La distinción de lo íntimo. Últimas imágenes del ensayo argentino.


La intimidad y la hospitalidad del género ensayístico, y la idea del ensayo como un estado de excepcionalidad son algunos de los conceptos que atraviesan el libro compilado por Alberto Giordano.

POR CARLOS SURGHI

discurso-sobre-el-ensayo-199x300¿Qué es todo aquello que el pensamiento relega a la forma de lo imposible de pensar? ¿Es lo paradójico? ¿Lo voluptuoso? ¿El egotismo mismo de quien piensa? ¿O simplemente lo distante, lo que está afuera de nosotros y muy adentro nuestro? Me gustaría comenzar así, planteando que todas estas preguntas y otras más, hacen al ensayo; a su forma, a su procedimiento, a su discurrir mismo bajo la ley de un discurso; pero sobre todo, estas mismas preguntas hacen a dos modos de acercarse a él: por medio del rechazo, y por medio de su hospitalidad. Y comienzo de este modo porque en todos nosotros, al interesarnos en el  ensayo, hay cierto interés por lo imposible de pensar pero también por las garantías que esa imposibilidad proporciona.

¿Qué significa entonces que existan cosas imposibles de pensar? ¿No tendrán cuerpo, sustancia, flotarán y así serán inasibles, livianas, etéreas; o al contrario, esas cosas imposibles de pensar serán de una materialidad bochornosa y densa, pesada como la piedra que arrastraba Sísifo y por eso mismo indignas de una tarea del espíritu? Quien haya transitado los caminos del ensayo sabrá que esos senderos se recorren por inquietud, por cierto tono melancólico en uno que lleva a tener más que un paso firme un paso dubitativo; es más, el ensayo es un recorrido para no llegar jamás a un lugar seguro, es casi una invitación a reiterar pasos en falso. Pero entonces, ¿por qué seguir esa senda? ¿Por qué recorrer el camino incierto –en cierto sentido el camino del padecimiento– con obstáculos tanto internos como externos?

Sólo hay una forma de recorrer la lectura o la escritura de un ensayo, y es por medio de la persecución fantasmática que el género mismo plantea. En definitiva lo que se busca, lo que queda y lo que el ensayo mismo crea, no es otra cosa más que la intimidad de toda aventura intelectual. Las aventuras de lo imposible guardan entonces esa recompensa secreta: un saber intransmisible del sujeto que ensaya, una verdad del yo que se hace pública y que invita a que otros ejercicios de verdad la imiten. Pero en todo caso sin la certeza de que el ensayo invita a pensar lo íntimo, no es posible pensar otra de sus características que vuelven hospitalario, dichoso, pronto a replicarse.

Tal vez en la siguiente cita podamos encontrar esa hospitalidad de lo ensayístico para con lo imposible que nos hace seguir el camino trazado por el género. Al intentar escribir sobre un poema de Juan L. Ortiz Oscar del Barco anota lo siguiente: “La poesía es lenguaje común sacralizado, fuera de sus estructuras lingüísticas habituales. No se puede hablar de poesía con el lenguaje común, o puede hablarse con el lenguaje común desencajado de sí, en un estado, digamos, de excepcionalidad”[2]. Me animaría a decir que el ensayo comparte ese estado de excepcionalidad, además practica y propicia ese lenguaje común salido de sí. Y lo hace justamente en virtud de no reducir lo imposible de pensar, poniendo lo imposible por delante de cualquier rigurosidad que lo descarte y lo exilie en el territorio de lo indemostrable, lo indecible o lo improductivo. Es casi seguro que hay algo del rapto poético en el ensayista al valerse de imágenes, figuras o la prepotencia del puro estilo que lo habilita a confiar en el lenguaje como forma, y así introducir cierto extrañamiento en el pensamiento que, de otro modo, se vería excluido por la función meramente comunicativa del discurso. En un caso extremo, todo ensayista sería siempre otra cosa, del mismo modo que lo es la crítica en esta afirmación de Harold Bloom: “toda crítica es poesía en prosa”[3]. Ahora bien, ¿todo ensayo no es poesía del pensamiento escrito en una prosa excepcional? ¿No es una novela sin personaje, sin la tiranía del argumento? ¿No es el ensayo un poema anterior y siempre futuro a lo que podemos conocer? Si extremáramos entonces esta especie de vínculo secreto entre el procedimiento y el resultado, el libro que compila Alberto Giordano[4]vendría a ser una especie de reunión de momentos excepcionales a lo largo de casi 20 años en los cuales el ensayo, lo ensayístico y el ensayista han gravitado sobre las ciencias sociales haciendo su trabajo: volverlas más próximas a lo imposible.

