La hora del acuerdo


por Carlos Leyba

Finalmente, y seguramente por la preparatoria espiritual previa al encuentro de conciliación con Francisco, Mauricio Macri se desdijo de la descalificación de “libre pensador” que le impuso a Alfonso Prat Gay, y le ha dado la razón: para poder dominar a la vez la tasa de inflación y sacar a la economía de la recesión, es imprescindible al menos intentar un acuerdo económico y social con los representantes de los intereses sectoriales del mundo del trabajo y del empresariado.

Es una condición necesaria ya que no suficiente. La cuestión es qué se acuerda y cómo se conduce y se reconviene. Nada es lineal e inmodificable. No hay acuerdo sino se instala como sistema de control y revisión de decisiones. Al menos eso es lo que debería ser y a su vez es lo que lo hace útil y posible. Sin esa mecánica de sistema se trata de una foto.

El gobierno hasta ahora, antes de esta convocatoria formal que ya está en marcha, ha estado encerrado en los límites de su propia comprensión de la política. Por eso este paso a regañadientes de Mauricio, tal vez a instancias de Francisco que le ofrece su predicamento para que reconstituya rumbos, posiblemente sea el paso mas avanzado de su gobierno.

Posiblemente implique el desplazamiento del marketing del vendedor de humo J Durand Barba y su reemplazo por las ideas y voluntad de personas edificantes.

De tanto insistir en la supuesta originalidad de su nueva manera de hacer política (timbreo, conexión digital, relación con cada uno de los ciudadanos tomados de a uno) el gobierno ha ido produciendo su propio aislamiento, es decir, la ruptura del continente político por donde se puede transitar pisando firme. No se hace continente en la política sólo hablando y sin intercambio.

La consecuencia del aislamiento real, diálogo sin intercambio, es la erección forzada de un archipiélago en el que la conexión entre las islas en las que se convierten todos los actores es azarosa. Los gobiernos construyen también su oposición. ¿La dispersión como estrategia es una visión de Estado o una mezquina estrategia electoral?

Volvamos, lo que está detrás del aislamiento propio y provocado, es en definitiva la consecuencia de la negación de lo colectivo – tal vez no sean plenamente conscientes de ello los hombres del PRO – y remite a aquella espantosa afirmación de Margaret Tatcher “no hay tal cosa como la sociedad, solo hay individuos”.

Como sabemos, la negación de lo colectivo, es la esencia del neoliberalismo como cultura política y económica negadora del Bien Común. Para el neoliberalismo ese Bien no existe ya que no existe lo Común.

No vamos a reiterar las consecuencias que esa visión del mundo ha tenido en materia de decadencia económica y social y no sólo en estas pampas.

Sólo afirmaremos que, en última instancia, esa “nueva política” entendida como la relación del gobierno con los individuos tomados de a uno, es la negación de la política. ¿Qué política?

El politólogo Elías Díaz lo sintetizaba afirmando que  la política, o lo que es lo mismo, el ejercicio de la democracia no debe, no puede ser otra cosa que “argumentar y pactar”   (El País, 9/10/2016). Argumentar implica expresión y fundamentos de los objetivos y propuesta de instrumentos para alcanzarlos, considerando claramente los costos implicados. La idea misma de argumentar reclama, mediante la escucha y la respuesta, la iluminación de otras visiones respecto de esos objetivos y por cierto la discusión de los instrumentos, que siempre son múltiples, y de los costos que siempre son distintos en el tiempo y en el espacio. La argumentación y el respeto a la contra argumentación, implican la posibilidad de pactar.

El pacto es consenso, es decir, poner en común el sentido de las cosas y concertar, hacer ciertas para todos las cosas pactadas.

Argumentar y pactar es la esencia de la política y supone que no es una cuestión entre individuos sino que hay algo común, colectivo, para todos. Y esa visión implica que quienes argumentan y pactan, ceden, conceden y reciben. No hay pacto sin intercambio y no hay intercambio sin argumento.

El gobierno, el oficialismo, hasta aquí ha estado falto de argumentos. Más allá de las generalidades con las que nadie puede disentir – combatir la pobreza, el narcotráfico y la unidad nacional – el gobierno no ha argumentado (objetivos, instrumentos, costos) su programa. Posiblemente no lo tenga.

Pero no es menos cierto que los sectores opositores con algún peso tampoco lo tienen. Y diría que lo tienen aún menos. El PRO repite el inventario de obviedades que componen lo “económicamente correcto”: el mundo, productividad, inversiones, confianza, tecnología, federalismo, etc. Y promete un Plan Productivo que aún está siendo cocinado y que por lo que ha trascendido es un plan a la defensiva.

Pero por ahora el Plan Productivo, que sería parte del argumento tan querido, es un desconocido aunque todo señala la amenaza de la insuficiencia.

Si consideramos las expresiones que se reputan a sí mismos peronistas y que sumadas o tomadas de a una son “la oposición” lo que los divide no es la combinación de distintos objetivos, instrumentos y costos. Es decir “argumentos”. No.

Lo que los divide esencialmente es el pasado. Las tribus se dividen en los que solo participaron con Carlos Menem, los que se subieron a la Alianza y derraparon con ella; los que transitaron con Néstor Kirchner y aquellos que siguieron hasta los últimos días de Cristina y que luego se bifurcan en los que la siguen y los que quisieran que “ella” no siga. No revelan argumentos, en el sentido aquí expresado, que los dividan porque no los expresan. Si es que los tienen.

Hoy la Argentina no es un país pensado en el que se contraponen argumentos de futuros. No.

Hoy sólo tenemos un país relatado. Por un lado el país del ridículo relato kirchnerista del jardín de las delicias del que nos habría expulsado en diez meses Mauricio Macri. Un jardín que nunca existió como lo revelan, no sólo los destellos de la corrupción y el despilfarro, sino la pobreza y al mismo tiempo la pérdida de capital en toda la dimensión de esa expresión. Dos fenómenos a la vez que describen una contradicción inexplicable.

Y por el otro lado está el relato de la herencia recibida, relato que a medida que pasan los meses y nada cambia, se convierte en una “prueba de que hemos sido expulsados del Jardín”.

