Martin Hilbert, experto en redes digitales: “Obama y Trump usaron el Big Data para lavar cerebros”


Lo conocen en la academia de las TICs por haber creado el primer estudio que estimó cuánta información hay en el mundo, cifras que acá comenta en un castellano aliñado con modismos chilenos, tecnicismos gringos y erres alemanas. Martin Hilbert (39), Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, es alemán, pero vivió largos años en Chile como funcionario de la Cepal. Hoy trabaja en la Universidad de California, es el asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y vive a cuarenta minutos de Silicon Valley, donde un futuro inevitable toma forma. En esta entrevista, no apta para amantes de la vida retirada, explica cómo el Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta. También habla sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a generar una conciencia superior. Cree que eso va a ocurrir, pero no hay que tener miedo: “No va a ser Terminator contra nosotros”.

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¿Cuánta información hay en el mundo?
–La última vez que actualicé este estudio, hace dos años, había 5 zetabytes. Un ZB es un 1 con 21 ceros, lo cual no te dirá mucho. Pero si tú pones esta información en libros, convirtiendo las imágenes y todo eso a su equivalente en letras, podrías hacer 4500 pilas de libros que lleguen hasta el sol. O sea, hay mucha información.

¿Y a qué ritmo está creciendo?
–A un ritmo exponencial. Se duplica cada dos años y medio. Entonces, ahora probablemente son 10 ZB.

O sea, ocho mil pilas de libros que llegan al sol.
–Ocho o nueve mil pilas, sí. Piensa en esto: desde el 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y lo más impresionante, para mí, es que la información digital va a superar en cantidad a toda la información biológica que existe en el planeta. La vida es procesamiento de información, ¿no? Toma del ambiente moléculas normalmente muertas, toma fotones del sol, y los convierte en estructuras complejas de información con un código base que es el ADN. Y ya existe más información digital que código genético humano. Aun contando cada copia de ADN en las trillones de células de cada persona en el mundo, en la humanidad hay como 1 ZB de información. Y durante este siglo, la información digital va a superar a toda la información genética que existe en la biósfera. Todo lo cual lleva a muchas preguntas sobre el futuro de la humanidad, ¿no?

Parece que la pregunta existencial más importante va a ser cómo interpretamos tantos datos.
–Y la respuesta es que la única manera de interpretarlos es con máquinas también. Este procesador [apunta a su cerebro] no aguanta eso, sabe hacer otras cosas. Ahora, lo bueno es que la información crece muy rápido, pero nuestro poder de computación crece tres veces más rápido. Se duplica en menos de un año. Porque la tecnología siempre es mejor pero también porque tenemos muchas más máquinas, ¿no? Tú mismo tienes ahora un celular, un computador, etc., que interpretan muchos datos por ti. Y ahí viene toda la cuestión de la inteligencia artificial [en adelante, IA] y el Deep Learning, que ahora es lo más importante.

¿Qué es el Deep Learning?
–Es la manera como se hace la IA hoy en día. Son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Todo esto que hacen Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todo usa Deep Learning. Es una IA súper poderosa que descubrimos hace cinco años y ya todo el mundo la usa, porque es muy superior a todo lo que habíamos encontrado.

Y la otra pregunta existencial, ¿qué tan espiados estamos?
–Nooo, ¡súper espiados! Todo está espiado. Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya, bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más. Yo no digo que esto sea bueno o malo, pero la gente tiene que saber. Y si la gente sabe que está espiada y no le importa, está perfecto. Ahora, la pregunta delicada es qué pasa si esos datos llegan a las manos de alguien que pueda abusar de ellos. En Silicon Valley no están muy contentos con que sus herramientas ahora las pueda usar Donald Trump. Están muy decepcionados, la verdad.

¿Qué cosas de nosotros se pueden saber de un momento a otro?
–De partida, dónde estás y dónde has estado. Si tienes Gmail en tu celular con wifi, puedes ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuviste cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (ver http://www.google.com/maps/timeline). Es una información que tú les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instalas la aplicación.

Lo que uno nunca lee.
–Exactamente. Y en muchos casos tú puedes optar que no lo hagan, pero nadie se fija. Ahora, lo interesante es que con estos datos de movilidad se pueden hacer estudios. Y ya sabemos, por ejemplo, que se puede predecir con casi un 90% de probabilidad dónde vas a estar tú en cada momento de cada día del año que viene. Imagínate lo que vale esa información para una empresa que hace marketing, por ejemplo.

Cuentas que en África el celular hizo lo que nunca pudo hacer el certificado de nacimiento. La huella de que una persona existe es su teléfono.
–Claro, es súper poderoso. Es tu verdadera huella digital. Y África es el caso extremo, pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…

¿Sólo conociendo la frecuencia y duración con que uso mi celular?
–Sí. El censo que hacen cada 10 años, que es tan costoso y tan importante, lo puedo reconstruir en un 85% con esos dos datos. De eso se trata el Big Data: tenemos tantos datos y tanta capacidad de procesarlos, de identificar correlaciones, que podemos hacer a la sociedad muy predecible. Y cuando puedes predecir, puedes programar.

Y en el caso de las empresas de Internet que nos prestan servicios gratuitos, ¿qué tan importante es para su negocio la información que tienen de nosotros?
–Todo, eso es todo lo que tienen. Facebook vale billones de dólares por la información, no por otra cosa. De las diez empresas del mundo tasadas a un precio más alto, yo creo que cinco son proveedoras de información. Y la gente siempre dice “no, hay que regular todo eso, proteger a los usuarios”. Pero la demanda más extrema que he escuchado en todas esas conferencias donde voy, es que necesitamos derechos de propiedad de datos, como los de propiedad intelectual, para que tú puedas vender tus datos y no regalarlos. Y yo voy con este reclamo donde mis amigos en Silicon Valley y me dicen “pero hueón, ¡si ya lo estamos haciendo! Tú sigues siendo dueño de tus datos, pero aceptas que yo también lo sea al aprobar los términos de licencia. Y a cambio puedes usar Google Maps gratis y te ahorras una hora de taco al día, ¿no es fantástico?”. Ahí llegamos al fin de la discusión, no hay nada más que hacer. Incluso ante las propuestas más progresistas, Silicon Valley ya tiene respuesta. Y la verdad es que la gente se beneficia tanto de eso que no le molesta.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buena plata con nuestros datos, ¿no?
–Claro. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de la compañía. Si tú tienes Movistar, tus datos están ahí vendidos.

