DECLARACIÓN DEL PARTIDO BUENOS AIRES PARA TODOS


Un Plenario de 200 militantes del nuevo partido Buenos Aires para Todos ratificó definiciones ya dadas respecto al próximo ballotage, convocó a una Asamblea General para el 21 de junio y reflexionó sobre el momento político abierto luego de los resultados de la primera vuelta electoral en la Ciudad de Buenos Aires.  La síntesis del mencionado Plenario se expresa en la siguiente declaración.

 DECLARACIÓN 

Desde “Buenos Aires para Todos” entendemos que haber sido canal circunstancial para la expresión de un conjunto de votantes no nos habilita para indicar voto alguno.  Somos una expresión minoritaria que, con urgencia y persistencia, se apartó de la lógica dominante del sistema político pero que no ha tenido la eficacia suficiente para que nuestra posición política fuera reconocida y asumida como propia por otros millares de mujeres y hombres de la Ciudad.  Hablamos, entonces, desde la mayor humildad y poniendo atención en los riegos que esta situación plantea para quienes creemos que lo público debe ser el espacio de realización de los mayores niveles de libertad e igualdad.  

 

Para decirlo sin rodeos, ni nos consideramos “dueños de los votos” ni tampoco se nos ocurriría ponernos en el lugar de otorgar libertad de acción cuando en la práctica es algo que, va de suyo, resulta patrimonio de nuestros votantes y no podemos nosotros ni otorgarlo ni dejar de hacerlo.  Solo estamos en capacidad de proponer una reflexión política, lo más abierta y democrática posible, al igual que lo hiciéramos al momento de definir nuestra propuesta político-electoral para el 3 de junio.

 

En este sentido, comenzamos por ratificar aquello que sostuvimos incluso con antelación a la 1º vuelta.  Nuestra propuesta, por historia y perspectiva, se encuentra en las antípodas de la “Ciudad de negocios y para pocos habitantes” que Macri propone.  Con Macri ni a la esquina fue nuestra definición aún antes del resultado electoral, y se funda  en la decisión de confrontar con toda propuesta  asociada con el vaciamiento democrático y con el régimen de desigualdad que impera en la Argentina.

 Tal es así que fuimos la única fuerza que en plena campaña presentó un estudio sobre la dinámica que había exhibido en los últimos años el Grupo Macri, demostrando que, casualmente, mientras la construcción y el negocio inmobiliario adquirían relevancia central en su estrategia empresaria, aumentaba el interés de Mauricio Macri por el Gobierno de la Ciudad.  Por lo tanto, no tenemos ninguna necesidad de sobreactuar, en el marco del ballotage, definiciones que son constitutivas de nuestra historia y por ende, de nuestra identidad política. 

No se nos escapa ni tampoco minimizamos que un Gobierno de Macri, con una mayoría legislativa que ningún otro gobierno tuvo en los años recientes, es un severo retroceso para nuestras aspiraciones de una ciudad justa para todos y todas. Con Macri en el gobierno corren peligro los avances logrados en materia de derechos humanos, los proyectos de autoconstrucción de viviendas, con autonomía de los gobiernos y los patrones, los derechos de las y los trabajadores del gobierno de la Ciudad, el proceso de urbanización y regularización dominial de las villas de emergencia y asentamientos, las expresiones culturales alternativas, las políticas en materia sexual y de género, la situación de los vendedores ambulantes, cartoneros y meretrices, por nombran sólo algunos casos.

 

Ocurre que, también sostuvimos antes del 3 de junio que la envergadura que estaba asumiendo la opción por Macri se fundaba en el hecho objetivo de que Buenos Aires fue gobernada en los últimos dos períodos por un “progresismo trucho”  retórico e incapaz de afrontar los problemas con los mismos valores que decía defender,  que quedó preso del esquema de poder vigente, que tributó en las concepciones  de los noventa y que quedó sepultado en las prácticas políticas propias del sistema tradicional. Todo esto en el marco de una Ciudad que se deterioró socialmente, que agudizó sus desequilibrios territoriales y que en ese contexto perdió en manos del capital inmobiliario la posibilidad de decidir su modo de crecimiento y desarrollo.

 Es más, la debilidad creciente de este “progresismo trucho” que se había expresado ya en concesiones políticas inexplicables, llegó al punto de no poder ni siquiera resolver internas y posiciones personales, los cuales terminaron impidiendo la construcción de una opción seria, amplia y democrática en la Ciudad.  Fue porque asesinaron la política y porque quedaron divididos en una suerte de reciclado permanente  sostenido por la estructura de punteros y burocracias sindicales del justicialismo de Alberto Fernández en un caso (Filmus), y por otro en una coalición cuya amplitud no era el resultado de la potencia de su proyecto sino del oportunismo electoral (Telerman), que asumimos el desafío de impulsar una nueva experiencia política en esta Ciudad. 

