LATENCIA Y ESPERANZA DEL KIRCHNERISMO


54489_1526038595778_1379045483_31401709_4614466_oEl peronismo, si se lo interpreta solo desde un punto de vista económico y político —en el sentido weberiano en tanto política profesional— queda reducido a la subasta del dinero y los cargos. Ahora bien, en esos cargos y en ese dinero, se disputa un inconsciente más profundo y se revela como el procesador psico-político de nuestros dramas, tragedias y comedias; el estabilizador religioso de una urbanidad decadente. De aquí que éste se piense en bares y cafés de los alrededores del Congreso, allí donde se tejen, subterráneamente, las verdaderas alianzas de la política doméstica, sus intrigas, conspiraciones, pero se ejerce, y se sufre, en el interior del país, en los márgenes de esa centralidad tan odiada como deseada. Desde esa visión psicopolítica todo lo que se hizo en el 2016, con la excusa racional de la auto-crítica de la derrota electoral, fue comenzar a procesar la muerte de Néstor Kirchner, libremente, sin la imposición oficial del Estado: discutir su lugar en el panteón peronista de los dioses.

nestornauta-y-cristinaA través de la muerte de Néstor Kirchner los jóvenes militantes abrazaron al Edipo nacional; un padre, una madre, un yo-peronista. Se disponen, en el nombre del Padre, a declararse, generacionalmente, legítimos herederos. Obviamente, el padre no se reivindicaba “kirchnerista”. El rechazo a la crítica del Padre Patagónico es permanecer en la idealización infantil. Sin muerte simbólica, sin crítica, no hay retorno. No van a poder volver. Para los hijos, impedir que Cristina se someta a la ley, a los tribunales (“si la tocan a Cristina…”) equivale a mantenerse fundidos a ella, como pito ejecutor del trasvasamiento generacional. En este sentido, La Cámpora es la metáfora de una formación incestuosa al nivel de la sociedad. Muchos dirigentes que estuvieron con NK, que formaron parte de su gabinete, firmaron sus decretos, propusieron dirigentes, trabajaron su agenda, están actualmente en el Frente Renovador de Sergio Massa. Quien fue algo así como primer ministro de CFK. ¿Se acuerdan cuando lo gastaban en Tinelli con lo de La Presidentaaaa? Para los peronistas de “La Renovación”, Néstor aparece como un líder con peso histórico específico, propio, un gran constructor de poder y acumulador sin igual de consenso y patrimonio, un animal político total, pero de carne y hueso. Para los jóvenes militantes, es la última encarnación de un linaje que comienza en Rosas y se ancla en la barbarie (concepto inventado por la literatura teológica política de Sarmiento) como verdad del estado. Es que el problema urgente del peronismo no es ¿qué hacer con “la revolución justicialista”? sino ¿qué hacer con la viuda? Por eso, el 2011 fue el triunfo de la culpa como campaña electoral.

La pelea de Moyano con Cristina tiene ingredientes materiales muy concretos, y es una guerra de dioses[1]. Moyano custodió el espectro de Juan Perón en la entrada de la CGT: “no ingresará nadie más acá”; “los sindicatos son de Perón”. Los delegados gremiales saben que así es, y por eso lo cantan, con celo. Todo el intento kirchnerista de poner a los propios en las listas de candidatos, en los directorios de las empresas subsidiadas, en los sindicatos, en los cargos de la administración pública, en las intendencias, bajo apercibimiento de hambruna de fondos, obras de infraestructura, y destrucción pública por cadena nacional produjo la reacción clásica de la psicología colectiva ante el “déspota ilustrado”. Hizo retornar otros espectros. Así “volvieron” los gorilas, Rucci, Vandor, Guardia de Hierro, y también Tosco, Huerta Grande, alguno se acordó de Gelbard. Nos amarramos al pasado, y con la muerte de Alfonsín, también se fundó el “Alfonsín-kirchnerismo”, para seguir idealizando, y masturbando el relato. El Dios Ubaldini ya amenazó con un paro si reparten la estampita del Padre de la Democracia en su iglesia. Volvamos.

La elaboración racional de la identidad peronista exige tiempo, el período de Néstor es levantado como bandera por Lavagna y se concentra en su aura la legitimidad técnica de la herencia “buena”, del “capitalismo nacional”, vilipendiada por “los hijos”, ahora estigmatizados como “secta maldita”, perfecto chivo expiatorio del oportunismo, esto es, descargar sobre militantes (sin trayectoria laboral sólida, sin formación política considerable, sin experiencia de base superior a diez años) el costo de una elección presidencial. Sin embargo, el 60% de los votos de la sociedad argentina son votos no peronistas, no identificados con tradiciones políticas. La mayoría de la sociedad argentina vive esta guerra de dioses como una disputa que le es ajena, que no la representa, una batalla cultural, ideológica, que padece como “grieta”. Acá hinca el diente el PRO y Clarinite. La globalización como ideología y “posmodernidad”. Es el PRO como caudillismo de empresa. El caudillo presidencialista es ahora delirado como CEO transnacional. Nos quita el peso de la historia, nos libera de la carga de la modernidad mediante la Estrategia de la Gran Trola (EGT): abrirse bien de gambas y dejarse penetrar, hasta el sangrado, agotando toda la renta, estrangulada de abusos. A la EGT se la presenta como “confianza” y “volver al mundo”.

Mientras tanto, se le encarga al periodismo la disputa por la interpretación del pasado, heroico en C5N, nefasto en TN. Algunos buscan que ese pasado actúe como gloria, otros como pesada herencia, de forma tal de controlar el trabajo psíquico e incidir en él con imágenes, archivo, conducirlo en su penumbra. Los primeros quisieran que se constituya como tradición, en el mejor de los casos; para los últimos en pesadilla y advertencia. Como no hay artistas, al estilo de un Leonardo Favio, y tampoco hay creatividad ni tiempo —estamos en el puro presente de la comunicación de los sistemas sociales— todas las lagunas, contradicciones, matices de la historia del presente se colman con estadística y encuestas de opinión. Negocio de la ciencia social.

La estrategia de Macri es intervenir en la latencia, involucrar a Cristina en lo cotidiano, hacer que se pronuncie todo el tiempo, bajarla del pedestal del 54% a la pelea del twitter, clausurando el trabajo psíquico-delirante del retorno: ella está ahí, y no es nada más que esto. El cálculo de Cristina es que la latencia, por un contraste de endeudamiento y colapso, la beneficie en el 2019 como redentora. Este último cálculo contiene un inconveniente no menor.

Perón despreciaba la verdad, pero sabía mentir. Jugaba con la verdad como nietzscheano, como artista del gobierno de los otros. El matrimonio Kirchner quiso darle un fundamento científico-metodológico a su voluntad de ilusión. Con título de Economista de la UBA. Le mintieron al pueblo desde el Indec. A las organizaciones sociales, que marcharon junto a la CGT el 18 de noviembre, no se las convence fácilmente de lo que no vivieron y arremeten contra el estado por su deuda: dame recursos ya, contención social y trabajo. Las tres T. Macri pudo hacer demagogia en el debate electoral, puede mandar a mentir a sus intermediarios en la televisión, pero no lo hace desde la estadística del estado, la que oficialmente lo denuncia en recesión. No hay indicador alguno que le regale oxígeno en su primer año. Aquel falseamiento, tan torpe, tan caro en el largo plazo, equivale al desprecio de los humildes. Moreno encarna, necesariamente, el ardor por el Papa.

Francisco, mediador último, organizador a distancia de la guerra de todos contra todos de la política profesional sin partido: representa el perdón de los pecados con el cual se levantará la mano del futuro presidente de los argentinos.

francisco_mate1

Un modo supranacional, pacífico, de confirmar al Padre y a su crisis de representación.

Buenos Aires, 27 de noviembre de 2016

Leonardo Fabián Sai

[1] La expresión hace referencia al archi-conocido argumento de Weber sobre el politeísmo de los valores y el conflicto insalvable de las creencias extremas de la sociedad moderna; ninguna moral se puede imponer sobre las demás. No se cierra ningún debate, mucho menos el debate sobre la historia. Las actitudes últimas hacia la vida son irreconciliables; las luchas no se resuelve en una gran conclusión final sino que no cesan de diferenciarse, funcionalmente.

La pregunta del momento


www.espectros.com.ar

por Carlos Leyba

¿Cuándo arranca? Esa es, sin duda, la pregunta más repetida por los amigos del actual gobierno. ¿Cuándo arranca esta economía harto deprimida? Acostada. Desvanecida. En la que no hay signos de que esté por despertar.

foto-rohan-kelly-storm-front-on-bondi-beach

Sin embargo la pregunta implica suponer que el vehículo está preparado para funcionar, que el motor está en orden, que tiene combustible, que el sistema eléctrico está en condiciones y solo falta que alguien ponga la marcha y acelere. Por eso esa pregunta, por definición, es una pregunta amigable.

Nadie que no creyera que el aparato económico está en condiciones de ponerse en marcha la haría. Por eso es una pregunta de esperanza. Una esperanza en expectativa. Justamente es lo que dicen las encuestas acerca de la opinión pública y la relación con el gobierno.

Muchas encuestas, por lo que valgan después de la cadena internacional de desaciertos, estiman que el 40…

Ver la entrada original 1.784 palabras más

La hora del acuerdo


por Carlos Leyba

Finalmente, y seguramente por la preparatoria espiritual previa al encuentro de conciliación con Francisco, Mauricio Macri se desdijo de la descalificación de “libre pensador” que le impuso a Alfonso Prat Gay, y le ha dado la razón: para poder dominar a la vez la tasa de inflación y sacar a la economía de la recesión, es imprescindible al menos intentar un acuerdo económico y social con los representantes de los intereses sectoriales del mundo del trabajo y del empresariado.

Es una condición necesaria ya que no suficiente. La cuestión es qué se acuerda y cómo se conduce y se reconviene. Nada es lineal e inmodificable. No hay acuerdo sino se instala como sistema de control y revisión de decisiones. Al menos eso es lo que debería ser y a su vez es lo que lo hace útil y posible. Sin esa mecánica de sistema se trata de una foto.

El gobierno hasta ahora, antes de esta convocatoria formal que ya está en marcha, ha estado encerrado en los límites de su propia comprensión de la política. Por eso este paso a regañadientes de Mauricio, tal vez a instancias de Francisco que le ofrece su predicamento para que reconstituya rumbos, posiblemente sea el paso mas avanzado de su gobierno.

Posiblemente implique el desplazamiento del marketing del vendedor de humo J Durand Barba y su reemplazo por las ideas y voluntad de personas edificantes.

De tanto insistir en la supuesta originalidad de su nueva manera de hacer política (timbreo, conexión digital, relación con cada uno de los ciudadanos tomados de a uno) el gobierno ha ido produciendo su propio aislamiento, es decir, la ruptura del continente político por donde se puede transitar pisando firme. No se hace continente en la política sólo hablando y sin intercambio.

La consecuencia del aislamiento real, diálogo sin intercambio, es la erección forzada de un archipiélago en el que la conexión entre las islas en las que se convierten todos los actores es azarosa. Los gobiernos construyen también su oposición. ¿La dispersión como estrategia es una visión de Estado o una mezquina estrategia electoral?

Volvamos, lo que está detrás del aislamiento propio y provocado, es en definitiva la consecuencia de la negación de lo colectivo – tal vez no sean plenamente conscientes de ello los hombres del PRO – y remite a aquella espantosa afirmación de Margaret Tatcher “no hay tal cosa como la sociedad, solo hay individuos”.

Como sabemos, la negación de lo colectivo, es la esencia del neoliberalismo como cultura política y económica negadora del Bien Común. Para el neoliberalismo ese Bien no existe ya que no existe lo Común.

No vamos a reiterar las consecuencias que esa visión del mundo ha tenido en materia de decadencia económica y social y no sólo en estas pampas.

Sólo afirmaremos que, en última instancia, esa “nueva política” entendida como la relación del gobierno con los individuos tomados de a uno, es la negación de la política. ¿Qué política?

El politólogo Elías Díaz lo sintetizaba afirmando que  la política, o lo que es lo mismo, el ejercicio de la democracia no debe, no puede ser otra cosa que “argumentar y pactar”   (El País, 9/10/2016). Argumentar implica expresión y fundamentos de los objetivos y propuesta de instrumentos para alcanzarlos, considerando claramente los costos implicados. La idea misma de argumentar reclama, mediante la escucha y la respuesta, la iluminación de otras visiones respecto de esos objetivos y por cierto la discusión de los instrumentos, que siempre son múltiples, y de los costos que siempre son distintos en el tiempo y en el espacio. La argumentación y el respeto a la contra argumentación, implican la posibilidad de pactar.

El pacto es consenso, es decir, poner en común el sentido de las cosas y concertar, hacer ciertas para todos las cosas pactadas.

Argumentar y pactar es la esencia de la política y supone que no es una cuestión entre individuos sino que hay algo común, colectivo, para todos. Y esa visión implica que quienes argumentan y pactan, ceden, conceden y reciben. No hay pacto sin intercambio y no hay intercambio sin argumento.

El gobierno, el oficialismo, hasta aquí ha estado falto de argumentos. Más allá de las generalidades con las que nadie puede disentir – combatir la pobreza, el narcotráfico y la unidad nacional – el gobierno no ha argumentado (objetivos, instrumentos, costos) su programa. Posiblemente no lo tenga.

Pero no es menos cierto que los sectores opositores con algún peso tampoco lo tienen. Y diría que lo tienen aún menos. El PRO repite el inventario de obviedades que componen lo “económicamente correcto”: el mundo, productividad, inversiones, confianza, tecnología, federalismo, etc. Y promete un Plan Productivo que aún está siendo cocinado y que por lo que ha trascendido es un plan a la defensiva.

Pero por ahora el Plan Productivo, que sería parte del argumento tan querido, es un desconocido aunque todo señala la amenaza de la insuficiencia.

Si consideramos las expresiones que se reputan a sí mismos peronistas y que sumadas o tomadas de a una son “la oposición” lo que los divide no es la combinación de distintos objetivos, instrumentos y costos. Es decir “argumentos”. No.

Lo que los divide esencialmente es el pasado. Las tribus se dividen en los que solo participaron con Carlos Menem, los que se subieron a la Alianza y derraparon con ella; los que transitaron con Néstor Kirchner y aquellos que siguieron hasta los últimos días de Cristina y que luego se bifurcan en los que la siguen y los que quisieran que “ella” no siga. No revelan argumentos, en el sentido aquí expresado, que los dividan porque no los expresan. Si es que los tienen.

