Industrialismo o barbarie; por Leonardo Sai


¡Qué! ¿no significa nada para la historia y la filosofía esta eterna lucha de los pueblos hispanoamericanos, esa falta supina de capacidad política e industrial que los tiene inquietos y revolviéndose sin norte fijo, sin objeto preciso, sin que sepan por qué no pueden conseguir un día de reposo…?

Facundo

Domingo F. Sarmiento

I – Domesticidades

La velocidad de los hechos muestran, claramente, que conviven en el kircherismo tendencias muy disímiles: un sector leal, denominado por la prensa opositora “cristinista”, que sueña una Cristina re-re-electa y un sector ligado, fundamentalmente, a la burocracia sindical empresaria. Aquí la tensión es aparente. El tercer elemento, el más rico, es un sector vinculado a una multiplicidad social cada vez más organizada: la transversalidad. La transversalidad hace pie en organismos de derechos humanos, piqueteros, artistas, lucha por la ley de medios, movimientos sociales, territoriales, minorías sexuales, ONGs, etc. La tensión principal del kircherismo se encuentra, precisamente, entre la transversalidad y la burocracia sindical empresaria. El signo, la punta del iceberg de esta tensión, fue el asesinato del militante de izquierda Mariano Ferreira y los problemas judiciales que involucran a los Moyano (padre e hijo) La historia de esta tensión pronto cumplirá cuarenta años. No obstante, recién empieza.

La pésima estrategia opositora permitió ocultar las tensiones del kirchnerismo que primero enfrentó a sus enemigos políticos mediante un agrupamiento en un primer momento defensivo (2008-2009) y luego, tenazmente, ofensivo (2010-2011) hasta que la popularidad de CFK, el clima de reivindicación de la gestión de NK a través de las manifestaciones de respeto, consolidaron la legitimidad del gobierno, borrando de un plumazo la construcción opositora sintetizada en deshacerse de Néstor Kirchner como condición de posibilidad de todo el programa político. La oportunidad opositora más contundente fue durante el 2009, peor año económico del kircherismo, cuando logró momentáneamente entorpecer, paralizar, relativamente, el Congreso bajo la común bandera de torcerle el brazo a NK. Y esto fue todo el 2009. Pero el movimiento defensivo K fue más que el movimiento ofensivo de la oposición. Cuando la recuperación internacional de 2010 se hizo sentir en el país a través de la política económica sembrada el año anterior (el sostenimiento del empleo y de las industrias) llegó el despegue de la economía, del consumo y éste batió una serie de records históricos. Por este motivo, la industria mercado-internista es, en el presente, el actor esencial del discurso sobre la diferencia del kircherismo como propuesta electoral. Los Derechos Humanos son lo conquistado y una conquista. La impronta de CFK es el industrialismo.

Cuando el gobierno demostró que puede cuidar el consumo, la producción, el empleo, derramar créditos PyMES, cancelar deuda pública, negociar una política con el capital financiero internacional, interpelar a la clase media con una ley de medios, hacer propaganda de las inversiones en infraestructura en el meollo del consumo cultural popular mediante el “fútbol para todos” al tiempo que los precios agrarios internacionales se incrementaban (junto con la producción agraria pampeana) el problema político para quebrar la Mesa de Enlace pasó a ser una circunstancia a dirimir en el Ministerio de Agricultura.

De una u otra manera, la clase media decidió no apoyar, movilizándose,la apropiación de la renta por los productores agrarios y compartida por los exportadores, los intermediarios y sus industrias vinculadas, sino que acepta, mediante la intervención del Estado, que se le asegure una parte, garantizada por las retenciones a las exportaciones, destinada a sostener el “boom del consumo” y cierto reaseguro de sus deudas con el sistema financiero público y privado.

II – Contexto

El industrialismo no es una política de estado para construir más fábricas sino la determinación de la voluntad a reproducir las condiciones de existencia en desenvolvimiento contradictorio, aplastado, como solución final, por las aguas mansas de la renta natural. La renta natural produce y reproduce la ausencia de auto-determinación como afirmación nacional de una identidad periférica. Una sociedad excluyente, una modernidad tecnológica sin concepto y sin Estado.

