Entre la confianza y la animación.


Por Carlos Leyba

En estos 150 días el gobierno PRO se abocó a resolver problemas heredados. Como veremos conceptualmente es una tarea a medias.  Los primeros pasos fueron atender el sistema de precios relativos insostenible y la salida de un default innecesario. Le sigue la propuesta para la solución de la deuda y los atrasos jubilatorios; y la recuperación de parte de los tributos evadidos, instrumentada por blanqueo y moratoria, y el eventual retorno de excedentes fugados. Todo esto era y es necesario.

Recordemos que estos “Cuatro jinetes del Apocalipsis económico” (perversidad de los precios relativos; deuda externa; seguridad social; fuga de capitales y evasión fiscal) han asolado, juntos o separados,  nuestra economía durante varias décadas. Dominarlos es siempre una tarea prioritaria. Pero una tarea parcial.

Limitar la acción del Estado, en la economía, a ese trabajo prioritario y parcial, es absolutamente insuficiente. Y como bien sabemos lo “insuficiente” finalmente anula lo necesario. Veamos.

Nuestra historia de acomodamiento de precios relativos ha sido tumultuosa. Particularmente desde el célebre “rodrigazo”. También lo ha sido la repetida tarea de “resolver” el problema de la deuda externa. Al igual que el reiterado intento de “arreglo de la cuestión jubilatoria”. Y ni hablar de blanqueos y moratorias que suman demasiadas intentos vanos.

Son incontables los programas diseñados para abatir a esos “Jinetes del Apocalipsis”. Al “rodrigazo” (precios relativos) debemos agregar la privatización del sistema de seguridad social que Domingo Cavallo lo “arregló” con un endeudamiento en dólares de 30 mil millones. Ni hablar del blanqueo de Cristina Elizabet Fernández que tiene el récord de capital fugado en un período presidencial. Finalmente penoso recordar el “Blindaje” de Fernando de la Rúa. Y así.

Con todos esos intentos los “jinetes” han seguido vivos. Al asumir Mauricio Macri atropellaban a galope furioso y desbocado. En términos económicos, atacar esos jinetes, es intentar la reparación de esos problemas.

Muchísimas veces acudimos al mismo mecanismo actual para las reparaciones. Las necesarias reparaciones de entonces, todas fueron gravosas, y pocas veces por sus resultados – si es que alguna- fueron “acertadas”. Estas son gravosas y falta saber si han sido acertadas.

Pero en lo que no hay duda es que, desde el punto de vista del futuro, fueron insuficientes como lo demuestra el lugar en dónde nos encontramos. Aquellas reparaciones de nada sirvieron. Los cuatro jinetes, una y otra vez, se han presentado vigorosos. Es más no ha habido gobierno, en estos últimos 40 años, que no haya comenzado su faena ocupándose de resolver “definitivamente” esos problemas heredados y sus causas.

Es que, en estos 40 años, no se ha comprendido que los sistemas no se reparan. Se rediseñan. Es decir, si no se modifica la estructura – que dio lugar a esas alteraciones – es inexorable que se produzcan los mismos daños.

Las reparaciones son necesarias. Pero, si una vez realizadas, lo que sigue dominando la escena es la continuidad de las estructuras previas, el retorno de los daños es inexorable.

¿Cuál es el ADN de la generación de estructuras de precios relativos perversas?¿Cuál el de la continua apelación al endeudamiento externo?¿Cuál el ADN de la permanente crisis de la seguridad social?¿Cuál el de la fuga de capitales y su asociada la evasión fiscal? Si no se modifica el ADN, el mensaje genético, de nuestra estructura económica es claro que todo volverá como reiteradamente lo ha hecho.

Aclaremos que más allá de lo mal, desprolijo o insensato de la búsqueda – por parte de Mauricio Macri – de la solución de los problemas heredados, tal cuál estaban las cosas, la continuidad sin reparación auguraba un colosal colapso. Ni que dudarlo.

