Prohibido manejar en la neblina; por Carlos Leyba


Y es justamente aquí dónde reside la debilidad “política” del diagnóstico. Es imprescindible establecer de manera única, compartida, dónde estamos. La información, para ser útil, debe ser única. Lo que debe diferir es la prioridad que le asignamos a cada variable. El debate no puede residir acerca de los hechos que la información describe. La discusión se ha de situar en las causas, o en las consecuencias, o en las prioridades que cada uno asigna. Eso es lo correcto en los debates sobre el presente. La información, para ser tal, debe ser única y compartida por los actores. La discusión sobre el presente no puede versar sobre los hechos, sino sobre a quién cabe la responsabilidad de los mismos; y en la carga o vientos que esos hechos portan sobre el futuro.

Sin información única, toda discusión sobre el presente y sus consecuencias, es intransitable. La incertidumbre de la información es un  hecho grave y dadas las condiciones (internacionales, sociales y políticas) en las que se desarrollará el futuro, la primera prioridad es acordar la reconstrucción de un sistema de información único, y consensuado por todos, para tener un diagnóstico del presente, acerca del cual, las diferencias se limiten a las causas y consecuencias y a las prioridades.

Con las limitaciones de toda información estadística, necesitamos conformar un escenario común que hoy no está disponible y que – de ninguna manera – podrá poner a disposición el cambio de los índices de precios o cómo sea, por parte del INDEC actual y sin la auditoria del parlamento, la academia, las organizaciones de los trabajadores y de los empresarios.

No sabemos dónde estamos. Siendo así no hay ninguna posibilidad de debate productivo. No tenemos acuerdo en cuál es la tasa de inflación; es difícil consensuar cuál ha sido la tasa de crecimiento de la década; las tasas de desempleo de los últimos años son discutibles; y respecto de las cuentas fiscales y externas hay discrepancias de conceptos que llevan a números diferentes.

Lamentablemente la incertidumbre de información es aún mayor. La pobreza, la cosecha, las reservas netas disponibles, la información energética (incluido el contrato con Chevron) y el potencial eléctrico, la inseguridad, son otros tantos “números” que en lugar de ser información son incógnitas por no ser únicas más allá de los números militantes de uno u otro lector.

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