Velocidades (Cuatro)


Apuntes sobre la valoración blanda y la cronoeconomía

Por Leonardo Sai

De regreso en la habitación, que tiene forma de colmena, Davide me pasa un Playboy antes de darse una ducha. Lo que prefiere la conejita de diciembre: insignas militares, dibujos de armamento, visitar el centro de mando nacional del Pentágono. Pero yo prefiero ver en la MTV un programa sobre el contrato millonario que han firmado los Impersonators con DreamWorks, una entrevista con el grupo, el nuevo single “No paso Nada” de su próximo cedé titulado “En presencia de nada”. Me acerco lentamente a un espejo. Mi rostro ofrece un aspecto fanstamal, casi transparente; mi mirada perdida en el infinito me recuerda a algo; observo que me han salido algunas canas. Oigo a Davide duchándose, el chorro de agua cayendo sobre los azulejos, Davide silbando una canción que estuvo de moda hace cuatro años. Cuando Davide abre la puerta del baño, yo ya estoy en la cama, cubierto con el edredón, medio dormido, chupando un caramelo.

 

Glamourama

Bret Easton Ellis

 

… después entra en escena un nuevo intelectual: el radical, que es una especie de intelectual que actúa por su cuenta y riesgo. Un radical no quiere dedicarse a algo tan aburrido y tan mal pagado y tan… rígido como dar clase. Los radicales son esa gente que no tiene intención de tirarse lo mejor de su vida haciendo el doctorado encerrado en algún despachito de una biblioteca. Son intelectuales, pero quieren actuar al máximo nivel. Estamos en un nuevo milenio y quieren ser miembros de la aristocracia del milenio, que es una meritocracia, pero una aristomeritocracia. Son mutantes. Son un paso más en la evolución. Han ido mucho más allá que los típicos intelectuales del siglo XX. No son meros tratantes de conceptos que se contentan con vender las ideas de un Marx, un Freud, un Darwin o un… un… un Chomsky… esos personajes no eran transmisores de ideas ajenas, cada uno de ellos creó una matriz, una especie de madre de todas las ideas. A eso aspira un mutante del milenio… ellos serán lo que creen las nuevas matrices, ellos directamente, sin intermediarios…

 

Soy Charlotte Simmons

Tom Wolfe

La revolución de un osito de peluche

Una tristona cara de doméstico perro, con ojitos de peluche patético, asoma su nariz mediática. Pauls, hermano del actor famoso, comenta la revolución permanente del llamado Rock Nacional. ¿Cómo puede ser que toda porquería con treinta años de antigüedad se halla vuelto documento histórico? ¿Tenemos que adaptarnos como cerdos felices o podemos aspirar a algo más, a un estómago, por ejemplo? Creo que a esta altura ya pasaron todos lo lugares comunes: Fito, Spinetta, Charly, Pappo, Vox Dei, etc., etc, etc. Cada uno de ellos es presentado como una especie de genio titánico. Son todos Wagner: hay un Wagner Bahiano, un Wagner Calamaro, un Wagner Enanitos Verdes. Falta, aunque siempre lo dejan afuera, una vela al gauchito Iorio y a V8 para llenar el cartoncito y quedar bien con todos. ¿Acaso Doña Rosa no conoce Elepé, ese programa Revolucionario sobre el rock argentino, que va los miércoles a las 23hs, conducido por el actor, músico y hermano de Gastón Pauls, por canal 7… ese programa histórico sobre los grandes discos que hicieron Historia? Vayamos al jugo de la cuestión.

Hay una diferencia entre fama y reconocimiento. El primero es el goce del segundo. La fama no es la cáscara de una búsqueda de reconocimiento sino el plus obtenido de ese intercambio subjetivo: goce del reconocimiento de una figura bella, goce del reconocimiento de un talento, goce del reconocimiento de una frivolidad: la fama es amoral, su valor es pura espuma y se mide en segundos. Como afirman los hinduistas: el ego es ilusión y la fama el estímulo y recompensa que una sociedad pacta, a partir de un famoso en tanto espécimen, para sostener sus “valoraciones” indistintamente imaginarias. Ahora bien, en una economía que es, en realidad, una cronoeconomía, una economía de tiempo, de innovación vertiginosa, acelerada, de reemplazo incesante y de acumulación de estorbo, desecho y basura diversificada, el reconocimiento (una relaciona intersubjetiva) es desdibujado por la fama volviéndolo una marca: una marca de símismo. En este sentido, ya no se reconoce el pensar de un filósofo, la teoría de este o aquél académico, el estilo de tal o cual escritor sino la marca de su obra, el título del éxito-best seller, el hit de su investigación o primera plana. El resultado de este proceso exacerbado es que nadie es, legítimamente, reconocido por el esfuerzo que pone o no en su trabajo. Nadie es valorado, pero todo el mundo puede llegar a ser famoso/a, es decir, expeditivamente descartado.