Pues bien, si se cumple el decreto que instala el acuerdo económico y social, tendremos la oportunidad de exponer argumentos y generar pactos. Si esto ocurre estaríamos avanzando enormemente en el proceso de maduración democrática. El acuerdo, la concertación que implica, supone que no sólo las voces poderosas, electoral y mediaticamente, argumentan y pactan sino que se abre un espacio para que las voces débiles puedan escucharse, argumentar y pactar en proximidad.

La obstinación por el pasado, que la podemos observar en la producción intelectual de los últimos tiempos concentrada en el pasado y en particular en los 70, ha ido cancelando la preocupación por el futuro. Y la política, al desertar del argumento, no se ha considerado a si misma como una avanzada de exploración de los futuros posibles. La posibilidad institucional del acuerdo invita a esa exploración para ser parte del pacto.

¿Por qué este gobierno no lo hizo antes? ¿Por qué fueron necesarios diez meses de inflación y recesión y la ausencia de inversiones para despertar la lógica más elemental de la política? No es imputable al PRO. Desde Raúl Alfonsín la Argentina se ha negado al acuerdo, porque se ha negado al argumento y al pacto.

Se cree que los sistemas informativos más precisos surgen de las estadísticas – que refieren el pasado – o de las encuestas que resumen interpretaciones y que no relatan hechos.

En realidad los sistemas informativos deben complementarse con las observaciones de los que transitan el terreno.

Los dirigentes sindicales tienen antenas repartidas en todo el sistema: lo que los sostiene en el poder es una capacidad de escucha y por cierto la capacidad de tramitar respuestas. Y de la misma manera eso ocurre en la representación empresaria. Claro que en esta simplificación de la representación de los sectores ocurre la paradoja que mientras el poder de la representación sindical esta directamente asociada al numero de los representados, en el mundo empresario el poder de los que representan pocas empresas gigantes es muy superior al de los representantes del numeroso mundo de la pequeña y mediana empresa. El acuerdo neutraliza el lobby.

La disposición al acuerdo que ahora manifiesta el gobierno es el triunfo de la sensatez y es un paso adelante.

Francisco, predicador de la cultura del encuentro, lo va a celebrar  cuando se encuentre con Macri en la Santa Sede.

Y es justo decir que la última mesa de concertación con nombre de tal se realizó en el tercer gobierno de Perón. Es decir hace 40 años. Aquella experiencia, desconocida más que nadie por los propios peronistas, fue producto de una larga maduración iniciada desde la política con La Hora del Pueblo por Ricardo Balbín. Fue bombardeada por los neoliberales de Álvaro Alzogaray y las organizaciones guerrilleras que nunca abandonaron la ideología de “cuanto peor mejor”. A partir de ahí Juan Perón condujo el proceso que culminó en las Coincidencias Programáticas de los partidos y las organizaciones obreras y empresarias que fue la base de la legislación sancionada por unanimidad y del Plan Trienal de 1973. El Acta de Compromiso, conocida como Pacto Social, firmada en la primer semana del nuevo gobierno sentó las bases de la política de ingresos destinada a enfrentar la recesión y el desempleo con que terminó el gobierno de la dictadura y una tasa de inflación del 80 por ciento anual. Un caso extremo de estanflación que fue doblegada entonces gracias al acuerdo tripartito. El FMI, Roberto Aleman o Marcelo Diamand, destacaron entonces el método y los resultados. Funcionó como todos los acuerdos económicos sociales previos en Europa o como el tan celebrado Pacto de la Moncloa.

Hay desconocimiento que en estanflación la receta ortodoxa profundiza la recesión y la keynesiana profundiza la inflación. Las dos a la vez, son contradictorias y revelan la confusión que produce no tener un ministro y apelar a un sistema de coordinación que por definición es tardío.

Van diez meses y la inflación baja poco y la recesión continua. Por eso es muy bueno haber aceptado la mesa de concertación que es un método necesario. Lo que aporta la suficiencia es la calidad de los argumentos y la solidez del pacto. Francisco se lo va a aclarar.

Publicado originalmente en el diario El Economista.

Entre la confianza y la animación.


Por Carlos Leyba

En estos 150 días el gobierno PRO se abocó a resolver problemas heredados. Como veremos conceptualmente es una tarea a medias.  Los primeros pasos fueron atender el sistema de precios relativos insostenible y la salida de un default innecesario. Le sigue la propuesta para la solución de la deuda y los atrasos jubilatorios; y la recuperación de parte de los tributos evadidos, instrumentada por blanqueo y moratoria, y el eventual retorno de excedentes fugados. Todo esto era y es necesario.

Recordemos que estos “Cuatro jinetes del Apocalipsis económico” (perversidad de los precios relativos; deuda externa; seguridad social; fuga de capitales y evasión fiscal) han asolado, juntos o separados,  nuestra economía durante varias décadas. Dominarlos es siempre una tarea prioritaria. Pero una tarea parcial.

Limitar la acción del Estado, en la economía, a ese trabajo prioritario y parcial, es absolutamente insuficiente. Y como bien sabemos lo “insuficiente” finalmente anula lo necesario. Veamos.

Nuestra historia de acomodamiento de precios relativos ha sido tumultuosa. Particularmente desde el célebre “rodrigazo”. También lo ha sido la repetida tarea de “resolver” el problema de la deuda externa. Al igual que el reiterado intento de “arreglo de la cuestión jubilatoria”. Y ni hablar de blanqueos y moratorias que suman demasiadas intentos vanos.

Son incontables los programas diseñados para abatir a esos “Jinetes del Apocalipsis”. Al “rodrigazo” (precios relativos) debemos agregar la privatización del sistema de seguridad social que Domingo Cavallo lo “arregló” con un endeudamiento en dólares de 30 mil millones. Ni hablar del blanqueo de Cristina Elizabet Fernández que tiene el récord de capital fugado en un período presidencial. Finalmente penoso recordar el “Blindaje” de Fernando de la Rúa. Y así.

Con todos esos intentos los “jinetes” han seguido vivos. Al asumir Mauricio Macri atropellaban a galope furioso y desbocado. En términos económicos, atacar esos jinetes, es intentar la reparación de esos problemas.

Muchísimas veces acudimos al mismo mecanismo actual para las reparaciones. Las necesarias reparaciones de entonces, todas fueron gravosas, y pocas veces por sus resultados – si es que alguna- fueron “acertadas”. Estas son gravosas y falta saber si han sido acertadas.

