Guiso porteño


Por Leonardo Sai

“No soy más un idiota. Aprendí. Y no me parece desacertado lo que leí no sé dónde: el que dice que no es de derecha y no es de izquierda, es de derecha. La mina que escribió eso, usaba la cabeza para algo más que perfumarse el pelo”

Por la Espalda
Andrés Rivera

Las carriós nuestra de cada día.

Elisa Carrió es un personaje significativo del escenario político nacional por su presencia mediática, por los efectos psico-sociales de su neurasténica lengua apocalíptica, por una trayectoria de honesto trabajo parlamentario. A principios de los 90s era un referente intelectual y profesional junto con Alfredo BravoPolinoAlicia CastroZaffaroni. Eran eticidades esgrimidas en las aulas de los cuervos del mañana, ideales en anónimos anfiteatros de la obediencia debida: la ley por la ley es una máquina suicida: otro remate, otro preso, otro tiro en la cabeza. En cualquier Facultad de Derecho se conocía quien era, la tenían en cuenta como formadora de opinión, investigadora, jurista. Esta Elisa Carrió fue enterrada. Ahora la llamamos, simplemente: “laCarrió”.

La Carrió, al tiempo que crecía su peso mediático, evidenciaba las tensiones de una sociedad que estalló. Con o sin crucifijos, sinceró su fuerza, sola. Se quebró frente a quienes la tildaban de loca: anticipó todo el proceso de saqueo. Esta claro que la sociedad no le debe nada a la Carrió. También esta claro que, después del menemismo, no sirve hacer campaña con la culpa, el castigo, el bautismo del Contrato. El menemismo liquidó la moral alfonsinita. Carrió escupe agua bendita. Marrón y lavada de misticismo, arremete contra una sociedad de pecadores que alucina en Macri anhelos de progreso individual y empresa buena, con responsabilidad social y vaselina. Distribución de la riqueza, reformas sociales tan necesarias, instituciones depuradas, división del poder, Estado regulador, clase política responsable. ¿Nos hemos vuelto todos republicanos? ¡Derechos Humanos!

Las carriós nuestras de cada día quieren tranquilidad de conciencia: ¡Ya no hay ideologías! ¡Ya no clases sociales! Las carriós nuestras de cada día quieren palear las contradicciones reales, quieren pobres sobrios, educaditos, que trabajan bien y tengan pocos hijos. Las carriós nuestras de cada día tienen siempre disponible un lado bueno y un lado malo: Hay jueces buenos y malos, policía buena y mala, gente buena y mamíferos. Las carriós nuestros de cada día tienen un período dePerón bueno y Perón malo, un periodo de Menem bueno y otro malo, un Kirchner bueno y un Kirchner malo. Y vemos aparecer las viejas, largas y gruesas cejas de la conciencia radical. Volvamos a 1847.Memento de la cita:

“Es cabalmente el lado malo el que, dando origen a la lucha, produce el movimiento de la historia. Si, en la época de dominación del feudalismo, los economistas, entusiasmados por las virtudes caballerescas, por la buena armonía entre los derechos y los deberes, por la vida patriarcal de las ciudades, por el estado de prosperidad de la industria doméstica en el campo, por el desarrollo de la industria organizada en corporaciones, cofradías y gremios, en una palabra, por todo lo que constituye el lado bueno del feudalismo, se hubiesen propuesto la tarea de eliminar todo lo que ensombrecía el cuadro —la servidumbre, los privilegios y la anarquía— ¿cuál habría sido el resultado? Se habrían destruido todos los elementos que desencadenan la lucha y matado en germen el desarrollo de la burguesía. Los economistas se habrían propuesto la empresa absurda de borrar la historia ”

El Coacher.

Aparecen los econométricos rituales del mercado gurú: la lluvia de inversiones, el conjuro de la bolsa, la chispa de la IDEA. ¡Invoquemos la divina presencia del Capital! Es la panza brava de López Murphy, el bigote oficinista de Macri. Y en la panza dura y el bigote, el Pro del cotidiano manifiesta su evaluación latente: el otro es absoluta y totalmente otro. Para que Michetti sea Michetti, para que el basural sea el lanzamiento de una campaña, la mirada tiene que inventarse tolerancia, la diferencia tiene que corporizarse como estigma infeliz, la asimetría debe ser vuelta esencia, la distancia trascendencia, caridad y compasión: otro al que se le deja ser en la legitimidad de su miseria. ¡Desechos Humanos! Macri sorprende. El Menem del noventa, el patilludo que escribe “La esperanza y la acción”, comparado con Mauricio parece Hegel. En su mensaje de clausura del Seminario de IDEA, “El país: la gran empresa de los argentinos”, en Las Leñas el 21 de Octubre de 1989, San Saúl dijo:

“Quiero ver a cada empresario transformado en un auténtico gerente de la Revolución Productiva. Un gerente con propuestas nuevas. Un manager con pasión emprendedora. Un ejecutivo con iniciativas originales… Yo creo en esa nueva clase empresaria que necesita la Argentina. Empresarios que hagan honor al nombre “Emprendedores”, con todo lo que ello implica: Espíritu de riesgo, de transformación, de creación… Más allá de ideologías. Mas allá de intereses sectoriales. Más allá de tentaciones egoísta… Y yo les digo que ser libres es entender, de una vez y para siempre, que: Argentina, es la gran empresa de los argentinos ”.

Nacía la antipolítica: Siddaharta Macri era concebido.

La ciénaga.

