Velocidades (seis)


Menemismo y sectores dominantes

Por Leonardo Sai

Ahora todos los de la clase alta somos peronistas…

Amalia La Señora Lacroze de Fortabat. 1989.

¡Qué grande se ha hecho la franja,

Entre el arriba y abajo!

¡Qué grande se ha hecho la franja,

Entre el arriba y abajo!

Unos se van pa’ Miami,

Y otros se van pa’ carajo.

José Larralde. 1995.

Introducción

¿Cuándo termino el siglo XX? ¿En el 2000? ¿En 1989? La década del noventa constituye una década. No es obviedad, ni tautología. Tiempo cronológico y significado histórico no cabalgan juntos. El signo diferencial, la vértebra de la década del 90′, no es ni se reduce a Carlos Saúl el turco Menem electo el 14 de mayo de 1989 sino a la sanción de la Ley N° 23.928 o Ley de Convertibilidad en 1991. Etapa clausurada del neo-liberalismo por acumulación vía valorización financiera (1976-2001),relativa y trágicamente, en diciembre de 2001. Deshollinemos: ¿Cuáles fueron los ejes estructurales del período y cómo impactaron en el sector manufacturero y en el mercado de trabajo? ¿Cuáles fueron los cambios ocurridos en los actores representativos de los sectores dominantes, considerando formas de organización, identidad y acción?


Reformas estructurales o profundización de la concentración, centralización, extranjerización del capital(1) y fuga de capitales

Menem en el poder fue una alianza político-económica entre los sectores dominantes, la formación de una “comunidad de negocios” basada en el privatización de las empresas estatales constituida por firmas extranjeras, acreedores externos y la oligarquía diversificada(2)(grupos económicos locales reorientados a los servicios dada las privatizaciones como rentabilidad diferencial (Notcheff; 1998) por el contexto de monopolio, esto es, cuasi rentas de privilegio(3)garantizadas por la política del gobierno y no por una política de innovación tecnológica e inversión productiva. Como afirma Ana Gabriela Castellani, los grupos económicos (cúpula empresarial) no resultan actores capaces de construir un desarrollo endógeno sostenido de la economía nacional ya que no asumen la dirección de la política económica, en el sentido del desarrollo al estilo schumpeteriano, sino que consuman, periódicamente, gimnasias de adaptación a los cambios producidos en el contexto internacional originando crecimiento inestable y burbujas especulativas. En los términos de Aldo Ferrer: Una forma de liderazgo empresarial incapaz de producir densidad nacional(4)y el servilismo absoluto de la dirigencia política peronista. El Partido Justicialista hace su correspondiente “actualización doctrinaria” con las recetas del Consenso de Washington(5), el resultado: Populismo de mercado(6). Como afirmaba Domingo Felipe El Mingo Cavallo: La construcción de una economía popular de mercado habría quedado en un simple deseo si antes no hubiésemos resuelto el mayor problema que había sufrido la economía argentina desde mediados del corriente siglo: la inflación(7). La legitimación del período, con su hipnótico 1 a 1, consolidaba el fetiche: Todo el Bien (desarrollo, estabilidad, seguridad jurídica, previsibilidad, etc) emanaba de ella, orgullosa, como la mercancía, llena de mística; Cosa suprasensible, deseo disciplinado de los argentinos, finalmente, consumado: Convertibilidad, la fiesta del dólar barato. ¿Cuál fue su condición internacional de posibilidad?

