Infinita conexión del mercado mundial


Ni viento de cola ni soberanía nacional

Por Leonardo Sai

¿Qué no diríamos, que no haríamos para huir de dolores tan grandes?

Ensayos

Michel de Montaigne

La economía mundial no sufrió el colapso último tan esperado por cineastas y escritores de ficción, estilistas de una pulsión apocalíptica que, lejos de ser monopolio del pueblo del desierto, es una necesidad del pensamiento fanático, neo-liberal o marxista: las ortodoxias desean el fin del mundo. Viven en un imaginario de diluvio. En el diluvio, el terreno común de la realidad exterior es sustituido por la acuosidad vacilante de lo propio: un estar a la deriva, adentro y afuera. El pensamiento objetivo se disuelve en la incertidumbre que todo lo inunda con su destrucción permanente; la propia corriente como única firmeza. Los mercados financieros continuaron aumentando sin cesar hasta hace un mes atrás, a pesar del desastre en Japón, la guerra y conflictividad en Medio Oriente, las subas en alimentos, petróleo, materias primas. Los mercados degluten cualquier sufrimiento humano: arreglan con otro tirano, reconstruyen Japón como “oportunidad de revitalizar la economía”, controlan a los especuladores volcando excedentes en infraestructuras “emergentes”. Solo una sola cosa no soportan: que el deudor, agónico, diga basta, no garpe. Kirchner es el fantasma que azota Europa con aura de “re-estructuración histórica”. Grecia puede no pagar; Estados Unidos, por el tamaño de su déficit, puede no pagar; España, Irlanda, Italia pueden reventar en cualquier momento y declarar default. Ya no hay más “estímulos” para el “crecimiento anémico”. Pero no se trata, desde luego, del fin del mundo sino del colapso terrible del pensamiento ortodoxo en el seno del capitalismo central. Nunca lo reconocerán. Trataran de seducir a los BRICS, apócope que les pertenece, que tengan mas votos, que tengan mayor peso en el FMI, que hagan sus pequeñas reformas y movamos la rueda del eterno retorno de lo mismo. Grecia.

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Cuando Grecia adoptó, en 2002, el euro como moneda, los niveles de productividad de su economía eran aproximadamente un 88% de la productividad promedio de la Unión Europea y, desde entonces, la competitividad se fue erosionando. A partir de 2002 existió cierta euforia inversora, y entrada de capitales, destinados al crédito para el consumo de hogares, financiar la obra pública. Lo decisivo fue la fuerte presión competitiva del capital alemán. Para Alemania la adopción del euro significó una devaluación cambiaria con relación al antiguo marco. Estos datos son corroborados por las estadísticas de productividad de la OECD. En 2008, y con un índice EUA = 100, el producto por hora trabajada en Grecia era de apenas el 58% del de EUA (el de Alemania era el 91,4 y el de Francia el 96,2) Dicho de otro modo: El capitalismo tecnológico alemán, al dominar la escena de la economía de la Unión Europea, impone a los países de menor potenciación tecnológica del trabajo las condiciones estructurales de su déficit en cuenta corriente. Esta situación fue aprovechada, jugosamente, por el capital financiero europeo que fue cebando, alimentando, con lo cual, al tiempo que financiaron proyectos productivos públicos, taponaron las diferencias de productividad del trabajo, postergaron las contradicciones de la economía europea, bajo la ilusión de la moneda común, hasta que saltaron todas juntas en la apócope racista: PIGS.¿Cómo explicamos lo que de conjunto acontece en Europa?

El capitalismo tecnológico, de fuerte representación alemana, provocó una brusca devaluación de conjunto para la zona del euro, una tenaz y duradera desvalorización de la fuerza de trabajo europea (los países de la OCDE deben crear 17 millones de empleos para recuperar las tasas pre-crisis) por la necesidad apremiante de la competencia capitalista que se implica con el ascenso del capitalismo asiático, al tiempo que capturan a los estados de menor potenciación tecnológica del capital a la dinámica financiera encabezada por el acuerdo del FMI con el BCE (tanto la FED como el BCE han anunciado que mantendrán mínimos históricos en sus tasas de interés de referencia) fundamentalmente comandado por los intereses alemanes, franceses e ingleses, en un contexto turbulento que volvió a encontrar a los bonos de USA, Alemania y al oro como reserva de valor. Dicho de otro modo: Las potencias europeas no impusieron los ajustes para ingresar a “los noventas argentinos” sino para sujetarse, estrictamente, a la competencia capitalista mundial del XXI. Sostener que la Unión Europea entró a la “convertibilidad argentina” es pensar que la economía mundial cabe entera en un cafecito de la Capital Federal. No obstante, la analogía captura y advierte el proceso: La Argentina salió del hipnótico 1 a 1 no por decisión consciente sino por necesidad de la implosión. Del mismo modo, Portugal, España, Irlanda y España no es por decisión soberana que se alejarán de una zona euro re-estructurada sino por necesidades de deudor agónico.

