El final de Techint en Venezuela


El escandaloso final de las inversiones del Grupo Techint en Venezuela está íntimamente relacionado con la conducta de la empresa hacia los trabajadores y el Estado. No había nada de que sorprenderse, pues ellos sabían que era irremediable la ruptura.
Dos razones se combinaron en el tiempo y explotaron en pocos días de mayo para conducir a la nacionalización más mediática de los últimos tiempos. Un larguísimo conflicto con los trabajadores y una sucesión de trampas al Estado.
Lo extraño –ya en el terreno de la política– es que se trata de una operación comercial más entre las que hacen cada día en el planeta Tierra. No sólo es legítima por tratarse de la acción de un Estado soberano, es que recibirán su jugosa indemnización correspondiente; ¿de qué se quejan?
Las cuatro firmas argentinas, incluida Sidor hasta el año pasado, junto con otras de orígenes distintos, crearon desde hace cincuenta y dos meses un clima conflictivo insostenible con los trabajadores y los sindicatos de Ciudad Guayana, el emporio electro-minero-siderúrgico del país.
Matessi, por ejemplo, donde la inversión madre era del 90%, desde el 11 de octubre de 2008 estaba en paro porque había dejado de pagar salarios, casi ocho meses antes del escándalo actual. Desde antes se negó a recibir al sindicato y comenzó a incumplir las resoluciones del Ministerio de Trabajo. Sus 400 obreros  y técnicos resistieron tanto como pudieron en el terreno sindical y legal.
La empresa, además, había dejado de entregar briquetas de hierro a Sidor, la siderúrgica mayor del país, desde hacía cinco meses y tres días (hasta el 21 de mayo), violando una obligación contraída con el Estado. ¿La razón? Tan vieja como el comercio: presionar. Presionar en dos terrenos: un mayor precio por la venta de Sidor, nacionalizada hace un año, y por Matessi y las otras.
Tavsa fue más allá. Dejó de cumplir 37 cláusulas (casi la mitad) del convenio laboral en los días finales de diciembre del 2007. Desde el 26 de enero de 2008 el contrato laboral fue dejado en suspenso. Este desconocimiento del contrato condujo a la negación total de la directiva sindical y a una picardía mayor: Tavsa vendía los tubos sin costura en el mercado internacional, usando materia prima, trabajo semiesclavo y energía gratis de Venezuela. El informe confeccionado por ingenieros y técnicos de Sidor determinó que la empresa argentina no pagó electricidad estatal tres años y once meses exactamente, desde 1997. Ya el gobierno le había reclamado en el 2006 por la trampa de evadir tributos.
La metodología aplicada para rebajar gastos y costos fijos fue la de tercerizar, precarizando hasta el extremo la condición laboral. Estos métodos irracionales de explotación no impidieron un resultado industrial más irracional en términos productivos. Mientras en Corea del Sur y Japón se requiere una tonelada de producción de acero por cada 10-15 empleos, en Venezuela estas empresas invirtieron la ecuación: explotan casi 12 toneladas para generar entre uno y dos empleos. Un negocio redondo. El costo fue un clima social de enfrentamientos regulares en la ciudad; diecisiete movilizaciones callejeras y veinticuatro paros parciales y totales en menos de tres años demandaron la salida de la empresa del país.
Pasado el tiempo de un conflicto social irresoluble, la multinacional argentina se encontró con una novedad: el gobierno puso en marcha un plan maestro de desarrollo industrial, agrícola y comercial dirigido a sacar al país del atraso y la dependencia. Una de las principales medidas no es la nacionalización de empresas sino la inversión en ciencia y tecnología, que en este momento es la más alta del continente, incluso superior a las de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos: 2,9% del PBI desde el 2007.
Es comprensible la cerrada reacción de las quince asociaciones empresariales, comerciales y bancarias que salieron a defender a Techint como si se tratara de una guerra. Lamentablemente, deben comprender que su derecho a la alta tasa de ganancia que obtenían en la Venezuela bolivariana chocó sin remedio con derechos sociales inalienables, entre ellos el de desarrollar la economía venezolana en forma integral.

Modesto Emilio Guerrero
Escritor y periodista venezolano

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