Petroleo


Faltan inversiones

Por Diego Mansilla *

Los actuales precios del petróleo en el mercado mundial no dejan de sorprender. Hace un par de meses, en pleno crac financiero, el precio internacional subió rompiendo todos los records anteriores (llegando a 145,31 dólares por barril), mientras que actualmente apenas cotiza 37 dólares por barril, cosa que no ocurría desde junio de 2004. Muchos aseguraban que ese abrupto crecimiento (a diferencia de los anteriores picos, no generado por ningún conflicto bélico) estaba reflejando el déficit petrolero que se avecinaba y la entrada en un mundo de escasez. Sin embargo, el crecimiento sólo se puede justificar por motivos especulativos, financieros y cambiarios. Ignorando la inminencia de una de las mayores crisis mundiales y su consecuente caída en la demanda, el precio respondía a los grandes capitales especulativos que buscaban refugio ante la caída de los mercados de “hipotecas basura”.

Cuando en el “mercado” alguien dijo que el rey estaba desnudo, el precio internacional registró una estrepitosa caída, aun más violenta que la subida. Tampoco se puede explicar el presente overshooting (es decir, el ajuste excesivo) sino por el retiro de las demandas especulativas y su conversión en apuestas “a la baja”. Sobre todo cuando las propias petroleras declaran que para el año 2007 sus costos en regiones como el Golfo de México norteamericano llegaron a los 58,5 dólares y que por cuarto año consecutivo no pudieron reponer las reservas extraídas.

En este contexto, es totalmente irracional tomar decisiones a largo plazo utilizando ese precio manejado oligopólicamente como “indicador de escasez”, sobre todo en un país autoabastecido como la Argentina donde el verdadero precio relevante del petróleo es cuánto costó extraerlo. Sin embargo, desde la instauración de las retenciones a la exportación de combustibles que separan el precio interno del internacional, se han escuchado diversas voces desde las provincias con reservas, las empresas petroleras y sus usinas de pensamiento, criticando que la Argentina se “aísle del mundo”, especialmente con cada record del precio internacional. Ante la caída del precio, el reclamo se centró en que en nuestro país las naftas son muy baratas, por lo que el consumo creció en los últimos años a niveles insostenibles llegando al despilfarro, quitándoles rentabilidad a las refinerías. Para esto se compara el valor de los combustibles en la Argentina con otros países de Latinoamérica.

Para comenzar, en ese discurso no se aclara que los países con que se referencia el precio interno no cuentan con autoabastecimiento, por lo que deben adquirir su petróleo en el mercado internacional. No obstante, en cada país el sector público buscó mitigar los efectos del alza de precios, por lo que ni en estos países se utiliza internamente el precio internacional.

Además, si se compara con los precios de venta en Estados Unidos (también importador), la nafta argentina es mucho más cara. La nafta premium norteamericana se cotiza actualmente a 2 dólares el galón, lo que significa 1,9 peso por litro (muy lejos de los 3,45 pesos del promedio nacional). En Uruguay (que importa el 100% de su petróleo), los precios son apenas un 7 por ciento superiores e iguales a los existentes en Santiago del Estero.

En cuanto al mayor consumo de naftas, si bien en el año pasado se vendió un 63 por ciento más que en 2003, esos 5,5 millones de metros cúbicos igualan las ventas de 1998 y son un 18 por ciento menor que las de 1994. Además, como en toda la convertibilidad, en esos años el precio de la nafta superaba ampliamente a los internacionales.

Lo que cambió desde entonces es la estructura de los subproductos que obtienen las refinerías. Mientras que en 1994 se producía la misma cantidad de naftas, el 80 por ciento era para uso vehicular, el resto para petroquímicas y se exportaba el 18 por ciento. Desde entonces, las exportaciones han aumentado, llegando a más de la mitad en los años posteriores a la devaluación.

En 2008, apenas el 60 por ciento de las naftas obtenidas son para uso vehicular y el 40 por ciento intermedias para petroquímica, de las cuales se exporta el 75 por ciento. Es decir, cada vez se produce más nafta para ser exportada a precios internacionales mientras que todavía no se han recuperado los niveles de consumo interno de principios de los ’90. Si bien en los últimos años se aumentó la cantidad de petróleo procesado en refinerías argentinas, al no existir inversiones el uso de la capacidad instalada llegó a niveles insostenibles. Así es como en 2007 se llegó a un uso del 99,3 por ciento, que excede los niveles mínimos de seguridad.

Además, esos “bajos precios” no les impidieron a las refinerías (sobre todo las integradas como YPF y Petrobras) obtener grandes beneficios el año pasado. Con la caída de los precios del petróleo no se han registrado bajas en los combustibles nacionales, por lo que es de esperar que esas ganancias aumenten aun más. No obstante, no existen inversiones para superar los limitantes estructurales a la producción nacional de combustibles. Por tanto, el problema del mercado argentino de combustibles no es el bajo precio de las naftas, ni su disociación con los valores internacionales, sino la falta de inversiones en capacidad instalada.

* Economista Grupo Moreno y Centro Cultural de la Cooperación.

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