Nadie puede o debe ser reconocido porque ninguna subjetividad humana puede innovarse a sí misma todo el tiempo, a cada minuto, como Madonna del ser, como lo desearía la cronoeconomía. Lacronoeconomía reconoce (porque vive de ella) solo la innovación, y dentro de esta forma de productividad: la innovación permanente. A diferencia de lo que sucede con cualquier subjetividad, la innovación permanente de la técnica es funcionalidad real, transformación acelerada de la hipermercancía(1). Innovar es el signo del capital tecnológico. La sociedad, a su vez, tiende, cada vez más, a glorificar, con pulsión histérica, el autoinnovarse y sanciona la repetición como aburrimiento: Gregorio Klimovski siempre dice lo mismo; sanciona la disciplina de una forma sólida (lo que antes se llamaba “un adulto”) y distingue la mutación subjetiva superficial (una mutación de escamas pero no de sentido(2)) El reemplazo de la productividad repetitiva de la cadena de montaje fordista por la productividad innovadora de la hipermercancía, la mercancía conceptual, ha gestado la ilusión de que la subjetividad también puede seguir esos ritmos, que debe hacerlo, porque finalmente la subjetividad se objetiva y la objetividad contiene la huella subjetiva y blablabla y entonces vienen los asesores de imagen y nos enseñan la cosmética del vivir: ¡Revoluciónate! ¡Modifícate! ¡Cambia tu estilo! La docilidad a la estructura de la cronoeconomía es la auto-producción mercantil como dictat alucinatorio neoliberal: Tú eres tu propia empresa. El correlato de esta economía de la innovación, de esta economía de la velocidad es una inflación de lo novedoso motorizado por lo que denomino una valoración blanda(3).

Valoraciones disueltas

La valoración blanda es global. No está determinada por un signo político periférico. En el 2001 ninguna izquierda, ninguna dirección consciente de las izquierdas unidas y sin unir hubiese podido “tomar el poder”, simplemente, porque las asambleas barriales no equivalen a los soviets rusos y porque el programa que organiza soviets rusos en el contexto actual solo puede organizar el espacio cultural de entrada gratuita de una fábrica recuperada. Pensar que es posible “La” Revolución, incluso en términos menos caricaturescos, es en sí valorar livianamente las cosas. En el 2001 del 2008, es decir, en el conflicto campero conducido por las dirigencias agrarias concentradas, con más de 400 piquetes en todo el interior, con una capital federal atemorizada, dócil y refugiada en angustiosos cacerolazos; con una presión inédita sobre una economía fuerte logrando índices de retracción coyunturales; con un peronismo partido y sin otra estrategia política que el chorizo, el bombo y la marchita; la derecha histórica (oligarquía pampeana) tampoco avizoró a “tomar el poder”, simplemente, porque el programa de la renta de siete mil hectáreas no equivale a la conducción y dirección de un país. Pensar a lo Carrió, de que es posible autofinanciar el Estado en un contexto de ausencia de crédito mundial (con la excepción de nuestro creciente financista Venezuela) sin presionar nacionalmente sobre la tierra, de que es posible “un” Campo cuya “generación de riqueza” solo se explica por la suba internacional de los commodities motorizados por la burbuja financiera desparramada por la crisis de la sub-prime yanqui, es en si valorar blandamente las cosas. Sobre el conflicto campestre me extenderé en la próxima edición de estas Velocidades Apaches. Volvamos.

