Apetito de destrucción


Pusilanimidad y Parlamento

Por Leonardo Sai

A: ¿Van a seguir con la misma estrategia?

 

B: Hasta que llegue a su clímax; Por estas horas, los pingüinos podrían inventar la vacuna contra la gripe porcina; Nosotros vamos a decir que es un arreglo con laboratorios amigos.

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En política, la pusilanimidad es aquella manera, es decir, cualidad del género humano que dispone a los hombres a la irresolución, a perder las ocasiones y oportunidades cuando lo que importa es actuar rápido y con firmeza. Si se permanece deliberando, vacilando, una acción que requiere de coraje frente al riesgo, la oportunidad, naturalmente, se escabulle por no resolver. Conceder suma importancia a cuestiones baladíes no es otra cosa que la estricta definición del ser pusilánime en el terreno de la voluntad de poder. No se trata, por lo tanto, de la decencia de la conducta o no respetar las formas, esto es, cómo hablar en conferencia de prensa, como ser didáctica o chistosa o soberbia, que si el decreto más detallado o menos, cómo lavarse los dientes… los infinitos consejos de la pequeña moralidad. “La oposición” es, objetivamente, pusilánime al no considerar siquiera que el desendeudamiento es un gran alivio fiscal una vez en el poder. “La oposición” es, subjetivamente, pusilánime, en el ataque mismo, puesto que al llevar al gobierno al límite, en una situación de urgencia, éste redobló sus fuerzas y los exhibió, frente al mundo, como aplauso aldefault y risita de Rodríguez Saa, mientras Hillary Clinton, pragmática, felicita: “Como sea que lo estén haciendo, funciona”.

Antes que nada, ni nadie, “la oposición” no avanzó un centímetro en el movimiento constructivo de su proyecto, clavada y tenaz, en el modo en que fue determinada su existencia política: Nacieron en bloque por los errores políticos del gobierno, con voces muy incipientes durante el 2006 y que se condensaron e inflamaron con la Resolución 125. Lo que era incipiente (denuncias de autoritarismo, presiones a la prensa, modificación del Consejo de la Magistratura, pretensión hegemónica, control de los recursos a gobernadores e intendentes, comunicados de la SIP, avasallamiento a las intituciones republicanas) se potenció sin agregar nuevos elementos, menos conceptos, bajo ninguna forma de programa. Lo que tienen en común se define en y por lo negativo. La aversión que sienten hacia Cristina Kirchner les impide actuar con mínima astucia y sabiduría en el ejercicio ofensivo.

 

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El Gobierno se anunció a sí mismo débil cuando el tono del apuro, respecto del pago de los vencimientos 2010 de la deuda externalegítima, dada la coyuntura financiera internacional, coincidió con el recambio parlamentario, condensó, en aquél signo, una falta de control sobre el tiempo político, sobre su propio accionar: El rostro del Ministro de Economía cargó con la impaciencia, la inseguridad y el miedo. La oposición olfateó la adrenalina, actuó en consecuencia. Golpeó desde los tribunales y los medios de comunicación, básicamente. ¿Qué pretendía? La alteración del tiempo, hacerlo propio. Redradogate. Y la tempestad volvió a desatarse cuando, en la testa parlamentaria, Cristina Kirchner reafirmó su decisión, demostrando que había utilizado el tiempo de la operación estival de “desgaste” para una contra-arremetida que los dejó, desnudos, sin defensas, impotentes respecto del discurso, sin otra defensa que la identidad de una falsa unidad. Las diferentes fuerzas políticas que integran el Parlamento no alcanzarán ninguna relación de ellas mismas, con quienes integran el arco opositor, bajo el modo de la mediación política, esto es, vinculadas, sintéticamente, como “unión en una unidad” y toda su “identidad opositora” se resuelve en una tautología y la tautología enuncia toda la estrategia: Somos opositores porque somos opositores a Cristina Kirchner. No los guía una aspiración a una visión de conjunto, a una organización simbólica de la lucha; No los conduce ninguna voluntad de poder sino el apetito: Tienen hambrede poder. ¿Cómo se puede afirmar esto, digamos, tan temprano? Adelantemos el explique.

