Sobre “21” de Adele


Entre puchos, humo y alcohol: Adele escribe el silencio de la tristeza en la oscuridad del pentagrama que no perdona. Rencor, decepción, traición y voluntad de venganza se subliman en la boca pintada con precisión de dibujante. La garganta lo escupe todo como una percusión de sinceridades de púa: la rabia de los rumores que desestabilizarán al infiel. En la suavidad del piano, la melancolía se denuncia como abismo y las canciones transcurren como baladas para un cine, cuyas imágenes, son nuestras historias del olvido.

Adele; superficie suave, volcán de la emoción varias veces masticada: promete ser la mejor y la única. La mujer inglesa de risa grotesca trae el cuerpo de la mujer a la realidad de un deseo natural harto del plástico y de su perfección de cirujano. Con veintiuno, el desamor se volvió belleza y se transmutó en el arte de la sensibilidad de los solos.

Unos labios de fuego le cantan al amor cuando el soul lo descubre como guerra de los amantes.

 

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