Entre cómodo y severo, por Carlos Leyba


Carlos Leyba

Un barril iluminado desde uno de sus costados, sobre una pared, se proyecta como un rectángulo. Iluminado desde arriba se proyecta, sobre el piso, como un círculo. El objeto real se nos escapa. La iluminación parcial nos evade de la realidad.

De la misma manera, sin un marco teórico, es difícil observar la realidad. La  multidimensionalidad y la visión o marco teórico consistentes, son condiciones necesarias para cualquier diagnóstico. Por cierto necesarias; pero no suficientes. Por ejemplo, falta mencionar la veracidad comprobable de los datos. ¿Los diagnósticos oficiales responden a esas exigencias?

CFK en su último discurso de apertura del Congreso propuso un diagnóstico de la sociedad que, el 10 de diciembre, dejará en manos de otro.

El mensaje para los que vienen, tanto sean miembros de la actual oposición o del actual oficialismo, se sintetiza en la siguiente expresión  “yo no dejo un país cómodo para los dirigentes, yo dejo un país cómodo para la gente”; y ese, dijo, es “el país que viene”.

“Un país cómodo para la gente”. ¿Cuál es “la visión” presidencial de qué cosa hace que “la gente” esté cómoda; y  qué dimensiones están en juego para apreciar esa comodidad? Ella sintetizó el inventario al final de su discurso.

“Un país no cómodo para los dirigentes”. ¿Cuál es su idea de la futura incomodidad de sus sucesores, digo bien, de los que la heredarán? Por sus palabras lo no cómodo, para los que la reemplacen, será o bien mantener el inventario de lo que hace a la comodidad de la gente o bien suprimir los “derechos” que conforman ese inventario.

Ese es su planteo unívoco. Lo que deja será incómodo para el que gobierne. Quiera o no conservar esos “derechos”. Como si creyera que tienen fecha de vencimiento sea quien sea quien la reemplace.

La anunciada contradicción entre la comodidad de la gente y la incomodidad de los dirigentes,  sea en el caso de mantener o en el de suprimir “derechos”, implica que CFK entiende que “el país que viene” es conflictivo. ¿Nos anuncia que la herencia de su gestión contiene un conflicto inevitable?

Podemos decir que, más allá de su exactitud o inexactitud, no es un buen mensaje de despedida. Y difícilmente sea el resultado de un balance con patrimonio positivo, porque esa afirmación da cuenta de la convicción presidencial de no haber construido un patrimonio sustentable.

No sería muy agradable si representara un deseo. Estamos convencidos que no es así.  Solo se trata del riesgo de una frase ingeniosa en la primera audiencia; y  desafortunada en la lectura detenida.

La verdad, en la que ahora todos convergen aunque por distintas razones, es que todos los “opositores”, viejos o nuevos, a la izquierda o a la derecha del FPV, y dentro del mismo FPV, piensan que lo que viene es difícil. No sólo por la realidad que tiene datos duros (nivel de inflación, dinámica del empleo, baja tasa de inversión, cabeza abajo de las cuentas públicas y externas, reservas naipe, tipo de cambio, etc.); sino por como la percibimos.

Sin embargo, el presente, para el oficialismo en funciones y en público es un éxito: entiende que ha hecho todo lo necesario. Pero sostiene que, por hacerlo, ha generado tempestades opositoras dispuestas a casi todo para terminar con los logros. Por eso CFK distingue entre “ellos”, los que no quieren ver, y nosotros, los que vemos. Y la conclusión es que con “ellos” no hay diálogo posible. Y por supuesto nada hay que concertar. No pertenecen. La conclusión para CFK es que el presente es el bronce; y el futuro, sin ella, es una amenaza. Como es obvio no hay peor idea del futuro que percibirla como una amenaza. Esa idea no convoca.

Para los opositores no hay tal éxito. Entre ambos está el abismo de la percepción de la misma realidad. El país que los opositores ven, tiene el territorio separado del oficialismo. De un lado están ellos y del otro “nosotros”. No es posible dialogar, concertar, sentirse parte  de un todo. Domina la energía centrifuga. En esta perspectiva el presente y el futuro son una amenaza.

El problema de todos es que, en la disputa del poder, en la verbalización de la disputa por el poder, el futuro no se piensa y no se describe como una oportunidad. Y esa descripción deriva de que no vivimos un “nosotros incluyente”. Es más, no sabemos cómo vivirlo y por eso sentimos que no hay Nación. Incluir obliga al diálogo. No al silencio. Obliga a concertar. El primer paso de toda concertación es estar dispuesto a ceder. ¿Quién?¿Cómo?¿Cuándo?

En el discurso de CFK, voluntaria o involuntariamente, está la radiografía de la enfermedad.

La idea de “comodidad” con que describe el presente de “la gente”, en su origen, está asociada a compartir el bienestar. Compartir.