Pero en lo que no hay duda es que, desde el punto de vista del futuro, fueron insuficientes como lo demuestra el lugar en dónde nos encontramos. Aquellas reparaciones de nada sirvieron. Los cuatro jinetes, una y otra vez, se han presentado vigorosos. Es más no ha habido gobierno, en estos últimos 40 años, que no haya comenzado su faena ocupándose de resolver “definitivamente” esos problemas heredados y sus causas.

Es que, en estos 40 años, no se ha comprendido que los sistemas no se reparan. Se rediseñan. Es decir, si no se modifica la estructura – que dio lugar a esas alteraciones – es inexorable que se produzcan los mismos daños.

Las reparaciones son necesarias. Pero, si una vez realizadas, lo que sigue dominando la escena es la continuidad de las estructuras previas, el retorno de los daños es inexorable.

¿Cuál es el ADN de la generación de estructuras de precios relativos perversas?¿Cuál el de la continua apelación al endeudamiento externo?¿Cuál el ADN de la permanente crisis de la seguridad social?¿Cuál el de la fuga de capitales y su asociada la evasión fiscal? Si no se modifica el ADN, el mensaje genético, de nuestra estructura económica es claro que todo volverá como reiteradamente lo ha hecho.

Aclaremos que más allá de lo mal, desprolijo o insensato de la búsqueda – por parte de Mauricio Macri – de la solución de los problemas heredados, tal cuál estaban las cosas, la continuidad sin reparación auguraba un colosal colapso. Ni que dudarlo.

La economía K – desde su inicio – estaba condenada al colapso por la simple razón  que lejos de apuntar a una transformación genética apostó adicionalmente a profundizar el deterioro del sistema. Recordemos que pudo prorrogar el proceso “beneficioso” en la medida que los términos del intercambio (el precio de la soja) nos fueron crecientemente favorables. Cuando esa dinámica se agotó la polvareda del galope de los jinetes del Apocalipsis hizo temblar las estanterías del kirchnerismo. Las estanterías se iban cayendo sobre la cabeza de los que estaban por venir.

Néstor y Cristina Elizabet Kirchner nada hicieron en materia estructural. “La economía para la deuda” – a pesar de la quita – se reavivó con ellos: la tendencia a la deuda externa recaló tempranamente en los acuerdos con Venezuela y con Axel Kicillof incluyó a los de la República Popular China. Ambos caros. Y el último tan gravoso como para incluir las represas “La Barrancosa” y “Cordón Cliff “ a las que este gobierno – con modificaciones para paliar daños ambientales –les ha dado, asombrosamente, continuidad con la liviandad de quienes someten la “política internacional” a la acumulación de votos para hacer a la señora Susana Malcorra Secretaria General de la ONU. Lo cierto es que la represa fue (y es) una consecuencia de las “condicionalidades”, esta vez chinas, que adopta la “economía para la deuda”. Esto se suma, bueno es recordarlo, en tiempos de apertura, al carácter de economía de mercado con que Néstor le abrió la puerta al festival de importaciones chinas.

Recordemos que Cristina Elizabet, en su primera presidencia, posibilitó la fuga de 20 mil millones de dólares por año; profundizó el descalabro de la estructura de precios relativos, incluidas tarifas y tipo de cambio; y contribuyó al desbalance previsional llevando el peso de las jubilaciones al 10 por ciento del PBI – con un PBI estancado – sumado al uso de esas cajas para otras finalidades por más justificadas que fueran.

La gestión K excitó a los jinetes y construyó una nueva versión de los viejos problemas los que Macri aspira a reparar. Nada hizo para rediseñar la estructura que los producía. La gran pregunta es si lo hará Macri. ¿Logrará escapar de la economía de la especulación que impulsa el BCRA e ingresar a la de la producción que, por ahora, no tiene promotores en el poder?

Lo grave del presente es que estamos abocados a la reparación de los daños y alejados de la idea de rediseño estructural o de futuro. El gobierno está entrampado en el pasado. ¿Repiten estos jóvenes del poder – que desprecian la política y que sobreestiman su experiencia como gerentes de intereses privados – el estado de abismo acerca del futuro que viene alimentando la mismas crisis desde hace 40 años?¿Qué es lo nuevo en ellos?

Jean Tirole – premio Nobel 2014 – acaba de publicar “La economía del bien común”. Más allá de doctrinas y argumentos, sostenidos a lo largo de más de 600 páginas, lo relevante de esta obra es que recuerda que no es posible pensar la economía si no lo es a partir del “bien común”; y el “bien común” no es tal si no incluye de manera dominante la dimensión del futuro, que no es sólo lo que pensamos sino lo que estamos haciendo ahora. Henri Bergson dijo “El futuro no es lo que va a venir, sino lo que nosotros vamos a hacer”.

De eso se trata “la política” que, la gestión PRO, ha decidido por ahora ignorar. En subsidio acaban de crear una “subsecretaría” para “pensar estratégicamente”. ¿La estrategia detrás de los hechos, tres escalones abajo? Desde el punto de vista de la acción denotan el mismo desinterés por el futuro que Cristina Elizabet que creo una secretaría de “pensamiento” en manos del Licenciado en Filosofía Ricardo Foster.

Las decisiones sobre el pasado, aún si fueran soluciones, nada dicen acerca del futuro. ¿Qué es lo que está detrás de la ausencia de definiciones para el futuro?

La impresión es que lo dominante es la idea que, a partir de la existencia de “un orden”, la economía (y la sociedad) por sí solas se pondrán a marchar hacia el progreso. Claro que definir qué progreso no es una cuestión menor. ¿Qué sociedad queremos ser?

Volviendo atrás, hay una ideología, y la que manifiesta este gobierno es el “orden” del “Estado de Confianza”. Confianza es lo que dicen querer crear Macri, Marcos Peña y el espantoso gurú. ¿Qué es la confianza? ¿La confianza de quién y para qué? Por ejemplo si pago una tasa de 38 por ciento anual y plancho el tipo de cambio, entonces, genero confianza para la especulación a corto plazo. Ahí estamos.

La respuesta del gobierno para el futuro, hasta ahora, es que “reparados los problemas heredados” se habrán instalado las condiciones de “confianza”. Y a partir de ellas el prado volverá a florecer. Las inversiones llegarán incitadas por la confianza. Y la confianza terminará abatiendo la inflación. ¿Qué o quién creará la confianza en la producción, en la inversión, en la creación de empleo?