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Gustavo Grobocopatel escribió el 21 de junio en el diario de la denominada “oligarquía bostera” un artículo que merece nuestra atención. Para buscarlo en el google: Emprendedores globales para un mundo mejor. En la nota alimenta lo que constituye para incrédulos, una ficción,  un  mito. Se trata de loscreadores de riqueza. Estos seres extraordinarios que empiezan a los seis años haciendo trabajo infantil y logran, en Singapur, levantar una empresa purificadora de agua que factura 400 millones de dólares al año. La cuestión, más allá de todo los condicionantes y causas de tipo material, se reduce al siguiente dilema: ¿qué peso tienen los emprendedores en la economía del capital? Obviamente, no se trata de “creer o no creer” en la existencia de emprendedores. No es un disyuntiva mágica sino, estrictamente, estadística. Millones van a Harvard y Facebook se lo ocurre a uno solo. Maradonas no surgen en masa, son capitales diferenciados en la sociedad posmoderna. ¿Qué peso tienen estos cerebros?

Algunos los consideran el sujeto central de la economía. Otros consideran que si no le chupan la sangre al obrero, sus cerebros, se reducen a la mera contemplación platónico-onanista de la Idea bella. Pero, la verdad parece ser que, día a día, el capitalismo mundial bebe de estas innovaciones singulares, nacidas de cualquier parte del mundo, como agua divina del plusvalor. ¿Qué es lo importante en el artículo del Rey del Soja? Al mundo de la acumulación del capitalismo tecnológico global ya no lo mueven las burguesías industriales sino emprendedores globales en un espacio-límite de negocios que no son los estados nacionales sino nuestra propia imaginación como patria y el horizonte de actuación que nos demos a nosotros mismos. ¿Una grosera obviedad? El lector desprevenido puede haberse visto, muchas veces, atestado con el panfleto institucional de “buscamos emprendedores porque en ellos confiamos nuestro futuro”. Este tipo de estupideces que se reduce a catering, sándwich de miga, PowerPoints en un lujoso hotel no roza el asunto. Contrapongamos a este pensamiento del Grobo, sobre eldesarrollo en la sociedad del Veintiuno, un pequeño párrafo de Aldo Ferrer, el superstar de la heterodoxia:

El desarrollo económico es un proceso de transformación de la economía y la sociedad fundado en la acumulación de capital, tecnología, capacidad de organización de recursos, educación y madurez de las instituciones, dentro de las cuales se procesan los conflictos y se actualiza el potencial de los recursos. En este sentido amplio, el desarrollo es acumulación y ésta se produce, en primer lugar, en un espacio nacional donde el Estado y la sociedad ejercen el poder suficiente para organizar los recursos, gestionar el conocimiento y apropiarse de sus frutos (Prólogo Aldo Ferrer a “El modelo de desarrollo en Argentina”; Eduardo Luis Curia; FCE; 2011)

aldoferrer

Este párrafo podría haber sido escrito en 1945. La sociedad presente que estudiamos los sociólogos tiene poco que ver con esta “síntesis del concepto” que hace Ferrer. La acumulación no se nos presenta “nacional-centrada” sino mundializada; la acumulación mundial del capital pone en el centro a la tecnología, subsumiendo por innovaciones radicales generales y globales, a los estados-nación que solo puede adaptarse, con mayor o menor cintura, a descubrimientos que organizan la vida social de una sociedad que ya no resuelve sus conflictos en un marco nacional sino bajo la tutela permanente del derecho internacional. Esto no quiere decir ni que el estado halla desaparecido, ni que es impotente, ni nada de lo que constituye los versos manifiestos del “globalismo”. Para Aldo Ferrer, el futuro es siempre el futuro de nuestro pasado; su único dilema es el mismo del gobierno, de la heterodoxia desarrollista y neo-keynesiana, de los neo-menemistas, de los campestres y anti-kirchneristas, esto es, el macizo estancamiento de la sociedad argentina: Devaluar, no devaluar, vacilar.