La política no es un asunto contable y la contabilidad no es un programa político. Toda la capacidad de significación social de esta Unión Democrática posmo se prende y se apaga en la Neustad que le corresponde: “A dos voces”. Pinedo con Lozano, Carrió con la chica de Libres del Sur, Solanas con Menem, resultan en un contexto que Alfredo Caseros definía como “el culo con la témpera”, esto es, un acto fallido. El raquitismo de la estrategia destituyente explica a los suplicantes mediáticos, no su abundancia de fuerzas: Absorben las fuerzas de una sociedad que los alimenta con el rencor, la ingratitud, la incapacidad para valorar, su propio sufrimiento. Odian a “la conchuda” como si la relativa estabilidad económica fuera un éxito personal cuando es el resultado de las horas y horas-extras trabajadas, de una dolorosa contaminación del medio, del stress del cotidiano, de horas de sueño quemadas, de divorcios y rupturas de familia, de hijos que han interrumpido estudios para salir al mercado de trabajo: Esfuerzo conjunto de toda nuestra sociedad. Odian un autoritarismo, a pesar de la democracia, en el cual se han complacido desde hace veinte años: Entre 1989-1999 se firmaron 545 Decretos de Necesidad y Urgencia, Néstor firmó 270 DNU, Cristina 10. El clima social se reduce a la a-dictasiguiente frase: “sáquenmela de la cara”.

¿Odian a Cristina porque “es confrontativa”? ¿Odian a Cristina porque es “ella la causa del conflicto”? ¿Odian a Cristina porque Cristina les recuerda el terrorismo de Estado al cual identifican como la derrota de los sectores populares y, por lo tanto, el odio a Cristina es, en realidad, el odio a la derrota del conflicto, el odio travestido que encubre una impotencia colectiva? ¿Cuál es el argumento?

Por un lado, estaría “la tradición populista” con su mítico pueblo que es parte y es todo, que contiene el conflicto de pobres y ricos, que no le va ni a la izquierda PO-MST-PTS ni a la derecha gorila. Por el otro, aparecería una “tradición republicana” que sería consensualista, procedimental, respetuosa de las formas y de múltiples formas de articulación. Tal “análisis” de lo fenoménico no es otra cosa que la tinta que salpica del onanismo intelectual doméstico y que encuentra en los militantes bocas deseosas de fecundación “crítica”. “Crítica” a la cual arribarán con una síntesis igualmente onanista: La Republica Popular. ¿Qué hay detrás de esta “cuestión del conflicto”?

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La sociedad menemizada, al conflicto, que se supone inherente a la vida social, le aplica un soporífero y mortal 1 a 1 con el cual el arco macizo de la clase dominante ejerció un terror económico eficaz –en la “clase política” un nivel extraordinario de capacidad de corrupción sobre todos los puntos de resistencia de la población– que el conflicto quedó absolutamente desarticulado, diezmado, reprimido, aplastado, en estado de letargo. Durante el alfonsinismo el conflicto aparece por todos lados y una plaza llena, una sociedad movilizada, sale a repudiar a los carapintadas, plaza que el Dr. Alfonsín traicionó con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, preparando, espiritualmente, a la sociedad que gozó con “El Turco”. La sociedad menemizada es una sociedad segura (por eso el 2001 se vivió también como un despertarse… por las piñas). Una sociedad que no produce desarrollo es, trágicamente, una sociedad segura. Tal es la historicidad de una negra trasmutación de valores operada por la Dictadura. ¿Cuál fue el pecado del kirchnerismo?

Haber, necesariamente, requerido del desarrollo para ejercer el poder político. La sociedad, al  desarrollarse y producir densidad nacional, manifestó, en la Resolución 125, conocida como “paro campero unificado”, un conflicto normal para la expansión capitalista endógena que el país había logrado producir con inusitada velocidad y batiendo records históricos en distintos registros del aparato de Estado. Cabe destacar que el desarrollo económico no es una bolsa abundante ¡más producción de todo! ¡de todo lo que hay más y más de todo! donde cada sector tiene derecho a obtener su caramelo y todos viven felices y contentos hasta que la piñata explota… por culpa de factores exógenos. Detengámonos en esta histórica cuestión del capitalismo periférico.

No existe desarrollo en armonía de clases y el desarrollo, al producirse, empuja el conflicto hasta acentuarlo, como antesala de la lucha de clases, germina como “interacción” o como “pujas de sectores productivos” y, en el umbral del concepto, revive la consigna “redistribución del ingreso” porque son clases sociales modernas las que se están re-anudando a la economía política del capital, siendo la producción mercantil endógena, emergente, la que requiere del Estado su versión “neo-keynesiana” “neo-desarrollista” de teoría, y este desplazamiento de las condiciones nacionales de la acumulación de capital, hacia la industria (en todos sus tamaños) impone, necesariamente, la reducción de un tercero en la re-producción ampliada de esta estructura (lo que aparece como “modelo productivo”) siendo el sector agro-financiero[1] ese tercero y el que traba el amarre de estas condiciones (las reservas al servicio de la innovación tecnológica del capital industrial nacional) en la ideología, en la sociedad, presentando batalla en la continuidad de la conducción del poder político en manos del único sector del peronismo que, desde 1976, osó confrontarlos, discursivamente. No es secreto de Estado que CRA, SA, CONINAGRO, bancos extranjeros[2], cúpula empresarial, hace décadas que no ganan lo que, actualmente, denuncian sus ventas: Todo el conflicto de la Resolución 125 era para asegurarse las condiciones político-económicas de  ganancias futuras, trazando límites, incluso, a este reformismo conservador.

