Velocidades (Dos)


Por Leonardo Sai

Ha nacido una nueva modernidad: coincide con la “civilización del deseo” que se construyó durante la segunda mitad del siglo XX.

La felicidad paradójica
Gilles Lipovetsky

De un tratado verdaderamente de deseo pues, poco hay allí, y aún de hecho: nada. Lo que de él se enuncia… no es sino cuando mucho un tono de razón.

Kant con Sade
Jacques Lacan

Desaceleración educativa.

En un mundo de velocidad de la liberación (1) la educación argentina también acelera, pero en cuarta. Las críticas y quejas al sistema educativo no son nuevas, tienen una larga trayectoria y se emulan entre sí. Tasas de repitencia, mediciones internacionales de organismos multilaterales de crédito, mediciones oficiales ministeriales (cada vez más sospechadas por la opinión pública gracias a las inteligentes estrategias de Guillermo Moreno) constituyen la competencia metodológico-cuantitativista de las arenas estadísticas. Tasas gravosas de un lado, tasas más exactas y específicas del otro, la cuestión será presentar un nuevo cuadrito, un nuevo powerpoint, un caramelo por aquí, otro por allá: Es el baile de los presupuestos en la existencia funcionaria. Los medios no pierden el segundo, clavan el colmillo y gritan junto al común de los sentidos. No vamos aquí a alimentar este imaginario de estadísticas y moralinas de medio pelo. Las estadísticas solo le dan a sus lectores lo que éste ya sabe, ya presiente, ya tiene en la mano. No le dan nada más. A ningún padre le hace falta leer suplementos educativos para saber el estado de la educación media en la Argentina: le basta mirar la carpeta de su hijo, escuchar lo que tiene para decirle respecto de su escolar encierro, escuchar lo que su maestro describe. Allí nace la crítica y verdad del Estado, sea provincial o nacional. El resto, simplemente: tinta para imprentas.

El Estado Nación no tiene el gobierno de la educación argentina. La dictadura burguesa terrorista unificada transfirió ese poder a las provincias que poseen sus propios organismos y la controlan, más o menos, como se les antoja. No existe educación nacional, sino fragmentaria y en permanente arreglo y acuerdo, es decir, ni siquiera provincial sino provinciana, aldeana, enana. Tampoco es una situación original. Basta leer la constitución para darse cuenta de que no somos un país sino un acuerdo entre provincias. Atado con alambre, según el constitucionalista Ignacio Copani. De un Estado débil, blando, que tiene que pedir permiso cada vez que levanta la voz (no va hacer que se nos acuse de fachos y unitarios) no es de extrañar que entre mercados editoriales, medios de comunicación, corporaciones profesionales, cuadros académicos, señoras de caudillos provinciales devenidas ministras, conciban como orificio de placer ese poder simbólico. Y, a esto hay que sumarle Internet, es decir, la astuta, fluida, irresistible, vital y maliciosa educación juvenil. A esta mala educación la antigua alianza familia/escuela tiene poco con que contribuir a mejorar.

La escuela es un servicio, es decir, un depósito, o un comedor escolar, que también es un depósito. Los padres se desligan, los docentes, cansados y sin un mango, abrazan la huelga, los preceptores se acuestan con las niñas. Las directoras gritan que ¡No hay límites! Las madres, preocupadas, pagan la cuota del servicio psicoanalítico. El psicoanalista les explica que no hace falta que persigan a sus hijos como dispone la autoridad escolar, que pueden continuar con sus tan amadas vidas profesionales. No obstante, señala que sus niños requieren, demandan, de sus palabras, afectos y presencias en momentos puntuales, lo que se conoce como función paterna. ¿Cómo saberlo? Practicando, es decir: siendo padres. La sesión culmina, la farmacia se abre: la solución del psiquiatra era más fácil. Volvamos.

No hay restauración posible de una época dorada, si alguna vez existió, de la escuela argentina. Ya en la década del 30’ y del 40’ se hablaba de una “vieja escuela” concentradas en torno de la incapacidad que el modelo escolar “tradicional” tenía para movilizar y capturar el interés de los pibes. Enseñar nunca fue fácil, para ningún maestro de la historia de la especie. Decidir qué enseñar tampoco es una tarea liviana. Depende del tipo de sujeto que se quiera modelar, si se lo desea, del poder que el Estado tenga para limitarlo, si lo tiene, de la especificidad de la enseñanza como problema, si se lo formula.

