno de sufrir y el llanto /sin reparar en el que sufre tanto…”.

Alguna vez me detuve en la poesía del latinista Carlos A. Disandro, o me obsesiona dar algún día con el inhallable libro de poesía firmado por Eduardo E. Massera, en su juventud y que Claudio Uriarte se cansó de buscar. El libro de poemas del ex juez De la Serna forma parte de estas inquietudes, y la paradoja consistía en rescatar del olvido, el libro de un quemador de libros. Quién quemaría estos libros, aun cuando estén manchados de sangre o lejos estén de la Poesía, con mayúsculas. Cuando mi abuelo me contó la anécdota de su frustración ante el juez De la Serna, entonces yo decidí ser abogado, pero también elegí la Poesía.

CENTRO de pensamiento crítico WALTER BENJAMIN


El Centro de Pensamiento Crítico Walter Benjamin surge como un espacio de estudio y reflexión sobre las derivas más sombrías del sistema-mundo que habitamos. Algo que implica dar cuenta del punto de clivaje donde la violencia moderna se convierte en una violencia naturalizada, vuelta “irrepresentable”, reducida a una simple “gestión”.

Se trata de hacer pensable el mecanismo que constituye la figura del poder soberano como fuente de exterminio sin contradecir, y éste es el escándalo que subyace a una política fundada en la exclusión de hombres que ya no son solamente superfluos , sino que se han vuelto desechables.

En esta perspectiva, son objeto de análisis las marcas que el desvío de la llamada Modernidad han provocado en la cultura, en los imaginarios sociales, en los cuerpos y en la subjetividad, lo que lleva a interpelar lo intolerable del presente y de los paradigmas que rigen hoy la cultura occidental

A través de cursos, seminarios, jornadas, mesas debate y conferencias, el Centro se propone trabajar en la línea de pensamiento crítico que desarrolló la primera Escuela de Frankfurt, lo que remite a la lectura de obras clave  de Theodor Adorno, Max Horkheimer  y,  especialmente, de textos fundamentales del filósofo alemán Walter Benjamin, como son las “Tesis de filosofía de la historia” que, en oposición a la historiografía tradicional, proponen restituir los sentidos del pasado y escuchar voz de los vencidos

Se trata no sólo de recuperar el pensamiento crítico, dejado de lado tras la caída del Muro de Berlín, junto con ideologías y certidumbres, sino de crear comunidad, una comunidad pensante y deseante en oposición a “las escuelas de servidumbre”  que hacen de la violencia estructural del capitalismo el reverso imaginario de una libertad ilusoria.

El abordaje, desde una perspectiva interdisciplinaria, se traduce en la participación de  docentes, investigadores, psicoanalistas, historiadores, antropólogos, sociólogos y especialistas en derecho y filosofía.

Aunque la consolidación del Centro de Pensamiento Crítico Walter Benjamin es reciente, sus integrantes cuentan con una vasta experiencia en la docencia y la investigación. Sus actividades, durante el año pasado, tuvieron un carácter “itinerante”, que se tradujo en la realización de encuentros de debate y reflexión en diversos ámbitos académicos.

El crecimiento en la demanda de un proyecto de trasmisión e intercomunicación de saberes, que contemple nuevas temáticas, ha planteado la necesidad de que el Centro disponga  de un espacio físico más permanente para el desarrollo de sus actividades, en el marco de su programa académico para el año 2014.          Los debates, mesas redondas y jornadas tendrán por objetivo no sólo el intercambio de ideas sino la meta, quizá más ambiciosa, pero no imposible,  de crear un lugar de pertenencia cultural, donde puedan  discutirse libremente los temas que no se abordan o que, en caso de ser abordados, carecen de la necesaria profundidad.

Una reflexión de León Rozitchner quizá sea la síntesis que más se acerque a nuestra propuesta: “La desintegración producida por el sistema capitalista forma sistema con el hombre desintegrado en el cual el capitalismo se objetiva. La salida de la contradicción en que estamos viviendo no puede ser pensada con la racionalidad burguesa: debemos descubrir una racionalidad más profunda que englobe en una sola estructura, partiendo desde la experiencia sensible de nuestro propio cuerpo, nuestra conexión perdida con los otros. Hay que volver a hacer sentir lo que es necesario pensar, pero hay que volver a pensar profundamente para recomenzar a sentir y salir del entumecimiento””.

Inicio de Actividades

El Centro de Pensamiento Crítico Walter Benjamin inicia sus actividades de este año el 12  de marzo con una serie de Talleres de lectura e interpretación de textos.

Talleres de lectura e interpretación de textos

  • 12 de marzo: El lado oscuro de la Modernidad. De los sueños de la razón a las fábricas de la muerte. Cultura y barbarie: una relación dialéctica.

“El ángel de la historia”, Walter Benjamin

Fragmentos de “Dialéctica del Iluminismo”, T. Adorno y M. Horkheimer.

“El silencio de las sirenas”, Franz Kafka.

  • 19 de marzo: Del sujeto ilustrado  al hombre desechable. La irrupción de los otros en el “Otro”. Alienación y normalización social. La producción de idiotismo moral.

Odradek”, Franz Kafka

“Hurbinek”, Primo Levi

“Los que abandonan Omelás”, Ursula Le Guin

  • 26 de marzo: El genocidio como ruptura de la historia. Usos de la memoria y políticas del olvido. Poder y  resignificación de pasados traumáticos.

 “Tesis de Filosofía de la Historia (7º Tesis)”, Walter Benjamin

“Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida”, Giorgio Agamben

Estas reuniones se llevarán a cabo los días miércoles, de 19 a 21 horas, en el Casal de Catalunya, Sala Gaudì (planta baja), Chacabuco 863, Capital Federal.