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Se trata de la diferencia entre diversas formas no esenciales de antagonismos, de tipo, si se quiere un mote, “cívicos” y la lucha de clases como contradicción esencial de la sociedad capitalista. Estacontradicción, al incluir nuevas formas históricas, tanto para la burguesía como para la clase trabajadora, diferencia a ambas porque la producción está determinada, como hecho cotidiano, a otra escala que la del XIX. Y, cuando el campo popular intenta dar cuenta de estos cambios innegables de la producción capitalista mundial, insiste en presentar la lucha política como un “azote del conservadurismo tradicionalista”, de “la oligarquía” que pretende a la economía como un “clima armónico que es de la cosecha y el de la lluvia”, y que hay una batalla inminente para “re-construir el relato peronista del origen de la patria-republica del descamisado” y para destronar al “hombre de campo”, mito “reaccionario y sangriento”, presenta, entonces, una batalla… filosófica.

Un viejo problema intrínseco al desarrollo industrial tecnológicamente no potenciado (que incluye a los trabajadores porque requiere ser alimentado por generación de plusvalor absoluto) es la renta diferencial de la tierra a escala internacional[3]. El problema se actualiza porque la evocada “oligarquía” desarrolló capital tecnológico suficiente (maquinaria agrícola avanzada, cosechas a grandes escalas, laboratorios y universidades que responden con sus innovaciones científicas a los obstáculos diversos de la producción que incluyen, obviamente, a la propia naturaleza) para no admitir, fácilmente, que otros capitalistas fluyan masivamente al negocio donde está “la pomada”, provocando la caída de la tasa de ganancia (dogma de todo marxismo de libro) y una relación estructural con el capital financiero que, además de asegurarles financiamiento inmediato, (la cotización de la soja en los mercados de derivados sufrió bajas en el 2008, no hubo colapso y si sostenida recuperación) les permite colocar el excedente nacional en los mercados internacionales, abasteciéndolos de liquidez para sus propias inversiones (la consecuencia indiscutible es un sistema financiero local débil con 132 mil millones de depósitos argentinos en el exterior, la deuda externa) definiendo un perfil competitivo que asegura al capital potenciado que sectores clave del mercado local no se desarrollen con la dinámica que demandaría el desarrollo emergente asociado o regionalmente organizado: Energía, comunicaciones, informática, tecnología industrial, etc.

Tecnología y financiamiento aseguran el peso específico de la burguesía agraria-financiera sobre la sociedad argentina (formación de la opinión pública, decisión en el Parlamento, palabra e imágen en los grandes medios de comunicación) puesto que el 80% de la propiedad de la tierra está en manos de grandes terratenientes (grupos económicos-grupos y familias agropecuarias) y solo un 10% en manos de “pools de siembra”[4], con lo cual el proceso de concentración y centralización del capital agrario reforzó el poder local sobre la tierra y no un proceso de extranjerización en manos de “los bancos” que aparecen como un problema creciente (también una pancarta nacionalista) para la pequeña burguesía (Federación Agraria)y no para la Sociedad Rural (que ocasionalmente acompañara en pos de ganancias futuras) ni para las grandes agro-industrias (Grobocopatel)porque es el financiamiento, a gran escala, el modo en que el capital financiero articulado, local y concretamente, los desplaza, devora y reduce, lógicamente. De no planificarse, central y rigurosamente, la política agraria, el riesgo de la pérdida de soberanía alimentaria, será un desastre alimentario y ambiental de consecuencias tan gravosas para la población argentina como la desindustrialización 76’-2001. Se libraría a la dinámica del mercado un proceso donde la valorización financiera le hace a la tierra lo que consiguió con la industria. Esto no es un escenario apocalíptico sino el escenario persistente, interno, de una economía mundial de burbujas.

