PARA QUÉ PÚBLICO TRABAJA MACRI (CHARLA CON GELBLUNG SOBRE LOS PRIMEROS 60 DÍAS)


Zuleta sin techo

• CUÁL ES EL PÚBLICO DE MACRI HOY. • EL DESAFÍO DE LAS ELECCIONES DEL AÑO QUE VIENE. • EL PERONISMO QUE SE ARMA PARA GANARLE EN 2017. • LAS VENTAJAS DE LOS PRIMEROS 60 DÍAS. • EL ACIERTO DE MOSTRAR LOS DIENTES Y LA INTOLERANCIA CRIOLLA ANTE LOS GOBIERNOS BLANDOS. • POR  QUÉ SCIOLI NO ES MASSA. • UN DIÁLOGO CON CHICHE GELBLUNG (RADIO BELGRANO, AM 950) SOBRE LOS PRIMEROS 60 DÍAS DEL GOBIERNO CAMBIEMOS.

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PJ, MODELO PARA ARMAR: DE LIGA DE GOBERNADORES A LIGA DE INTENDENTES


Zuleta sin techo

  • DE CÓMO EL PERONISMO VIRA DE SER UNA LIGA DE GOBERNADORES A UNA LIGA DE INTENDENTES. • EL PACTO CHAQUEÑO DE CAPITANICH CON JULIO PEREYRA. • LO QUE MACRI QUIERE CAMBIAR ES UN SISTEMA QUE SE CREO EN LA CRISIS DE 2002. • NO ES SÓLO UN CAMBIO DE GOBIERNO. • MÁXIMO NO ES UN DIRIGENTE POLÍTICO, ES UN FAMILIAR. • MÁS IMPORTANTE QUE ÉL ES SU TÍA ALICIA, QUE POR LO MENOS ES GOBERNADORA. • EN POLÍTICA HACERSE UNA SELFIE ES COMO HACERSE LA P… • UN DIÁLOGO SOBRE LO QUE SE VIENE EN 2016 POR RADIO SYNCRO.

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El ataque de los buitros IXI: The Force Awakens


economix

De la serie “Notas para el Facebook”

Después de un par de años de bombardeo mediático con el tema, la mayoría ya tiene una idea de qué son los fondos buitres: especuladores que quieren ganar mucha plata. Lo que aún se discute es el alcance de sus acciones, si hay que pagarles, cómo, cuánto, cuándo y sobre todo qué implicancias tiene hacerlo o no. Con el cambio de gobierno también hubo un cambio de estrategia respecto al tema. Se pasó de una “no-negociación” con tono de batalla épica “Patria o buitres“ a sentarse amablemente a tomar algo y charlar.

Lo que se está negociando es deuda que viene de 2001 (y de antes, y de la dictadura, y de cosas que ya ni sabemos de dónde salieron). En ese entonces, producto de la crisis, hubo un festival de bonos muy baratos y muchos aprovecharon, entre ellos los fondos buitres. Kirchner…

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Mujeres, participación política y poder: desafíos hacia una nueva forma de construcción política.


economia femini(s)ta

Publicada en Diario BAE

Por Mercedes D’Alessandro, Magalí Brosio, Violeta Guitart y Santiago Rodríguez Rey

Argentina tuvo importantes avances en la participación de las mujeres en la política: hace 70 años no tenían siquiera el derecho a votar; al poco tiempo de esta conquista Isabel Perón se convirtió en la primera presidenta mujer en el mundo y hoy acaba de dejar sus funciones Cristina Fernández de Kirchner, después de dos mandatos consecutivos. María Eugenia Vidal en Provincia de Buenos Aires, Alicia Kirchner en Santa Cruz, Claudia Ledesma Abdala en Santiago del Estero, Lucía Corpacci en Catamarca y Rosana Bertone en Tierra del Fuego, arrancan la primera temporada en que el país tendrá 5 mujeres al mando de gobiernos provinciales, que en conjunto significan casi el 40% del PBI.

Mapa del poder de las mujeres

La participación política de las mujeres se ha incrementado a nivel mundial aunque aún…

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Nosotros, los enamorados de La Academia


Donde hubo fuego

POR GABRIEL D. LERMAN

La esquina de Callao y Corrientes exhibe hoy los trastos viejos de lo que ha sido: los dolores y las noches que quedan. Pero siempre está volviendo, como dice el tango. Según una copla del siglo XVIII, la ciudad tenía “50 tabernas y ninguna librería”. Hoy, sólo la avenida Corrientes alberga más de 50 locales plagados de estantes y anaqueles. Una ordenanza dispuso en 1910 el célebre ensanche entre Leandro N. Alem y Callao, que se produjo recién en 1936, junto con la construcción del Obelisco, la 9 de Julio y las diagonales. La bohemia porteña tomó por asalto la calle de los cafés y los teatros hacia 1910, porque en verdad nació allí y entonces. Autores, músicos, ácratas y socialistas se adueñaron del paisaje a esa hora nostálgica y ávida que es el crepúsculo.
Entre el cierre de los diarios y las salidas de los elencos a medianoche, y de allí hasta el amanecer, los peregrinos se hicieron inmortales (como el café). Había un sendero tácito que unía Boedo con el centro, y el tranvía que los llevaba no sólo era el tango, aunque sí su emblema. Una respuesta tanto al elitismo como al resurgir nacionalista fue elaborada por esos hijos de inmigrantes, y en más de una oportunidad ex presidiarios políticos narraron entre copa y copa sus tempranas penas en la cárcel de Ushuaia. Cuánto ha quedado de todo aquello es un programa a develar, una trama que reaparece bajo otras formas y otras componendas.
Desde 1930, sobre Callao y a metros de Corrientes, La Academia bar y billares nunca cierra. Desde cualquiera de sus mesas puede oírse el chasquido de los tacos al iniciarse pacientes carambolas, mientras la vida transcurre sin tiempo y los naipes se barajan otra vez. Simple, de fuste, La Academia permite que las madrugadas de esta urbe puedan transitarse sin creer que uno ha bajado de una nave espacial, que se ha equivocado de barrio, que el centro ya no es centro, que la noche está vedada. A toda hora hay gente que lee apuntes universitarios o libros amarillentos o revistas que en dos días pierden vigencia. Hay grupos de expertos jugadores de pool que no abandonan el taco ni la bola 8 ni el whisky de ocasión ni esa infusión.
Un deslucimiento paulatino había ganado la zona, y las pocas marquesinas chillonas resplandecían sobre el paisaje variopinto, anunciando un deceso prematuro. La escena parecía haberse suspendido cuando la víctima agonizaba. Los últimos estertores, sin embargo, prometieron una sobrevida. Semejante tambaleo dibujaría sonrisas socarronas en los poetas que la han recreado, aunque no pocas lágrimas. Primero se dijo que el centro se trasladaba a la avenida Santa Fe, hoy en franca retirada, luego a los shoppings y por último a Palermo. Pero Corrientes mantiene en pie su parafernalia, y no hay cuadra entre el Obelisco y Callao donde no persistan librerías, restaurantes o pizzerías. Allí están: El Gato Negro, Politeama, Suárez, el Ramos, La Opera, La Paz, el Astral, Pernambuco, Pippo, Chiquilín, Güerrín, el Complejo La Plaza, Gandhi, Hernández, Losada, el San Martín, el reciente Centro Cultural de la Cooperación, entre tantos. Son marcas indelebles de ese condado libresco, teatral y gastronómico.
Resulta alentador, entonces, que siga existiendo La Academia, un lugar donde caer en cualquier momento de la noche, antes o después de aquel otro acontecimiento, y tomarse unos tragos. Resulta auspicioso, por cierto, hallar este lugar para la cita del café con quien hace tiempo no vemos. Observar el movimiento que allí acontece permite soñar que en el pasado habita una promesa del futuro. Que el reencuentro es otra manera de hacer la historia. Que volver, también, es una manera de ir. Se trata de las sombras del pasado como voces, como repertorio del porvenir.

La Academia bar billares queda en Callao 336 y
está abierto las 24 horas.

La danza de Tarantino


GABRIEL MURO / EL QUIRÓFANO FRACTAL

Los ocho mas odiados

El tarantismo era una enfermedad convulsiva que en el medioevo italiano se creía era causada por la picadura de la tarántula, araña común en la zona de Taranto, al sur de Italia. El saber popular medieval prescribía bailar frenéticamente para curar la enfermedad, haciendo al enfermo danzar hasta sudar la ponzoña del arácnido. De allí proviene el baile de la Tarantella, en donde la persona contagiada no danzaba sola, sino que el pueblo entero la acompañaba en el trance, afectado por una especie de posesión musical. El antropólogo italiano Ernesto de Martino estudió el fenómeno de la tarantela en la década del cincuenta, cuando en el sur italiano aún persistían algunos vestigios de este antiguo rito mágico. El baile desataba verdaderos fenómenos de histeria contagiosa en donde decenas de personas empezaban a bailar una danza de fuerte carga sexual. En verdad, la Tarantela es una forma de la coreomanía, extraño…

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¿Crisis china?


sur-versión

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El día de hoy ha tomado a todo el mundo con una nueva mala noticia: se habla del inicio de otra gran crisis financiera como la del 2008 y los años 30 del siglo XX pero peor, dada la caída de los principales índices bursátiles a nivel mundial. Primero fue la Bolsa de Shanghai, con una caída de un 8,5% en su peor jornada desde 2007,que terminó arrastrando al resto de Asia. Le siguió Europa, donde las bolsas han tenido sus peores caídas en varios años, lo que no es un dato menor si se toma en cuenta que estamos hablando de años especialmente malos. Y luego Wall Street que llegó a derrumbarse un 7%, para desembarcar en la bolsa de Sao Paulo, también con caídas históricas.

También se nos dice, tomando en cuenta la trayectoria de los hechos claro está, cuál es la razón de toda esta nueva…

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De La Doctora a Macri a través de Massa


CÓMO GANAR AMIGOS III: Epopeya de los peronistas perdonables.

 

escribe Jorge Asís, especial
FUENTE: JorgeAsísDigital.com

Previas
Kirchnerismo y macrismo

unnamed (1)Ser crítico independiente del kirchnerismo, como ser crítico independiente del macrismo, significa asistir a la reiteración histórica.
Ambas anécdotas políticas mantienen el arranque similar.
En el despegue, Kirchner disfrutaba del apoyo del medio más importante. Clarín. De ciertas voces respetadas (que paulatinamente iban a cambiar), y de la franela verbal de los abundantes Buscapinas de medialuna enarbolada.
En 2003 o 2004, criticar a Kirchner era una suerte de profanación. Señal que el crítico “porque se había quedado afuera estaba enojado”.
Con Macri se reitera la banalidad de la argumentación. Si se le señalan criticas, aunque sean leves, es “porque el crítico se quedó afuera. No le dieron nada”.
La declinación intelectual ya deja de alarmar. Se transforma en hábito.

Acotación parroquial.
Como el kirchnerismo en su momento, el macrismo nada le “debe” al Portal independiente.
Coincidencia diáfana: el Portal, al macrismo, tampoco le “debe” nada.
A mano, entonces. Empatados.
Con el vigente Periodo de Gracia hasta el próximo 10 de abril.

J.A.
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La “montaña mágica” de Davos

Los gobiernos incipientes, sin mayor originalidad, se inician con la tentación de las alianzas transversales.
Consecuencia de la fragilidad del origen. Con el emblema de la gobernabilidad, se recurren a otros apoyos prestados. Individualidades de distinto tenor que procuran anotarse. Hasta para hacer algo rentable el ejercicio de la oposición. O -lo peor- del llano.
Tal como un peronista “macrizado” le dijo a otro peronista que vacilaba.
“Ahora puedo ofrecerte esto. O podés esperar, una de dos, cuatro años”.

Con el Kirchner inicial, en explicable búsqueda del poder propio, brotaron los transversales por doquier. Con la picardía participativa de Luis Juez. Con la estampa venerable de Hermes Binner. O con la permeabilidad progresista de Aníbal Ibarra.
Pero el Macri inicial desembarca con un poco más de fuerza por la presencia de los radicales que le desconfían. Y a quienes desconfía. Entonces emergen los peronistas repentinamente republicanos de la segunda ola (primera ola fueron Cristian Ritondo y el Rojo Santilli).
En general los peronistas de la segunda ola son también selectivamente presentables y cuidan más la identidad. Son traficantes de la anhelada gobernabilidad. Mercadería que necesita el gobierno incipiente, estampillado por el amateurismo y la medianía.
El principal peronista perdonable es acaso el más astuto de todos. Mira debajo del agua, por la noche y en el Riachuelo. Sergio Massa está cimentado por cinco millones de votos que cotiza cotidianamente. Un dotado para la acción. Massa cumple con Macri aquel rol sonriente y especulativo que cumplía Carlos Ruckauf en el ascenso, con el desperdiciado Fernando De la Rua. Cuando la sensatez, o la inteligencia elemental, aconseja arrimarse hacia la Banelco del poder. Al atractivo y la resignación ante la buena imagen, hoy casi sinónimo de popularidad.
A los efectos de adquirir un superior volumen propio. Y para consolidarse en la centralidad, que es donde Massa se siente cómodo.
Entonces Massa decide seducirlo a Macri, al que no respeta. Hasta hacerlo dependiente de los deslizamientos de Massa, al que oportunamente envidiaba por la juventud.
Y Massa asume sin inconvenientes, en el triángulo, el rol de “la otra”. Al desplazarlo Macri a Scioli, y situarlo a Massa en el rol del opositor escogido. Para encarar el inflamado viajecito hacia la “montaña mágica” de Davos, que inspirara a Thomas Mann. Aquí ambos tal vez creen, para atribuirse un ropaje épico, como graves artesanos del desconocimiento, que “van hacia Davos a buscar inversiones”.

En realidad es admirablemente positivo que estos muchachos se trasladen a Davos para codearse. Para participar de las ampulosas mesas redondas que debaten sobre estrategias de crecimiento, o sobre el futuro de Internet. Y para conectarse, distribuir tarjetas. Generar “roscas” que pueden eventualmente derivar en negocios. Con los inversores míticos, a los que no hay que persuadirlos de nada porque saben rigurosamente cuánto calza la Argentina que tienta. Es el país imprevisible que de pronto, en su imprevisibilidad, se vuelve hasta previsible.
Si es que no quieren producir sólo fotografías engañosas, deberían pedir consejo al único argentino que, hasta aquí, según nuestras fuentes, fue respetado, reconocido y aplaudido en Davos.
Domingo Felipe Cavallo, en los años de Menem, que aún son poco elegantes para ser citados.

Los críticos recientes

Despunta entonces Massa como el cautivante imán que atrae a otros peronistas perdonables. Algunos muy recientes críticos de La Doctora, a la que, de tanto respetarla, aún temen.
Los perdonables necesitan sacar rápida patente de opositores internos de la ficción peronista. Con ostensible ansiedad por instalar la idea (impugnable) del distanciamiento (de La Doctora).

Uno de los peronistas más admisibles es el promisorio gobernador Juan Manuel Urtubey. El salteño que supo hacerse conscientemente el tonto, para sobrevivir durante años con el kirchnerismo. Fue otro estadista aplaudidor, más recatado que Alperovich, Béder Herrera, Urribarri o Capitanich. Y Urtubey se hizo el tonto hasta mediados de 2015.
Otro aspirante al perdón peronista es Diego Bossio. El chico del ANSES, que de pronto sorprende a “la militancia” como un adversario interno de La Doctora. Quien era, según nuestras fuentes, su exclusivo sostén, por ventaja conyugal. Hasta que Bossio se entusiasmó lícitamente por Scioli, más de lo tolerable (para La Doctora). Como el “mensajero” Urtubey. El Miguel Strogoff de Scioli, en Estados Unidos.
Ambos, Bossio y Urtubey, se anotaron entre los peronistas perdonables que se enfrentan a La Doctora. Los que se sintieron prematuros protagonistas en la noche de los churrasquitos servidos por Massa, en la centralidad de Pinamar. En una mesa ceremonial útil para consolidarlo (a Massa) en la condición de aglutinador de peronistas perdonables, que se postulan para brindarle gobernabilidad a Macri y sostenerlo, hasta donde sea negocio.
Pasar de La Doctora a Macri, a través de Massa, dista de ser un método apreciable para algunos peronistas menos perdonables que no se convencen con la chapa de “peronistas del siglo XXI”. Como por ejemplo José De la Sota. Y otros que no estuvieron, aunque mandaron, para cumplir y masticar, un “embajador”.

El peronismo es un movimiento macho

La dependencia de Massa, que estimula en principio la señora Vidal, anticipa para Macri, a su pesar, la pugna interna para las legislativas de 2017.
Es el año en que se juega la anécdota del macrismo. Y que preocupa, según nuestras fuentes, a los que miran siempre con algún sentido de la estrategia.

Como por ejemplo su diseñador más competente, Emilio Monzó, el presidente de los Diputados. En la práctica es la nominación de Monzó, con la promoción del chico Massot como jefe de bloque, lo que legitimó apresuradamente el paso, del Legislativo al Ejecutivo, de la señora Patricia Bullrich, en la alocada Seguridad, y la señora Laura Alonso, para la caza de corruptos. “Y si cae alguno de los nuestros, Laurita, dale para adelante igual”.
Trasciende que desde el espacio propio de Monzó, y de algunos otros exponentes que profesionalmente callan en PRO, vinculados al negocio de la justicia o del juego, se desaprueba la enorme gravitación que el macrismo le cede, como obsequio de la casa, a Massa. Desde que la dispendiosa gobernadora Vidal -hoy estructuralmente renovada- accedió a transferir la inagotable caja legislativa al massismo. El que representa relativamente Jorge Sarghini. Es (Sarghini) de los escasos peronistas equilibrados que posee los conocimientos más intransferibles de la provincia inviable.
“Pero Sarghini llega más por Lecunza que por Massa”, confirma la Garganta (lo dice para acentuar el adverbio “relativamente”).
Lo cierto es que los peronistas perdonables de Macri agudizan la programada división del peronismo. En tres o cuatro porciones. Contienen el objetivo explícito de aislar a La Doctora. Encerrarla en el cubículo místico de La Cámpora. Pero los bienintencionados muchachos tropiezan con el feroz obstáculo de la realidad, que es tan maligna como indeseable.
Acontece que el peronismo es un movimiento macho, pero es La Doctora que se impone como la presencia más potente, y paradójicamente viril.

Pese a la desastrosa herencia transportada, hasta Macri hoy admite que La Doctora les lleva un campo de ventaja a sus ambiciosos ex cortesanos. Los que precisamente cortejan, en la búsqueda de destino, ahora, al propio Macri.
Vueltas de tuerca que desorientarían hasta a Henry James. Porque Macri fue el opositor que La Doctora siempre privilegió para sucederlo. Antes, incluso -o sobre todo- que a Scioli.
Lo que tanto Massa como los vocacionales peronistas perdonables que pretenden ser admitidos en el palacio, deben tener en cuenta que, probablemente, son “convidados de piedra”. Que ni siquiera registran la literaria retribución de buenos servicios.
Ya que Macri también privilegia, acaso, como prioritario opositor, a La Doctora. Que es, según nuestras fuentes, a la única que valora. Porque Massa le sirve, en el fondo, perdonablemente, apenas para incentivarla. Para atraerla anticipadamente a la lucha, en su peor momento, y así fulminarla mejor.
Un juego peligroso. Para los profesionales que fingen ser amateurs.

Jorge Asís

Evgeny Morozov: “Los datos son una de las más preciadas mercancías”


Evgeny Morozov

El intelectual bielorruso Evgeny Morozov. / EVAN PANTIEL

Hubo un tiempo en que Evgeny Morozov creyó en la revolución digital. Confió en el poder emancipador de la Red, en la abolición de las viejas jerarquías, en la emergencia de un paraíso horizontal más justo, en unas nuevas tecnologías capaces de alumbrar un mundo mejor. Le duró poco la fiebre. Fue a mediados de la década de los años 2000, en los días en que vio cómo los blogs y los mensajes de texto espoleaban la revolución naranja de Ucrania y el ­crowdfunding avivaba la campaña del candidato demócrata norteamericano Howard Dean. Poco tardó en darse cuenta de que las nuevas herramientas tecnológicas también podían ser usadas por los Gobiernos para vigilar, generar propaganda y manipular la conversación en las redes. Fruto de estas reflexiones fue El desengaño de Internet (Destino, 2012), libro en el que se mostraba escéptico sobre la capacidad de las redes de ser instrumento de cambio político. Un escepticismo que se expande en su nuevo libro,La locura del solucionismo ­tecnológico (Clave Intelectual, 2015).