Pero veamos el prólogo a este libro, suerte de ensayo sobre los ensayos que lo continúan, ahí Alberto Giordano afirma que “el desafío ético del pensamiento crítico es cuidar de lo impensable aunque violente o suspenda el curso de la razón especulativa. Lo imposible es justamente algo impensable, y lo impensable es un estado de excepción. El desafío ético que ve Giordano es entonces una petición de principio por la autonomía de las formas; tal vez la pregunta metódica que guie cada desafío sea cómo resguardar  la excepcionalidad por sobre la prosa del mundo. En esa tarea el ensayo procede como un dispositivo para desarmar la legitimación del saber, la cristalización de lugares comunes y ciertas políticas de lo legible; lo que busca entonces es ni más ni menos que lo que más adelante se señala como su mayor ambición: “la impugnación de las totalizaciones conceptuales”. Pero, ¿en función de qué llevar adelante dicha impugnación?

Giordano ha sabido darle al ensayo su condición particular: la de ser una práctica que pertenece a una comunidad, una comunidad bastante singular, que ve el mundo desde “lo intransferible de las experiencias individuales”, o deberíamos decir, que se permite pensar de un modo más cercano a la vida y sin el reduccionismo de la mediación teórica, o por qué no, que se permite pervertir las teorías para hacer de ellas simples excusas en las cuales ver “un yo en trance de hacerse reconocer por las huellas irrepetibles que el estilo deja sobre el discurso de los saberes y las morales” cuando todo conocimiento responde a una “ocurrencia conceptual” y a “mociones afectivas”.

Ahora bien, ¿no sería el discurso del ensayo una genealogía de esa comunidad que, barthesianamente y recurriendo a Stendhal, podríamos denominar como few happy? Me gustaría proponerles una lectura de este libro como un recorrido por los momentos capitales en los cuales, el pensamiento crítico argentino, se vio llevado a plantear estrategias de sobrevida, procedimientos de resistencia, elogios y defensas de lo puramente intempestivo ante aquello que amenazaba la presencia casi secreta de esa comunidad: el consenso académico, el amplio e impersonal “nosotros” del discurso científico. Dicha genealogía entonces no atendería tanto a los nombres, los sujetos o las firmas en el firmamento del género; sino a las problemáticas, los núcleos de sentido, las constelaciones de un cielo lleno de interrogantes que podemos encontrar en el ensayo.

¿Hay un método y un público para el ensayo? En 1984 en unas jornadas dedicadas a la producción crítica, Beatriz Sarlo se interrogaba sobre la efectividad de todo trabajo académico. En pocas palabras: ¿a quién interesa el discurso de la crítica? Y no porque se deba acordar la pertinencia de algo por su interés, sino porque la naturaleza misma de un objeto, al que Sarlo llama “evanescente”, ha cambiado. La lectura de Sarlo deja ver por detrás una serie de operaciones, tanto a nivel de la lectura como de la escritura, que suponen una distancia entre el público y los especialistas, entre el ensayo y la literatura, como si cierto vicio rigorista desplazara de la disputa cultural a los lectores de Sur frente a los novísimos semiólogos o sociólogos que se han vuelto ciertamente ilegibles en los caminos de la especialización disciplinaria y la especificidad teórica. Sobre esa especie de tierra baldía de la prosa se sitúa Sarlo y se pregunta si ante la fechitización del propio lenguaje, con “rasgos fuertemente iniciáticos” [5], es posible retornar a esa edad dorada del ensayo que comienza con Sarmiento y llega tal vez hasta Juan José Sebreli.