La baja de la tasa de interés en Estados Unidos requería, de parte de la periferia o mercados emergentes, signos de carnal sujeción y seducción al Capital: el escote fueron las privatizadas. La Ley de Reforma del Estado (N° 23.696 del 17/8/89)(8) positivizó ese cambio institucional, el más relevante del período. Daniel Aspiazu (2002) sintetiza: celeridad en el proceso privatizador, subvaluación del patrimonio de las empresas a privatizar, alta improvisación en las negociaciones, debilidad normativa, déficit de regulación. Según Bisang (1996) y Barbeito (1996), ambos citados por Svampa (2005) durante el primer lustro de la década, sólo una fracción del sector industrial -aprox. 400 empresas que representaban el 40 % de la producción industrial- estuvo en condiciones de desarrollar estrategias de reconversión ofensivas en el proceso de adaptación a la convertibilidad, mientras que el 60% del sector industrial, que abarcaba unas 25.000 empresas no pudieron sino desarrollar estrategias de sobrevivencia(9). Mientras tanto, la Ley de Emergencia Económica (N° 23.697 del 1/9/89) acotaba, drásticamente, las ingentes transferencias de recursos del sector público a las fracciones dominantes locales mediante regímenes de promoción industrial (puestos en marcha en 1977) y compra-venta de bienes y servicios por parte del Estado, reformando el BCRA, profundizando la flexibilización del régimen de inversiones extranjeras, igualando los derechos de extranjeros y locales, abriendo una intensa pugna entre las fracciones del bloque dominante para determinar qué transferencias se acotaban y de qué manera, así como la forma que adoptarían las transferencias de los activos estatales al sector privado (Basualdo; 2006)

Este funcionamiento económico bajo los ejes estructurales de las privatizaciones, la apertura importadora, la reestructuración del Estado, la desregulación económica cambio el rostro de la Argentina moderna: una inusitada alianza entre los sectores dominantes (potenciados y luego independizados del ciclo, a partir de 1994, cuando crezcan a tasas significativamente superiores al PBI corriente; Ana Castellani y Martin Schorr; 2004), las clases medias (favorecida por la estabilidad monetaria, endeudada a un sector financiero extranjerizado(10) capaz de expandir sus servicios, modernizar su oferta y aumentar el volumen de créditos) y los sectores populares (que vieron crecer su poder de compra como efecto de la estabilidad de precios en la “etapa de oro” de la convertibilidad 91-94), esto es, la alienación del conjunto de la sociedad detrás de los objetivos de la fracción diversificada de laoligarquía pampeana (clase dominante) o, dicho en los términos de Portantiero: la consolidación hegemónica (1976-2001) que resuelve, definitivamente, el histórico empate de fuerzas (1945-1973) bajo la precisión de una doble y agresiva tenaza: la valorización financiera del capital des-industrializa (destrucción definitiva de la burguesía nacionalen los términos del 45´, del 58´, o del 75´) disuelve el mercado de trabajo organizando(11), estructuralmente, desocupación masiva (derrota histórica de la clase trabajadora argentina bajo la experiencia política peronista, del 45´ al 73´) incorpora y asimila a los grupos provenientes de la burguesía nacional bajo su dictat. Una vez reconvertido, financieramente, el capital, bajo el desplome administrado de Domingo Felipe Cavallo en el 2001, la fuga de capitales ascendía a la suma de 150 mil millones de dólares, el monto de la deuda externa. Esta hegemonía política y economía organizada por el menemato explica, culturalmente, el clima de fiesta y frivolidad de lasex-politik menemista: el transformismo(12).

Este transformismo no solo es político en el sentido gramsciano (Basualdo; 2006) sino estético y sociológico, un estilo de vida, descripto hasta el hartazgo por toda la profusa literatura de época: Silvina Walgner en Pizza con Champán; Horacio Vertsbisky en Robo para la Corona; Luciana Vázquez en La Novela de Menem; Tomás Abraham enLa Empresa de Vivir; Maristella Svampa en Los que Ganaron, la vida en los countries y los barrios privados y muchos otros investigadores y opinólogos culturales que recortan, superficialmente, la estructura del poder y analizan, empírica y aconceptualmente, una heterogeneidad de fenómenos de consumo, de corrupción, de organización urbana y de expresiones sub-culturales baladíes y fugaces reduciendo la diferencia histórica del orden de fuerzas (Althusser) a una novedad editorial interna de batallas de prestigio y reconocimiento del campo cultural (Bourdieu).

La clase dominante en la Argentina no fue por menemismo queaggiornó su identidad (visiblemente más americanizadas, mas ostentosas, más frívolas, mas excesivas, kitsch, al ritmo de la alegría desenfrenada de “los nuevos ricos”) ni tampoco porque, como afirmaSvampa (2006), exista algo así como “una inscripción de lo plebeyo transfigurado” como lo trasgresor sino que, de un modo mucho más elemental, básico y real, el sistema imaginario re-tradujo el goce del ejercicio del poder no limitado por fuerza política alguna, menos por la moral.