Creemos que lo que Grobocopatel afirma es una diferencia histórica: la transformación de la economía y la sociedad, a través del capitalismo, dependen cada vez más de emprendedores a escala mundial porque tal es el piso dado de las fuerzas productivas siendo el rol del espacio nacional potenciar estos descubrimientos, emprendimientos, que son anteriores a la dinámica de la inversión y la industria, porque de lo que se trata no es de desarrollar al país repitiendo la historia de las sustituciones de importaciones sino de desarrollar una estructura empresarial privada, estatal o mixta, innovadora, audaz, perseverante, sostenible en una economía global muy competitiva, donde lo que el Estado Nacional debe asegurar es, en todo caso, su existencia y salto de tipo trasnacional. Una verdadera revolución patriótica del siglo que amanece.

Pero, los argentinos, tenemos preocupaciones más urgentes e importantes: River y Grondona, las Madres de la Plaza y Sergio, La Opo y Ale Apo, el twitter de Aníbal Fernández y el impresentable de Magnetto, las estupideces de Mauri y las jetoniadas de Santa Lilita… En fin: un mundo de ansiedades de video clip, un circo miserable.

***

El ciclo de negocios esta regido por las tendencias mundiales objetivas de la acumulación del capital. Para el presente ciclo de negocios, los dólares que imprime la Reserva Federal resultan en lluvia de dólares sobre los emergentes, en especial, Brasil. La relación de la política electoralista con este ciclo de negocios, empujado, fundamentalmente, por China, puede consolidar, profundizar determinados sectores productivos. También puede retraer, desalentar expectativas (sectoriales, individuales) sobre otros sectores. Jamás modificar su curso sin hacerse, previamente, de la manija del poder de los aparatos del Estado. Imaginemos un ejemplo.

Un candidato x es financiado por los Rocca, esto es, el grupo Techint.  Detrás del aparente “sentimiento nacionalista” de Don Paolo no se encuentra, obviamente, el interés del conjunto de la sociedad argentina sino el problema competitivo del grupo económico transnacional respecto de China. ¿Qué pasaría si ese candidato gana? ¿Sería el ascenso de una burguesía industrial? ¿O el escudo que necesita un grupo económico, poderoso y prestigioso, para hacerse a su vez con privilegios para cubrirse del daño que la competencia mundial emergente le causa? La economía argentina no está “re primarizada”, como afirma Techint, por integrarse al comercio del PCCH. Lo que hace falta es diversificar más la estructura industrial y potenciar el comercio con la economía del Dragón. Este ejemplo nos permite afirmar que ciclo de negocios y política no constituyen una determinación unilateral, entre uno sobre el otro, sino una trama para ganar la dirección del Estado y vincularse así, de una manera o de otra, respecto de la acumulación mundial del capital. La diferencia entre esas “maneras” de establecer la vinculación, el “hilo conductor”, la relación con “la globalización”, la “forma de inserción en los mercados”, hace a lo que, más tarde, se percibe en tanto “modelo económico”.

El inteligente economista Eduardo Luis Curia afirma que, en la Argentina, la fórmula el ciclo es la tendencia tiene pleno vigor; insiste, tenazmente, en los problemas del presente. No existe una onda subyacente, una tendencia, más o menos, cómoda que pueda subsistir más allá del cambio epidérmico de las instituciones de la política. No dice otra cosa la política profesional cuando advierte que “lo que está en juego es el rumbo del modelo” en referencia a las elecciones presidenciales.

Cabe preguntarnos: ¿la profundización del modelo neo-desarrollista es una profundización acorde a la sociedad actual o es la reconstrucción fallida de un anacronismo? Sea como fuere, quien escribe sostiene que, en el peor de los escenarios, se trata de un dilema menos doloroso que el programa imposible del odio compacto.

Bibliografía:

1- El modelo de desarrollo en Argentina; Prólogo de Aldo Ferrer; Eduardo Luis Curia; FCE; 2011.

Para bajar el texto en formato word: Infinita conexión del mercado mundial

Publicado originalmente en BLOG COLECTIVO NACIÓN APACHE

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