Es extraño, una literatura tan corta y tan mala que nace junto a un género tan prolífico en cuanto al despliegue natural de las ideas. Lo fascinante de esta postura de Sarlo es que el ensayo parece prescindir de la mala prosa, y en un abrir y cerrar de ojos, funda lo académico, el orden del juicio, la asistencia del valor, los programas y las cátedras. Ya en 1980 Raúl Beceyro poniendo al día una lectura sobre Benjamin y su carácter excéntrico, había señalado no sólo que el ensayo se despreocupa de toda aplicación utilitaria –ese gran Otro de la ciencia– sino que también funciona como una negación del concepto entendido cual una totalidad[6]. Si cruzáramos el método de Sarlo y Beceyro nos daría como resultado que podríamos leer los fragmentos más afines a nuestro gusto dentro de la literatura argentina y conformar así una constelación de citas, partes, restos representativos de una mala literatura que se corrige en el buen ensayo. Recuperando la preocupación de Sarlo por el interés del discurso de la crítica, podríamos señalar que el ensayo mismo es quien más se interesa por él, casi hasta el punto de prescindir de lectores y así resguardarse de cualquier fin. Habría entonces que preguntarse también, frente a este discurso sin destinatario, y frente a este método de lo singular, si el ensayo no es una ciencia de lo incierto, una justificación del gusto, el ABC de lo intempestivo.

En la revista Sitio, Eduardo Grüner propone pensar el ensayo como un acontecimiento de la lectura, como algo que hace aparecer el texto mucho antes y mucho después de su escritura[7]. El ensayo es entonces una práctica de la astucia antes que una demostración argumental, pues acontece como puro azar de una genialidad hecha presente y se vuelve abiertamente estilo del pasado en un nombre reconocible. Sin embargo este procedimiento, que se vale de la figura del ensayista como impugnador, como refutador serial, casi un coleccionista de detalles en la enciclopedia de la cultura, se centra en un aspecto fundamental: la deslectura, o mejor dicho, la atención del ensayista puesta sobre el fracaso y el error. Por caso, cuando Mallarmé se propone aislar la esencia de lo poético y fracasa, ¿qué es lo que queda?, “figuras de una belleza incomparable”, dice Grüner. Los restos, lo que queda, son figuras que corroboran ese fracaso. Pero también esa corroboración de que la esencia de lo poético es imposible de reducir es la corroboración de que el ensayo ingresa en toda discusión por la puerta clausurada; y a la vez, de que el ensayo se justifica en una razón instrumental de la belleza. El ensayo pasa a ser la escritura de la lectura de ese error. Y en vista de que todo error es único, el ensayo fundaría así una ciencia de lo particular que se ve llevada a leer los silencios de la ciencia, a ejecutar la música silenciada por el crítico, a dar rienda suelta al imperio de los sentidos.

Ciencia entonces de lo excluido que termina siendo singularidad. Tal vez habría que señalar la riqueza de ese silencio, hacer un elogio de su permanencia solapada pues en él se da lo que Carlos Kuri distingue como “el punto de irrupción del yo en el saber” o la “huella de la alteración del saber como propiedad epistemológica” [8]. Y así, en su fuga siempre hacia delante, el ensayo es también reivindicación del egotismo. Pues sin la tensión propia de la presencia del yo, el género como tal sería imposible. Desde Montaigne hasta la actualidad el ensayo ha sido una pasión alegre que aquí y allá se permite un uso y abuso de la voz, una confianza por demás plena en la invención que nada tiene que probar, salvo tal vez que su rigor reside en llevar el lenguaje hacia lo poético, hacia la siempre cambiante experiencia de lectura que, en palabras de Cristófalo, “deja ver la conciencia dialéctica de una conciencia” [9]. Frente a lo incierto entonces el ensayo es un método de lectura que sirve como inspiración, rapto, o como lo que en 1911 Lukács llamara “acontecimiento anímico”. Así ni remotamente el ensayista pensará en proponer una verdad, ni siquiera una versión de aquello que ante sus ojos permanezca fijo por unos instantes; en todo caso atravesará ciertas problemáticas a las cuales tal vez entienda como paisajes de lo subjetivo, territorios donde “su cometido no es una búsqueda sino una estancia en la verdad”, como señala Gregorio Kaminsky[10]. Siguiendo este último razonamiento podríamos decir que el misterio y la verdad llaman al ensayista; y en ese llamado éste hace su camino de formación, el cual se realiza y concluye en la forma de un “pensar crítico escribiéndose”. Pero entonces, ¿no podríamos pensar el ensayo como una novela del espíritu que se escribe en ese pensar crítico?