La suposición de una “renovación en la identidad” de las clases dominantes durante los noventas es tan ilusoria como las voces que, a su vez, plantearon una “cooperación entre políticos y empresarios”. Bastó que el sistema estalle para que el establishment de las asociaciones del agro y de la banca expliquen que los políticos argentinos son “demagogos”, “ladrones”, “oportunistas” (Mariana Heredia; 2002) El conflicto con las entidades empresariales unificadas del agro-pampeano durante la gestión Kirchner, al revolver viejos espectros del peronismo clásico, liquidará cualquier conjetura de “renovación cultural” de la oligarquía pampeana.

La soga en el cuello

Como sintetiza Castellani(13), la venta de activos nacionales ocasionó tres grandes consecuencias: el incremento de la participación de las empresas trasnacionales entre 1993 y 1998, el aumento constante de capitales que se fugan hacia el mercado financiero por parte de los grupos económicos locales, la conformación de proyectos contrapuestos entre distintas fracciones de la cúpula empresarial. ¿Qué quiere decir esta profunda re-estructuración y completa subsunción al capital extranjero?

Simple y rápidamente: la entrega de los capitales nacionales, asociados en consorcios a través de paquetes accionarios en el negocio privatizador de las empresas públicas, a capitales extranjeros no significó la venta de empresas en situaciones financieras comprometidas sino líderes y de mayor rentabilidad en el sector a cambio de altas tasas de rentabilidad en términos internacionales. Dicho de otro modo: el imperativo fue ¡vender y rajar! Esto descompuso la “comunidad de negocios”: quienes vendieron sus activos fijos, tenían importantes inversiones productivas en el país, y mantenían buena parte de sus recursos en inversiones financieras en el exterior, impulsaron la devaluación; quienes habían adquirido empresas o eran acreedores externos proponían la dolarización de la economía como forma de preservar en dólares el valor de dichas empresas (Castellani y Schorr; 2004; Basualdo; 2006)

La devaluación empujó a la mitad de la población del país en la pobreza. El soporífero uno a uno estallaba en mil pedazos, por todos lados. Lo que había acontecido, todavía hoy se discute.

Una fábula concluía en la ciudad de la furia. No sería la última.

 

Bibliografía utilizada:

Estudios de Historia Económica Argentina; Eduardo Basualdo; Siglo XXI; 2006

¿Capitanes de la industria o generales de la economía? Azipiazu, Basualdo, Khavisse en El nuevo poder económico de la Argentina de los ochenta; Siglo XXI; 2006.

Frívola y Casquivana, Mano de Hierro en Guante de Seda: Una propuesta para conceptuar el término oligarquía en América Latina; Waldo Ansaldi; Materiales de Cátedra.

Implementación del modelo neoliberal y restricciones al desarrollo en la Argentina contemporánea. Ana María Castellani. Materiales de Cátedra.

¿Más cerca o más lejos del desarrollo? Ricardo Aronskind, 2001. Materiales de cátedra.

Ricardo Aronskind; Populismo neoliberal; Argentina reciente-. Materiales de cátedra.

La política de liberalización económica en la administración de Menem; Pablo Gerchunoff y Juan Carlos Torre; Desarrollo Económico; vol 36; 1996. Materiales de cátedra.

Globalización, desarrollo y densidad nacional. Un abordaje de la experiencia de América Latina; Aldo Ferrer en La democracia en América Latina, un barco a la deriva por Waldo Ansaldi Dir.

La sociedad excluyenteLa Argentina bajo el signo del neo-liberalismo; Maristella Svampa.

Reformas estructurales y renovación de las élites económicas en Argentinaestudio de los portavoces de la tierra y del capital; Mariana Heredia. Materiales de cátedra.

Más allá del pensamiento único; Martin Schorr; Ana Gabriela Castellani. Materiales de cátedra.

Argentina: convertibilidad, crisis de acumulación y disputas en el interior del bloque de poder económico, Ana Castellani y Martín Schorr. Materiales de cátedra.