Hoy la Argentina no es un país pensado en el que se contraponen argumentos de futuros. No.

Hoy sólo tenemos un país relatado. Por un lado el país del ridículo relato kirchnerista del jardín de las delicias del que nos habría expulsado en diez meses Mauricio Macri. Un jardín que nunca existió como lo revelan, no sólo los destellos de la corrupción y el despilfarro, sino la pobreza y al mismo tiempo la pérdida de capital en toda la dimensión de esa expresión. Dos fenómenos a la vez que describen una contradicción inexplicable.

Y por el otro lado está el relato de la herencia recibida, relato que a medida que pasan los meses y nada cambia, se convierte en una “prueba de que hemos sido expulsados del Jardín”.

Pues bien, si se cumple el decreto que instala el acuerdo económico y social, tendremos la oportunidad de exponer argumentos y generar pactos. Si esto ocurre estaríamos avanzando enormemente en el proceso de maduración democrática. El acuerdo, la concertación que implica, supone que no sólo las voces poderosas, electoral y mediaticamente, argumentan y pactan sino que se abre un espacio para que las voces débiles puedan escucharse, argumentar y pactar en proximidad.

La obstinación por el pasado, que la podemos observar en la producción intelectual de los últimos tiempos concentrada en el pasado y en particular en los 70, ha ido cancelando la preocupación por el futuro. Y la política, al desertar del argumento, no se ha considerado a si misma como una avanzada de exploración de los futuros posibles. La posibilidad institucional del acuerdo invita a esa exploración para ser parte del pacto.

¿Por qué este gobierno no lo hizo antes? ¿Por qué fueron necesarios diez meses de inflación y recesión y la ausencia de inversiones para despertar la lógica más elemental de la política? No es imputable al PRO. Desde Raúl Alfonsín la Argentina se ha negado al acuerdo, porque se ha negado al argumento y al pacto.

Se cree que los sistemas informativos más precisos surgen de las estadísticas – que refieren el pasado – o de las encuestas que resumen interpretaciones y que no relatan hechos.

En realidad los sistemas informativos deben complementarse con las observaciones de los que transitan el terreno.

Los dirigentes sindicales tienen antenas repartidas en todo el sistema: lo que los sostiene en el poder es una capacidad de escucha y por cierto la capacidad de tramitar respuestas. Y de la misma manera eso ocurre en la representación empresaria. Claro que en esta simplificación de la representación de los sectores ocurre la paradoja que mientras el poder de la representación sindical esta directamente asociada al numero de los representados, en el mundo empresario el poder de los que representan pocas empresas gigantes es muy superior al de los representantes del numeroso mundo de la pequeña y mediana empresa. El acuerdo neutraliza el lobby.

La disposición al acuerdo que ahora manifiesta el gobierno es el triunfo de la sensatez y es un paso adelante.

Francisco, predicador de la cultura del encuentro, lo va a celebrar  cuando se encuentre con Macri en la Santa Sede.

Y es justo decir que la última mesa de concertación con nombre de tal se realizó en el tercer gobierno de Perón. Es decir hace 40 años. Aquella experiencia, desconocida más que nadie por los propios peronistas, fue producto de una larga maduración iniciada desde la política con La Hora del Pueblo por Ricardo Balbín. Fue bombardeada por los neoliberales de Álvaro Alzogaray y las organizaciones guerrilleras que nunca abandonaron la ideología de “cuanto peor mejor”. A partir de ahí Juan Perón condujo el proceso que culminó en las Coincidencias Programáticas de los partidos y las organizaciones obreras y empresarias que fue la base de la legislación sancionada por unanimidad y del Plan Trienal de 1973. El Acta de Compromiso, conocida como Pacto Social, firmada en la primer semana del nuevo gobierno sentó las bases de la política de ingresos destinada a enfrentar la recesión y el desempleo con que terminó el gobierno de la dictadura y una tasa de inflación del 80 por ciento anual. Un caso extremo de estanflación que fue doblegada entonces gracias al acuerdo tripartito. El FMI, Roberto Aleman o Marcelo Diamand, destacaron entonces el método y los resultados. Funcionó como todos los acuerdos económicos sociales previos en Europa o como el tan celebrado Pacto de la Moncloa.

Hay desconocimiento que en estanflación la receta ortodoxa profundiza la recesión y la keynesiana profundiza la inflación. Las dos a la vez, son contradictorias y revelan la confusión que produce no tener un ministro y apelar a un sistema de coordinación que por definición es tardío.

Van diez meses y la inflación baja poco y la recesión continua. Por eso es muy bueno haber aceptado la mesa de concertación que es un método necesario. Lo que aporta la suficiencia es la calidad de los argumentos y la solidez del pacto. Francisco se lo va a aclarar.

Publicado originalmente en el diario El Economista.

California legislature votes to expand mandatory sentences for sexual assault


By Tom Carter
3 September 2016

On Monday, the California legislature passed Assembly Bill 2888 by a unanimous 66-0 vote. If signed into law by Governor Jerry Brown, the bill would increase prison sentences for individuals convicted of certain types of sexual assault by restricting the power of judges to grant probation or suspended sentences.

Assembly Bill 2888, introduced by Democratic assembly members Bill Dodd and Evan Low, is being presented as a response to the case of Stanford freshman Brock Allen Turner, who was sentenced in June to six months in jail for the sexual assault of a young woman following a fraternity party (he was released this week on probation after serving three months of the sentence). The Turner case has been the subject of a relentless political and media campaign, in which the sentence has been labeled “lenient” and an example of “white male privilege.”

The bill would extend mandatory minimum sentences—which currently apply to rape by force, pandering, aggravated sexual assault of a child, and other crimes—to all cases of “rape, sodomy, penetration with a foreign object, or oral copulation if the victim was either unconscious or incapable of giving consent due to intoxication.”

Stanford law professor Michele Dauber praised the bill as “common sense.” Dauber, a “Hillblazer” and member of Hillary Clinton’s National Finance Committee, is leading the campaign to recall Santa Clara Superior Court Judge Aaron Persky, who decided the sentence in the Turner case.

The past several months have witnessed the introduction of a host of reactionary laws purporting to target sexual violence, with California legislators trampling each other for a chance to extend the powers of the state.

The so-called Justice for Victims Act (Senate Bill 813), passed by the California Senate on Tuesday, would abrogate the statute of limitations in cases of rape and felonious sexual assault. A statute of limitations prohibits the authorities from prosecuting a crime after the passage of a certain amount of time.

If Senate Bill 813 were passed, this would mean that the authorities could arrest and prosecute a person years, even decades, after the event was alleged to have taken place.

“The statute of limitations is there for a reason,” Natasha Minsker, director of the ACLU of California Center for Advocacy and Policy, told the Los Angeles Times. “When a case is prosecuted literally decades after the event, it becomes much more…difficult to prove that you are wrongfully accused.” In other words, in a case of protracted delay, it would be almost impossible for the accused person to gather evidence, investigate or identify witnesses.

Another bill, passed August 24, would redefine all forms of nonconsensual sexual assault as “rape.” (In the Turner case, notwithstanding the ubiquitous media description of the student as a “rapist,” all rape charges were dropped because Turner’s conduct did not meet the legal criteria.)

These bills and others would only increase the populations of California’s dangerous, filthy and overcrowded prisons. California currently incarcerates approximately 160,000 individuals, out of around 2.2 million individuals behind bars in the US as a whole.

California’s barrage of law-and-order legislation further underscores the reactionary content of the ongoing campaign over sexual violence, promoted by the Democratic Party and its allies.

The purpose of this campaign, like all law-and-order campaigns orchestrated by the political establishment, is to whip up confused moral sentiments and direct them behind a reactionary social agenda. Campaigns over sexual crimes in particular have long been the province of the extreme right. The furor over “sexual violence” also contributes to the broader efforts to present every social, historical and political question in terms of race, gender or sex.

The political interests behind the campaign were revealed by the unprecedented intervention of Vice President Joe Biden in the Turner case. In an open letter to the victim, one of the leading representatives of the American ruling class attempted to present himself as a crusader for moral virtue. (See: “The right-wing campaign over the Stanford University sexual assault case”)

Whatever happened between Turner and the woman he was convicted of assaulting, it is now even clearer that the campaign over the sentencing was aimed at creating the environment for undermining democratic rights and expanding the power of prosecutors and the state.

The imposition of mandatory sentencing will increase the pressure on accused individuals to plead guilty to lesser offenses even if they are innocent, while eliminating the ability of judges to take account of broader circumstances in handing out an appropriate sentence—as Persky did in the Turner case.

On August 25, Judge Persky was voluntarily reassigned to a civil docket. He will no longer preside over criminal cases. In a statement published on his recently launched website this week, Persky made his first public reference to the intense campaign of vilification against him. Without referring to the Turner case in particular, the judge called attention to the antidemocratic implications of the campaign.

“I believe strongly in judicial independence,” Persky wrote. “I took an oath to uphold the Constitution, not to appease politicians or ideologues. When your own rights and property are at stake, you want the judge to make a fair and lawful decision, free from political influence.” Persky also published letters of support from retired judges, from California law professors, from Stanford law school alumnae, and from professional organizations of attorneys.

Campaigns against judges who are allegedly “soft on crime” or otherwise insufficiently reactionary belong to a right-wing tradition. In 1986, three California Supreme Court justices were ousted as a result of a campaign based on their categorical opposition to the death penalty. In Iowa in 2010, three Iowa Supreme Court justices that endorsed same-sex marriage were targeted by recall campaigns orchestrated by Christian fundamentalist groups.

Indeed, the campaign against Persky brought Hillary Clinton supporters like Dauber together with figures from the far right. “[Persky] got it wrong,” Texas Republican legislator and Christian fundamentalist Ted Poe declared on the floor of Congress in June. “There’s an archaic philosophy in some courts that sin ain’t sin as long as good folk do it. In this case, the court and the defendant’s father wanted a pass for the rapist because he was a big shot swimmer. The judge should be removed.”

For all the furious denunciations of Persky, the sentence imposed against Turner cannot be described as “lenient.” Under America’s draconian sex offender registration system, Turner will be on a sex offender registry for the rest of his life. He will have to notify his neighbors that he was convicted of a sexual crime; he will be prohibited from living within a certain distance of schools, malls, churches and other buildings; and he will be barred from certain jobs and face other restrictions. Turner was also expelled from Stanford University.

There are signs of a reaction against the law-and-order campaign over sexual violence on campuses. The Washington Post reported earlier this week on the formation of two organizations of mothers of individuals accused of sexual assault on campuses. It cited the cases of several students who were expelled from their schools after being denied the most elementary forms of due process and the presumption of innocence.

Ponganse de acuerdo … con la realidad


Por Carlos Leyba.

El columnista de La Nación Joaquín Morales Solá le dedico varios párrafos a la crítica al ministro Alfonso Prat Gay. Un encargo poco digno que se le asigna a Marcos Peña.Dice Joaquín que “es una figura complicada porque consiguió la unanimidad en su contra, la de halcones y palomas” ,“Le reprochan una ostensible soberbia intelectual” y dice que dijo “El trabajo macroeconómico está terminado”. Con esa afirmación, el periodista, le atribuye una frase que sólo cabe en un disminuido. Y concluye “ quiere ser presidente”. Con compañeros y amigos de ese calibre no se puede caminar muy seguro por los pasillos de la administración.

La respuesta llegó el sábado en La Nación en un reportaje en el que Prat confirmó con sus dichos el tufillo de soberbia que lo blinda. Dijo, por ejemplo, “La recesión que estamos viviendo no es nuestra, sino que la heredamos”. Una verdad a medias no es toda la verdad. La heredaron y la acrecentaron.

“Algunos sectores empiezan a tener dinamismo, fundamentalmente todo lo vinculado con el campo”. Justamente, el problema argentino no es la falta de vitalidad o dinamismo del sector primario. El problema es la tendencia de mediano y largo plazo de ausencia de vitalidad y dinamismo de la actividad e inversión reproductiva de la industria. La respuesta de Prat es, en consecuencia, la propia de quien tiene vocación de ignorar y no quiere reconocer la realidad. Lo propio de quién al menos reconoce que no puede conducirla.

La realidad es que la economía no arranca. Entonces el ministro dice “La Argentina se pondrá en marcha con ayuda de todos, y requerimos empresarios menos pendientes del próximo trimestre y más de las próximas décadas”. Un clásico. Dado que diga lo que diga, la sociedad observa que no nos pusimos en marcha, entonces, dice que la responsabilidad es de otros. Un clásico que con razón le atribuíamos al kirchnerismo. Para ambos, Prat y Kiciloff, la responsabilidad es en particular de los empresarios.

Como el lector recordará el programa de Mauricio Macri y el PRO era y es “la confianza”. Con la confianza, que creían que “el capital” les tenía, nos inundarían los dólares e inversiones. No hubo ni lo uno ni lo otro. Y hubo que salir a pedir prestado a tasas gigantes, aunque mas bajas que las que pagó Axel Kicillof. Eso dice Prat y es cierto.

Pero habría que dejar de comparar con el pasado porque la vara de Kicillof es tan impresentable que cualquier resultado comparado con la gestión K es un éxito. Y siguiendo la línea de afirmaciones precarias de Prat citemos aquella en la que afirma “No podemos decir que cayó el salario real. Hay que ver sector por sector.” La respuesta correcta es cayó el salario real y que, seguramente, hay excepciones. Pero el consumo, que es la manera de medirlo, se desplomó. Ello que sugiere el descenso de la calidad de vida y en consecuencia el aumento de la pobreza que la UCA había puesto en blanco y negro antes y ahora.

Prat ahora dice “El análisis de la UCA no es completo” No se anima a decir es equivocado. Decir “no es completo” simplemente afirma que le falta algo y eso hasta debe estar escrito en la introducción de los informes. No refuta nada.

Llegando al final dice “El resultado más concreto es la caída de la inflación” La inflación es el aumento generalizado del nivel de precios. La caída en la inflación, en todo caso, no es más que el descenso de la velocidad del aumento generalizado en el nivel de precios. Y eso puede ocurrir y ocurre siempre que los niveles de precios alcanzados, el costo del nivel de vida, es de tal relación con el nivel de los salarios que produce una merma del consumo.