En razón de esa expectativa del PRO, “la práctica de la reparación” ha sido excluyente de todo otro proceso político. La doctrina es: nada de largo plazo, ni de consensos – sin los que el largo plazo es una quimera – ni de acuerdos globales. Nosotros creamos “orden”.

La idea motora es reparar el desorden heredado y, una vez instalado “el orden”, lo demás llegará por añadidura. Eso, para Macri, es construir el “Estado de Confianza”. Punto.

¿Será por eso que no hay nada que se parezca a una política consistente contra la inflación y a favor de la inversión real?  ¿Ni nada que responda a la cuestión central de una economía que hoy profundiza su estado de estanflación, con una tasa de inflación de más de 40 por ciento en 12 meses y una caída vertiginosa de la actividad industrial y de la construcción?

Con el blanqueo post holdouts los PRO apuestan a la llegada de miles de millones de dólares y a fuertes impactos en la recaudación para 2017.

Por ahora “la confianza” está relegada al colosal “pedal” financiero montado sobre las tasas de interés de Lebac y el tipo de cambio en retroceso, el que genera una tasa de rendimiento en dólares que llena de “confianza” a la especulación y que, lejos de alentar exportaciones, alienta el proceso importador. Es decir contribuye a la “economía de la deuda” y así …

Todo este enfoque demasiado elemental, aviva la idea del derrame que, finalmente, es la doctrina del mercado. Una doctrina que deja al “bien común” como un resultado; y no como una búsqueda. En esa visión, parangonando a Alfonso El Sabio, sólo hay cuestiones que el marcado ha arreglado y otras que el mercado arreglará.

El “Estado de Confianza” – lo que propone Macri – es eso. El mensaje PRO es: arreglamos los precios relativos (¿qué set de precios relativos?), el default, la cuestión jubilatoria y el blanqueo y – en esas condiciones – la “confianza” edifica una nueva economía. Creen eso. Hombres de fe laica.

Frente a esa visión lo realmente nuevo, como siempre, es algo que se ha olvidado. Algo que esta nueva gestión o desconoce o ha olvidado; y que la anterior, para no ir más atrás, ignoraba o había olvidado: el “Estado de Animación”.

Si Macri aspira al “Estado de Confianza” podemos decir que es el espejo del “Estado de Desconfianza” al que apostó y puso en práctica el kirchnerismo: un Estado amarrado, ansioso de ninguna regla, a la discrecionalidad.

El “Estado de Animación” tiene que ver con el futuro y la estructura, con “lo que nosotros vamos a hacer” (H.Bergson), con el qué y el quién. Está claro es el Estado quién anima. ¿Cómo?

Primero, la estructura de precios relativos debe ser tal que anime la producción, la creación de trabajo, el desarrollo del interior y la multiplicación de las exportaciones. La presente tasa de interés desanima la inversión y revalúa el tipo de cambio. Estos precios relativos, reparados, no van por el buen camino. ¿Es acaso racional combatir la inflación con  la locura de las tasas de interés de Lebac? ¿Qué oferta se puede alentar?¿Qué presión a la baja genera en el tipo de cambio real? ¿Con  qué plan de largo plazo es compatible esta estructura de precios relativos? ¿Y la inflación? ¿Política de ingresos sin consenso? ¿O acaso procuran bajar la inflación con apertura importadora? Alianza del Pacifico, Unión Europea ¿Midieron las consecuencias? ¿Cuál es el grado de consenso para la continuidad?¿Quién puede construir “confianza” sin consenso?

Segundo, la cuestión de la deuda. Si la tasa de interés de la deuda es mayor que la tasa de crecimiento de la economía en dólares, es inexorable el crecimiento del peso de la deuda sobre el PBI. ¿Qué proyectos de balance comercial positivo hay detrás de cada esquema de financiamiento? ¿Cuál es el papel de la industria? ¿Qué política industrial se financiará?¿Qué y cómo es lo que el Estado va a animar?¿Qué estructura productiva para un país con balance comercial externo de la industria escandalosamente negativo, con un desempleo estructural enorme?

Tercero la cuestión jubilatoria. Con este nivel de empleo real, con esta escasa participación de la población económicamente activa en la fuerza laboral, con este nivel de trabajo asalariado en negro, con esta estructura de empleo. ¿Es imaginable un sistema previsional sano? No hay solución a los pasivos sin una solución al sistema laboral de los activos. ¿Cuál es la estructura y la dimensión del empleo que el Estado va a animar?¿Cuál si tenemos en cuenta que la proyección de las cuentas jubilatorias superará el 10 por ciento del PBI?

Y, finalmente, la cuestión del blanqueo. Sin duda esta vez las probabilidades de éxito son muchas. No por las normas locales sino por las decisiones internacionales. Se acabaron las guaridas. Los 400 mil millones de dólares fugados equivalen a 2 millones de puestos de trabajo nuevos con un capital de 200 mil dólares cada uno; o a 130 mil dólares para cada hogar pobre tipo; o a 13 veces las Reservas del BCRA; o a 4 veces los depósitos en el sistema financiero local.  No todo lo fugado es negro. No todo genera impuestos por el blanqueo. No todo volverá. Y lo que retorne difícilmente encuentre razones para aplicarse al aparato productivo si no aparecen señales de “animación”.

Lo que si pone en evidencia el tema del blanqueo es que el tamaño comparado de la fuga es una medida del atraso de nuestra economía.  Atraso basado en la ausencia de una moneda nacional, en una inestabilidad de precios relativos que inhibe el ánimo inversor, una “economía para la deuda” incapaz de generar una industria razonablemente suficiente, un sistema social insostenible sin creación de empleo. Y fundamentalmente atraso basado en la ausencia de un Estado Animador que existe a partir de un programa consensuado de largo plazo con herramientas eficaces. ¿Cuál es la animación del Estado requerida para invertir la corriente de fuga? La fuga, en términos de crecimiento, no es sólo la expatriación o el atesoramiento, sino también la cultura del cemento que hace que desde 1960 vivan en Buenos Aires 3 millones de habitantes y crezcan las torres de fuga … del proceso productivo.

Reparen el pasado. Si. Pero si la estructura no es rediseñada se repetirán las mismas crisis. Lo que es seguro es que el rediseño no será nunca producto del Estado de Confianza, tampoco del de Desconfianza,  sólo del Estado de Animación. No hay rediseño posible sin consensos de largo plazo que brinden horizonte.