Lamentablemente, los resultados del 3 de junio confirmaron nuestro diagnóstico.  Es más, podríamos decir que la diferencia a favor de Macri superó nuestras hipótesis.  Como siempre, todo análisis sobre lo ocurrido requiere de la inclusión de múltiples causalidades y ciertamente constituye una preocupación profunda para nosotros que la apelación al cambio realizada por Macri haya tenido la eficacia que exhibió.  Pero ese 46% de votantes no permite el simplismo de un análisis que solo hable de la “derechización del electorado”.  Exige incorporar el componente de un progresismo trucho con vigencia durante una década y en el que alternaron su presencia en el Poder Ejecutivo de la Ciudad Olivera, Ibarra, Filmus y Telerman. Progresismo que llegó al extremo de afrontar la primera vuelta más preocupados por destruirse entre ellos que en ganarle a Macri, como si en todos estos años no hubiera sido un obstáculo para realizar las transformaciones que los habitantes de la ciudad necesitamos, la mayoría legislativa que el PRO ya tiene en la Legislatura.

 

Ciertamente, ni a Néstor Kirchner, ni a Alberto Fernández ni a Aníbal Ibarra ni a Elisa Carrió ni a Jorge Telerman ni a Daniel Filmus les preocupó seriamente, antes del 3 de junio, que Mauricio Macri pudiera ganar la elección.

  

Es por esto que lo que sostuvimos antes del 3 de junio es lo que seguimos sosteniendo después, ya que nada se ha modificado. En todo caso, la coyuntura del ballotage ha agregado algunas preocupaciones adicionales.

 En primer lugar, nos parece inadecuada la estrategia oficial de transformar el ballotage del 24 de junio en una suerte de adelantamiento de la elección presidencial y bajo la consigna de oponer de manera abstracta y sin contenido concreto la década del noventa versus el camino de transformación que supuestamente hoy estaríamos transitando. Es más, vemos con preocupación que esta decisión pueda incluso incrementar los votos de Macri. Una confrontación planteada en estos términos transforma en abstracto el debate sobre el Gobierno de la Ciudad e inhibe nuestra participación. Más aún, mantiene inalterados los aspectos que hicieron que la opción Filmus no fuese, para nosotros, una opción.  Sigue siendo cierto que es el justicialismo que respalda a Filmus el obstáculo principal para reformar la “Ley Cafiero” y dotar a la Ciudad de Buenos Aires de la autonomía que requiere para poder gobernarse.  Es el justicialismo que respalda a Daniel Filmus el que sostiene el monopolio  sindical municipal de Genta y Datarmine, que amén de impedir una adecuada representación de los trabajadores, obtura todo proceso de democratización y reforma del Estado de la Ciudad.  Además, la preocupación por la importancia que el negocio inmobiliario podría adquirir en un eventual gobierno de Macri no desaparece al observar que el Ministro Julio De Vido impulsa sobre las tierras del Puerto el mismo proyecto que el Grupo Macri ansía: Puerto Madero II. 

Son estas cuestiones las que importan y sobre las que habría que accionar y escuchar definiciones.  Este sería el único modo en que podría tener sentido esta peculiar y novedosa cruzada contra la derecha que ha emergido luego de los resultados del 3 de junio.  Es casi increíble que se plantee la situación en estos términos cuando la estrategia adoptada por los alfiles del Gobierno Nacional en la Ciudad privilegió más la resolución de rencillas personales y de la interna justicialista (Fernández vs. Telerman) que la disputa con el Macrismo.  Es más, la estrategia adoptada descansó en un supuesto básico que fue asumido como razonable por las principales referencias del Gobierno Nacional: “era preferible un triunfo de Macri en la Ciudad”.

 Por ende, no se puede hoy, luego de haber propiciado el avance de Macri, sin revisión ni crítica alguna de las estrategias adoptadas, plantear que quien no se sume a la campaña de Filmus en el ballotage esté trabajando para la derecha.  Eso es, lisa y llanamente, un chantaje.  Son ellos los que ya hicieron esta tarea.  Es el agotamiento definitivo de discursos y prácticas como las que comentamos, mas la irresponsabilidad política del gobierno nacional las que estan dando la oportunidad de un triunfo plesbicitario a la derecha en la Ciudad en condiciones imposibles de pensar para ella misma. Aferrados a la defensa de sus intereses electorales de corto plazo (tener el 40% de los votos en la Ciudad de cara a octubre) terminen dañando y perturbando los intereses y condiciones de mujeres y hombres de esta ciudad que creen en la igualdad, la libertad, lo público y rechazan al mercado y al autoritarismo político como factores que ordenan la convivencia y habilitan la discusión del futuro. 

Así las cosas, la coyuntura del ballotage prolonga la ficción e inhibe poner en el centro de la discusión lo que es, en profundidad, el desafío principal para aquellos que promovemos la organización popular, la pelea por la igualdad y la democratización de la sociedad.  El 46% de Macri supone el fracaso mayúsculo del autodenominado progresismo porteño y señala la necesidad de plantear, sobre nuevas bases, la construcción de una nueva fuerza política en la Ciudad de Buenos Aires.  Cuestión esta que no se altera ni aún si Filmus resultara vencedor (a no ser que alguien piense que la sumatoria del “Ibarrismo residual” más la estructura del “justicialismo Albertista” puedan resolver la citada cuestión).  Es el intento de asumir este problema lo que está en la base de la existencia de “Buenos Aires para Todos” y de  la iniciativa política del Movimiento por Buenos Aires que esbozáramos en diciembre del 2006 ante distintas organizaciones populares de esta ciudad.

 

Con estos criterios y con estos objetivos, es que convocamos a la realización de una Asamblea General de nuestro espacio a realizarse el próximo 21 de junio.

 

No a Macri

Sí a una Nueva Convocatoria Política en Buenos Aires.

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