Los encuentros son gratuitos, con inscripción previa a aguilis1@hotmail.com ó rangel1@speedy.com.ar

Seminario Anual

A partir del 9 de abril, dará comienzo el Seminario Cultura y barbarie -De los sueños de la Ilustración a las fábricas de la muerte, a cargo de la Lic. Raquel Angel y el Lic. Alberto Guilis.

Se adjunta la introducción y objetivos  del Seminario.

Duración: anual

Días y horario: miércoles, de 19 a 21 horas

Se entregarán certificados de asistencia.

Informes e inscripción: rangel1@speedy.com.ar; aguilis1@hotmail.com

Teléfono: 11 4049-7864

CULTURA Y BARBARIE

De los sueños de la Ilustración a las fábricas de la muerte 

Seminario anual

Docentes: Raquel Angel y Alberto Guilis

Introducción y objetivos del seminario

     “No existe documento de cultura que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie”. Sobre esta  reflexión de Walter Benjamin y los múltiples sentidos que dispara, se articula la propuesta central del seminario. Establecer el vínculo entre cultura y barbarie implica trabajar en los bordes de una oposición que se enmascara. Dicho de otro modo, significa analizar la  dialéctica de la Ilustración que va a operarse en la llamada Modernidad, a partir del surgimiento y consolidación del capitalismo.

Se trata de  proporcionar herramientas teóricas que permitan visualizar  las causas que produjeron el pasaje del proyecto de la Ilustración (siglo XVIII) a las tecnologías de guerra y exterminio del siglo XX. Una mirada que deja al descubierto la contracara de la filosofía del progreso, el lado oscuro de  una cultura que significaba la destrucción de la naturaleza, la cosificación del hombre, la explotación de su fuerza de trabajo, la expropiación de su vida, la masificación, la homogeneización y la pérdida de autonomía en el marco embrutecedor de la revolución industrial. Laceraciones que provocaron ruptura de los lazos solidarios, marcas en el lenguaje, en la cultura, en los cuerpos y en la subjetividad, y que se tradujeron en la producción del “hombre serializado”, según la definición de Sartre.

Una contextualización rigurosa obliga a revisar críticamente  la génesis de los Derechos Humanos, la visión de los filósofos contractualistas  y la concepción burguesa de los Derechos Humanos. que se consolida a partir de la Revolución Francesa, en l789.

El abordaje que proponemos apunta a desmontar el entramado de ideologías que se fue configurando a lo largo de la Modernidad y cuyo rasgo común fue concebir a su tecnocultura como despliegue y conquista del mundo, En esta perspectiva, se analizará exhaustivamente el gran relato moderno: triunfo de la Razón sobre la superstición, dominio del hombre sobre la naturaleza, exaltación de la ciencia y de la técnica como únicos caminos hacia la verdad; progreso ininterrumpido, promesa de un devenir emancipador de las sociedades y protagonismo del sujeto como arquitecto de la historia.

Este recorrido implica dar cuenta del punto de viraje del paradigma moderno. El deslizamiento hacia el “lado oscuro” de la Razón ya empieza a perfilarse en el siglo XIX ( trabajo alienado y fetichismo de la mercancía, como operación ideológica  clave de la Modernidad), pero su despliegue, en el siglo XX, tendrá el signo de la catástrofe con el estallido de dos guerras mundiales, el primer genocidio del siglo, sufrido por el pueblo armenio, la irrupción del nazismo y de los campos de concentración, la eliminación masiva de opositores políticos, de gitanos y homosexuales y, como culminación de este cruce entre política y violencia sacrificial, la instalación de las fábricas de la muerte y el asesinato de seis millones de judíos.

En el caso de Argentina, bajo el Terrorismo de Estado (1976-1983), igual que en otros genocidios estudiados, el seminario no se detiene en la descripción meramente  historicista de lo acontecido, sino que apunta a instalar reflexiones y debates sobre temas que hasta ahora se han venido soslayando: grado de implicación social con los mandatos del poder, opciones morales en situaciones límite, políticas de la memoria y usos del olvido, entre otros. Cuestiones que, en un análisis comparativo, permiten visualizar al genocidio como una tecnología de poder ligada a lo que ha dado en llamarse “sociedades concentracionarias”.

La recurrencia a prácticas genocidas a lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI –Argelia, Vietnam, Laos, Camboya, Argentina, Chile, Guatemala, Ruanda, Afganistán, Irak, entre otros ejemplos- obliga a formular preguntas inquietantes.

¿Se trata de un fracaso de la Modernidad o de un  producto inevitable en un proceso civilizatorio ligado a la acumulación capitalista? ¿Cómo explicar el pasaje del gran sueño de la Ilustración al exterminio de millones de seres humanos? ¿Qué condiciones posibilitaron la tragedia de la Razón, el quiebre de una cultura, la caída en la barbarie? En el marco de esta requisitoria, el seminario plantea un núcleo central: ¿qué subjetividad produce la modernidad capitalista y hasta dónde es funcional esta subjetividad a la perpetración de un genocidio?

El cruce de reflexiones sobre los aparatos de captura de la Modernidad y sobre las inscripciones del poder en la subjetividad demanda la imprescindible apelación al denominado “pensamiento fuerte”. Spinoza, Benjamin, Adorno, Horkheimer, Nietzsche, Freud, Lacan, Sartre, Merleau-Ponty, Agamben, Levi-Strauss,  Grüner y León Rozichtner, son algunos de los autores que se trabajarán a lo largo del seminario.

A través de este enfoque multidisciplinario que incluye miradas desde la filosofía, la historia, la antropología, el marxismo crítico y el psicoanálisis,  la  propuesta apunta a responder interrogantes que aún desvelan la conciencia del presente y penden, como amenaza, sobre el futuro.