La economía K – desde su inicio – estaba condenada al colapso por la simple razón  que lejos de apuntar a una transformación genética apostó adicionalmente a profundizar el deterioro del sistema. Recordemos que pudo prorrogar el proceso “beneficioso” en la medida que los términos del intercambio (el precio de la soja) nos fueron crecientemente favorables. Cuando esa dinámica se agotó la polvareda del galope de los jinetes del Apocalipsis hizo temblar las estanterías del kirchnerismo. Las estanterías se iban cayendo sobre la cabeza de los que estaban por venir.

Néstor y Cristina Elizabet Kirchner nada hicieron en materia estructural. “La economía para la deuda” – a pesar de la quita – se reavivó con ellos: la tendencia a la deuda externa recaló tempranamente en los acuerdos con Venezuela y con Axel Kicillof incluyó a los de la República Popular China. Ambos caros. Y el último tan gravoso como para incluir las represas “La Barrancosa” y “Cordón Cliff “ a las que este gobierno – con modificaciones para paliar daños ambientales –les ha dado, asombrosamente, continuidad con la liviandad de quienes someten la “política internacional” a la acumulación de votos para hacer a la señora Susana Malcorra Secretaria General de la ONU. Lo cierto es que la represa fue (y es) una consecuencia de las “condicionalidades”, esta vez chinas, que adopta la “economía para la deuda”. Esto se suma, bueno es recordarlo, en tiempos de apertura, al carácter de economía de mercado con que Néstor le abrió la puerta al festival de importaciones chinas.

Recordemos que Cristina Elizabet, en su primera presidencia, posibilitó la fuga de 20 mil millones de dólares por año; profundizó el descalabro de la estructura de precios relativos, incluidas tarifas y tipo de cambio; y contribuyó al desbalance previsional llevando el peso de las jubilaciones al 10 por ciento del PBI – con un PBI estancado – sumado al uso de esas cajas para otras finalidades por más justificadas que fueran.

La gestión K excitó a los jinetes y construyó una nueva versión de los viejos problemas los que Macri aspira a reparar. Nada hizo para rediseñar la estructura que los producía. La gran pregunta es si lo hará Macri. ¿Logrará escapar de la economía de la especulación que impulsa el BCRA e ingresar a la de la producción que, por ahora, no tiene promotores en el poder?

Lo grave del presente es que estamos abocados a la reparación de los daños y alejados de la idea de rediseño estructural o de futuro. El gobierno está entrampado en el pasado. ¿Repiten estos jóvenes del poder – que desprecian la política y que sobreestiman su experiencia como gerentes de intereses privados – el estado de abismo acerca del futuro que viene alimentando la mismas crisis desde hace 40 años?¿Qué es lo nuevo en ellos?

Jean Tirole – premio Nobel 2014 – acaba de publicar “La economía del bien común”. Más allá de doctrinas y argumentos, sostenidos a lo largo de más de 600 páginas, lo relevante de esta obra es que recuerda que no es posible pensar la economía si no lo es a partir del “bien común”; y el “bien común” no es tal si no incluye de manera dominante la dimensión del futuro, que no es sólo lo que pensamos sino lo que estamos haciendo ahora. Henri Bergson dijo “El futuro no es lo que va a venir, sino lo que nosotros vamos a hacer”.

De eso se trata “la política” que, la gestión PRO, ha decidido por ahora ignorar. En subsidio acaban de crear una “subsecretaría” para “pensar estratégicamente”. ¿La estrategia detrás de los hechos, tres escalones abajo? Desde el punto de vista de la acción denotan el mismo desinterés por el futuro que Cristina Elizabet que creo una secretaría de “pensamiento” en manos del Licenciado en Filosofía Ricardo Foster.

Las decisiones sobre el pasado, aún si fueran soluciones, nada dicen acerca del futuro. ¿Qué es lo que está detrás de la ausencia de definiciones para el futuro?