La “gente” – CFK no usa el concepto de “pueblo” y adopta el de “gente”, una definición política “menemista” –  para Cristina, disfruta del bienestar colectivo. Pero la sustentabilidad del mismo, según sus dichos, pone a los futuros dirigentes en una situación “incomoda”. ¿Esa comodidad de “la gente”, independientemente que sea tal o no, es sustentable? ¿Ella se contesta que no lo es? Afirmó que sin ella es conflictiva.

CFK informa de una situación conflictiva entre la “comodidad” de la “gente” y la dirigencia futura, que incluye a sus propios partidarios. Es decir sugiere que, aun ganando con su nombre, los que vengan, trataran de “sacar derechos que ha ganado la gente”. ¿Por qué dice eso?

Listó esos “derechos”. Yal hacerlo expuso su visión y las dimensiones que valora para definir la comodidad de unos; y la incomodidad de los que vengan. La incomodidad de los dirigentes tanto sea para poder mantener esos derechos; o bien la incomodidad que deberían afrontar para eliminarlos.

Los que vengan ¿mantienen o eliminan? ¿Qué? Veamos.

Cómo “papel del Estado empresario” en la economía, CFK citó dos casos emblemáticos: Aerolíneas Argentinas e YPF. Como todos recordamos ambas empresas fueron privatizadas por el menemismo y una de ellas en base al informe de Oscar Parrilli, hoy jefe de la “inteligencia” argentina. Es razonable que CFK dude de algunos de sus íntimos.

Pero AA fue estatizada con el voto de la mayor parte de los que hoy son opositores; y de YPF, que sólo tiene una mayoría accionaria en manos del Estado y comparte la propiedad con algunos buitres, la  parte expropiada, lo fue con el voto de la mayoría de los hoy opositores.  Es decir no habría cambios en el Estado empresario, al menos por parte de los opositores.

En materia social señaló, como derechos, “dos aumentos anuales a los jubilados”. Eso está reglado con el voto de la mayoría de los hoy opositores. Y agregó “la Asignación Universal por Hijo que aumenta todos los años”. Un proyecto original de la oposición y que la mayoría de ellos reclama que sea por ley y no sometido a la voluntad del Ejecutivo. Nada hay por acá que haga pensar en su derogación por parte de los opositores.

Siguió con el derecho “que los trabajadores puedan libremente pactar sus salarios … ganando … en poder adquisitivo a la inflación”. Nadie discute en la oposición la vigencia de las convenciones colectivas; y todos reclaman por la erosión del poder adquisitivo que representa la inflación. Tampoco por acá encontramos la pista del conflicto anunciado si es que depende de la derogación de esas normas.

Del uso de esos derechos (que, por lo actuado, no figura el revertirlos en el inventario del por hacer de los opositores) CFK deduce el auge del “turismo” y los “dólares” para el turismo. No se conocen opiniones en contra del turismo; ni tampoco a favor del “cepo” por lo que, si esas son las derivas de los derechos, no se observa opinión contraria a lo que la entusiasma a CFK por parte de la mayoría de los opositores.

Siguiendo con el área social de los derechos, citó: el 6,9 por ciento de desocupación; 6 millones de jubilados; el salario y la jubilación más alta de Latinoamérica y “con la mayor inclusión previsional de que se tenga memoria”. Logros.

Es indiscutible que tenemos hoy la mayor inclusión previsional de que se tenga memoria. Pero al amparo de ese concepto generoso se han jubilado personas que nunca trabajaron, porque no lo necesitaban, y que disponen de patrimonios importantes y eso no tiene vuelta atrás.

Lo que sí es discutible es el número y el concepto de la desocupación. Cuando provincias, como el Chaco, exhiben en la estadística tasas de pleno empleo, agreden la realidad. Descubren que los indicadores del INDEC son más que cuestionables. No solo en los precios y en la producción, sino en el empleo.

La tasa real de desempleo, que implica la ausencia de trabajos productivos, es más alta que la que refleja la estadística oficial. Mirando la inversión, escasa durante años,  se pone en evidencia que no es un mérito de esta política económica el nivel de empleo porque no lo es el de la inversión. Es más, el tema del empleo es uno de los más acuciantes del momento y uno de los que constituye un desafío enorme para el presente y para el gobierno por venir.

Justamente, en un sistema previsional de reparto, y  a partir de la meritoria ampliación de la inclusión previsional, se hace crucial la expansión del empleo productivo para generar la sustentabilidad del sistema. Por el modo de financiamiento previsional argentino, uno de los grandes problemas que heredará el futuro es la espantosa, innecesaria, regresiva distributivamente e improductiva, expansión del empleo público.

Finalmente las comparaciones hechas en el discurso con respecto a Latinoamérica, solo confirman una tradición: salvo excepciones, siempre ha sido así. Tenemos el mayor nivel de vida de la región. Lo grave es que no hemos avanzado para mantener la distancia con respecto a los países hermanos y que, además, las comparaciones se hacen con un tipo de cambio cuyo nivel genera una cotización paralela;  y que, además, retrae las exportaciones con valor agregado. ¿Entonces?