Morozov se come un bocadillo en una sala de reuniones del Waterfront Congress Center de Estocolmo, ubicado junto a la estación central de la capital sueca. Acaba de pronunciar una de sus provocadoras conferencias en el Internetdagarna, evento tecnológico anual, y no le ha dado tiempo ni a comer. Vestido de negro de la cabeza a los pies, se muestra como un entrevistado rápido, prolijo. Su análisis de la tecnología ha despegado y se ha convertido en un discurso político con vocación transformadora.

Existe una narrativa, muy extendida, sobre la idea de compartir en Internet; las empresas tecnológicas nos invitan a hacerlo constantemente. ¿Diría que como consecuencia de ello compartimos más? Silicon Valley hizo una especie de alianza en los setenta con intelectuales. Siempre habrá gente, a los que llamaré idiotas útiles, que intentarán capturar el zeitgeist [espíritu de la época]. Habrá libros, conferencias y charlas para que esos intelectuales puedan hacer de portavoces de la causa. Silicon Valley promueve mininarrativas. Nos habla de la web 2.0 y, cuando se agota, habla del Internet de las cosas, de la economía colaborativa… Identifican pequeños fragmentos, ocupan el debate durante dos años y luego salen con una nueva historia. No hay mucho contenido en esas narrativas. He trabajado durante suficiente tiempo en esto como para decir que son tonterías. Después de la economía colaborativa vendrá la economía solidaria, de los cuidados. Lo que nos dicen estas empresas es falso. Cuando voy por ahí diciendo que para entender a Silicon Valley hay que mirar a Wall Street, al Pentágono, a las finanzas, a la geopolítica o al imperialismo, les resulta incómodo escucharlo porque prefieren hablar de los fondos de capital riesgo, de los emprendedores, del garaje de Steve Jobs, del LSD…

Esos dispositivos que usamos, llamados inteligentes, ¿nos pueden convertir en más estúpidos? Hay que impugnar la palabra inteligente. Me gusta aplicar una perspectiva histórica. Muchos de los dispositivos inteligentes que nos rodean reflejan intereses y compromisos de la gente que los fabrica o configura. El motivo por el que la gente comprueba una y otra vez su Facebook oTwitter en el teléfono es que los sistemas han sido diseñados para crear esas dependencias. El modelo de negocio de este tipo de servicios es así. Cuantos más clics hago, más valioso soy; ocurre, casi, como con el condicionamiento de Pavlov. Cuantos más clics míos consiguen, más dinero hacen conmigo, lo que hace que diseñen los servicios para maximizar esos clics. Yo tengo una perspectiva cínica, banal y racional de que el dinero es lo que rige el mundo. Y eso explica el modo en que se conciben los servicios. ¿Que ese sistema nos distrae y dificulta que nos centremos? Por supuesto. ¿Es un problema de los dispositivos inteligentes? No. Es cuestión del modelo de negocio. Me niego a creer que no haya otra manera de generar comunicación entre la gente sin generar distracción. Sería la derrota final de la imaginación. Debemos ser capaces de soñar y pensar en términos que no estén definidos por Silicon Valley. Para mí, en este punto, las empresas de tecnología son como las cadenas de comida rápida, las casas de apuestas o los casinos: crean y manufacturan una adicción que luego tiene unas consecuencias. En el caso de las tecnológicas, la distracción.

Las empresas de tecnología crean una adicción que genera distracción”

La directora de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, dice que Facebook nos ayuda a expresar nuestro auténtico yo. Esta plataforma probablemente cambia el modo en que nos percibimos a nosotros mismos o cómo nos construimos, ¿qué opina? Facebook es un servicio que se basa en hacernos sentir ansiosos, sobre nosotros, nuestros amigos, nuestro lugar en la sociedad. La gente invierte mucha energía en actualizar la información, la ansiedad es la moneda que lo rige. En este sentido, está claro que tu ser en Facebook afecta a cómo te concibes a ti mismo, cómo ves tu relación con los amigos, cómo te presentas ante otros…

¿Quiere decir que cuanto más lo usa uno, más ansioso es?No digo que sea una relación lineal, aunque probablemente podría ser así. Debe de haber un momento en que se llegue a una meseta de ansiedad y, en ese punto, te medicas, te suicidas o te calmas [risas]. Es la psicopatología del hipercapitalismo.

¿En qué consiste la psicopatología del hipercapitalismo?¡Es una explotación de tus más queridas e íntimas relaciones! Tu ­amistad con otras personas para beneficio de una gigantesca compañía norteamericana. Con Facebook es menos visible. Ni siquiera concebimos que sea posible organizar un proyecto de resistencia a estas empresas. Atacar a Facebook ahora es atacar al capitalismo más avanzado. Frente a los que propondrían un cambio en el algoritmo de Facebook, yo soy más drástico: yo construiría una alternativa a Facebook con dinero ­público en vez de aceptar que la única manera de organizar las comunicaciones es a través de esta firma.

En ese afán de Silicon Valley de intentar solucionar cada problema al que se enfrenta el ser humano, parece queWhats­App intentara buscar una solución para nuestra soledad. Silicon Valley te venderá cualquier cosa que le permita hacer dinero. Si es con la soledad, te venderá herramientas para hacer dinero con tu soledad. Pocas cosas, hoy en día, no están sujetas al mercantilismo. Silicon Valley crea problemas con una mano que intenta solucionar con la otra vendiéndonos nuevos productos.

A menudo le han calificado de tecnoescéptico o tecnófobo. Pero lo que usted dice en su nuevo libro es que es un hereje digital. Sí, usé ese término. Era un modo de posicionarme frente a los debates contemporáneos sobre Silicon Valley. Lo cierto es que si por hereje se entiende a alguien que dice cosas que son peligrosas, subversivas y que van contra la corriente del debate, soy un hereje, aunque solo sea por naturaleza sociológica. Pero mi herejía se ha extendido a otros temas; ya no soy un hereje digital, ahora estoy más confortable siéndolo en la política y la economía.

Su discurso en los últimos tiempos está muy orientado hacia la cuestión de los datos. ¿Qué es lo que hace que el debate en torno a este asunto sea para usted crucial?Estamos en una era en que los datos son algo en torno a lo que emergen nuevos modelos de negocio y nuevas formas de explotación.

Pero la gente, en general, no parece excesivamente preocupada por ceder sus datos. Lo importante es identificar los puntos de explotación, aunque esta se haga de manera que resulte placentera.

¿Google y Facebook nos están explotando? Explotan los datos que generamos para hacer dinero con ellos; lo cual tiene muchas otras consecuencias, como el modo en que esto facilita la vigilancia. Para mí, básicamente, Google quiere ser el nuevo Estado del bienestar y el nuevo partido político. Quieren reunir tantos datoscomo puedan. Y, proactivamente, luchan contra las enfermedades; proactivamente, quieren que estés más sano; proactivamente, quieren que aprendas cosas que no habrías aprendido de ningún otro modo; generan tiempo libre para ti y solo tendrás acceso a él si usas su sistema. En ese sentido, se convierten en el vehículo a través del cual se genera un tipo de movilidad social o de avance. Mi miedo es que ya no haya marcha atrás. Ellos poseen la infraestructura, tienen los datos. Y si se quiere poner en marcha un servicio alternativo, será complicado.

Evgeny Morozov

El intelectual bielorruso Evgeny Morozov. / EVAN PANTIEL

¿Qué es lo que se hace con nuestros datos? En las últimas cinco décadas, los datos se han convertido en una de las más preciadas mercancías. Tu seguro quiere saber qué posibilidades tienes de enfermar; tu banco quiere saber qué probabilidades tienes de no pagar tu hipoteca. Hay un mercado gigante de la venta de datos, no solo de tipo digital: si no miras lo que firmas cuando ofreces datos, es más que posible que acaben siendo agregados en una base administrada por un puñado de firmas norteamericanas.

¿Y qué es lo que se debería hacer con ellos? Hay tres opciones. Una es el statu quo: que un par de monopolios, Google y Facebook, continúen recopilando aún más información sobre nuestra vida para que pueda ser integrada en dispositivos inteligentes: mesas inteligentes, termostatos inteligentes; cualquier cosa que tenga un sensor generará un dato. Google Now es el paradigma de un sistema que intenta hacer acopio de todos esos datos para hacer predicciones y darte ideas. Si sabe que vas a volar te recuerda que hagas el check in, te dice el tiempo que te va a hacer, como un asistente virtual. Es el discurso de Google en términos de movilidad social: dar a los pobres los servicios que los ricos ya reciben.

¿Cuáles son las otras opciones? La segunda es seguir a los disruptores. Hay compañías que chupan nuestros datos y los convierten en dinero. Una solución es que cada cual capture sus propios datos y los integre en un perfil, dando acceso a quien quiera y cobrando por ello. De ese modo, uno se convierte en un empresario. Y la tercera opción aún no está muy articulada, pero debería ser perseguida. Los datos, en un buen marco político, económico y legal, pueden llevarnos a servicios fantásticos. El único futuro del transporte público es una combinación de datos, algoritmos y sensores que determinan dónde está la gente y adónde quiere ir.

¿Y de quién serían los datos en este caso? Habría que oponerse a que el paradigma de la propiedad privada se extienda a los datos. Ha habido esfuerzos de comercializar hasta el aire, y hay que oponerse. Los datos, sin la capacidad de analizarlos, no son gran cosa. Hoy en día solo algunas grandes empresas son capaces de estudiarlos. Esa información debería estar bajo un control público, que no significa un control del Estado, sino de los ciudadanos. La reciente fascinación en Europa por esa idea del común, que no tiene nada que ver con la de los comunes, es un marco sano. La gente podría ceder esos datos voluntariamente, pero siendo propietaria de estos.

Esta es una postura política, ¿qué es lo que le interesa delcomún? Mi propio cambio político y filosófico de los últimos años ha ocurrido porque de pronto resultó obvio para mí que no puedes ganar batallas a Silicon Valley de modo disperso. Puedo escribir una reseña al día, pelearme con esta gente en ­Twitter, y eso no cambia nada. La única manera de cambiar las cosas es empotrarte en los procesos políticos y económicos que pueden cambiar las cosas de verdad. Para mí significa que tengo que adoptar una posición realista y sobria sobre lo que es posible alrededor de los que intentan impugnar lo que Silicon Valley, Washington, Wall Street y el Pentágono intentan en el globo.

¿Y qué es lo que están intentando hacer? Dinero. Tengo una explicación de cómo funciona todo: un puñado de empresas marcan el tempo y el ritmo al que funciona el mundo. Son las que influyen en los textos que se están aprobando de los tratados transatlánticos que están a punto de firmarse en Europa y Estados Unidos. Esos tratados están redactados para proteger a las empresas y no a los ciudadanos. En este sentido, soy cínico, o realista, acerca de cómo está distribuido el poder en el mundo en estos días. A Google y Facebook les gustaría expandirse a otras zonas del globo para acumular más usuarios, más datos, venderles más anuncios. Pero es muy difícil que haya gente que haga una lectura política de Google y Facebook porque los ven o como inofensivos e inocentes, o como heraldos del poscapitalismo, o como plataformas para evitar la hegemonía de los medios. Facebook es bueno, piensa la gente, porque nos permite enviar mensajes al margen del dominio de los periódicos y televisiones. Incluso los movimientos políticos que intentan desafiar la dominación de la ideología neoliberal en estos días no pueden hacer una lectura sobria de Silicon Valley.

Evgeny Morozov

Evgeny Morozov

El intelectual bielorruso Evgeny Morozov, hace más de dos años.

Ha experimentado un gran cambio físico en los últimos dos años. Ha perdido 40 kilos. Cuando se mudó de Palo Alto a Boston, cambió de hábitos, empezó a hacer ejercicio y dejó de comer carne. Nacido en Soligorsk, Bielorrusia, en 1984, en una familia que trabajaba en las minas de potasio locales, se formó en la American University de Bulgaria, un centro de formación de líderes. Con sus estudios de Económicas y Administración de Empresas, hizo unas prácticas en JP Morgan antes de desviarse hacia las nuevas tecnologías y pronto vio la cara oculta del discurso tecnoutópico. Es autor de El desengaño de Internet (2012) y La locura del solucionismo tecnológico (Clave Intelectual, 2015).

¿Usted, en realidad, qué quiere cambiar? Yo quiero cambiar muchas cosas. El proyecto de oponerse al poder de las grandes empresas, que tradicionalmente ha sido una prerrogativa de la izquierda, ya no entiende cómo funciona el dominio hoy, porque no hacen un buen análisis de la tecnología, y no son capaces de construir o reclamar infraestructuras que han sido entregadas con las privatizaciones. Sin una lectura política adecuada de cómo encaja Silicon Valley en todo esto, no pueden oponerse al poder de las empresas. Si coges a Yanis Varoufakis, que, probablemente, es la cara de la oposición a la agenda neoliberal en Europa: es un gran tipo, con cosas interesantes que decir, pero ¿su comprensión de la dimensión tecnológica del proyecto neoliberal moderno?: cero. Tomemos Syriza, o Podemos, o muchos otros actores que intentan oponerse al capitalismo neoliberal hoy. Tienen un problema para comprender la que, para mí, es la característica más importante del capitalismo hoy en día: su naturaleza de fenómeno propulsado por las tecnologías digitales de la información.

Y entonces… La menos ambiciosa de mis tareas sería, al menos, poner estas cuestiones sobre la mesa para que puedan reflexionar sobre ellas quienes están oponiéndose al actual neoliberalismo comandado por las grandes empresas; conseguir que lo escuchen algunas personas que están inmersas en una gran confusión sobre el estado de las cosas actual, que ni siquiera discuten nada porque creen que la vieja división de la tribu de la izquierda ya pasó, que piensan que el capitalismo va a ser reemplazado por una economía colaborativa, una sociedad pospoder, muy horizontal…

No sé si este es un buen resumen, pero, escuchándole, parece que usted ahora cuestionara más el neoliberalismo que a Silicon Valley. Sí, es un buen resumen. Para mí Silicon Valley es un efecto, y no la causa, del neoliberalismo. Hay algunos cambios estructurales del capitalismo que están conectados con la tecnología. Sería incorrecto pensar que todos los demás factores que han dado forma al paisaje en el que se hace política se hayan vuelto obsoletos. Es importante tener clara la conexión de Silicon Valley con el Ejército norteamericano, que aún provee buena parte del dinero.

¿A Silicon Valley? A Silicon Valley, a las startups, la robótica, labiotecnología, el reconocimiento facial…

¿Y esto qué implica? Que el factor tradicional de análisis para explicar el mundo, que fue siempre la guerra, la militarización, no ha desaparecido. Silicon Valley actualmente representa a algunas fuerzas estructurales que fueron identificadas hace tiempo. La guerra, Wall Street… ¿De dónde viene todo ese dinero que se invierte en estúpidas startups? Es increíble ver que cualquiera que quiera crear una app en Silicon Valley pueda levantar 10 millones de dólares en una tarde. Hay que entender los cambios en la economía global. ¿Por qué se ha redirigido tanto dinero de la economía real, fábricas, inversiones en el sector productivo, hacia el capital financiero especulativo? Nuestros fondos de pensiones ya no se invierten en bonos del Estado seguros, sino en otros fondos que reinvierten en firmas de capital riesgo que reinvierten en startups. Se puede focalizar el análisis en Silicon Valley, pero hay que entender lo que lo hace posible.

Usted cursó estudios en una universidad con fundamentos ideológicos liberales, pero ¿influye de algún modo en su visión política el hecho de haber sido educado en Bielorrusia? Bielorrusia no influyó demasiado en mi educación política. Es un lugar de Europa interesante porque ha conseguido congelar el tiempo. No niego las violaciones de derechos humanos y la falta de libertad de expresión. Pero congelar el tiempo, como modo de impedir la toma neoliberal de la industria, es interesante, los historiadores lo estudiarán. En cualquier caso, mi visión no tiene nada que ver con el hecho de haber crecido en Bielorrusia. Soy de izquierdas, pero de la izquierda consciente de los peligros de la centralización del poder y de la inflexibilidad.

Y ya en otro orden de cosas, los atentados de París han vuelto a despertar el viejo debate sobre los límites de la privacidad y los de la seguridad. ¿Cómo se sitúa ante esta cuestión? La evidencia empírica muestra que es muy difícil decir que las técnicas avanzadas de vigilancia implementadas en Europa y Norteamérica desde hace tiempo hayan dado frutos. No vemos pruebas que sugieran que la capacidad de los servicios de inteligencia de monitorizar las actividades de terroristas o sospechosos conocidos, de gente que ha estado en el radar de los trabajos de seguridad, con leyes ya bastante permisivas, haya conseguido gran cosa. Así que no tengo motivos para creer que vayan a ser más eficientes si van por ese camino.

FUENTE

Los abogados del diablo; por Félix Bruzzone y Mónica Zwaig


Quienes defienden a los procesados por delitos de lesa humanidad suelen quedar manchados por la lógica del barrio. “Callate, vos que lo defendés sos peor”: en el imaginario, todos los acusados son Videla. Existen defensores privados y públicos. Algunos intervienen más e intentan distraer durante las audiencias provocando a los testigos. Otros se encarnizan en defensas ideológicas mientras algunos sortean dificultades técnicas. El escritor Félix Bruzzone y la abogada Mónica Zwaig recorren despachos y tribunales y trazan matices alrededor de estos personajes que, muchas veces, se asumen como convidados de piedra en el banquete de los Derechos Humanos.

Imágenes cedidas por Memoria Abierta

Foto de portada: Eduardo Longoni. Expedientes de la causa por el juzgamiento a los ex Comandantes, Cámara Federal, 1985.

La sala de audiencias está llena. Falta muy poco para el final. Familiares de las víctimas sostienen fotos ampliadas de sus parientes desaparecidos y entre los operadores judiciales, incluidos los jueces, la calma habitual es ahora una invisible pero palpable electricidad que los mantiene especialmente alertas. Jorge Rafael Videla, pocos meses antes de morir, dice frente al tribunal que va a condenarlo a 50 años de prisión:

—Sean estas, realmente, mis palabras finales para expresar mi reconocimiento a Alejandro Di Meglio y Leonardo Fillia por la brillante y enjundiosa defensa técnica que hicieron de mi caso, es decir: medular, vigorosa, valiente. Y, en especial, a los señores Fillia y Di Meglio, por su calidad humana y comprensión.

El juicio fue histórico: determinó, hacia mediados de 2012, 36 años después de los hechos juzgados, que durante la última dictadura existió un plan sistemático de robo de bebés del cual Videla fue uno de los principales responsables. A la salida de los tribunales, festejos. Videla vuelve a su celda y sus abogados defensores a sus casas con el estigma de haber recibido el agradecimiento del monstruo. Porque Videla, a pesar de estar maltrecho y silencioso en su banquillo de acusado por delitos de lesa humanidad, parece que ya nunca dejará de ser el monstruo máximo que hasta el canal infantil Pakapaka representa con una calavera como emblema en su gorra, piel blanca vampírica y temible mirada de ojos rojos.

Versiones Siglo XXI de los abogados del diablo, los defensores de los acusados por delitos de lesa humanidad suelen quedar manchados por la lógica del barrio: “Callate, vos que lo defendés sos peor”. Nadie lo pone en estos términos, pero muchos de ellos se quejan de los embates de los militantes que asisten a las audiencias más críticas. Y se asumen, en muchos casos, como convidados de piedra en el banquete de los DDHH.

