LA RELIGACIÓN (fragmento para radio)


La metafísica occidental esta acostumbrada a definir, reducir, al hombre a sus facultades volitivas o intelectuales. Facultades que “la civilización” substancializa como “ser del hombre”. En última instancia, Occidente identifica Ser con Conciencia. Por esta razón, el descubrimiento de lo inconsciente resulta una herida en el amor propio del animal racional. Occidente se vio forzado a reconocer otra capa, otra negrura, otro espesor. Pero se trata, y siempre trató, de otra escena para este mismo ser consciente. Una conciencia de sí… dividida. El resto de la creación es, simplemente, un “resto no humano”. El ser humano se diferencia, auto-distingue, específicamente, del misterio del Ser como Señor de la creación, como Ser Humano, bajo una forma ilusoria: El Yo, la unidad chiquita, cuyo custodio no es otro que Dios, la unidad mayor.

Dios es el garante de la falsa humanidad del Hombre.


En razón de este concepto de “humanidad del hombre”, la mayor parte de la humanidad no solo no es humana sino que tampoco nunca lo fue. No fueron humanos los denominados “primitivos”, ni el prehistórico, ni los nativos, los “fuera del origen”, en el sentido de la burguesía ilustrada. Nada asegura que la humanidad presente sea “más humana” que la de milenios pasados. El progreso es una alucinación retrospectiva del yo, la justificación cínica de esa unidad postiza, la apología dulce que alivia la conciencia de la conquista. Este modo de pensar clausura toda relación verdadera con nuestros antepasados bajo el modo de la evolución de la materia, una simple biogénesis con un plus de espíritu.


El humano, en relación con el ser y la existencia, no puede desconectarse, cortarse, escindirse. Pero así vive “el hombre”. Hombre es el emergente de una escisión aparente, respecto del cosmos y respecto de sí mismo. Es la bestia suburbana que perdió el sentido de su desnuda existencia… Un río de des-unidades.


El desgarramiento no existe en el tao. El desgarramiento es una experiencia de una conciencia agarrada a su conciencia consciente. Un martirio judío-cristiano. El humano pre-histórico vive con igual intensidad que el neurótico moderno ese abismo infranqueable del existir. Su salvación, es cierto, no es mediante el discurso. El primitivo encuentra su salvación en la actividad de hacer sacro todo lo ordinario. Todo en el pre-histórico es religión. Sacralidad y existencia se indiferencian. Los dioses aún no cobraron el rostro proyectado de sus idólatras. Los dioses están presentes “en las cosas mismas”. En el fuego, arde la divinidad plena de sí; esa pagana sabiduría que indica el inicio del misterio de la vida.

Fragmento leído en el programa de Radio “El circo Miserable”, conducido por Norberto Verea, por FM Nacional Rock.

Para bajarse el audio, hacer click: aquì

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