La impresión es que lo dominante es la idea que, a partir de la existencia de “un orden”, la economía (y la sociedad) por sí solas se pondrán a marchar hacia el progreso. Claro que definir qué progreso no es una cuestión menor. ¿Qué sociedad queremos ser?

Volviendo atrás, hay una ideología, y la que manifiesta este gobierno es el “orden” del “Estado de Confianza”. Confianza es lo que dicen querer crear Macri, Marcos Peña y el espantoso gurú. ¿Qué es la confianza? ¿La confianza de quién y para qué? Por ejemplo si pago una tasa de 38 por ciento anual y plancho el tipo de cambio, entonces, genero confianza para la especulación a corto plazo. Ahí estamos.

La respuesta del gobierno para el futuro, hasta ahora, es que “reparados los problemas heredados” se habrán instalado las condiciones de “confianza”. Y a partir de ellas el prado volverá a florecer. Las inversiones llegarán incitadas por la confianza. Y la confianza terminará abatiendo la inflación. ¿Qué o quién creará la confianza en la producción, en la inversión, en la creación de empleo?

En razón de esa expectativa del PRO, “la práctica de la reparación” ha sido excluyente de todo otro proceso político. La doctrina es: nada de largo plazo, ni de consensos – sin los que el largo plazo es una quimera – ni de acuerdos globales. Nosotros creamos “orden”.

La idea motora es reparar el desorden heredado y, una vez instalado “el orden”, lo demás llegará por añadidura. Eso, para Macri, es construir el “Estado de Confianza”. Punto.

¿Será por eso que no hay nada que se parezca a una política consistente contra la inflación y a favor de la inversión real?  ¿Ni nada que responda a la cuestión central de una economía que hoy profundiza su estado de estanflación, con una tasa de inflación de más de 40 por ciento en 12 meses y una caída vertiginosa de la actividad industrial y de la construcción?

Con el blanqueo post holdouts los PRO apuestan a la llegada de miles de millones de dólares y a fuertes impactos en la recaudación para 2017.

Por ahora “la confianza” está relegada al colosal “pedal” financiero montado sobre las tasas de interés de Lebac y el tipo de cambio en retroceso, el que genera una tasa de rendimiento en dólares que llena de “confianza” a la especulación y que, lejos de alentar exportaciones, alienta el proceso importador. Es decir contribuye a la “economía de la deuda” y así …

Todo este enfoque demasiado elemental, aviva la idea del derrame que, finalmente, es la doctrina del mercado. Una doctrina que deja al “bien común” como un resultado; y no como una búsqueda. En esa visión, parangonando a Alfonso El Sabio, sólo hay cuestiones que el marcado ha arreglado y otras que el mercado arreglará.

El “Estado de Confianza” – lo que propone Macri – es eso. El mensaje PRO es: arreglamos los precios relativos (¿qué set de precios relativos?), el default, la cuestión jubilatoria y el blanqueo y – en esas condiciones – la “confianza” edifica una nueva economía. Creen eso. Hombres de fe laica.

Frente a esa visión lo realmente nuevo, como siempre, es algo que se ha olvidado. Algo que esta nueva gestión o desconoce o ha olvidado; y que la anterior, para no ir más atrás, ignoraba o había olvidado: el “Estado de Animación”.

Si Macri aspira al “Estado de Confianza” podemos decir que es el espejo del “Estado de Desconfianza” al que apostó y puso en práctica el kirchnerismo: un Estado amarrado, ansioso de ninguna regla, a la discrecionalidad.

El “Estado de Animación” tiene que ver con el futuro y la estructura, con “lo que nosotros vamos a hacer” (H.Bergson), con el qué y el quién. Está claro es el Estado quién anima. ¿Cómo?