Si uno se acerca a alguna audiencia lo puede comprobar muy rápido. Están ahí, según los juicios intervienen mucho o poco, y llevan su trabajo como pueden. No es fácil estar en esos zapatos. Candela Carretero, una de las alumnas del Colegio de la Ciudad que asistió a una audiencia del juicio ESMA dentro del programa “La escuela va a los juicios” toma nota de las dificultades que implica ponerse zapatos de víctima, zapatos de abogado, zapatos de juez.Concentra su mirada, precisamente, en el tamborilear de los pies de abogados defensores que hay frente a ella mientras escucha a una víctima que da su testimonio. “En frente mío tenía a un grupo de abogados y permanentemente miraba hacia sus pies. Casi todos negros y revoloteando por ahí mientras, intermitentes, chocaban contra el piso. Los zapatos de ella no los vi, es cierto. Pero me gustaría haberlos visto. ¿Estarían también en contacto con el suelo tocándolo y yéndose? ¿O estarían acaso firmes sobre él con una posición un poco más sólida? (…) Pasadas algunas horas de la tarde confirmé que estaba equivocada. Que esos zapatos, tanto metafóricos como físicos, tienen un lugar importante en ese juicio, en esa condena, en esa verdad, en esa memoria y en esa justicia. Porque, al fin y al cabo, representaron algo para mí, que fui a presenciar ese momento.”

Las hormas de esos zapatos en los que cuesta tanto estar no son iguales para todos. Hay defensores privados y hay defensores públicos. Y los perfiles de pies y calzados se despliegan en una amplia vidriera que, a groso modo (sería imposible acá detallar cada matiz), muestra a unos encarnizándose en defensas ideológicas y a otros, más bien, sorteando dificultades técnicas.

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—Soy el más batallador del juicio— reconoce Guillermo Fanego el abogado defensor privado que más llama la atención en el juicio ESMA 3 (también conocido como megacausa ESMA), cuando lo interceptamos a la salida de la sala de audiencias, encantado de que alguien se acerque a entrevistarlo.

abogados_represores_1_derFanego se incorporó a la causa ESMA a partir del tercer tramo del juicio y enseguida se volvió protagonista. Entre los 13 imputados que defiende se encuentran Carlos Guillermo Suarez Mason, hijo de Guillermo Suarez Mason, General de división. Tenía a cargo todo el primer cuerpo del ejército durante la dictadura. También defiende a Emir Sisul Hess, acusado de participar en los vuelos de la muerte y quien quedó atrapado en este juicio por haber dicho que los detenidos “caían como hormiguitas” al mar.

Su entusiasmo y espíritu de lucha suelen contagiar a los defensores que se sientan cerca de él e irritar, en igual medida, a los querellantes, a los fiscales y, alguna vez, a los jueces. Su batalla, sin embargo, él lo sabe bien, es contra molinos de viento: “Acá están todos condenados de antemano”, dice, repitiendo el latiguillo de quienes cuestionan la legalidad de los juicios de lesa humanidad y la forma en la que se llevan adelante. Aunque reconoce que siempre algo se puede hacer y tiene esperanzas de que algunos de sus defendidos queden absueltos.

Las palabras más frecuentes con las que los defensores de los acusados suelen referirse a los juicios de lesa humanidad son “mamarracho”, “disparate jurídico” y “pura política”. Pero saben, como Fanego, que cuestionar así las cosas no conduce a nada, y que hay estadísticas que demuestran que se puede salir de la cárcel habiendo sido procesado por lesa humanidad. Absolución, sobreseimiento, falta de méritos, excarcelamiento, son palabras que suenan suaves, no se escuchan o dicen poco en los oídos de los abogados defensores. (El informe sobre el estado de estas causas elaborado por la procuraduría de lesa humanidad resume un exhaustivo monitoreo). Es natural que esperen mejores resultados. Les pagan para obtenerlos y entonces viven muy atentos a los vaivenes de las decisiones políticas que podrían favorecer sus reclamos. La última intervención en este sentido se dio en un juicio de Mendoza que investiga la responsabilidad de 31 imputados, entre los que se encuentran los ex jueces federales Luis Miret, Guillermo Max Petra Recabarren, Rolando Evaristo Carrizo y Otilio Romano. Fue luego de la criticada editorial publicada en el diario La Nación al día siguiente de la victoria electoral de Mauricio Macri. En ella se le pedía al gobierno entrante que tomara alguna decisión sobre el camino de los juicios, considerándolos más una forma de venganza que una forma de justicia. Los abogados defensores mendocinos solicitaron a los jueces esperar al cambio de gobierno para reconsiderar la manera de continuar frente al nuevo escenario. Hubo un importante registro de ese reclamo en la primera plana de Página 12, que funcionó como forma de respuesta a la editorial de dos días antes.

La voz de Fanego es grave, pausada, de actor, de cantor de tangos, y muchas veces adquiere el carácter de la voz de un antiguo presentador de televisión. Peronista de muchas canas y pecho alto, inflado, su vida fuera del juicio se deja llenar por libros de Historia y paseos a caballo que todos los fines de semana comparte con sus amigos de una asociación tradicionalista en Parque Leloir.

Ya desde la audiencia preliminar del 11 de junio de 2012, cuando todavía usaba el ringtone de la marcha peronista en su celular, mostró su intención de molestar a toda costa, por cualquier detalle, incluso los de menor importancia.

Juez: Usted me está faltando el respeto, no le voy a admitir que me diga que llevo adelante gestiones.

Fanego: Macanudo.

Juez: No le voy a permitir que utilice ese término, es impropio de las prácticas judiciales.

Fanego: Está en el diccionario de la real academia española.

Juez: Sr. Abogado, es impropio de las prácticas judiciales.

Fanego: Está cercenando mi derecho a defensa.

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Fanego no se priva de llamar la atención cuando intenta instalar debates poco frecuentes. El año pasado pidió a los jueces que impidieran la presencia de estudiantes secundarios en la sala de audiencias. El Código Procesal no lo permite, y los jueces así lo habían entendido desde el principio, pero el programa “La escuela va a los juicios” había logrado que la Cámara hiciera una excepción, dada la singularidad de estos casos y su importancia como material de estudio en vivo. Los pormenores, y las consecuencias en tiempo perdido por los irrelevantes escarceos que surgieron de la queja de Fanego, los detalla el querellante Rodolfo Yanzón en Infojus: defiende la presencia de estudiantes en las audiencias e intenta equilibrar, como suele ocurrir en los juicios de lesa humanidad, los escollos judiciales con las necesidades históricas, a la vez que critica a Fanego por su marcada intención de demorar las acciones judiciales con escaramuzas sin importancia. Consultado sobre si considera útil que los estudiantes asistan a audiencias de otros juicios, como el que se lleva adelante por los hechos del 20 y 21 de Diciembre de 2001 en la Plaza de Mayo, que dejaron decenas de muertos a manos de las fuerzas de seguridad, el mismo Fanego se aleja del código procesal y es más contemplativo, y entiende que ese juicio, a diferencia del juicio ESMA, sí es material de estudio extraordinario.

Fanego tiene objetivos muy marcados. Uno de ellos es Víctor Basterra, célebre testigo de la causa, y de los que más información aportó desde el comienzo de la democracia. Dado que Basterra, durante su detención en la ESMA, debió trabajar para sus captores en forma esclava, la estrategia de Fanego es desacreditarlo acusándolo de haber cobrado un sueldo y haber sido cómplice de los delitos cometidos por la Armada en ese lugar. En este sentido, en la audiencia del 29 de abril de 2013 lo entretuvo tres horas con toda clase de preguntas tendientes a provocar contradicciones y desgaste psicológico. Al punto de llamar a su intervención con la palabra “interrogatorio”, algo no recomendado cuando se le pide información a sujetos que, como Basterra durante su paso por la ESMA, conocieron la bestialidad de otro tipo de “interrogatorios”. Quizá fuera como respuesta a este “interrogatorio” que el mismo Basterra, para sus palabras finales, eligiera las que Jorge Luis Borges le dedicara a los abogados defensores luego de asistir a una audiencia del juicio a las juntas, en 1985.

En aquel entonces, el escritor escuchó el testimonio de un joven Basterra declarando por primera vez y luego escribió una crónica en la que decía: “Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer.”

Esta versión de los defensores como altamente impugnables reaparece, flota, se mece casi en la misma cuna en la que están recostados los monstruos. ¿Pero quién es, en definitiva, un monstruo? ¿Videla? El destino de monstruo es más literario que ajustado a los hechos. Y lo que la justicia intenta juzgar son hechos. Tampoco es que todo sea una paleta de grises, o una paleta color pastel. Existen el blanco, el negro, y muchos colores fuertes. Y la posibilidad de que un acusado por delitos de lesa humanidad tenga una defensa en juicio es el color blanco resplandeciente de la democracia.

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El defensor Fanego tiene su estudio en Corrientes y Uruguay, ese borde de la ciudad donde el mundo judicial se diluye y se abren las puertas a la noche eterna y las fiestas. Fanego trama la estrategia para que sus defendidos queden absueltos en el juicio ESMA 3 a cuadra y media de la mítica pizzería donde los jueces de la Cámara Federal, en 1985, anotaron en una servilleta las condenas a los miembros de las tres juntas militares. Fanego se reclina en el sillón de su oficina. Nunca quiso el golpe de estado, dice mientras enciende uno de los cigarritos que suele fumar y pronto llena el lugar de humo y aroma rancio. “Nosotros estábamos con Isabel Perón, dice, la defendíamos.” En su biblioteca, imágenes de Perón y Evita, y de él mismo sobre uno de los caballos que suele montar, dan cuenta de su estirpe política y vital. En la pared de enfrente, atrás de su escritorio (donde reposa un crucifijo), su propio mapa mental. Estampa de San Francisco, estampa de San Jorge, cuadro con las siete velas judías, cuadro con fragmentos del Corán, cuadro con la primera letra del alfabeto árabe. Y en medio de todo, su título de abogado.

A Fanego le gustan los desafíos.

—Bailar con la más renga, que además es ciega, sorda y muda—, dice. Se ve a sí mismo como defensor de los parias máximos. Por eso aceptó trabajar para a gente que, como suele decirse sobre los acusados por delitos de lesa humanidad, tienen todas las de perder.

Dice que no le pagan bien, que no hace esto por dinero. No revela el nombre ni los miembros de la organización que financia su participación en el juicio. Solo comenta que lo llamaron por un caso y luego se fueron acercando los otros 13. Por otro lado, no se reconoce seguidor de Abogados por la Concordia y toda la serie de organismos que todavía destacan la labor de las fuerzas de seguridad durante la dictadura. Los considera afectados por su ideología e incapaces, la mayoría de las veces, de producir buenas defensas.

—Ninguna defensa ideológica dio resultado hasta ahora.

Luego recuerda su primer caso extremo: un hombre acusado de haber cometido 25 violaciones en unos pocos meses. Las pruebas en contra de su defendido eran contundentes, y no había forma de salvarlo de una condena ejemplar. Tampoco había garantía de que la familia pudiera pagar bien los honorarios. Sin embargo, Fanego dice que priorizó el desafío. Quería entender a ese hombre. ¿Por qué hizo lo que hizo? Después, encontrar los espacios legales para obtener la condena más suave.

—A fin de cuentas, explica, un culpable también es víctima, víctima de otra cosa, las condenas absolutas son para el derecho anglosajón.

La bisagra del penalista, con diferentes grados de lubricación, va de la objetividad judicial a la subjetividad de las personas involucradas. La cosa puede rechinar, y siempre tiene cara de dilema, pero no es tan difícil de entender. “Este tipo había tenido una vida tremenda”, dice, “había que entenderlo”, y comenta que siempre se pueden encontrar mecanismos judiciales que respondan a esas condiciones subjetivas. Para este violador, por ejemplo, recuerda que llegó a conseguir una importante reducción de pena sobre varios de los crímenes que le imputaban.

El leit motiv de Fanego, en definitiva, es “entender qué pasa ahí”. Algo similar a lo que piensa para sus acusados de delitos de lesa humanidad. ¿Qué pasa ahí? ¿Qué se puede hacer?

Habla de apelar hasta las últimas instancias, hasta las cortes internacionales, como forma de poner a jugar los casos con antecedentes de otros países que permitan desligar de responsabilidades a acusados cuya participación en la represión fue mínima. Apelar a lecturas más contextuales de los hechos, encontrar un juez que pueda ver que quien recibía una orden criminal no podía hacer menos que cumplirla. “En presencia de tropa, en situación de guerra, negarse a llevar adelante una orden era ser fusilado. Y si querían ir a denunciar algo ilegal adónde iban a ir, si las mismas víctimas cuentan que nadie les daba bola.”

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El decir y el hacer, en Fanego, parecen unirse. A pesar de su rol actual en el juicio ESMA 3, cargado de este tipo de razonamientos que siempre rozan la justificación del horror, Fanego, en 1977, hacía lo que casi ningún abogado: presentaba hábeas corpus por amigos desaparecidos. Uno de ellos, incluso, sobrevivió a la ESMA y en octubre de 2013 declaró en el mismo juicio donde Fanego defiende a algunos de los marinos que lo tuvieron cautivo.

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El sobreviviente es calmo y sensato. Por momentos, de tan parco parece tímido, pero conforme avanza en su declaración es capaz de decir muy bien todo lo que tenía que decir. Como todos los testigos-víctimas de los juicios de lesa humanidad, en algún momento se quiebra y su testimonio hace temblar a los presentes en la sala. Luego, ya más relajado, frente a la pregunta del fiscal sobre quiénes gestionaron por él durante su cautiverio, sonriendo, dirá que le pregunten a Fanego: él fue quien presentó su hábeas corpus.

Fanego recuerda aquellas intervenciones como inconsciencia pura de la juventud. Al punto que una vez, en una comisaría de Vicente López, le recomendaron, por su propio bien, no volver más.

Fanego hará al testigo sus preguntas de rigor, mucho más breves y suaves que las dedicadas a Basterra. Y al final terminarán dándose un abrazo frente a los jueces. Querellantes y fiscales, mientras tanto, murmuran y sonríen. El encuentro fraternal entre una víctima y quien defiende a los que lo detuvieron y torturaron nunca deja de llamar la atención. Puede tratarse de pura estrategia, pero en la imagen así, suelta, el defensor se humaniza y de golpe parece posible que todos los abogados defensores puedan salir de su habitual ostracismo y misterio.

Pero no. Es un paréntesis módico. Demasiado breve. Una peca.

Sea como sea, lo que siempre queda sin conocerse es qué sabe un abogado defensor de acusados por delitos de lesa humanidad sobre los delitos cometidos por sus clientes. En el caso de Fanego la coartada es simple: “Estoy absolutamente seguro de que los que yo defiendo no hicieron nada, o si hicieron algo fue leve y en el contexto de una guerra.” No habrá más información.

Otros, sin embargo, dispuestos a contar un poco más, prefieren hablar desde el anonimato. No parece guiarlos tanto la vergüenza de cargar con el estigma de “vos defendés a” (en el imaginario colectivo: todos los defendidos son Videla), sino el recelo de hacer públicas cosas que no saben cómo serán usadas por quienes, como nosotros, se acercan a preguntar. Saben que, en general, se los cuestiona y se los cita para atacarlos. Pero por otro lado necesitan contar qué piensan. A esto se suma que las opiniones sobre los procesos legales en marcha (el porcentaje de sentencias firmes es muy bajo en los juicios de lesa humanidad) es mejor ventilarlas en secreto.

Existe una Secretaría incrustada en una casita de San Martín; un pasillo angosto desemboca en una pequeña sala con escritorio y estantes abarrotados de cajas con expedientes. Quienes se acercan, esperan en la vereda a ser atendidos. Adentro, un testigo declara frente al secretario del juez. A la audiencia llega, de apuro, el defensor público de la causa. Quiere estar al tanto de este caso que empieza a moverse, y por el cual se busca aportar pruebas para su elevación a juicio.

El defensor público es la única parte presente e interviene en algunas preguntas, muchas veces ayudando al secretario. Hace las veces de secretario del secretario, o incluso de fiscal. Al terminar la audiencia dirá, refiriéndose al secretario: “Este no sabe ni dónde está parado.”

Es julio de 2014, el abogado camina rápido mientras da pinceladas de la causa y de los juicios de lesa humanidad en general y en un momento dice: “Estos juicios no los paran ni aunque Macri sea presidente ¿Sabés cuántos trabajan en esa secretaría? Ahí tenés más de veinte contratos. ¿Cómo desarmás eso?”. Comenta la cantidad de cosas en juego: puestos, nombramientos. Cree que los juicios deben seguir. Entiende además que el hecho de que sea tanto el volumen que ocupan en la justicia federal se convierte en una traba muy concreta, material, frente a cualquier deseo de pararlos.

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Se lo ve descontracturado y eficiente. Luego, en su despacho, ofrece mate y bizcochos. Frente a la pregunta por las cosas que sabe sobre los delitos cometidos por sus defendidos, dice nunca haber obtenido relatos precisos.

–Yo no necesito que me digan nada, solo tengo que leer el expediente –se ataja.

Uno de sus defendidos es el responsable máximo de uno de los centros clandestinos de detención más importantes. Aún asumiendo las cosas que allí sucedieron, frente al pedido de información concreta, sólo aporta una seguidilla de generalidades. Ya lo decía Videla, no mucho antes de empezar a “hablar”: “mi secreto es mi tesoro”.

El defensor público sí detalla, como compensando valoraciones de la verdad, la imposibilidad de conocer quién es el testigo estrella de la causa. Se sabe su nombre y lo que dice pero no dónde vive. Por momentos, ni siquiera se entiende, dice el abogado defensor, si es alguien que verdaderamente existe o una entelequia creada por la fiscalía o las querellas. Lo dice todo en tono de broma, porque no es un invento, se trata del ex sargento Ibañez, un testigo protegido, uno de los pocos militares que confesó y que ahora nunca aparece en público. “¿Alguien le vio la cara a ese testigo? ¿Quién es?”, se pregunta el defensor público.

La poca visibilidad de Ibañez, sin embargo, es algo normal y esperable después de la desaparición de Julio López, entre otros eventos semejantes en los que testigos clave fueron amenazados, baleados, hostigados. Y que un defensor público tienda suspicacias en torno a ella, aporta a contaminar la producción de pruebas. La incertidumbre que se arroja sobre si los testigos son confiables o no, además, resulta muy impactante a la luz de que en los juicios de lesa humanidad son muchos los casos y condenas que dependen de lo que pueda decir una sola persona. Sin embargo, todo resulta una queja vacía. Basta con acercarse algunas veces a la secretaría para cruzarse con el testigo misterioso. Después de haber escuchado al abogado defensor parece increíble verlo, pero ahí está, en la vereda. Ibañez lleva mochila azul, remera a rayas, y luce el mismo pelo corto y casi la misma cara que muestran las viejas fotos de él que se conocen. Conversa con un abogado querellante y dos personas que lo acompañaron. Cada tanto hacen chistes y se ríen. Ibañez también se ríe, siempre aferrado a las tiras de su mochila.

***

¿Cómo se llega a ser defensor público de acusados por delitos de lesa humanidad? Camino normal: la causa llega a la Defensoría, como tantas, y esta designa un abogado. Si alguno de ellos, haciendo uso de su derecho a objeción de conciencia (no todo abogado está dispuesto a defender a alguien que picaneaba a mujeres embarazadas, o cosas así), prefiere no hacerlo (sucede poco), ahí están los letrados sueltos, no magistrados, disponibles y con ganas de participar. Patricio Giardelli, secretario general de coordinación de la Defensoría General, explica que para el caso de los juicios de lesa humanidad, el que la Defensoría recurra a abogados no magistrados es bastante frecuente, y comporta un verdadero sistema de legitimación de los juicios. Como los casos son muchos, muy complejos y muy voluminosos, y con los abogados que hay no alcanza, para que las defensas sean eficaces y ningún acusado pida la nulidad del juicio por falta de defensa adecuada, se evalúa a los futuros defensores en forma exhaustiva, se les da un cargo alto y una remuneración acorde a la importancia de la misión. Como resultado de este esfuerzo, comenta Giardelli, nunca hasta hora un acusado de lesa humanidad cuestionó el trabajo de su defensor público.

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Los defensores públicos no están atados ideológicamente a sus defendidos. El que entrevistamos, de hecho, va a las marchas del 24 de marzo y siempre tuvo una relación cercana con organismos de DDHH. Pero nunca nada es suficiente. El prejuicio vive de sí mismo y de algunas coincidencias como la que a nuestro hombre le tocó en suerte en el último tiempo, cuando pidió excarcelación por problemas médicos para uno de sus acusados, el juez la otorgó y el acusado aprovechó la ocasión para fugarse. Son muchos los acusados por delitos de lesa humanidad prófugos, y parece haber algún tipo de organización que facilita las fugas. Sea como sea, desde que a nuestro abogado defensor se le escapara su defendido, la observación de jueces, fiscales y querellantes recae un poco sobre él. Dejó de ser confiable.

