Ácido Argentino


Ensayo para una política de la memoria

Por Leonardo Sai

Anatomía patológica.

En la historia de nuestro pensamiento la forma crítica de la reflexión se ha configurado bajo el modo iluminado de la distancia correcta. Esta forma elevada y altiva de la sensibilidad lastimada del teórico ya no proporciona grandes miradas generales. Las águilas angustiadas son hoy semblante-mediático del shoping universitario y del autorreproche colectivo. Se trata de la proximidad correcta: El sociólogo es el forastero imposible.
La sociedad es un cuerpo, un cuerpo lleno de humores. La antigua y sabia doctrina de los humores define la saludable mezcla de líquidos corporales: Una psicosociología humoral de los temperamentos. Tras el terror del 76’, la hiperinflación en el 89’, la crisis agónica del modelo en el 2001, el desierto del 2002, la desocupación y miseria del presente; el nivel de disciplinamiento social, de tolerancia al maltrato, a la humillación, a la explotación física y mental, no resulta comparable a ningún otro período de nuestra historia como sociedad. El movimiento social es indistinto. La impotencia de los muchos buscará el lado positivo de las cosas, la otra mejilla, el buen Dios que proveerá. El estómago de nuestra sociedad segregará los jugos para la digestión de la historia. El ensayo que aquí se presenta es un esbozo de socio-endoscopia.  Presentamos la micrología del ácido argentino.

El cuarto peronismo.