La valoración blanda es la resultante del ejercicio de un poder colosal, políticamente irresponsable, inapelable, supremo, que se objetiva social, económica y políticamente, subordinando al Estado y que, en tanto superficie, cobra el rostro de empresas dominantes que planifican globalmente su producción. La valoración blanda emerge como el intento fallido de una subjetividad enlazada a la estructura de la cronoeconomía por dotarla de sentido. La posmodernidad en la política (a diferencia de la científica) es una valoración blanda, una apreciación sin peso suficiente como para tocar o transformar lo real, una mera cosmética, un estado pre-político. Contempla la economía no como política concentrada sino como fenómenos meteorológicos:predicciones del clima bursátil, presión de los mercados emergentes, lluvia de inversiones, atmósfera financiera y terremoto en Wall Street, fiabilidad de las previsiones, Tsunami de la burbuja financiera. Al no poder dominarla mediante el concepto, se mitifica: George Soros, Gurú del Mercado. El resultado es una relación con la economía mundial, con las determinaciones de la política mundial concentrada, similar a la de las sociedades originarias con la naturaleza. ¿Cómo se valora livianamente en la cultura?

En el terreno de lo socio-cultural, la valoración blanda causa gracia, tiene la estructura del chiste. Son los hermosos, magníficos, geniales, personajes de Pedro Capusotto. Es una crítica llena de verdadero humor inteligente. La fuerte condensación de época que contiene esa mirada bizarra, realista-delirante, es suficiente para hacernos sonreír y pensar al mismo tiempo: ¿Cómo sería ser Montonero en una épocaposmo? ¿Cómo se puede ser un Nazi light? ¿En que se convierten las estrellas de rock cuando lo que dicen no cuestiona absolutamente nada? ¿Cómo se valora blandamente el tratamiento de la información? ¿Cómo se valora livianamente en el periodismo?

La valoración blanda, la tasación irresponsable de los hechos, fue descripta por el ingeniero civil Eduardo Levy Yeyati y por el periodista Diego Valenzuela en un imprescindible trabajo de investigación llamado La Resurrección: Historia de la poscrisis argentina(5). Este libro trabaja la vorágine infernal de la salida de la convertibilidad: corralito, corralón, pesificación asimétrica, licuación de deudas privadas, corrida cambiaria, las entregas de redescuestos a bancos, las batallas políticas y económicas en el medio de una depresión sin parangón en la historia de este país que estalló, una vez más, y casi de vuelta. Entre todo lo que allí se documenta me interesa lo que denominan Periodismo Bélico. El periodismo bélico es un periodismo salvaje, a-conceptual, en estado puro. Nos cuentan que, a partir de diciembre de 2001, se generó un especial clima de época en los medios de comunicación. Los periodistas se vieron arrastrados por los hechos: saqueos, manifestaciones, cacerolas y asambleas. Fue difícil manejar la “noticia” …Hacía tiempo que no se observaba una protesta masiva en la Plaza de Mayo. Los medios asumieron sorprendidos la reacción social que incluía a sectores medios no habituados a manifestarse. Lo rutinario entonces era cubrir un acto organizado por un sindicalismo disidente, o una protesta piquetera… Las manifestaciones sociales de aquellos días generaron una demanda inédita de “cámara en vivo” y transmición en tiempo real. La TV tuvo que resignar bastante su facultad de recortar lo que se emite y lo que no mediante el uso de la edición. La situación llevó a la TV a seguir en vivo las marchas y los cacerolazos de los viernes. La consecuencia fue que la gente tuvo su voz, y los medios ofrecieron un micrófono sin intermediaciones. Esto se vio en los móviles radiales y televisivos, con programas transmitiendo desde las asambleas o siguiendo una marcha a la Plaza de Mayo o una concentración de ahorristas… se multiplicaron los programas periodísticos en TV abierta. Se multiplicaron los programas periodísticos de actualidad, la mayoría con buen rating. Si bien Valenzuela y Levy Yeyati nos explican que a partir de allí todo espacio televisivo o radial de actualidad tuvo su especialista para discurrir sobre bonos, pesificación, devaluación, depósitos reprogramados, CER y demás, aquella pasarela interminable de intervenciones de economistas profesionales que, brotando como cucarachas por todos los escondrijos del desastre, no estaban al servicio de ofrecer explicación alguna de nada sino al servicio de echar leña al fuego …la alta dosis de alarmismo reinante. Nada de chequear los rumores o de contextualizar los hechos. Fue un tiempo periodístico signado por el vértigo, la exageración, el uso de adjetivos cargados de pólvora, los pronósticos desmedidos y el interés ideológico. La subjetividad se imponía sobre cualquier intento de rigor periodístico… el cacerolazo fue algo original, inesperado, fácil de vender, a diferencia de las huelgas o los fastidiosos piquetes, y los comunicadores y periodistas propendieron con entusiasmo a exagerar su alianza con la protesta. Algunos movidos simplemente por su pertenencia a la misma sociedad que reclamaba, otros por una natural tendencia a la demagogia, o simplemente por tener “hinchada”. En maravillosas dos hojas, estos investigadores han resumido, empíricamente, el modus operandinaciente en la mediática a partir de aquellos acontecimientos. Esta forma de ocuparse del presente, en tiempo real, sin edición, clientelística, cómplice, es la que, de ser necesario, se activará cuando lo requieren determinados intereses. Esta dramática, hábilmente montada sobre la psicología social, fue re-estrenada en esta última página del periodismo canalla llamada “conflicto con el campo”. El resultado es la estafa: No nos confundamos. El voto del Senado en contra del proyecto de retenciones no tuvo nada que ver con las retenciones. Fue un manotazo salvaje de la oposición de recuperar el poder que no pudieron ganar por la justa en las elecciones. Fue una terrible y terrorífica alianza entre el Grupo Clarín y los grandes intereses multinacionales, que tenían mucho que perder con una alícuota móvil…(6)