En esas condiciones el freno de la inflación no es necesariamente una buena noticia, porque puede suceder que comience un período de liquidación, o de ingreso de productos importados, que acompaña a un freno en el nivel de actividad. Es cierto que algunos indicadores de inflación marcan una desaceleración, que primero no es una baja en el costo de vida, y segundo que obedece más a una reducción de la actividad o recesión, que a un proceso de crecimiento con estabilidad de precios que es lo único que representaría una buena noticia. Y como colofón, tan es así, que Prat afirma, esta vez con razón “No hacer un pacto social implica menos actividad económica y más inflación”.

Es verdad, este gobierno y el anterior, se han negado a llevar a cabo la única estrategia sabia para combatir la estanflación (estancamiento o recesión de la actividad económica con inflación) que es el Pacto Social, el acuerdo de las fuerzas económicas, sociales y políticas para el diseño de mediano y largo plazo. Es que el consenso es el único escenario en que la inversión homologa el crecimiento de la actividad, preserva el nivel de los salarios, genera estabilidad y produce el incremento de la productividad.

Este gobierno, como el anterior, han militado en contra del consenso de un Pacto Social y aún hoy, cuando pretenden el diálogo, lo hacen como escenario de gana tiempo recibiendo a los sectores por separado. Una “mise en scène”. Nada.

El ministro pide “ Denme el beneficio de la duda de que vamos a lograr salir adelante.” Una frase que corresponde a quien sabe que no puede pedir “confianza” porque no se la ha ganado y sólo reclama el “beneficio de la duda”. ¿Cómo darle ese beneficio? El, miembro del gobierno, sostiene la necesidad del Pacto para el consenso y sin embargo, dice “Queremos autoabastecimiento energético, porque todas las empresas deben tener posibilidad de explotar gas y petróleo a un precio más barato del que importamos gas licuado.” Veamos. Dice Prat “las empresas deben tener posibilidad de explotar gas y petróleo a un precio más barato del que importamos gas licuado”.

¿No sabe acaso que YPF explota gas a 1,9 dólares el MMBTU y el barril de petróleo a 27 dólares el MMBTU (Informe a la SEC)? En 2002/2003 los petroleros pedían se fijara a 1 dólar el MMBTU. Luego se realizaron contratos privados a menos de 2 dólares el MMBTU y hoy – y gracias a Axel Kicillof – el petróleo, que en el mundo se transa a 42 dólares, el barril en la Argentina, con subsidios, llega a 60 dólares. Y el gas licuado, en los últimos tiempos en los que podemos suponer que no hay corrupción, puede llegar a 7 dólares el MMBTU.

Pero la Argentina tiene un costo de explotación infinitamente inferior al gas licuado importado e inclusive al precio del barril si lo importáramos.

Sin embargo JJ Aranguren declaró que no conoce los costos de explotación y se siente con autoridad para determinar el precio al que deben venderse a las productoras y distribuidoras. Increíble. Pero más increíble es que aún no sepamos a quién fueron los subsidios. ¿Fueron a compensar costos que desconocemos? ¿A generar super utilidades a los concesionarios? ¿Qué Pacto se puede ofrecer si en el tema más urgente y uno de los mas importantes se oculta o se ignora, por desidia, la verdad de los costos y el destino de los subsidios?

El reportaje a Prat conforma un conjunto de declaraciones de auto elogios inmerecidos. Toda la herencia fue bochornosa. Pero aún no han podido revertirla. Y la confesión que para hacerlo hace falta un Pacto, que no hicieron y que no van a hacer, pone las causas del atascamiento en el que estamos donde tiene que estar que es en quienes hoy gobiernan más allá de la inmensidad y perversidad de la herencia innegable. Las cosas no están bien y nada alienta que vayan a estar mejor si siguen haciendo lo mismo. No les queda más que cambiar. ¿Lo harán?

La actividad industrial se desplomó, se reafirma el proceso de retraso cambiario y con este viaje de Mauricio y Prat se aceleran las generosas relaciones comerciales con la República Popular China, que implican el diseño de un plano inclinado para el desarrollo de la actividad industrial.

El desplome se mide por el uso de la capacidad industrial instalada que se encuentra, a lo largo de la gestión Macri, en apenas 62 por ciento de lo disponible; o mediante el Estimador Mensual Industrial, que hace 6 meses que cae y que en julio 2016 acusó un nivel de 8 por ciento menor al del año anterior. Es decir capacidad ociosa y tendencia u horizonte negativo sectorial.

El retraso en materia cambiaria se observa en el hecho que el tipo de cambio nominal, de fines de agosto, fue igual al de fines de marzo de 2016. El tipo de cambio se comió la inflación de los últimos meses.

El optimismo de Alfonso Prat Gay respecto de la inflación futura viene acompañado de un mazazo monetario sobre los niveles de actividad. Para la industria, el entusiasmo de Prat Gay no es malo si se trata sólo de las consecuencias que él proyecta (la inflación bajaría) pero es malo por la causas que él sugiere la provocan (la economía no arranca).

Lo más significativo, en este punto, es que la corrección del tipo de cambio derivada de la unificación, teniendo en cuenta monedas y precios, ya se habría agotado. Y si bien los valores para el comercio, en términos reales, son aún mayores que los de 2015, no obstante marcan un retroceso respecto de los últimos años, incluyendo todos los años K.

Es decir del estado actual del tipo de cambio, explícita ancla anti inflacionaria, resulta que la presión importadora continuará y la posibilidad exportadora declinará. A este dato habrá de sumarse un hecho nuevo: el éxito del blanqueo. El mismo generará un alivio transitorio en las cuentas públicas, por el ingreso de un mínimo de 5 mil millones de dólares. Pero también un impacto gigante en el mercado cambiario que implicará inexorablemente un nuevo efecto revaluatorio. ¿Quién y cómo lo evitará?

Atrás de la revaluación siempre sucede la fuga de capitales que durante la dictadura genocida la monetizó la deuda externa y lo mismo ocurrió durante el menemismo. Con los Kirchner a la fuga la monetizó la soja. Importa de dónde vienen los dólares. Pero importa más cómo se usan. Lo deberíamos haber aprendido antes de que lleguen los dólares del blanqueo. Volvamos a los señalamientos del principio

Finalmente con China, nuestro tercer hito, en el primer semestre tuvimos un déficit comercial de 3125 millones de dólares, asociado a un aumento de las importaciones de bienes de consumo.

La alegre marcha hacia el Oriente, iniciada por Franco Macri cuya cara ocupa hoy, en la reunión del G20 , el lugar del presidente argentino, aleja la posibilidad de una sabia reconvención de los apresuramientos estratégicos de CFK. Es que, en el horizonte próximo, se levanta con fuerza la idea del reconocimiento de China como economía de mercado. No por nada la cara de Franco esta superpuesta a la de Francisco. ¡Que baño!

Y esta condición, otorgada a la fabrica asiática, administrada por funcionarios devotos de la eliminación de controles, barreras y defensas protectivas; y convencidos que no sólo no hay que defender lo poco que nos queda sino que además hay que “liberar las fuerzas del mercado para que la creatividad se ponga en marcha” nos auguran una inundación tal vez lenta pero consistente de trabajo chino a la mitad del salario nacional en decadencia. Y de paso recordemos que nos piden un chapuzón corajudo en aguas del Pacifico.

Ninguna de los tres señalamientos (declinación, revaluación, China) es sólo una cuestión de coyuntura. No son accidentes en un camino bien rumbeado. En rigor son tendencia negativas para el aparato productivo que, como hemos visto con la fuga, se arrastra de largo y que han terminado por naturalizarse como inevitables o necesarias, en la cabeza de las elites que nos gobiernan con independencia de las convicciones ideológicas. Son enfermedades crónicas que sólo se pueden reparar en el marco de definiciones estructurales.

Necesitamos la restitución del modelo de tipo de cambio propio de una economía y una sociedad, de “dos velocidades”. Esto es retenciones para las exportaciones primarias a un tipo de cambio definido como capaz de generar el pleno empleo urbano. Esa es la única manera de tener – dadas las condiciones estructurales pre inversión y pre transformación – salarios altos en términos de canasta de consumo y precios competitivos en términos de producción industrial.

Necesitamos políticas estructurales para la transformación y expansión de la industria; el redespliegue demográfico; y un programa agresivo de infraestructura basado en industrias locales.

Pero doce años preñados de oportunidades, mala praxis disfrazada con palabras de transformación, están sirviendo como argumento de contraposición a quienes reivindican, desde el actual gobierno, el monetarismo para terminar con la inflación y la apertura para obligar a la industria a “hacer gimnasia” y convertirse en competitiva.

La inflación puede bajar. Lo ha hecho otras veces. Pero el método elegido, al igual que el de la convertibilidad, es equivalente a la anfetamina para adelgazar: bajamos de peso pero aniquilamos el cerebro. La estructura económica se vuelve torpe e inútil. La recesión puede bajar la inflación pero destruye capital. No es un método saludable. Puede ser eficaz pero no eficiente.

La apertura, por su parte, puede obligar a hacer gimnasia y a reducir grasa y también destruye masa muscular. Sin ella el esqueleto no se sostiene. Y es lo que nos ha pasado con la dictadura, con el menemismo y – aunque controlada en sus apariencias – con los K.

Por cierto ni el jolgorio monetario ni el cierre a cerrojo de la economía, son métodos tolerables.

De lo que se trata es asegurarse, en toda política, las condiciones de inversión y el horizonte de competitividad. Lo que debe gobernar es la política de largo plazo de diseño estructural.

Y en la coyuntura, cuando como hoy estamos en estanflación, no hay ni ortodoxia ni keynesianismo que puedan revertir las cosas. Lo reconoce Prat. Pero no lo pone en practica.

La estanflación necesita de un remedio especial. Es la concertación, con un programa multisectorial, para estabilizar y crecer. La concertación que implica consensos estructurales, posibles y necesarios, es el único horizonte que puede desencadenar el proceso inversor sin el cuál todo rebote, que lo puede haber, será efímero.

Por eso, después de escucharlo a Prat y los golpes por encargo de Joaquìn Morales Solá, nos resta decir, primero, pónganse de acuerdo entre Ustedes y después miren la realidad.

FUENTE

Heriberto Khan, el periodista que brilló en años oscuros


doy-fe-heriberto-kahn-13605-MLA3172646687_092012-OHeriberto Khan un periodista que supo brillar en una época oscura, escribía y firmaba sus notas en La Opinión, en los años 70. Fue el primero que investigó al ex ministro López Rega, cuando era peligroso hacerlo. Su historia personal merece ser conocida.

La vida y obra del periodista Kahn bien podría ser descripta como “el matiz del gris”.Un obsesivo de la información, de los contactos reservados y de las fuentes reveladoras. Cómo se convirtió de pronto en el periodista estrella del diario más prestigioso del momento. Escribir y firmar en los años de plomo. Una época oscura del periodismo en que se podía ser funcional a diversos sectores sin tener plena conciencia. DsD presenta otra Zona Dura para recuperar la historia del periodismo argentino. Sin prejuicios ni estigmatizaciones. Para tratar de entender.

Enrique “Jarito” Walker fue detenido desaparecido a los 35 años. Rodolfo Walsh ya había cumplido 50 años, cuando enfrentó con su arma a la fuerzas de la represión y luego fue detenido desaparecido. Otros 52 años sumaba el “flaco” Zelmar Michelini cuando fue asesinado. Todos periodistas.

Heriberto Kahn fue contemporáneo de Walker, Walsh y Michelini. Pero a diferencia de ellos, él creyó en los militares en ascenso durante el gobierno de Isabel Perón. Los uniformados fueron sus principales fuentes informativas, cuando constituían un factor de poder. También el final de su vida fue distinto: murió de un cáncer de páncreas a los 31 años.

Kahn parece haber vivido el mismo ciclo que Manfred Schönfeld, el insigne columnista de La Prensa. Luego del golpe institucional de 1976 Khan quedó anodadado cuando una amiga suya fue secuestrada y desaparecida por las fuerzas seguridad. Schonfeld también respaldó la sonada cívica y militar, hasta que empezó a criticar el régimen cuando pudo constatar la existencia de un juez que tomaba declaraciones a un detenido bajo torturas.

Pero unos y otros fueron periodistas. Que los “años de plomo” aún estigmatizan.Que obligan a clasificarlos cuando quizá sea una tarea imposible. O peor aún: son condenados al olvido. Y entre tanta polémica pasada y presente se pierde de vista el profesional. Y sus aportes.

Per ejemplo, de Kahn casi nadie recuerda en el ambiente profesional que fue el primer periodista que investigó y publicó notas en la gráfica porteña sobre el entonces poderoso ministro José López Rega. Para valorar su tarea, hay que recordar que pasarían varias décadas hasta que algún periodista argentino intentara reconstruir la vida del ex funcionario que brindó protección y logística a la Triple A, comandos paraestatales que asesinaron impunemente, en lo que sería el preámbulo del genocidio de 1976. Pero eso recién ocurrió con López Rega ya fallecido.

Diario sobre Diarios (DsD) recuerda hoy al periodista Heriberto Kahn, inserto en un complejo contexto histórico que hay que recrear para comprender sus actitudes y expresiones. Para ello, se relevaron todas las fuentes documentales públicas que aluden a Khan y se concretaron algunas entrevistas con quienes lo conocieron o escribieron antes sobre él.

Un tiburón del periodismo

Heriberto Kahn nació en Buenos Aires el 6 de enero de 1946 y cursó la secundaria en el Nacional Buenos Aires, un hecho que para él siempre fue motivo de orgullo. Desde chico se destacó por su capacidad de expresarse en forma oral y escrita, así como por su facilidad para aprender idiomas: además del español, dominaba perfectamente el inglés, el alemán y el francés. En 1965 empezó a estudiar Derecho en la UBA, y cuando tenía 22 años arrancó su carrera periodística en la revista Confirmado. Ahí trabajó durante algún tiempo como redactor, aunque pronto llegó a ocupar la prosecretaría de redacción especializándose en temas de política nacional e internacional. Desde ese medio Kahn cubrió muchísimos viajes al exterior y numerosos hechos de repercusión mundial, entrevistando a personalidades como Henry Kissinger, Franz Joseph Strauss, Simon Wiesenthal y Pierre Salinger.

En 1975, Kahn pasó a integrar el equipo de redactores del diario La Opinión. En su formidable biografía sobre Jacobo TimermanGraciela Mochkofsky relata este ingreso en el marco de lo que describe como un “corrimiento a la derecha” del diario. “Timerman había optado por cambiar la línea del diario. Años más tarde, admitió que había decidido desprenderse ‘de todos los activistas de la JP porque recibí información, a través de los canales periodísticos, de que el general Perón iba a deshacerse de Cámpora y que trataría de neutralizar a los sectores extremistas del peronismo. Pensé que era más prudente ir logrando paulatinamente un tono más moderado en el diario’”, escribe Mochkofsky y remata: “necesitaba gente nueva”. Kahn, con sus excelentes contactos militares, claramente era una posibilidad.