¿No son acaso los mismos valores y sentidos los que anidan la mediática fascinación violenta de los pibes chorros y la hasta hoy añorada Convertibilidad? Cuando el fascismo argentino se viste de “espectáculo para pensar” y “periodismo pluralista” se arman las mesas redondas de padres y madres del dolor. Se reparten los carnets entre “garantistas” y “manos duras”. De un lado, el coro del progresismo foucaultoide y las aduladoras de cátedra de Eugenio Zaffaroni cruzadas con budismo carcelario. Del otro, legalistas bañados en Opus Dei, policía brava y guetto fashion.  Entre la compasión socialista por el criminal y la tortura bautizada, las masas remiseras se debaten la pantalla de las durezas sociales. No se trata de una batalla en el interior del humano, entre su tendencia bestializadora y domesticadora. 10 años de menemismo dan mucho que pensar. Existe el tema (no el problema) carcelario en nuestra sociedad. Los presos saben que a la mayoría no le importa. El tema carcelario funciona como forma de la cultura del entretenimiento. Nuestra sociedad mastica su propia máquina de exclusión. ¿Cómo se ha construido esta cómoda y falsa distancia de sillón?
La hegemonía ortodoxa era el reino del modelo abstracto, de las recetas que van más allá de la historia, de la sociedad y la política. El poder de la ortodoxia ha sido la administración de la incertidumbre. Su táctica fue una micropolítica de la seguridad. Ideología de la inevitabilidad de la desigualdad social, naturalización del desempleo, supremacía irrestricta del mercado, competencia como aleccionamiento del consumidor, innovación tecnológica como progreso de la humanidad, subordinación de la democracia a la invulnerabilidad de la propiedad privada. La ortodoxia actualizó las creencias necesarias para la gestión capitalista del Estado. Por ejemplo, tomemos la siguiente secuencia: 1996. Luego de la rebaja de las asignaciones familiares, los paros, los apagones de Chacho, Gracielita, De la Rúa, Terragno y Alfonsín, y los primeros cacerolazos, Cavallo “se va” del gobierno —para luego arremeter con las denuncias de corrupción. Roque Fernández toma el relevo. Al tiempo que el dream team ético garabatea la “carta a los argentinos” el equipo de Roque define la “carta de intención” con las nuevas metas a cumplir a cambio de un waiver (perdón) que le permitía mantener vivo, hasta fines del 97’, el acuerdo stand by que estaba vigente.  En esa carta la Argentina se comprometía a completar la reforma del Estado frente a Michel Camdessus. Los elementos cualitativos de esa carta condensan la historia de ese modelo: ratificación de la convertibilidad del peso, compromiso de sanción de la ley de flexibilidad laboral, desregulación de las obras sociales, nuevos impulsos a la reforma de estados provinciales, esto era: privatización de bancos, empresas públicas y transferencia del déficit de las cajas previsionales a la Nación; contención del gasto público, solvencia fiscal, paquete impositivo, revisión del sistema tributario. Esta misma secuencia neurótica de promesas, metas que no se cumplen, castigo del Dios, se repetiría una y otra vez como en “la vuelta” de Cavallo con De la Rúa. Nuevamente, la sociedad delira un “nuevo” Cavallo salvador y éste, como buen megalómano, anuncia por tevé: Megacanje, Déficit Cero, Corralito. Desbocado… el tifón barrió con todo.
Recuerdo que cuando tenía ocho años cinco canales eran suficientes en mi televisor. ENTEL tardaba una vida en darte línea. Hoy una compañía de celular procesa 70 millones de mensajes de texto en el día del amigo. El  4to. Peronismo le cambió el rostro al país.  La “casa está en orden” era el rostro decadente de un Estado que todavía se soñaba benefactor. Vociferado como elefantiásico por la capilla malthusiana diseminada con pasión pueblerina. Desde el realismo periférico a la Argentina le correspondía la imagen del municipio de un Imperio. Veinte años más tarde, a esta imagen de una Roma imperial, descentrada y golondrina, se le sumaría la de una contra-Roma, “en red”, de mil Chiapas, en las mesetas de la filosofía política italiana. Lo que Llach llamaba “Otro Siglo, Otra Argentina” traducía a sus términos una problemática que ponía en evidencia la inadaptación de los llamados métodos de gestión de lo social. El Estado providencia era cuestionado en el orden financiero, ideológico y filosófico. El peso del neo-liberalismo no se hacía sentir en su plataforma teórica ni en el supuesto despliegue de exactitudes y juegos del autismo econometrista. El peso del paleo-liberalismo era su hábitat de adaptación: Que todos se valgan por sí mismos, dependiendo de sus propios esfuerzos, sin ayuda ajena. Robinsonadas que sostuvieron a Doña Rosa. Sin Estado no hay seguridad: la institución carcelaria se consolida como un depósito de carne (1).  ¿Qué es un depósito de carne? El 14 de Noviembre del 2002 llega al juzgado de Garantías N° 2 de San Martín un informe producido por el Ministerio Público Fiscal y la Defensa Departamental respecto de la Unidad Carcelaria N° 1 (Olmos) del Servicio Penitenciario Bonaerense. Describe, entre otras, las siguientes condiciones: superpoblación, detenidos que duermen bajo las camas de otros, insuficiencia de servicios sanitarios con roturas y averías de caños y letrinas, escasas y nulas actividades deportivas, educativas; toda actividad reducida al espacio mínimo entre bolsones y trastos; ausencia de artículos de limpieza, mierda que se desparrama entre cañerías por el deficitario desagote, hacinamiento, humedad, tuberculosis y sarna, robo de alimentos, déficit de autoridades legítimas dentro del penal, déficit de medicamentos. En suma: Retraso de causas y abandono. En el inciso número 11 de tal informe se afirma: “Tales condiciones hacen que el penal pierda su sentido constitucional y se transforme, literalmente, en un depósito de carne humana. Uno tiene la sensación de que los detenidos están a la buena de Dios”. El depósito de restos sociales denuncia las calidades de vida de la política de la vida lujosa. La vida verde, verde, verde, segura, estable, rubia. Genética y finanzas se combinan entre amas de casas desesperadas. El menemismo arraigó un palacio de cristal que instituye los valores que gobiernan esta sociedad. La clase media digiere la desigualdad consumiendo ese escenario: Villa y country avivan la industria cultural. El invernadero es la apariencia bella donde se recicla el poder. El invernadero es la arquitectura de un país seguro: la vida de autoencierro de las clases altas, su inclusión total en guettos ecológicos. El menemismo no se reduce a una basura larvaria de patillas y colágeno. Es el alma de nuestro zoológico social.
El 11 de marzo del 2006 un maravilloso operativo de Rentas en un Country fue transmitido en vivo y en directo por Crónica, TN, Canal 25: Se trataba del matrimonio Goldadler vs. Santiago Montoya (2). Un tipo se había atrincherado en su BMW. Adeudaba 14.972,9 pesos al fisco de patente. El operativo había empezado a la cinco y media de la tarde. A las nueve de la noche el country se había llenado de curiosos que gritaban “paguen lo que deben” y “viva Montoya”. El dueño del vehículo calificó a Montoya de “inmoral”. Goldadler no consultó en Rentas porque en la delegación de Escobar “hay que hacer cola desde las cuatro de la mañana para que te den un número”. A las 21:30 los inspectores ponen la franja de “secuestrado” en el auto y la mujer se arrebata de furia y la rompe. La grúa permanecía a la espera del BMW. En nuestro zoológico humano, un pibe de 8 años le canta al matrimonio: “esta noche hay que festejar, a un cheto vamo’ a matar”. Del otro lado, los hijos de Goldadler se preguntan: “¿es hombre, es mujer o es mucama?” El sándwich del medio mira expectante y esquiva polaridades.