El PRO tiene que aprenderlo porque parece no saberlo. La “animación” es política aquí y ahora. En medio de las reparaciones, necesarias e insuficientes, el tiempo no sobra. Y lo que no sobra puede convertirse en escaso.

FUENTE

El Juez y el Poeta


Las quemas de libros a partir del 24 de marzo de 1976 

Por Julián Axat, defensor juvenil

Cuando mis padres desaparecieron, en abril de 1977, mi abuelo paterno, Carlos Alberto Axat, un moderado abogado civilista, hizo su primer habeas corpus ante el juzgado federal electoral de la Provincia de Buenos Aires. El entonces juez, Teniente Coronel Dr. Héctor Gustavo de la Serna Quevedo, que lo recibió en su despacho, le preguntó qué estudiaba su hijo, a lo que mi abuelo le explicó Filosofía. La respuesta derivó en una arenga entusiasta del magistrado sobre los problemas épicos y filosóficos acerca del trigo y la cizaña. Mi abuelo, desesperado, que solo estaba ahí para pedir por el paradero de su hijo y su nuera, tuvo que soportar que el señor juez terminara con su clase pseudoerudita para implorar una respuesta efectiva. Cuando regresó al juzgado a los pocos días, encontró el rechazo del habeas corpus y las costas al vencido. Yo por entonces tenía pocos meses, la anécdota me la contó cuando ingresé a la facultad de derecho en 1994, en ella estaba contenido el punto de su frustración en el derecho y la justicia para un abogado con 70 años de profesión libre. Con la anécdota me decía: elegí bien, que no te pase lo que a mí. Mi abuelo murió en 1995.

Héctor Gustavo De la Serna Quevedo, nació en 1926 en Catamarca, hijo de un militar de alto rango y primo del “Che” de lado materno; huérfano desde los ocho años, hizo la carrera militar hasta que fue dado de baja por ser parte de la intentona de alzamientos anteriores a 1955. Recibido de abogado a los 40 años, fue designado por Onganía como interventor del Servicio Penitenciario, y más tarde por la dictadura cívico-militar como juez federal electoral de la provincia de Buenos Aires; cargo que ocupó hasta 1983.

De la Serna fue no solo conocido solo por ser el juez preferido de “Jimy” Smart dando cobertura judicial a secuestros y desapariciones, para luego rechazar habeas corpus y gozar de imponer costas a familiares de esos desaparecidos; sino que fue y sigue siendo conocido por uno de los hechos más graves contra la cultura de este país. A eso de las nueve y media de la mañana, el 7 de diciembre de 1978, los depósitos que el Centro Editor de América Latina en Avellaneda fueron allanados y clausurados bajo la acusación de infringir la ley 20.840. Por entonces, el valiente editor Boris Spivakow junto con su abogado se atrevieron a dirigirse hasta el despacho de De la Serna para evitar el atropello, pero allí atónitos recibieron una filípica sobre “filología de la disgregación social”, fundamento que se materializó en el decomiso del 30 de agosto de 1980, en un terreno baldío de Sarandí, donde un millón y medio de libros ardieron frente a la mirada del propio De la Serna.

El acto judicial que firmado y sellado por De la Serna, que ordena la quema ha sido rescatada hace pocos meses, gracias al trabajo de archivo del grupo la Grieta de la Plata encabezado, esta vez, por Gabriela Pesclevi. Como diría Walter Benjamin, el documento judicial representa toda una pieza de la barbarie que, a su vez, expone la negación-destrucción cultural de la dictadura hacia determinados libros, entre los que figuraban Marx, Lenin, Mao, Sartre, Cortazar, García Márquez, pero especialmente libros infantiles como los de Elsa Bonerman, o María Elena Walsh.  La investigación llevada a cabo por Pesclevi, me llevó a otros lugares interesantes. Si uno lo Googlea “Héctor Gustavo De La Serna”, lo primero que encuentra es el típico homenaje que el diario “El Día” hace a los personajes de su ciudad, en los que nunca se distingue al héroe del villano; de allí que el desapercibido fallecimiento de De La Serna ocurrido el 8/5/2012, tuvo un montaje-recordatorio donde aparece como “poeta, docente y filósofo”, y nada sobre su nefasto rol de juez.

Lo que a mí me despertó curiosidad del recordatorio del diario no fue el lavado de una historia, sino la introducción de la siguiente palabra: “Poeta”. ¿Cómo compatibilizar la quema de libros con la poesía? ¿Cuál es el lugar del juez verdugo y cuál el de la poesía frente al Mal? La poesía y el derecho son dos lugares que me obsesionan, y De la Serna no solo había rechazado el habeas corpus de mis padres, sino que además se decía abogado y poeta. Si la pieza judicial firmada por De la Serna, que ordenaba la quema de un millón y medio de libros, se trata de una pieza arqueológica que refleja todo el lugar de la barbarie cultural Argentina, entonces hallar el libro de poesía firmado por ese mismo autor, representa el fin de la palabra (poética), o el lugar donde la maldad y la ignorancia coincidían.

Como detective literario, salí en la búsqueda de la poesía de De La Serna. No figuraba en catálogos de Internet, recorrí librerías de viejo, consulté en bibliotecas de La Plata, hasta que di con un único ejemplar  de “Poesía y Meditación”, Ediciones Almafuerte (1996). La tapa lleva una imagen de la bóveda de la catedral platense, por lo que ya se aprecia un tono cruzado y en la solapa la siguiente  caracterización: “… crítico preocupado por las ideas disolventes en que se ha encarnado la sociedad…”. La serie de versos son una lírica confesional trillada, halito meditabundo de burócrata jubilado que se paga una edición para despuntar culpas y rendir cuentas con los fantasmas que lo persiguen y ante los que se justifica. Basten este puñado de palabras que reflejan al resto: “¿Quién conociera el peso de la historia / y su incidencia en el vivir futuro? / con su irrumpir en varias direcciones / con tanto polvo sedimentando el alma, /con tanta pena crucificando al hombre /en inseguridad sin concesiones / ¡quien pudiera desentrañar la suerte del angustiado permanentemente! / un profundo arcano señorea el mundo / y el torrente de tiempo, vida y muerte / en medio de nuestro acaecer fecundo / se repite absurdo, obstinadamente… /escribir y borrar acto seguido / en el cuaderno de sufrir y el llanto /sin reparar en el que sufre tanto…”.