Según detalla el mismo libro, Timerman conoció a Kahn en una comida en la casa del director para América del Sur del American Jewish Committee, Jacobo Kovadloff, en ocasión de la visita a Buenos Aires de un directivo norteamericano del AJC. “Luego de la comida, Timerman y Abrasha (Rothenberg, directivo de La Opinión), que también estaba invitado, se encerraron en el escritorio para hablar con Kahn y le ofrecieron trabajo en La Opinión. Kahn llevó sus dudas a Kovadloff: era un hombre de derecha y tenía reservas ideológicas sobre Timerman. ‘No tenga dudas –le dijo Kovadloff-. Es un periódico para hacer una carrera. Usted no se compromete ideológicamente, no le van a hacer firmar nada. Vaya’.”.

Kahn fue y, efectivamente, hizo carrera, una carrera tan brillante que al poco tiempo se convirtió en el columnista político estrella del diario. Sus informantes principales eran el almirante Massera, jefe de la Armada, y el general Roberto Viola, que en agosto de ese año ascendió a jefe del Estado Mayor, además del coronel Sosa Molina, jefe de Granaderos. El blanco principal de sus artículos fue el entonces ministro de Bienestar Social José López Rega.

Kahn, de hecho, fue uno de los periodistas que más hizo por expulsar al “brujo” del poder, revelando a través de cantidad de una serie de artículos sus manejos espurios yvinculaciones con la Triple A.

“Kahn era un animal del periodismo, un tiburón para la búsqueda de información política”, dice Fernando Ruiz, autor de la investigación sobre la historia de La Opinión Las palabras son acciones a DsD. “Él empezó a cubrir para el diario política exterior, y entonces se volvió muy cercano al canciller peronista Alberto Vignes. Desarrolló con sus fuentes una relación bastante empática, al punto de decir que sus coberturas rayaron en un punto lo propagandístico”.

Según Ruiz, Kahn fue luego tomando cada vez mayor protagonismo en la cobertura de la política nacional y acercándose a las fuentes militares. “Por otra parte –explica- hay que dejar claro que en la Argentina, desde el ’30 en adelante, las fuentes militares estaban naturalizadas. No había un solo periodista político que no estuviera permanentemente en la Armada, en la Fuerza Aérea, en el Ejército. Los medios los tenían totalmente incorporados a su elenco de fuentes”.

Las amenazas

Claro que, por llevar a cabo su trabajo, el periodista recibió amenazas de diversa índole.Rodolfo Pandolfi, colega de Kahn en Confirmado, recuerda el clima de aquellos años:

A partir de 1969, tomamos conciencia de los años tremendos que comenzaban en el país. Todos, de una u otra forma, aprendimos a tener miedo: a saber que hiciéramos lo que hiciéramos, siempre habría un tribunal secreto estudiando si correspondía o no dictar la pena de muerte contra nosotros. Por lo demás, de una manera directa o indirecta, vivíamos amenazados y sin protección. Una organización terrorista de origen fascista y retórica ultraizquierdista nos avisó, en determinado momento, que uno de los hombres del staff de Confirmado sería castigado (por decirlo levemente). Luego vendrían sucesivas amenazas, muchas de las cuales eran, lógicamente, ‘corridas con la vaina’ en un momento de especiales tensiones. En otros casos se trataba de intimidaciones auténticas. Heriberto recibió, concretamente, dos avisos más, que son de mi conocimiento: uno, proveniente de una banda de extrema derecha, que llegó a desplegar en su revista una fotografía de una página señalándolo como ‘periodista sinárquico’; otro, durante el Operativo Dorrego, llegado desde los entusiastas muchachos que habían sido rescatados para las obras públicas en la provincia de Buenos Aires. Parece que no se conformaban con las obras públicas”.

Ya en el ’75, la revista peronista de derecha El Caudillo -orientada por López Rega desde las sombras- también amenazó a Kahn con este mensaje: “En otro caso, chupatintas, corrés el riesgo de que ese nombre tuyo, chupatintas, tenga alguna alteración y se cambie tinta por plomo. ¿Me entendiste bien, chupatintas?”, decía y de más está consignar que eran palabras que debían interpretarse de una forma bastante literal.

Para dar una idea del contexto, basta decir que el 18 de mayo de ese año la Triple A arrojó a Ezeiza el cadáver acribillado y sin uñas de Jorge Money, periodista de economía de La Opinión.

“Éramos hombres desarmados e indefensos, en un lugar donde ya nadie sabía quién, por qué, cuándo y por quiénes sería asesinado. Contra lo que pudiera suponerse, aunque no todos reaccionamos exactamente igual, sobrellevamos las cosas con buen estado de ánimo y cierto difuso fatalismo”, reflexiona Pandolfi, y cita una frase que cierta vez le dijo Heriberto. “Puede que tenga miedo, pero me falta mucho para entrar en el pánico. Quizá una noche, entrando en la revista, vislumbre la cara de alguien que me vigila; estudie por un segundo sus ojos. Y puede ser que entonces me deje llevar por el terror. Todavía no. Pienso, además, que en estos momentos no se van a dedicar a golpear contra nosotros. Más bien van a golpearse entre ellos, en esta guerra de bandas: el turno de bandas vendrá después. Prefiero que me asesinen, en todo caso, a verme consumir de a poco por una enfermedad”.

También Luis Clur recordó, en una entrevista que le hiciera Página/12, la valentía casi temeraria con la que Kahn se movía:

“Recuerdo cuando nos asaltaron la redacción buscando a Heriberto Kahn, que tenía 29 años. Había publicado en La Opinión el lugar donde estaba la sede central de la Triple A, al lado de la Policía Montada de Palermo. Heriberto hizo una crónica un sábado a la noche cuando cerrábamos el diario. Mandamos el artículo al taller y el coordinador nos pregunta: ‘¿Y esto dónde va?’. ‘Con eso cerramos el diario. Va de contratapa’, le contestamos. ‘¿Lo van a publicar en serio?’, preguntó sorprendido. ‘Bueno, yo entrego el original, reviso las pruebas y me voy, porque no me hago responsable de la salida del diario’. El temor era grande. Esa noche nos separamos todos. Timerman no estaba en Buenos Aries; Ramiro de Casasbellas estaba de vacaciones; Enrique Jara se fue a un lado; Kahn se fue a otro y yo me fui al interior de la provincia. A los pocos días vinieron a buscar a Kahn. Apareció un comando preguntando por él y lo recibe el mismo Heriberto, que les dice en la cara: ‘Acaba de salir’. A los 15 minutos estalló una bomba en el piso de la redacción. Ese fue uno de los primeros atentados. Tuvimos en Barracas ametrallamientos y atentados a granel, y muchos desaparecidos”.

La crónica truculenta

El episodio al que se refiere Clur también está relatado en Doy Fe, el libro póstumo de Kahn e inconcluso en el que, según revela la misma contratapa, “el centro de la diatriba sagaz, sistemática y erosionante fue el ex ministro José López Rega, personaje de raros e inquietantes procederes”. Es una crónica de lo más truculento de aquellos años. Imperdible, por supuesto:

“El 1º de abril de 1975 presentaron sus cartas credenciales a la señora de Perón en la Casa de Gobierno los nuevos embajadores de Irak y Jordania. Como es tradicional, acompañaron a ambos diplomáticos escoltas de Granaderos a Caballo. Cumplida la ceremonia, los efectivos regresaban a la sede del regimiento, en la avenida Luis María Campos, de Palermo, flanqueados por un vehículo en el que viajaban varias personas. En la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Tagle, el vehículo mencionado sufrió un desperfecto, ante lo cual el oficial más antiguo del grupo, un teniente de apellido Segura, se acercó a varios policías que se encontraban en aquella esquina, afectados a la custodia de la embajada de Chile, que se halla a pocos pasos de allí. Segura se dirigió a los agentes solicitándoles le indiquen el lugar más cercano donde hubiera un teléfono desde el cual pedir auxilio para el vehículo averiado.

Sin perder un minuto, los policías indicaron al oficial de Granaderos que en el número 3297 de la avenida Figueroa Alcorta funcionaba una dependencia del ministerio de Bienestar Social, donde sin duda se le facilitaría un teléfono. Ni bien ingresó a aquel edificio, el teniente Segura fue recibido efusivamente por un hombre que se mostró especialmente complacido por la presencia de un oficial de Granaderos en el lugar y señaló que allí trabajaban hombres de la Policía y de las tres Fuerzas Armadas. Con indisimulado orgullo, la persona en cuestión relató a Segura que en ese lugar funcionaba un cuartel de las denominadas Triple A, y aludió al hecho de que, en el fin de semana anterior, ‘nos levantamos’ más de una docena de víctimas. De inmediato, el hombre obsequió al oficial varios ejemplares de la revista El Puntal –la sucedánea de El Caudillo- que, según decía la publicación dirigida por Felipe Romeo, tenía su sede en aquel lugar. Por último, Segura fue presentado a una mujer que dijo, ufana, ser secretaria de López Rega.

El teniente efectuó el llamado telefónico que lo había llevado hasta aquel lugar, e inmediatamente después se alejó del edificio sin decir palabra. Ni bien regresó a la sede de su regimiento, Segura solicitó ver a su jefe, el coronel Jorge Sosa Molina, a quien relató, espantado, el episodio del que había sido protagonista”.

Varios fueron los artículos que en esa línea publicó Kahn en las páginas de La Opinión y en Carta Política, la revista editada por Mariano Grondona donde también colaboraba.“Desde principios de 1975, Kahn comenzó a profundizar su cobertura sobre López Rega, y llegaría a convertirse en un protagonista importante de su caída con el pleno respaldo de Timerman”, asegura en su libro Fernando Ruiz.

Una nota, un estruendo

El 1 de julio de 1975, el periodista publicó un artículo que describía una reunión de gabinete en la que un ministro corrió a otro para pegarle y Massera cuestionó a López Rega. El artículo, según Ruiz, “fue un estruendo”, ya que la nota ponía de manifiesto que los militares participaban activamente de la arremetida contra el superministro. “Fue un punto de inflexión en la estrategia política del actor militar, cuya influencia en el régimen político se hizo más visible, ya que en el mismo artículo Kahn enumeró la agenda de reclamos militares: renuncia de figuras irritativas (López Rega y seguidores), apertura del diálogo con todos los sectores incluso militares y vigencia de las instituciones”.

Las Fuerzas Armadas, en el discurso de La Opinión, aparecían cada vez más como líderes del reclamo civil”, marca también el investigador, y explica en otro pasaje que “el diario no sólo desvinculó a los militares de la violencia derechista, sino que los presentó como la garantía necesaria para que toda violencia desapareciera”.

Una vez desplazado López Rega, Kahn contribuyó con sus artículos a dar otro espaldarazo a la consolidación de la estrategia de Videla y Viola.

“Videla y Viola tenían un pasado colorado y ninguno simpatizaba personalmente con Timerman –despertaba todos sus prejuicios contra izquierdistas y judíos- pero La Opinión fue, en este período, el principal difusor de sus ideas y un importante terreno para sus operaciones políticas”, cuenta Mochkofsky.

Y agrega: “La primera había sido el desplazamiento de López Rega. La siguiente debía ser el reemplazo de Numa Laplane por Videla, el general con mayor consenso del Ejército. El nombramiento de Damasco en Interior, en agosto de 1975, apuró el desenlace: era un coronel en actividad y, por lo tanto, de grado inferior a muchos oficiales a los que estaba en posición de dar órdenes. Los altos mandos se dieron por insultados y rechazaron el nombramiento, detonando una crisis que culminó en la renuncia del ministro y el relevo de Numa Laplane por Videla ese mismo mes. Timerman admitió años después que “por la dura lucha contra López Rega, hicimos una dura lucha contra Numa Laplane, y apoyamos a Videla. Videla llamó esa noche para agradecer a Kahn”.

“¿Habrá un golpe militar esta semana?”, se preguntaba el periodista en un artículo de agosto del 75. “No –se contestaba- pero necesariamente deberá resolverse la crisis militar planteada a partir de la designación del coronel Vicente Damasco como ministro del Interior”.

Mochkofsky describe el contexto y la cotidianeidad de la época con lujosa precisión. “Por esa época, los jefes militares que preparaban el golpe establecieron una rutina de almuerzos con los principales periodistas de Buenos Aires, donde hablaban abiertamente sobre sus planes de derrocar a Isabel. Kahn, convertido desde la campaña contra López Rega en el periodista del momento, era un asistente permanente. Su pequeñez física agudizaba su aspecto juvenil (tenía 30 años). Cuando llegaba a la redacción, una pequeña multitud se reunía a su alrededor para conocer las novedades. Exasperaba a Casasbellas y a Jara, porque sus relatos se extendían y demoraban el cierre de la edición. Lo urgían a sentarse en su escritorio, porque sabían, además, que era lento frente a la máquina de escribir. Kahn sentía un genuino entusiasmo por los militares que se disponían a tomar el control del país, especialmente por Viola y Massera. Tenía excelentes relaciones con ellos, con Videla y con sus aliados internos. El almirante lo impresionaba: lo consideraba un hombre: ‘con un talento político innato’”.

“En febrero de 1976, La Opinión –como el resto de la prensa, con la solitaria excepción de Cuestionario, la revista de Rodolfo Terragno- anunciaba con entusiasmo la inminencia del golpe. Kahn escribió: ‘Es todo el sistema el que aparece en retroceso, creando así las condiciones de un vacío político que puede culminar en un cuadro de colapso que obligue a las fuerzas armadas a intervenir como elemento de reserva ante una grave emergencia nacional (…) Las fuerzas armadas podrán verse obligadas a intervenir, no para suprimir el sistema, sino para regenerarlo. No se trataría de reemplazar el poder civil por el poder militar, sino de reordenar el país y volver a ponerlo de pie en todos los aspectos, en especial el moral. Pero, además, restablecer las bases adecuadas para que el sistema pueda volver a funcionar, en particular a partir de la creación de nuevos canales de expresión partidarios, y de dotar al país de una nueva clase dirigente de la que aparece angustiosamente necesitado’”.