Nuestro presente ya ni siquiera es “industrial” sino industrial-tecnológico donde el segundo componente es cada vez más la condición del primero. La tecnología solo puede desplegarse sobre una industria de base pero la industrialización de esa base ya no puede hacerse bajo la sustitución de importaciones (“a lo 45 -’74”) porque el mundo inter-conectado redobla la dependencia al tiempo que impulsa la emergencia bajo la amenaza permanente de burbujas financieras supra-nacionales. Posicionarse, en la industria, requiere de una selección prudente, cuidadosa y estratégica de ramas muy competitivas capaces de producir trabajo tecnológico o diferenciado de forma endógena. Administrar el proteccionismo es una política anacrónica: el problema del capitalismo es cómo destruye, no como administra.

La notable expansión del capitalismo asiático crea condiciones económicas para disputar la renta agraria internacional y favorecer, mediante la intervención del Estado, la creación de empresas tecnológicas, pequeñas y medianas, capaces de competir, inter-relacionadas, en el mercado mundial. Es un movimiento por verse que la Universidad no puede dejar, por lo menos, de considerar. Cabe destacar que la burguesía agraria tomó larga nota de este asunto, a través de la Universidad Pública y los institutos de investigación (públicos y privados) ya que la incorporación de tecnología logró, en el campo, la extensión histórica de la frontera agraria que el peronismo de los setentas buscaba con la “renta potencial de la tierra”. Las ganancias de la tecnología aplicada en el monocultivo, demandado por el mercado mundial, consolidaron la política de obtención de divisas que el reformismo desarrollista de los industriales peronistas pretendía por Ley.

Ahora bien, este excedente, resultado de la aplicación tecnológica sobre la tierra, reproducido por la expansión sostenida de la demanda del mercado mundial, de no volcarse hacia nuevas ramas tecnológicas solo tendrá un irrefutable destino geo-político: la fuga del capital. La intervención del Estado y de su política científica debe retomar experiencias como la el Laboratorio de Metalurgia de la CNEA, tradición iniciada por Jorge Sábato, donde el fortalecimiento de la investigación tecnológica se transfiere a la industria nacional, articulando y revitalizando, la desarticulación persistente del Complejo Científico y Tecnológico. Es que “el pacto social” no resuelve la inflación y solo allana el camino para que la ortodoxia económica desate su dogma favorito: “la heterodoxia no puede domar los precios”. El trabajo tecnológico o diferenciado potencia, al nivel de la sociedad, todas sus capacidades productivas y científicas y es, a su vez, objeto de codicia en la producción del capitalismo mundializado. Este trabajo tecnológico, hasta la década del 70, no se había desarrollado: la microelectrónica y la biotecnología permanecían en el claustro como una reserva que se introducía en forma oportuna. Con el apogeo actual de tales ramas productivas, el trabajo tecnológico y de ciencia básica, es obligado, permanentemente, a salir de la universidad o a redefinir la universidad misma como empresa de capital tecnológico (trabajar a pedido de las grandes empresas o en el desarrollo de tecnologías para su titularidad o licencia)

Una política de planificación estatal industrial-tecnológica necesita, por lo tanto, tener en cuenta, debidamente, al mercado mundial y la competencia de los Estados Nación para hacerse de capital tecnológico, lo cual equivale a decir que la planificación científica del Estado no puede sino aceptar los términos de la realidad, la presencia objetiva de la globalización: la intervención del estado en pos de un trabajo tecnológico de base no puede, ni debe, llevarse adelante sin tener en cuenta la totalidad de las relaciones productivas que potencia porque una intervención que no tiene en cuenta la competitividad mundial y la incipiente re-industrialización nacional solo cederá, mediante el subsidio, recursos del estado a emprendimientos tecnológicos que luego serán absorbidos por el capital extranjero.

La llave maestra del trabajo tecnológico, planificado desde el estado argentino, o se conserva al servicio de su producción nacional o se integra en un marco regional de fuerzas o condena los esfuerzos de la sociedad a la continuación del cortoplacismo por otros medios. No podemos, entonces, solo pensar, propiciar, una tecnología particular para aquí o allí sino una selección de industrias competitivas en pos de una “tecnología-tecnologizante” del conjunto.