¿A quién le sirven?
–¡A mucha gente! Si tú quieres abrir una tienda de corbatas en una estación de metro, te vale mucho saber cuántos hombres caminan en cada salida del metro, entonces compras estos datos de Telefónica. Y también los puedes usar en tiempo real: saber a qué hora pasa la gente, e incluso si se detiene o no a ver el anuncio de oferta que pusiste afuera. Y lo más impresionante es que esto convirtió a las ciencias sociales, de las que siempre se burlaron, en la ciencia más rica en datos. Antes tenías que hasta negociar con diplomáticos para que te prestaran una base de datos de cien filas por cien columnas. Y en las universidades hacían experimentos con 15 alumnos de pregrado, que necesitaban créditos extra para pasar el ramo, todos blancos, todos de 18 años, y decían “miren, así funciona la psicología humana”. ¡De adónde! Nosotros nunca tuvimos datos, y por eso nunca funcionaban las políticas públicas. Y de la noche a la mañana, el 95% de los sujetos que estudiamos pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Los biólogos siempre dijeron “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social. Se puede abusar también, como Obama y Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary no lo hizo y por eso perdió. Pero el gran cambio es que estamos conociendo a la sociedad como nunca antes y podemos hacer predicciones con un nivel científico. ¡Lo de antes era arte, no era ciencia!

TRUMP TE CONOCE

Entiendo que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook.
–Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección.

¿Qué hizo con eso?
–Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.

¿Y qué hizo Obama?
–Obama fue como el pionero en esto. En la campaña de 2012, para su reelección, invirtió en esto mil millones de dólares, mucho más que en comerciales de TV. Y con eso contrató a un grupo de cuarenta nerds, de Twitter, de Google, de Facebook, de Craigslist, tres profesionales de póker, otro que trabaja con células madres, en fin. A esos cuarenta nerds los puso en un subterráneo, les dio mil millones de dólares y un número para el servicio de pizza, ¿no? Y ahí en el subterráneo crearon los 16 millones de perfiles que les interesaban, los votantes indecisos. Sacaron datos de todos lados. Incluso tuvieron acceso a las Setup-Boxes, lo que sería el DirectTV en Chile, que registra cómo tú ves televisión. Si tienen acceso a eso, ya saben lo que te interesa, y empezaron a llevar comerciales individualizados. Lo más delicado es que no sólo pueden mandarte el mensaje como más te va a gustar, también pueden mostrarte sólo aquello con lo que vas a estar de acuerdo. Si Obama tiene sesenta compromisos de campaña, puede que 58 te parezcan mal, pero al menos con dos vas estar de acuerdo. Digamos que estás a favor del desarrollo verde y a favor del aborto. Bueno, empezaron a mostrarte en Facebook sólo estos dos mensajes.

¿Con avisos publicitarios?
–No, lo hicieron más sofisticado. Como algún amigo vas a tener que hizo un like a la campaña de Obama, ese like les dio acceso a los perfiles de todos sus amigos –esto también va en la licencia que nunca leemos–, entonces podían ver tu historial y clasificarte. Y además tenían acceso a postear desde el timeline de tu amigo, porque esto también está permitido. Él no lo ve, Facebook no se lo muestra, pero tú sí vas a ver muchos artículos así como “Obama el héroe de la energía alternativa”, “Obama el héroe del aborto legal”. No son propagandas de la campaña, son artículos de prensa bien elegidos. Y si tú por medio año ves “Obama héroe” de estas dos cosas que te gustan, al final vas a decir “oye, tan mal no está este Obama”. Bueno, en 2012 le cambiaron la opinión al 78% de la gente que atacaron así. Y Trump lo hizo con 250 millones. Creo que George Orwell se metería un tiro, porque ni él se imaginó algo así. La democracia es completamente inútil con algo así.

En un artículo explicabas que también los call center de Estados Unidos te clasifican mientras hablas, y cuando vuelves a llamar te
derivan a un empleado con una personalidad afín a la tuya.

–Así es. El que habla contigo no lo sabe, ¿no? Una vez conté esto en una conferencia y uno de mis estudiantes, la próxima vez que llamó a un call center, le dijo “¡oye hueón, deja de clasificarme la personalidad!”. El otro no entendía nada, ¡ja, ja, ja! El trabajo lo hacen alrededor de diez mil algoritmos que te escuchan hablar y clasifican tu personalidad en seis diferentes cajas. La última vez que hablé con esta compañía, me dijeron que ya el 30% de las llamadas a los call center de Estados Unidos están intermediadas así. Y ya hay sistemas que les dan inteligencia en tiempo real: el tipo está ahí con un monitor que le dice “ahora es el momento de ofrecerle tal cosa”, “ahora ya no”. Pero eso es reciente, por ahora lo más común es que te dejan clasificado. Y todo esto, al final, ¿a qué nos lleva? A crear burbujas, en todos los niveles.

¿Cómo así?
–Que la gente emocional sólo hable con gente emocional, la gente de acción con la gente de acción, los reactivos con los reactivos. Hablamos mucho de que ahora los demócratas no hablan con republicanos, pero esta fragmentación de la sociedad en subgrupos va mucho más allá de la política. La verdad, es una cosa triste. Pero no es culpa de la tecnología, es la manera en que la usamos hoy día. Toda tecnología es normativamente neutral, tú puedes usar un martillo para colgar un cuadro o para matar a tu vecino. Lo mismo con la tecnología digital: podríamos usarla para unir gente, para mezclar gente de opiniones opuestas, pero no lo estamos haciendo.

Y más rezagada aún queda la democracia, incapaz de mediar entre tanta información fragmentada. No hay denominador común.
–Claro, el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza. Esto de la privacidad y el comercio no es el gran problema, la gente tiene razón en no preocuparse tanto. Es útil que las chicas reciban comerciales sobre la píldora y los chicos sobre condones, ¿no? Ahora, Big Data para la democracia representativa… ahí termina. Tú sabes que la democracia siempre estuvo muy ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Aristóteles fue muy claro en decir que la democracia no podía ir más allá de un radio de 70 km, porque la información no podía viajar más que eso en un día. Por eso la democracia griega fue para una ciudad. Y en Estados Unidos, ¿por qué crearon las primarias, los colegios electorales por cada Estado y todo eso que conocemos? Porque el viaje en caballo de costa a costa tomaba una semana. Como no había acceso a la gente y la gente tampoco estaba informada, se necesitó todo este constructo representativo. Pero con la tecnología actual, este constructo está completamente abusado y tiene potencial para constituirse en una dictadura informacional, esto hay que decirlo abiertamente. Esto es lo que más me preocupa. La democracia representativa de esta manera no funciona.

