Economía política de la corrupción (Fuente: Buenos Aires Economico)


Por Aldo Ferrer

22-01-09 /  La corrupción cipaya y la sistémica deben ser enfrentadas con seguridad jurídica.  

La corrupción es un problema que tiene manifestaciones diversas, viene de lejos  y se presenta prácticamente en todas partes. Tiene consecuencias graves sobre la actividad económica, el bienestar social, las economías nacionales y las relaciones internacionales y ocupa, por lo tanto, la atención del análisis económico. Simultáneamente con la integración de las redes de producción, comerciales y financieras, el problema se ha globalizado. Sus manifestaciones más importantes se vinculan con el narcotráfico, el lavado de dinero y el tráfico de armas.
Las relaciones internacionales han sido frecuentemente portadoras de la corrupción de las grandes potencias como sucedió, por ejemplo, en el siglo XIX, en las dos célebres guerras del opio de Gran Bretaña (acompañada en la segunda por Francia), contra China, para abrir su mercado interno a las importaciones de opio producido en las plantaciones británicas en India.
En la actualidad y en el pasado, se advierte que la corrupción no es un problema reducido a los países ricos, a los de desarrollo intermedio o los periféricos. Se presenta en todas partes. En el caso de los Estados Unidos, por ejemplo, ocurrió actualmente en los escándalos financieros conocidos y, a lo largo de su historia, en la colusión de intereses públicos y privados, como sucedió con los célebres robber barons o con el aparato militar e industrial denunciado, en su último discurso, por el presidente Eisenhower.
En China, se reprime con la pena máxima, a sujetos incursos en el delito de corrupción. El problema se plantea tanto en economías de lento crecimiento, como las de América latina, como en las emergentes de Asia, de más rápida expansión.
La resolución del problema requiere fortalecer las instituciones de la democracia y los órganos de control para identificar y reprimir los delitos vinculados con la corrupción. Los orígenes, tipología, prevención y represión de la misma merecen un estudio continuo.
En el plano universitario, en cátedras sobre la materia y, en estudios de posgrado, para el tratamiento sistemático de los alcances globales de la cuestión, su historia, el análisis comparado de países, la tipología, la prevención y la represión.

Tipología. Las formas en que la corrupción se manifiesta están fuertemente condicionadas por las circunstancias propias de cada país y que configuran su densidad nacional, entre cuyas condiciones constitutivas figuran las siguientes: integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio de los recursos propios, la estabilidad institucional, la vigencia de un pensamiento crítico nacional y, consecuentemente, políticas promotoras del desarrollo.
Atendiendo a la densidad nacional de cada país y la diversidad de situaciones y formas en que se expresa, puede intentarse una tipología del problema. Cabe distinguir, así, entre la corrupción periférica o cipaya y la vernácula.
La primera, suele suceder en países de débil densidad nacional, situación prevaleciente en aquellos que Raúl Prebisch definió como periféricos y, en los cuales, en el marco de operaciones dolosas, se transfiere el dominio de recursos propios a intereses extranjeros. En los países avanzados y en los emergentes de rápido desarrollo, de sólida densidad nacional, en los cuales, los corruptos reciclan sus lucros en la propia economía nacional y el poder sigue concentrado en manos locales, prevalece la vernácula.
Se puede distinguir también, entre la corrupción circunstancial y la sistémica. La primera se configura en maniobras vinculadas con operaciones puntuales, su modalidad más notoria es la “coima” y consiste en el soborno, por un precio, de quien tiene autoridad de disponer de un activo o un servicio, que no le pertenece.
La sistémica consiste, principalmente, en adoptar decisiones y políticas que generan rentas privadas que perjudican el interés público. Las mismas suelen estar sectorialmente orientadas, por ejemplo, en normas referidas al sector financiero. De tal modo, es en esos sectores en donde se producen los hechos más graves.
En el caso argentino, son ejemplos notorios de corrupción sistémica, la imposición, en varios períodos, de un tipo de cambio sobrevaluado y la desregulación de los movimientos de capitales que culminaron en el endeudamiento hasta el límite de la insolvencia, generaron una masa gigantesca de rentas especulativas y fuga de capitales y deterioraron el aparato productivo y la situación social.
En los países avanzados y en los emergentes, con fuerte densidad nacional, la corrupción es generalmente circunstancial ya que, en tales países, por definición, la política económica tiende a promover el desarrollo y a defender los intereses nacionales. En los países subdesarrollados, de débil densidad nacional, suelen coexistir ambas tipos de corrupción, frecuentemente dentro del mismo hecho.
Por su dimensión y consecuencias, el hecho más importante de corrupción sistémica de todos los tiempos es la decisión de los gobiernos de las mayores economías del mundo de desregular las transacciones financieras globalizadas, la cual, generó un extraordinario mercado especulativo, que acaba de estallar en la actual crisis del mundo del dinero.
Una tercera categoría, diferencia entre la corrupción pública y la privada. La primera compromete a funcionarios públicos y la segunda a actores privados. Ambas son las dos caras de una misma moneda.
Puede distinguirse, por último, entre la corrupción globalizada inserta en redes delictivas transnacionales (como, por ejemplo, el lavado de dinero) y la endógena, vinculada con hechos y políticas producidos dentro de las fronteras nacionales.

Malos entendidos. El estudio de la corrupción debería ocuparse, asimismo, de aclarar una serie de malos entendidos, como los siguientes:
La corrupción es la causa principal del subdesarrollo. También países industriales y emergentes, registran hechos notorios de corrupción. No hay evidencias cuantitativas concluyentes que, en tales países, el problema sea menor que en los subdesarrollados. Pero, en estos últimos, las consecuencias son más notorias y nefastas por la pobreza y la desigualdad prevalecientes. Además, como en esos países subdesarrollados es donde tienen principalmente lugar la corrupción cipaya y la sistémica, sus consecuencias, sobre el desarrollo y el bienestar, son de más vasto alcance.
La corrupción es un problema particularmente argentino. Es posible que el problema sea aquí mayor que en algunos países y menor que en otros, pero no que singulariza a nuestro país.
El accionar del Estado es inherentemente corrupto. Existen organizaciones del Estado y funcionarios públicos, aquí y en el resto del mundo, transparentes y honorables. El problema afecta tanto a la actividad pública como a la privada.

La estrategia. Cuanto más se conozca el problema, más eficaces serán las medidas de prevención y represión de la corrupción. Probablemente nunca se logrará erradicar totalmente el problema. El objetivo alcanzable es reducirlo a la mínima dimensión posible.
Es preciso enfrentar el problema en todas sus manifestaciones. Cada tipo de corrupción puede ser atacado con medidas focalizadas.
Por ejemplo, la corrupción cipaya y la sistémica, deben ser enfrentadas con seguridad jurídica fundada en la solidez de los equilibrios macroeconómicos, la creación de espacios de rentabilidad para que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro interno sea la Argentina y políticas que defiendan el interés nacional. Todas las modalidades deben combatirse, además, con la transparencia y la justicia. Y la corrupción globalizada, movilizando a fondo la cooperación internacional.
Es preciso ubicar la lucha contra la corrupción en el marco de estrategias de desarrollo que movilicen el potencial del país, defiendan los intereses nacionales y promuevan la equidad y el bienestar. De otro modo, seguiríamos sometidos a los problemas que promovieron la corrupción, al mismo tiempo que frustraron el desarrollo de la Argentina y debilitaron el ejercicio de su soberanía.
* Director editorial de Buenos Aires Económico

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