Dicho de otro modo: Es la organización de espacios regionales de valor, bajo un enfoque no monetarista (una Unión Europea latina no sirve y reproduce lo mismo en la unidad débil de un papel) lo que permitiría re-industrializar al país, en forma sostenida, lo cual implica la apuesta definitiva de las inversiones de los Estados a la consolidación material del MERCOSUR que, de forma conjunta, organice un gran acuerdo estratégico, es decir, político con China. Si no se hace de conjunto, se hará, de todas formas, diferencialmente, por lo tanto, como proveedores de commodities al PCCH.

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Retomemos. No es la política de Derechos Humanos lo que motoriza el odio a Cristina sino el dinero. No es inmediatamente la reactivación de los fantasmas del 76’ sino mediatamente lo acontecido en la política y la economía de los últimos treinta años. Es el hecho de tener en cuenta una consideración de política económica de Estado y de intereses, crecientemente, nacionales, a la hora de hacer negocios. La convertibilidad no es una política económica sino la más estricta negación de su posibilidad. La política de Derechos Humanos puede disgustar, hasta los tuétanos, sin duda, a familiares de Recoleta, de Barrio Norte, de la Horqueta de San Isidro, de algunos Countries, de escondidos de aquí y allí, pero no es el motivo real de las disputas de la clase dominante. El “elemento precipitante” del odio “en el aire” a Cristina Kirchner no es lo que “hizo mal” sino en todo lo que hace correctamente. De todos modos, no hay de qué asombrarse. Lo que observamos y vivimos, mediáticamente, no puede causar extrañeza a la historia política argentina. Es normal, lo que no quiere decir sano, en nuestra política golpear en pos del adelantamiento de elecciones, lo cual no quiere decir que suceda. La UCR está haciendo lo mismo que el peronismo cuando negó las privatizaciones a Alfonsín con discurso acerca de la “soberanía nacional”. Lo asombroso sería una conducta generosa e inteligente de parte de la oposición, una completa anormalidad en la historia argentina.

“La oposición”, decíamos, simplemente: No existe. Es una forma vacía cuya impotencia para la articulación discursiva se traduce, necesariamente, en el accionar judicial. Nuestra dama de labios carnosos lo llama “un rejunte”. El único contenido programático de construcción de poder político se fundamenta en que los actos del gobierno resulten “ilegales” siendo este fundamento todo el contenido y anclaje, por la negativa, de la representación política. En tanto positivistas jurídicos, “la oposición” coincide y el escenario es, entonces, una yuxtaposición de puntos de vista en las instituciones (“judicialización de la política”) que considera que la formación de voluntad de conducción del Estado se reduce a la contabilidad: 51 sobre 100; quórum, no quórum… That is the question. En esta situación, todos clamarán por la reforma, por la necesidad del diálogo, de la negociación, por el cuidado de las instituciones, por los cambios orgánicos, republicanismo al por mayor: Codician brillo de la tele y estadísticas. Y como la sociedad está desmovilizada la especulación desea la crisis económica para saldar una crisis institucional como terminal del gobierno.  Echemos un somero vistazo al panorama económico.

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Las retenciones, con el peso de la soja, recaudarían entre 7 mil u 8 mil millones de dólares recapitalizando al Central por el uso de las reservas; Los mercados financieros siguen dando sus bienaventurados signos de confianza hacia los BRIC y tras el pago de los vencimientos 2010 subieron, lógicamente, los bonos de la plaza local; Las cuentas del Estado están en superávit (fiscal y comercial) y el BAE les dedica tapas y columnas de opinión de toda la vieja guardia desarrollista; La desocupación lejos de ser escandalosa (se protegieron 600 mil puestos de trabajo en 15 provincias a través de medidas que frenaron un aplastamiento del desarrollo incipiente local por mercancía importada) es reemplazada por las paritarias, la discusión del salario mínimo nominal que es lo corriente de un país con organización sindical de cierto peso; El combate de la inflación se impulsa con inversión, créditos a las PyMES, asignaciones universales por hijo y programas para sostener el empleo en empresas golpeadas por la crisis global; La UIA estima que en el 2010 se crecerá a un 5.5%; En el 2009 las ganancias de los bancos fueron 70% superiores al año anterior (el 75% le pertenece a la banca privada, esto es, 6109 millones de 8048 millones) por lo que el sistema financiero, que contiene una liquidez amplia (recursos ociosos), bajo un impulso heterodoxo en el Central, presenta la circunstancia de dinamizar la inversión productiva endógena. En el plano de las relaciones internacionales y la diplomacia, el gobierno logra apoyo tanto de la Secretaria de Estado de EE.UU —no solo respecto del uso de las reservas para pagar deuda sino la desclasificación de documentos-archivos de la CIA respecto del terrorismo de Estado y la Corte de EE.UU falla en contra de los fondos buitres que buscaban embargar fondos de la ANSES— como respecto de Malvinas —31 países de América Latina firmaron su respaldo– al tiempo que impulsa el UNASUR y sostiene el MERCOSUR con firmeza.