En el fango porcino de la impostura mediática la opinología porteña no puede ir más allá del instante, del flash. El voto a Mauricio constituye contra Carrió una “maduración” del electorado. No hay discurso apocalíptico que frene al egoísmo en este guiso. No es con “yo les digo que el 2001 se va a repetir” “yo les digo que va a subir el boleto” que se suman votos. El señor K cree que es el único capaz de instaurar un imaginario político: década del 90 y Yo Presidente. No para de pronunciar discursos de mala conciencia. El voto por una moral ciudadana ya se dio, fue la Alianza, y De la Rúa, y Chacho le prendió fuego. El voto al empresario bostero es un voto a los valores de la economía como imaginario cultural, político y social. La sociedad argentina soporta la corrupción en la medida de una apuesta a la generación de empleo ¿sostenible? Aunque estos sean gestados por una especie de gran Familia. No quiere decir que Macri fracase. La Capital Federal solía sentirse orgullosa y distante de lo que denominaba altiva “neo-feudalismo”. Ahora tendrá la versión porteña del cacique bajo el modo de la empresa del vivir. No aprendemos de la historia. La visión cortita del señor K alguna razón tiene, en esa miopía paranoica y mezquina de las urnas derrotadas del domingo: somos seres amnésicos. Sin embargo, el señor K olvida la trampa que le tienden sus enrosques: ¿Y si Macri le hace a K lo que éste a Duhalde?

Cuando desde arriba, desde lo que se llamaba “simbólico”, se hace de “la memoria” un panfleto de campaña, lo que florece, por todos lados, es la politiquería obscena, como decía Gilles Deleuze, la política porno, la pornopolítica. El uso del dolor ajeno se desparrama como goce en toda la sociedad. El maltrato se vuelve intimidad.

¡Porque es un bueno compañero! ¡Porque es un buen compañero! ¡Porque es un buen compañerooo…  Y nadie lo puede negar!—.  Hace unos recientes años este guiso porteño le prendía fuego a los bancos, gritaba en asambleas de resentimiento barrial, acompañaba, al menos en el espíritu, al piquetero que nos presta el servicio de luchar por nosotros. 10 años de menemismo demuestran que la economía por sí misma como matriz cultural que diagrama valores y posibilidades revienta. Traducen demanda de seguridad y ciudad pulcra bajo la retórica de la gestión, una especie de comodín que les permite decir, en el crepúsculo, que a la pasión por el emprendimiento no le dieron tiempo suficiente. ¿Quiénes deliran a Filmus? Un coro docente nos trae las banderas gremiales del currículo, la santa pedagogía y el ADD. Aparece la docencia cognitivista asesorada por farmacología rápida y psiquiatría al por mayor. Este coro dice que el problema es que los chicos no tienen límites, que la familia esta podrida, que tienen la cabeza quemada, y que tienen miedo de que les peguen un tiro en el aula. Parece obvio que anudar un vínculo comunicativo entre los habitantes del futuro Buenos Aires resulta insuficiente bajo el modo de la señorita maestra. No obstante, sobran evangelistas que consideran que con panacea sarmientina todo cambiará.

Quienes se preguntan hoy acerca de la institución escolar, como medio de humanización de la bestia pop, quieren saber si es posible aislar en un invernadero a los bambis de bien tentados a caer en las formas disímiles del porno-salvajismo, la cumbia villera, el porro, la paliza bolichera. Frente a los surtidores sociales de goce se alzan las voces indignadas con añoranza provinciana de escuela linda. Es como mirar “Pizza, birra y faso” con los lentes de Luis Sandrini. Esta porción de la población ha alucinado un extraño Filmus caído de un mástil, sin ambición, sin trayectoria política. ¿Y el foucaultito?

Calvicie ideológica.

Telerman no ha sido comprendido por el guiso porteño. El signo es el sistema del signo, y si el sistema cambia, cambia el signo. Y sobre la pelada se proyectan diferentes sistemas, y la pelada cambia, y más alianzas. Pero “la gente” quiere identidades coherentes en sí mismas. Bostero y empresario. Así, quieto y preciso. Si es rico no robará. Si es discapacitada es buena. Si es Licenciado, sabe. Si es del PO es luchador y honesto. Con Ibarra no tengo metáfora porque la idiotez es real. Volvamos. Que las alianzas se tejan por debajo. No hay que mostrar mucho el crudo. Telerman se construye en vivo y en directo. Espera la bendición patagónica, luego el apoyo de la carrió, hace ceremoniales según la semiótica de la ocasión, tiene un caramelo para todos; anfitrión desesperado: anuncia la gran erección del impotente. La identidad ecléctica en la misma serie del electorado disciplinado por el video clip y el zapping, un electorado indiferente. La pelada camaleónica se quedó sin jueguitos de interpelación imaginaria.

Argentina Latente.

En la mugre de los matrimonios del poder no se encuentra la fábrica. El macro-aspecto trágico del supuesto y endeble “bienestar nacional” es que en las profundidades ruge la tierra, la vieja tierra. Estamos hechos de tierra, de pura tierra. Una tierra que nos es ajena, impropia. Nos alojamos en suelo rifado, unificados por el miedo, estamos perdiendo la materia. Quizás, hoy el arqueólogo Tato Bores se preguntaría: ¿Qué ha sido de los argentinos cuando eran todavía de carne y hueso?

(1) Carlos Marx; “Miseria en la filosofía. Respuesta a la Filosofía de la Miseria de P.J. Proudhon”, Siglo XXI Editores.
(2) Carlos Menem; “La Esperanza y la Acción”, Emecé Editores. 1990.

 

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