El peso de la verdad.

La mediática —con música progre o de derecha nacional— ofició de surtidor comunicacional de una mirada cuyo sustento teórico era la Escuela de Chicago. Defino mediática como el dispositivo de producción de amnesias colectivas por vía de la sobredosis informativa. El sponsor oficial se llamó Domingo Felipe. Para la Escuela de Chicago no hay estructuras sociales. El apóstol del automanagment —Peter Druker— afirmaba “No más salvación por la sociedad”. No hacía más que repetir —en el formato académico de la administración empresarial y las relaciones laborales— la ideología que Margaret Thatcher condensaba rotundamente: “No existe la sociedad”. Solo hay personas, con pasiones alegres y tristes, para los discípulos de Domingo Felipe. Y cuando solo hay personas existen “los que ganaron”, “los que perdieron”, la “policía buena”, la “policía mala”. Cuando solo hay individuos no hay unidades ni bloques sociales. Tampoco se necesitan instituciones a largo plazo. El Estado aparece como gasto, la política como costo, la educación y la cultura un lujo snob. No se necesitan sujetos colectivos: bastan planes sociales y construcción mediática de candidatos. No importa comprender la inexplicable sociedad: importa castigar. No se observa lo simbólico sino que se deja el paso al juego conductista-cognitivo de los recursos humanos. Mundo de líderes y de incapaces, de gente de bien y de delincuentes, supuestos seleccionados y excluidos. Imaginario salvaje que mueve efectos reales: hay 800.000 armas en negro. Uno de cada diez argentinos está armado. El seis de enero de este año el diario argentino publicó la historia de un hombre de 41 años que confesó haber dejado cuadripléjico de un tiro a un jóven de 23 años luego de una discusión de tránsito. Declaró: “Ese día estrenaba mi auto, que me costó muchas horas extras de trabajo. El otro coche me pasó y me rompió el espejo de la puerta”.
La máquina de exclusión —máquina suicida funcionando las 24hs— luego es digerida por tevé bajo las reality perversiones del voyerismo colectivero. En la pantalla del cable estallan las competencias del Hermano Mayor, las selecciones reality de Donald Trump, las seducciones reality de la culiteta del momento, Bailando por un sueño, etc. Volvamos.