La judicialización de la política no expresa la irracionalidad de “la oposición” sino la racionalidad de una guerra de todos contra todos bajo un único objetivo: Poner límites. La pregunta es: ¿A qué? A qué todo lo mencionado siga despuntando con vidaEsta mediocridad no es otra cosa que la mediocridad con la cual abordamos las últimas elecciones que en lugar de consagrar a políticos como tales, consagramos a actores como imitadores de políticos que, de todas formas, ya hemos olvidado.

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Entre las fuerzas opositoras que disputan, realmente, poder[5], el PJ disidente se implica en un programa económico que ya apareció en el Parlamento en tanto propuesta de usar las reservas del BCRA como fondos de apoyo “federales”. Barajaran un esquema devaluatorio que les permita articular a los agrarios y ganarse apoyo de la UIA, con Duhalde a la cabeza (ni Solá, ni Saa, ni Reutemann) para una política respecto del MERCOSUR. Detrás del PJ disidente, se re-articulan las alianzas provinciales del Justicialismo con los sectores agro-industriales y una política económica para favorecer al capital industrial concentrado (competitivo) con presencia en el mercado mundial. Carrió, simplemente, no tiene cabida en este juego, dejada a un costado durante el acto campestre en Palermo. Duhalde será el hombre que más disputará la herencia neo-desarrollista del kirchnerismo, propondrá bajar las retenciones para satisfacer la voracidad de la Sociedad Rural, retrotraer los niveles de rentabilidad al 2004-2007, quizás, acentuando, el dólar caro bajo la bandera del Movimiento Productivista (MPA). El Pj disidente golpeará todo lo que pueda al gobierno para ganar posiciones y se realineará, bruscamente, en torno a la figura de la última encuesta. Mientras al PJ disidente lo mueve la voluntad de vengarse del disciplinamiento con el cual el kirchnerismo organizó a intendentes y gobernadores, la UCR es la que mayor demuestra apetito porque necesita la reconstrucción del poder del Partido, fundamentalmente, a través del comi$iones del Parlamento y todos los espacios que puedan ocupar, de aquí a futuro, en el  Estado y su figura de mayor peso (ni Morales, ni Cobos) es Raúl Alfonsín, porque que es el Hijo del Padre y porque su aura parece contrastar con la “dictatorial” Cristina.

Se trata de nuestra realidad, para algunos, una porquería. Para los de siempre, las plantas: Indiferencia. Sea como sea; No hay esquivo inmune: Es nuestra pusilanimidad.

Bibliografía:

Thomas Hobbes; Leviathan; Fondo de Cultura Económica.

Carlos ABALO; Nueva Burbuja, Emergencia BRIC y conflicto Agrario Pampeano; Revista Socialista.

Notas:


[1] La acumulación agro-financiera es, y sin paradojas, al mismo tiempo, pre-moderna como posmoderna. Ayer, la UCR frenaba el “plan pinedo”, hoy el “fondo del desendeudamiento” , pero la bala de Lisandro de la Torre no equivale una Carrió.

 

[2] Esto no quiere decir que “los bancos” no ganen, quiere decir que la dirección de sus negocios no puede conformarse, ni centralizarse, solo con armados de “pools de siembra” y tienen excedente suficiente para el crédito al desarrollo tecnológico de sectores claves que un BCRA puede diferenciar con especialización académica.

[3] Librada a su propia dinámica: Especialización agraria, dólar barato para reciclar rápidamente la renta, importación de maquinaria barata, fuga y colocaciones en el exterior, una clase media seducida con mieles similares a las del menemato (importación de cualquier juguete y viajes al exterior) hasta que la marginalidad explota por todos lados, en suma: Argentina PRO.

[4] Se pueden consultar los valiosos trabajos de FLACSO sobre este asunto: Basualdo, Arceo y compañía.

[5] La centro izquierda quiere la capital federal donde encontrarían cimiento para consolidarse, tienen crédito del electorado y lo pueden perder tan rápidamente como lo ganaron. El macrismo, elemental: Dólar barato, fuga de capitales, neo-liberalismo con rebaja del IVA.

MODIFICADO :Marzo 9th, 2010

 

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