Nadie mejor que Néstor Kirchner sabe de esta terrible válvula de presión sobre la política. Lo ha vivido y revivido en la carne, antes del 2002, y hasta hoy. Sabe que han mutado de fuerzas y de procedimientos. La cobertura del saqueo del 89’ nada tiene que ver con la del 2001. Han perdido todos los límites. Siempre lo supo, desde que fue el Rey Sol, hasta ahora, en su momento crepuscular. Urge, decisivamente, una ley de radiodifusión, como primer paso. La valoración blanda en el periodismo alimenta psicosis de masas, sensaciones de Riesgo País, extrae plusvalor de la térmica de la inseguridad. Un inmenso goce del Amo mediático.

Pólemos

¿Tiene algún uso culturalmente productivo valorar livianamente las cosas? El uso polémico, corrosivo, de valoraciones blandas permite descomprimir testarudas tradiciones culturales y políticas, atreverse al uso público de la opinión, a oxigenar el cloroformo de las academias, la escritura ensimismada y anquilosada de las ciencias sociales y su podrida metodología de siglo XIX, contribuye a renovar los estilos, y a disolver viejas formas, prejuicios y estereotipias. Hace posible eseespíritu de liviandad que tanto deseaba Nietzsche como terapia: la necesidad de superficie, de ligereza, de una conciencia terriblemente profunda, que aprecia lo liviano porque lo distingue como tal. Todavía estamos muy lejos de esta valoración vital de lo liviano. Como comprobaremos a continuación, seguimos alimentando el fetichismo mercantil como los asnos de aquél sombrío pastor basilense.

Cronoeconomía

La personalización de los productos y servicios de una economía de oferta sostenida en el consumo de los segmentos de mayores ingresos se impone sobre la producción. Ya no se trata de aumentar la productividad del trabajo sino la innovación del producto o del servicio lo más caro posible para el segmento más concentrado y rico: la ventaja competitiva será ese segundo de la novedad y la tendrán unos pocos con billeteras muy exuberantes. Se trata de una destrucción creadora a un nivel de velocidad jamás soñado ni por Marx ni por Schumpeter. Miremos algunas cifras de la cronoeconomía o economía de la innovación permanente.

