La noche, la basura, el exceso; por Leonardo Sai


Basta pensar en algunos films, algunos viejos programas de televisión, radio, canciones, que tomaron la noche —la noche urbana, taxista, lumpen, prostituta, travesti— como objeto de voyeaur, curiosidad y goce. Preguntamos por esta noche que no es la mística de la intuición sino la noche de la desconfianza; noche enferma, noche desperdicio. ¿Se ha vuelto mero reviente la noche? ¿Por qué esta oscuridad es una metáfora del miedo de sí? Hasta los cincuenta años, el miedo a la muerte es siempre trascendente y un hecho ajeno: el verdadero pavor es a la plaza. La plaza vacía, hedienta de CEAMSE; la plaza del ciruja, la plaza indigente, la que presta abrigo al arrojado a la basura de la vida. La noche es angustia; su temor es a la muerte social. Nuestra cultura del trabajo disfraza la noche como evento, como happening, como joda.
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La noche es el ser del escapismo, una fuga a ninguna parte.

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Ello se contorsiona, ello transita, ello se esconde: ello explota en todas partes. La noche es el temor de la bestia; convoca la certeza de Hobbes: “el hombre es el lobo del hombre”. El éxtasis divino es química, entre los curiosos autos circulares, los árboles y el placer desesperado: las calles rojas esgrimen la micro-economía de los cuerpos desobedientes. Lou Reed no era turista. Su mirada, canción, captura la pasión del antropólogo de las urbes. Pulsación del ojo. Una experiencia maquina con otra como la soldadura de un camino ininterrumpido. Lo primero que se ve es acción. Los cuerpos caminan. Una teatralidad sobreexpuesta, una pasividad exagerada. Sin embargo, el cuerpo es rígido, duro. Plasticidad y rudeza: el trasvesti fascina sórdidamente. Travesti vestido de secretaria, con anteojos, mini-falda; Travesti de colegiala; Travesti del Travisti: “Acá mandamos nosotras”. El travesti diagrama su micro-poder territorial. El territorio oscurece; un áspero goce emerge contra los árboles de la familia dormida. El forro se verá, esencialmente, en el amanecer del mate, la pantufla, los bizcochitos. Hay otros derrames de vida cuando “La Doña” y “El Don” se adormecen. El territorio travesti moja y su límite es el amanecer. En ese instante, la belleza gruesa, producto del sufrimiento y la alteración clandestina del cuerpo, decide cerrar los ojos.
Mientras se dispersan, lo arcaico que putea comprará su diario: “Rajen de acá, putos de mierda”.

Este texto fue preparado para ser leído en el programa de radio “El Circo Miserable” conducido por Norberto Ruso Verea, en Nacional Rock 93.7, de lunes a viernes de 0 a 2am. 

Para bajarse la lectura del Ruso Verea de este texto hacer click aquí: http://www.mediafire.com/?79kqwf22dfj92w2

Para bajarse los programas:

https://www.facebook.com/losmiserablesdelcirco?sk=wall

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