Notas

 

(1) “No se trata ya de una simple concentración, idéntica a la acumulación, de los medios de producción y del poder de mando sobre el trabajo. Se trata de la concentración de los capitales ya existentes, de la acumulación de su autonomía individual, de la expropiación de unos capitalistas por otros, de la aglutinación de muchos capitales pequeños para formar unos cuantos capitales grandes. Este proceso se distingue del primero en que sólo presupone una distinta distribución de los capitales existentes y en funciones, en que, por tanto, su radio de acción no está limitado por el incremento absoluto de la riqueza social o por las fronteras absolutas de la acumulación. El capital adquiere, aquí, en una mano, grandes proporciones porque allí se desperdiga en muchas manos. Se trata de una verdadera centralización, que no debe confundirse con la acumulación y la concentración” (El Capital, Carlos Marx; 1971; p.526)

(2) Por oligarquía diversificada entendemos los grupos económicos cuyo origen se remonta a la época del modelo agro-exportador y a la primera etapa de la industrialización sustititutiva, aunque algunos pocos se integraron en la segunda etapa de sustitución de importaciones, que se conformaron en tanto Capitales sobre la base de la fracción de la oligarquía que se diversificó y expandió hacia la producción industrial (Bunge y Born; Braun Menéndez y Garovaglio y Zorroaquín, a los que se agregaron más tarde, durante el treinta y el cuarenta, otros grupos económicos formados en la actividad industrial o en la explotación petrolera (Celulosam Astra, Perez Compac), cuyo comportamiento ha sido estudiado por el sociólogo Miguel Khavisse y los economistas Eduardo Basualdo, Enrique Arceo y Daniel Aspiazu; diferenciando conceptualmente con el término oligarquía pampeana a los grandes terratenientes burgueses que concentraron grandes cantidades de tierras y se formaron y consolidaron, como demuestran los estudios de Jorge Sábato, como clase dominante en el período 1880-1914 (en este sentido burguesía terrateniente en Sábato es equivalente, en los estudios de Basualdo, a oligarquía pampeana, salvo que éste reserva el término, estrictamente, burguesía y, específicamente, burguesía nacionalpara aquella que a través de la política industrial peronista surge a través de la CGE en 1953) Sostenemos esta diferenciación porque, a pesar de la clara racionalidad empresarial de ese actor (de allí el significante Diversificado) la denominación Oligarquía tiene el peso simbólico, histórico, e imaginario de constituir un concepto que hace referencia implícita a la base primigenia (la hacienda), genealógica, de un poder caracterizado por su concentración y la angosta base social (burgueses, hacendados) que lo conforma, esto es, por la exclusión en su ejercicio efectivo de la mayoría de la sociedad; se trata de un tipo de ejercicio de dominación pasible de ser ejercida, conducida, por clases, fracciones, grupos sociales (incluyendo redes familiares); basado en valores como linaje, tradición, raza, ocio, dinero, cuyo accionar captura al Estado, específicamente, al Senado como garante principal del pacto oligárquico entre dominios provinciales, regionales. Esta breve descripción puede hallarse en el artículo Frívola y Casquivana, Mano de Hierro en Guante de Seda: Una propuesta para conceptuar el término oligarquía en América Latina, del historiador Waldo Ansaldi; artículo de consulta ineludible para un detalle conceptual pormenorizado.

(3) La política de liberalización económica en la administración de Menem; Pablo Gerchunoff y Juan Carlos Torre; Desarrollo Económico; vol 36; 1996.

(4) Si para Aldo Ferrer Desarrollo es acumulación en sentido amplio,Densidad Nacional es conocimiento de lo propio en ese sentido. Ladensidad nacional requiere liderazgo empresarial y estrategias de acumulación de poder político y económico fundado en el dominio y la movilización de los recursos disponibles dentro del espacio nacional, reservando los núcleos dinámicos del desarrollo para empresas nacionales o sujetando, a estrictos marcos de regulación, la integración de filiales de empresas extranjeras en el desarrollo endógeno. Como vemos, todo lo contrario a lo ejecutado durante el período analizado y, desde luego, el pase a la sombra del economista referido durante el menemato y su coro neoliberal vernáculo; la vigencia de su enseñanza hoy. (Ver; Globalización, desarrollo y densidad nacional. Un abordaje de la experiencia de América Latina; Aldo Ferrer en La democracia en América Latina, un barco a la deriva por Waldo Ansaldi Dir.)