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Más allá de este caso, la desconfianza hacia los defensores públicos no es gratuita. Como menciona Julián Axat (hasta 2013 defensor juvenil), los defensores públicos suelen poner mucha más energía y recursos en su trabajo con estos acusados que en los casos de delitos comunes. Y si bien se constata que a muchos se les filtra cierta afinidad ideológica cuando usan argumentos como “Héctor Cámpora liberó a las organizaciones terroristas”; “La identificación de los cuerpos de los desaparecidos por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) no sirve como prueba”; “Los organismos de derechos humanos son ámbitos desde donde se ocultó información y se intentó convencer al Poder Judicial de una verdad sesgada de la historia”, en líneas generales, como dice Axat, la explicación no es tanto ideológica como de clase. A veces, al que menos tiene menos defensa se le da, en tiempo, y en calidad.

Sin embargo: dado que “las condenas están dictadas de antemano”, ¿cuál es la mejor defensa posible? Es curioso, pero en este sentido, con los juicios de lesa humanidad, en Argentina se generó una suerte de espejo. Así como la lucha por “memoria, verdad y justicia” comenzó y cobró fuerza definitiva a partir de organismos testimoniales, conformados por parientes de las víctimas, también son los parientes de los acusados (o ellos mismos), a pesar de que el estado ahora sí cuenta con defensores bien preparados y dispuestos, quienes más estrategias encuentran y más energía dedican a la hora de llevar adelante sus defensas.

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Nepal, comienzos de los años 70’. M (por la celebridad del caso M no quiere ser nombrado) tiene diecinueve años y no sabe que el tiempo lo llevará a convertirse en el abogado defensor de su padre, acusado por delitos de lesa humanidad. M y un amigo quieren volver a Argentina después de más de un año de viaje iniciático que incluyó impensados cambios de hábito y de creencias, y abuso de drogas duras. Como no tienen más que lo puesto y necesitan recursos para seguir, deciden boxear por dinero. M es bastante menudo, su amigo pesa ciento veinte kilos: queda claro quién de los dos va a ser el boxeador. M rápidamente asume el rol de “representante”. Convienen un pago con los organizadores de la pelea, ganen o pierdan, y se empiezan a preparar.

El día del combate, el rival nepalés, que es una mosca al lado del voluminoso argentino, boxea mucho mejor, y por lo que se ve en los dos primeros rounds lo va a llevar derecho al muere. El lugar está lleno de apostadores y los argentinos, que apenas entienden las reglas, sienten que todo puede terminar en desastre. Sin embargo, en el tercer round el argentino sale a correr al nepalés como si estuvieran en una pelea callejera, lo atrapa y le sacude unos golpes que, si los organizadores no paran la pelea, la cosa hubiera terminado muy mal.

La pelea se suspende, M y su amigo cobran el dinero acordado y ahora pueden comenzar a volver a casa. El comienzo del regreso de M a la Argentina ya lo tiene como representante de un boxeador que primero fue herido por una mosca y luego tuvo una reacción desquiciada. No hay metáforas. Es así.

Al llegar al país, la relación de M con su padre es tensa y la interacción casi nula. M. tarda bastante en acomodarse a la vida que lo convertirá en abogado exitoso. Sus experiencias en Oriente transformaron su forma de ver las cosas, y lo acompañan siempre. Al principio el acompañamiento incluye túnicas y anillos. Con el tiempo, luego del desencanto con el hipismo vernáculo, y tras algunas lecturas fundamentales como “Relatos de un peregrino ruso”, “La Filocalia”, “Los padres del desierto”, adapta todo aquello a una nueva comprensión del cristianismo.

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Es el momento en el que M puede acercarse otra vez a su padre. Ya las distancias están relativamente saldadas, y a pesar de que M no termina de decidir si su célebre padre es un ser vivo o una estatua, “si conviene darle un abrazo o pasarle Blem”, dice M, ya la historia entre ellos se vuelve una versión post-setentista de la parábola del hijo pródigo.

El círculo final de su “regreso” empieza a cerrarse cuando M decide encarar la defensa de su padre el día en que a este lo procesan por su participación en el gobierno de Videla. M, entonces, vuelve a dejarlo todo. Esta vez sin viaje a Nepal, pero defender a su padre y a otros en condiciones semejantes lo absorbe por completo. Además, se vuelve militante y participa de muchos de los grupos que se forman para reclamar, en los juicios de lesa humanidad, procedimientos ajustados a derecho. Los reclamos van desde los conocidos pedidos de ilegalidad de los procesos hasta las más mínimas quejas por la falta de coordinación entre las decisiones judiciales y el sistema penitenciario.

El cierre del viaje vital de M llega en los últimos días de vida de su padre. Están en la cárcel. El padre de M tiene que bañarse para salir a hacerse controles médicos. Como sufre serios problemas de movilidad, M lo acompaña al baño. Para poder bañarlo mejor, M decide desnudarse. El hijo, desnudo, baña a su padre desnudo. Para M, se trata de un momento místico que los conecta definitivamente. Vale más que la verdad, lo que de verdad su padre hizo, lo que alguna vez sabremos o lo que quedará para siempre en secreto.

En efecto, la gran pregunta alrededor de los abogados defensores de acusados por delitos de lesa humanidad es qué saben. ¿Se ciñen sólo al expediente? ¿Indagan sólo en los hechos que les imputan a sus defendidos (hechos que suelen ser muy tangenciales, demasiado poco a la hora de reconstruir el destino de cada desaparecido, por ejemplo)? ¿Creen absolutamente en los relatos exculpatorios que reciben de los acusados y los consideran verdaderos? El verdadero-falso de los juicios de lesa humanidad tiene muchas más opciones que las dos que siempre ofrecen los tests de multiple choice. Condenar o absolver implica saber cosas que no siempre aparecen reflejadas. Y ni siquiera son dichas. Pero quizá sí sean dichas en la sombra de los despachos de los abogados.

— Mis defendidos no hicieron nada, estoy seguro —, dice Fanego. Es muy probable que él, a quien le gusta bailar con la más renga, ciega, sorda y muda, deba reconocer que la señorita es, fundamentalmente, muda.

La pregunta sobre qué saben los abogados defensores es tan fuerte que se vuelve patente incluso frente al pedido de la información más burocrática, que pasa a convertirse en escena enternecedora, como la de M y su padre bañándose desnudos, pero también, en algunos casos, estremecedoras.

Ezequiel Rochinstein Tauro, nacido durante el cautiverio de su madre en ESMA, en las últimas palabras de su declaración del 4 de noviembre de 2013 les pide a los defensores que por favor averigüen, al menos, su fecha de nacimiento, que le permitan festejar su cumpleaños. “Si alguien de la defensa sabe cuándo nací y cuál era mi nombre, les agradezco que me lo digan.”

La interpelación, directa, no les pide nada a los acusados, que en cuatro décadas hablaron muy poco. El rol se transmite a los defensores. Ellos normalmente preguntan. Ahora les piden que respondan. Y ellos están ahí, tamborileando con sus zapatos duros en la alfombra de la sala de audiencias, a la espera de que pase el próximo testigo.

 

– FUENTE: http://www.revistaanfibia.com/cronica/los-abogados-del-diablo/#sthash.kitRLSbR.smcMvDJ1.dpuf

“Dentro de las cárceles aprendemos lo que es la resistencia”


El informe anual del registro nacional de casos de torturas y/o malos tratos (RNCT) arrojó que hubo casi 7 mil casos de apremios ilegales en contexto de encierro en Argentina.

“Dentro de las cárceles aprendemos lo que es la resistencia. Cuando estaba en situación de encierro mi mujer me decía que no quería ir más a ese lugar. Mi respuesta era que tenía que seguir yendo, porque la resistencia de quienes están afuera es la esperanza de quienes están adentro”, dijo Adolfo Pérez Esquivel, presidente de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), en la presentación del cuarto Informe Anual del Registro Nacional de Casos de Torturas y/o Malos Tratos (RNCT), que realizaron junto a la Procuración Penitenciaria de la Nación y el Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

El nuevo informe devela una vez más la sistemática vulneración de derechos en las instituciones de encierro en todo el país y la estrategia de saturación territorial por parte de las fuerzas de seguridad. En la presentación también participaron Francisco Mugnolo, procurador penitenciario nacional, Alcira Daroqui, directora del GESPyDH, y Noemí, madre de una de las víctimas de tortura por parte del Servicio Penitenciario.

“ESTE NUEVO INFORME DEL RNCT REFLEJA LAS GRAVES VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS QUE ACONTECEN EN LUGARES DE ENCIERRO Y A PARTIR DEL DESPLIEGUE DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD.”

Noemí se acercó a Roberto Cipriano García, integrante de la CPM, cuando encontró a su hijo con cuatro puñaladas mientras permanecía en la cárcel. Tras agradecer el apoyo de la Comisión, pidió “unir voces para poder llegar a toda la sociedad. “Si robás y sos pobre, vas preso. Si robás y sos rico, capaz que llegás a ser empresario”.

En más de cincuenta instituciones de encierro relevadas, 2.074 víctimas describieron 6.843 casos de torturas y/o malos tratos, que incluyen malas condiciones de detención, aislamiento, falta o deficiente alimentación, agresiones físicas, falta o deficiente asistencia de la salud, impedimentos de vinculación familiar y social, traslados constantes, amenazas, robos de pertenencia, traslados gravosos y requisas personales vejatorias.

“Este nuevo informe del RNCT refleja las graves violaciones de derechos humanos que acontecen en lugares de encierro y a partir del despliegue de las fuerzas de seguridad, tanto del sistema federal como de la provincia de Buenos Aires y la CABA. Es la prueba rigurosa, concreta, de las practicas sistemáticas de tortura que ejecutan funcionarios públicos, liberados en su accionar por poderes judiciales que no actúan para prevenir o sancionar la tortura. Esperamos que sea una alerta urgente para las nuevas gestiones de gobierno que comienzan sus mandatos”, indicó García.

Números que atormentan

El monitoreo de las condiciones de encierro y las políticas de seguridad en la provincia de Buenos Aires arrojó el dato de que en reiteradas oportunidades se observaron prácticas sistemática de torturas, violencia estructural, muertes evitables y la degradación de los sujetos en los territorios habitados por los sectores más vulnerables. El informe anual 2015 ya alertaba sobre el agravamiento de esta situación: 548 muertes, índices récords de sobrepoblación en comisarías (más del 400%), aumento de la tasa de encarcelamiento (218,5 personas cada 100 mil) y uso sistemático de la prisión preventiva (más del 60%).

“AL IGUAL QUE LE ADVERTIMOS AL GOBIERNO SALIENTE, LE ADVERTIMOS AL NUEVO GOBIERNO QUE VAMOS A SEGUIR CONTROLANDO ESTAS IRREGULARIDADES.”

“El IV Informe del RNCT aporta datos igualmente alarmantes. El relevamiento en Buenos Aires incluyó 24 inspecciones a cárceles, institutos de menores y unidades neuropsiquiátricas. La información generada por la intervención del Comité Contra la Tortura de la CPM en los lugares de detención y las fichas que se construyen a partir de las denuncias recibidas arrojan que, sólo en el ámbito de la provincia, se constataron 866 víctimas y 3.677 casos de torturas y/o malos tratos: es decir, un promedio de más de cuatro hechos de torturas por víctima. Entre los tipos de torturas y/o malos tratos más generalizados se encuentran el aislamiento, las malas condiciones de detención, la falta o deficiente alimentación y asistencia de la salud”, indicó un comunicado de la CPM.

La situación se repite en todo el territorio del país. El RNCT –creado en 2010– es el primer registro nacional que sistematiza, organiza y publica esta información. “Al igual que le advertimos al Gobierno saliente, le advertimos al nuevo Gobierno que vamos a seguir controlando estas irregularidades. Vamos a seguir luchando para que esto sea un tema de la agenda política para terminar con el abuso de poder de las Fuerzas del Estado”, concluyó Daroqui, y agregó: “Vamos a continuar nuestro camino. Si no es desde el Registro, crearemos otra trinchera”.

Triunfo popular: La Corte mendocina decretó la constitucionalidad de la ley antiminera 7722


Las asambleas del pueblo mendocino festejan un triunfo que llevó 8 años de lucha incansable. La Suprema Corte de Mendoza decretó la constitucionalidad de la “ley del pueblo” 7722, la misma prohíbe el uso de sustancias tóxicas como el cianuro, el mercurio y el ácido sulfúrico en la minería a cielo abierto. La decisión del máximo tribunal provincial fue unánime con una disidencia parcial. En este caso se trata del juez Mario Adaro quien votó contra la constitucionalidad del 1º párrafo del artículo 3, los otros 6 votaron por la constitucionalidad de toda la ley 7.722.

Fuente: Los Andes

El fallo fue anunciado públicamente a las 0 horas de hoy 17 de diciembre. Ver al pie el link para leer el texto completo del mismo.

Es una batalla que comenzó con algunos defensores del agua, un recurso muy necesario para un terreno desértico como el nuestro, que derivó luego en asambleas en muchas localidades de la provincia que a fuerza de voluntad, información y difusión lograron plantarse ante compañías multinacionales.

En los fundamentos del fallo se explicitan consideraciones en torno a la proteción del agua, al derecho a la vida, la protección del ambiente y también derechos consagrados por la Constitución Nacional como el preventivo y precautorio, para dejar en firme la prohibición de sustancias contaminantes (ácido sulfúrico, arsénico, cianuro, mercurio) en la extracción de minerales metalíferos.

El litigio se remonta a 2007 cuando una docena de mineras con intereses en Mendoza, tras la promulgación de la ley, comenzaron a interponer sucesivas demandas individuales con un mismo foco: su inconstitucionalidad. La causa se unificó con la carátula “Minera Del Oeste SRL y ots. c/ Gobierno de la Provincia p/acción de inconstitucionalidad”, y ocho años después, con infinidad de informes y muchas protestas de organizaciones sociales en el medio, la Suprema Corte había anticipado que se pronunciaría antes del fin de 2015.

La norma reafirmada en su constituicionalidad, en su artículo primero estipula que: “A los efectos de garantizar debidamente los recursos naturales con especial énfasis en la tutela del recurso hídrico, se prohibe en el territorio de la Provincia de Mendoza, el uso de sustancias químicas como cianuro, mercurio, ácido sulfúrico, y otras sustancias tóxicas similares en los procesos mineros metalíferos de cateo, prospección, exploración, explotación y/o industrialización de minerales metalíferos obtenidos a través de cualquier método extractivo”.

De todos maneras, las empresas interesas en realizar este tipo de actividad en suelos mendocinos les queda un recurso más para lograr su cometido: apelar el fallo a la Corte Suprema de la Nación.

El reciente episodio sucedido en la mina Veladero en San Juan habría sido uno de los factores determinantes en la decisión del máximo tribunal mendocino.

Leer el fallo de la Corte Suprema de Mendoza

La ley completa: Ley 7722-Provincia de Mendoza

EL SENADO Y CAMARA DE DIPUTADOS DE LA PROVINCIA DE MENDOZA,

SANCIONAN CON FUERZA DE LEY:

Artículo 1° – A los efectos de garantizar debidamente los recursos naturales con especial énfasis en la tutela del recurso hídrico, se prohibe en el territorio de la Provincia de Mendoza, el uso de sustancias químicas como cianuro, mercurio, ácido sulfúrico, y otras sustancias tóxicas similares en los procesos mineros metalíferos de cateo, prospección, exploración, explotación y/o industrialización de minerales metalíferos obtenidos a través de cualquier método extractivo.

Artículo 2° – Las empresas y/ o personas jurídicas o físicas que a la fecha de entrada en vigencia de la presente Ley posean la titularidad de concesiones de yacimientos minerales metalíferos, o aquellas que industrialicen dichos minerales deben tramitar en el plazo de treinta (30) días el “informe de partida” que establece el Art. 24 del Decreto 2109/94, a efecto de cumplir con las exigencias de la presente Ley, bajo apercibimiento de cesar inmediatamente en su actividad hasta tanto adecuen todos sus procesos mineros y/ o industriales.

Artículo 3° – Para los proyectos de minería metalífera obtenidos las fases de cateos, prospección, exploración, explotación, o industrialización, la DIA debe ser ratificada por ley.

Los informes sectoriales municipales, del Departamento General de Irrigación y de otros Organismos Autárquicos son de carácter necesario, y se deberá incluir una manifestación específica de impacto ambiental sobre los recursos hídricos conforme al artículo 30 de la Ley 5961. Para dejar de lado las opiniones vertidas en los dictámenes sectoriales deberá fundarse expresamente las motivaciones que los justifican.

Artículo 4° – Establécese como autoridad de aplicación de la presente al Ministerio de Ambiente y Obras Públicas, que reglamentará el establecimiento de un Seguro de Garantía Ambiental para cada emprendimiento y creará, dentro de su ámbito, la Policía Ambiental Minera que tendrá como función específica el control y seguimiento de cada uno de los emprendimientos mineros de la Provincia de Mendoza, debiendo informar todas las actividades desarrolladas semestralmente a las comisiones de Medio Ambiente de la Legislatura Provincial.

Asimismo en lo que refiere a la preservación y uso del agua el Departamento General de Irrigación deberá ejercer el control específico y seguimiento de cada uno de los emprendimientos mineros de la Provincia, en todas y cada una de sus etapas, cuando los mismos afecten las cuencas hídricas.

Artículo 5° – La autoridad de aplicación garantizará, en todo proceso de evaluación del proceso de impacto ambiental, la participación de los municipios de las cuencas hídricas y aquellas regiones que se manifiesten como tales, afectadas por el proyecto respectivo, debiendo respetarse las realidades productivas y sociales de cada uno de los mismos, cuyos dictámenes sectoriales serán de carácter necesarios.

Artículo 6° – La autoridad administrativa deberá identificar los daños ambientales que puedan existir y/o que se produzcan en el futuro con causa en la actividad minera, a efectos de exigir administrativamente la remediación del daño, o en su defecto requerir la misma según el procedimiento judicial que regula la Ley 25.675.

Artículo 7° – Comuníquese al Poder Ejecutivo.

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Is Europe Doomed To Collapse?; by Nouriel Roubini


I am on a two-week European tour at a time that could make one either very pessimistic or constructively optimistic about Europe’s prospects.

First the bad news: Paris is somber, if not depressed, after the appalling terrorist attacks earlier this month. France’s economic growth remains anemic, the unemployed and many Muslims are disaffected, and Marine Le Pen’s far-right National Front is likely to do well in the upcoming regional elections. In Brussels, which was semi-deserted and in lockdown, owing to the risk of terrorist attacks, the European Union institutions have yet to devise a unified strategy to manage the influx of migrants and refugees, much less address the instability and violence in the EU’s immediate neighbourhood.

Outside the eurozone, in London, there is concern about negative financial and economic spillover effects from the monetary union. And the migration crisis and recent terrorist attacks mean that a referendum on continued EU membership – likely to be held next year – could lead the United Kingdom to withdraw. This would probably be followed by the breakup of the UK itself, as “Brexit” would lead the Scots to declare independence.

In Berlin, meanwhile, German Chancellor Angela Merkel’s leadership is coming under growing pressure. Her decision to keep Greece in the eurozone, her courageous but unpopular choice to allow in a million refugees, the Volkswagen scandal, and flagging economic growth (owing to the slowdown of China and emerging markets) have exposed her to criticism even from her own party.

Frankfurt is a divided city, policy-wise: the Bundesbank opposes quantitative easing and negative policy rates, while the European Central Bank is ready to do more. But Germany’s thrifty savers – households, banks, and insurance companies – are furious about ECB policies that tax them (and others in the eurozone core) to subsidize the eurozone periphery’s alleged reckless spenders and debtors.

In this environment, the full economic, banking, fiscal, and political union that a stable monetary union eventually requires is not viable: The eurozone core opposes more risk sharing, solidarity, and faster integration. And populist parties of the right and left – anti-EU, anti-euro, anti-migrant, anti-trade, and anti-market – are becoming stronger throughout Europe.

But of all the problems Europe faces, it is the migration crisis that could become existential. In the Middle East, North Africa, and the region stretching from the Sahel to the Horn of Africa, there are about 20 million displaced people; civil wars, widespread violence, and failed states are becoming the norm. If Europe has trouble absorbing a million refugees, how will it eventually handle 20 million? Unless Europe can defend its external borders, the Schengen agreement will collapse and internal borders will return, ending freedom of movement – a key principle of European integration – within most of the EU. But the solution proposed by some – close the gates to refugees – would merely worsen the problem, by destabilizing countries like Turkey, Lebanon, and Jordan, which have already absorbed millions. And paying off Turkey and others to keep the refugees would be both costly and unsustainable.