Obligados a pensarla de nuevo…
–La verdad es que tenemos que repensarla completamente. Y ya tampoco podemos ignorar que las redes digitales son globales. O sea, personas que están a miles de millas se pueden ofender con una información que les llega y presentarse en la redacción de una revista para matar a los dibujantes. Es que todo esto pasó muy rápido. Llevábamos miles de años separados en diferentes culturas y nos tuvimos que conocer en un par de décadas. En el Islam dijeron que no quieren ver mujeres desnudas, y un día llegamos nosotros con el TV cable y les forzamos a mirar las tetas de Pamela Anderson. Y nosotros no entendemos por qué ellos pueden tener dos esposas. Entonces, si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global? No lo sé. Pero esto va a ser un camino de ensayo y error, como siempre ocurrió con la tecnología. Ahora vimos que Facebook, después de la elección de Trump, empezó a limpiar sus fake news, estas noticias mentirosas. Hace tres meses decían “no, nosotros no somos editorial”, y ahora están sacando cosas. Ya es un comienzo.

Y los Estados, ¿están sabiendo aprovechar el Big Data para las políticas públicas?
–No, están muy atrás todavía. Pero tienen una oportunidad muy grande. Se estima que el Estado posee alrededor de un tercio de los datos de un país, lo que es mucho. ¿Acaso tiene un tercio del poder productivo? Ni loco. El gobierno sabe todo lo que pasa en los colegios, en los hospitales, en los servicios de impuestos, ¡cuánta información hay ahí! Se puede aprovechar mucho más para políticas sociales y económicas, sobre todo en América Latina. Y lo segundo es poner la información que es pública a disposición de la sociedad, lo que se llama el Open Data. Pero ahí estamos aún más atrasados, incluso acá. Por ejemplo, a mí me nombraron Chair of Technology de la Biblioteca del Congreso, que en EE.UU. siempre fue LA institución de la información. Ellos mismos me invitaron porque se dan cuenta de que perdieron el tren y Google les robó el show en diez años. Y cuando voy allá, veo que todavía podrían recolectar mucha más información, y hacerla pública. Los mapas… ¡el gobierno tiene un montón de mapas! No necesitamos Google Maps, los militares tienen todos los mapas que necesitas. ¿Por qué no los hacen disponibles? Los precios de terrenos, qué tipo de terrenos hay para qué tipo de agricultura, quién es el dueño del terreno, todo esto el gobierno lo tiene y socializarlo podría ser muy productivo. Pero es una buena noticia: si el insumo de esta nueva economía son los datos y el Estado tiene un tercio de ellos, los puede usar para democratizar la economía.

Si es que también se democratiza la capacidad de usarlos.
–Sí, esa será la clave, y todavía no está claro si la disponibilidad de información crea más o menos desigualdad. Pero si en otra época el Estado destinó recursos para llevar la telefonía a las áreas rurales, ahora tendrá que hacerlo para igualar el acceso a Big Data. Son cosas que estamos aprendiendo, aunque los gobiernos ya podrían estar haciendo mucho más.

EL FUTURO ARTIFICIAL

¿En Silicon Valley están muy locos?
–¡Ja, ja, ja! Depende. Algunos, como este alemán Peter Thiel, quien creó eBay y que ahora está con Trump, él está un poco loco. Pero la verdad es que no son locos, son un poco arrogantes. Pero son arrogantes con justificación, porque realmente cambian el mundo, mucho más que un gobierno. Por eso también les llegó pésimo lo de Trump. Estaban muy enojados, no podían creer que se usó su tecnología para poner a un fascista en el poder. No, la verdad es que todavía están muy confundidos con eso. Bueno, dicen que la caída viene después de la arrogancia.

Algo que cuesta asimilar es que los datos, al crecer tanto, ya se explican a sí mismos, descubren solos sus relaciones causa-efecto. Como el traductor de Google, que se pegó el gran salto cuando le quitaron las reglas de traducción y empezó simplemente a comparar datos.
–Y con eso, además, ya puede traducir entre dos idiomas aunque nadie en el mundo hable esos dos idiomas. Te cuento un caso. ¿Te acuerdas de ese juego para Atari y PC, parecido al pimpón, en que tenías que mover una barrita hacia los lados para achuntarle a una pelota que rebotaba arriba en unos bloques? Y sacabas puntos al ir destruyendo esos bloques.

Sí.
–Bueno. Al DeepMind, un programa de IA que usa el Deep Learning, lo pusieron frente a ese juego y le dijeron “tienes que ganar puntos”. Pero no le dijeron cómo se ganan los puntos. Ni siquiera le dijeron “vas a ver una barrita, una pelota y unos bloques arriba”. Solamente le dieron la capacidad de reconocer pixeles. A los diez minutos, el DeepMind casi no agarraba la pelota, porque no entendía frente a qué situación estaba. Después de dos horas, jugaba al nivel de un experto. Y a las cuatro horas, mejor que cualquier ser humano. Pero no sólo por su precisión técnica, sino porque descubrió una estrategia para ganar que poca gente descubre. Es decir, sólo correlacionando movimientos de pixeles y puntos ganados por azar, llegó a innovar y ser más creativo que la mayoría de los humanos. Es lo mismo que hace la IA con el ajedrez. Se suponía que Go era el juego en que nunca iba a pasar a los humanos, muchísimo más complejo que el ajedrez. Bueno, DeepMind le ganó hace medio año al campeón de Go. Entonces sí, la información se autointerpreta y son mejores que nosotros.

¿Es cierto que las grandes compañías ya toman decisiones sin saber por qué las toman? Sólo porque la IA ve los datos y les dicen “hagan esto”.
–Claro, y está perfecto. Además, las relaciones de causalidad, muy filosóficamente, nunca las podemos conocer. Como decía Popper, sólo podemos descartar causas: tú no puedes saber si realmente X causó Y, sólo puedes comprobar que Z no causa Y. Pero estas correlaciones nos sirven para explicar y predecir. Ahora, si tú cambias el sistema que produjo estos datos, ahí te puedes equivocar muchas veces. Pero ese ya es otro problema.