Durante los días del golpe, Casasbellas y Kahn cerraron cuatro ediciones sucesivas hasta el amanecer. “Kahn se sentó a una mesa con dos teléfonos para él solo y comenzó a llamar a sus fuentes”, cuenta Mochkofsky. “La tercera y cuarta edición éramos él y yo solos –recordó Casasbellas-. Por cierto, no cambiamos demasiado: la primera edición ya hablaba del golpe, salió temprano. La segunda daba el nombre de Videla, que no había publicado ningún diario. La tercera y la cuarta insistieron en lo de Videla, pero desarrollando ya la noticia, cuándo iba a asumir, etcétera. Terminamos tarde, alrededor de las seis de la mañana. Arreglé para que un auto del diario nos llevara a mí a mi casa y a Heriberto a la suya. Creo que vivía por Palermo. No sé por qué tomamos la calle Cangallo, donde estaba la Unión Obrera Metalúrgica, y se veían dos tanquetas frente al edificio, un humo de algo, no sé qué sería, se habría disparado alguna granada, y unos soldados que estaban en piquete. Le dije al chofer que fuera lentamente. Mientras pasábamos, Heriberto me dice: ‘¿Ve? El sindicalismo se acaba para siempre, va a haber un nuevo sindicalismo’. Lorenzo Miguel estaba preso. Me dijo: ‘Se va a terminar con todo esto, es una Argentina que tiene que desaparecer’. Le dije: ‘Heriberto, Lorenzo Miguel va a estar de vuelta cuando lo necesiten los militares. A lo mejor dentro de dos años’. Me equivoqué por uno, porque estuvo de vuelta a los tres años. Pobre Heriberto”.
La muerte y las preguntas

Según señala la contratapa de Doy Fe, desde las páginas de Confirmado, Carta Política y La Opinión, Heriberto Kahn “supo dar testimonio de su inquebrantable fe en el quehacer democrático y la rectitud y dignidad personales”. Desde el prólogo de la misma obra, en tanto, Pandolfi recuerda que “la virtud más importante de Heriberto –y sobre esto no existen opiniones- era su honestidadUna honestidad inteligente, pero pura. Kahn no podía, directamente, decir algo distinto a lo que pensaba. Era incapaz de una ambigüedad de la utilización de una doble verdad. Su mismo formalismo lo había hecho orgulloso: nadie lo obligaría nunca a humillarse en la mentira. Ni en el silencio”.

Al mismo tiempo, no puede dejar de reconocerse que a través de esos mismos artículos “valientes y honestos” Kahn contribuyó como pocos a la construcción del discurso golpista que culminó con el derrocamiento de Isabel Perón el 24 de marzo de 1976. ¿Qué responsabilidad pudo haber tenido en periodista en esto? ¿Se lo puede tachar de cómplice? ¿Se lo puede culpar de ingenuo? ¿Se puede decir que no sospechaba qué ocurriría, cuando claramente era el tipo con mejores fuentes militares en la Argentina?

“A partir del 25 de mayo de 1973, fecha en que las Fuerzas Armadas llegaron al punto más bajo de su popularidad, -escribe Fernando Ruiz- se inició un proceso político que culminó el 24 de marzo de 1976 con una nueva ocupación del poder por los militares, que lideraban una alianza social que evitó toda resistencia. Durante esos casi tres años, se fue produciendo un traspaso del poder, primero homeopático y luego a grandes saltos, desde las instituciones democráticas hasta las esferas militares. Hacia el final sólo restaba el traspaso formal de los atributos del poder. Muy pocos protestaron por la creciente injerencia militar en el Estado, pues era vista como una fuerza estabilizadora, moderadora e institucionalizadora. Por acción u omisión, la construcción política del golpe militar fue una tarea colectiva”.

Jorge San Pedro, hoy periodista del diario Buenos Aires Herald, compartió algunos meses de trabajo con Kahn en La Opinión, cuando él tenía 19 años y Heriberto ya se había convertido en el mentado periodista estrella. “No lo trataba demasiado, pero era una persona muy amable, con sentido del humor. De todas formas él no pasaba tanto tiempo en la redacción, sino que la mayoría del tiempo estaba en la calle, era conocido su contacto muy estrecho con las fuentes militares”.

Luego agrega: “Respecto de qué responsabilidad se le puede adjudicar en cuanto a la construcción del discurso golpista, es algo difícil. No hay forma de saber qué pasaba por su cabeza, pero personalmente pienso que él pudo haber comprado de buena fe esa idea que proponía que los militares sólo recuperarían el monopolio de la fuerza para retornar luego un orden democrático, una idea que por lo demás estaba bastante extendida. No se puede negar que Kahn tuviera información excelente, tal vez pueda reprochársele no haber intentado hacer un análisis más profundo y crítico de esa información para poder leer correctamente la realidad. Pero creo que es probable que él ignorara completamente lo que ocurriría, así como mucha gente honesta que apoyó en principio el golpe sin siquiera imaginar lo que se venía: un plan de represión sistemática y asesinatos en masa”.

¿Habrá siquiera sospechado el periodista el negro panorama que se avecinaba? Algo, tal vez, pueda entreverse en esta anécdota que cuenta Mochkofsky:

“También a Heriberto Kahn la conciencia de lo monstruoso le llegó mediante una experiencia personal. Un día, apareció frente al escritorio de Casasbellas, pálido como un muerto, y le rogó, con tono urgente: ‘Quiero hablar con usted’. Casasbellas lo hizo pasar y cerró la puerta. ‘Tengo que decirle algo muy grave –dijo Kahn-. Entraron al departamento de una amiga mía anoche, le reventaron la puerta, le sacaron todo lo que tenía, le destruyeron todo y se la llevaron. No sé qué hacer’. Casasbellas estaba sorprendido. ‘Pero usted, con tantos amigos…’. ‘Ya fui a verlos –dijo Kahn, con la voz quebrada-. ¿Sabe qué me dijeron? ‘No te preocupes, olvidate del tema’. Estaba desolado. Casasbellas lo llevó a la cafetería del diario, para ver si un trago de café caliente le devolvía la compostura. No pudo resistir el impulso de decirle ‘Yo se lo advertí’, porque era la primera vez, desde el golpe, que Kahn no llegaba a él con su entusiasmo de niño y le repetía lo que sus fuentes le habían dicho: que ahora la gente iba a poder participar de la discusión de las leyes en el Congreso, que los militares crearían sindicatos impolutos, que defenderían los derechos de la gente… ‘¿Usted no cree? Usted es un incrédulo’, lo desafiaba Kahn. Casasbellas le decía que no, que simplemente tenía más años y que esas promesas eran grandes mentiras. Le advirtió que habría más brutalidad que durante el gobierno de Lanusse. ‘Usted se equivoca’, insistía Kahn”.

Poco después de la desaparición de su amiga, a Kahn lo fulminó un cáncer de páncreas que se lo llevó el 23 de septiembre de 1976. Tenía 31 años, estaba casado y tenía una hija que todavía no había completado su segundo año de vida./fuente diariosobrediarios.com

Entre la confianza y la animación.


Por Carlos Leyba

En estos 150 días el gobierno PRO se abocó a resolver problemas heredados. Como veremos conceptualmente es una tarea a medias.  Los primeros pasos fueron atender el sistema de precios relativos insostenible y la salida de un default innecesario. Le sigue la propuesta para la solución de la deuda y los atrasos jubilatorios; y la recuperación de parte de los tributos evadidos, instrumentada por blanqueo y moratoria, y el eventual retorno de excedentes fugados. Todo esto era y es necesario.

Recordemos que estos “Cuatro jinetes del Apocalipsis económico” (perversidad de los precios relativos; deuda externa; seguridad social; fuga de capitales y evasión fiscal) han asolado, juntos o separados,  nuestra economía durante varias décadas. Dominarlos es siempre una tarea prioritaria. Pero una tarea parcial.

Limitar la acción del Estado, en la economía, a ese trabajo prioritario y parcial, es absolutamente insuficiente. Y como bien sabemos lo “insuficiente” finalmente anula lo necesario. Veamos.

Nuestra historia de acomodamiento de precios relativos ha sido tumultuosa. Particularmente desde el célebre “rodrigazo”. También lo ha sido la repetida tarea de “resolver” el problema de la deuda externa. Al igual que el reiterado intento de “arreglo de la cuestión jubilatoria”. Y ni hablar de blanqueos y moratorias que suman demasiadas intentos vanos.

Son incontables los programas diseñados para abatir a esos “Jinetes del Apocalipsis”. Al “rodrigazo” (precios relativos) debemos agregar la privatización del sistema de seguridad social que Domingo Cavallo lo “arregló” con un endeudamiento en dólares de 30 mil millones. Ni hablar del blanqueo de Cristina Elizabet Fernández que tiene el récord de capital fugado en un período presidencial. Finalmente penoso recordar el “Blindaje” de Fernando de la Rúa. Y así.

Con todos esos intentos los “jinetes” han seguido vivos. Al asumir Mauricio Macri atropellaban a galope furioso y desbocado. En términos económicos, atacar esos jinetes, es intentar la reparación de esos problemas.

Muchísimas veces acudimos al mismo mecanismo actual para las reparaciones. Las necesarias reparaciones de entonces, todas fueron gravosas, y pocas veces por sus resultados – si es que alguna- fueron “acertadas”. Estas son gravosas y falta saber si han sido acertadas.

Pero en lo que no hay duda es que, desde el punto de vista del futuro, fueron insuficientes como lo demuestra el lugar en dónde nos encontramos. Aquellas reparaciones de nada sirvieron. Los cuatro jinetes, una y otra vez, se han presentado vigorosos. Es más no ha habido gobierno, en estos últimos 40 años, que no haya comenzado su faena ocupándose de resolver “definitivamente” esos problemas heredados y sus causas.

Es que, en estos 40 años, no se ha comprendido que los sistemas no se reparan. Se rediseñan. Es decir, si no se modifica la estructura – que dio lugar a esas alteraciones – es inexorable que se produzcan los mismos daños.

Las reparaciones son necesarias. Pero, si una vez realizadas, lo que sigue dominando la escena es la continuidad de las estructuras previas, el retorno de los daños es inexorable.

¿Cuál es el ADN de la generación de estructuras de precios relativos perversas?¿Cuál el de la continua apelación al endeudamiento externo?¿Cuál el ADN de la permanente crisis de la seguridad social?¿Cuál el de la fuga de capitales y su asociada la evasión fiscal? Si no se modifica el ADN, el mensaje genético, de nuestra estructura económica es claro que todo volverá como reiteradamente lo ha hecho.

Aclaremos que más allá de lo mal, desprolijo o insensato de la búsqueda – por parte de Mauricio Macri – de la solución de los problemas heredados, tal cuál estaban las cosas, la continuidad sin reparación auguraba un colosal colapso. Ni que dudarlo.

La economía K – desde su inicio – estaba condenada al colapso por la simple razón  que lejos de apuntar a una transformación genética apostó adicionalmente a profundizar el deterioro del sistema. Recordemos que pudo prorrogar el proceso “beneficioso” en la medida que los términos del intercambio (el precio de la soja) nos fueron crecientemente favorables. Cuando esa dinámica se agotó la polvareda del galope de los jinetes del Apocalipsis hizo temblar las estanterías del kirchnerismo. Las estanterías se iban cayendo sobre la cabeza de los que estaban por venir.

Néstor y Cristina Elizabet Kirchner nada hicieron en materia estructural. “La economía para la deuda” – a pesar de la quita – se reavivó con ellos: la tendencia a la deuda externa recaló tempranamente en los acuerdos con Venezuela y con Axel Kicillof incluyó a los de la República Popular China. Ambos caros. Y el último tan gravoso como para incluir las represas “La Barrancosa” y “Cordón Cliff “ a las que este gobierno – con modificaciones para paliar daños ambientales –les ha dado, asombrosamente, continuidad con la liviandad de quienes someten la “política internacional” a la acumulación de votos para hacer a la señora Susana Malcorra Secretaria General de la ONU. Lo cierto es que la represa fue (y es) una consecuencia de las “condicionalidades”, esta vez chinas, que adopta la “economía para la deuda”. Esto se suma, bueno es recordarlo, en tiempos de apertura, al carácter de economía de mercado con que Néstor le abrió la puerta al festival de importaciones chinas.

Recordemos que Cristina Elizabet, en su primera presidencia, posibilitó la fuga de 20 mil millones de dólares por año; profundizó el descalabro de la estructura de precios relativos, incluidas tarifas y tipo de cambio; y contribuyó al desbalance previsional llevando el peso de las jubilaciones al 10 por ciento del PBI – con un PBI estancado – sumado al uso de esas cajas para otras finalidades por más justificadas que fueran.

La gestión K excitó a los jinetes y construyó una nueva versión de los viejos problemas los que Macri aspira a reparar. Nada hizo para rediseñar la estructura que los producía. La gran pregunta es si lo hará Macri. ¿Logrará escapar de la economía de la especulación que impulsa el BCRA e ingresar a la de la producción que, por ahora, no tiene promotores en el poder?

Lo grave del presente es que estamos abocados a la reparación de los daños y alejados de la idea de rediseño estructural o de futuro. El gobierno está entrampado en el pasado. ¿Repiten estos jóvenes del poder – que desprecian la política y que sobreestiman su experiencia como gerentes de intereses privados – el estado de abismo acerca del futuro que viene alimentando la mismas crisis desde hace 40 años?¿Qué es lo nuevo en ellos?

Jean Tirole – premio Nobel 2014 – acaba de publicar “La economía del bien común”. Más allá de doctrinas y argumentos, sostenidos a lo largo de más de 600 páginas, lo relevante de esta obra es que recuerda que no es posible pensar la economía si no lo es a partir del “bien común”; y el “bien común” no es tal si no incluye de manera dominante la dimensión del futuro, que no es sólo lo que pensamos sino lo que estamos haciendo ahora. Henri Bergson dijo “El futuro no es lo que va a venir, sino lo que nosotros vamos a hacer”.

De eso se trata “la política” que, la gestión PRO, ha decidido por ahora ignorar. En subsidio acaban de crear una “subsecretaría” para “pensar estratégicamente”. ¿La estrategia detrás de los hechos, tres escalones abajo? Desde el punto de vista de la acción denotan el mismo desinterés por el futuro que Cristina Elizabet que creo una secretaría de “pensamiento” en manos del Licenciado en Filosofía Ricardo Foster.

Las decisiones sobre el pasado, aún si fueran soluciones, nada dicen acerca del futuro. ¿Qué es lo que está detrás de la ausencia de definiciones para el futuro?