And the problems of the greater Middle East (including Afghanistan and Pakistan) and Africa cannot be resolved by military and diplomatic means alone. The economic factors driving these (and other) conflicts will worsen: global climate change is accelerating desertification and depleting water resources, with disastrous effects on agriculture and other economic activity that then trigger violence across ethnic, religious, social, and other cleavages. Nothing short of a massive, Marshall Plan-style outlay of financial resources, especially to rebuild the Middle East, will ensure long-term stability. Will Europe be able and willing to pay its share of it?

If economic solutions aren’t found, eventually these regions’ conflicts will destabilize Europe, as millions more desperate, hopeless people eventually become radicalized and blame the West for their misery. Even with an unlikely wall around Europe, many would find a way in – and some would terrorize Europe for decades to come. That’s why some commentators, inflaming the tensions, speak of barbarians at the gates and compare Europe’s situation to the beginning of the end of the Roman Empire.

But Europe is not doomed to collapse. The crises that it now confronts could lead to greater solidarity, more risk sharing, and further institutional integration. Germany could absorb more refugees (though not at the rate of a million per year). France and Germany could provide and pay for military intervention against the Islamic State. All of Europe and the rest of the world – the US, the rich Gulf States – could provide massive amounts of money for refugee support and eventually funds to rebuild failed states and provide economic opportunity to hundreds of millions of Muslims and Africans.

This would be expensive fiscally for Europe and the world – and current fiscal targets would have to be bent appropriately in the eurozone and globally. But the alternative is global chaos, if not, as Pope Francis has warned, the beginning of World War III.

And there is light at the end of the tunnel for the eurozone. A cyclical recovery is underway, supported by monetary easing for years to come and increasingly flexible fiscal rules. More risk sharing will start in the banking sector (with EU-wide deposit insurance up next), and eventually more ambitious proposals for a fiscal union will be adopted. Structural reforms – however slowly – will continue and gradually increase potential and actual growth.

The pattern in Europe has been that crises lead – however slowly – to more integration and risk sharing. Today, with risks to the survival of both the eurozone (starting with Greece) and the EU itself (starting with Brexit), it will take enlightened European leaders to sustain the trend toward deeper unification. In a world of existing and rising great powers (the US, China, and India) and weaker revisionist powers (such as Russia and Iran), a divided Europe is a geopolitical dwarf.

Fortunately, enlightened leaders in Berlin – and there are more than a few of them, despite perceptions to the contrary – know that Germany’s future depends on a strong and more integrated Europe. They, together with wiser European leaders elsewhere, understand that this will require the appropriate forms of solidarity, including a unified foreign policy that can address the problems in Europe’s neighbourhood.

But solidarity begins at home. And that means beating back the populists and nationalist barbarians within by supporting aggregate demand and pro-growth reforms that ensure a more resilient recovery of jobs and incomes.

© Project Syndicate

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El racismo en la sociedad contemporánea


Por Jacques–Alain Miller
Jacques–Alain Miller

El autor –apelando al concepto de “extimidad” – sostiene que el racismo moderno es el “odio al goce del otro: se odia la manera particular en que el otro goza”

El término “inmigración”, relativamente nuevo, significativamente contemporáneo de la Revolución Industrial, es decir, de la perturbación que introdujo la aplicación con fines productivos de los resultados de la ciencia: a partir de ella, establecerse en un país extranjero se extendió a escala masiva. Se trata entonces de un hecho nuevo, de un hecho moderno. Debemos decir que ser un inmigrante es el estatuto mismo del sujeto en el psicoanálisis. El sujeto como tal, definido por su lugar en el Otro, es un inmigrante. No definimos su lugar en lo Mismo porque solo tiene hogar en lo del Otro. El problema del sujeto precisamente es que ese país extranjero es su país natal. Algo significa que el psicoanálisis haya sido inventado por alguien que tenía con el estatuto de inmigrante, de extimidad social, una relación originaria. Y es que este estatuto pone en tela de juicio el circulo de la identidad de este sujeto, lo condena a buscarla en los grupos, los pueblos y las naciones. Se nos reprocha ser anti humanistas, y es que el humanismo universal no se sostiene. No me refiero al humanismo del Renacimiento, que está muy lejos de ser un humanismo universal. Hablo de este humanismo contemporáneo que no encuentra más soporte que el discurso de la ciencia –del derecho al saber, hasta de la contribución al saber–, de este humanismo universal cuyo absurdo lógico (no hay otra palabra) sería pretender que el Otro sea semejante. Este humanismo se desorienta por completo cuando lo real en el Otro se manifiesta como no semejante en absoluto. Hay entonces sublevación. Entonces surge el escándalo. Ya no se tiene más recurso que invocar no sé qué irracionalidad; es decir que se supera singularmente el concepto del Otro aséptico que nos hemos forjado. De hecho, este humanismo universal hace oír sus pretensiones justo cuando el Otro tiene una singular propensión a manifestarse como no semejante –a lo que se esperaba–. Esto desorienta al progresismo, que cuenta con el progreso del discurso de la ciencia como universal para obtener una uniformización, y especialmente del goce. El problema es que, en la medida en que la presión del discurso científico se ejerce en el sentido de lo uniforme, hay cierto disforme que tiende a manifestarse, sobre todo de un modo grotesco y horrible, y que está ligado a lo que se llama progreso. La ciencia no debe quedar exonerada de racismo aun cuando haya una caterva de científicos que expliquen hasta qué punto es antirracista. Sin duda es posible hacer caso omiso de las elucubraciones seudocientíficas del racismo moderno, que, como se constata, no se sostienen. Resulta fácil constatar que en sus consecuencias técnicas la ciencia es profundamente anti segregativa, pero es porque su discurso mismo explota un modo muy puro del sujeto, un modo que puede llamarse universalizado del sujeto. El discurso de la ciencia está hecho para y por –potencialmente por– cualquier hijo de vecino que piense… luego soy; es un discurso que anula las particularidades subjetivas, que las echa a perder. Entonces, está la vocación de universalidad de la ciencia, que en este sentido es antirracista, antinacionalista, anti ideológica, puesto que solo se sostiene poniendo el cuantificador universal para todo hombre. Aunque resulta muy simpático, en la práctica esto conduce a una ética universal que hace del desarrollo un valor esencial, absoluto, y hasta tal punto que todo (comunidades, pueblos, naciones) se ordena según esta escala con una fuerza irresistible. De resultas, es porque las comunidades, los pueblos y las naciones se encuentran bajo esta escala, por lo que hay enseguida un buen numero al que se califica de subdesarrollado. En el fondo, todo está dicho en ese término, hasta tal punto que no hay más que subdesarrollados en esta tierra. Francia, por ejemplo, tiembla por saber si esta en verdad suficientemente desarrollado en varios campos. Se siente en la pendiente de la decadencia respecto de esta irresistible exigencia de desarrollo. Debe admitirse también que esto se encarnó en la fachada –por otra parte, en general humanitaria– del colonialismo, del imperialismo moderno. En esa época no se decía: cada uno en su casa. Por el contrario, se iba a ver de cerca para imponer el orden y la civilización. Resulta divertido constatar que en nuestra época vivimos el retorno al interior de todo esto, el retorno de extimidad de este proceso. Y resulta tanto más sabroso cuanto que son los mismos que querían afrancesar pueblos enteros los que hoy no pueden soportarlos en el subterráneo. Hay que reconocer que este desarrollo del discurso de la ciencia tiene como efecto bien conocido –y la protesta, llegado el caso, es reaccionaria– deshacer las solidaridades comunitarias, las solidaridades familiares. Como saben, el estatuto moderno de la familia es extremadamente reducido. Grosso modo, lo que resumimos como discurso de la ciencia tiene un efecto dispersivo, desegregativo, que puede llamarse de liberación, por que no; se trata de una liberación estrictamente contemporánea con la mundialización del mercado y de los intercambios. A quienes solo son sensibles a la vocación de universalidad de la ciencia, mientras rezongan ante algunas de sus consecuencias económicas y hasta culturales, Lacan les señala el hecho de que a esta desegregación responde la promoción de segregaciones renovadas, que son en conjunto mucho más severas que lo que hasta ahora se vio. Él lo dice en futuro, de forma profética: “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación” (los remito a la página 22 de la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”). Los procesos de segregación son justamente lo que se discute bajo el sentido común del racismo. En el fondo, esto implica que el discurso de la ciencia no es en absoluto abstracto, sino que tiene efectos sobre cada uno, tiene efectos significantes sobre todos los grupos sociales porque introduce la universalización. No se trata de un efecto abstracto, sino de una apuesta permanente. El modo universal –que es el modo propio según el cual la ciencia elabora lo real– que parece no tener límites, pues bien, los tiene. Me encontraba junto a un biólogo encantador empeñado en sostener que desde el punto de vista de los genes no hay raza: reconozcamos que este tipo de fórmula, de discurso, es completamente inoperante. Se puede repetir tanto como se quiera “nosotros los hombres…”, y se constatara que no tiene efectos. No los tiene porque el modo universal que es el de la ciencia encuentra sus límites en lo que es estrictamente particular, en lo que no es universal ni universalizarle y que podemos llamar, con Lacan, de manera aproximada, modo de goce. Sonar con una universalización del modo de goce caracterizo a toda utopía social, de las que fue prodigo el siglo XIX. Por supuesto, es preciso distinguir el goce particular de cada uno y el modo de goce que se elabora, se construye y se sostiene en un grupo, por lo general no muy amplio. Allí se está a nivel de cada uno. No de cada hijo de vecino, sino de cada uno en su cadauneria. “Odio tu manera de gozar” Dado el modo universal en que se desarrolla, el discurso científico no puede responder nada a la pregunta que se plantea como consecuencia de esta respuesta que es el imperativo de goce, del que cada uno es esclavo. Se sabe que el discurso universal de la ciencia no tiene respuesta, aunque se trate de hacerlo responder. Se hacen, por ejemplo, manuales de educación sexual, lo que constituye una tentativa de actuar de modo que el discurso científico, que se supone tiene respuesta para todo, pueda responder al respecto, y se verifica que fracasa. Por su profesión, el biólogo cree en la relación sexual porque puede fundarla científicamente, pero a un nivel que no implica que esta se apoye en el inconsciente. Y nada de lo que verifica a nivel del gen dice lo que hay que hacer con el Otro sexo en el nivel donde eso habla. Aun cuando el biólogo verifique el modo en que los sexos se relacionan uno con otro, lo hace en un nivel donde eso no habla. Hacer responder a la ciencia paradojas del goce es un intento cuyo final no vimos. Estamos solo al comienzo. Es una industria naciente. Pero quizá desde ya podamos saber que es en vano. En todo caso, por ahora el discurso universal no tiene siquiera la eficiencia que han tenido los discursos de la tradición, los discursos tradicionales, relativamente inertes, de una sabiduría sedimentada, que en las agrupaciones sociales anteriores permitían enmarcar el modo de goce. Nótese que estos discursos tradicionales –como el de la familia ampliada, según la llamamos, porque la nuestra es reducida–, que en determinado momento elaboraban como hacer con el otro, son los que el discurso de la ciencia objeto, arraso; el discurso de la ciencia y lo que lo acompaña, a saber, el discurso de los Derechos del Hombre. Me parece que esto es lo que debe captarse para situar el racismo moderno, sus horrores pasados, sus horrores presentes, sus horrores por venir. No basta con cuestionar el odio al Otro, porque justamente esto plantearía la pregunta de por qué este Otro es Otro. En el odio al Otro que se conoce a través del racismo es seguro que hay algo más que la agresividad. Hay una consistencia de esta agresividad que merece el nombre de odio y que apunta a lo real en el Otro. Surge entonces la pregunta que es en todo caso la nuestra: ¿que hace que este Otro sea Otro para que se lo pueda odiar en su ser? Pues bien, es el odio al goce del Otro. Esta es la fórmula más general que puede darse de este racismo moderno tal como lo verificamos. Se odia especialmente la manera particular en que el Otro goza. Cuando cierta densidad de poblaciones, de diferentes tradiciones, de culturas diversas, se expresan, resulta que el vecino tiende a molestarlos porque, por ejemplo, no festeja como ustedes. Si no festeja como ustedes, significa que goza de otro modo, que es lo que ustedes no toleran. Se quiere reconocer en el Otro al prójimo, pero siempre y cuando no sea nuestro vecino. Se lo quiere amar como a uno mismo, pero sobre todo cuando está lejos, cuando está separado. Cuando el Otro se acerca demasiado, se mezcla con ustedes, como dice Lacan, y hay pues nuevos fantasmas que recaen sobre el exceso de goce del Otro. Una imputación de goce excedente podría ser, por ejemplo, que el Otro encontrara en el dinero un goce que sobrepasaría todo limite. Este exceso de goce puede ser imputar al otro una actividad incansable, un gusto demasiado grande por el trabajo, pero también imputarle una excesiva pereza y un rechazo del trabajo, lo que es solo la otra cara del exceso en cuestión. Resulta divertido constatar con que velocidad se pasó, en el orden de estas imputaciones, de los reproches por el rechazo del trabajo a los que “roban trabajo”. De todas maneras, lo constante en este asunto es que el Otro les saca una parte indebida de goce. Esto es constante. La cuestión de la tolerancia o la intolerancia no alcanza en absoluto al sujeto de la ciencia o a los Derechos del Hombre. El asunto se ubica en otro nivel, que es el de la tolerancia o la intolerancia al goce del Otro, en la medida en que es esencialmente aquel que me sustrae el mío. Nosotros sabemos que el estatuto profundo del objeto es haber sido siempre sustraído por el Otro. Si el problema tiene aspecto de insoluble, es porque el Otro es Otro dentro de mí mismo. La raíz del racismo, desde esta perspectiva, es el odio al propio goce. No hay otro más que ese. Si el Otro está en mi interior en posición de extimidad, es también mi propio odio. Simplemente, se confiesa que se quiere al Otro siempre que se vuelva el Mismo. Cuando se hacen cálculos para saber si deberá abandonar su lengua, sus creencias, su vestimenta, su forma de hablar, se trata de saber en qué medida el abandonaría su Otro goce. Esto es lo único que se pone en discusión. En esta línea me vi llevado a admitir la validez del término “sexismo”, que se construye sobre “racismo”. Hombre y mujer son dos razas –tal es la posición de Lacan–, no biológicamente, sino en lo que hace a la relación inconsciente con el goce. En este nivel se trata de dos modos de goce. Sabemos hasta qué punto nos ocupamos de contener el goce femenino: como se intentó taponar, canalizar, vigilar este exceso de goce. Saben el cuidado que se tomó –constituyo un tema filosófico, durante siglos– en la educación de las muchachas. Resulta divertido ver progresar las tentativas de uniformización del discurso de la ciencia. Podemos regocijarnos al ver la promoción femenina, mujeres a la cabeza de sociedades multinacionales norteamericanas, por ejemplo, que hoy ocupan lugares como el de tesorero general, lo que es bastante afín a la posición de la burguesa en la casa. La tolerancia a la homosexualidad depende de la misma rúbrica. Se producen efectos de segregación, si no voluntarios al menos asumidos. Existen rincones reservados, en Los Ángeles o San Francisco, donde se reúne una comunidad que ocupa un tercio de la ciudad. Se trata de una forma asumida, jugada, de segregación. Y como comunidad de segregación tiene derecho de palabra y de actuación en la conducción de la ciudad. ¿El antirracismo es negar las razas? Creo que es inoperante plantear que no hay razas. Para que no hubiera razas, para que se pudiera decir “nosotros los hombres…”, haría falta que hubiera el Otro del hombre. Se necesitarían seres hablantes de otro planeta para que pudiéramos por fin decirlo. De ahí el carácter finalmente tan optimista de la ciencia ficción, ya que da una especie de existencia fantasiosa al “nosotros los hombres…”. Para Jacques Lacan, una raza se constituye por el modo en que se trasmiten, por el orden de un discurso, los lugares simbólicos. Es decir que las razas, esas que están en actividad entre nosotros, son efectos de discurso, lo que no significa simplemente efectos de blablablá. Significa que estos discursos están ahí como estructuras, y que no alcanza con soplarlos para que se vuelen.

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Volatilidad y turbulencia


GABRIEL MURO / EL QUIRÓFANO FRACTAL

Sobre la presentación de Espectros del Capital, de Joseph Vogl. Reseña publicada en Espectros – revista cultural

Cosmopolis Ok

La semana pasada, mientras se allanaba el banco central por orden del inefable juez Bonadío, el ensayista alemán Joseph Vogl brindó una charla en el último piso del Goethe-institut, una gran sala en las alturas desde la cual puede observarse la city porteña, Puerto Madero y más allá, el abismo del Río de la Plata. Vogl es profesor de literatura alemana e investigador en temas de estética y medios de comunicación. Vino a presentar la edición en castellano de un libro sobre economía política, Espectros del Capital, una importantísima contribución a la comprensión de la actualidad del poder financiero, un poder opaco e ilegible. No es extraño que Vogl provenga de los estudios estéticos: el financiero es un mundo de infinitos signos fluctuantes, presentes en la red global de pantallas bursátiles, y…

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el aristócrata que quería ser marginal


“¿Leíste a Pagni?”. Como si fuera un clásico contemporáneo, la pregunta se repite varias veces por semana en un espinel angosto pero influyente que atraviesa a la crema del poder y sus difusas adyacencias. Durante -pero contra- el kirchnerismo, Carlos Pagni también tuvo su década ganada. El periodista que se entrenó en la guerrilla de derecha en los 90 y hoy le trae la jubilación a los Morales Solá de este mundo habla con Crisis, mientras afuera llueve.

Carlos Pagni llega unos pocos minutos tarde, con un paraguas largo. Saluda al grupo con amabilidad y se sienta. Unos segundos después, sus modos aristocráticos lo convierten en el dueño de la escena. El columnista político de La Nación que lee toda la clase dominante es alto y tiene voz de locutor. Por la información que pone en juego, por la ironía que despliega, por la escritura fluida que avanza a estocadas, por los escenarios que construye, a Pagni lo leen los políticos de todos los partidos, la militancia, la intelectualidad, los empresarios, los periodistas y los funcionarios. Aunque lo aborrezcan. “Soy periodista. No me lean con tanta atención. Dura hasta la noche la nota. Hasta una semana banco”, bromea cuando le preguntan por una columna cuyas conclusiones ya no asume. Un dandy que conoce a quién, a qué, le hace el juego. Ni sociología, ni literatura. Cuando está a punto de ser enjuiciado como “escritor”, retrocede sobre la profesión como un soldado.

En un escenario de fuerte incertidumbre, con una oposición que se frota las manos ante el ansiado fin de ciclo, Pagni defrauda. A propios y a extraños. Porque no ve tan claro lo que otros, a su lado, anuncian. “El derrumbe del 2001 permitió el surgimiento de un Leviatán, con perdón del Leviatán. Yo creo que en el 2001 la sociedad se volvió loca, salió de su casa a llevarse a todos puestos. Yo iba a cenar con políticos que te citaban a las dos de la mañana para comer entre brasileños. Había ministros de Menem que le pedían el avión a Eurnekian para ir a San Pablo y viajar a Europa entre brasileños. Ese es el estado que explica lo que vino después. La dirigencia argentina –donde pongo a los políticos, los empresarios, los medios, los sindicalistas, los líderes religiosos, a todos–, atemorizada por ese fenómeno, decidió darle a la gente una fiesta de consumo por diez años. Y al que nos dio esa fiesta lo consagramos Edipo Rey. Eso es lo que pasó en Argentina. Esa fiesta se terminó. Y no sabemos hacia dónde va esto.”

Vos dijiste que Capriles no es solo un candidato sino que plantea una regla de composición de una segunda fuerza, para contrabalancear el poder del gobierno. ¿Podés explicarlo?