Alguna vez me detuve en la poesía del latinista Carlos A. Disandro, o me obsesiona dar algún día con el inhallable libro de poesía firmado por Eduardo E. Massera, en su juventud y que Claudio Uriarte se cansó de buscar. El libro de poemas del ex juez De la Serna forma parte de estas inquietudes, y la paradoja consistía en rescatar del olvido, el libro de un quemador de libros. Quién quemaría estos libros, aun cuando estén manchados de sangre o lejos estén de la Poesía, con mayúsculas. Cuando mi abuelo me contó la anécdota de su frustración ante el juez De la Serna, entonces yo decidí ser abogado, pero también elegí la Poesía.

El Ruso Verea se encuentra con Macri


¡Queremos debatir! ¡Queremos debatir! ¡Queremos debatir!

Es el griterío, ferviente, efervescente, de bajas calorías, de los publicistas de Macri digo los militantes políticos de Mauri, mientras clavo el freno y me reciben en fashio-patota y ya entreveo, entre la muchachada de Babasónicos, esa sonrisa imposible de Big Mac, en cabeza ovalada bien ovalada, como huevo perfecto en su perfección de huevo, y no es otra que la presencia inigualada de mi querido amigo Horacio Rodríguez Larreta…

— ¿Adónde te escondieron Horario? ¿Cómo andas querido?

— Acá estoy, Norbert, ni chicha ni limonada, baleado en un rincón… Cruel en el cartel, te ríes, cabezón, da ganas de clavarse… Pero, bueno, hay que seguir adelante, como dice Louise Hay: somos responsables por todas nuestras experiencias y cada uno de nuestros pensamientos crea el futuro… Así que nada de negativos, Verea, todo positivo… ¿Comiste, Ruso? Vení, te invito sushi en la ofis…

Horacio pasaba de la tristeza de “Afiches” al auto-ayuda a la gastronomía de carnada oriental en una milésima de segundo… ¡Ay Horacito, Horacito!

— Todo bien, Horacio, pero, mejor, te propongo… Un vermú con papa fritas… No se porqué, pero me parece lo más adecuado…

Mientras vamos caminando hacia la oficina de Don Larreta unos cuadros de maripositas detrás de otras… y no me aguanto la curiosidad, no resisto, le inquiero, incisivo, como los dientes periodísticos de un Barone:

— ¿Qué carajo son estas maripositas Horacio?

— Ahhhhh noooooo… No sabés… Es que se hizo amigo del Zoilo Cantón… ¿Viste?… El Zoilo cambió de rumbo profesional… Ahhhhh noooooo… Ahora hace muestras de fotos de “naturaleza minimal”… Y, como es amigo de Mauri… Las oficinas porteñas están decoradas con cuadros de “naturaleza minimal”… Bien Soho, Norberto… Pero, vení, pasa, pasa… ¡Carmen! ¡Carmen! Llama y pedí al delivery del Resto una picadita para dos, por favor…

Entro a la oficina que, efectivamente, es como un Resto de SOHO– los muebles serán municipales… el adorno es siempre ZEN– mientras Larreta explota en el sillón frente a la pantalla de la Laptot y el cuadrito de naturaleza mínima detrás con la mariposita y, entonces, me dice:

— ¡Me tiene podrido Verea! ¡Me tiene podrido! Que voy por la Nacional, que voy por la provincial, que voy por la intendencia, que vuelvo a Boca… ¡Déjame de joder viejo! ¡No se puede con este tipo! Así me tuvo un año y medio… ¡La quiere toda para él Verea! Y yo haciendo planes… Mirá… Ya tenía todo contratado para lanzar la campaña y recorrer la ciudad…

— ¿Urbanistas? ¿Arquitectos? ¿Politólogos?

— ¿A qué te referís? Pregunta Horacito, bien específico…

— Me refiero si habías contratado a los equipos de trabajo…

— Ahhhhh, si, claro, por supuesto, Norbert… Los equipos de trabajo… Si, ya tenía cerrado con los SPA, personal trainers, maquilladores, estilistas, vestuario, peluqueros, asesoras de imagen… Todo, querido… Nosotros trabajamos en equipo, somos experto en armar equipos, Ruso… Además, estaba al palo con el entrenamiento, el gym, la dieta, la modulación de la sonrisa, el training para hablar en tarima, en tarlipes, en Taringa, y que se me entienda mientras muevo con el dedito la cucaracha y hablo por la tele… Bien canchero, Ruso… Ya estaba todo listo, la cocina del carisma… Y… ¡Pum para abajo! ¡No puede ser! Pero, bueno: ¡Positividad! ¡Positividad! ¡Carmen! ¡Carmen! ¡Tráeme un sahumerio por favor!

— Che, pero, contáme: ¿Y que pasó con Gaby? Le pregunto, inundado de curiosidad maldita…

— ¿Quién? con el ceño fruncido peor que Frida Kahlo o la Estensoro que al final es lo mesmo…

— ¿Con Gaby?

— ¡¿Qué Gaby?! Horacito, histérico…

— ¿Gaby… que es Michetti? Le digo…

— ¡¿Quién?! Horacito como loca…

CANCIÓN. HERMÉTICA. TRAICIÓN.

No va a ser que en el momento más álgido de la conversación aparece Él… Él Mauri…

— ¡Cómo andás Norberto! ¡Por favor! ¡Qué alegría verte! ¿Qué andás haciendo por acá?

— Le debía una visita a Horacio… Era hora de pasarme un rato…

— Che, pero me encanta el programa de Cable que estás haciendo… Muy bueno, Ruso… Y, por favor, mándale saludos a Perfumo que es un fenómeno…

— Serán dados… Ahora… Contáme, vos… ¿Cómo venís para este año?