En 1966 aparecieron 7 mil productos nuevos en los supermercados yanquis; hoy son 16 mil con un porcentaje de fracasos del 95%; cada año 20mil nuevos productos se presentan en el mercado europeo, con un porcentaje de fracasos del 90%; en 1995 solamente la empresa Sony comercializó 5mil productos nuevos; entre 2000 y 2004 PSA lanzó 25 nuevos modelos repartidos entre Peugot y Citroen; en el mercado mundial se pasó de 34 lanzamientos de nuevos perfumes en 1987 a 300 en el 2001. La consecuencia es una inflación en los registros de propiedad intelectual, en los derechos de autor, una inflación de marcas: en Francia se registran 50mil marcas al año con un total de 900 mil marcas hasta la fecha. La marca Zara renueva sus modelos cada quincena y produce 12 mil diseños por año. Calvin Klein renueva sus gamas de ropas interior todos los meses. Reebok saca una colección de calzados cada trimestre. Lo mismo sucede con la industria cultural: el 85% de las grabaciones musicales que se venden en el mundo proceden de cuatro grandes grupos; siete grandes firmas yanquis acaparan el 80% del mercado mundial del cine. ¿Qué pasan con los brolis? El número de libros en yanquilandia ha aumentado un 50% en los diez últimos años, cada año se publican más de 100 mil libros: 135 mil en el 2001. Desde 1980 EE.UU publicó más de 2 millones de libros frente al millón trescientos mil de los cien años anteriores. La serie se repite: sobreabundancia, saturación de la oferta, imperativo categórico de rentabilidad rápida, poderosas y globales máquinas de promoción y publicidad, vida corta de la mercancía, reemplazo y desecho. Así, la tercera parte de los 550 cines de París proyectan una película distinta cada semana cuando hacia 1956 para obtener el 50% de los ingresos se necesitaban tres meses de explotación: hoy se tienen que alcanzar en dos semanas o es el fracaso siendo seis o diez la medida del éxito. Conocemos estas marcas globales, sabemos de estas economías aceleradas(7), de la renovación semana a semanas de librerías, cines, salas de teatros. La computadora que hace algunas décadas abarcaba una habitación entera hoy cabe en el chip de una diminuta lapto, lo que ayer salía 900 hoy 150 y sucesivamente. Ya no se trata de quedarse afuera del consumo de un producto sino de quedarse afuera de lo novedoso como experiencia.

En la cronoeconomía ya no se trata de los tiempos homogéneos y constantes de la producción en masa sino de los tiempos discontinuos de un régimen innovador para mercados segmentados de altos ingresos. A partir de allí comienza un desgaste, un derrame que es, en realidad, desechos hacia abajo, hacia la clase trabajadora reconfigurada en economías de servicios. La imagen taylorista muta del obrero internacional en serie fabril al empleado de servicios en serie de los call centers globales. Se los conoce como Juventud Mileuros.

Millones de jóvenes en Europa no tienen trabajo estable, cobran salarios magros, son las primeras víctimas cuando las empresas racionalizan, no pueden acceder a la vivienda propia y son los primeros en ser racionalizados cuando caen las ganancias esperadas: en Franciagéneration précarire, en Italia, generazione 1000 euros, en Alemania,generation praktikum, en España mileuristas. Este capitalismo veloz, innovador y de sensualidad digital es para muy pocos, desde luego. En nuestra periferia, aún más evidente: en 73% del PBI de San Pablo es para su burguesía nacional; que, a su vez, se queda con el 67% en Bahía y con el 62% en Río. Nora Lustig, en un informe de la CEPAL(8), afirma que en América Latina, el décil más rico recibe el 48% del ingreso y el décil más pobre el 1.6%. En Europa esto es del 29.1% y 2.5%, respectivamente. Volvamos a nuestras revoluciones de rock local.

Dos palabras nos fascinan a nosotros, los espectadores líquidos: revolución e historia. Un pelotazo cualquiera al ángulo devienehistórico; la última sobredosis de Britney Spears es histórica; el último calzoncillo de Gucci deviene… ya saben. La lista puede seguir al infinito. La valoración blanda es a la industria cultural y del entretenimiento lo que MTV al pentagrama: una publicidad del yo, la última flatulencia del periodismo ocioso. El soundtrack de Elepé, de su caramelera adulación, con esa masa crítica rayana al polidomal, es ese bicho social snobista, ese símbolo, ese nuevo ideal conocido como El Diseñador. El diseñador, la personificación de aquél que, supuestamente, impone las formas y los estilos, es el ideal social emergente de una economía de la innovación y de su correspondiente sub-cultura blanda. El diseño-mundo (y no la técnica y el conocimiento del diseño como industria y profesión) es, efectivamente, una sub-cultura, es decir, un intercambio socio-económico “estructurado” desde lo imaginario.