La impresión es que lo dominante es la idea que, a partir de la existencia de “un orden”, la economía (y la sociedad) por sí solas se pondrán a marchar hacia el progreso. Claro que definir qué progreso no es una cuestión menor. ¿Qué sociedad queremos ser?

Volviendo atrás, hay una ideología, y la que manifiesta este gobierno es el “orden” del “Estado de Confianza”. Confianza es lo que dicen querer crear Macri, Marcos Peña y el espantoso gurú. ¿Qué es la confianza? ¿La confianza de quién y para qué? Por ejemplo si pago una tasa de 38 por ciento anual y plancho el tipo de cambio, entonces, genero confianza para la especulación a corto plazo. Ahí estamos.

La respuesta del gobierno para el futuro, hasta ahora, es que “reparados los problemas heredados” se habrán instalado las condiciones de “confianza”. Y a partir de ellas el prado volverá a florecer. Las inversiones llegarán incitadas por la confianza. Y la confianza terminará abatiendo la inflación. ¿Qué o quién creará la confianza en la producción, en la inversión, en la creación de empleo?

En razón de esa expectativa del PRO, “la práctica de la reparación” ha sido excluyente de todo otro proceso político. La doctrina es: nada de largo plazo, ni de consensos – sin los que el largo plazo es una quimera – ni de acuerdos globales. Nosotros creamos “orden”.

La idea motora es reparar el desorden heredado y, una vez instalado “el orden”, lo demás llegará por añadidura. Eso, para Macri, es construir el “Estado de Confianza”. Punto.

¿Será por eso que no hay nada que se parezca a una política consistente contra la inflación y a favor de la inversión real?  ¿Ni nada que responda a la cuestión central de una economía que hoy profundiza su estado de estanflación, con una tasa de inflación de más de 40 por ciento en 12 meses y una caída vertiginosa de la actividad industrial y de la construcción?

Con el blanqueo post holdouts los PRO apuestan a la llegada de miles de millones de dólares y a fuertes impactos en la recaudación para 2017.

Por ahora “la confianza” está relegada al colosal “pedal” financiero montado sobre las tasas de interés de Lebac y el tipo de cambio en retroceso, el que genera una tasa de rendimiento en dólares que llena de “confianza” a la especulación y que, lejos de alentar exportaciones, alienta el proceso importador. Es decir contribuye a la “economía de la deuda” y así …

Todo este enfoque demasiado elemental, aviva la idea del derrame que, finalmente, es la doctrina del mercado. Una doctrina que deja al “bien común” como un resultado; y no como una búsqueda. En esa visión, parangonando a Alfonso El Sabio, sólo hay cuestiones que el marcado ha arreglado y otras que el mercado arreglará.

El “Estado de Confianza” – lo que propone Macri – es eso. El mensaje PRO es: arreglamos los precios relativos (¿qué set de precios relativos?), el default, la cuestión jubilatoria y el blanqueo y – en esas condiciones – la “confianza” edifica una nueva economía. Creen eso. Hombres de fe laica.

Frente a esa visión lo realmente nuevo, como siempre, es algo que se ha olvidado. Algo que esta nueva gestión o desconoce o ha olvidado; y que la anterior, para no ir más atrás, ignoraba o había olvidado: el “Estado de Animación”.

Si Macri aspira al “Estado de Confianza” podemos decir que es el espejo del “Estado de Desconfianza” al que apostó y puso en práctica el kirchnerismo: un Estado amarrado, ansioso de ninguna regla, a la discrecionalidad.

El “Estado de Animación” tiene que ver con el futuro y la estructura, con “lo que nosotros vamos a hacer” (H.Bergson), con el qué y el quién. Está claro es el Estado quién anima. ¿Cómo?

Primero, la estructura de precios relativos debe ser tal que anime la producción, la creación de trabajo, el desarrollo del interior y la multiplicación de las exportaciones. La presente tasa de interés desanima la inversión y revalúa el tipo de cambio. Estos precios relativos, reparados, no van por el buen camino. ¿Es acaso racional combatir la inflación con  la locura de las tasas de interés de Lebac? ¿Qué oferta se puede alentar?¿Qué presión a la baja genera en el tipo de cambio real? ¿Con  qué plan de largo plazo es compatible esta estructura de precios relativos? ¿Y la inflación? ¿Política de ingresos sin consenso? ¿O acaso procuran bajar la inflación con apertura importadora? Alianza del Pacifico, Unión Europea ¿Midieron las consecuencias? ¿Cuál es el grado de consenso para la continuidad?¿Quién puede construir “confianza” sin consenso?

Segundo, la cuestión de la deuda. Si la tasa de interés de la deuda es mayor que la tasa de crecimiento de la economía en dólares, es inexorable el crecimiento del peso de la deuda sobre el PBI. ¿Qué proyectos de balance comercial positivo hay detrás de cada esquema de financiamiento? ¿Cuál es el papel de la industria? ¿Qué política industrial se financiará?¿Qué y cómo es lo que el Estado va a animar?¿Qué estructura productiva para un país con balance comercial externo de la industria escandalosamente negativo, con un desempleo estructural enorme?

Tercero la cuestión jubilatoria. Con este nivel de empleo real, con esta escasa participación de la población económicamente activa en la fuerza laboral, con este nivel de trabajo asalariado en negro, con esta estructura de empleo. ¿Es imaginable un sistema previsional sano? No hay solución a los pasivos sin una solución al sistema laboral de los activos. ¿Cuál es la estructura y la dimensión del empleo que el Estado va a animar?¿Cuál si tenemos en cuenta que la proyección de las cuentas jubilatorias superará el 10 por ciento del PBI?

Y, finalmente, la cuestión del blanqueo. Sin duda esta vez las probabilidades de éxito son muchas. No por las normas locales sino por las decisiones internacionales. Se acabaron las guaridas. Los 400 mil millones de dólares fugados equivalen a 2 millones de puestos de trabajo nuevos con un capital de 200 mil dólares cada uno; o a 130 mil dólares para cada hogar pobre tipo; o a 13 veces las Reservas del BCRA; o a 4 veces los depósitos en el sistema financiero local.  No todo lo fugado es negro. No todo genera impuestos por el blanqueo. No todo volverá. Y lo que retorne difícilmente encuentre razones para aplicarse al aparato productivo si no aparecen señales de “animación”.

Lo que si pone en evidencia el tema del blanqueo es que el tamaño comparado de la fuga es una medida del atraso de nuestra economía.  Atraso basado en la ausencia de una moneda nacional, en una inestabilidad de precios relativos que inhibe el ánimo inversor, una “economía para la deuda” incapaz de generar una industria razonablemente suficiente, un sistema social insostenible sin creación de empleo. Y fundamentalmente atraso basado en la ausencia de un Estado Animador que existe a partir de un programa consensuado de largo plazo con herramientas eficaces. ¿Cuál es la animación del Estado requerida para invertir la corriente de fuga? La fuga, en términos de crecimiento, no es sólo la expatriación o el atesoramiento, sino también la cultura del cemento que hace que desde 1960 vivan en Buenos Aires 3 millones de habitantes y crezcan las torres de fuga … del proceso productivo.

Reparen el pasado. Si. Pero si la estructura no es rediseñada se repetirán las mismas crisis. Lo que es seguro es que el rediseño no será nunca producto del Estado de Confianza, tampoco del de Desconfianza,  sólo del Estado de Animación. No hay rediseño posible sin consensos de largo plazo que brinden horizonte.

El PRO tiene que aprenderlo porque parece no saberlo. La “animación” es política aquí y ahora. En medio de las reparaciones, necesarias e insuficientes, el tiempo no sobra. Y lo que no sobra puede convertirse en escaso.

FUENTE

La distinción de lo íntimo. Últimas imágenes del ensayo argentino.


La intimidad y la hospitalidad del género ensayístico, y la idea del ensayo como un estado de excepcionalidad son algunos de los conceptos que atraviesan el libro compilado por Alberto Giordano.

POR CARLOS SURGHI

discurso-sobre-el-ensayo-199x300¿Qué es todo aquello que el pensamiento relega a la forma de lo imposible de pensar? ¿Es lo paradójico? ¿Lo voluptuoso? ¿El egotismo mismo de quien piensa? ¿O simplemente lo distante, lo que está afuera de nosotros y muy adentro nuestro? Me gustaría comenzar así, planteando que todas estas preguntas y otras más, hacen al ensayo; a su forma, a su procedimiento, a su discurrir mismo bajo la ley de un discurso; pero sobre todo, estas mismas preguntas hacen a dos modos de acercarse a él: por medio del rechazo, y por medio de su hospitalidad. Y comienzo de este modo porque en todos nosotros, al interesarnos en el  ensayo, hay cierto interés por lo imposible de pensar pero también por las garantías que esa imposibilidad proporciona.

¿Qué significa entonces que existan cosas imposibles de pensar? ¿No tendrán cuerpo, sustancia, flotarán y así serán inasibles, livianas, etéreas; o al contrario, esas cosas imposibles de pensar serán de una materialidad bochornosa y densa, pesada como la piedra que arrastraba Sísifo y por eso mismo indignas de una tarea del espíritu? Quien haya transitado los caminos del ensayo sabrá que esos senderos se recorren por inquietud, por cierto tono melancólico en uno que lleva a tener más que un paso firme un paso dubitativo; es más, el ensayo es un recorrido para no llegar jamás a un lugar seguro, es casi una invitación a reiterar pasos en falso. Pero entonces, ¿por qué seguir esa senda? ¿Por qué recorrer el camino incierto –en cierto sentido el camino del padecimiento– con obstáculos tanto internos como externos?

Sólo hay una forma de recorrer la lectura o la escritura de un ensayo, y es por medio de la persecución fantasmática que el género mismo plantea. En definitiva lo que se busca, lo que queda y lo que el ensayo mismo crea, no es otra cosa más que la intimidad de toda aventura intelectual. Las aventuras de lo imposible guardan entonces esa recompensa secreta: un saber intransmisible del sujeto que ensaya, una verdad del yo que se hace pública y que invita a que otros ejercicios de verdad la imiten. Pero en todo caso sin la certeza de que el ensayo invita a pensar lo íntimo, no es posible pensar otra de sus características que vuelven hospitalario, dichoso, pronto a replicarse.

Tal vez en la siguiente cita podamos encontrar esa hospitalidad de lo ensayístico para con lo imposible que nos hace seguir el camino trazado por el género. Al intentar escribir sobre un poema de Juan L. Ortiz Oscar del Barco anota lo siguiente: “La poesía es lenguaje común sacralizado, fuera de sus estructuras lingüísticas habituales. No se puede hablar de poesía con el lenguaje común, o puede hablarse con el lenguaje común desencajado de sí, en un estado, digamos, de excepcionalidad”[2]. Me animaría a decir que el ensayo comparte ese estado de excepcionalidad, además practica y propicia ese lenguaje común salido de sí. Y lo hace justamente en virtud de no reducir lo imposible de pensar, poniendo lo imposible por delante de cualquier rigurosidad que lo descarte y lo exilie en el territorio de lo indemostrable, lo indecible o lo improductivo. Es casi seguro que hay algo del rapto poético en el ensayista al valerse de imágenes, figuras o la prepotencia del puro estilo que lo habilita a confiar en el lenguaje como forma, y así introducir cierto extrañamiento en el pensamiento que, de otro modo, se vería excluido por la función meramente comunicativa del discurso. En un caso extremo, todo ensayista sería siempre otra cosa, del mismo modo que lo es la crítica en esta afirmación de Harold Bloom: “toda crítica es poesía en prosa”[3]. Ahora bien, ¿todo ensayo no es poesía del pensamiento escrito en una prosa excepcional? ¿No es una novela sin personaje, sin la tiranía del argumento? ¿No es el ensayo un poema anterior y siempre futuro a lo que podemos conocer? Si extremáramos entonces esta especie de vínculo secreto entre el procedimiento y el resultado, el libro que compila Alberto Giordano[4]vendría a ser una especie de reunión de momentos excepcionales a lo largo de casi 20 años en los cuales el ensayo, lo ensayístico y el ensayista han gravitado sobre las ciencias sociales haciendo su trabajo: volverlas más próximas a lo imposible.

Pero veamos el prólogo a este libro, suerte de ensayo sobre los ensayos que lo continúan, ahí Alberto Giordano afirma que “el desafío ético del pensamiento crítico es cuidar de lo impensable aunque violente o suspenda el curso de la razón especulativa. Lo imposible es justamente algo impensable, y lo impensable es un estado de excepción. El desafío ético que ve Giordano es entonces una petición de principio por la autonomía de las formas; tal vez la pregunta metódica que guie cada desafío sea cómo resguardar  la excepcionalidad por sobre la prosa del mundo. En esa tarea el ensayo procede como un dispositivo para desarmar la legitimación del saber, la cristalización de lugares comunes y ciertas políticas de lo legible; lo que busca entonces es ni más ni menos que lo que más adelante se señala como su mayor ambición: “la impugnación de las totalizaciones conceptuales”. Pero, ¿en función de qué llevar adelante dicha impugnación?

Giordano ha sabido darle al ensayo su condición particular: la de ser una práctica que pertenece a una comunidad, una comunidad bastante singular, que ve el mundo desde “lo intransferible de las experiencias individuales”, o deberíamos decir, que se permite pensar de un modo más cercano a la vida y sin el reduccionismo de la mediación teórica, o por qué no, que se permite pervertir las teorías para hacer de ellas simples excusas en las cuales ver “un yo en trance de hacerse reconocer por las huellas irrepetibles que el estilo deja sobre el discurso de los saberes y las morales” cuando todo conocimiento responde a una “ocurrencia conceptual” y a “mociones afectivas”.

Ahora bien, ¿no sería el discurso del ensayo una genealogía de esa comunidad que, barthesianamente y recurriendo a Stendhal, podríamos denominar como few happy? Me gustaría proponerles una lectura de este libro como un recorrido por los momentos capitales en los cuales, el pensamiento crítico argentino, se vio llevado a plantear estrategias de sobrevida, procedimientos de resistencia, elogios y defensas de lo puramente intempestivo ante aquello que amenazaba la presencia casi secreta de esa comunidad: el consenso académico, el amplio e impersonal “nosotros” del discurso científico. Dicha genealogía entonces no atendería tanto a los nombres, los sujetos o las firmas en el firmamento del género; sino a las problemáticas, los núcleos de sentido, las constelaciones de un cielo lleno de interrogantes que podemos encontrar en el ensayo.