La mirada monetarista, convertible, de lo social. 10 años de esto destruyen los cimientos de las instituciones sociales. El sentido común lo traduce como “Acá no funciona nada”. La lengua argentina se vuelve quejosa, rencorosa, desconfiada. No es el signo de un global-nihilismo, ni de vacío de poder, ni de moralina irigoyenista sobre la corrupción y el contrato social: Nada funciona, ni funcionará, nadie cree en nada, ni creerá, por postura, porque sí, porque ya sé como viene la mano. Tampoco es escepticismo o cinismo. La carne de la lengua argentina no muerde de aquellas posiciones. La lengua parlante forjada en una mirada analítico-individualista, reduccionista de la acción social, necesita culpables. El político ladrón, el empresario vampiro, el operario perezoso, el pibe chorro, el izquierdista delincuente, el ADN Argentino. O como resume el bocasucia de Enrique Pinti “El argentino sorete mal nacido”. Todo esto — y mucho más que esto— ocupa hace bastante tiempo el lugar de un malestar permanente, una agresividad bien diseminada, una insistente voluntad de venganza. El argentino deviene perro. Un perro neurotizado por su propia sociedad. Perros que reventamos agitando cacerolas luego de haber masticado, y lamido, y relamido, y arrastrado y cavilado en nuestro hueso. Ahora reclamamos del “servicio educativo” la desmenimización del deseo como misión histórica del docente. Democracia fast-food y política delivery. Retrocedamos un poco…
Las dictaduras en Latinoamérica ejecutaron un programa para la vía regia del buen ciudadano. Ejecutaron el instinto de muerte de una compacta mayoría bajo el modo de los campos de muerte. Sin embargo, hacer la sociología del presente como si fuera de un resto, de lo que quedó del setenta, como si la juventud fuera la resaca remanente de tres décadas, inventar en negativo especulando sobre lo que podría haber sido si no hubieran desaparecido, no es pensar la historia. Discutir de “La Dictadura” del “Neoliberalismo” del “Modelo Martinez de Hoz y su tablita” funciona, muchas veces, como  un corcho. Se revuelve como sentido común. Entonces el imaginario se realimenta bajo la mirada dominante. La Dictadura como un individuo universal aparece por todos lados. El mundial del 78’ no lo gana el entrenador con la visión más inteligente del fútbol, ni le pertenece al pueblo argentino, sino a Jorge Rafael.  Hablar de las líricas en el rock es hablar de La Dictadura. Hablar de los piqueteros es hablar de los desaparecidos. Hablar del paco es hablar de Videla. Hablar de los empresarios es hablar del terrorismo de Estado. El discurso sociológico recibe así su manto sagrado: seriedad y presupuesto de la politiquería correcta requiere el término fascismo en su buen decir. Entonces algunos pueden cobrarse unas facturas: ¿Usted, qué hizo hace 30 años? ¿Dónde estaba que no militaba? Parado desde los tribunales de la razón el sociólogo distribuye pecados y distinciones, puniciones y beneficios. Se vuelve un moralista en el pleno sentido de Durkheim. Y la mirada de la Escuela de Chicago —el peso de la sociedad como responsabilidad en los hombros de los individuos— se le vuelve sobre su propia lengua como el fantasma de esos muertos que oprimen el cerebro de quienes se disponen al pensar.

El castillo del señor K.