Primero, la estructura de precios relativos debe ser tal que anime la producción, la creación de trabajo, el desarrollo del interior y la multiplicación de las exportaciones. La presente tasa de interés desanima la inversión y revalúa el tipo de cambio. Estos precios relativos, reparados, no van por el buen camino. ¿Es acaso racional combatir la inflación con  la locura de las tasas de interés de Lebac? ¿Qué oferta se puede alentar?¿Qué presión a la baja genera en el tipo de cambio real? ¿Con  qué plan de largo plazo es compatible esta estructura de precios relativos? ¿Y la inflación? ¿Política de ingresos sin consenso? ¿O acaso procuran bajar la inflación con apertura importadora? Alianza del Pacifico, Unión Europea ¿Midieron las consecuencias? ¿Cuál es el grado de consenso para la continuidad?¿Quién puede construir “confianza” sin consenso?

Segundo, la cuestión de la deuda. Si la tasa de interés de la deuda es mayor que la tasa de crecimiento de la economía en dólares, es inexorable el crecimiento del peso de la deuda sobre el PBI. ¿Qué proyectos de balance comercial positivo hay detrás de cada esquema de financiamiento? ¿Cuál es el papel de la industria? ¿Qué política industrial se financiará?¿Qué y cómo es lo que el Estado va a animar?¿Qué estructura productiva para un país con balance comercial externo de la industria escandalosamente negativo, con un desempleo estructural enorme?

Tercero la cuestión jubilatoria. Con este nivel de empleo real, con esta escasa participación de la población económicamente activa en la fuerza laboral, con este nivel de trabajo asalariado en negro, con esta estructura de empleo. ¿Es imaginable un sistema previsional sano? No hay solución a los pasivos sin una solución al sistema laboral de los activos. ¿Cuál es la estructura y la dimensión del empleo que el Estado va a animar?¿Cuál si tenemos en cuenta que la proyección de las cuentas jubilatorias superará el 10 por ciento del PBI?

Y, finalmente, la cuestión del blanqueo. Sin duda esta vez las probabilidades de éxito son muchas. No por las normas locales sino por las decisiones internacionales. Se acabaron las guaridas. Los 400 mil millones de dólares fugados equivalen a 2 millones de puestos de trabajo nuevos con un capital de 200 mil dólares cada uno; o a 130 mil dólares para cada hogar pobre tipo; o a 13 veces las Reservas del BCRA; o a 4 veces los depósitos en el sistema financiero local.  No todo lo fugado es negro. No todo genera impuestos por el blanqueo. No todo volverá. Y lo que retorne difícilmente encuentre razones para aplicarse al aparato productivo si no aparecen señales de “animación”.

Lo que si pone en evidencia el tema del blanqueo es que el tamaño comparado de la fuga es una medida del atraso de nuestra economía.  Atraso basado en la ausencia de una moneda nacional, en una inestabilidad de precios relativos que inhibe el ánimo inversor, una “economía para la deuda” incapaz de generar una industria razonablemente suficiente, un sistema social insostenible sin creación de empleo. Y fundamentalmente atraso basado en la ausencia de un Estado Animador que existe a partir de un programa consensuado de largo plazo con herramientas eficaces. ¿Cuál es la animación del Estado requerida para invertir la corriente de fuga? La fuga, en términos de crecimiento, no es sólo la expatriación o el atesoramiento, sino también la cultura del cemento que hace que desde 1960 vivan en Buenos Aires 3 millones de habitantes y crezcan las torres de fuga … del proceso productivo.

Reparen el pasado. Si. Pero si la estructura no es rediseñada se repetirán las mismas crisis. Lo que es seguro es que el rediseño no será nunca producto del Estado de Confianza, tampoco del de Desconfianza,  sólo del Estado de Animación. No hay rediseño posible sin consensos de largo plazo que brinden horizonte.

El PRO tiene que aprenderlo porque parece no saberlo. La “animación” es política aquí y ahora. En medio de las reparaciones, necesarias e insuficientes, el tiempo no sobra. Y lo que no sobra puede convertirse en escaso.

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