—Me preguntaron si va a haber un Capriles en la Argentina. Y dije que lo importante, lo primero que hay que mirar en la política es el formato. Lo segundo es la agenda. Lo tercero es el candidato. Capriles es una anécdota. Massa es una anécdota. Lo que tenés que constituir es una regla. Lo mismo con la corrupción. ¿Qué es más importante? ¿Tenerla a Carrió denunciando o tener equilibrio de poderes y que Oyarbide sepa que no puede hacer lo que hace porque otro podría reemplazarlo? Pregunta que Carrió no se hace cuando dinamita todo…

¿En qué sentido entonces las elecciones y Massa cambian el formato de la política argentina?

—El 27 de octubre pasaron cuatro cosas. La primera es que se quiebra el oficialismo en la provincia de Buenos Aires, algo estratégico porque el PJ es una de las vigas maestras del poder que soñó Néstor. Segundo, es muy importante lo que sucede en el norte y en el sur del país: el retraso cambiario y la crisis energética hacen que los gobernadores aliados pierdan. Por lo tanto, hay una quita de consenso a la política económica de quienes la sostenían, no de quienes la impugnaban. El tercer dato relevante es que podría haber una reposición de un sujeto no peronista, sobre la base de lo que es el fósil del viejo radicalismo, en lugares como Jujuy, La Rioja, Tucumán, Mendoza y Capital. Empezaría a haber algo que desde mi punto de vista es valioso: que haya equilibrio, que haya mercado. Alternativas competitivas. Como eso en la provincia de Buenos Aires no sucede, porque el radicalismo es una línea interna del peronismo desde Cafiero para acá –una de las razones de que se haya expandido el narcotráfico, la pauperización, la desindustrialización, en una provincia plagada de lacras sin debate político– se produce el desdoblamiento del peronismo, que a mi juicio es fraudulento. La ficción consentida de que ahora viene la renovación del kirchnerismo con Alberto Fernández, solo la pueden creer los que escriben “cristinismo”.

Así como decís que el kirchnerismo no está muerto, también sugerís que el 2001 aún está vigente.

—Es que en el 2001 pasan dos cosas cruciales. Una, colapsó el radicalismo. En ningún proceso histórico es gratis que desaparezca un actor que sirvió como instrumento de intervención de los sectores medios en la vida pública por más de 100 años. Nosotros hemos mirado esta década a la luz de la emergencia de los Kirchner. Yo la miro a la luz de la desaparición del radicalismo. Me explica mucho más y me explica a los Kirchner. Cuando los historiadores estudien el 2001, va a ser una fecha como 1852 la caída de Rosas, 1955 el golpe de Estado… El otro dato muy importante es que, por primera vez desde 1880, toma el poder de la Nación la provincia de Buenos Aires. Este país había sido organizado por Roca como una alianza de provincias del interior contra Buenos Aires. Para eso se federaliza la Capital, para eso se federaliza la Aduana. El duhaldismo –y el kirchnerismo en esto es duhaldismo, no ha dejado de serlo hasta ahora, y sigue con Massa y sigue con Scioli–es la provincia de Buenos Aires, que da un golpe de Estado para apropiarse del poder nacional y llevar adelante un programa en contra del resto del país. Para extraer recursos de los sectores más dinámicos de la economía y volcarlos como subsidio en el conurbano. Para que yo pueda viajar –presumiblemente muriéndome en el camino– ida y vuelta a La Plata por un peso.

La reaparición de ese actor no peronista, ¿supone que el país está saliendo de la crisis?

—Si yo tuviera que explicarle a un sueco cuándo el país va hacia la crisis, tomaría como índice los 37 puntos de diferencia entre Cristina y su segundo. No importan tanto el 54 por ciento, sino la diferencia con el segundo. Eso creo que tiene varias razones. Primero, que el kirchnerismo produce el único relato que hay en la góndola. Ni Macri, que sería el que tendría que contar otro cuento, es capaz de aportar otro relato. El kirchnerismo dice: “acá hubo un proceso de democratización radical en los años 70, que fue tan eficaz que hubo que abortarlo con un golpe sanguinario y siniestro; a partir de ahí se instaló una democracia fraudulenta frente a la cual la gente se levantó en el año 2001, vino un fenómeno que no entendemos bien –no queremos comprenderlo, además, porque venimos de eso–, el duhaldismo, una especie de desarrollismo de derecha; y en un giro alocado de la historia (diría Forster) aparece Néstor y retomamos el 76, activando un proceso de democratización tan radical como aquel y tan eficiente que nos dan un golpe con las balas de tinta”. Y ahora con los votos, un golpe raro. Todo lo que encuentro son cuestionamientos a ese relato, pero no encuentro otra explicación política igualmente operativa. Porque toda la clase política quiso tener esta fiesta. En el fondo, ellos tocaron algunas cuerdas muy antiguas de la sociedad argentina, determinadas creencias que ningún político está dispuesto a enfrentar hoy: que lo nuestro es siempre por definición mejor que lo de los extranjeros, que los pobres por definición siempre tienen la razón respecto de los ricos, y que el Estado siempre es mejor que lo privado. Esas tres verdades, en las cuales está afincado el discurso del gobierno –no la práctica–, ni Macri las cuestiona. Por otro lado, hay un problema de liderazgo. Los Kirchner tuvieron dos socios extraordinarios: Lilita, que dinamitó todo lo que pudo y Durán Barba, que lo convenció a Macri de que se puede llegar al poder por mensaje de texto.

¿Sería aventurado pensar que el Frente Renovador empieza a mostrar un peronismo capaz de ser representativo de las clases medias?

—Es el gran desafío de Massa. El peronismo, cuando no hay sistema, funciona en sí mismo como un sistema. Massa sacó 650 mil votos antikirchneristas más en octubre que en agosto. Yo me imagino una señora leyendo La Nación en Lomas de San Isidro y diciendo: “¡qué lindos chicos los Massa, que se llevaron a Cristina! ¿De dónde son?”. Peronistas, vieja. “¡¿Cómo?!” Sí, están con Barrionuevo, con Lavagna, con Alberto Fernández. “Ah no, me gusta más Cobos”. O, “me gusta más Macri”. Ahora, ¿Massa tiene capacidad para producir los proyectos, las fantasías de transparencia democrática, reconstrucción institucional que declaman los sectores medios? ¿O cuando yo como esa ensalada digo: che, a esto le falta Carrió?

Bueno, lo tiene a Adrián Pérez.

—Es bueno el chiste. En el fondo, ahora hacia la derecha, Massa se encuentra con el límite de Kirchner: ¿hasta dónde un peronista puede llegarle a la clase media? ¿Hasta dónde puede conquistar el mercado que fue radical? ¿Hasta dónde puede el peronismo convertirse en la cuadratura del círculo? ¿Tener a Barrionuevo y Adrián Pérez en el mismo espacio? ¿Eso es la genialidad más grande que hemos descubierto, o es un fraude?

borges para entender al peronismo

A Pagni no le gusta hablar de sí mismo. Prefiere evitarlo y lo deja claro. “¿Cómo se forma hoy un cuadro de la derecha?”, se le pregunta. Y se incomoda por primera vez, en un rato largo de charla. ¿Qué rol ocupa en La Nación? ¿Qué lo distingue de los viejos columnistas que tanto aburren a las nuevas generaciones politizadas? Pero él prefiere ubicarse como una figura marginal en el diario de los Saguier. Aunque a veces escriba, incluso, las editoriales. Según Pagni, sus notas no son lo más interesante para los lectores de LN y él sigue siendo, en tamaño sábana, un escritor de nicho. Ocurre que para penetrar al gran público hay que estandarizar extremadamente el lenguaje y ofrecer una narración lineal, mientras sus artículos tienen muchas referencias históricas y reenvíos a los distintos planos donde se cocina la trama política.

¿Qué tipo de historia le interesa? “Yo creo que la historia es ironía. Y es un misterio. Borges decía que el único problema en la vida que es digno de la filosofía es el del tiempo que pasa y la identidad que perdura. El peronismo, ¿qué es? Un grupo político que intercambia identidad por poder. Vos le preguntás a un radical: ¿por qué fuiste con Ricardito Alfonsín en 2011? ¿Y con quién querías que fuera? Mi negocio no está en ganar, está en seguir idéntico a mí mismo. El peronista, una vez que encuentra al líder que conecta, pregunta: ¿de qué nos disfrazamos? Yo le digo a Oscar Parrilli, miembro informante de la privatización de YPF en 1991: ¿y la incoherencia cómo la explicás? `No encuentro la incoherencia. En cada caso, hice lo que tenía que hacer´. Eso le da la posibilidad de ser un mutante. La falta de definición ideológica es estratégica, porque si tengo una ideología, cada vez que muto tengo que hacer el treintaiochoavo congreso y autoflagelarme porque no vi lo que venía. Si vos leés a Chávez cuando estaba preso por la primera asonada, ya te avisaba hacia dónde iba: tenía un modelo de llegada expreso desde el primer día. Después, opera la historia y tu capacidad de intervención en el devenir. Los Kirchner me parece que son un mutante. Hay que leer el extraordinario libro de Juan Carlos Torre sobre el peronismo y el movimiento obrero, donde analiza cómo Perón queda mucho más ligado a los sindicatos y a la cuestión obrera al comienzo, en el 45, porque los empresarios no le dan la ayuda que él está pidiendo. Esta ambigüedad la tenés desde el comienzo y es muy interesante cómo se mantiene.”

El entrevistado se define como liberal y dice haberse formado como periodista en la “guerrilla de derecha” que fue Ámbito Financiero en los 90. Pero también cuenta que durante el alfonsinismo era muy amigo de José María “Pancho” Aricó, el intelectual gramsciano que fundó el Club de Cultura Socialista junto a Juan Carlos Portantiero. En esos años, en Mar del Plata, Pagni vendía la revista Ciudad Futura. “Pancho Aricó decía que son las formas emocionales de estar instalado las que definen tu subjetividad política, y las ideologías son después enormes coartadas.”

En La Nación se percibe un ala liberal moderna y otra más tradicionalmente jurásica, que entran en tensión por la forma de posicionarse como diario en la coyuntura. ¿Por qué La Nación dice más que Clarín para gente que no necesariamente coincide con la línea del diario?

—El enfrentamiento con el gobierno en La Nación y en Clarín es totalmente distinto. Y que eso puede abrirle a La Nación un campo de debate y de expresión más amplio. Por un lado, todas las opciones políticas de Clarín fueron erróneas. Apostaron por Angelóz y en contra de Menem, apostaron por Kirchner y les salió mal. Por otra parte, ¿cuáles son los dos grandes desafíos de la profesión política? Tu autonomía frente a los medios y tu autonomía frente al financiamiento. Los medios cuentan una telenovela, son relato; el gobierno quiere tener su propio relato y por ahí viene el conflicto. Ya en 1994, esto creo que nunca se contó, hubo un grupo de gente de Alfonsín en el que estaba Jaroslavsky y un grupo de Menem, que estuvieron a punto de poner un artículo en la Constitución en contra de Clarín. Y lo frenó Bauzá, no sé si por pedido de Menem o no. Fue un operativo comando que organizaron una noche en la Constituyente de Santa Fe.

Horacio González te definió como una pluma sutil de la derecha moderna. ¿Te reconocés en esa definición?

—Depende de qué define como derecha González. Yo me considero un liberal. Hay una cantidad de temas donde yo estoy a la izquierda de González, otros donde él puede estar a mi izquierda. Yo lo leo a él con mucha simpatía. Me parece inteligente y sumamente legible. Y lo leo con mucho interés, desde hace muchísimo tiempo.

grecia sin pericles

Siendo un liberal y partiendo de este balance de 2001 donde lo más grave que sucedió fue la extinción del radicalismo, ¿cuál es la utopía para la Argentina de mañana que persigue un pensamiento como el tuyo?

—Un formato distinto. Una utopía de reglas. Lo primero que debería pasar como algo virtuoso es una dinámica de reconstrucción de un sistema de partidos competitivo. Que el que gobierne lo haga con la amenaza del reemplazo, que el que está afuera tenga una voz suficientemente fuerte porque puede llegar a gobernar. En el fondo, para mi esquema mental, del 83 al 2001 hubo una experiencia distinta. No fue la Grecia de Pericles pero hubo un juego de alternancia, de tensión, que después desapareció. Ahora Massa intenta reponerlo. Lo que estamos viendo es si Massa o Scioli siguen con el peronismo mutante o si Cristina se traga a todo el peronismo, incluido a Massa.

¿Y cómo cambia el escenario cuando se acabe el kirchnerismo?

—Para que esto suceda no es necesario que se acabe el kirchnerismo. No es que los kirchneristas inventaron una democracia debilitada. El kirchnerismo es el hijo de una democracia debilitada. Son un liderazgo desinstitucionalizante, pero hay una responsabilidad de Macri, de Cobos, de gente que no está en política y debería meterse, de gente que está en la política y debería irse. Yo no tengo la idea de que, porque se termina el ciclo de Cristina, la democracia mejora. Es más, mi hipótesis hoy es que nos reencontramos con las viejas lacras anteriores a la emergencia del kirchnerismo. Volvemos al 2002, si querés. Estoy en contra de pensar que viene el fin del ciclo y nace una nueva institucionalidad. Me parece de una ingenuidad irritante.

Lo que incorpora el kirchnerismo es la idea de que para que el sistema sobreviva tenés que contemplar la variante de lo que pasa abajo, de esas mayorías que la alternancia de la postdictadura olvidó.

—Sí. Yo creo que acá hay un dato que el 2001 viene a plantear dramáticamente –para el cual una parte importante de la dirigencia no estaba preparada– que tiene que ver con asumir que somos un país con muchísima pobreza, una economía que excluye gente desde 1975 para acá. Me parece que es un tema que no se menciona. Por eso este va a ser un país por mucho tiempo con mucho Estado. Tenés que repensar todo, no solo el mercado. Tenés que repensar el Estado, las políticas sociales, cuál es la estrategia más inteligente de incorporación de la gente al trabajo. Todo tiene que ser pensado de nuevo, no sé si alguien está pensando.

la ruleta rusa

La única alusión opositora al mundo de lo popular, y al modo como el kirchnerismo lo encauzó, es “no vamos a eliminar la asignación universal”.

—Coincido. Me parece que se van a encontrar con un enorme problema. Por eso hablo de que hace falta otro relato. El 2015, con los datos que tenemos hoy a la vista, es la ruleta rusa. La crisis que se instaló en el 2001 sigue. No tengo ningún elemento para pensar que acá empieza a ver una dinámica distinta. Se puede crear. Soy muy optimista respecto de la voluntad.

¿Y qué pasa con el poder económico?

—Para Massa, para Macri, para Cobos, para Scioli, 2015 es mañana. Tenemos esa sensación. Para los empresarios, 2015 es el siglo que viene. Entonces, están asustados. Cristina puede decir `retuve las dos cámaras y el 32 por ciento a nivel nacional y la Corte falló a favor de la ley de medios´. Pero si yo soy empresario y veo con mi lógica de mercado que las reservas están cayendo mil millones de dólares por mes, que vamos a un problema en el mes de marzo muy serio –que es lo que ven los economistas y le están explicando a los banqueros, a los tenedores de bonos– y veo que el gobierno no tiene ningún estímulo para cambiar porque cree que tiene una base de poder como para sobrevivir después de 2015 y ser un actor del 25 por ciento, con un gobierno débil, porque van a jugar a que el próximo gobierno sea débil… En fin, está muy bien, viene la panacea de Massa o Scioli o Cobos o Macri, pero ¿cómo vivo de acá a 2015, perdiendo plata con un tipo de cambio que no me van a actualizar? Por eso, hay mucha inquietud. Y después creo que hay miedo a Massa. Lo ven como una especie de Néstor joven, que se comió de un bocado a Cristina y a Scioli, y ahora dice ¿qué hay para comer hoy? Los gobernadores peronistas y los empresarios no quieren eso. Quieren un Scioli. ¡Pero perdió! Por eso lo quiero a Scioli. Un Duhalde, un poco de paz, que el ajuste que viene sea conversado. El establishment, en el verdadero sentido de la palabra, tiene problemas con Massa. Scioli entrega el ministerio. Le dio la llave del Banco Provincia a Eurnekian. Massa no, él va a negociar con Eurnekian. Si querés, me parece que Massa tiene mayor aprecio por la autonomía política que Scioli. Y tiene un coraje y una vocación por intervenir en las cosas, por decir `armo una estructura de poder, armo intendentes, armo sindicatos, hago una propuesta, después discutimos qué propuesta´. En eso me parece más interesante que Scioli, que dice `la corriente es más eficiente que yo´.

¿Qué creés que va a pasar en los dos años que vienen?

—El avance de la izquierda radicalizada y la unificación sindical son dos temas cruciales para los dos años que vienen. Y eso hay que juntarlo con la crisis en las organizaciones sociales del kirchnerismo. Y por último, estamos metidos en un gran problema con las fuerzas de seguridad. No es gratis que se diga que la policía de Córdoba y Santa Fe están infiltradas por el narco, no es gratis que por primera vez desde el 83 tengan que usar el Ejército para controlar el narcotráfico en el Norte, violando todo lo que escribieron en los últimos diez años.

¿Cómo ves la influencia de Bergoglio, ahora como Papa, en lo que viene?

—Bergoglio es un ideólogo. Te va pedir siempre un acuerdo en torno a contenidos, no en torno a reglas. En el fondo, hay una conexión entre Bergoglio, Chávez, Cristina, que es el componente antiliberal del catolicismo. Hay que leer el documento de Aparecida, que lo escribió Bergoglio. Te encontrás con una enorme dificultad para entender cuál es su diferencia con Chávez. Ahora, Bergoglio produce otra cosa: una derrota fenomenal del kirchnerismo. Porque la estrategia del kirchnerismo se basa en dinamitar el centro. Todo tiene que ser kirchnerismo-antikirchnerismo. A o B. Eso te da poder. De golpe, un viejito de 75 años que tenías a 100 metros de tu casa y que ya le tenías tanto desprecio que ni le pinchabas los teléfonos, te recibe vestido de blanco en el centro del Renacimiento. De golpe, la clasificación A o B se disolvió. Se armó un conjunto distinto: los amantes de Bergoglio. Y creo que eso al gobierno le produjo un gran daño. Me fueron a buscar al fin del mundo para que les arregle el problema a una Europa poscristiana. Creo además que es una jugada del episcopado estadounidense. El que le juntó los votos a Bergoglio es el cardenal de Nueva York. Imaginate un viaje de Bergoglio a Miami o a Nueva York…

Pagni se inspira en Grecia pero se concentra en América Latina. Habla de Cardoso, de Lula, de Chávez, de Mujica, de Menem y Cavallo. Pero vuelve siempre al mismo punto. Dice que si tuviera que hacer un libro, estudiaría la salida de la convertibilidad. “Ese es el trauma: re-inyecta en la sociedad argentina el pánico al capitalismo que introdujo la crisis del 30. Las caídas del 30 y del 2001 son las experiencias más intensas que tuvo la Argentina con el capitalismo. En los dos casos son crisis globales y afectan al radicalismo. Eso es lo que hay que ver”, dice. La charla sigue y Pagni –periodista al fin–se preocupa por la víctima que tendrá que desgrabar las dos horas que llenó con sus argumentos.

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militantes de la Peter Pan (dos)


Novelas de jóvenes escritores, a veces no tan jóvenes, publicadas en 2014. Escritos que permiten trazar un panorama sobre la fiesta, el ocio y la experiencia urbana durante los años en que se forjó la ideología estatista socialdemócrata, sustentada en el consumo de tecnologías blandas, que hoy goza de un consenso casi total. Las capas medias se narran a sí mismas durante el kirchnerismo, pero: ¿qué kirchnerismo sucedió para las capas medias?
ILUSTRACIONES: EZEQUIEL GARCÍA
21 DE SEPTIEMBRE DE 2015

Occidente tiene una nutrida tradición de novelas de aprendizaje, bildungsromans. La Argentina se ha amoldado muy  bien a este género, y hasta hace algunos años no era raro leer una y otra vez historias de crecimiento y aprendizaje de jóvenes en diferentes contextos económicos y políticos; la verdad es que también era un poco aburrido. Ahora, una serie de novelas publicadas mayormente durante 2014 vienen a achicharrarse en una suerte de género fronterizo a las novelas de aprendizaje. Se trata de novelas de inmadurez. Sus personajes son tardo-adolescentes que se desempeñan como mano de obra en el sistema educativo, a veces en zonas marginales de la industria del entretenimiento; en algún caso son ricos. Al parecer, la imaginación literaria como modo de impugnación a lo existente, la construcción de tramas complejas, la irrupción de lo inesperado, la representación de instituciones como matrices de conflictos son constructos quizás demasiado farragosos, demasiado modernos, demasiado artificiosos.