Pero también sería un problema si, por ejemplo, llegáramos a meter preso a alguien porque su conducta en Facebook, según un programa, predice que es un potencial asesino.
–Sí, pero esto también lo hacen las personas. Si un sicólogo dice que eres un peligro para la sociedad, también te pueden encerrar. Y la verdad es que la IA es muchas veces más exacta que un psicólogo. Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles se quedan con nosotros. Los primeros imperios, por ejemplo, su gran innovación fue hacer canales de agua para sus plantaciones. Así ya no necesitaban usar un tercio de su fuerza laboral en ir cada vez al río y traer agua. Imagínate, qué brutal: un tercio de la gente quedó desempleada. ¿Pero qué hicieron con ellos? A la mitad los convirtieron en soldados y empezaron a dominar a otros pueblos. A otros los hicieron arquitectos y constructores y crearon las ciudades y templos más grandes de la humanidad. Otros se hicieron artistas, otros empezaron a escribir… ¡a escribir, hueón, no tenían nada más que hacer! Y es así como las sociedades han avanzado, ahorrando tiempo y automatizando tareas. Si un robot reconoce células de cáncer, te ahorras al médico. En San Francisco hay una farmacia donde no hay ninguna persona trabajando: yo soy un robot, tú me das una receta, yo te mezclo un poco de este polvo, un poco de este otro, lo pongo en una caja y te lo doy. Además el robot sabe exactamente qué interacción hay entre qué medicamentos, más que ningún farmacéutico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, incluso escribir noticias rápidas, como sabrás. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores, ¡abogados, hueón! Hay una aplicación en el teléfono que te dice cuánto estás obligado a pagar si te divorcias, según los detalles de tu caso. Te ahorraste mil dólares de abogado por pedirle ese estudio. Claro, es brutal. Pero esto ya ha pasado antes y no fue el fin de la historia. Inventaron hueás nuevas tan locas como escribir, que antes nadie tenía tiempo de pensar en eso.

Lo que sí sería nuevo, y es el gran miedo cuando se habla de la “era de la singularidad” que supuestamente viene, es que el robot pase a decidir por nosotros. En el fondo, que nos ganen.
–Claro, es la pregunta: si va a ser “el Terminator contra nosotros”. Mira, la singularidad viene. O ya está acá. Trata de deshacerte de tu celular por un año. Ya estamos fusionados con esta tecnología, como sociedad y como especie. Nuestra distribución de recursos ocurre básicamente en la bolsa, y acá el 80% de las transacciones de la bolsa son decididas por IA. El 99% de las decisiones de la red de electricidad son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía. Y si tú me dices “mira, Martin, recién descubrimos una especie donde un sistema que se llama IA distribuye el 80% de los recursos y el 99% de la energía”, yo diría “bueno, IA es una parte inseparable de esta sociedad”. Y ya no se puede deshacer, no se puede desenredar. Tú podrías irte a la cordillera, dejar tu celular atrás y nunca más tener interacciones digitales, pero ya no serías parte de nuestra sociedad. Dejarías de evolucionar con nosotros. El punto aquí es que la especie humana ya evoluciona en convergencia con la tecnología, que en algunos aspectos ya es mejor que nosotros… no en todos. De nuevo, la pregunta es qué cosas dejamos a la IA y qué cosas no.

Mientras eso lo decidamos nosotros y no ellos, si aprenden a pensar por su cuenta.
–Sí. Y si me preguntas a mí, digamos, filosóficamente, lo que creo que está pasando es que efectivamente estamos creando una supraespecie, otra especie superior. Pero la verdad es que no tengo tanto miedo de eso.

¿Por qué no?
–A ver… Normalmente entendemos que la selección natural, cuando hay dos especies, elige a una de las dos, la famosa “supervivencia del más apto”, ¿no? Pero también hay ejemplos de simbiosis en que las dos especies se fusionan, y yo creo que en este caso las dos especies se van a fusionar. Pero ya hablamos tanto que no sé si vale la pena explicar todo esto…

Parece que sí.
–Quizás para entenderlo hay que mirar cómo funciona la vida, los sistemas vivos. Como sabes, existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes –cada una con su respectiva pega– para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia. Se encuentran y dicen “mira, ahí hay una bacteria, ¿la atacas tú o yo?”. Piensan que son bastante libres, ¿no? Pero los grandes números crean una estadística confiable de que esa bacteria va a ser atacada, y gracias a la estabilidad de esos promedios es que mi sistema tiene la tranquilidad para crear lo que llamamos conciencia. Y lo que creo que va a terminar haciendo la digitalización es convertirnos a nosotros en células de un organismo mayor.

¿Cómo?
–A medida que la IA empiece a organizarnos, a programar a la sociedad. Y va a poder hacerlo porque si bien tú y yo creemos ser muy distintos, el funcionamiento de la sociedad, con los grandes números, consigue promedios muy estables. Entonces este organismo puede sobrevivir, hasta que yo me imagino que va a poder producir una conciencia. Pero nosotros ni vamos a saber que esa conciencia existe. Por eso te digo que no va a ser “Terminator contra nosotros”. Es un supraorganismo con el que nos estamos fusionando, y la digitalización es como el aceite que nos une. La verdad es que normalmente no hablo de esto en entrevistas públicas, pero eso significa para mí la singularidad: estamos convergiendo con la tecnología para crear un ente superior, que se llama sociotecnología, tecnosociedad o como lo quieras llamar.

¿Por qué no te gusta hablar de esto en entrevistas?
–Porque es muy loco, ¿no? Es muy profundo y hay gente que se preocupa más de la cuenta. Prefieren hablar del robot de Amazon que les mandó un paquete equivocado. Nos descoloca que nos hablen de un chip implementado en el cerebro, pero ya todos usamos tecnología para aumentar nuestras capacidades. No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y la manera en que esto ocurra va a depender de nosotros. Entonces nos conviene entender que tenemos por delante una gran responsabilidad, porque nosotros diseñamos las instituciones que van a definir el futuro de estas convergencias.