III – Emergencia

El resultado comercial de Argentina con Brasil arrojó en el mes de abril un déficit de 265 M de dóls (46% menos de déficit respecto de marzo cuando el rojo tocó los 492 M de dóls) Este dato implica un aumento del déficit de 83.2% en términos interanuales dado que en abril de 2010 el saldo había sido también deficitario en 144.6 M de dóls. Las ventas argentinas a Brasil alcanzaron en abril los 1495 M de dóls, un aumento de los envíos del 28.7%. El crecimiento asciende al 21.9% si se compara el primer cuatrimestre de 2011 con el mismo lapso del año pasado. Durante abril de 2011, los sectores que explican el crecimiento de las ventas fueron vehículos, autopartes, nafta para petroquímica, trigo, plásticos y sus manufacturas, aluminio y sus manufacturas. Argentina se posiciona en el tercer lugar de los principales vendedores, superado por China y Estados Unidos en la pirámide. Las compras de bienes de Brasil en abril alcanzaron el total de 1760 M de dóls, un incremento, interanual, del 34.7%. Este incremento obedece a las mayores adquisiciones de vehículos y autopartes, máquinas y equipamientos, minerales de hierro, plásticos y sus manufacturas, aviones, petróleo. Como comprador de Brasil, Argentina se encuentra en el tercer lugar en abril. El orden es el siguiente: 1ro China (3905 M de dóls); 2do Estados Unidos (1886 M de dóls) y 3ro Argentina (1760 M de dóls)

Cabe mencionar que, según el oficio librado por la Lic. Débora Giorgi, Ministra de Industria de la Nación, al Ministro de Desarrollo, Industria y Comercio, Fernando Damata Pimentel, durante el 2010, Argentina fue el primer comprador de productos industriales brasileños, a valores 2010, con adquisiciones por un total de 16200 M de dóls, siendo el segundo cliente de Brasil, los Estados Unidos que, en 2010, le compraron por un total de 11200 M de dóls. Los datos oficiales del Ministerio de Industria de Argentina sostienen que, durante el primer trimestre de 2011, las compras argentinas a Brasil crecieron un 33%, alcanzando los 4700 M de dóls, con un saldo positivo a favor de Brasil de 730 M de dóls, mayor al registrado durante el 2010 en 540 M de dóls. A su vez, en los primeros cuatro meses del año las exportaciones de Brasil a la Argentina siguen creciendo al 33% (6400 M de dóls) mientras que el déficit de la Argentina alcanza los 1200 M de dóls, esto es, el doble registrado durante el 2010 en 600 M de dóls. La Ministra de Industria, en el referido oficio al Ministro brasileño, publicado en la prensa económica argentina, deja de lado “los múltiples planteos referidos a fuertes asimetrías en materia de incentivos, financiamiento, medidas para-arancelarias” y se concentra, específicamente, en productos argentinos con dificultades y problemas (puntuales y estructurales) para acceder al mercado de Brasil. Afirma que, personalmente, el Ministro Pimentel se había comprometido a abordarlos, sin solución al presente, tensando, la relación comercial bilateral en el siguiente sentido: el Ministerio de Industria argentino cuantifica las barreras de acceso a los productos nacionales (leche en polvo, el mosto, bebidas alcohólicas, cítricos, agroquímicos, productos veterinarios, medicamentos, juguetes, vajilla de vidrio, camiones, maquinaria agrícola, heladeras, cocinas, lavarropas, algunos productos químicos) en 7000 M de dóls, anuales, esto es, el monto exportable nacional que, de haber ingresado a Brasil, resultaría en la desaparición del déficit estructural y en el equilibrio de la balanza comercial.Tales son los términos argentinos en la puja comercial con el emergente carioca que ejecutan, argumentando, la política de “licencias no automáticas” para la protección de los productos argentinos.

En esta puja comercial, ambos países se auto-definieron como “socios estratégicos” y buscaron dar señales, a los medios de comunicación especialistas en manipulación ideológica (tanto oficialistas como opositores) de una voluntad política y negociación. En este clima, no faltaron consultoras privadas como Analytica que, bajo el título “¿Guerra en la frontera?”, interpretaron una disputa legítima como una muestra de que “el comercio está alcanzando por numerosas excepciones y perforaciones al arancel externo común. Con este formato de acuerdo regional, y aún superando el actual, los conflictos serán permanentes y las soluciones ad-hoc, la norma” poniendo en evidencia el rol, sencillamente, ideológico de los informes que hacen circular en la prensa argentina, razón por la cual se encuentran en la mira del Gobierno y de las multas a través de la Secretaria de Comercio, a cargo del Guillermo Moreno. El viernes 20 de mayo los titulares de los diarios locales hacían referencia a un acuerdo entre Brasil y Argentina para comenzar a destrabar la disputa emitiendo algunas licencias para el ingreso de vehículos (Brasil) y la autorización del ingreso de algunos productos como baterías, calzados, neumáticos (Argentina)

