Va a estar bueno Uruguay


El boom de la agricultura: avanzada en la otra orilla del Río de la Plata

Cada vez más productores argentinos van a sembrar soja a Uruguay

Alquilan o compran tierras y hoy hacen más de la mitad del área implantada con esta oleaginosa

La Argentina les quedó chica y ahora van por Uruguay: cada vez más productores cruzan el Río de la Plata para sembrar en ese país, y hoy, según datos oficiales que se manejan allí, los argentinos ya producen entre el 20 y el 25% de la agricultura total uruguaya, que ronda un millón de hectáreas, y más de la mitad de la superficie de soja, estimada para esta campaña en 447.000 hectáreas. Con los argentinos, Uruguay multiplicó por diez su producción de soja en los últimos seis años, que alcanzó las 778.000 toneladas en la cosecha de 2007.

Después de haber sido protagonistas de un proceso que hizo que la siembra de soja en la Argentina se triplicara en menos de diez años, alcanzando los 16,9 millones de hectáreas, los productores de la pampa húmeda están generando una especie de revolución productiva en Uruguay. Y desde la otra orilla dan cuenta de ese fenómeno, con asombro y hasta advertencias.

“Es impresionante; aquí hay una presión muy fuerte hacia la soja, y eso es, sobre todo, por los empresarios argentinos. Son los que impulsan la siembra, y lo hacen con la tecnología de los pools de siembra; arriendan, subcontratan equipos, la siembra, el tratamiento de los cultivos”, dijo a LA NACION Ernesto Agazzi, ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca del vecino país, que ayer reemplazó a José Mujica.

El mismo Agazzi puso en números la presencia argentina: “Entre un 20 y un 25% de la agricultura total que tenemos (un millón de hectáreas) está hecha por argentinos, y más de la mitad de la soja también. Y es un proceso creciente; hace seis o siete años había productores argentinos muy ocasionales”. La soja allí cubrió 78.000 hectáreas en la campaña 2002/2003 y hoy ya está en un total de 447.000 hectáreas.

Los argentinos aterrizaron para producir en departamentos ubicados sobre el río Uruguay, en Río Negro, Soriano, Paysandú y Colonia, pero también se han expandido hacia el centro del país. Más que productores individuales hay pools, según Agazzi, que siembran grandes escalas y tienen una estructura para diversificar zonas de producción y riesgos. Básicamente alquilan las tierras, si bien también hay casos de empresas que han comprado campos.

Entre 2000 y 2006 en Uruguay se vendieron 3,9 millones de hectáreas (incluyendo tierras para campos ganaderos y forestación) por unos 2325 millones de dólares. No hay un cálculo exacto sobre cuánto adquirieron los argentinos, ya que hasta el año pasado se podían comprar campos bajo figuras de sociedades anónimas donde se diluía LA NACIONalidad.

Presiones al alza

Sin embargo, por la presión de los argentinos, de productores brasileños y de firmas para forestación, la hectárea aumentó más de un 100% y hoy un muy buen campo para sembrar ronda un promedio de US$ 4500 la hectárea. El mismo gobierno reconoció que en los últimos dos años los argentinos habrían comprado el 20% de los campos que se vendieron en Colonia. “No son productores que vienen con su familia; son empresarios que tienen gerente y contratan los trabajos”, expresó Agazzi. Según el funcionario, los productores van a ese país porque “no hay retenciones, ven estabilidad económica, hay menos riesgos y por el valor de la tierra”. Hoy en la Argentina el grano de soja exportado tiene una retención del 35%, lo que implica que el Estado se queda con ese porcentaje para su caja; en Uruguay no hay derechos de exportación.

Precisamente, algunos de estos factores fueron señalados por las empresas que trabajan allí. “Los atractivos que posee Uruguay para realizar una actividad agrícola-ganadera son la simplicidad impositiva, la ausencia de retenciones y, principalmente, la disponibilidad de tierras para realizar agricultura”, comentó Guillermo Cavalleri, técnico del Grupo Ceres Tolvas, una empresa que hoy explota 5000 hectáreas en el vecino país y asesora otras 1200 hectáreas de terceros. La firma puso pie allí hace seis años.

“Lo hacemos para diversificar y bajar el riesgo, ya sea climático y a nivel país, por costos e impuestos. Uruguay también es atractivo por la diferencia con la Argentina en el tema retenciones”, subrayó Manuel Santos Uribelarrea (h.), presidente de MSU, una firma que en 2004 comenzó sembrando 3000 hectáreas sobre campos arrendados y en la última campaña alcanzó las 16.000 hectáreas con soja, trigo, maíz, cebada y sorgo en Soriano, Flores, Paysandú, Río Negro y departamentos del Sudeste. “En Uruguay vemos muchas oportunidades y potencial, ya que el clima y los suelos son óptimos para agricultura (por el clima templado)”, indicó Jorge Francomano, un argentino que se desempeña como gerente general de MSU en ese país.

El Tejar, una de las megaempresas del campo argentino, también produce del otro lado del Río de la Plata. “Estamos instalados desde hace casi seis años; producimos principalmente trigo, cebada, soja, maíz, girasol y carne aplicando altos niveles de tecnología, sobre campos alquilados y también propios, que suman unas 55.000 hectáreas. Tanto los proveedores de insumos como los de servicios, los compradores de nuestros granos, las instituciones financieras son principalmente locales (de Uruguay)”, señaló Luis Kasdorf, director de esta empresa, presidida por Oscar Alvarado.

En esta firma están muy conformes con el emprendimiento. “Es una experiencia riquísima en cuanto al grupo que integra el equipo, al ambiente de seriedad de negocios, a la idea imperante en las instituciones públicas y privadas de desarrollar a fondo el modelo agropecuario de Uruguay aprovechando todos sus beneficios. Hemos sido muy bien recibidos”, explicaron los directivos.

Al margen de que en Uruguay dicen que los argentinos son actores cada vez más importantes, allí también se oyen voces que advierten sobre este proceso de agriculturización. “Desde el punto de vista social lo vemos como algo delicado, porque este sistema no es sostenible, es vulnerable. Esto saca a la gente del campo y somete a los suelos a una presión muy grande. Es el mismo fenómeno que pasa en la Argentina; esto es un inconveniente porque las políticas públicas en Uruguay están orientadas a que el campo tenga familias rurales”, afirmó el funcionario.

Agazzi explicó que mientras cada 1000 hectáreas de tambo hay 20 personas trabajando, cada 1000 hectáreas de soja ese número baja a tres. Allí un alquiler para tambo se paga de 70 a 90 dólares la hectárea, pero quienes van a sembrar soja pagan arrendamientos de 160/170 dólares, relegando la actividad lechera.

“Los productores uruguayos ven que este proceso significa una inseguridad para ellos”, indicó el funcionario. No obstante ello, Agazzi destacó el impacto productivo y económico y remarcó a LA NACION que no habrá medidas contra la inversión extranjera. “Este aterrizaje de argentinos nos trae una mentalidad más productiva”, añadió. Explicó que se está trabajando para limitar el “uso abusivo” de los recursos, independientemente de LA NACIONalidad de los productores.

Por Fernando Bertello
De la Redacción de LA NACION

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