Fuente: the clinic

¿Qué es un campo popular? / Ensayo Revista Espectros. — Escrituras


A Enrique Hernández y Rodolfo Celestino López, in memoriam. Resumen Los cuerpos contaminados del presente global actualizan las raíces sangrientas raíces de los pueblos del sur como verdad de la tecnología del capital sobre el humano: el campo popular como bloque mundial de la biología explotada. II. Un pueblo es un resto, una diferencia, […]

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¿Match Point?


por Carlos Leyba

Último partido del año… parlamentario.  Sesiones extraordinarias e impuesto a las ganancias propuesto por el Ejecutivo. Mauricio Macri esperaba que Sergio Massa firmara un contrato de adhesión. Massa no lo firmó.

283789-match-pointEn subsidio, el PRO, supuso que cada uno se empecinaría en su proyecto. Había tres. Y que la reforma al impuesto a las ganancias habría de sucumbir por exceso de proyectos sin los votos necesarios.

Un golpe de astucia: proponer un proyecto en extraordinarias que no se habría votado porque ninguno, incluido Cambiemos, habría cedido para sumar mayoría. Error de cálculo. Como recuerda JL Borges, cálculo en latín significa  “piedrita”. Y el error de cálculo se convirtió en piedrita en el zapato que, como todos sabemos, impide caminar. Ahí estamos.

Massa se sumó a Axel Kicillof. ¿Ofensa por despecho derivado de que el PRO no buscó pactar? Sergio pasó de adversario o socio a enemigo.

Las órdenes de Jaime Duran Barba, esta vez, no fueron Zen sino histéricas. Su discípulo, Marcos Peña, afirmó que “Sergio Massa es la persona menos confiable del sistema político argentino” ; y su asesorado, Mauricio Macri, complementó con “a la larga, cuando uno es impostor, sale a la luz” y le recomendó que “con los años aprenda a ser confiable”.

Las descalificaciones responden, seguramente, a un “Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala”(RAE).

La situación es anómala. Los acuerdos parlamentarios que habían funcionado hasta ahora no se verificaron. Las reacciones gubernamentales fueron propias de una “excitación nerviosa”. Pero todo indica un estado pasajero. Si así no fuera no habrá posibilidades de legislar iniciativas gubernamentales. Y el Ejecutivo debería reglamentar las leyes de un Parlamento opositor. Estado pasajero.

Todo indica que las reacciones de Macri y Peña responden a la definición de “histeria” del diccionario de la Real Academia Española (RAE). No es bueno que la histeria gobierne.

Nadie duda, excepto el trío “Duran-Peña – Macri”, que la situación exige “consenso”. No sólo porque el Ejecutivo es minoría en el Parlamento y es minoría en el territorio de gobernaciones y municipios. Sino porque el país carece de rumbo.

Hemos pasado – gracias a la inconsistencia de los que se dicen peronistas – de la instauración de un modelo neoliberal a un proceso de consolidación del DIARgobierno de la oligarquía de los concesionarios (servicios, petróleo, bancos, etc.)

El primer modelo, menemista,  dominado por la economía para la deuda,  con privatizaciones, desregulaciones, apertura, desmontaje del Estado de Bienestar, adhesión plena al Consenso de Washington y al proceso de globalización, participación en las guerra del Golfo, destrucción de las FFAA, eliminación del sistema ferroviario, renuncia a la moneda nacional y retiro del Estado del diseño del Desarrollo Económico y Social, duró 10 años e implosionó, por no cambiar, con la administración de la Alianza.

El segundo modelo K mantuvo las privatizaciones, el desmontaje del Estado de Bienestar (36 por ciento de trabajo en negro, 30 por ciento de pobreza), adhesión a la globalización (primarización soja dependiente) ausencia del sistema ferroviario, un Estado sin programa de Desarrollo y – sobre todo – manteniendo, a pesar del discurso, las bases de una “economía para la deuda” administrada por los intereses de la “oligarquía de los concesionarios”. Mantuvo la ley de entidades financieras de la Dictadura y aspectos centrales de la ley de convertibilidad y generó un escenario legal para la fuga de capitales que sumó 100 mil millones de dólares en el período. Este modelo, sólo en el discurso (“miren lo que yo hago no lo que yo digo” Néstor Kirchner) fue la antípoda del anterior.

Lo común a ambos modelos, lo que realmente importa, fue la declinante participación de las inversiones reproductivas en la Demanda Global  como consecuencia del retiro del Estado de un programa de Desarrollo.

De la declinación de inversiones parte, por un lado, la reducción de la demanda de empleo y la baja en la productividad media del trabajo; y por el otro, la reducción de la capacidad tributaria para sostener las finanzas del Estado cuyas necesidades se acrecientan a consecuencia del incremento de los pagos de transferencia que suceden a la caída en el empleo productivo como resultado de la reducción de la participación de las inversiones en la Demanda Global.

Lo hasta aquí expuesto cubre 25 años (en realidad abarca 40 años) y pone en evidencia que la carencia de rumbo se mide por la incapacidad de financiar al Estado. Un Estado que, por otra parte, sólo se hace cargo del 50 por ciento de la educación, de la salud y de la seguridad.

¿Cómo se resuelven los dramáticos problemas argentinos? La condición necesaria es un rumbo que tenga un horizonte de permanencia en el tiempo y que rija en el territorio de la Nación. No se puede construir sin un consenso muy amplio.

El consenso, darle un sentido común y de largo plazo a la política pública, implica reconocer la igualdad de los actores, el carácter moral de los mismos y abrirse a la confianza de los compromisos. Todo eso es un supuesto necesario para compartir la identificación de los problemas y los criterios de las soluciones.

De nada vale imponer identificación de problemas o criterios de solución, si los mismos no son sostenidos por una mayoría consistente que, para ser tal, debe incluir las visiones de los distintos mundos que habitamos, el trabajo y el capital, la ciudad y la ruralidad, los distintos alineamientos partidarios, etc. Condición necesaria.

Pues bien. La realidad es que el proceso requerido para encontrar un rumbo y salir de la decadencia que la que estamos instalados hace 40 años, requiere como mínimo de un estado de ánimo que empieza por aquello de “quién esté libre de culpa que tire la primera piedra”.

Sin duda la histérica reacción del trío gobernante se debe a la sorprendente puesta en escena de la convergencia parlamentaria de los que fueran funcionarios del kirchnerismo en todas sus etapas. Muchos de ellos también lo fueron de la Alianza y del menemismo.

Pero en las huestes de Cambiemos se cuentan funcionarios del kirchnerismo, del menemismo y de la Alianza. A no olvidarlo.

El enojo, sin previo examen de conciencia, ha significado un descenso horrible en la posibilidad de construir alguna vez un consenso para un rumbo.