— Jajajja, ya me imagino que algo te habrá contado Horacio… Estamos armando los equipos de trabajo… Nosotros, Ruso, hacemos todo, decidimos todo, en equipos… Además: no sabés lo linda que va a estar Buenos Aires…

— Eso me suena… Pero, Mauricio… ¿Cómo vas a hacer esta vuelta con los quilombos: el Indo-americano, las tomas de casas, las escuelas, los hospitales? Están atrasado con el tema subtes también…

— Vos… Vos: no te preocupes… Nosotros tenemos todo listo… Tenemos todo ya preparado… Hemos re-organizado la Ciudad… Ahora es más eficiente, más dinámica, más joven, más ágil… Hacemos más, y mejor, con menos gente, más ajustados, y le cumplimos los sueños a la gente como Marcelo… Y no te preocupes: tenemos todos los recursos necesarios para poner más linda a Buenos Aires… ¿Vos sos admirador de Gatti? ¿No?

— ¿Gatti? Por supuesto… Un monstruo.

— Gatti me ama… Norberto… Gatti ama mis plazas… ¿Vos viste lo lindas que están las plazas de la Ciudad? A mí me aman o me dejan… Yo con Gatti comparto esa filosofía… Gestión: hacer, haciendo, pariendo, atajando las dificultades, los obstáculos, los palos en la rueda con nos ponen los que quieren que nos vayamos al descenso. Con Gatti somos hacedores… Hacedores de “golpes de vistosidad”… Él con su vestuario; Yo, con mi bigote… Somos el uno para el otro… Además los dos somos fana de Carlos…

— ¿Tevez?

— Si, de Tévez también… Pero, bueno, como te decía, Verea… ¡Uy ya me tengo que volver!… Y a vos, Horacio, te veo en el Sport a las 7… Y, Ruso: no te preocupes… Andá y decile a los tuyos… A los rockeros, a los metaleros, a los punks, a los góticos… Que la ciudad se está poniendo cada vez más linda… Y que ellos son bienvenidos… ¡Hay que ser positivo Norbert! ¡Esa es la clave del éxito! Dejale una copia del libro de Luisa, Horacio…

Y así se despedía, insólito, enigmático, místico… Él… El Mauricio que es Macri… La política PRO… La filosofía política que inspiran Alejandro Rozitchner y a Louise Hay. ¿Qué me quedaba hacer? ¿Leerla a Luisa? ¿Estará allí la clave? Y no me contuve. Me fui derecho a leerme el broli. Se llama “Usted puede sanar su vida”… A ver… Veamos… “El éxito”… Página 133…

Formo parte del Poder que me ha creado
Dentro de mí llevo todos los ingredientes del éxito
Y ahora permito que su fórmula fluya a través mío
Todo aquello que sienta que debo hacer será un éxito
Y voy de triunfo en triunfo, de gloria en gloria
Mi camino está formado por los escalones que llevan al éxito
Todo está bien en mi mundo

¡Si señores! ¡No hay dudas! ¡El misterio ha sido revelado! ¡Louise Hay es el Manual de Conducción Política del PRO!

Así que mis queridos rockero-pipones: A no amargarse que como dice Luisa hace mal al colon…

¡A marchar o morir!

¡Arte y Rebelión!

¡Metal Pesado y Fuck show!

CANCIÓN. LA CLAVE DEL ÉXITO. LAS PELOTAS

El presente texto fue escrito por Leonardo Sai para el programa de radio El Circo Miserable, conducido por Norberto “Ruso” Verea. Se emite de lunes a viernes (0 a 2 AM) por FM Nacional Rock. Para bajarse los programas, abajo el facebook de la producción:

https://www.facebook.com/losmiserablesdelcirco

Para bajarse el audio:

http://www.mediafire.com/?qbdivrwegr8w1bc

Guerra de productividades


viagraPor Leonardo Sai

Ellos son como espantapájaros,

En un campo de pepinos;

No pueden hablar, hay que transportarlos,

Porque no dan ni un paso:

¡No les tengan miedo,

No hacen ningún mal,

Ni tampoco son capaces de hacer el bien!

Jeremías; 10.5

 

La recuperación de la acumulación del capital industrial (respecto de la recesión del 2009 oficialmente encubierta) desenvuelto en la economía argentina, motorizada por el sector automotores, la re-inversión de este sector en nuevos modelos, productos y el arrastre en el conjunto de la actividad industrial nacional (Siderurgia, Metalurgia, PyMES) estaasociada al proceso de emergencia brasileño.

No se trata, solamente, de una cuestión de competitividad cambiaria bilateral (necesaria) sino de un hecho económico mucho más decisivo, y estructural, que la obsesión en el tipo de cambio tapona: 14 millones de empleos creados por la gestión de Lula; Integración al consumo de una nueva clase media de, aproximadamente, 30 millones de personas (2003-2009); Salida de la extrema pobreza de 19 millones de personas; Un millón de casas construidas por el programa de viviendas a cargo de la actual electa presidenta de Brasil. Este desarrollo del mercado es lo que permitió a Brasil, a su clase trabajadora, absorber el valor creado por las terminales automotrices en Argentina como acumulación efectiva, lo que se traduce como crecimiento de la actividad y recuperación del ciclo de negocios. Sin este fundamento productivo (cabe destacar que tres de cada cuatro brasileños viven en casa propia, 45 millones de personas de favorecen del programa Bolsa Familia) la llamada “competitividad bilateral” argentina hubiese sido, estrictamente, teórica, quimera de lo posible.

Para seguir leyendo: http://www.nacionapache.com.ar/archives/4460

Economía política de la corrupción (Fuente: Buenos Aires Economico)


Por Aldo Ferrer

22-01-09 /  La corrupción cipaya y la sistémica deben ser enfrentadas con seguridad jurídica.  