Existe toda una tradición que se remonta, por ejemplo, al normalismo. Una estrategia de enseñanza relativamente homogénea para la formación y capacitación docente. Los años noventa definieron lo que se llama currículum, esto es, la apuesta a la mejora de la enseñanza a través de recetas de contenidos, conocimientos obligatorios para todas las escuelas. Se trata de soluciones que serían impecables si el problema de la enseñanza mismo se reduce a un problema de prescripción. No hace falta explicar que la realidad, esto es, la posmodernidad, no sirve en bandeja restauraciones de ningún tipo. En ese sentido, no se puede hablar de “La escuela primaria”, desconociendo que existen, por ejemplo, escuelas rurales donde se agrupan alumnos que están cursando distintos grados de escolaridad en forma simultánea con un mismo maestro; ni hablar de las escuelas, cuando existen, al interior de las cárceles donde el sistema penitenciario negocia lo que llaman “beneficios”, esto es, su inconfundible interpretación de derechos y garantías constitucionales. En suma: hay problemas educativos porque existen condiciones objetivas y específicas de escolarización que demandan soluciones precisas y problemas pedagógicos-didácticos emergentes de tales contextos.

La enseñanza como problema (2) no es el efecto de estructura de una “política global” sino la infraestructura de la política educativa misma. Entender que es el eje problemático permite comprender que una escuela bien equipada no significa, por efecto de estructura, una buena enseñanza. De ser así, no existiría dificultad alguna en la educación country —con más de mil quinientos pesos de cuota mensual.  Se trata de entender la complejidad y especificidad de un problema que permita su enunciación efectiva, esto es, la construcción de una seria política educativa que actúe, ya no sobre condiciones ideales por parte de maestros excepcionales, sino sobre un conjunto bien diferenciado de miserias reales.

Aceleraciones en las nuevas generaciones.

A la aceleración de la información y del periodismo (3) debe corresponderle una gimnasia educativa; destreza simbólica para una realidad vertiginosa en la cual los pibes están bien sumisos. Sucede que carecen, en términos absolutos, de capacidad conceptual para apropiársela activa y productivamente. Un poder virgen que debería ser desarrollado a partir de nuevas teorías, nuevas miradas, nuevas pedagogías, nuevas actitudes y estados de ánimo frente a unas fuerzas ya desatadas, irrefrenables.

La sabia ancianidad de Zigmunt Baumann afirma que para poder construir el famoso proyecto de vida hace falta ejercer algún tipo de control sobre el presente (4). Si no lo podemos controlar, mínimamente, el futuro se nos vuelve un dominio imposible. Y el progreso ni siquiera es representable como motor, menos como idea. Define “progreso” como la confianza del presente en sí mismo, en un tiempo que nos es favorable, en el cual existe una especie de “nosotros” que hace que las cosas sucedan. Hoy el presente se luce como una fuerza incontenible de direcciones inciertas. Que el llamado “progreso” haya sido desregularizado y privatizado no quiere decir que todas las formas de confianza (trust) hayan desaparecido. Desaparecen, más bien, lazos, moldes, guiones de relaciones típicas de la sociedad industrial: un trabajo, una identidad, una familia, una jubilación, una parcela en el cementerio (5). La sujeción de esas representaciones de solidaridad a permanente discusión e interpretación (6); objetualizadas ideal, escéptica y moralmente; atravesadas por luchas generacionales que se disputan las formas de pensar y vivir el pasado presente; tensionadas por desprecios y nostalgias de diferentes fuerzas económico-políticas y segmentos sociales a partir de tácticas muy disímiles de seducción (7), se relaciona, esencialmente, con la dislocación, disociación, que la experiencia del trabajar plantea al sentido de aquella metafísica-política, del siglo XVIII al XX, que monopolizó su interpretación, bajo el modo de la emancipación de las masas en ascenso dialéctico a la subjetividad auto conquistada. Ya no quedan relatos, ni filosofías, ni sentidos que orienten al humano a fabricarse una conciencia (trabajo sobre sí) respecto de su actividad genérica y vital mediante alguna instancia “iluminadora” (aparato de Estado, partido, diván, vanguardia) Lo que importa es que la máquina deseante funcione. El derecho universal es derecho universal al goce, no al voto (8). La experiencia del trabajar ya no se la idealiza (delira) como voluntad de emancipación sino como voluntad de excesos. En la era de la hipermercancía, lo grave no es la alienación del sujeto en las cosas, ni su acentuación por el consumo masivo, ni la absorción del sujeto por el objeto (9), sino la fabricación y diseminación de ese supuesto deseo de ser uno mismo, ese ideal social de ser uno mismo para ser feliz. Exigencia planteada, al mismo tiempo, que su sombría verdad: la dificultad para ser sujeto de deseo en esta era (10).

