Micrologías del miedo


Por Leonardo Sai

“¿Desde cuando tienen algo que ver seguridad y justicia…?”
Carlos Ruckauf


“Nadie sabe hacia donde el país navegará mañana, ni a que tabla de salvación encomendarse. Lo que es más grave: casi todos quieren partir no en busca de prosperidad sino de seguridad. Son como esos pájaros que vuelan en círculos sobre un mismo horizonte del mar; el sentido de la orientación amputado: el instinto preparado para la muerte.”
El miedo de los argentinos, Agosto 1975, Tomás Eloy Martínez


Arquitectura de la seguridad
El invernadero es la vida de autoencierro de las clases altas: su inclusión total en espacios de micro-protección. Invernaderos son los pabellones de una historia para la argentina deseada de unos pocos para unos pocos, como siempre. Nuestro símbolo actual se llama Empresario.

El empresario está más allá del bien y del mal: la política de su defensa también. El burgués no es hoy un tipo cobarde que rehuye los límites de la existencia. Tuvo a su hijo secuestrado, tiene policía privada, jueces privados, armas y no está dispuesto a que se repita. Entre barrio cerrado y villa se esquivan balas. Mientras el enfrentamiento semi-mudo se ejecuta “la clase media” se reparte en el diván de las inseguridades cotidianas y acumula posgrados, masters, doctorados: les encantaría pertenecer al invernadero. Algunos llegan a los 35 sabiendo mucho acerca de todo, decoran con títulos todo el departamento. Han desarrollado un sofisticado gusto por la comida exótica, el buen vino y la pintura; conocen las movidas europeas más importantes en moda, diseño y música; informados sobre las últimas tendencias de la economía global y los avances en medicina, estética y juguetes eróticos. Todavía inquietos y no pararan. Vuelven del trabajo, acarician al gato, tan dulce y cuidado, toman alguna pastilla y duermen por más “felicidad”. El zoológico urbano sopla y ellos no se erizarán. El Proceso de Reorganización Nacional favoreció las condiciones materiales y culturales para nuestro trainspotting urbano. El refugio de la intimidad del burgués es la paranoia. El racismo se reprime y abierto no es políticamente correcto. Aparece de modo mediático como uso de los restos sociales. El margen proporciona putas, huérfanos para adoptar, o sea comprar, novelas periodísticas, entretenimiento violento. El invernadero fascina y la villa también. La villa está en un personaje deFernando Peña, un columnista hace de villero en la radio rock and pop,Villa se llama un disco de jazz de Javier Malosetti. El invernadero proporciona novelas para premio Clarín(1) donde se relata lo demasiado humano para aliviar el resentimiento de la clase que compra ese periódico. El proceso está vivo en las brechas de la urbanidad. Miles de familias tienen ataques de pánico –amuralladas– ya no esperan nada de la política. Las tarimas de la arquitectura de la seguridad se erigen en una micrología del miedo. Una historia que de tan reciente ni parece historia.

Fascismos deseantes
Las piezas del proceso ancladas en la plasticidad de la memoria son formas de vivir el pasado como espesor del presente: una permanente reconstrucción colectiva. Quienes ayer sufrían la persecuta estatal y la cercanía de la muerte hoy ocupan espacios de poder y prestigio en la sociedad. La dictadura les proporciona el manto sagrado de la verdad. Menem decía que había sido “torturado” “perseguido”. Lorenzo Miguel relata que “Menem era insoportable en el buque, se pasaba todo el día llorando como un maricón”. Cuando los militares fueron a buscarlo Zulema le dijo “¡Levantáte, carajo, que te vienen a buscar! ¡Dejá de llorar, Carlos Menem, y pórtate como un hombre!” Menemtampoco quería quedarse afuera de esa posición: el manto divino de Cristo. Todo el mundo admira una voluntad fuerte. Sucede que casi nadie la tiene y no pocos afirman que de tenerla no habría quien dicte su límite. El humano es un bicho vanidoso. Algunos ex militantes del setenta se hacen acreedores exclusivos de la justicia. La política del deseo del resentido reconstituye el odio en el presente. Para ellos la juventud actual es una reseca remanente de una generación adorada. No tienen concepto para pensar el modo brutal e impúdico mediante el cual entre seguridad privada, policía federal y bonaerense, chorros y el lazo triádico que los articula se reparten la muerte violenta y el secuestro. Una compasión socialista por los criminales les invade el corazón progresista y cristiano. Hay cientos de casos de tipos que robaron un auto, cumplen su condena. Salen, les ponen droga, nadie los defiende. Los cuervos de oficio integran la tranza. Si van a escuchar charlas sobre derechos humanos luego les prohíben salir al patio o directamente los golpean. Todo lo que se vive en un penal, en una comisaría y un afuera que estigmatiza y cierra proyectos dispone las condiciones para llevar al humano fuera de sí. Y en un momento preciso: la bonaerense mata preferentemente entre los 15 y los 23 años. Igual que durante y antes del Proceso. El humano así forjado en este bastidor de poderes locales, policiales y provinciales pende de un hilo. Basta con una mirada y saca el fierro. Se convierte a sí mismo en lo que las mafias está esperando: un delincuente. Zaffaroni no se equivocaba cuando decía que el modelo ideológico del control social latinoamericano no fue el de Bentham sino el de Lombrosso La izquierda deslegitima el derecho penal. El taxista, la panadera, el estudiante de medicina, el operario, el colectivero y la prostituta ya no sienten compasión ni comprensión ni nada después de afanos reiterados. Les quitan lo poco que han obtenido en más de 10 horas de trabajo por día. Sienten que lo hacen no tiene valor alguno porque el fruto de su esfuerzo se vuelve inestable en el monoblock o barrio donde habitan. ¿Quién los protege? Miran el pasado, alucinan otros paisajes. Quieren estar tranquilos cuando sus hijos vuelven del trabajo o de estudiar, disfrutar sus posesiones sin miedo, pasear con sus novias sin tener que morir de un tiro por defenderla, salir de sus casas sin tener que ver una pandilla mezclando lavandina con cerveza vigilando cada uno de sus movimientos: entradas, salidas, día y noche. La izquierda considera que tienen que pagar el precio de su voto electrodoméstico. Entonces, como en un coro de ángeles, en bloque le responden: “con los militares estábamos mejor” Los vuelven a desaparecer.