Las novelas de inmadurez están escritas desde un segmento social y se dirigen a ese mismo segmento; parecen diseñadas para acumular likes en Facebook; populismo de nicho. Se ofrecen como un bálsamo ante el irrefrenable barullo mediático sobre la política; mejor volver a lo básico, la angustia de crecer. Las novelas de inmadurez nos enseñan, a su manera, a sobrevivir. La discursividad política como cable pelado en una vida cotidiana organizada en torno al consumo comienza a aparecer como un lejano espejismo.

Scalabritney, de Martín Zícari, Electrónica, de Enzo Maqueira, Los catorce cuadernos, de Juan Sklar, Merca, de “Loyds” Jorge Lebrón, Te Quiero, de J.P. Zooey y El Alud de Esteban Castromán son novelas construidas por medio de procedimientos narrativos muy diferentes, con recursos estéticos muchas veces opuestos, pero comparten un sustrato común. Hambrientas de contemporaneidad, escritas desde un realismo bastante convencional, son narraciones donde todo es lo que parece. Internet, las redes sociales, que aparecen religiosamente representadas, son el sello ISO 90001 que ratifica su actualidad. Sin embargo, es una actualidad donde es muy difícil encontrar algo así como un conflicto, ni hablar de una tragedia; tampoco valdría la pena bucear en los dispositivos complejos de poder que conforman y conforma la Internet  o losdispositivos concentrados de poder que son las corporaciones económico-financieras. La presencia del Estado, la marginalidad urbana o la violencia, una línea fundante y siempre activa en la literatura argentina, brillan también por su ausencia. Ya no son ejes narrativos sino, a lo sumo, situaciones despachadas con ligereza. La heteroglosia parece siempre controlada por la neurosis inmadura de las subjetividades que narran. Después de todo, tras el trauma generacional de 2001, de lo que se trata es de pasarla bien. Y de fracasar en el intento.

Estamos frente a un régimen de representación literaria donde algunos tropos se repiten en forma obsesiva. En ese plan, las de inmadurez son necesariamente novelas de ocio. Sea en una casa en el Tigre, tal como sucede en Los 14 cuadernos o en Scalabritney, en una isla de Brasil, como ocurre con El Alud, o sea a través de las derivas flaneurísticas por la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores norteños que pueden funcionar de escenario en Merca, Te Quiero y Electrónica, el trabajo es siempre un ruido de fondo, algo que no merece ser narrado.

El foco se pone en una ciudad construida desde una perspectiva ambulatoria, o en una naturaleza colonizada desde los protocolos del turismo. Ambas formas suelen esquivar cuidadosamente el conflicto y la otredad; lo que si está presente es una angustia difusa, un vacío existencial propio de la adolescencia y la consiguiente imposibilidad de elegir un camino. Por eso lo que se construye es un refugio en lo gregario, el pequeño grupo de amigos como una comunidad utópica donde sin embargo los personajes principales no terminan de encajar del todo. Así se hace siempre necesario un posterior repliegue, un encuentro con el self en el magma de intimidad pública de las redes sociales, cuyo consumo es íntimo y solitario, quizás masturbatorio. ¿Lo literario como un retorno de lo reprimido durante la construcción virtual de la personalidad? Podría ser. El encuentro con los pares, con los amigos, que siempre adquiere la gramática de una catarsis, o el sinsentido extrañado de relaciones amorosas sin éxtasis ni éxito, que se despliegan en espacios semipúblicos y llenos de gente como uno conforman una utopía módica, de entrecasa, con el clima festivo y decadente a la vez de una lectura en vivo de la bohemia porteña.

Cocaína, cocaína

Según la contratapa escrita por Washington Cucurto, Electrónica, la novela de Enzo Maqueira, se emparenta con cierta tradición en la literatura argentina vinculada a prestar oídos y “captar el pulso” a los melodramas y lenguajes de las pequeñas gentes casi siempre ninguneadas por la alta literatura. Este enorme equívoco cifra las imprecisiones de la novela, y también la dificultad hermenéutica que la misma presenta. Cucurto parece creer que encadenar diálogos intrascendentes propios de una sitcom de bajo presupuesto, enumerar lo que puede verse en un zapping, describir cómo se prepara una suprema al horno o narrar el culebrón pasional entre una docente de terciario y un joven que nunca le presta atención después de haberse revolcado con ella un par de veces, ubica el pathos de Electrónica en un universo propio de Manuel Puig, y quizás del mismo Cucurto. Sin embargo, la obra de Puig se desarrollaba al calor de la masificación televisiva y de la consagración social del cine como “séptimo arte”, y en ese sentido es que su traslación literaria del aura del pop mostraba una cierta pericia y una relativa novedad. Por otro lado, las mejores obras de Puig son aquellas donde el melodrama, el velo fluctuante de la industria cultural y la política se cruzan en formas perversas o inesperadas para su época. Incluso en una propuesta como la de Cucurto, con su construcción carnavalesca de lo popular y algunas zonas de la inmigración, existía una cierta subversión. Claro que al reificar a los sujetos populares como animales sexuales y al plegarse a un delirantismo incapaz de sostener una historia todo su proyecto perdía espesor. Pero Cucurto, al menos al principio, no escribía lo que se esperaba que escribiese, e iluminaba zonas del sentimiento popular oscurecidas por el discurso progresista imperante en los medios culturales. Si Puig era pop, Cucurto era un oscuro afterpop delirante.

Pero Electrónica no tiene nada de esto; ni siquiera elabora un camp voluntarioso. Las referencias culturales son repetitivas y previsibles. El segmento social que se retrata, por su parte, no es una zona no representada, reprimida o deformada, sino que sus protagonistas son los de cualquier tira costumbrista de televisión o de cualquier publicidad de telefonía móvil. La conjunción de estos elementos convierte a la novela, de a momentos, en una larga nota para una revista femenina. Esto se revela de una manera brutal en el plano de la corrección política. La profesora tomará cocaína y declarará no haberse dado cuenta que el tapizado de su dealer estaba manchado con la sangre del narcotráfico, tendrá una aventura con un alumno no sin antes aclarar que ambos eran mayores de edad, e incluso, en un momento, “la profesora se dio cuenta de que usar la palabra puta era machista”. Los personajes desviados, capaces de iluminar zonas oscuras de la norma, se convierten en Electrónica en adoradores de la banalidad.

Sin embargo, existe en la novela de Maqueira una pericia narrativa, una gracia que funciona en el paso sutil de tercera a segunda persona, una vocación profesional expresada en el truco de taller literario del final de la novela. Electrónica consigue sumar oleadas de amor y de desprecio hacia su personaje principal, la profesora, y aunque sin salir de los estereotipos, lo exhibe en sus debilidades, en sus anhelos y en su patetismo. Esto también sucede con el Ninja, amigo gay de la protagonista. Quizás Electrónica es justamente eso: una larga e involuntaria crónica sobre la normalización de la cultura gay. Los personajes masculinos y heterosexuales presentados por el autor de Historias de putas directamente no pueden hablar, son planos: un novio ridiculizado al extremo, un Rabec que se niega a aparecer, un psicólogo sin ética profesional, un padre postrado que mira pornografía. Claro que, a diferencia de Emma Bovary, no hay tragedia en la vida de la profesora más allá del stalkeo mórbido a un alumno y de la insatisfacción profesional. Una distracción se suma a la otra, lo importante es mantener a los amigos y el estado de goce. La utopía electrónica, la pertenencia a “la generación que había aprendido el Amor Universal gracias a una pastilla que los hacía sentirse partes de un todo” se disuelve en el consumo de cocaína –la droga más presente- y la ensoñación; jamás llega a rozarse con la política por más que se mencione vaga y deliberadamente a la jubilación como una conquista de la época. La experiencia de lo común tiene los límites de un grupo de tres amigos que salen a bailar; mientras que la movida electrónica es construida con una mirada nostálgica que, al dejarla confinada al plano de la cultura juvenil y no interrogarla en tanto matriz de experiencias, no termina de contarse de otra manera que como un lamento por la juventud desperdiciada. ¿Pero había otras opciones? ¿Qué pasó en el medio? La profesora no se lo pregunta. De hecho, en varios momentos de la novela, se confiesa: “todo el tiempo tenías ideas estúpidas”. Y, quizás sólo en estos casos, no se miente.

La droga como tema ganchero y supuestamente contracultural, el ocio, la vida a la deriva y el hastío generacional no parecen ser patrimonio exclusivo de las clases medias con aspiraciones intelectuales. EnMerca, de Loyds, ese universo se traslada a las clases altas, al segmento ABC1, a los dueños de la tierra apostados entre la Recoleta y la zona norte. Johnny, el protagonista de esta novela, es una oveja descarriada y altamente drogadicta que odia a su propia clase, y principalmente a sí mismo. De hecho, cada tres minutos de lectura nos enteramos de lo que Johnny odia: básicamente todo, desde los casamientos en el Palacio Sans Souci hasta a Inglaterra; también a los limpiavidrios. Merca construye un universo que nunca podría estar informado por una mirada plenamente integrada a su sector social, ya que el uso del lenguaje sintetiza la textura acelerada del Clayton de Menos que Cero de Brett Easton Ellis con el argot de la clase media, y el retrato clasista, lleno de un desprecio y una fascinación imposibles en alguien que tenga una plena pertenencia a las clases altas, se centra más en la descripción de escenarios y de consumos culturales que en la construcción de un ethos. Johnny habla como un desclasado aunque no lo es: Loyds no se decide por una novela realista, que sería involuntariamente paródica, ni por un grotesco, que al eludir la política resultaría insustancial.

Su intermedio termina convertido en una fábula moral. Con su BMW, su padre multimillonario y su mayordomo servil, Johnny permanecerá impiadoso hacia su clase durante toda la novela; después de todo eso es lo que la adicción a la cocaína le hace a la gente. Sin embargo Johnny tiene momentos de debilidad, cifrados en sus relaciones más cercanas, y eso, en cierta medida, revela su lado humano y entrañable. La cocaína, por su parte, es el objeto sublime que habilita el tránsito de Johnny por innumerables fiestas, baby showers, asados en countries y eventos nocturnos. En medio de una construcción literaria de a momentos plana, se destaca la virtuosa materialidad de la merca, el espesor de las líneas de máxima pureza que el protagonista separa y aspira, goloso, con un billete de 50 dólares y siente como un “latigazo ácido” o como un gusano que se introduce por los orificios de su cuerpo. Es potente y material el efecto físico de la merca, el entusiasmo terriblemente autoconsciente, pero también el deterioro, la caída de pelo, la pérdida de peso y las resacas zanjadas con Alplax que permiten momentos de lirismo, como en esa mañana en que Johnny se sienta al inodoro y sólo puede ver “unas gotas de sangre que hacen efecto expansivo al caer sobre el agua transparente”.

¿Novela noventosa? Sí desde el uso del lenguaje, no tanto desde su sistema de referencias históricas. La etnografía de las clases altas desplegada en Merca posee dos núcleos. Por un lado, logra poner en juego el acierto de describir a las clases más favorecidas como un sector social imposibilitado de realizar un cierre social exitoso. Johnny, su padre, su madre, sus amigos, viven aterrorizados por la posibilidad de rozarse con arribistas provenientes de estratos sociales levemente inferiores. En caso de encontrarlos se los hacen sentir, y estas capas medias con aspiraciones de elite son el principal tema de conversación y de conflicto. Johnny parece poseer un radar natural para ubicar a las personas en sectores sociales, un sexto sentido sociológico permanentemente alerta que sólo puede explicarse en un país con una aristocracia lumpen y siempre amenazada por lo plebeyo como la argentina. El discurso de Johnny, a su pesar, es el de una clase que ya no puede narrarse a sí misma porque sabe que su lugar en el mundo social carece de legitimidad histórica y social, y puede tambalearse en cualquier momento. Pero, junto con esta debilidad histórica, la novela parece moverse bajo la premisa de que, y no sólo para las clases altas, “el kirchnerismo no ha tenido lugar”. Más allá de alguna mención coyuntural a los desaparecidos y de la insistencia con la sociabilidad en Facebook, la conciencia de la clase propietaria, las conversaciones en Tequila –el boliche descrito como una suerte deback office de los búnkeres electorales del PRO-, las especulaciones sobre los negocios, la fraudulenta revista empresarial de Johnny, todo parece transcurrir como si sucediese en 1995, como si los personajes se mantuviesen deliberada y un tanto teatralmente afuera de la coyuntura. La brecha entre la egomanía cocainómana del personaje y su entorno transmite la fantasía de un espacio sin historia y sin política. El personaje odia todo pero no habla del peronismo, su familia tiene tierras pero no hablan del conflicto del campo. La “intervención del estado en la economía”, “la politización de la esfera pública” o la inflación galopante de los últimos años en el país no parece afectarlos en lo más mínimo. Es una hipótesis plausible; quizás Loyds quiera denunciar que la concentración y la extranjerización de la economía aumentaron durante el kirchnerismo. Quizás Loyds se haya eco del blindaje de la clase propietaria global descripto por Thomas Piketty; lo cierto es que Johnny esquiva a la política de un modo algo artificioso.

Los flaneurs

Lo primero que hay que decir sobre Sacalabritney de Martín Zícari es que, a diferencia de Merca o deElectrónica, no es una novela ni una nouvelle, sino una colección de monólogos breves y desordenados que parecen compartir un narrador. El libro se vincula con Electrónica por una cierta exploración de la condición gay. También debido a cierto sistema de referencias vinculado a lo camp, en su yuxtaposición con la estética de derecha autodenominada hipster, un rosario de alusiones a la cultura indie y a consumos que siempre deben ser explorados, marcados subjetivamente. En medio de un pantano de diminutivos que pasan de resultar un recurso fácil en las primeras páginas a tomar al lector por tonto al final de las ochenta carillas que tiene la obra, el narrador declara que “La tristeza es ontológica, la única solución creo yo es usar máscaras todo el tiempo”. Un diagnóstico y un conjuro.

Las máscaras, entonces, van a ser utilizadas en el trabajo –una de las escenas o monólogos sucede en situación laboral; es un solo día, y realmente el narrador lo toma como una excursión más al Tigre-, en las salidas con amigos, en los paseos en bici por la ciudad. La tristeza ontológica, por su parte, queda muy al fondo. Tan al fondo y tan ontológica es la tristeza que termina devorada por un infantilismo premeditado, con ciertos momentos de romanticismo en la contemplación de la naturaleza o de los bellos cadetes que navegan la ciudad en sus rodados. Justamente la ciudad, con sus bicisendas, es un espacio de circulación pero también de disfrute. La sintaxis de los monólogos de Scalabritney construye a lo urbano como un escenario caótico y frondoso, en permanente transformación. Los niños que hacen dibujitos y se emborrachan mientras fuman porro en la novela han aprendido a no dejarse avasallar por la policía; sin embargo no se animan a ir al baño de su propia facultad porque consideran que esa es la única excursión peligrosa de todas las que se plantean en el libro. Si un extranjero leyese Scalabritney probablemente pensaría que Buenos Aires es un lugar apasionante y eso es un mérito de la escritura de Zícari; también pensaría que es una inmensa incubadora de kidults con una definida tendencia hacia la perversión polimórfica.  Una ciudad sin lugar para los viejos: “Al lado del chico acostado dibujé una fogata y un grupo de nenes y nenas que bailan en ronda mientras las llamas cocinan la cabeza decapitada de un adulto. Ardían sus bigotes, ardían sus arrugas, las bolsas abajo de sus ojos y todas las marcas de vejez, ardían en la fogata mientras nosotros bailábamos y cantábamos alrededor”.

La celebración de la amistad se produce como un sistema de comunidades de éxtasis y rituales efímeros de donde el narrador entra y sale no sin cierta incomodidad. El narrador de Scalabritney, sin embargo, no es ingenuo. Su deriva va sembrando preguntas; pocas veces las responde. Conciente de que las reuniones a fumar porro no pueden horadar la tristeza y que la infantilización deliberada de la experiencia tiene un techo demasiado bajo y quizás también demasiado sórdido, cuestiona sus propias verdades. Por ejemplo, en un viaje en colectivo, empieza a bailar para “pervertir géneros y experimentar con los límites entre la esfera pública y la privada”; de hecho, la interrogación por los límites del cuerpo y cierta animalización provista por la importancia del baile en los espacios de ocio es un tropo recurrente. Este viaje a través de la tristeza, de las máscaras, del baile y de lo gregario, estratos que se superponen como las capas de una ciudad con múltiples fisonomías –la ciudad como lo real- concluye con la gran utopía de la clase media hippie. En el penúltimo capítulo, Scalabritney se permite trazar una alegoría onírica que describe una relación conflictiva entre la técnica, el arte, el hombre y la naturaleza, a través de la historia de un strandbeest, una bestia-máquina que funciona como mascota y también como proyección del inconciente del narrador, que imagina su propia muerte. Esta iluminación imaginativa choca sin embargo con la inexorable certeza cínica de que la expresividad sirve para sobrevivir en un mundo hostil, y jamás para cambiarlo. Así, la utopía final de Martín, narrador de la novela, es formar un centro cultural donde “todo el tiempo pasen cosas”: “Pensé que sería genial tener toda la plata del mundo, e instalar ahí un centro de arte donde vivamos tipo internos todos los que hacemos algo copado y organicemos ciclos, festivales, recitales y fiestas. Y todos tengamos nuestros talleres ahí y ese sea nuestro hogar”. Queda la agridulce sospecha de que Martín no se sentirá cómodo ni siquiera en este contexto, o de que quizás se olvide pronto del centro cultural, durante su próxima ronda de baile y de porro, contada otra vez desde un monólogo errático y lleno de diminutivos.

Escrita por un profesor de ciencias de la comunicación que se escuda bajo el seudónimo de JP Zooey, Te quiero es otra novela donde los paseos por la ciudad adquieren un particular protagonismo. Bonnie y Clyde son dos jóvenes de veintipico que se conocen por internet. Clyde es becario y le da eternas vueltas a un cuento scifi sobre alucinaciones y realidad aumentada; Bonnie estudia diseño de indumentaria y trabaja en un lavadero de ropa. Ambos son vegetarianos, viven solos, tienen gatos como mascotas y recorren un circuito de Buenos Aires marcado por una deriva social muy precisa: desde la pizzería Kentucky de Pacífico al bar Shanghai, desde las mesas de ping pong del San Bernardo al shopping Abasto o el Planetario. A esa geografía urbana acotada, que los dos personajes recorren con seguridad y sin la tentación de traspasar sus fronteras mentales, se le superponen los vínculos a través de las redes sociales, una segunda naturaleza que los mantiene comunicados, o con un simulacro de comunicación en la que intercambian con levedad proyectos imposibles e inofensivos (robar una liebre del zoológico, asaltar una juguetería). Sus diálogos se desarrollan en el tono desapegado y monocorde que recuerda a los personajes del universo de eso que se cataloga ampliamente con la etiqueta de Indie; de hecho la novela sintetiza, copia y quizás parodia el universo del escritor estadounidense Tao Lin, con bastante de Robar en American Apparel y muchísimo de Richard Yates. ¿Una parodia brutal e involuntaria, también, sobre la trunca sustitución de importaciones?

Las recurrentes menciones a los dispositivos de la web se solapan con el name dropping de marcas y lugares. La angustia existencial de Bonnie y Clyde, figuras flotantes por fuera de cualquier estructura productiva, de cualquier perspectiva de integración a un sistema que los supere intenta tramitarse mediante la repetición, la mera invocación de las marcas comerciales, aunque no de su consumo: “Clyde se corrió el pelo y empezó a enumerar mentalmente marcas: Samsung Galaxy, Sussex, Higienol, Vegetalex. Esto lo tranquilizaba y siguió: Vegetalex, Midax, Skype, Dell, Lenovo, MercadoLibre, Google, Microsoft, YouTube, Curitas, Proplan, Polka”. La mezcla de marcas de consumo masivo, baratas y cotidianas con otras que pertenecen al imaginario de la tecnología más avanzada es, claro, una pista de la intención paródica que Zooey le imprime a sus personajes, un guiño que une el marquismo obsesivo con el desquicio periférico de sus personajes. Tao Lin sufriendo en Almagro después de cursar en la UBA. La presencia de las marcas sin su contraparte consumista, sin mercado, por otra parte, resulta insincera para el tipo de personajes que se escojen.