¡Superávit! ¡Superávit! ¡Crecimiento! ¡Record de recaudación! ¡Desempleo de un dígito! El progresismo está al dente. El “nuevo peronismo” bajo la música K tuvo necesidad de rodearse de hombres honrados, prestigiosos, eminentes. Hambrientos zorros se ocultan tras los lanosos lomos de las ovejas Argybais. Cuando el poder esta in crescendo el espectáculo de su extensión provoca dicha. La gente siente que todo saldrá, el pueblo acoge nuevas esperanzas, las fuerzas renovadas giran la rueda del retorno y El General ríe lleno en su panzada.  El ejercicio de un poder seguro de sí —en nuestro país quiere decir bien concentrado y absoluto— crea las condiciones de la seguridad ontológica: confianza, estabilidad institucional, percepción de lo continuo, la posibilidad de un orden que no se desplome en el tiempo que dura rascarse un ojo. Nuestro actual gobierno ha logrado que la gente vuelva a madurar proyectos, alimentar expectativas. Legitimidad. El maravilloso humor ácido de la revista Barcelona lo entiende así: “La Asociación de Bancos Argentinos (ABA) celebró el notable auge registrado en los créditos personales durante el año 2005. Un alto directivo de la entidad aseguró que en los bancos hay “euforia y sorpresa” ante esta situación.“Es notable la capacidad rayana en la estupidez que tienen los argentinos para confiar en el país y en sus bancos. Y así como en el 2001 abrochamos a los ahorristas, ahora nos disponemos a convertir a los tenedores de créditos en esclavos cuya sangre beberemos de por vida, señaló”. Un tiempo después —3 de enero de 2007— Clarín publica un informe del Banco Central: “La letra chica sube casi el 70% el costo de los préstamos personales” Un crédito por $5.000 se termina pagando entre $6.400 y $9.500 según la suerte del cristiano.
Hacer soportable la vida al mayor número posible de humanos es de lo que trata esta política. Y la gran masa decide que entiende por vida soportable. ¿Y las intolerables condiciones de la Argentina del 2001? ¿Se ha vuelto digerible la pobreza actual? ¿Y la indignación? ¿Y la decencia? La Santa Elisa tiene alguna razón. Pero, Mulford no explica el 2001. No estalla una sociedad por los negociados de los poderosos. Esto existe hoy incluso más que hace seis años atrás. El esquema de pensamiento se repite: por la culpa de tal y cual mafioso, y una sociedad que no hace nada porque se distrae consumiendo, entonces, el sistema se autodestruye. El 2001 permite inventar un nuevo Apocalipsis. El 2001 —como otras crisis— funcionan como un corcho. Crisis en el 76’- 77’, en el 82’, en el 89’, en el 94’-95’, en el 98’- 02’. Cada explosión pone de manifiesto que luego de su pico se instituye un plan de relativa normalidad que siempre es mejor al momento propio de la crisis. Es cierto que estamos mejor que en el 2002. Sin embargo, estamos peor que en la década del noventa. Se estabiliza un nuevo piso de pobreza que en los noventa era del 25 % y ahora del orden del 35 %. Como afirma el inteligente Claudio Lozano el modelo vigente es un modelo de colocación de naturaleza barata en el mercado mundial sostenido en el consumo de los segmentos más altos de la población. El elemento teórico-táctico correspondiente es una retórica desarrollista. La economía crece extremando la desigualad. El salario mínimo no lo fija Tomada sino el Plan Jefes y Jefas de Familia. Tampoco se fija un salario mínimo sino un piso de discusión salarial en el cual un humano reducido a una máquina contestadora de call center acepta trabajar seis horas y media y orinar en seis minutos porque la presión de la tasa de desempleo lo permite.

Volvamos. La beata Elisa Carrió tiene alguna razón. La fiesta es ahora políticamente correcta. Incluye Malbec, cuidadosa desprolijidad, vintage, babasónicos, fiesta privada, Dj extranjero. Hay que reflejar gusto exquisito y no perder la memoria. La fiesta ya no la financia el stand by del FMI sino la Soja. La Tierra nos comprende como una placenta.  En el bastidor las cosas no han cambiado mucho. En el mercado de las almas el empresario podrá comprar su parcela en el barrio cerrado, el profesional se podrá diferenciar del obrero, el obrero se podrá diferenciar del villero, el villero en negro se podrá diferenciar del chorro y el chorro solo puede diferenciarse del yuta. K logró su aura de poder y su presencia encandila. Armar una fantasía colectiva a partir de una realidad deprimente constituye el artificio del acceso al poder. El “1 a 1”  se llama hoy “superávit fiscal” y el “somos un país del primer mundo” es hoy “Capitalismo nacional”. Según el Indec —ver informe adjunto— en su informe sobre 500 grandes empresas, 337 son foráneas y en el 2005 ganaron $37.990 millones. Las restantes 163 —argentinas— ganaron $2.979 millones. Julio De Vido cuenta el billete. Elisa Carrió le vomita agua bendita. “Recién estamos saliendo, viste… paso a paso…” El discurso oficial traduce la demanda de reformas como paciencia. La política no tiene los tiempos de la compra compulsiva. Quienes sostienen que estamos condenados a la coyuntura, al caos, al presente absoluto, carecen de una visión de la totalidad y del porvenir. Borges lo llamaba el individualismo pobre. Los partidos políticos no existen. ¡Vaya novedad! Hay quienes opinan que la existencia de los partidos políticos se verifica con cantidades de afiliados y registro estatal. Un partido es un emergente superficial de un movimiento espeso, denso y profundo, al interior del sistema social. Ni siquiera hay municipalidades. Hay territorios. La pelea por el control del territorio que mueve un segmento en el interior de los trabajadores improductivo y dependiente es la forma utilizada para construir el poder del Estado. El caso Alejandro Keck nos mostrará un poco la escena.

La comunidad Sudamericana.