Justamente, al observar la realidad compleja, iluminando sólo desde un costado o desde arriba, hace que el discurso de CFK, acerca de la comodidad de la gente- como dice ella – y de la incomodidad del futuro para los dirigentes; resulta incompleto. Describe algo distinto de la realidad, aunque relate partes de ella.

Pasando a la economía dijo “un país con mayor nivel de porcentaje industrial en su Producto Bruto Interno”. Se trata de un error grave. A pesar del discurso oficial pro industrial, nuestro país continúa con el deterioro del papel de la industria en la economía; y hoy ni en las exportaciones, ni en el PBI, ni en el empleo, ni en la participación en la inversión, se asoma una impronta industrial.

Y como si esto fuera poco, el peso del Consenso de Pekín, que con algarabía han votado los legisladores de la mayoría, representa un certificado de defunción industrial anticipado de aquello que queda después del industricidio de los 90. Días pasados, un empresario pyme militante kirchnerista de primera fila en los actos y de un sector en el que tenemos ventajas acumuladas, me dijo, a manera de confesión, “es la primera vez en 60 años de la empresa en que nos hicimos importadores”. Lógico en un país en el que los funcionarios de economía justifican, por la “incapacidad de las pymes”, la importación de durmientes de China.

Aclaro que esta visión oficial de los acuerdos chinos (sustituir producción nacional, real o potencial, por importaciones chinas) no difiere de la visión y la práctica del macrismo (Franco Macri, comisionista de exportadores chinos; vagones chinos de los subterráneos; empresario chino candidato del PRO). No puede dejar de tenerse en cuenta, en todos los análisis, ese telón (Consenso de Pekin) que descubre el escenario estructural del futuro.

Finalmente, el diagnóstico concluyó con que somos “un país donde se respetan los derechos humanos,… la división de lo que lo que es la Constitución, …. el mayor presupuesto al Poder Judicial”. Es cierto.

Pero no es menos cierto que son tiempos de azote del narcotráfico y la inseguridad que afecta profundamente a los derechos humanos. No desde el Estado. Pero con un Estado que no pueda garantizar esos derechos.

Y no es menos cierto que, para todos, la Justicia anda floja de tiempos, papeles y respeto a pesar del dinero que le ha sido otorgado. El dinero no santifica. Y no es menos cierto que, con los accidentes que sea, estamos viviendo en el marco de la Constitución. Aunque muchos desearían pasar por encima de ella.

Concluyó CFK “un país difícil para los dirigentes, pero no para la gente, que ha superado, que ha progresado, que ha crecido, que ha encontrado trabajo, que hoy tiene casa, que hoy tiene auto, que tiene trabajo, que sus chicos van a la universidad y tiene estudio. Por supuesto, el país cómodo es para la gente, no para los dirigentes.”

Es verdad, muchos han encontrado trabajo, pero pocos son los empleos productivos por ausencia de inversión. Algunos tienen más de carga que de alivio.

La clave es que el  30 por ciento de los argentinos están en la pobreza o en sus márgenes; y el gobierno lo ignora de manera militante; como lo hace con el déficit habitacional y el crecimiento de villas de emergencia que ha sido enorme. Lo mismo ocurre con los resultados del sistema educativo que, más allá de los números de ingreso, son decepcionantes en todas las compulsas internacionales.

Al diagnóstico del último discurso le faltan dimensiones. Las iluminaciones oficiales, como con el barril, son laterales o por arriba. Y este es el problema de percepción en el que estamos metidos.

Los franceses dicen “cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil”. Pero la política nunca debe mirar la realidad de esa manera. Mirar así denuncia una visión retrospectiva, pésima para conducir y una iluminación sesgada apropiada para chocar. Y no es un problema de la voluntad.

CFK eligió la palabra “cómodo” como eje de una frase impactante. Cómodo, es lo que requiere poco esfuerzo y proporciona bienestar y resulta agradable. Cómodo disfruta de la herencia y la despilfarra. No está asociado al esfuerzo. La cigarra y la hormiga.

Cómodo, emperador romano hijo de Marco Aurelio, gobernó razonablemente junto a su padre. A la muerte de Marco Aurelio tuvo una segunda etapa plagada de conflictos que culminó en una de las mayores crisis del imperio. Luego gobernó el emperador Severo. Por eso es común hablar en historia del ciclo que va de Cómodo a Severo.

CFK,  amante de la historia, recordando a Roma alertó del riesgo de un país conflictivo que será sometido a severas condiciones. ¿Por qué?

Esas severas condiciones, si ocurren, no serán consecuencia de lo que se hizo, sino, justamente, de lo que no se hizo. Es decir de la ausencia de la transformación de la estructura productiva cada vez menos diversificada y cada vez más atada a endeudarse.

El acuerdo con China cierra ese ciclo y confirma la estrategia de primarización con deuda. Cómodo.

Es que la deuda externa con condicionalidades, que es lo que queda, es cómodo para el que la contrae. Y severo para el que la hereda. Si no hacemos nada, de eso y no de otra cosa, se tratará “el país que viene” o lo que deja CFK.  Incómodo.

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