El fascismo de izquierda pretende que entiendan que si mueren de un tiro es porque 30 años atrás sus padres no hicieron nada para que esto sea distinto, colaboraron con un modelo de país. Ellos están ahí, como justicieros, para recordarles el merecido castigo: ¿dónde estaba tu papá? Del otro lado se dice que no tuvieron nada que ver ni con Videla,MasseraPerón con IsabelLópez RegaMenemDe la RúaDuhualde. Son extraterrestres que cayeron para hacernos el Mal. La izquierda no sabe que hacer con la cuestión de la seguridad y se la regala en bandeja a la derecha. La derecha –a su vez intranquila– aprovecha la situación para considerar una población que esencializan, más o menos, como animales irrecuperables. Creen que con un torniquete la sangre no se derramará cuando el cuerpo revienta por dentro.

Ruckauf consiguió pronunciar los disparates que dijo –y antes también– siendo gobernador porque era la posibilidad directa de unir su pasado político (gobierno de Isabel y la Triple A, firma del decreto que a las fuerzas armadas otorgó argumentos para planear y ejecutar la matanza, protección de Massera mientras sus conocidos eran torturados) con el clima de inseguridad montado para hacer no solo mediático el discurso de mano dura sino para a través de sus criterios morales dividir la sociedad entre gente buena y fieras, entre humanos y mamíferos. Fue una de las más recientes actualizaciones del proceso. Esto está presente hoy en nuestra sociedad.

En la historia de este modelo económico esta la debacle de la clase que más que ninguna otra sufre la delincuencia y, al mismo tiempo, sobre la cual recae el peso de la relación de sus deseos con el poder. La clase media se minó a sí misma deseando que “esos cabecitas negras” sean borrados de sus espacios de distinción.

Concepción del presente
Henry Kissinger –hombre memorioso– afirmaba que la influencia política es correlativa al poder militar: la habilidad diplomática no sustituye la fuerza militar. Para Kissinger la condición de la paz es el diagrama de las piezas establecidas por el poder. Y allí es muy preciso: es la política de defensa misma la que hace cualquier propósito que se diga elevado, sin tal poderío es el dictado del otro. ¿Contra qué “desviación” se defendió la sociedad argentina durante el proceso? El enemigo del ser nacional es: demócrata, judío, hippie, ateo, liberal, modernista, puto, progresista, hedonista, laicista, marxista, nihilista, nominalista, naturalista, consumista, posmoderno, drogadicto, pansexualista, humanista, subversivo, peronista, morocho, travesti, escéptico, lector, víctima de Shooping center, etc. El Proceso procesó a la sociedad argentina, es decir, procesó la palabra misma. El terror directo sobre obreros, sindicatos, estudiantes, militantes clausuró el pensamiento e ideó el sentimiento de “seguridad”: el espacio que fue abierto como resto es el de los usuarios dóciles. Y nada más miedoso que un usuario amurallado, paranoico. La dictadura burguesa terrorista unificada del 76 concibió un deseo de país sin tanta fábrica, sin tanto gremio, sin tanto negro descamisado, re-primarizado y anti-peronista. Un país políticamente seguro. La clase dominante habita invernaderos y palacios de cristal. En el Invernadero los niños preguntan: ¿es hombre, es mujer o es mucama? El otro polo del Invernadero son los Depósitos de Carne. Un mapa latinoamericano clásico.

¿Qué es un depósito de carne? El 14 de Noviembre del 2002 llega al juzgado de Garantías N° 2 de San Martín un informe producido por el Ministerio Público Fiscal y la Defensa Departamental respecto de la Unidad Carcelaria N° 1 (Olmos) del Servicio Penitenciario Bonaerense. Describe, entre otras, las siguientes condiciones: superpoblación, detenidos que duermen bajo las camas de otros, insuficiencia de servicios sanitarios con roturas y averías de caños y letrinas, escasas y nulas actividades deportivas, educativas; toda actividad reducida al espacio mínimo entre bolsones y trastos; ausencia de artículos de limpieza, mierda que se desparrama entre cañerías por el deficitario desagote, hacinamiento, humedad, tuberculosis y sarna, robo de alimentos, déficit de autoridades legítimas dentro del penal, déficit de medicamentos. En suma: Retraso de causas y abandono. En el inciso número 11 de tal informe se afirma: “Tales condiciones hacen que el penal pierda su sentido constitucional y se transforme, literalmente, en un “Depósito de carne humana”. Uno tiene la sensación de que los detenidos están a la buena de Dios”.

¿Quiénes hacen vivir el Proceso de Reorganización Nacional en las venas del presente?

La institución policial es, en su funcionamiento real, una especie de golpe de Estado permanente. Reproduce, sostiene, actualiza, expande a través de sus podridas y crueles cárceles el sello de nuestra verdad, la frase insigne de lo que todavía somos “por algo será”.
(1) Las viudas de los juevesClaudia Piñeiro.

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