circo de la crueldad (fragmento para radio)


Circo dela crueldad

Por Leonardo Sai

Si el circo romano logró convertirse en una metáfora de nuestro presente es porque es dueño de una verdad que trasciende la historia y nos revela algún indicio de lo que somos: Nadie escapa vivo del circo. Tal es la sentencia que este teatro de la crueldad clava en la testa de los hombres: la postergación del final. Mientras tanto, somos espectadores. Pan y entretenimiento. Contemplamos, cómodamente, la fusión del hombre y la bestia en las arenas de una fatal competencia deportiva. El Dios deportivo decide sobre los vivos y condena el fracaso con la muerte. El éxito consiste en demorar la muerte. Las masas miran tan excitadas como indiferentes: unos mueren ahora, otros más tarde. Tener éxito y permanecer vivo resultan, exactamente, la misma circunstancia. El circo romano no es un juego, ni es un duelo. Es un combate, una selección natural, una eliminación. El pragmatismo romano es una filosofía de carnicero. Su único interrogante es: ¿quién quedará?

Si el lema griego indagaba en el conocimiento de sí mismo, el problema romano es el conocimiento de la situación. Es pura estrategia. El gladiador no conoce, ni le importa, trascendencia alguna. No hay  mañana. Hay “él o yo” “nosotros o ellos”. El gladiador mira hacia arriba. Observa las gradas porque sabe que es allí desde donde viene el juicio del destino: el dedo pulgar y la dirección que elija la satisfacción de la plebe. La filosofía romana es una forma originaria de bilardismo: la auto-conservación equivale a estar entre los vencedores. Para el romano, la crueldad siempre tiene la razón. El resultado, los resultados, son la religión oficial del circo, la revelación mística, el dios único del oportunismo. La cultura de masas nace del estomago romano. Todos los elementos de la fascinación violenta sobre lo decadente, por medios emocionales y masivos, están allí ya presentes. Durante 700 años, consumimos un espectáculo de muerte como esclavos curiosos: matar hoy, morir mañana. Roma es la pulsión de cualquier fascismo. De su anfiteatro insaciable, todos los poderosos del mundo tomaron fiel nota: la fiesta y el terror pueden sintetizarse en el ardiente unísono de los aplausos.

El presente texto fue leído en el programa de radio El Circo Miserable, conducido por Norberto “Ruso” Verea. Se emite de lunes a viernes (0 a 2 AM) por FM Nacional Rock. Para bajarse el audio aquí: http://www.mediafire.com/?241exrqv6a1v9ja

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