Y eso habla, de uno y otro lado, de una concepción pequeña, miserable, de la política y del bien común.

No se puede hacer política navegando entre la histeria y el despecho.

Lo gravísimo es que en un país con más del 30 por ciento de pobreza, con creciente desempleo, con  enorme informalidad laboral, con fracasos en la estructura educativa, con una infraestructura económica y social propia de un país menos dotado que el nuestro, con un clima de inseguridad alarmante, con una estructura judicial que la sociedad no la percibe como honorable, necesitada como pocos – por todas estas y muchas falencias malas – de un consenso para diseñar un rumbo de superación, escapa a la razón que los protagonistas del poder político den rienda sueltas a sus humores viscerales convocando a la escatología política. Triste.

También es increíble que el peronismo – o lo que quede de él allí – enrolado en el FPV, haya tenido el cinismo de liderar la eliminación del pago del impuesto a las ganancias para los asalariados.  Es increíble que los que se negaron sistemáticamente durante 12 años hayan abanderado la causa. Y también es increíble en los dirigentes del Frente Renovador.

El kirchnerismo es el responsable principal de la atrofia producida en el impuesto a las ganancias durante estos 12 años. Y es indignante que haya pronunciado, en la oposición, discursos de exigencia cuando en el oficialismo impidieron siquiera el debate. Cinismo puro.

Todo empezó porque Macri vino incumpliendo una promesa de campaña: terminar con el impuesto a las ganancias que pagan los salarios.

Una promesa, objetiva y precisa, cuando incumplida responde a una de dos causas y ambas graves. La ignorancia o la mentira. Ninguna tarea cumple con las artes del oficio a partir de la ignorancia o de la mentira. Para cumplir hay que conocer, no ignorar; y decir la verdad de lo que se conoce, no mentir. La verdad no alcanza. Y la ignorancia apesta.

Aclaremos antes de ir al punto de esta semana, la cuestión del impuesto a las ganancias y Macri, que en el gobierno K ha abundado la combinación de ignorancia y mentira.

La manera de haber logrado sobrevivir tanto tiempo a ambos males, fue la de poner la basura bajo la alfombra. Esa es la parte de la mentira. Y la de la ignorancia es, como dicen los rusos,  que “con la mentira se puede ir, pero no se puede volver”.

Entonces la primera  posible razón del incumplimiento de la promesa de campaña de Macri es la ignorancia. Macri dice que no sabía lo monstruoso de la herencia fiscal. Y una vez con las cuentas en la mano se apercibieron que no lo podían cumplir. Ignorancia inadmisible.  La otra razón es la mentira a lo Menem. En este caso me inclino por la ignorancia.

La mala noticia es que – como decía JD Perón – “yo he visto a malos que se han vuelto buenos, pero no he visto jamás a un bruto volverse inteligente” . El peligro de la ignorancia.

Macri estaba seguro que las recientes lealtades, por necesidad, de los gobernadores alcanzarían para que los diputados cerraran filas con los mandatarios provinciales.

El modelo de arreglar por territorio, efecto caja, no funcionó. La pelota que tiró Mauricio, con un proyecto no negociado en el Parlamento, fue mala.

Lo había advertido el Presidente de la Cámara, Emilio Monzó: “hay que hacer más política y menos marketing”.

Para Monzó hacer política es argumentar y pactar. Y en el Parlamento eso supone pactar hasta que se tiene la mayoría de los votos. Para Peña y Duran, que habitan el pensamiento de Mauricio, los “políticos” no importan y tampoco los argumentos.

Para ellos importa “la gente” (tomados de a uno, por eso el twiter) y hacer, lograr  “lo que la gente” quiere. El marketing es dar señales de haber escuchado lo que la gente quiere, “las cosas”, el metrobús, el perro viajando en subte, “no hablar de política” y no cansar con argumentos.  Con “la gente” no se argumenta ni se pacta. Para ellos toda “la gente” no son todos los ciudadanos, sino la mayoría que las encuestas revelan.

Esa mayoría – en términos generales – avala a Mauricio y definitivamente repudia a los que quedaron afuera por la corrupción. Lo refiere la excelente última encuesta de Ricardo Rouvier. Ese apoyo no significa un cheque en blanco para las políticas concretas. Y es lo que dicen las encuestas que señalan un claro desencanto respecto de la política económica.

Macri tuvo una derrota en la Cámara de Diputados consecuencia de haber incumplido una promesa por ignorancia y de haber tratado de enmendarla sin argumentar y pactar. Después del retiro espiritual de Chapdmalal tal vez hayan decidido, a su manera, “ir por todo”. Al igual que Cristina, Mauricio – “apelando a la gente por twiter y marketing”- jugó su partido con la estrategia de imponer.

La diferencia es que CFK “iba por todo” sobre la base de una mayoría parlamentaria disciplinada detrás de ese concepto insólito de “lealtad” que con tanta pasión, en nombre de Perón, repiten legisladores que lo combatieron siendo feroces opositores al Perón de carne y hueso.

La tropa propia de Macri no alcanza ni para escaramuza. Y todo lo que consiguió hasta la fecha se lo debe a los miembros de su fuerza que se han dedicado a argumentar y pactar que no son los CEO ni los marketineros.

Macri parece ingresar en el “vamos por todo” y repudiar la idea de consenso y pasar a la “pureza original”. Pureza complicada porque ya vimos que en las filas del PRO hay amplio surtido de sobrevivientes de casi todas las gestiones. Si los fracasos se acumulan dentro del PRO hay toneladas.

Claro que en la oposición parlamentaria los fracasos acumulados son muchos más.

En primera fila el kirchnerismo y sobretodo su última etapa. Pocas personas en la política han tenido el don de ubicuidad de Axel Kicillof,  “vení chiquito” para CFK.

Chiquito, hombre grande con look de niño, milita en el marxismo de Groucho y aplica su apotegma central “estos son mis principios pero si no le caen bien, tengo estos otros”.