El nuevo Ídolo

El diseñador se presenta al mundo, ejerce un trabajo de estilo sobre sí, una publicidad del alma: es el Hacedor posmo. ¿Es o no Director Creativo? ¿Referente de que corriente? ¿Diseñador preferido de que famoso/a? ¿Contrato de exclusividad con un artista, un deportista o una modelo?¿En donde se graduó? ¿Cómo autodefine “estilo” “clase”? ¿De quién heredó su pasión por el diseño? ¿Cuándo ingresó al fashion Style? El diseñador trabaja las formas, fetiches, fantasías. En el mundo del diseño ser revolucionario es un imperativo: frenesí de creatividad desenfrenada. El Diseñador es firma revolucionaria que inicia un terremoto cultural desde los cimientos de su propia sensibilidad. Creatividad desparramada, pasión que se rebasa, productor de deseo. Es el descubridor de sensibilidades que uno tenía y que no sabía: es el brujo, el hechicero, es quien jamás elude responsabilidades sino que las explota. Es el hombre que usa y abusa de su mestizaje interno. Provoca Ruido Visual. Recorre como antropólogo las basuras de las pulgas; es el genio que toma lo cotidiano, lo transforma, lo embellece, lo realza y nos devuelve lo inservible en sí bajo el velo del confort, del lujo y de lo exótico. Lujo vía técnica, un cambio súbito de perspectiva. El Diseñador es aquél que vislumbrará el surgir de un nuevo tipo de belleza, un nuevo color. Su fama no es vanidad sino clientela fiel. No es ególatra sino budista. No se trata de ostentar sino de expresarse. Seductor inteligente, innovador, distanciado de los excesos. Su única droga es el desafío mismo. Una sabiduría de Graffiti le invade el alma abierta a todo. Un adicto a la vida. El diseñador crea su propio imperio, un señorío personal donde el proceso creativo debe fluir. No hay fábricas de bolitas carbonizados sino un dulce proceso que le devuelve a sorbos ese gran amor, ese gran espacio abierto, de cuando de niño tejía sueters con la abuela. Vida que vibra con cada producto, producto que vibra al unísono de una vida, esencia del ser que se hace mercancía, mercancía sexy, mercancía que expande su alma, huella en la existencia impermanente y vacua, costilla de sí. El Diseñador, artista del narcisismo de la pequeña diferencia.

En el dobladillo de los dioses

El lunes 10 de julio de 2006 La Nación titulaba Se triplicaron las villas en el conurbano: En los últimos 5 años, el cordón metropolitano pasó de tener 385 asentamientos a más de 1000; son el 85% del total provincial. En la provincia de Buenos Aires, en los últimos años, se triplicaron las villas en los 24 distritos que integran el gran cordón del conurbano bonaerense. El dato, elaborado por Info-Habitat, equipo de investigadores geográficos de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). El Gran Buenos Aires pasó de tener 385 asentamientos de emergencia (registrados durante el censo de 2001) a albergar más de 1000 villas. La mayoría de ellos está situada en el sur del conurbano, en los límites con la Capital. Según el estudio, la aparición de nuevas villas responde a un crecimiento poblacional de los asentamientos de emergencia que se registran: durante 2001 se registraron 638.657 personas que por entonces vivían en esos núcleos; ahora, la cifra es casi el doble y los habitantes de los asentamientos suman 1.144.500. En el conurbano bonaerense se concentra el 85 por ciento de los asentamientos de emergencia que tiene la provincia. En el interior, son muy pocos los pueblos y las ciudades que tienen villas, por eso creemos que el crecimiento de población y de los asentamientos se podría aplicar a toda la provincia, decía Fernández Wagner, uno de los investigadores. Felipe Solá y Kirchner habían anunciado un mega plan habitacional para, en dos años, construir 43.000 viviendas. A esa fecha sólo habían construidas 214 viviendas y 19.231 proyectadas.

