Axel Kicillof en Buenos Aires Económico


“Una devaluación debería estar acompañada de controles de precios y retenciones”

06-04-2009 / Es economista egresado de la UBA e investigador del Conicet. Integra la Comisión Directiva del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (CENDA). Se especializó en macroeconomía y desarrollo económico. Pide un Estado más fuerte para capear la crisis internacional.
Axel Kicillof plantea la necesidad de un Estado fuerte para enfrentar la crisis
Axel Kicillof plantea la necesidad de un Estado fuerte para enfrentar la crisis
Por Pablo Waisberg

La histórica falta de crédito interno juega en favor de la economía local en medio de la crisis económica mundial. Pero la falta de definiciones de un “esquema de desarrollo orientado por el Estado” es un punto en contra. En este escenario, una devaluación debería ir acompañada por “controles de precios internos y las retenciones a las exportaciones”. De lo contrario, operará en contra de los trabajadores. Esas son algunas de las definiciones que trazó Axel Kicillof al evaluar el escenario doméstico e internacional.

–¿Cuáles son las fortalezas de la Argentina frente a la crisis?

–La crisis está rebasando la esfera financiera para afectar netamente a la producción y al empleo a escala planetaria. Algunas de las que recientemente se consideraban como debilidades de la economía argentina se han transformado, paradójicamente, en fortalezas ante la crisis (y viceversa).
En primer lugar, el crédito interno destinado a la producción, el consumo, la compra de viviendas fue, en el país, siempre reducido. Por eso, aquí no puede esperarse que, como en la economía norteamericana, la interrupción del financiamiento provoque un desmoronamiento de la demanda. Mientras en los países centrales el sector financiero está muy involucrado con la economía “real”, aquí los bancos tienen un rol más especulativo y alejado de la producción y el consumo masivos, lo cual es una desgracia en general pero hoy puede considerarse una fortaleza.

–¿Y las debilidades?

–El ciclo reciente de crecimiento acelerado estuvo apoyado en buena medida en el incremento de las exportaciones.La Argentina casi triplicó su monto desde el 2002, pasando de 25.000 millones a 70.000 millones. Es por eso que las contracciones en el mercado mundial la afectan directamente. Y lo mismo puede decirse de las fuertes oscilaciones de los precios de las materias primas. Hasta podría aventurarse que el conflicto del Gobierno con “el campo” fue, en parte, un producto de la crisis mundial, porque cuando se hizo el anuncio del esquema de retenciones móviles, el precio de la soja experimentaba una tendencia alcista y tocó un techo máximo puramente especulativo. Pero los grandes propietarios creyeron, torpemente, que ese precio tan elevado sería eterno y que las retenciones móviles los perjudicarían, cuando la realidad iba a ser precisamente la inversa. Eso quedó claro cuando los precios empezaron a descender. Probablemente se observen nuevos sacudones, lo que alimentará la inestabilidad política. Por último, la intensa transnacionalización de la economía argentina tampoco nos favorece, porque las decisiones que tomen las empresas multinacionales para encarar la crisis afectan directamente a la economía local, aunque las firmas no tengan especiales dificultades aquí. La mayoría de las grandes transnacionales suspendieron sus proyectos de inversión y hasta congelaron las contrataciones de personal (aún para llenar vacantes) a escala planetaria. Aquí, con el crecimiento que se experimentó en los últimos años, esta decisión es totalmente injustificada, pero el carácter extranjero de las empresas actúa como un canal directo de transmisión de la crisis. En síntesis, la crisis mundial puede afectar el corazón del modelo de crecimiento de los últimos años: el dólar caro y los superávits “gemelos”. La violenta devaluación de Brasil, como resultado de la crisis, es una prueba contundente de esto.

–¿Qué fue lo que no se hizo en estos últimos siete años y que habría dejado mejor posicionado al país ante la crisis?

–Indudablemente, a la economía argentina le faltó avanzar más en la definición de un esquema de desarrollo orientado por el Estado. Hoy queda claro que el mercado no asegura el crecimiento sostenido. Por el contrario, el laissez faire a ultranza desencadenó este estallido sin precedentes recientes. Aquí se podría haber aprovechado para que la situación favorable diera lugar a un cambio estructural más profundo y duradero. De hecho, la reindustrialización tampoco es un proceso automático.

–¿Por qué no se hizo?

–Un proyecto de este tipo choca con los intereses del capital más concentrado y de los propietarios rurales, como se ha visto. A esta resistencia hay que sumar la ausencia de definiciones más contundentes de parte de los trabajadores, que recién comenzaban a recuperarse de la embestida neoliberal de más de treinta años. Si el Estado fuera hoy aún más fuerte estaría en condiciones de capear el temporal con mayor solvencia.

–¿Se están aplicando políticas correctas para enfrentar la crisis?

–En el plano internacional, las medidas para enfrentar la crisis se pueden clasificar, a grandes rasgos, dentro de tres clases distintas: las que tienden a apuntalar al sector financiero, las que apoyan a las empresas productivas en dificultades y las que utilizan directamente al Estado como instrumento para expandir la demanda. Los países centrales aplicaron masivamente las del primer tipo, bajo el imperativo de “salvar a los bancos”. Luego, en algunos casos (como el sector automotor americano), se agregó la vía de “salvar a las empresas”. Pero recién ahora, y con mucha resistencia, los estímulos parecen estar tomando el tercer camino (que es el que recomendaba Keynes). En el caso de la Argentina, los estímulos a la compra de algunos bienes durables y el abaratamiento del crédito difícilmente resulten efectivos. En primer lugar, durante la crisis, aunque se facilite el crédito, es raro que aumente la demanda privada (la desconfianza es una de la características de las crisis). En segundo lugar, no parece adecuado estimular el consumo de las capas medias y altas. Y, por último, subsidiar el consumo de bienes importados (como buena parte de los electrodomésticos y los automóviles) es algo que sirve poco, porque carece de efectos multiplicadores internos. Dar créditos baratos para comprar autos producidos fundamentalmente en Brasil es una buena noticia ¡para los brasileños!

–¿La devaluación es una alternativa posible o es la receta de siempre para que la crisis se descargue sobre los asalariados?

–En ausencia de otras herramientas para proteger la producción doméstica –como los aranceles–, la devaluación puede actuar como un mecanismo sustitutivo de fomento para la producción interna y las exportaciones. Es por eso que incluso los países centrales se plantean la opción de las devaluaciones competitivas. Pero en una economía como la nuestra, la devaluación tiene que venir acompañada de otras medidas si es que se desea que sus efectos redistributivos no perjudiquen a los trabajadores. Entre ellos están los controles de precios internos y las retenciones a las exportaciones. Todos los países están tratando de fortalecer el mercado interno, aquí habría que hacer lo mismo apuntalando con direccionalidad el ingreso de los trabajadores. Indudablemente, instrumentos clásicos –siempre atacados por el neoliberalismo– como la política arancelaria contribuirían decisivamente a la hora de garantizar la competitividad externa y, a la vez, los salarios y la producción internos.

Perfil
ECONOMÍA POLÍTICA

El Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino está integrado por un grupo de jóvenes investigadores con formación en economía política. En sus análisis conviven Keynes y Marx.
Se propusieron “contribuir al desarrollo de la sociedad argentina a través de la producción académica crítica e independiente, integrando la discusión teórica con el análisis de la economía nacional”.
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