EL ENEMIGO PRINCIPAL por Luis Brunati * Segunda y última parte


Segunda y última parte


Creo necesario detenerme en un eje interesante de la segunda nota de
Norberto Galasso (Página 12, 23/2/09), en el cual habla de lo pernicioso que
sería para la los importantes procesos populares de América Latina,

un giro a la derecha en Argentina. Demás está decir que comparto absolutamente el
criterio. Lo que no comparto, es que haga falta una derrota electoral K,
para que ello se produzca. El giro a la derecha se viene produciendo sin
que -hasta el momento- haya hecho falta una derrota electoral del gobierno.
Más aún, a diferencia de lo sucedido en Venezuela y Bolivia, donde el
creciente respaldo electoral fue correspondido con una profundización en
sus definiciones, en el caso de los Kirchner al mayor respaldo popular le
siguió un retroceso. O sea que, si el apoyo popular se traduce en mayor
espacio para hacer lo que un gobierno siente que debe hacer, es evidente que
la pareja presidencial siente para el lado contrario a lo que reclama ese
apoyo popular. Como todas las cosas, esto también tiene su historia.


Muchos que, como yo, votamos K y activamos en su favor para la segunda
vuelta, lo hicimos pensando en la necesidad de derrotar a Menem. En mi caso
personal, la decisión no fue fácil. Había sido testigo directo del apoyo
sureño al hijo de La Rioja. ”Aquí está el pueblo de Santa Cruz apoyando el
proceso de transformación y cambio que la Argentina debe llevar adelante”,

supo decir el entonces gobernador Kirchner para recibir a Menem, a quien no
dudó en definir como “El mejor Presidente de la historia” a pesar de los
indultos, el desguace de la nación y todo lo que es de conocimiento público.
Como una experiencia particularmente grabada en la retina, estuvo siempre
presente la bochornosa sesión de la privatización de YPF y el papel
especialísimo que jugó en ella, tanto el gobernador como los diputados de
Santa Cruz.


Con el triunfo de Menem, en primera vuelta, nuestro modesto grupo entendió
que se debía salir a activar, colaborando con todas nuestras fuerzas para
evitar que ese triunfo se consumara. Desde esa responsabilidad participamos
en diversos foros haciendo pública nuestra posición: “Kirchner no es lo
mismo que Menem”.


La verdad es que, ya en el gobierno, nos sorprendieron gratamente sus
primeras acciones en materia de derechos humanos. Para bien, las actitudes
de este presidente, nada tenían que ver con las de aquel intendente de Río
Gallegos. Como tantos otros, creí ver en la “conversión” un vínculo algo
oportunista, pero vínculo al fin, con el excepcional momento Latinoamericano
y los profundos cambios operados en la sociedad argentina, de los cuales las
jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, habían sido la expresión más
palmaria. De hecho, algo de esa reconsideración de los derechos humanos en
las filas del PJ ya habíamos tenido oportunidad de observar durante la
brevísima presidencia de Adolfo Rodríguez Sáa, en su reiterada invocación a
“la lucha de las Madres de Plaza de Mayo”.

Pero volviendo a Néstor y nuestro espacio, todo aquello reconfortaba y preocupaba a la vez.

Reconfortaba por las expectativas que generaba a nivel local y regional.

Preocupaba por el durísimo golpe que habría de significar que, cuestiones tan sagradas,

pudieran llegar ser implementadas a favor de los intereses de siempre.

Asimismo, con dudas y todo, pensamos que se debía privilegiar la esperanza.


Con el correr del tiempo y las no pocas sobreactuaciones típicas de toda
conversión, fuimos advirtiendo que la primavera de los derechos humanos se
iba restringiendo selectivamente a cuestiones que no afectaran los negocios.
Como en la época de Menem-Cavallo-De La Rua, la justicia social debía
aguardar por el “derrame”. Con más tiempo, las cosas se hicieron cada vez
más nítidas y menos gratas. Al mismo tiempo que en Venezuela y Bolivia se
profundizaban el compromiso con el cambio; en nuestro país, una retórica
“progresista” anunciaba el extraordinario “logro” de pagarle al FMI. Y con
Ecuador ya incorporado a la causa regional, el Congreso Argentino aprobaba
la Ley antiterrorista a pedido del gobierno norteamericano, y en la cortina
de humo generada por la controversia, se colaba la segunda privatización
petrolera extendiendo las concesiones hasta el año 2047, es decir, hasta la
extinción total del petróleo, tal como lo afirmara el MORENO y su
presidente Pino Solanas.


