Ponganse de acuerdo … con la realidad


Por Carlos Leyba.

El columnista de La Nación Joaquín Morales Solá le dedico varios párrafos a la crítica al ministro Alfonso Prat Gay. Un encargo poco digno que se le asigna a Marcos Peña.Dice Joaquín que “es una figura complicada porque consiguió la unanimidad en su contra, la de halcones y palomas” ,“Le reprochan una ostensible soberbia intelectual” y dice que dijo “El trabajo macroeconómico está terminado”. Con esa afirmación, el periodista, le atribuye una frase que sólo cabe en un disminuido. Y concluye “ quiere ser presidente”. Con compañeros y amigos de ese calibre no se puede caminar muy seguro por los pasillos de la administración.

La respuesta llegó el sábado en La Nación en un reportaje en el que Prat confirmó con sus dichos el tufillo de soberbia que lo blinda. Dijo, por ejemplo, “La recesión que estamos viviendo no es nuestra, sino que la heredamos”. Una verdad a medias no es toda la verdad. La heredaron y la acrecentaron.

“Algunos sectores empiezan a tener dinamismo, fundamentalmente todo lo vinculado con el campo”. Justamente, el problema argentino no es la falta de vitalidad o dinamismo del sector primario. El problema es la tendencia de mediano y largo plazo de ausencia de vitalidad y dinamismo de la actividad e inversión reproductiva de la industria. La respuesta de Prat es, en consecuencia, la propia de quien tiene vocación de ignorar y no quiere reconocer la realidad. Lo propio de quién al menos reconoce que no puede conducirla.

La realidad es que la economía no arranca. Entonces el ministro dice “La Argentina se pondrá en marcha con ayuda de todos, y requerimos empresarios menos pendientes del próximo trimestre y más de las próximas décadas”. Un clásico. Dado que diga lo que diga, la sociedad observa que no nos pusimos en marcha, entonces, dice que la responsabilidad es de otros. Un clásico que con razón le atribuíamos al kirchnerismo. Para ambos, Prat y Kiciloff, la responsabilidad es en particular de los empresarios.

Como el lector recordará el programa de Mauricio Macri y el PRO era y es “la confianza”. Con la confianza, que creían que “el capital” les tenía, nos inundarían los dólares e inversiones. No hubo ni lo uno ni lo otro. Y hubo que salir a pedir prestado a tasas gigantes, aunque mas bajas que las que pagó Axel Kicillof. Eso dice Prat y es cierto.

Pero habría que dejar de comparar con el pasado porque la vara de Kicillof es tan impresentable que cualquier resultado comparado con la gestión K es un éxito. Y siguiendo la línea de afirmaciones precarias de Prat citemos aquella en la que afirma “No podemos decir que cayó el salario real. Hay que ver sector por sector.” La respuesta correcta es cayó el salario real y que, seguramente, hay excepciones. Pero el consumo, que es la manera de medirlo, se desplomó. Ello que sugiere el descenso de la calidad de vida y en consecuencia el aumento de la pobreza que la UCA había puesto en blanco y negro antes y ahora.

Prat ahora dice “El análisis de la UCA no es completo” No se anima a decir es equivocado. Decir “no es completo” simplemente afirma que le falta algo y eso hasta debe estar escrito en la introducción de los informes. No refuta nada.

Llegando al final dice “El resultado más concreto es la caída de la inflación” La inflación es el aumento generalizado del nivel de precios. La caída en la inflación, en todo caso, no es más que el descenso de la velocidad del aumento generalizado en el nivel de precios. Y eso puede ocurrir y ocurre siempre que los niveles de precios alcanzados, el costo del nivel de vida, es de tal relación con el nivel de los salarios que produce una merma del consumo.

En esas condiciones el freno de la inflación no es necesariamente una buena noticia, porque puede suceder que comience un período de liquidación, o de ingreso de productos importados, que acompaña a un freno en el nivel de actividad. Es cierto que algunos indicadores de inflación marcan una desaceleración, que primero no es una baja en el costo de vida, y segundo que obedece más a una reducción de la actividad o recesión, que a un proceso de crecimiento con estabilidad de precios que es lo único que representaría una buena noticia. Y como colofón, tan es así, que Prat afirma, esta vez con razón “No hacer un pacto social implica menos actividad económica y más inflación”.

Es verdad, este gobierno y el anterior, se han negado a llevar a cabo la única estrategia sabia para combatir la estanflación (estancamiento o recesión de la actividad económica con inflación) que es el Pacto Social, el acuerdo de las fuerzas económicas, sociales y políticas para el diseño de mediano y largo plazo. Es que el consenso es el único escenario en que la inversión homologa el crecimiento de la actividad, preserva el nivel de los salarios, genera estabilidad y produce el incremento de la productividad.