El CV político de Axel es sorprendente. Pensaba cobrarle a Repsol el daño ambiental y terminó pagándole más de lo que realmente valía. Pagó de más al Club de Paris por no querer cumplir con el Art IV del FMI organismo al cuál pagaba las cuotas de socio y mantenía como director jugosamente rentado a un recomendado. Sus hombres avalaron el acuerdo secreto de YPF con Chevrón. Inventó el “barril criollo” que consiste en pagar por el petróleo mas que lo que esa commodity vale en el mercado internacional. Inventó el gas nuevo  para pagar 7 dólares el millón de BTU (cuyo costo difícilmente supere los 2 dólares) .Y recibió del desaparecido Carlos Bulgheroni, el más entusiasmado apoyo. Desde Nueva York y por C5N Bulgheroni definió la unción de Kicillof como “excelente”, porque el economista había tenido “un rol muy importante en muchas medidas” del Gobierno. “Es un desafío muy interesante -se entusiasmó Bulgheroni, que deberá negociar con el Estado a qué cotización se le toma la inversión que prometió traer a través del Baade, uno de los instrumentos del blanqueo-.Kicillof ha mostrado una permanente superación de sí mismo frente a los problemas.” También ponderó que el economista hubiera ayudado “a destrabar el problema del precio del gas” y agregó que el nombramiento en el Palacio de Hacienda ponía “una cuota de realismo y es positivo para enfrentar esta nueva etapa”. (La Nación, 20 de noviembre de 2013). Guau!!!  (El Baade refiere al blanqueo que sancionó el trío Gedeon Kicillof-Moreno – Marcó)

Axel se negó durante su gestión a revisar las escalas y la capacidad de daño en los ingresos de los sectores medios del impuesto a las ganancias. El problema que se debatirá en el Senado y cuya media sanción brindó diputados, tiene su origen, en continuidad, en la gestión de Axel Kicillof. La participación de “vení chiquito” en el debate y en esa sanción  referida al tema impuesto a las ganancias es, sin duda, un caso extremo de cinismo político. El cinismo político es el uso al extremo de la ignorancia y la mentira.

De un lado y del otro, la misma contribución para alejarnos de la posibilidad de un consenso sin el cual el rumbo se coloca en situación brumosa y más aún cuando el propio Macri, que goza del apoyo por el avance en el castigo a los corruptos, sanciona el decreto sobre el blanqueo que ampara a los familiares de los funcionarios y que como bien editorializa La Nación: “El Presidente no debió emplear un decreto para volver atrás con una idea que ya había sido descartada por ley. Tampoco debió poner en duda la transparencia de los actos que reclama la ciudadanía. Su decreto ha sido innecesario, inoportuno e incongruente con su propia predica”

En este caso me inclino mas por la mentira que por la ignorancia.

¿Match Point? Ignorancia, mentira y cinismo no pueden generar consenso. Y sin consenso no hay rumbo. Llega la Navidad ¿Y si hacemos un examen de conciencia?

Fuente:  DIARIO EPOCA

Sobre la noción de hecho social total


Bricolage

Eduardo González Castillo

Posgrado en Ciencias Antropológicas Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa

Presentación

Cuando -al menos como estudiante- uno se topa con la noción de hecho social total, es casi inevitable experimentar ciertas dudas acerca del significado correcto del término. Es quizá su aparente transparencia lo que más desconcierta, pues, al oírlo, la definición fácil se presenta casi espontáneamente: un “hecho social total” es cualquier fenómeno social considerado en la totalidad de sus implicaciones. Cuesta trabajo, empero, creer que un concepto tan significativo para la antropología se reduzca, sin más, a una perogrullada. Desde luego, la manera más apropiada de enfrentar esta dificultad semántica consiste en la revisión de los textos y autores involucrados. A continuación, con base en lo escrito por Lévi-Strauss, Cazeneuve y el mismo Mauss, presento un conjunto de notas con el objetivo de esclarecer el sentido general del concepto referido y el orden de ideas en que…

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LATENCIA Y ESPERANZA DEL KIRCHNERISMO


54489_1526038595778_1379045483_31401709_4614466_oEl peronismo, si se lo interpreta solo desde un punto de vista económico y político —en el sentido weberiano en tanto política profesional— queda reducido a la subasta del dinero y los cargos. Ahora bien, en esos cargos y en ese dinero, se disputa un inconsciente más profundo y se revela como el procesador psico-político de nuestros dramas, tragedias y comedias; el estabilizador religioso de una urbanidad decadente. De aquí que éste se piense en bares y cafés de los alrededores del Congreso, allí donde se tejen, subterráneamente, las verdaderas alianzas de la política doméstica, sus intrigas, conspiraciones, pero se ejerce, y se sufre, en el interior del país, en los márgenes de esa centralidad tan odiada como deseada. Desde esa visión psicopolítica todo lo que se hizo en el 2016, con la excusa racional de la auto-crítica de la derrota electoral, fue comenzar a procesar la muerte de Néstor Kirchner, libremente, sin la imposición oficial del Estado: discutir su lugar en el panteón peronista de los dioses.

nestornauta-y-cristinaA través de la muerte de Néstor Kirchner los jóvenes militantes abrazaron al Edipo nacional; un padre, una madre, un yo-peronista. Se disponen, en el nombre del Padre, a declararse, generacionalmente, legítimos herederos. Obviamente, el padre no se reivindicaba “kirchnerista”. El rechazo a la crítica del Padre Patagónico es permanecer en la idealización infantil. Sin muerte simbólica, sin crítica, no hay retorno. No van a poder volver. Para los hijos, impedir que Cristina se someta a la ley, a los tribunales (“si la tocan a Cristina…”) equivale a mantenerse fundidos a ella, como pito ejecutor del trasvasamiento generacional. En este sentido, La Cámpora es la metáfora de una formación incestuosa al nivel de la sociedad. Muchos dirigentes que estuvieron con NK, que formaron parte de su gabinete, firmaron sus decretos, propusieron dirigentes, trabajaron su agenda, están actualmente en el Frente Renovador de Sergio Massa. Quien fue algo así como primer ministro de CFK. ¿Se acuerdan cuando lo gastaban en Tinelli con lo de La Presidentaaaa? Para los peronistas de “La Renovación”, Néstor aparece como un líder con peso histórico específico, propio, un gran constructor de poder y acumulador sin igual de consenso y patrimonio, un animal político total, pero de carne y hueso. Para los jóvenes militantes, es la última encarnación de un linaje que comienza en Rosas y se ancla en la barbarie (concepto inventado por la literatura teológica política de Sarmiento) como verdad del estado. Es que el problema urgente del peronismo no es ¿qué hacer con “la revolución justicialista”? sino ¿qué hacer con la viuda? Por eso, el 2011 fue el triunfo de la culpa como campaña electoral.