Sin embargo, la política se prefigura en la ciudad de una manera espectral, pasada por el filtro aturdido y desenfocado de la pareja protagonista. Esto resulta una diferencia con respecto a la narrativa norteamericana tomada como modelo. Al igual que el trabajo, que el mercado, que la familia, la política es un planeta del que se sabe de oídas y sobre el que se pueden trazar especulaciones tiernas y juguetonas. En un episodio, Bonnie despierta a Clyde con la noticia de que ese día hay elecciones nacionales. “Clyde preguntó a Bonnie si ella sabía a quién había que votar para que todo siguiera igual. Bonnie dijo que no había que votar a los idealistas, ni locos. ‘Los idealistas no me gustan’, dijo Bonnie. ‘Tienen un hambre…, los que quieren cambiar al mundo tienen un hambre’”. Finalmente deciden poner en el sobre un logo de Facebook hecho en origami, una intervención que mezcla, como en toda la novela, el registro de la ingenuidad indie tardoadolescente, el extrañamiento político pero también el cruce – mucho más interesante – entre la afiliación a un universo imaginario y la desgastada ciudadanía política. En la misma escena se lee: “Bonnie dijo que prefería pertenecer al Club La Nación para tener beneficios antes que ser ciudadana cívica de una nación escrita en el siglo XIX en un lenguaje de plumas y espadas. Bonnie dijo que el país era un canasto de ropa sucia que ella lavaba a diario en el Laverrap. Bonnie dijo que los descuentos y los beneficios y la televisión en los bares eran mejor cemento social que la política. Después dijo algo sobre la UBA y los profesores y unos teléfonos pinchados y una carta abierta”.

¿Cómo leer, entonces, Te quiero de JP Zooey? ¿Es una parodia de la condición tardoadolescente de un tipo social muy específico de jóvenes urbanos? ¿Es una historia sobre la devaluación del deseo y el achicamiento de los proyectos vitales arropados por una zona de confort insalvable? ¿Es una novela posmoderna sobre la inutilidad de escribir novelas posmodernas? ¿O una novela postcínica que al abandonar cualquier intento de ironía intenta hacer patente el vacío existencial de sus protagonistas, una vuelta de tuerca a la new sincerityamericana, con sus lugares comunes y sus criaturas frágiles y aniñadas? Un poco de todo eso está en Te quiero, y no es la menor de las virtudes del libro ese efecto de desconcierto que logra, con estaciones intermedias que oscilan (muchas veces al mismo tiempo) entre la irritación, el hastío y el interés por terminar de ver hacia donde conduce el artefacto pergeñado por Zooey. ¿Te quiero como una especie de registro etnográfico de la época? Acotado a su recorte social, los personajes, hábitos y escenarios que la cruzan, sus exageraciones, sus vueltas de tuerca, sus poses, sus derivas podrían pensarse como parte de este proyecto. Es una lectura. Otra podría ser que Te quiero celebra un momento de la política y la sociedad argentina marcado por cierto aturdimiento, por cierta comodidad y deseo de evitar el conflicto a toda costa. Un cierto clima que excede a los becarios crónicos a la deriva y se extiende a una porción social más extensa. Un clima extraño porque contrasta con la retórica estatal del regreso épico de la política, el reverdecer de las preocupaciones altruistas militantes y el rechazo al repliegue sobre lo íntimo y lo privado. Tal vez lo que diceTe quiero es que no somos tan distintos a los exasperantes y abúlicos Bonnie y Clyde y que ellos son más representativos de esta época de lo que se puede pensar a primera vista. De nuevo, y al igual que en Merca, de Loyds, la tentación de pensar al último ciclo político como un ruido de fondo incapaz de penetrar en las subjetividades, construidas por la clase y la apropiación de las tecnologías, por la asordinada desconcentración ante el mundo y por el desinterés hacia las instituciones, se hace patente.

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la acumulación originaria


El PRO es el salvoconducto con el que la derecha argentina zafó del 2001. Puesto a convencer a las clases medias de que va a estar bueno meterse en política, articuló su propio optimismo de la voluntad: la eterna promesa de la modernización y la cada vez más anodina mística de una vida urbana emprendedora, prolija y sustentable.
20 DE SEPTIEMBRE DE 2015

“Mi trabajo es que Mauricio sea presidente; la Argentina tiene posibilidades de volver a organizarse y construir una república que hoy parece una monarquía”, dice un ex ejecutivo de Citibank a La Nación, en 2014. “Me fui a dormir, esperanzada, viendo el video de la revolución educativa que propone el actual Ministro de Educación de CABA, Esteban Bullrich. Me desperté con paro nacional, piquetes y la Panamericana cortada! Ojalá podamos avanzar como sociedad!”, escribe en su cuenta de Facebook una abogada que trabajó durante casi dos décadas en Estados Unidos, en el estudio Marks&Acalin. Los dos cifran en el partido Propuesta Republicana (PRO) expectativas morales. Viven su involucramiento como una forma de donación a la sociedad. Forman parte de G25, una fundación que se propone reclutar cuadros empresarios y profesionales para PRO y en especial para su gestión de gobierno. “Tender puentes” entre el mundo privado y el mundo público, dicen. Que los mejores se metan en política.

PRO representa una promesa: un mundo sin conflictos sociales, una verdadera república de poder político limitado, un Estado que permita el desarrollo individual. Lejos de concebir a la política como un mal, o al Estado como un problema, como lo hacía cierta “derecha cultural” en la Argentina, los cuadros de PRO saben que es necesario ganar elecciones y llegar a la administración pública para ponerla al servicio de las energías privadas: un Estado para los individuos. Mauricio Macri, él mismo un empresario reconvertido, creó un partido a partir de un think tank y trabajó para mantener sus límites. Sin caer en la tentación de unirse a los partidos mayoritarios, de ser parte de la interna del peronismo, consiguió articular dirigentes políticos de larga data con recién llegados. Aunque logró ocupar el espacio del centro-derecha, la construcción de PRO estuvo alejada de la visión doctrinaria de esa tradición. Se quiere flexible y pragmático, su programa se nutre de un ethos del emprendedorismo, se expresa en la entrega voluntaria de sí, y en el despliegue de repertorios de acción que se acercan a diferentes electorados desde formatos habitualmente no percibidos como políticos.

la fundación

PRO nace de un think tank. A comienzos de 2001, cuando el programa de convertibilidad dejó de ser un horizonte probable, el empresario Francisco de Narváez había invitado a Mauricio Macri a formar parte de la fundación Creer y Crecer, con el objeto de producir ideas, políticas públicas y cuadros para un nuevo gobierno. Se pensaba entonces en el previsible fin de la Alianza, pero la fecha probable de tal evento era 2003. Tanto Macri como de Narváez tenían relaciones estrechas con buena parte del personal político peronista, en especial con aquellos que, con impronta modernizadora, habían sido los defensores ideológicos del menemismo. Formar parte de un futuro gobierno peronista era un proyecto plausible en esos meses de 2001.

Las movilizaciones de diciembre de ese año y de los meses que siguieron trastocaron los objetivos y aceleraron los tiempos. Esta combinación de expertos, empresarios y profesionales del mundo de las fundaciones vio al agitado verano de 2001-2002 como una prueba del fracaso de la clase política y como un momento que requería que “los mejores”, que habían probado su valor en espacios sociales diferentes de la estatal –como los calvinistas estudiados por Weber, buscaban pruebas de su salvación en la acumulación económica individual–, entregaran parte de su tiempo para “ayudar” a volver la política más eficiente y transparente.

En este sentido, PRO representa una respuesta a la crisis -por así decirlo, desde arriba- que propone una interpretación de la coyuntura, y de la década anterior, diferente a la del kirchnerismo. Los noventa no son una década perdida. El país necesita que se haga bien lo que los políticos no habían podido realizar por falta de honestidad y saber-hacer gerencial: vincularse al mundo “seriamente” y con sentido liberal-republicano. Una cierta articulación de la promesa moralizadora de la Alianza con la promesa modernizadora del menemismo, pero esta vez con pretensión de final feliz.

La crisis de 2001-2002 y su diagnóstico también produjeron una ruptura entre los dos herederos. Para Macri y su entorno, la situación daba cuenta del agotamiento de los partidos tradicionales y de la necesidad de crear un nuevo emprendimiento que reordenara el espacio político. Para ello, era conveniente comenzar a nivel local, en la ciudad de Buenos Aires, donde vivían la mayor parte de los miembros de su grupo político, y donde las críticas a los políticos habían sido más virulentas. Para de Narváez, en cambio, se trataba de llegar rápidamente al poder a nivel nacional, y para ello era necesario construir una alianza con el peronismo, al menos con alguno de sus sectores. Desde entonces, el macrismo evitaría siempre ingresar en las internas del PJ, mientras que de Narváez sería un asiduo participante de ellas. El “PRO purismo” expresaría, en términos de táctica y estrategia, la voluntad de construir un espacio político propio. Fundar un partido no es una empresa fácil. PRO lo logró, en buena medida, porque tenía algo que representar.

El nuevo proyecto terminó de definirse desde el poder municipal. El relativamente rápido acceso al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, en diciembre de 2007, permitió a PRO consolidarse como fuerza, plasmar en políticas públicas su programa y reformar el Estado. Para lograrlo, incorporó a nuevos cuadros provenientes de esos mundos sociales en los que la nueva fuerza se nutría de ética y estética. Pero no habría que exagerar la capacidad transformadora del Estado de la ciudad por parte del macrismo. La flexibilidad ideológica y el pragmatismo le hicieron acordar con los principales sindicatos un nivel de reforma que no amenazara el statu quo del empleo público. Sin embargo, superpusieron una estructura gerencial que imprimió la gramática del trabajo en equipo, de la entrega de sí en pos de la organización y la importancia del trabajo por proyecto encabezado por líderes. Los cuadros del mundo empresario que asumieron cargos en el Estado porteño se ocuparon de administrar los recursos financieros y de gestionar áreas de política pública hasta entonces regidas por una lógica político-burocrática no gerencial. También se delineó un proyecto de Ciudad: una relación de hedonismo con el espacio público –la experiencia móvil, flexible, plácida–, un Estado inversor en distritos que puedan ser el espacio de desarrollo del emprendedorismo privado, la recuperación de ciertos valores postmateriales, como la ecología, al servicio de una mirada responsabilizadora de la vida común afín al voluntariado.

control de gestión mata insumo-producto

¿En qué consiste la promesa de PRO?

Por un lado, en que la gestión estatal agregue valores que conectan con experiencias sociales de grupos que, en cierta medida, no ven en la política un espacio de realización personal. No nos referimos a las élites económicas, habituadas a la vida pública y al cabildeo, sino a las clases medias altas insertas en el universo empresarial y en el mundo profesional de la sociedad civil, cuya conexión con lo público se da, en buena medida, a través de “acciones solidarias”, no percibidas como prácticas políticas. Al hablarles en un lenguaje de gestión y de éxito, así como de la entrega de sí y del desinterés del voluntariado, el PRO construye puentes con esos grupos y atrae militantes y cuadros con su llamado a meterse en política. Tal encuentro entre actores dispuestos a dar parte de su tiempo a los otros y un partido que recupera y articula políticamente esas propensiones, permite colocar en un lugar secundario los valores conservadores en el contenido y doctrinarios en la forma que tenía el centro-derecha hasta entonces, en pos de una ideología flexible del hacer.

Por otro lado, la promesa macrista puede ser leída a la luz de lo que Luc Boltanski y Eve Chiapello llaman “el nuevo espíritu del capitalismo”. El hacer gestionario y la entrega de sí como don voluntario son los componentes principales de un ethos que le permite a PRO construir un horizonte de ciudad emprendedora, no atravesada por los conflictos de la polis, en la que lo más importante es la realización individual. Se trata de una ciudad pensada por proyectos, formada por organizaciones flexibles, articuladas por un leader que ordena a su equipo en función de las necesidades de la competencia y de la satisfacción de los clientes (en este caso, los ciudadanos). El Estado debe facilitar esa realización individual en diferentes áreas de la vida, en las que las personas arman sus proyectos. Debe ser capaz de comunicarlos, de hacer que las redes circulen con libertad. En esta realización individual, la actividad es un valor supremo. Al mismo tiempo, el carácter abierto al lenguaje emprendedor del Estado de la Ciudad, así como de la vida partidaria de PRO, permite atraer a los grupos sociales menos politizados y confiar en recién llegados a la política los resortes de su vida interna. Por eso, en el hacer partidario y en buena parte de las políticas públicas implementadas en la ciudad de Buenos Aires, lo público se muestra como prolongación del mundo privado. Los repertorios de acción allí desplegados pueden remitir, por ejemplo, a la estética de la fiesta de fin de año de las grandes corporaciones –la celebración del éxito de los proyectos del team que se reconoce en la figura de su leader.

Al mismo tiempo, el ingreso a la política, y al Estado, es condición de posibilidad de que esta ciudad por proyectos pueda realizarse. El llamado de Macri resulta claro: es necesario meterse para que la política se ponga al servicio de las energías privadas. Es necesario gobernar, ganar elecciones. Las tensiones entre el sostenimiento de una promesa política y los arreglos pragmáticos que se requieren para llegar al poder y realizar ese programa son centrales en toda fuerza partidaria. El PRO no es excepción. Por eso no puede reducirse a un proyecto “de los empresarios”. Como partido político, debe traducir políticamente esos intereses, incorporarlos a su programa. Las tensiones entre Macri y el “círculo rojo” en torno a las alianzas para enfrentar al kirchnerismo –que según algunos grupos corporativos debería incluir a la mayor cantidad posible de sectores peronistas– pueden ser leídas de este modo. No hay que pensar tampoco que Macri se desentiende de la realpolitik, enceguecido por una búsqueda de pureza. Los “PRO puros” –como se llama a los nuevos políticos en el “lenguaje nativo”– expresan el intento de erigir un proyecto que el nuevo partido elabora y que lleva a cabo de manera política, aunque a partir de valores y repertorios de acción anteriormente ajenos a esta actividad. Cuando Mauricio dejó de ser Macri no sólo se desprendió de la imagen de frío empresario; además definió una vocación política que muchas veces choca con los intereses económicos inmediatos de los grandes grupos económicos, acostumbrados al cabildeo. Rispideces que pueden verse en las peleas con su padre, Franco Macri, hábil negociador con funcionarios de todo tipo. En definitiva, PRO quiere ser la dirección ético-política de un proyecto modernizador acorde con un espírituempresario flexible y globalizado.

Es entonces el “salto” que propone Macri, lo que convierte energías e intereses empresarios en recursos y visiones políticas. La conversión puede no ser permanente. Los hombres del mundo de los negocios viven por proyecto. El partido admite un pasaje por la política que no sea de una vez y para siempre. Los nuevos militantes de PRO, de hecho, perciben en muchos casos su vida política como transitoria, y la asocian a la entrada en la función pública. Si el partido moldea a estos cuadros privados, resiste a ser moldeado por los intereses privados sin intermediación.

La nueva orga puso en marcha diversos mecanismos de reclutamiento de empresarios. Uno de los más articulados es el G25, fundación creada por Esteban Bullrich, a la que se sumó enseguida Guillermo Dietrich, otro empresario, que aunque en términos formales está en la periferia del partido tiene un lugar central en su relación con el mundo emprendedor. Se presenta como “un puente entre el ámbito privado y el público”. Se propone “identificar, atraer y retener profesionales destacados, que sean capaces de generar un impacto positivo en la sociedad, fomentando en ellos la vocación pública. Para lograr mediante su aporte y participación un país en el cual nos respetemos, en el cual podamos vivir con solidaridad, honestidad y valores”. Se trata de dar consistencia al llamado a meterse en política. G25 organiza actividades en todo el país, a donde lleva funcionarios de Buenos Aires a dar testimonio de la transformación que implica ese pasaje de un mundo a otro. Por ejemplo, Franco Moccia, ex ejecutivo de Citicorp y Citibank –fue presidente de ese banco en Ecuador, Perú y Colombia–, trabaja en la fundación para “sumar talento al sector público”. En las actividades del G25 cuenta su conversión, así como las gratificaciones personales de “poder cambiarle la vida a la gente”. En su blog da cuenta de ese cambio vital: “en el año 2008 decidí tomarme un año sabático para repensar mi futuro y vida de allí en más. Mi conclusión fue que quería dedicarme desde entonces a reducir la pobreza de manera sostenible en la Argentina”. Un nuevo proyecto, entonces. “Eso me llevó a explorar oportunidades en el ámbito público. Invertí mi año sabático en la Kennedy School of Goverment de la Universidad de Harvard logrando un Master en Administración Pública, y luego regresé a la Argentina en 2010. Desde el 2012 soy Subsecretario de Planeamiento y Control de Gestión del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos aires”. Trabaja con Horacio Rodríguez Larreta en el seguimiento global de la gestión con las herramientas del management. Según Jaime Rosenberg, de La Nación, “Moccia revisa todos los días el ‘tablero de control de gestión’, una planilla en la que puede verse el estado de cada una de las obras en ejecución del gobierno porteño” (La Nación, 3 de noviembre de 2014). Según Moccia, “para que los argentinos volvamos a confiar en el Estado debemos llevar los mejores profesionales al sector público”. La cuestión es simple: “Como dice Mauricio: de un buen gestor se puede hacer un buen político. Al revés es más difícil”, afirma el (¿ex?) ejecutivo.

El llamado al involucramiento político que despierta PRO en estos cuadros empresarios está relacionado con la existencia de esta fuerza que provee esperanzas políticas a cuadros desencantados con la actividad. No son, en su mayoría, empresarios nacionales, que se perciben como dependientes de arreglos formales o informales con el Estado, sino cuadros que pasaron por los grupos más conectados con los mercados mundiales. Así, una de las principales incorporaciones recientes de PRO fue el hoy ex presidente de Shell Argentina, Juan José Aranguren, quien había tenido enfrentamientos públicos con el gobierno de Néstor Kirchner. El más notorio derivó en un boicot que organizaron movimientos sociales cercanos al ex presidente en 2005. Ahora, Aranguren decidió meterse en política. Su lema: “es momento de aportar desde otro lado”. La Fundación G25 organizó un encuentro con Aranguren para que diera testimonio de su “gran salto de lo privado a lo público”. “Para G25, Aranguren representa un claro ejemplo del perfil y los valores que buscamos para involucrarse en política: Honestidad, Idoneidad, Profesionalismo, Compromiso, Vocación de servicio y Trabajo en equipo, entre otros”.

No es automático el trabajo de la representación política. Requiere de la transformación de las personas y las ideas para hacer de los valores emprendedores valores políticos. Por primera vez un partido moviliza esas energías como su núcleo ideológico. La suerte electoral estará atada, sin embargo, a criterios que no refieren a esas capacidades, sino a conseguir apoyos mayoritarios en un país que fue construido en los últimos años con una retórica y un modo de intervención estatalista. Y esto, precisamente, por aquel movimiento que nació en los mismos años que la fuerza política macrista, y que propuso la otra gran lectura de la crisis de 2001, aquella que definió que las soluciones no estaban en las energías privadas, sino en la voluntad estatal.

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Estética de la decadencia


Escrituras

09 Jun 1978, France --- Director of studies at the  since 1962, he taught at the "College de France" from 1976, until he died in an accident 4 years later. --- Image by © Sophie Bassouls/Sygma/Corbis 09 Jun 1978, France — Director of studies at the since 1962, he taught at the “College de France” from 1976, until he died in an accident 4 years later. — Image by © Sophie Bassouls/Sygma/Corbis

El ser cotidiano de la cibernética puede ser interpretado como la compulsión a permanecer “conectado”, al “ver qué pasa en las redes”, a la fascinación con la adicción a la pantalla digital, las novedades infinitas de algún sistema prepago: fotografía, libros, cine, radio, música y televisión han sido, tecnológicamente, superados por la producción de contenidos media vía streaming de forma tal que esos productos, poseídos antes de modo privado, material y finito, se han vueltos públicos, inmateriales, infinitos. El asunto, por estos días, es evitar la anulación del deseo por el goce infinito del ojo y del oído[1]. Oportunidad del sexo casual, oportunidad laboral, oportunidad del encuentro: salirse de…

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