Este gobierno, como el anterior, han militado en contra del consenso de un Pacto Social y aún hoy, cuando pretenden el diálogo, lo hacen como escenario de gana tiempo recibiendo a los sectores por separado. Una “mise en scène”. Nada.

El ministro pide “ Denme el beneficio de la duda de que vamos a lograr salir adelante.” Una frase que corresponde a quien sabe que no puede pedir “confianza” porque no se la ha ganado y sólo reclama el “beneficio de la duda”. ¿Cómo darle ese beneficio? El, miembro del gobierno, sostiene la necesidad del Pacto para el consenso y sin embargo, dice “Queremos autoabastecimiento energético, porque todas las empresas deben tener posibilidad de explotar gas y petróleo a un precio más barato del que importamos gas licuado.” Veamos. Dice Prat “las empresas deben tener posibilidad de explotar gas y petróleo a un precio más barato del que importamos gas licuado”.

¿No sabe acaso que YPF explota gas a 1,9 dólares el MMBTU y el barril de petróleo a 27 dólares el MMBTU (Informe a la SEC)? En 2002/2003 los petroleros pedían se fijara a 1 dólar el MMBTU. Luego se realizaron contratos privados a menos de 2 dólares el MMBTU y hoy – y gracias a Axel Kicillof – el petróleo, que en el mundo se transa a 42 dólares, el barril en la Argentina, con subsidios, llega a 60 dólares. Y el gas licuado, en los últimos tiempos en los que podemos suponer que no hay corrupción, puede llegar a 7 dólares el MMBTU.

Pero la Argentina tiene un costo de explotación infinitamente inferior al gas licuado importado e inclusive al precio del barril si lo importáramos.

Sin embargo JJ Aranguren declaró que no conoce los costos de explotación y se siente con autoridad para determinar el precio al que deben venderse a las productoras y distribuidoras. Increíble. Pero más increíble es que aún no sepamos a quién fueron los subsidios. ¿Fueron a compensar costos que desconocemos? ¿A generar super utilidades a los concesionarios? ¿Qué Pacto se puede ofrecer si en el tema más urgente y uno de los mas importantes se oculta o se ignora, por desidia, la verdad de los costos y el destino de los subsidios?

El reportaje a Prat conforma un conjunto de declaraciones de auto elogios inmerecidos. Toda la herencia fue bochornosa. Pero aún no han podido revertirla. Y la confesión que para hacerlo hace falta un Pacto, que no hicieron y que no van a hacer, pone las causas del atascamiento en el que estamos donde tiene que estar que es en quienes hoy gobiernan más allá de la inmensidad y perversidad de la herencia innegable. Las cosas no están bien y nada alienta que vayan a estar mejor si siguen haciendo lo mismo. No les queda más que cambiar. ¿Lo harán?

La actividad industrial se desplomó, se reafirma el proceso de retraso cambiario y con este viaje de Mauricio y Prat se aceleran las generosas relaciones comerciales con la República Popular China, que implican el diseño de un plano inclinado para el desarrollo de la actividad industrial.

El desplome se mide por el uso de la capacidad industrial instalada que se encuentra, a lo largo de la gestión Macri, en apenas 62 por ciento de lo disponible; o mediante el Estimador Mensual Industrial, que hace 6 meses que cae y que en julio 2016 acusó un nivel de 8 por ciento menor al del año anterior. Es decir capacidad ociosa y tendencia u horizonte negativo sectorial.

El retraso en materia cambiaria se observa en el hecho que el tipo de cambio nominal, de fines de agosto, fue igual al de fines de marzo de 2016. El tipo de cambio se comió la inflación de los últimos meses.

El optimismo de Alfonso Prat Gay respecto de la inflación futura viene acompañado de un mazazo monetario sobre los niveles de actividad. Para la industria, el entusiasmo de Prat Gay no es malo si se trata sólo de las consecuencias que él proyecta (la inflación bajaría) pero es malo por la causas que él sugiere la provocan (la economía no arranca).

Lo más significativo, en este punto, es que la corrección del tipo de cambio derivada de la unificación, teniendo en cuenta monedas y precios, ya se habría agotado. Y si bien los valores para el comercio, en términos reales, son aún mayores que los de 2015, no obstante marcan un retroceso respecto de los últimos años, incluyendo todos los años K.

Es decir del estado actual del tipo de cambio, explícita ancla anti inflacionaria, resulta que la presión importadora continuará y la posibilidad exportadora declinará. A este dato habrá de sumarse un hecho nuevo: el éxito del blanqueo. El mismo generará un alivio transitorio en las cuentas públicas, por el ingreso de un mínimo de 5 mil millones de dólares. Pero también un impacto gigante en el mercado cambiario que implicará inexorablemente un nuevo efecto revaluatorio. ¿Quién y cómo lo evitará?