La pelea de Moyano con Cristina tiene ingredientes materiales muy concretos, y es una guerra de dioses[1]. Moyano custodió el espectro de Juan Perón en la entrada de la CGT: “no ingresará nadie más acá”; “los sindicatos son de Perón”. Los delegados gremiales saben que así es, y por eso lo cantan, con celo. Todo el intento kirchnerista de poner a los propios en las listas de candidatos, en los directorios de las empresas subsidiadas, en los sindicatos, en los cargos de la administración pública, en las intendencias, bajo apercibimiento de hambruna de fondos, obras de infraestructura, y destrucción pública por cadena nacional produjo la reacción clásica de la psicología colectiva ante el “déspota ilustrado”. Hizo retornar otros espectros. Así “volvieron” los gorilas, Rucci, Vandor, Guardia de Hierro, y también Tosco, Huerta Grande, alguno se acordó de Gelbard. Nos amarramos al pasado, y con la muerte de Alfonsín, también se fundó el “Alfonsín-kirchnerismo”, para seguir idealizando, y masturbando el relato. El Dios Ubaldini ya amenazó con un paro si reparten la estampita del Padre de la Democracia en su iglesia. Volvamos.

La elaboración racional de la identidad peronista exige tiempo, el período de Néstor es levantado como bandera por Lavagna y se concentra en su aura la legitimidad técnica de la herencia “buena”, del “capitalismo nacional”, vilipendiada por “los hijos”, ahora estigmatizados como “secta maldita”, perfecto chivo expiatorio del oportunismo, esto es, descargar sobre militantes (sin trayectoria laboral sólida, sin formación política considerable, sin experiencia de base superior a diez años) el costo de una elección presidencial. Sin embargo, el 60% de los votos de la sociedad argentina son votos no peronistas, no identificados con tradiciones políticas. La mayoría de la sociedad argentina vive esta guerra de dioses como una disputa que le es ajena, que no la representa, una batalla cultural, ideológica, que padece como “grieta”. Acá hinca el diente el PRO y Clarinite. La globalización como ideología y “posmodernidad”. Es el PRO como caudillismo de empresa. El caudillo presidencialista es ahora delirado como CEO transnacional. Nos quita el peso de la historia, nos libera de la carga de la modernidad mediante la Estrategia de la Gran Trola (EGT): abrirse bien de gambas y dejarse penetrar, hasta el sangrado, agotando toda la renta, estrangulada de abusos. A la EGT se la presenta como “confianza” y “volver al mundo”.

Mientras tanto, se le encarga al periodismo la disputa por la interpretación del pasado, heroico en C5N, nefasto en TN. Algunos buscan que ese pasado actúe como gloria, otros como pesada herencia, de forma tal de controlar el trabajo psíquico e incidir en él con imágenes, archivo, conducirlo en su penumbra. Los primeros quisieran que se constituya como tradición, en el mejor de los casos; para los últimos en pesadilla y advertencia. Como no hay artistas, al estilo de un Leonardo Favio, y tampoco hay creatividad ni tiempo —estamos en el puro presente de la comunicación de los sistemas sociales— todas las lagunas, contradicciones, matices de la historia del presente se colman con estadística y encuestas de opinión. Negocio de la ciencia social.

La estrategia de Macri es intervenir en la latencia, involucrar a Cristina en lo cotidiano, hacer que se pronuncie todo el tiempo, bajarla del pedestal del 54% a la pelea del twitter, clausurando el trabajo psíquico-delirante del retorno: ella está ahí, y no es nada más que esto. El cálculo de Cristina es que la latencia, por un contraste de endeudamiento y colapso, la beneficie en el 2019 como redentora. Este último cálculo contiene un inconveniente no menor.

Perón despreciaba la verdad, pero sabía mentir. Jugaba con la verdad como nietzscheano, como artista del gobierno de los otros. El matrimonio Kirchner quiso darle un fundamento científico-metodológico a su voluntad de ilusión. Con título de Economista de la UBA. Le mintieron al pueblo desde el Indec. A las organizaciones sociales, que marcharon junto a la CGT el 18 de noviembre, no se las convence fácilmente de lo que no vivieron y arremeten contra el estado por su deuda: dame recursos ya, contención social y trabajo. Las tres T. Macri pudo hacer demagogia en el debate electoral, puede mandar a mentir a sus intermediarios en la televisión, pero no lo hace desde la estadística del estado, la que oficialmente lo denuncia en recesión. No hay indicador alguno que le regale oxígeno en su primer año. Aquel falseamiento, tan torpe, tan caro en el largo plazo, equivale al desprecio de los humildes. Moreno encarna, necesariamente, el ardor por el Papa.

Francisco, mediador último, organizador a distancia de la guerra de todos contra todos de la política profesional sin partido: representa el perdón de los pecados con el cual se levantará la mano del futuro presidente de los argentinos.

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Un modo supranacional, pacífico, de confirmar al Padre y a su crisis de representación.

Buenos Aires, 27 de noviembre de 2016

Leonardo Fabián Sai

[1] La expresión hace referencia al archi-conocido argumento de Weber sobre el politeísmo de los valores y el conflicto insalvable de las creencias extremas de la sociedad moderna; ninguna moral se puede imponer sobre las demás. No se cierra ningún debate, mucho menos el debate sobre la historia. Las actitudes últimas hacia la vida son irreconciliables; las luchas no se resuelve en una gran conclusión final sino que no cesan de diferenciarse, funcionalmente.

La pregunta del momento


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por Carlos Leyba

¿Cuándo arranca? Esa es, sin duda, la pregunta más repetida por los amigos del actual gobierno. ¿Cuándo arranca esta economía harto deprimida? Acostada. Desvanecida. En la que no hay signos de que esté por despertar.

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Sin embargo la pregunta implica suponer que el vehículo está preparado para funcionar, que el motor está en orden, que tiene combustible, que el sistema eléctrico está en condiciones y solo falta que alguien ponga la marcha y acelere. Por eso esa pregunta, por definición, es una pregunta amigable.

Nadie que no creyera que el aparato económico está en condiciones de ponerse en marcha la haría. Por eso es una pregunta de esperanza. Una esperanza en expectativa. Justamente es lo que dicen las encuestas acerca de la opinión pública y la relación con el gobierno.

Muchas encuestas, por lo que valgan después de la cadena internacional de desaciertos, estiman que el 40…

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