Dos años más tarde leemos en el diario Crítica del domingo 6 de julio de 2008 La primera etapa del Programa Federal de Construcción de Viviendas anunció el miércoles 21 de julio de 2004 en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Allí Néstor Kirchner anunció la construcción de 120.000 casas para todo el país, en el plazo de doce meses y a un costo de 3.900 millones pesos. El plan, a cargo del Ministro de Planificación Julio De Vido. Veinte meses más tarde del anuncio en la rosada, nos cuenta Lanata, Kirchner repite el anuncio, en Parque Norte, en donde promete 300.000 viviendas en dos años invirtiendo 17.000 millones de pesos. Se trataba de la segunda etapa del plan: Al cierre de esta edición, los dos planes de viviendas están sin terminar. De las 120.000 viviendas anunciadas en 2004 se hicieron 58.735 en todo el país, alrededor del 48.9% del objetivo inicial que debía completarse en doce meses. De las 300.000 viviendas anunciadas en 2005 hasta abril de 2008 se habían construido 3.398, lo que representa un 1.13% de lo anunciado. Las cifras de evolución de ambos planes son oficiales. Lanata presenta una auditoria de la propia subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda donde se hacen referencia al mal diseño, al déficit de aislamiento térmico, humedad, revoques con ondulaciones excesivas. Refuerza la nota con testimonios que corroboran el maltrato:Cerrá la boca, por lo menos tenés una casa. A la violencia ejercida desde arriba, la violencia simbólica, se le responde, desde los márgenes, con violencia real. Cristián Alarcón nos habla de La Guerrita en el Bajo Flores.

Este cronista de la peste entrevista a un aspirante a Marcola que explica detalladamente: Primero es necesario que te hayas criado en la calle, que robes de chico, no que te hagas chorro de un día para el otro. Tenés que “hacer” todo lo que se puede robar: empezás con una cartera, después una moto, un auto, una casa. Vas creciendo. Del lado del robo, eso. Del lado del respeto: te agarrás a las piñas con uno de tu grupo, después de agarrás con otros en los bailes, después con alguien conocido que manda la re-fruta. Hasta que después te agarrás a tiros con otra pandilla. Y después ya matás. Ahora hay pibes que se dedican a eso, a matar. Como en el final del filmCiudad de Dios, los fierros finalmente terminan siendo un juego de niños asesinos. Hicimos referencia a un periodismo salvaje, ese mismo que se publicita en estado puro. Cristián Alarcón con sus crónicas nos presenta su paralelo: el individualismo salvaje.

Toda una carrera suicida se condensa en aquellas líneas. Estos grupos sociales (pibes chorros, sicarios, maras, etc) como afirma Marcola —líder del PCC brasileño— ni siquiera constituyen una clase social. No hay solidaridad de nada, el individualismo aparece su estado real, liberado de la competencia social y de los diques de la cultura. Matar por la ropa de marca, por la zapatilla de marca, por la última versión de la Playstation, el plasma y el Blackberry constituye un trámite. Y la identidad se inventa con lo que sea: pasta base, choreo, Boca Juniors, Cumbia, etc. El pibe chorro también tiene su estética, su diseño, su consumo y, de hecho, logran que los bambis de clase media country consuman sus músicas, ropas, drogas, etc., como experiencia trasgresora, y que los bambis académicos les escriban papers de antropología urbana para decir lo que cualquier maxiquiosko ya sabe. El animal bonaerense asimila la disciplina del mercado y resuelve la metametiendo bala, como le enseñaba, hacia 1995, el gobernador de Buenos Aires Carlos Ruckauf. Si el único brazo del Estado, si la única institución que llega a las villas miserias es la policía bonaerense (como lo muestra el programa Policías en acción) y si ese policía tiene que hacer de juez, enfermero, psiquiatra, psicólogo, padre, maestro, etc, entonces, la pregunta que se formula el llamado sujeto ¿Qué soy para ese Otro? ¿Qué me quiere? se responderá: Me quiere Pibe Chorro.

El individualismo salvaje auto-afirma el resentimiento y la venganza. A más cárcel, redoblarán la apuesta.

Ruina de revoluciones blandas

Conceptos como revolución e historia, se han vueltos valoraciones blandas, fetichistas, significantes inconsistentes. No es novedad alguna que han sido vaciados de toda peligrosidad. Dotarlos de sentido implica pensar la formación de un programa teórico en el cual recobren nervios y fuerzas para pensar y diagramar política.

Mientras tanto, los animales sin política, danzaremos, inundados de dionisíaca alegría marica, con el Che estampado en el culo.

Fuentes

1-La felicidad paradojal. Gilles Lipovetsky

2-Entrevista a Pablo Levin por la Universidad Nacional Autónoma de México; Revista EconomíaUnam N° 14. Mayo-Agosto de 2008

3-Mi nombre es Charlotte Simmons. Tom Wolfe.

4-Glamourama. Bret Easton Ellis.

5-Hoy un Juramento. Por Horacio Vertbisky. Página 12.