El descentramiento del hábito moral del trabajo junto con sus valoraciones y sacrificios, con todas esas melancólicas y patéticas identidades, tradiciones y jerarquías, no explica que la moral misma se diluyó sino que aquella forma se vuelve marginal, adyacente, y que, ahora, acuden al relevo otras experiencias (hiperconsumo) que estructuran otras funciones sociales. El trabajador ya no es el militante sino el apostador. El neoliberalismo funciona menos con neuróticos que con perversos. Ejecutado por el peronismo, bajo el modo de la rifa periférica, suicida, neo-colonialista del patrimonio nacional evidencia, obviamente, un aspecto de un proceso global, de una fase de acumulación, cuya genealogía se remonta a una teorización epistemológico-política (en cuyo campo de adversidad se encontraba la experiencia nazi) que diseñó un arte de gobernar que proyectó, diagramó, limitó el poder global de la decisión política a los principios formales de la economía de mercado (11). Paradójicamente, provocó una naturaleza concentracionaria que, si bien no organiza a las masas en fiestas totalitarias de dirigismo keynesiano, contempla el gulag planetario haciendo turismo social, en cómodas cuotas a ONGs, con aportes millonarios a programas mundiales de financiamiento de pobreza y educación tutelada. Existen formas muy cómodas y convenientes de procesar (finalmente, sentirse un poco culpable, un poco responsable) los excesos en los mercados del alma del individualismo de masas.

Así dejamos configurado el imaginario de la diagnosis sociológica del hiperindividualismo afianzado en el pasaje al siglo XXI: Todo parece indicar que el individuo se libera, radicalmente, de la sociedad y de su coerción de rebaño cuando, en realidad, el peso de sus reglas y disposiciones recaen con una dureza aún mayor sobre sus espaldas. El individuo emancipado vive como asunto personal lo que es una realidad socioeconómica. La opresión de clase se vive como impotencia, humillación y vergüenza individual. Comedia trágica del camello posmoderno, tan bien retratada por la magnífica denuncia del sistema de salud norteamericano, documentada por Michael Moore en Psycho.

Pese a toda esta vertiginosa sociología de la desdicha, hay sociedades que afirman conocer la felicidad: la esperanza de vida en Francia es de 76, 7 años para los franceses, de 83,8 años para las francesas; una niña nacida en el 2001 tiene el 50% de posibilidades de vivir, al menos cien años. Se eligen nacimientos, la conducta sexual es totalmente libre. En los países más desarrollados el tiempo no trabajado representa entre el 82% y el 89% del tiempo total despierto del individuo: Nueve de cada diez franceses se declaran felices (12). ¿Felicidad del último hombre? Preguntan los monos de Zaratustra, y se retuercen de envidia. Mejor, volvamos: ¿A qué fuerzas desatadas e irrefrenables hacíamos referencia?

La revolución industrial británica nació de semillas sembradas por generaciones que no tenían idea de las fuerzas que estaban poniendo en marcha. Los ideales del teatro del pensamiento weberiano —esos primeros capitalistas ahorrativos, austeros, ascéticos, incansables bestias del deber— fueron el gatillo de una ética que tenía muy poco en común con la que contribuían a diseminar. Los valores típicos del “feudalismo japonés” y sus apegos a códigos de conductas que desde occidente solían leerse como arcaicos y poco materialistas permitió la modernización vertiginosa de Japón. Cuando observamos un cyber en donde quince pibes diagraman una guerra online (uno en Chile, otro en Brasil, otro en México, etc.) todos interrelacionados, con distribución de la tarea y ejecución de un plan acordado (pibes que, al mismo tiempo, chatean con cientos de contactos en círculos de amistades y placeres: Una vasta tela de anexiones) cuando nos detenemos a mirar la velocidad de los intercambios, la intensidad de la inmersión, la cantidad de horas en que un humano puede estar virtualmente fugado (13) no podemos sino asombrarnos ante la emergencia de un dispositivo de relaciones sociales nuevo. Si esos jóvenes, años más tarde, se dedican a escribir software no podemos sino preguntarnos: ¿Qué fuerza los sacara a un maldito afuera?(14)