¿Hay un método y un público para el ensayo? En 1984 en unas jornadas dedicadas a la producción crítica, Beatriz Sarlo se interrogaba sobre la efectividad de todo trabajo académico. En pocas palabras: ¿a quién interesa el discurso de la crítica? Y no porque se deba acordar la pertinencia de algo por su interés, sino porque la naturaleza misma de un objeto, al que Sarlo llama “evanescente”, ha cambiado. La lectura de Sarlo deja ver por detrás una serie de operaciones, tanto a nivel de la lectura como de la escritura, que suponen una distancia entre el público y los especialistas, entre el ensayo y la literatura, como si cierto vicio rigorista desplazara de la disputa cultural a los lectores de Sur frente a los novísimos semiólogos o sociólogos que se han vuelto ciertamente ilegibles en los caminos de la especialización disciplinaria y la especificidad teórica. Sobre esa especie de tierra baldía de la prosa se sitúa Sarlo y se pregunta si ante la fechitización del propio lenguaje, con “rasgos fuertemente iniciáticos” [5], es posible retornar a esa edad dorada del ensayo que comienza con Sarmiento y llega tal vez hasta Juan José Sebreli.

Es extraño, una literatura tan corta y tan mala que nace junto a un género tan prolífico en cuanto al despliegue natural de las ideas. Lo fascinante de esta postura de Sarlo es que el ensayo parece prescindir de la mala prosa, y en un abrir y cerrar de ojos, funda lo académico, el orden del juicio, la asistencia del valor, los programas y las cátedras. Ya en 1980 Raúl Beceyro poniendo al día una lectura sobre Benjamin y su carácter excéntrico, había señalado no sólo que el ensayo se despreocupa de toda aplicación utilitaria –ese gran Otro de la ciencia– sino que también funciona como una negación del concepto entendido cual una totalidad[6]. Si cruzáramos el método de Sarlo y Beceyro nos daría como resultado que podríamos leer los fragmentos más afines a nuestro gusto dentro de la literatura argentina y conformar así una constelación de citas, partes, restos representativos de una mala literatura que se corrige en el buen ensayo. Recuperando la preocupación de Sarlo por el interés del discurso de la crítica, podríamos señalar que el ensayo mismo es quien más se interesa por él, casi hasta el punto de prescindir de lectores y así resguardarse de cualquier fin. Habría entonces que preguntarse también, frente a este discurso sin destinatario, y frente a este método de lo singular, si el ensayo no es una ciencia de lo incierto, una justificación del gusto, el ABC de lo intempestivo.

En la revista Sitio, Eduardo Grüner propone pensar el ensayo como un acontecimiento de la lectura, como algo que hace aparecer el texto mucho antes y mucho después de su escritura[7]. El ensayo es entonces una práctica de la astucia antes que una demostración argumental, pues acontece como puro azar de una genialidad hecha presente y se vuelve abiertamente estilo del pasado en un nombre reconocible. Sin embargo este procedimiento, que se vale de la figura del ensayista como impugnador, como refutador serial, casi un coleccionista de detalles en la enciclopedia de la cultura, se centra en un aspecto fundamental: la deslectura, o mejor dicho, la atención del ensayista puesta sobre el fracaso y el error. Por caso, cuando Mallarmé se propone aislar la esencia de lo poético y fracasa, ¿qué es lo que queda?, “figuras de una belleza incomparable”, dice Grüner. Los restos, lo que queda, son figuras que corroboran ese fracaso. Pero también esa corroboración de que la esencia de lo poético es imposible de reducir es la corroboración de que el ensayo ingresa en toda discusión por la puerta clausurada; y a la vez, de que el ensayo se justifica en una razón instrumental de la belleza. El ensayo pasa a ser la escritura de la lectura de ese error. Y en vista de que todo error es único, el ensayo fundaría así una ciencia de lo particular que se ve llevada a leer los silencios de la ciencia, a ejecutar la música silenciada por el crítico, a dar rienda suelta al imperio de los sentidos.

Ciencia entonces de lo excluido que termina siendo singularidad. Tal vez habría que señalar la riqueza de ese silencio, hacer un elogio de su permanencia solapada pues en él se da lo que Carlos Kuri distingue como “el punto de irrupción del yo en el saber” o la “huella de la alteración del saber como propiedad epistemológica” [8]. Y así, en su fuga siempre hacia delante, el ensayo es también reivindicación del egotismo. Pues sin la tensión propia de la presencia del yo, el género como tal sería imposible. Desde Montaigne hasta la actualidad el ensayo ha sido una pasión alegre que aquí y allá se permite un uso y abuso de la voz, una confianza por demás plena en la invención que nada tiene que probar, salvo tal vez que su rigor reside en llevar el lenguaje hacia lo poético, hacia la siempre cambiante experiencia de lectura que, en palabras de Cristófalo, “deja ver la conciencia dialéctica de una conciencia” [9]. Frente a lo incierto entonces el ensayo es un método de lectura que sirve como inspiración, rapto, o como lo que en 1911 Lukács llamara “acontecimiento anímico”. Así ni remotamente el ensayista pensará en proponer una verdad, ni siquiera una versión de aquello que ante sus ojos permanezca fijo por unos instantes; en todo caso atravesará ciertas problemáticas a las cuales tal vez entienda como paisajes de lo subjetivo, territorios donde “su cometido no es una búsqueda sino una estancia en la verdad”, como señala Gregorio Kaminsky[10]. Siguiendo este último razonamiento podríamos decir que el misterio y la verdad llaman al ensayista; y en ese llamado éste hace su camino de formación, el cual se realiza y concluye en la forma de un “pensar crítico escribiéndose”. Pero entonces, ¿no podríamos pensar el ensayo como una novela del espíritu que se escribe en ese pensar crítico?

En la lógica misma del ensayo existe una atemporalidad singular, palabras como espíritu, forma, esencia y alma son tan actuales como dispositivo, hegemonía o cualquier otro término que podamos imaginar. Esa licencia extraordinaria en su uso no es más que una distinción que termina haciendo del ensayo una verdadera aristocracia de lo imaginario. Pero también me gustaría señalar un rasgo distintivo que está presente en lo permisivo del ensayo, y es su carácter decadente, tal vez lo más difícil de leer en él, pues a simple vista parce una apreciación negativa cuando en realidad es una de sus principales virtudes. Como género el ensayo moderno se posiciona en una línea crítica que va de Lukács a Musil y de éste a Adorno; pero que podríamos también traducir como un movimiento que se orienta desde el irracionalismo de comienzos de siglo XX hasta la forma como negatividad estructurante en el procedimiento especulativo de la cultura centroeuropea. El ensayo se consolida y se clausura en el límite mismo de la razón, en el borde de un abismo fascinante que no puede franquearse y que no habilita la posibilidad de retroceder. No es casual que Freud llamara a sus escritos ensayos, cuando en realidad han pasado a la historia por ser fuertes críticas a la razón misma sobre la que se fundan las bases de occidente. Es más, los ensayos de Freud son verdaderos saltos en el vacío, tentativas por ver algo al otro lado donde la noche de la mente es verdaderamente un abismo. Existe entonces en el ensayo un presente continuo que siempre es epigonal, que siempre está avizorando una crisis, una ruptura, la suspensión de todos los valores. Por caso para Nicolás Casullo[11] el ensayo busca principalmente rescatar ciertos restos de espiritualidad que han quedado sepultados luego de la desacralización del mundo. Es más, para él Robert Musil en sus textos críticos “ensaya un sendero biográfico del alma en la escuálida subjetividad moderna”.

Si bien dicha actitud tardoromántica se remonta hasta Novalis, queda claro que se evidencia mucho más fehacientemente en la tensión entre la palabra y el mundo, entre el decir nada que la misma razón ha estipulado como límite y el decir algo que para Casullo sería el bildungsroman del ensayo: “comprender después de la razón hegemónica”. Como señala Horacio González[12], el ensayo no es otra cosa más que introspección, pero gracias a un saber que se ha vuelto “problema cuando se ha vuelto escritura” (86). De este modo lo que podríamos llamar, con Giordano, la novelización del saber, en un sentido de forma y espíritu absoluto, es también lo que Mattoni[13] llama en una aplicación hegeliana al género “una objetivación de lo subjetivo por el trabajo de la fuerza expresiva del sujeto que toma los medios que la forma le ofrece”. El carácter pasional del ensayo como confrontación de ideas, vértigo de una peripecia sin héroe y finalmente como consumación de una transformación sin objeto, representa lo que deberíamos llamar un romanticismo expandido, pero también lo podríamos llamar un pensamiento derruido, una nueva fascinación por lo profundo circunstancial.

Sobre el final de este libro, Juan Ritvo desarrolla tal vez el acercamiento más original al género: el ensayo se sustenta sobre una mística de la interrupción, la cual no hace otra cosa más que crear el silencio entorno y suspender el denso continuo, cortar el hilo de todo ritmo propiciando así el surgimiento de una nota que da cuenta de la música inestable, lo que nosotros llamaríamos la desorientación del sentido[14]. En medio de ese verdadero hallazgo Ritvo propone un ensayo que en sus interrupciones genere una continuidad de lo momentáneo o también su abolición esporádica, que en el después de la interrupción deje entrever el punctum del ensayo o, más bien, deje escuchar la música silenciosa del pensamiento. Creo que en esta última figura podemos ver una clara cifra del ensayo como una silenciosa novela del espíritu, como esa aventura en la cual saber e intimidad se propagan en una indistinción absoluta.

En La palabra quebrada Martín Cerda señala que “escribir sobre el ensayo exige siempre escribir ensayísticamente, es decir de manera fragmentada, discontinua y exploratoria”[15]. Giordano al reunir cada uno de estos textos ha trazado el itinerario intelectual y vital del pensamiento argentino puesto en una zona de riesgo. Cada uno de ellos podría funcionar por separado como un pequeño fragmento de la constelación mayor de la cual proceden. En esa soledad está justamente el riesgo de pensar trascendiendo las convenciones; pero también la satisfacción de leer un horizonte mucho más allá de la propia palabra. Para concluir podríamos decir, un tanto adornianamente, que este libro sobre el ensayo sólo es posible al convocar a otros ensayos, al multiplicar al infinito las posibilidades de esa comunidad de la escritura y la lectura, al permanecer siempre en estado de atención por la forma imposible que vendrá. Pero, ¿cuál será esa forma, en quien encarnará, por cuanto tiempo será visible? De momento, en cada ensayo asumiremos el compromiso ético de no desvirtuar su forma de resistencia, de no perder de vista la distinción de lo íntimo que supone todo pensamiento a contramano del sentido del mundo.

FUENTE

[1] El presente texto fue leído el día 31 de marzo en el Museo Genaro Pérez en la presentación del libro El discurso sobre el ensayo en la literatura argentina de los 80, compilado por Alberto Giordano.

[2]“Consideraciones sobre un poema de  Juan L. Ortiz” en  La intemperie sin fin, Alción, Córdoba, 2008, pág. 194.

[3] La angustia de las influencias, Monte Ávila Editores, Caracas, 1991, pág. 111.

[4] El discurso sobre el ensayo en la cultura argentina desde los 80, Santiago Arcos editor, Buenos Aires, 2015.

[5] “La crítica: entre la literatura y el público”. Este ensayo fue una conferencia pronunciada en el ciclo Los escritores, la producción y la crítica que se realizó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en 1984. Luego se publicó en Espacios de crítica y producción en 1994.

[6] Nos referimos a “El proyecto de Benjamin”, publicado en Punto de vista, noviembre de 1980.

[7] El ensayo de Grüner se publicó en 1985, en el número 4/5 de Sitio.

[8] “De la subjetividad del ensayo (problema de género) al sujeto del ensayo (problema de estilo)” en El ensayo como clínica de la subjetividad, Marcelo Percia (Comp), 2001.

[9] El texto de Crstófalo, “Dialéctica del ensayo”, se publicó originalmente en El ojo mocho. Revista de crítica cultural, en el otoño de 1993.

[10] En “El alma y las formas del ensayo. Lukács, con la visión de Sócrates”, publicado originalmente enEnsayo y subjetividad, compilado por Marcelo Percia, 1998.

[11] En “La in-quietud del alma”, publicado originalmente en 1998, Ensayo y subjetividad, Marcelo Percia (Comp.).

[12] “Elogio del ensayo” en Babel. Revista de libros, 1990.

[13] “El ensayo y la doxa”, publicado originalmente en el libro El ensayo (La crítica de la cultura en Adorno. La irrupción del saber en la subjetividad, 2001.

[14] “El ensayo de interrupción”, Leído en el coloquio Retóricas y políticas del ensayo, Rosario, 2001; y publicado en Boletín/10, Rosario, 2002.

[15] Ediciones Universitarias de Valparaíso, Chile, 1982, pág. 11.

Revista Espectros Nº2


GABRIEL MURO / EL QUIRÓFANO FRACTAL

Ya está online la revista Espectros, número 2, que co-edito junto al sociólogo Leonardo Sai.

Con trabajos de: Julio Sevares, Manu Silvero, Ana Natalucci, Franco Basaure, Guido Leonardo Croxatto, Flor Tittarelli y Gerónimo Erdmann Mc Donald, Natalia Navia, y Lucas Rubinich, y de los editores.

Esta edición incluye una entrevista exclusiva al ensayista alemán, Joseph Vogl. Asimismo, hemos recuperado una pieza de León Rozitchner llamada “La sombra del Facundo”.

En la sección videos, una entrevista a Gabriel Vommaro, autor de Mundo PRO, y el poderoso documental de Alejandra Almiron “Behavioral Cut Ups”

Sean nuestros huéspedes y hagan click nomás:

http://espectros.com.ar/numero-actual/
http://espectros.com.ar/videos/

Espectros_Portada nro 2

Ver la entrada original

DE LA BATALLA CULTURAL A LA FRACTURA SOCIAL


Por Martín Rodríguez 

Algunos intelectuales hablan del nuevo gobierno como de un “cristinismo invertido”, un cristinismo de “derecha” que repite el manual de estilo: exaltación del decisionismo (todos los días una nueva medida que nadie conocía), nulo reconocimiento de la victoria electoral como logro colectivo (el 51% de Macri como el 54% de CFK, dejando a los radicales a un costado), concentración en la política de comunicación y un desdén por las convenciones institucionales, aquellas que hacen los procesos de gobierno más lentos, previsibles y acordados. Hay una diferencia notable entre macrismo y cristinismo (más allá de las “derechas e izquierdas”): una de las creencias más firmes del ideólogo Durán Barba es su tirria al microclima ideológico, al hábitat natural del militante político, donde ponen a jugar sus imaginarios, su teatro de sombras chinescas. El ecuatoriano cree que a la mayoría ciudadana sólo le importan las cosas concretas.