Keck fue director de Empleo de la Nación desde el año 2002  hasta el 25 de mayo del 2003. La Ministra era Graciela Camaño. Hoy Keck es concejal en San Martín. Keck llegó al poder, se dice, con el respaldo político del matrimonio Barrionuevo. Parece que Keck anotó a más de doce mil vecinos en el Plan Jefes y Jefas a dedo. Hoy es Satán, el clientelista. ¿Y quiénes acusan? El ARI. Aquellas elecciones le permitieron a Camaño llegar a ser Diputada. Keck se bajó de la intendencia por llegar a un acuerdo con la línea interna del partido y pasó como candidato a concejal. Duhualde desplazado y desarticulado por Kirchner escribe un libro sobre “La comunidad sudamericana”, la versión chorizo de Tolkien. Kirchner re-organiza la cancha de Banfield. Una desocupada hace de testigo de Jehová y declara que en un encuentro el chivo dijo “que votaran por él, que él podía dar planes Jefes y Jefas y mantener la continuidad a quienes recibían el beneficio”. ¿Y que hacían los punteros? Manejaban los listados. ¿Cómo? Por ejemplo: un listado de 100 beneficiarios. Los beneficiarios tenían que trabajar por el plan 4 horas, 4 días a la semana. El puntero ofrece un servicio: por 30 pesos pone los presentes y nadie mueve un dedo. Limpios 3000 por mes. Escena siguiente: puntero y beneficiarios se encuentran en un cabaret en Panamericana donde, como una comunidad bonaerense, un Padrino invita pizza, birra, faso y putas. Escena siguiente, el sentido común: “En este país nadie quiere laburar. Mira: ¡Ni siquiera se merecen un plan trabajar!” Escena final: la conformación de una “sensibilidad” social, cada vez menos silenciosa, que manifiesta explícitamente que existe una población irrecuperable. El espíritu pide sangre y las tribus suministran la justificación. El rodeo consciente que vela la sed de venganza dictamina: “Estoy jugado”. Juntos en familia prenderemos una vela y rezaremos a la virgen de los Sicarios.

Durante el 2002 la “clase media caída” “acorralada” entró en los planes Jefes y Jefas. No eran solo “villeros” quienes hacían cola en los bancos de San Isidro para cobrar. Eran universitarios sin trabajo, pibes que habían terminado el secundario sin trabajo, desocupados que habían sido echados de sus trabajos, luego de 15 o incluso 25 años de antigüedad, con indemnizaciones en el corralito. No todos ellos cumplían estrictamente con los requisitos burocráticos. Ya sea porque no tenían un hijo o porque tenían trabajo y no alcanzaba. Sin embargo, hubo espacios para muchos. ¡Corruptos! ¡Corruptos! ¡Así estamos, ves! ¡Así estamos! No se trata de la dignidad recuperada vía militancia de base y rizoma de manzaneras.

Días de perros.

Los sociólogos han gastado su lengua hablando del “individualismo”. Han elegido como concepto para hacer manifiesta la anomia y la levedad del ser, en esta sociedad fragmentada y onanista, la denominada “sociedad de consumo”. El reino del último hombre, decía Zaratustra. En esta “sociedad de consumo” la “crítica a la sociedad de consumo” es, a la vez, la más consumida. La maquina publicitaria alimenta el resentimiento y la envidia de quien no tendrá jamás acceso al placer del confort y la sensualidad digital. Un televisor plasma no explica el suicidio con paco ni la cerveza con lavandina. La discusión no es entre apocalípticos e integrados. La discusión es el problema mismo, su especificidad y su diferencia histórica. Involucra la destrucción de las instituciones, su total descreimiento; la falta de entusiasmo e imaginación para volver a pensar la política, para volver a hacerla posible. Dificultad que hace referencia a una sociedad que no valora la vitalidad que la habita, a pesar de todo. Estrago social que manifiesta la incapacidad de edificar una memoria respecto de los acontecimientos que han devastado al país. Exige la política de una memoria: Construcción de una inscripción simbólica que reduzca la producción de amnesia masiva.