Obviamente, no hacemos referencia a profesionales que han incorporado vía alguna mediación el saber virtual, adaptados felizmente al posfordismo, “socializados” por determinados valores (moribundos valores pero eficaces en lo concreto, sentidos, cuestionados, y cumplidos) sino a chicos criados en el juego virtual, sin mediación alguna, en un mundo de valoraciones absolutamente licuadas: ¿Acaso “formar una familia” les resulte un hecho probable y aleatorio, incluso significativo… pero no imperativo? Para estos jóvenes por venir, osamas bin ladens de las cybercatacumbas y de la clandestinidad gmail, la relación de valor entre creatividad y trabajo será decisiva. De poderlo construir y definir, el trabajo será para ellos creativo y democrático o será un puente hacia otra cosa más interesante: un proletariado sumamente avanzado, un superproletario mezcla de Bill Gates y Lenin, que no soporta que su trabajo se vuelva standard, una productividad que no puede detenerse frente a una autoridad puramente disciplinar, un poder desatado que necesita ser democrático por su propia estructura inmanente para ser altamente productivo: un excedente sostenido exclusivamente por la diferencia subjetiva (15). Es cierto que estos jóvenes del futuro superproletariado inmaterial tendrán pocos o nulos deseos de encarnar al Che en el siglo XXI. Sin embargo, tendrán sus luchas… salvo que no por buenas razones. Nada de mundos mejor. Tendrán sus ofensivas, pero por malas, muy malas razones. Por egoísmo, porque todas las jerarquías y poderes que les son herencia les resultan, claramente, recesivos para la estructura y el desarrollo del potencial que les interesa. Basta verlos con las disputas respecto del copyright y el software libre. El nuevo imperio hace rato tomó nota de todo esto, y no pierde el tiempo.

El 11 de marzo de este año China anunció que reformará los ministerios de gobierno y creará nuevas agencias para afrontar nuevos problemas, entre ellos, internet. Es la sexta re-estructuración, la cual incluye cinco “superministerios”: transporte, vivienda, protección ambiental, seguridad y política informativa (incluyendo comunicaciones para la defensa e Internet) El imperio derribado, en medio de una cruel interna, vive pendiente del pasillo virtual. Según informa el diario El País de España, el 71% de los yanquis usa internet. Obama y Hillary viven pendientes del conventillo bloggero. Lo hacen a través de una empresa (Lexalytics) que realizan estudios, casi cualitativos, que les permite “estructurar datos no estructurados” (data mining), esto es, filtrar y poner de manifiesto una secuencia de interés entre los votantes: importa la opinión, el comentario, lo que se dice después de un debate o una aparición pública, la reacción inmediata. Obama recolectó en enero 32 millones de dólares, 28 a través de la red. Solo el 12% llegó por medios tradicionales… es el candidato preferido de los jóvenes.
Cerramos esta segunda parte con un fragmento de la entrevista realizada al economista Pablo Levin por la agencia de contrainformaciones La Vaca (16). El libro se llama El Capital Tecnológico. Quienes lo han estudiado, con método y agudeza, afirman que es la continuación de una serie de tomos escritos por un barbudo y tenaz alemán… maestro de este oficio. Quizás, el último del artesano.

… La primera carta es el reclamo.

-No lo cuestiono. Y forma parte de los derechos de las constituciones liberales, y forma parte necesaria de una política de izquierda. Pero llamo peticionismo a las prácticas que se agotan en la petición. Sin otra opción.

-¿Y cuál es la opción?

-No existen opciones salvo en sectores de la clase trabajadora, que si concretan esas opciones pueden adquirir una hegemonía sobre el resto de la clase trabajadora que está sumida en el peticionismo, en la desocupación, la miseria. No hubo nunca como ahora, una etapa en el capitalismo en que la clase obrera fuera tan numerosa y con un peso tan abrumador en la población. Pero el sector que ha sido educado para la producción por el sistema capitalista, y que mantiene vigente y actualizada su capacidad productiva, es muy reducido. Y es el único sector, a mí entender, que podría desarrollar esta dimensión necesaria de sus propias reivindicaciones y accionar, que es el control obrero de la producción, que ofrecería la posibilidad -sólo la posibilidad- de superar y romper los límites peticionistas a los cuales de otro modo está condenada la política de izquierda.

-Por un lado se excluye a cantidades monstruosas de gente. Pero los que quedan, no he visto que tengan la intención de cambiar nada.