La corrupción es un problema que tiene manifestaciones diversas, viene de lejos  y se presenta prácticamente en todas partes. Tiene consecuencias graves sobre la actividad económica, el bienestar social, las economías nacionales y las relaciones internacionales y ocupa, por lo tanto, la atención del análisis económico. Simultáneamente con la integración de las redes de producción, comerciales y financieras, el problema se ha globalizado. Sus manifestaciones más importantes se vinculan con el narcotráfico, el lavado de dinero y el tráfico de armas.
Las relaciones internacionales han sido frecuentemente portadoras de la corrupción de las grandes potencias como sucedió, por ejemplo, en el siglo XIX, en las dos célebres guerras del opio de Gran Bretaña (acompañada en la segunda por Francia), contra China, para abrir su mercado interno a las importaciones de opio producido en las plantaciones británicas en India.
En la actualidad y en el pasado, se advierte que la corrupción no es un problema reducido a los países ricos, a los de desarrollo intermedio o los periféricos. Se presenta en todas partes. En el caso de los Estados Unidos, por ejemplo, ocurrió actualmente en los escándalos financieros conocidos y, a lo largo de su historia, en la colusión de intereses públicos y privados, como sucedió con los célebres robber barons o con el aparato militar e industrial denunciado, en su último discurso, por el presidente Eisenhower.
En China, se reprime con la pena máxima, a sujetos incursos en el delito de corrupción. El problema se plantea tanto en economías de lento crecimiento, como las de América latina, como en las emergentes de Asia, de más rápida expansión.
La resolución del problema requiere fortalecer las instituciones de la democracia y los órganos de control para identificar y reprimir los delitos vinculados con la corrupción. Los orígenes, tipología, prevención y represión de la misma merecen un estudio continuo.
En el plano universitario, en cátedras sobre la materia y, en estudios de posgrado, para el tratamiento sistemático de los alcances globales de la cuestión, su historia, el análisis comparado de países, la tipología, la prevención y la represión.

Tipología. Las formas en que la corrupción se manifiesta están fuertemente condicionadas por las circunstancias propias de cada país y que configuran su densidad nacional, entre cuyas condiciones constitutivas figuran las siguientes: integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio de los recursos propios, la estabilidad institucional, la vigencia de un pensamiento crítico nacional y, consecuentemente, políticas promotoras del desarrollo.
Atendiendo a la densidad nacional de cada país y la diversidad de situaciones y formas en que se expresa, puede intentarse una tipología del problema. Cabe distinguir, así, entre la corrupción periférica o cipaya y la vernácula.
La primera, suele suceder en países de débil densidad nacional, situación prevaleciente en aquellos que Raúl Prebisch definió como periféricos y, en los cuales, en el marco de operaciones dolosas, se transfiere el dominio de recursos propios a intereses extranjeros. En los países avanzados y en los emergentes de rápido desarrollo, de sólida densidad nacional, en los cuales, los corruptos reciclan sus lucros en la propia economía nacional y el poder sigue concentrado en manos locales, prevalece la vernácula.
Se puede distinguir también, entre la corrupción circunstancial y la sistémica. La primera se configura en maniobras vinculadas con operaciones puntuales, su modalidad más notoria es la “coima” y consiste en el soborno, por un precio, de quien tiene autoridad de disponer de un activo o un servicio, que no le pertenece.
La sistémica consiste, principalmente, en adoptar decisiones y políticas que generan rentas privadas que perjudican el interés público. Las mismas suelen estar sectorialmente orientadas, por ejemplo, en normas referidas al sector financiero. De tal modo, es en esos sectores en donde se producen los hechos más graves.
En el caso argentino, son ejemplos notorios de corrupción sistémica, la imposición, en varios períodos, de un tipo de cambio sobrevaluado y la desregulación de los movimientos de capitales que culminaron en el endeudamiento hasta el límite de la insolvencia, generaron una masa gigantesca de rentas especulativas y fuga de capitales y deterioraron el aparato productivo y la situación social.
En los países avanzados y en los emergentes, con fuerte densidad nacional, la corrupción es generalmente circunstancial ya que, en tales países, por definición, la política económica tiende a promover el desarrollo y a defender los intereses nacionales. En los países subdesarrollados, de débil densidad nacional, suelen coexistir ambas tipos de corrupción, frecuentemente dentro del mismo hecho.
Por su dimensión y consecuencias, el hecho más importante de corrupción sistémica de todos los tiempos es la decisión de los gobiernos de las mayores economías del mundo de desregular las transacciones financieras globalizadas, la cual, generó un extraordinario mercado especulativo, que acaba de estallar en la actual crisis del mundo del dinero.
Una tercera categoría, diferencia entre la corrupción pública y la privada. La primera compromete a funcionarios públicos y la segunda a actores privados. Ambas son las dos caras de una misma moneda.
Puede distinguirse, por último, entre la corrupción globalizada inserta en redes delictivas transnacionales (como, por ejemplo, el lavado de dinero) y la endógena, vinculada con hechos y políticas producidos dentro de las fronteras nacionales.

Malos entendidos. El estudio de la corrupción debería ocuparse, asimismo, de aclarar una serie de malos entendidos, como los siguientes:
La corrupción es la causa principal del subdesarrollo. También países industriales y emergentes, registran hechos notorios de corrupción. No hay evidencias cuantitativas concluyentes que, en tales países, el problema sea menor que en los subdesarrollados. Pero, en estos últimos, las consecuencias son más notorias y nefastas por la pobreza y la desigualdad prevalecientes. Además, como en esos países subdesarrollados es donde tienen principalmente lugar la corrupción cipaya y la sistémica, sus consecuencias, sobre el desarrollo y el bienestar, son de más vasto alcance.
La corrupción es un problema particularmente argentino. Es posible que el problema sea aquí mayor que en algunos países y menor que en otros, pero no que singulariza a nuestro país.
El accionar del Estado es inherentemente corrupto. Existen organizaciones del Estado y funcionarios públicos, aquí y en el resto del mundo, transparentes y honorables. El problema afecta tanto a la actividad pública como a la privada.

La estrategia. Cuanto más se conozca el problema, más eficaces serán las medidas de prevención y represión de la corrupción. Probablemente nunca se logrará erradicar totalmente el problema. El objetivo alcanzable es reducirlo a la mínima dimensión posible.
Es preciso enfrentar el problema en todas sus manifestaciones. Cada tipo de corrupción puede ser atacado con medidas focalizadas.
Por ejemplo, la corrupción cipaya y la sistémica, deben ser enfrentadas con seguridad jurídica fundada en la solidez de los equilibrios macroeconómicos, la creación de espacios de rentabilidad para que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro interno sea la Argentina y políticas que defiendan el interés nacional. Todas las modalidades deben combatirse, además, con la transparencia y la justicia. Y la corrupción globalizada, movilizando a fondo la cooperación internacional.
Es preciso ubicar la lucha contra la corrupción en el marco de estrategias de desarrollo que movilicen el potencial del país, defiendan los intereses nacionales y promuevan la equidad y el bienestar. De otro modo, seguiríamos sometidos a los problemas que promovieron la corrupción, al mismo tiempo que frustraron el desarrollo de la Argentina y debilitaron el ejercicio de su soberanía.
* Director editorial de Buenos Aires Económico