Para decirlo de una vez por todas: nuestro presente es ácido, nuestra juventud es ácida, nuestro discurso es ácido y nuestro humor también. Lo nuevo aún no ha configurado su rostro ni la presencia de un decir verdadero. Lo viejo doliente, desparramado, residual, arrastrado y anacrónico intenta recomponerse esculcando viejos fantasmas y cuerpos que nadie reencarnará. No hay nuevos dioses y los viejos dioses agonizan. El ácido argentino termina de corroer, de deglutir, de liquidar, de disolverlo todo. Actitud de los jóvenes que tanto han dado de comer a los moralistas y opinólogos de tevé. Todo lo sacro es barro, y en el barro, tal vez, se disuelva la carne. Carne que no cesa de conjurar un nuevo Dios imposible.

(1) El discurso universitario asiste al velorio del pastor ausente bajo el modo romántico del nomadismo, las microfísicas del deseo, las sociedades autolíquidas, los sujetos mutantes, las intensidades imaginarias, el pensar sin Estado, la fluidificación del ser: toda una diarrea subjetiva se vuelve texto.

(2) Subsecretario de ingresos públicos a cargo de la Dirección provincial de Rentas. Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires.  En una de esas cartas al “estimado contribuyente” Montoya dice: “En todos los casos no había excusa: podían hacer los trámites a través de internet o de la línea gratuita de atención telefónica. Pero habían apostado a que nadie los controlara. Esa posibilidad la estamos cerrando con nuestro accionar, no sólo en ese segmento, sino con todos los evasores que están siendo intimados de una u otra manera”

Bibliografía
▫ Barcelona, Optimismo entre las entidades financieras: Los bancos pronosticaron que, gracias a  la fuerte toma de créditos personales, “en 2006 se registrará  un récord de deudas incobrables”  Revista N° 77, 3 de marzo 2006
▫ Cavallo, Domingo Felipe: El peso de la verdad. Planeta. Buenos Aires, 1997
▫ Clarín: -Zygmunt Bauman habló con Buenos Aires a través de una videoconferencia “Si cumplimos nuestros deseos se cae la sociedad de consumo” Sección Sociedad, Sábado 18 de noviembre de 2006
-“Ese día estrenaba mi auto… y me costó muchas horas extras”,
-La gente del Interior tiene más armas que en Capital y el GBA, Sección Policiales, Buenos Aires, 6 de enero de 2007
▫ INDEC:  Grandes empresas de la Argentina, Informe de 2 de enero de 2007
▫ Juzgado de Garantías N° 2 de San Martín: Informe producido por el Ministerio Público Fiscal  y la Defensa Dptal. respecto de la Unidad Carcelaria N° 1 (Lisandro Olmos) del Servicio Penitenciario Bonaerense. Buenos Aires 14 de noviembre de 2002
▫ Horowicz, Alejandro: Los cuatro peronismos, ed. Ensayo edhasa, Buenos Aires, 2005
▫ Llach, Juan Carlos: Otro Siglo, Otra Argentina. Ariel.  Buenos Aires, 1997
▫ La Nación: -Operativo de Rentas en un country. Se atrincheró en su BMW para que no lo incautaran, Sección Economía, Buenos Aires, martes 11 de marzo de 2006.   -Irá a juicio oral un ex funcionario de Duhalde acusado de corrupción. Se trata de Alejandro Keck, Director de Empleo durante la gestión de Graciela Camaño en Trabajo. , Sección Política, Buenos Aires, lunes 8 de enero de 2007.  – Fue récord la exportación en 2006: US$ 46.569 millones, Sección Economía, Buenos Aires, martes 23 de enero de 2007
▫ Página 12: Definen los alcances de los compromisos con el FMI, Sección Economía, Buenos Aires, 1996
▫ Rentas, Carta del Lic. Santiago Montoya, “Una transformación difícil pero necesaria”, Factura de 12 de mayo de 2006
▫ Sai, Leonardo: Entrevista a Lucas Rubinich, Rubén Dri y Alejandra Vallespir, publicadas en Humano Bs As, Humana Bs As, El Interpretador.
▫ Vallespir, Alejandra: La policía que supimos conseguir. Sudamericana. Buenos Aires, 2002

Para bajarse el texto en versión PDF: acido-argentino

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