(5) La lengüeta del poder leía el ciclo así: Al final, en 1991, la situación se volvió tan desesperada que el presidente recién elegido, Carlos Menem, que irónicamente enarbolaba la bandera de Perón, recurrió a su capaz ministro de Economía, Domingo Cavallo, en busca de ayuda. Con el respaldo del presidente Menem, Cavallo vinculó el peso argentino en paridad de uno a uno con el dólar estadounidense. Esa estrategia extremadamente arriesgada podría haber saltado en pedazos horas después de su implementación. Sin embargo, la osadía de la jugada y la aparente credibilidad del compromiso espolearon a los mercados financieros mundiales. Los tipos de interés argentinos cayeron en picado, la inflación bajo del 20.000 por ciento en marzo de 1990 a una tasa anual de un solo dígito para finales de 1991. Yo rebosaba de asombro y esperanza. (Alan GreenspanLatinoamérica y el populismo en La Era de las Turbulencias; Ediciones B 2007)

(6) Ricardo Aronskind; Populismo neoliberal; Argentinareciente-.

(7) El peso de la verdad; Domingo Cavallo, Planeta; 2007.

(8) Otros instrumentos propios de esta etapa (1989-1991) fueron el plan Bonex, el decreto 435/90 de freno temporal al gasto público, la ley penal tributaria, la generalización del IVA, la creación del Sistema Nacional de la Profesión Administrativa (SINAPA)

(9) Juan Jose Llach, apologista del régimen convertible, sostenía que la convertibilidad era la posibilidad de reconvertir tecnológicamente la producción local, sus palabras, hoy revisadas, no dejan de, sistemáticamente, de enterrarlo en la negrura del error empecinado: En la vereda de enfrente se encuentra el economista Paul Krugman, junto a escasos epígonos locales. Sin embargo, Krugman ya dejó de lado su pronóstico de que a México, devaluando, le iría mucho mejor que a la Argentina sin devaluar. Hasta ahora se equivocó de medio a medio, y su insistencia en la devaluación se parece más a la defensa de una ideología que a un sereno análisis de la realidad. Otro Siglo, Otra Argentina. Juan José Llach; 1997.

(10) Aronskind en ¿Más cerca o más lejos del desarrollo?; 2001; sostiene que, en el marco del proceso de concentración ya mencionado, se pasa de 213 a 119 entidades financieras llegando en el 2000 a un control del 50% de los bancos argentinos y un 51%del total de sus activos bajo el pulgar de organizaciones extranjeras: hacia 1997 el INDEC ya evidencia que el 60% de las 500 grandes firmas es de capital extranjero; que éste posee el 71% de los activos; que realiza el 71.5% de las ventas; que exporta el 76%, que recibe el 74.9% de las utilidades, que genera el 55.9% del empleo (Aronskind; 2001)

(11) Eliminación de la indexación salarial, descentralización de la negociación colectiva, se vinculó las variaciones salariales a la evolución de la productividad, se limitó el derecho de huelga, se alteró el régimen de vacaciones, se privatizó el régimen de prevención de accidentes de trabajo, se pusieron en vigencia diversas formas de contratos temporarios, se disminuyeron los aportes patronales a la seguridad social y las asignaciones familiares, disminuyeron las indemnizaciones por despido, etc (Beccaria; 2002)

(12) Gramsci caracteriza el transformismo como la absorción gradual, pero continua y obtenida con métodos diversos según su eficacia, de los elementos activos surgidos de los grupos aliados, e incluso de aquellos adversarios que parecían enemigos irreconciliables. En este sentido la dirección política ha devenido un aspecto de la función de dominio, en cuanto la asimilación de las élites de los grupos enemigos los decapita y aniquila por un período frecuentemente muy largo. De esa manera la clase dirigente absorbe a los intelectuales de otras clases, enriquece su enfoque político-cultural y aumenta su capacidad hegemónica. El transformismo es un fenómeno en cuya producción ingresa tanto la capacidad de expansión y de adquisición de universalidad del grupo dominante y su producción ideológica, como la corrupción y el efecto desmoralizador de las derrotas políticas de los grupos subordinados.

(13) Implementación del modelo neoliberal y restricciones al desarrollo en la Argentina contemporánea. Ana Gabriela Castellani.

MODIFICADO :Enero 27th, 2009

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s