-No lo sabemos. La historia no ha terminado. Para mí hay un proceso del capital, que tiende a reproducirse fuera de los países donde se ha localizado originalmente. Y así va dando forma a un proletariado importante en los países que se convierten en plataformas de exportación de productos y mercancías. En estos países como la India, el club al que en el mejor de los casos aspirarían a entrar Brasil y Argentina, se forma un proletariado, mientras el proletariado de Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón, se va a ver sometido a un proceso de igualación, hablo de una tendencia, que paradójicamente va a proletarizar al proletariado. En estos momentos hay que buscar con lupa la fábrica donde los obreros quiera iniciar la experiencia de realizar el control obrero de la producción, pero esa pequeña vanguardia con el correr de esta tendencia que estoy describiendo, se puede convertir en una porción incluso cuantitativamente importante de la clase obrera, y su liderazgo va a ser incontenible. Y se van a convencer de que no tienen otra opción que seguir el camino de ese liderazgo.

-Pero en el tiempo presente, esa gente excluida es la que motoriza cambios, novedades, vitalidad social.

-Es la paradoja: los que tienen menor posibilidad de concretar el control obrero de la producción son los que están más dispuestos a cuestionar el sistema. Pero tienen menor posibilidad de cambiarlo. Esa es la paradoja. Hay que convivir con ella, pero sabiendo que de ahí no viene la cosa. Una de las cosas más difíciles para la vanguardia obrera va a ser justamente incorporar a trabajadores que no han sido educados por el capitalismo para a producción. No solo porque estuvieron desocupados durante mucho tiempo sino porque hay una masa de jóvenes cada vez mayor, que no ha trabajado nunca.
Y entre los que no han trabajado nunca hay una porción creciente de personas que ya no estarían en condiciones de trabajar y asumir cierta exigencia de complejidad y de concentración, porque no han recibido la educación básica. Y en muchos casos, ni la alimentación que permita tener un organismo y un sistema nervioso requerido para un trabajo de cierta calificación. La infancia abandonada produce desastres espantosos, y no hay que pensar que solo por su carácter injusto eso va a avivar los movimientos de protesta y procesos de cambio. Todo lo contrario: el efecto es terrible, quizás ese sea uno de los obstáculos mayores para la superación del sistema y una base sólida para que aparezcan por fin, en serio, movimientos de extrema derecha.

-Sin embargo en muchos de esos excluidos y en esas experiencias sociales, uno encuentra una capacidad de resistencia, de transformación. De cambio. Y en los sectores supuestamente deberían asumir esa vanguardia uno ve pensamiento viejo, esquemático, elitista, cerrado, nostálgico.

-Es así, totalmente así. La característica de toda la sociedad presente es la diversidad. Cuando hablamos de un sector hay que reconocer la heterogeneidad. Cuando hablamos de excluidos… yo estoy hablando de un estrato muy extremo. Pero lo que vos decís necesita la conducción de un sector avanzado de la clase obrera que esté en condiciones de organizar la producción. Porque sea cual sea el cambio político que pueda ocurrir, sería completamente intrascendente si primero no se abre la posibilidad de crear un nuevo Estado, y si simultáneamente no está la clase trabajadora en condiciones de tomar la conducción de la economía. Por lo que sabemos hasta ahora, aún en condiciones favorables eso es bastante difícil. No hace falta que hablemos de los ejemplos que hemos tenido, los conocemos muy bien. (Para que se entienda, cuando Levin habla de la instalación del estalinismo en la Unión Soviética, en el siglo XX, lo define como “la pesadilla más ominosa”).
Entonces, el peticionismo es siniestro, es la derrota definitiva. Lo único que puede superar el callejón sin salida del peticionismo es la planificación obrera. No en las fábricas de autogestión, sino donde están los capitalistas. Ahí está la verdadera posibilidad de desarrollar el control obrero de la producción y de incluir reivindicaciones que atañen a la información, al conocimiento, que permitan tomar iniciativas. Ahí yo veo el potencial de abrir un nuevo horizonte.