Cuando comenzó a insinuarse Paraguay como nueva esperanza, la pareja
presidencial anunciaba su intención de “honrar la deuda” con el Club de
París. Luego supimos del Tren Bala, derribado por la propuesta del Tren Para
Todos. Mas tarde surgió la “redistributiva” Resolución 125, que encerraba un
negociado del mismo monto que se proponía redistribuir; y cuando aún no se
habían acallado los ecos de aquel escándalo, surgía la nacionalización de
Aerolíneas por 1 dólar, trasformada recientemente en otro nuevo escándalo al
hacerse público el arreglo con Marsans. Y cuando creímos que habíamos
llegado al límite con el veto a la Ley de protección de los glaciares a
pedido de la Barric Gold, sobrevino el blanqueo, el tarifazo y el desastre
de Tartagal ocasionado por los desmontes irracionales y la no reglamentación
de la ley de bosques – a pesar de que también se prefirió responsabilizar a
la “pobreza estructural y el egoísmo de los que más tienen”


Pero ¿está todo mal? ¿No hay nada bueno en la gestión K? Por supuesto que
sí. Sin embargo, las medidas acertadas no pueden ser consideradas
aisladamente y aisladas de su función y costo. ¿Quién podía oponerse, por
ejemplo, a la estabilidad menemista, en su momento? El apoyo social que
tuvo, fue tan grande, que pocos escuchaban cuando explicábamos los
objetivos que perseguía y el doloroso costo que habría de tener su
política. ¿Quién duda hoy del valor social de avanzar contra la impunidad de
los crímenes de la dictadura?. Pero que duro es el precio, si bajo la
condena a los genocidas se impone -a la vez- el indulto a los beneficiarios
de aquel saqueo. Esto sí que ni siquiera “Menem lo hizo”. En fin, ¿sabe el
amigo Galasso cómo se siente uno con los buenos anuncios de esta gestión?,
como cuando llaman de Telefónica para ofrecer un nuevo y ventajoso plan para
el usuario.


Las agroexportadoras hacen su agosto a costa de los pequeños
productores, el “desierto verde”, la extranjerización y contaminación de la
tierra. La política petrolera y minera siguen siendo las mismas del
menemismo y la ley financiera que garantiza el modelo neoliberal, es aquella
que dictó Martínez de Hoz. ¿O será casualidad que los dos sectores que más
ganaron, en el 2008, fueron las petroleras y los bancos? Estimado Norberto,
creé que en términos de sufrimiento social, desearíamos estar equivocados,
pero son demasiados los datos que llevan a pensar lo contrario.

Síntesis
La actitud que compañero Galasso nos reclama en sus notas, es la que sin
necesidad de contraprestación alguna siempre hemos tenido y continuaremos
teniendo, apoyando todo aquello que tenga algún sentido, denunciando
claudicaciones y sobre todo, colocando el acento y toda la fuerza posible,
en la construcción de un verdadero proyecto emancipador.


Luis Brunati 7-3-2009


PD: En su primer articulo (Página12 12/02/09), el compañero Norberto Galasso
inaugura la línea de exhibir errores del peronismo en procura de tolerancia y “comprensión” para el kirchnerismo, p

ero en el segundo (Página 12,
23/02/09) llega a tal extremo en esa misma dirección que daría lugar a la
indignación,

pero como proviene de alguien que ha realizado tanto aporte a la difusión del pensamiento nacional,

solo me remito a consignar y lamentar el hecho.

  • Docente – Miembro de la Mesa Nacional de Proyecto Sur.

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