Resulta importante destacar que si se profundiza, técnicamente, el análisis de este altercado no se observa tampoco “grandes incompatibilidades”. Por ejemplo, se afirma que calzados y textiles apoyan sin reservas las licencias no automáticas aplicadas por el Gobierno Argentino. Sucede que buena parte del calzado deportivo que se produce en el país se hace en empresas de capital brasileño que gracias a un tipo de cambio más favorable y de ventajas de autoridades locales compraron fábricas en el país desde donde, incluso, exportan a Brasil. A su vez, la COPAL, cámara de empresarios argentinos del sector alimentos, viene denunciando que las restricciones a la importación de chocolates o coco provenientes de Brasil (productos que produjeron la queja de Brasil a Argentina) los afectan porque los utilizan como insumos. Algo similar con textiles: la tela para jean está en manos brasileñas y el tráfico entre países, para el caso, es similar al de automotores. Y en el campo de la indumentaria, tampoco hay tanto drama porque son los brasileños quienes prefieren las prendas argentinas, nunca al revés. La importación de ropa formal y de calle brasileña casi no existe y las prendas deportivas que no se hacen localmente llegan desde Extremo Oriente en cuanta-gotas.

Dicho de otro modo: las especulaciones acerca de “Dilma no es Lula y Cristina no es Néstor”en el sentido de un “endurecimiento” sea de un lado, sea del otro, no tienen un correlato serio en la evidencia: ni en lo político, ni en lo ideológico-discursivo, ni en lo estratégico regional, ni en lo, estrictamente, técnico y los hechos tal cual se desarrollaron, en diálogo y negociación abierto, solo demuestran la ociosidad de opinólogos mediáticos y consultoras privadas de (pseudo) pretensión científico-técnica.

IV – Condiciones de la emergencia

Es importante recordar que son las desigualdades en dimensiones las que explican la existencia del MERCOSUR; No la fortaleza de los países miembros. Se trata —siempre se trató— de una unión en la debilidadpara potenciar lo que, en soledad, resulta, económicamente, inviable en el contexto de la acumulación global del capital. Si todos los países que integran el MERCOSUR tuviesen el mismo peso que hoy Brasil estaríamos debatiendo los términos de la competencia tecnológica del capital, como las disputas que acechan a India o Alemania respecto de las patentes intelectualesEl hecho de que Brasil posea la población cuatro veces la suma del resto de los estados parte y que el PBI de Paraguay represente su 1% o el de Argentina, apenas, el 20%, no es un argumento salvo para aquellos que crean que, hasta que todos los estados parte no adquieran la dimensión del carioca, la idea de un poder de negociación regional será la fachada de una pueril ilusión para encubrir la impotencia de conjunto o la dependencia al gigante responsable del 70% de las exportaciones totales. Las dificultades del bloque, su fortaleza lenta, no emergen de las visibles diferencias entre Brasil y el resto sino de la posibilidad de articulación y planificación, expansión y financiamiento. El problema no es que en el MERCOSUR no “hayan muchos brasiles” sino de la capacidad de planificación económica y acople emergente asociado con proyectos de potenciación tecnológica a escala regional. La pregunta del sentido común: ¿hay lugar para la industria en la región?.

Es cierto que no se puede competir con salarios de $100 que causan suicidios en el régimen asiático y que no es nada fácil con empresas como las farmacéuticas globales cuyas ganancias superan las reservas de nuestros Estados. Pero entre estos dos extremos del capitalismo mundial hay una gama extraordinaria de posibilidades de desarrollo y planificación regional.

La relación UNASUR-CEPAL, la conducción del Ministerio de Industria, las comisiones para el estudio y seguimiento de la relación comercial con China, están dando pasos que juzgamos fundamentos para la unidad político-económica del bloque que, obviamente, no debe estancarse en lo institucional, diplomático o imaginario (latino-americanismo) sino en la consolidación de cadenas de valor mercantil regionales. Es imperioso el avance y profundización de la planificación de proyectos productivos asociados para producir, internamente, capital tecnológico, la ciencia básica que lo gesta. Una política de desarrollo regional asociado solicita una política científica de ciencia básica a igual escala. Esto define, a nuestro criterio, el piso y la condición para una verdadera negociación con China en la geopolítica que asoma.

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