Carlos Leyba y Carlos Abalo debaten el modelo kirchnerista


I

 El proceso de desindustrialización iniciado en la última dictadura terrorista, profundizado por el peronismo en la década del 90, conllevó transformaciones sustanciales de la estructura económica nacional. El modelo neo-liberal se tradujo en bajas tasas de crecimiento, retracción de la producción industrial, aumento del endeudamiento externo, contracción de los salarios reales: entre 1976 y 2001 la economía argentina se expandió a una tasa anual acumulativa de solo 1,4% mientras que el endeudamiento externo pasó de 9.278 M de dóls a 139.783 M de dóls en el período de referencia para financiar la fuga de capitales locales al exterior por una suma superior a los 130.000 M de dóls. Entre mediados de los setentas y el año 2001, el salario real se redujo un 25%. Esa dinámica se agudizó, particularmente, a partir de 1998 y hasta mediados de 2002: el PBI se contrajo un 18,4% mientras que la desocupación alcanzaba al 18,3% de la PEA y la pobreza al 60% de la población. La devaluación de la moneda a comienzos del 2002 supuso el comienzo del fin del régimen de la convertibilidad: entre 2003 y 2010 la economía se expandió a una tasa anual acumulativa del 7,4% al tiempo que se generaron 5 millones de puestos de trabajo.

La modificación del tipo de cambio potenció la exportación y, al principio, restringió la importación; las tasas de interés eran bajas; existía capacidad ociosa derivada de las inversiones e importaciones de bienes de capital de los noventas; el salario real estaba por el piso: la tasa de ganancia se elevó sideralmente. En ese sentido, entre 2003 y 2010, los sectores productores de bienes se expandieron a una tasa anual acumulativa del 6,6% con una contracción de 3,5%, en el 2009, por el impacto de la crisis global. El crecimiento fue liderado por la construcción, la industria manufacturera: la producción industrial creció a una tasa anual acumulativa del 7% entre el 2003 y el 2010. Entre 2002-2007 funcionó el mercado, solito: se dejó hacer al  mercado porque la fórmula del dólar alto y las condiciones asiáticas de explotación del trabajo argentino eran suficientes para recomponer las ganancias. Fue la primera forma que tomó el modelo K. Es notable que, durante todo ese período, no existiera un Ministerio de Industria o de Innovación Productiva o una Secretaría de la Competitividad… Con el tipo de cambio alto: bastaba y sobraba.

A partir del 2007 se empezaron a erosionar aquellas extraordinarias condiciones. Se asistió a una desaceleración en el ritmo del crecimiento fabril, esto es, el mercado imponía política activa al estado para re-lanzar “el modelo productivo”. La crisis financiera mundial, la confrontación con “el campo”, apremió al gobierno, paralizando completamente el crecimiento “a tasas chinas” en el 2009, asignándole la puesta en marcha de políticas sociales (AFJP, Asignación Universal, REPRO, Planes Argentina Trabaja, apoyo a las cooperativas de empresas recuperadas, etc) de forma tal que cuando la recuperación internacional de 2010 se hizo sentir en el país acoplándose a esas condiciones favorecidas por la política económica sembrada el año anterior (el sostenimiento del empleo y de las industrias) llegó el despegue de la economía nacional, del consumo y batió una serie de records históricos. Entonces, la industria mercado-internista se convirtió en el actor esencial del discurso sobre la diferencia del kircherismo como propuesta programática y diferencia.

Se trataba de la segunda forma que tomó el modelo.

II

 El sector construcción registró, durante el kirchnerismo, una tasa de crecimiento aún más elevada que la producción manufacturera (11,3% anual acumulativo entre 2003 y 2010). La industria manufacturera creció en promedio anual acumulativo al orden del 7,98%. Este comportamiento estuvo asociado a la recuperación del nivel de actividad y a la contracción superior al 50% que el sector había experimentado durante el tramo último de la convertibilidad agónica. La producción agropecuaria creció a una tasa que fue aproximadamente la mitad de la registrada en el conjunto de la economía (3,9%) debido, fundamentalmente, al denominado “paradigma sojero”. La producción pesquera y minera, si bien se expandieron, evidenciaron un menor dinamismo al crecer a tasas inferiores a 1% anual acumulativo. Si bien 2003-2011 el PBI per capita pasó de 8 mil millones de dóls a 17 mil millones de dóls (según el FMI) y la tasa de crecimiento (2003-2011) anual acumulativo fue del 7,8% el peso de la industria como tal (PBI-industrial), en el PBI total de la economía, sea en los noventas, sea actualmente, no deja de ser del orden del 17%, según el INDEC. Cabe precisar que el peso de la industria en el PBI era del orden del 22% en los ochentas, del 31% en los setentas; actualmente, en los países industrializados y muy desarrollados, el peso de la industria ronda el 18%; en los países asiáticos el peso de la industria en el conjunto de la economía representa el 30-34%; en Brasil el porcentaje asciende al 25%. Repito: en Argentina se reduce a su “estable” 17%.

Una a una las condiciones endógenas de la acumulación de la “segunda forma del modelo” se van borrando: de la elevada capacidad ociosa de las firmas a una utilización casi plena de la capacidad instalada; de los salarios pulverizados, en “condición asiáticas” de explotación, a una relativa recomposición de la distribución del ingreso; de condiciones de disponibilidad de infraestructura (energía, transportes, etc) a la actual constatación de déficit y obsolescencia: el crecimiento facilitado por las condiciones previas de la estructura económica de los noventas se fue paulatinamente agotando (2007-2011) al tiempo que, inflación mediante, congeló el avance de la recomposición de la media social vivida en el período anterior (2003-2006). Ya en el 2012, con un tercer mandato, urge avanzar sobre “cuestiones de estructura” como la tecnología, YPF, competitividad, fuga de divisas.

La tercera forma del modelo k es la que estamos viendo: se centra casi unilateralmente en la demanda interna pero la expansión económica ya no se asocia con superávits robustos externos y con una dinámica de divisas muy favorable.

III

 El frente que tenemos de combate incluye ahora una más pronunciada y nociva inflación, puja distributiva, tipo de cambio como ancla a la inflación en lugar de estímulo a la producción, competitividad solo sostenida por el retraso cambiario existente tanto en Brasil como en otros países de la región, racionamiento amplio de divisas, desdoblamiento cambiario de facto, disminución de reservas, actualización de la dependencia agraria vía ingreso urgente de divisas, blanqueo de capitales.

¿Existe un agotamiento de la tercera forma del modelo? ¿Alcanza con acicatear con fuerza la demanda? ¿Cuáles son los desafíos para la actualización de esta política nacional y popular suscitados de cara al futuro?

Tales son las inquietudes que queremos conversar en esta mesa.

Para bajarse el video: aquí

 

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