enanismo político


Por Leonardo Sai

El enanismo político pertenece a la tradición de la bajeza política. Es emparche, remedo con lo existente. El enano no inventa, no tiene visión a largo plazo, valora a quien “hace con lo que hay”. Es un costurero de la coyuntura. Nuestra decadencia tiene aún fisiología menemista: Si Neustad felicitaba a Cavallo por ser reconocido por Alan Greenspan se trataba de cipayismo, si Cristina es felicitada por el matrimonio Clinton es “buena onda”, signo de aliento y confianza al “Modelo Nac. & Pop”. Somos incorregibles. La aberración, deformación, que le corresponde es la depredación: Una máquina suicida al interior de la sociedad. Mucho yuyo tuvo que reponer millones en reservas al Central heterodoxo, pero, finalmente, hemos enviado al Congreso un Nuevo Estatuto para el trabajador agrícola, envenenado con glifosato. Siempre tarde. El enano considera que “hay que entregarlo todo porque genera trabajo”. El correlato es la profundización de la desigualdad y la contaminación ambiental.

La oposición al kirchnerismo (que en entregas anteriores hemos calificado de pusilánime) ha sido disminuida, en la térmica, con un simple programa de discusión y edición mediática, disgregado en Facebook (6.7.8-Duro de Domar-TvR). Solo una sentencia contraria a intereses que no solo son del gobierno, para el caso Noble Herrera, puede reavivar algo de esa voluntad meramente destituyente, con el Mundial de fondo, apenas un trueno. La lucha de aparatos (Clarín-Medios K) perjudica a la oposición, y no al kircherismo, porque aquella carece de discurso y el reformismo conservador lo unifica con un tirón de orejas. Frente a una crisis que aparece como financiera, desplazadaen ese apócope racista PIGS, la denominada “clase media”, endeudada en mercancía importada, créditos a PyMES, cero kilómetros, etc se volverá más conservadora para re-editar el climax 125 de la Plaza Campestre a la hora de presionar, públicamente, al ejecutivo. Entonces, se aferrará a la pancarta del “tipo de cambio administrado” del mismo modo que se sostuvo en la promesa aliancista de no tocar la Convertibilidad hasta que explote. La competitividad del “tipo de cambio neo-desarrollista” ha sido erosionada y la cuestión que debate el poder económico es el timing político de la devaluación y su sucesiva inflación dado que la apreciación cambiaria se vuelve insostenible para un “modelo” que se afirma como productivo y cuyo único eje de peso es el tipo de cambio desde el 2003.

El ejercicio del poder para asegurarse a sí mismo busca exponer las relaciones de fuerza que lo constituyen organizando él mismo la diferencia con la cual combate en la ideología. De un lado, aparecen las representaciones en torno a un “modelo productivo” cuyo enemigo es el capital financiero con su gerencia local y una oligarquía empresarial de grupos económicos. Del otro lado, la “vuelta a los noventas” “Federalismo” “la Republica” o “Modelo nacional y popular sin negociados”. Más allá de lo que haya o no de cierto en este esquema burlón la oposición se sometió acríticamente a un diagrama preconstruido desde el cual enuncia su vacante plataforma; Aceptó, desde el pasado, ser interpelada por la sociedad. Dicho en otros términos: No tienen presente. Por eso, Ricardo Alfonsín espera, sentadito, tranquilo y destronó de un plumazo a Cobos sin mucho esfuerzo. La medida de su futuro se compone por la emergencia mítica de una figura que nunca existió sino en la nostalgia de lo que tampoco fue. La economía política existe a pesar de Hamlet y las elecciones no se ganan conjurando muertos. Aparece desnudito el apetito de poder, la quieren afuera porque sí, el contenido viene después. Pero, la forma es el contenido y el contenido es la forma: La obscenidad del no-programa encontró en Macri la inaugural víctima del desecho electoral. No es Néstor Kirchner el primer enemigo de “la oposición” sino su famélico concepto.

PARA SEGUIR LEYENDO:

http://www.nacionapache.com.ar/archives/4146

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