6-La pesadilla de la casa propia. Jorge Lanata. Crítica de la Argentina.

7-La guerrita. Por Cristian Alarcón.

8-América Latina: la desigualdad y su disfuncionalidad. Nora Lustig. CEPAL.

9-La Resurrección. Valenzuela y Levy Yeyati

10-Revista Cosmopolitan.

Notas

(1) La hipermercancía es lo que algunos llaman “bienes informacionales” (Zukerfeld-Perrone en Disonancias del Capital); otros “trabajo inmaterial” (Negri y Hardt en Imperio y Multitud). Se trata de describir la especificidad de la mercancía en la era del Capital Tecnológico (Levin; El capital tecnológico) A nosotros nos interesa, para evitar seguir fabricando sinónimos, el concepto hipermercancía acuñado por Lipovetsky en La felicidad paradojalUna de las principales características de los bienes de consumo, en nuestras sociedades, es que cambian y que están cambiando indefinidamente, ya que la oferta no cesa de innovarlos, de proponer nuevos productos y servicios. Si es verdad que el vínculo del consumo con la novedad es hoy estructural, sus relaciones con el placer no lo son menos, pues, como dijo Freíd, “la novedad es siempre la condición del goce…”

(2) La sociedad aplaude la mutación superficial, el cambio de imagen, pero no el cambio de pensar, el cambio de formas y modos de ver y de ser. El segundo (que requiere de mucho tiempo y esfuerzo para brotar) se le presenta como una amenaza a la seguridad de sus esquemas de comportamiento tornando toda amenaza de pensar de otro modo como un problema de coherencia-incoherencia y la incoherencia, en un clima social de desconfianza sistémica, se traduce como borocotismo, camaleonismo, menemismo y disfraz de sí. La coherencia continua siendo una moral y una carta de presentación de la denominada política de izquierda, esto es, la política de la derrota coherente, moralmente proba. En este sentido, antes de cualquier cambio real, la sociedad, prefiere el cambio permanente, cada cinco minutos, la ilusión del cambio, la contradicción constante. Esto le asegura la reproducción de su sentido común más mimado: da todo igual, son todos iguales, valen todos lo mismo.

(3) No solo existen quienes valoran fláccidamente, débilmente, sino quienes no valoran absolutamente nada. No se los puede llamar ni siquiera nihilistas. Son, simplemente, cabrones tristes con un mundo al que llaman decadente. Algunos subliman y condensan, magistralmente, como un Andrés Rivera. Otros piensan y vomitan como un Eduardo Luis Curia. En general, y sin referencia necesaria a los mencionados, odian el presente —ese que detestan y gozan henchidos de Viagra— porque el presente los ignora o los minimiza a cinco minutos y medio de atención. La llamada Juventud, con su imbecilidad digitalizada, les alimenta ese reflujo del pensar que llaman, citando obviamente a Spengler, decadencia de Occidente.

(4) No se reduce a lo menemista ni a lo kirchnerista ni a ninguno de estos estúpidos inventos conceptuales del pensamiento rápido de los analistas de las sub-culturas. El problema de la valoración blanda no se reduce a la resultante de una pedagogía política que supuestamente nos enseño a ser frívolos sin culpa.

(5) Editorial Sudamericana; 2007.

(6) Un debate que esconde una estafa intelectual; Jorge Daniel Taillant; Buenos Aires Económico; Viernes 18 de julio de 2008.

(7) La cronoeconomía, nos cuenta Pinti es vida fast food: Comer a toda velocidad, sin masticar; empujando el bife y la ensalada con burbujeantes gaseosas mientras se entablan calurosas discusiones hablando por el celular; que no se abandona y se aplasta contra la oreja presionando con el hombro para trincar el alimento sin interrumpir la comunicación, y con la mano que queda libre anotar con una servilleta de papel datos importantes. Faltaban alcohol y cigarrillo en los labios para completar el cuadro que podría titularse “como suicidarse sin siquiera proponérselo”. Esta escena que vi tantas veces es habitual a la hora del almuerzo en la City porteña o en cualquier otra urbe mundial. “Alta Velocidad”, por Enrique Pinti, sección Cambalache, Revista La Nación.

(8) América Latina: la desigualdad y su disfuncionalidad. Nora Lustig. CEPAL.

MODIFICADO :Julio 28th, 2008

 

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