Así, el PRO evalúa como “costo menor” el efecto de decisiones autoritarias que, vislumbran, no afectan la vida cotidiana del común de la gente, sino a una porción menor de politizados que se expresan públicamente (sobre todo) en la ciudad donde el PRO gana las elecciones. Modifican la ley de medios (beneficiando a todos, principalmente a Clarín, borrando cualquier límite a la concentración), migran el Fútbol para Todos a las viejas/nuevas manos privadas (¡leer el TL de Fantino!), encarcelan a Milagro Sala por Protestar, etc. El macrismo actúa como un Estado Islámico: su ocupación del poder significa una suerte de profanación de los templos sagrados kirchneristas. ¿Por qué lo hace? Porque puede.

“EL MACRISMO ACTÚA COMO UN ISIS: SU OCUPACIÓN DEL PODER SIGNIFICA UNA PROFANACIÓN DE LOS TEMPLOS KIRCHNERISTAS”

Información que está haciendo circular ATE Capital, el sindicato de empleados del Estado, repasa dónde está el meollo de los despidos nacionales: el Ministerio del Interior, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Cultura (el Centro Cultural Kirchner), el Ministerio de Industria y Secretaría de Comercio Interior, el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, el Ministerio de Seguridad, Jefatura de Gabinete y Presidencia y organismos como AFSCA, OCCOVI u ORSNA. ¿De cuántos despidos hablamos hasta hoy a nivel nacional? Más de 4000 (el gremio actualiza permanentemente los números). La comisión directiva de ATE Capital se toma el trabajo de pasar en limpio los números concretos para no alimentar una sensación térmica paranoica. ¿Qué son 4000 despidos sobre la base de un total de más de 400 mil trabajadores estatales distribuidos en la órbita nacional entre el PEN, Entes Autárquicos y empresas del Estado? Proporcionalmente, y por ahora, pocos. Vistas de cerca muchas de esas historias resultan una colección de arbitrariedades para el disciplinamiento interno en la administración pública nacional y un mensaje social puertas afuera que dice: el Estado no es un lugar al que aspirar.

En Seguridad  despidieron a embarazadas o mujeres en lactancia. Y despidieron a un hombre de 60 años que llevaba diez años de funciones que terminó sufriendo un ACV. El macrismo opera sobre un sentido común simultáneo al del consenso que existe sobre el rol regulador del Estado en la vida económica: es el consenso contra el “privilegiado” trabajador estatal. El 1 de diciembre el “especialista en sociedad”, Guillermo Oliveto, publicó en el diario La Nación el resultado de un estudio que medía la paradoja de que el triunfo macrista se asentaba sobre la aprobación mayoritaria que tienen muchas políticas estatistas: desde la SUBE, las jubilaciones gestionadas por el Estado o la nacionalización de YPF. Estado y trabajador del Estado aparecen escindidos en el imaginario oficialista: se acepta (y repentinamente celebra) la nacionalización de YPF o Aerolíneas, pero simultáneamente se apunta contra los “ñoquis” en una controversia que tira al montón. Resulta tan tóxico como alimentar el “odio” de un vecino pobre contra el otro vecino más pobre que “cobra el Plan”: el Estado presentado como un dador de privilegios. Como el tío bobo al que le asaltaron la casa los sobrinos militantes. Ese sentido común es popular en Argentina y la retirada kirchnerista le hizo el juego bravamente. Pero la noción del “ñoqui” es una intuición que tiene una tradición. También Menem diseñó su política de reformas con ese sentido “justiciero” aunque en un contexto drástico: había que sacarse a las empresas del Estado de encima (y a sus trabajadores también). El mundo de lo privado versus el mundo de lo público reponen su duelo callejero.

 

“EL KIRCHNERISMO TIENE UNA FACTURA: AYUDÓ A CREAR AL PRO, HECHO A SU IMAGEN Y DISCREPANCIA.”

Durán Barba no experimenta sólo por su oráculo de focus groups que guían el “discurso sensible” del PRO, sino que promueve una política dirigida a una mayoría silenciosa que no gusta de la política y que evalúa las gestiones según la vara de su propio beneficio. Es un convencido de la posmodernidad, y en el baile en el balcón o en la foto del perro en el sillón de Rivadavia está el eco de su sonrisa. (Dijo hace días: “Yo siempre me reí del poder. Y me gustan los mandatarios que son capaces de reírse del poder y de sí mismos. Si ponemos a Balcarce cuando Mauricio es presidente, estamos diciendo ‘no nos la creemos, no somos dioses. Balcarce viene acá y está perfecto, somos seres humanos comunes’. Es el mensaje más profundo de la campaña de Mauricio.”) Para el macrismo, el kirchnerismo es una especie de tribu urbana formada esencialmente por progresistas con sus rutinas, símbolos y retóricas que viven frente al “nuevo gobierno” la zozobra de una profecía autocumplida: viven la “resistencia” que desearon vivir frente a un gobierno liberal. Es que el kirchnerismo tiene una factura: ayudó a crear al PRO. Desde 2003, el PRO fue hecho a su imagen y discrepancia. Son los dos hijos de la crisis. Y Cristina y los cristinistas se confesaron más cómodos y estimulados frente a Macri que frente a cualquier peronista díscolo, a quien consideraban más “vidrioso”, rebelde y peligroso (“Macri dice lo que piensa, es lo que parece”, y cosas así que se hicieron realidad). Y Macri actuó también bajo los parámetros de la representación que hicieron de él sus otros: invertir el universo simbólico kirchnerista. Pero el macrismo tendrá cita con el Congreso, con los sindicatos en las paritarias, y detrás, también, con una ristra de organizaciones sociales como la franciscana CTEP, la TUPAC, el Evita, etc., que componen un cuadro social tensamente equilibrado que desconocía y empieza a conocer. Los empoderados de Cristina no existen: existe un país fibroso con hambre de igualdad, competencia, desquicio, un país de agremiaciones. Las inconsistencias evidentes de la construcción “purificadora” del ciclo 2011 – 2015 sólo tardaron dos meses fuera del poder para verse a la luz.

 

“LOS EMPODERADOS NO EXISTEN: EXISTE UN PAÍS FIBROSO CON HAMBRE DE IGUALDAD, COMPETENCIA, DESQUICIO”

 El gobierno provoca el ideario kirchnerista pero hizo algo más que desmontar su durlock: devaluó. ¿Era la crónica de una devaluación anunciada y era la devaluación que “iban a hacer todos los candidatos”? Seguramente. Pero ocurrió. Y la gran pregunta es: ¿qué harán los sindicatos? Porque si este gobierno es un gobierno pragmático basado en el hacer “lo que hay que hacer” de la economía, la respuesta social será pragmática: ¿me alivia o me perjudica a mi economía doméstica? La posmodernidad pedagógica te deja más a solas con tu bolsillo. ¿No quieren relato? Pues bien: entonces quieren economía, pura economía. MI economía.

¿Qué harán los sindicatos?

El fondo de la tirria entre Moyano y el kirchnerismo (más allá de muchas particularidades y negociaciones), como apunta la socióloga Ana Natalucci en su investigación sobre sindicalismo y kirchnerismo, es el  retorno a un peronismo sindical, ese intento por “recuperar su estatuto de sujeto político, reflejada en la idea de columna vertebral del movimiento”, algo que en 1983 pareció sepultarse. En el acto en River de octubre de 2010, el líder camionero soñó en voz alta con un presidente trabajador y a Cristina no le hizo ni media gracia. La solución Caló llegó: un sindicalismo más a gusto con su rol corporativo. Moyano en cambio promovía la politización del sindicalismo que lo re-erigiera como el sujeto político del peronismo, y fue promotor de figuras para la política. Un ejemplo paradójico: Héctor Recalde.

Se sabe que para el despliegue deseado del capitalismo en Argentina la primera piedra en el zapato es el alto nivel de sindicalización. Ahí empieza un límite para el PRO: las negociaciones salariales donde Macri camina sobre las brasas de su 51%, es decir, los miles de trabajadores que lo votaron. No le toca lidiar con la Argentina de “la grieta” cultural sino con la Argentina de la fractura social: no contra los “empoderados” de Parque Centenario sino con los empleados de Cresta Roja, los sindicalizados, los que no se bajan del consumo, esa Argentina aspiracional que no quiere ser la carne de cañón del sacrificio para que un día llegue el desarrollo, sino saciar el hambre de consumo y mantener estándares de vida en el marco de un país donde el Estado no garantiza buena provisión de salud o educación, para empezar. Miguel Ángel Villegas, un empleado de Cresta Roja que fue desalojado a gomazos de la Richieri gritaba: “Yo lo voté a Macri porque quería un cambio. Mirá cómo me pagó, no tiene vergüenza. Le dio todo a los sojeros, a los bancos, a nosotros nada”. La voz de Miguel es el fondo de la interna y reconstrucción peronista.

“EN LAS NEGOCIACIONES SALARIALES MACRI CAMINA SOBRE LAS BRASAS DE SU 51%: LOS TRABAJADORES QUE LO VOTARON”

 En Argentina el desempleo construyó una identidad política. El trabajador argentino tiene una identidad que sobrevive a la condición laboral misma: puede estar desempleado pero es trabajador. En Argentina, hasta 1976, se disputó el reparto de la riqueza principalmente en el lugar de trabajo. Ese país no existe más, pero no todo se perdió. La recuperación económica también fue sindical: la Panamericana fue el dolor de cabeza de Berni, ahí donde talla SMATA pero también el PTS. Aunque persista un 33% de trabajadores en una informalidad ya estructural. Para arrojar un dato: en 2014 hubo 1.963 convenios y acuerdos colectivos. 5.227.294 trabajadores quedaron cubiertos, al alcance de estos acuerdos. Prácticamente todos los registrados.
Macri le cedió a “Los Gordos” de la anterior CGT oficial el manejo de la millonaria caja de las obras sociales: el médico Luis Alberto Scervino, afín al secretario General del sindicato de Obras Sanitarias, José Luis Lingeri. Es la insinuación de una fórmula vieja: darle plata a los sindicatos para que representen menos. Hasta hace poco, frente a algún paro de la CGT, muchos militantes devenidos funcionarios se sacaban selfies con sus trajes en las oficinas públicas y un cartelito que decía “Yo no paro”. Si la mayor reivindicación sindical de los años kirchneristas finales era la reducción del MNI (ya que nadie, tampoco el Estado o la militancia k, representaba a los millones de informales), creían que eso circunscribía los gremios a la defensa de una “aristocracia obrera” de trabajadores en blanco con obra social.  Moyano podría decir que terminó defendiendo esa “aristocracia obrera” porque no lo dejaron hacer política. El enfriamiento de la relación del sindicalismo y el gobierno k entre 2011 y 2015 fue paralelo a la exaltación de una militancia juvenil pura con escasa raíz territorial (municipal, sindical o provincial). Los primeros dos meses de gobierno macrista y sus medidas económicas sin medias tintas colocaron incluso la sensibilidad de esa militancia en la orfandad: ahora reclaman la presencia de los gremios y una campaña de afiliación al PJ. Un repliegue a las estructuras clásicas del peronismo después de ignorarlas, despreciarlas o creerlas superadas. En la selfie de los ex funcio el cartel debe decir “¡ahora paren, párenlos!”.
Se rinde examen en marzo, cuando las paritarias y en especial, la paritaria docente, madre de todas las paritarias, junto al ciclo parlamentario se enciendan. Un formidable tuit de Ernesto Semán resume la filosofía política que advertimos: “Los que ponen la paz interior de su vida privada (nació mi hija, hago meditación) al servicio de su ideario político, son los más violentos.” El macrismo no es gratis: vino con la “sorpresa” de un revanchismo público que cree regular. Pero el macrismo empezará a jugarse la suerte en la base de su propio 51%, un colectivo electoral que trasciende sus estereotipos. Y ya no podrá vivir de los fuegos de artificio de golpear al kirchnerismo. Afuera hay un país.

FUENTE: Revista Panamá

Sobre la noción de hecho social total


Bricolage

Eduardo González Castillo

Posgrado en Ciencias Antropológicas Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa

Presentación

Cuando -al menos como estudiante- uno se topa con la noción de hecho social total, es casi inevitable experimentar ciertas dudas acerca del significado correcto del término. Es quizá su aparente transparencia lo que más desconcierta, pues, al oírlo, la definición fácil se presenta casi espontáneamente: un “hecho social total” es cualquier fenómeno social considerado en la totalidad de sus implicaciones. Cuesta trabajo, empero, creer que un concepto tan significativo para la antropología se reduzca, sin más, a una perogrullada. Desde luego, la manera más apropiada de enfrentar esta dificultad semántica consiste en la revisión de los textos y autores involucrados. A continuación, con base en lo escrito por Lévi-Strauss, Cazeneuve y el mismo Mauss, presento un conjunto de notas con el objetivo de esclarecer el sentido general del concepto referido y el orden de ideas en que…

Ver la entrada original 1.879 palabras más

La manipulación de los precios de transferencia en las exportaciones de soja argentina- Grondona, V., Burgos, M. — Blog de Veronica Grondona Olmi


Se publicaron en CD las ponencias del II Congreso de Economía Política : neoliberalismo o proyecto popular y democrático en Argentina y Latinoamérica de octubre 2015, organizado por el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (CCC) y la Universidad Nacional de Quilmes (ISBN 978-987-3920-25-7. CDD 338.113). grondona-burgos-manipulacion-de-los-precios-de-transferencias-en-las-expo-de-soja

a través de La manipulación de los precios de transferencia en las exportaciones de soja argentina- Grondona, V., Burgos, M. — Blog de Veronica Grondona Olmi

La cara y la moneda — GABRIEL MURO / EL QUIRÓFANO FRACTAL


En esta imagen, el hechicero y el técnico en economía se entremezclan y confunden. Cavallo mira fijamente, como un hipnotista, con esos ojos saltones, cristalinos, redondos, orgulloso ante el descubrimiento de la fórmula mágica que había logrado conjurar, por fin, al principal espectro de la economía argentina: la inflación. Como en una imagen publicitaria en […]

a través de La cara y la moneda — GABRIEL MURO / EL QUIRÓFANO FRACTAL