Notas
(1) La velocidad de liberación;  Paul Virilio; Manantial; 1995.
(2) Diez miradas sobre la escuela primaria. Flavia Terigi (compiladora); Editorial Siglo XXI.
(3) Velocidades (UNO) por Leonardo Sai; Nación Apache, Febrero 2008.
(4) La Modernidad líquida, Zigmund Baumann, FCE, 2001.
(5) Baumann viene trabajando las ideas de “la modernidad líquida” desde trabajos muy anteriores donde lo que se analiza para llegar a aquellas lógicas conclusiones y consecuencias es el pasaje de una “ética del trabajo” a una “estética del consumo”. En conceptos del filósofo Sloterdijk la transformación del “Globo” en “Burbuja”.
(6) Me refiero a los países centrales. En nuestra periferia, la dictadura terrorista procesó las formas de solidaridad colectiva penetrando, perforando, tan hondo la subjetividad social que los argentinos no confiamos en nosotros ni siquiera para cruzar una calle.
(7) El neoliberalismo está lejos de ser un programa político muerto. Más bien, insiste y renueva sus escamas. Por ejemplo, en el caso de la política de la izquierda en Alemania. En una reciente entrevista, traducida por el site Sinpermiso.org, a la diputada Dorothée Menzner afirmaba: “En los llamados Estados Federados “viejos” (Alemania Occidental) la cosa tardará posiblemente un poco más, hasta que los parlamentarios veteranos se acostumbren a nuestra presencia… nuestros diputados no son unos principiantes políticos y no se dejarán desmoralizar por el griterío de los partidos del desmontaje del Estado Social… lo cierto es que la mayoría del Parlamento Federal no ha abandonado la idea de privatización (en referencia a los ferrocarriles) Lo seguirán intentando. Y en cuanto vean una oportunidad de hacerla compatible con la Constitución, sin que desgarre la coalición de gobierno, volverán a la carga”. Dorothée Menzner es diputada de La Izquierda en el Parlamento Federal berlinés por la región de Baja Sajonia. Fuente: Sin Permiso.org; 03/02/08.
(8) “Entonces, ¿no nos vemos incitados a tomar más en serio lo que se nos presenta como no siéndolo del todo? No preguntaremos, es fácil adivinarlo, si es preciso ni si es suficiente que una sociedad sancione un derecho al goce permitiendo a todos autorizarse en él, para que desde ese momento la máxima se autorice en el imperativo de la ley moral”  Escritos II; Pág. 748; Kant con Sade; Jacques Lacan.
(9) El hombre Unidimensional; Herbert Marcuse.
(10) “… el típico ejercicio sádico de una perversión en la que un mismo acto es llevado delante de forma indiferente sobre una multitud de víctimas anónimas prefigura la producción en serie e instaura la equivalencia generalizada de las mercancías. Libradas a sí mismas, las pasiones, capturadas en la irreversibilidad del mecanismo del intercambio mercantil que instituyen, trabajan a favor de su propio sometimiento” La máquina Deleuze; El seminario de los jueves y Tomás Abraham; Pág. 277; “Deleuze, Klossowski y la muerte de la trasgresión” por Javier Benyo y Verónica García Viale.
(11) El nacimiento de la biopolítica; Michel Foucault; FCE; 2007.
(12) La felicidad paradojal. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo. Gilles Lipovetsky. Editorial Anagrama
(13) Hay cybers que organizan competencias, de 1AM a 6AM, enteros fines de semana.
(14) Existe en la actualidad una tendencia laboral llamada Home based o virtual office. Se trata de una estrategia para estimular, retener empleados, ahorrar gastos fijos. Ver: “Si me mandan a casa voy contento”; Critica de la Argentina; Miércoles 5 de marzo de 2008; página 28.
(15) Toni Negri me parece un pensador tan obnubilado y borracho de filosofía deleuziana, que se defiende, incluso, de críticas que son, en realidad, sus mejores delirios e ideas: “… Y ahí es donde interviene la segunda crítica de esa serie: que nuestro argumento de la hegemonía del trabajo inmaterial reemplaza la antigua vanguardia obrera industrial por una nueva vanguardia de trabajadores inmateriales ¡los programadores de Microsoft acaudillando la marcha hacia la aurora resplandeciente! ¡En el fondo sois leninistas posmodernos disfrazados con piel de oveja!, Exclaman.”  Antonio Negri y Michael Hardt, Multitud; Página 261; Debate; 2008.
(16) www.lavaca.org

Bibliografía consultada para esta segunda parte:
1-El nacimiento de la biopolítica. Michel Foucault. Editorial FCE.
2-La felicidad paradojal. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo. Gilles Lipovetsky. Editorial Anagrama.
3-Imperio. Toni Negri y Michael Hardt. Editorial
4-Multitud. Toni Negri y Michael Hardt. Editorial Debate.
5-El desprecio de las masas. Peter Sloterdijk. Editorial
6-La modernidad líquida. Z. Baumann. Editorial FCE.
7-Diez miradas sobre la escuela primaria. Flavia Terigi (compiladora); Editorial Siglo XXI.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s