Atrás de la revaluación siempre sucede la fuga de capitales que durante la dictadura genocida la monetizó la deuda externa y lo mismo ocurrió durante el menemismo. Con los Kirchner a la fuga la monetizó la soja. Importa de dónde vienen los dólares. Pero importa más cómo se usan. Lo deberíamos haber aprendido antes de que lleguen los dólares del blanqueo. Volvamos a los señalamientos del principio

Finalmente con China, nuestro tercer hito, en el primer semestre tuvimos un déficit comercial de 3125 millones de dólares, asociado a un aumento de las importaciones de bienes de consumo.

La alegre marcha hacia el Oriente, iniciada por Franco Macri cuya cara ocupa hoy, en la reunión del G20 , el lugar del presidente argentino, aleja la posibilidad de una sabia reconvención de los apresuramientos estratégicos de CFK. Es que, en el horizonte próximo, se levanta con fuerza la idea del reconocimiento de China como economía de mercado. No por nada la cara de Franco esta superpuesta a la de Francisco. ¡Que baño!

Y esta condición, otorgada a la fabrica asiática, administrada por funcionarios devotos de la eliminación de controles, barreras y defensas protectivas; y convencidos que no sólo no hay que defender lo poco que nos queda sino que además hay que “liberar las fuerzas del mercado para que la creatividad se ponga en marcha” nos auguran una inundación tal vez lenta pero consistente de trabajo chino a la mitad del salario nacional en decadencia. Y de paso recordemos que nos piden un chapuzón corajudo en aguas del Pacifico.

Ninguna de los tres señalamientos (declinación, revaluación, China) es sólo una cuestión de coyuntura. No son accidentes en un camino bien rumbeado. En rigor son tendencia negativas para el aparato productivo que, como hemos visto con la fuga, se arrastra de largo y que han terminado por naturalizarse como inevitables o necesarias, en la cabeza de las elites que nos gobiernan con independencia de las convicciones ideológicas. Son enfermedades crónicas que sólo se pueden reparar en el marco de definiciones estructurales.

Necesitamos la restitución del modelo de tipo de cambio propio de una economía y una sociedad, de “dos velocidades”. Esto es retenciones para las exportaciones primarias a un tipo de cambio definido como capaz de generar el pleno empleo urbano. Esa es la única manera de tener – dadas las condiciones estructurales pre inversión y pre transformación – salarios altos en términos de canasta de consumo y precios competitivos en términos de producción industrial.

Necesitamos políticas estructurales para la transformación y expansión de la industria; el redespliegue demográfico; y un programa agresivo de infraestructura basado en industrias locales.

Pero doce años preñados de oportunidades, mala praxis disfrazada con palabras de transformación, están sirviendo como argumento de contraposición a quienes reivindican, desde el actual gobierno, el monetarismo para terminar con la inflación y la apertura para obligar a la industria a “hacer gimnasia” y convertirse en competitiva.

La inflación puede bajar. Lo ha hecho otras veces. Pero el método elegido, al igual que el de la convertibilidad, es equivalente a la anfetamina para adelgazar: bajamos de peso pero aniquilamos el cerebro. La estructura económica se vuelve torpe e inútil. La recesión puede bajar la inflación pero destruye capital. No es un método saludable. Puede ser eficaz pero no eficiente.

La apertura, por su parte, puede obligar a hacer gimnasia y a reducir grasa y también destruye masa muscular. Sin ella el esqueleto no se sostiene. Y es lo que nos ha pasado con la dictadura, con el menemismo y – aunque controlada en sus apariencias – con los K.

Por cierto ni el jolgorio monetario ni el cierre a cerrojo de la economía, son métodos tolerables.

De lo que se trata es asegurarse, en toda política, las condiciones de inversión y el horizonte de competitividad. Lo que debe gobernar es la política de largo plazo de diseño estructural.

Y en la coyuntura, cuando como hoy estamos en estanflación, no hay ni ortodoxia ni keynesianismo que puedan revertir las cosas. Lo reconoce Prat. Pero no lo pone en practica.

La estanflación necesita de un remedio especial. Es la concertación, con un programa multisectorial, para estabilizar y crecer. La concertación que implica consensos estructurales, posibles y necesarios, es el único horizonte que puede desencadenar el proceso inversor sin el cuál todo rebote, que lo puede haber, será efímero.

Por eso, después de escucharlo a Prat y los golpes por encargo de Joaquìn Morales Solá, nos resta decir, primero, pónganse de acuerdo entre Ustedes y después miren la realidad.

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