En la lógica misma del ensayo existe una atemporalidad singular, palabras como espíritu, forma, esencia y alma son tan actuales como dispositivo, hegemonía o cualquier otro término que podamos imaginar. Esa licencia extraordinaria en su uso no es más que una distinción que termina haciendo del ensayo una verdadera aristocracia de lo imaginario. Pero también me gustaría señalar un rasgo distintivo que está presente en lo permisivo del ensayo, y es su carácter decadente, tal vez lo más difícil de leer en él, pues a simple vista parce una apreciación negativa cuando en realidad es una de sus principales virtudes. Como género el ensayo moderno se posiciona en una línea crítica que va de Lukács a Musil y de éste a Adorno; pero que podríamos también traducir como un movimiento que se orienta desde el irracionalismo de comienzos de siglo XX hasta la forma como negatividad estructurante en el procedimiento especulativo de la cultura centroeuropea. El ensayo se consolida y se clausura en el límite mismo de la razón, en el borde de un abismo fascinante que no puede franquearse y que no habilita la posibilidad de retroceder. No es casual que Freud llamara a sus escritos ensayos, cuando en realidad han pasado a la historia por ser fuertes críticas a la razón misma sobre la que se fundan las bases de occidente. Es más, los ensayos de Freud son verdaderos saltos en el vacío, tentativas por ver algo al otro lado donde la noche de la mente es verdaderamente un abismo. Existe entonces en el ensayo un presente continuo que siempre es epigonal, que siempre está avizorando una crisis, una ruptura, la suspensión de todos los valores. Por caso para Nicolás Casullo[11] el ensayo busca principalmente rescatar ciertos restos de espiritualidad que han quedado sepultados luego de la desacralización del mundo. Es más, para él Robert Musil en sus textos críticos “ensaya un sendero biográfico del alma en la escuálida subjetividad moderna”.

Si bien dicha actitud tardoromántica se remonta hasta Novalis, queda claro que se evidencia mucho más fehacientemente en la tensión entre la palabra y el mundo, entre el decir nada que la misma razón ha estipulado como límite y el decir algo que para Casullo sería el bildungsroman del ensayo: “comprender después de la razón hegemónica”. Como señala Horacio González[12], el ensayo no es otra cosa más que introspección, pero gracias a un saber que se ha vuelto “problema cuando se ha vuelto escritura” (86). De este modo lo que podríamos llamar, con Giordano, la novelización del saber, en un sentido de forma y espíritu absoluto, es también lo que Mattoni[13] llama en una aplicación hegeliana al género “una objetivación de lo subjetivo por el trabajo de la fuerza expresiva del sujeto que toma los medios que la forma le ofrece”. El carácter pasional del ensayo como confrontación de ideas, vértigo de una peripecia sin héroe y finalmente como consumación de una transformación sin objeto, representa lo que deberíamos llamar un romanticismo expandido, pero también lo podríamos llamar un pensamiento derruido, una nueva fascinación por lo profundo circunstancial.

Sobre el final de este libro, Juan Ritvo desarrolla tal vez el acercamiento más original al género: el ensayo se sustenta sobre una mística de la interrupción, la cual no hace otra cosa más que crear el silencio entorno y suspender el denso continuo, cortar el hilo de todo ritmo propiciando así el surgimiento de una nota que da cuenta de la música inestable, lo que nosotros llamaríamos la desorientación del sentido[14]. En medio de ese verdadero hallazgo Ritvo propone un ensayo que en sus interrupciones genere una continuidad de lo momentáneo o también su abolición esporádica, que en el después de la interrupción deje entrever el punctum del ensayo o, más bien, deje escuchar la música silenciosa del pensamiento. Creo que en esta última figura podemos ver una clara cifra del ensayo como una silenciosa novela del espíritu, como esa aventura en la cual saber e intimidad se propagan en una indistinción absoluta.

En La palabra quebrada Martín Cerda señala que “escribir sobre el ensayo exige siempre escribir ensayísticamente, es decir de manera fragmentada, discontinua y exploratoria”[15]. Giordano al reunir cada uno de estos textos ha trazado el itinerario intelectual y vital del pensamiento argentino puesto en una zona de riesgo. Cada uno de ellos podría funcionar por separado como un pequeño fragmento de la constelación mayor de la cual proceden. En esa soledad está justamente el riesgo de pensar trascendiendo las convenciones; pero también la satisfacción de leer un horizonte mucho más allá de la propia palabra. Para concluir podríamos decir, un tanto adornianamente, que este libro sobre el ensayo sólo es posible al convocar a otros ensayos, al multiplicar al infinito las posibilidades de esa comunidad de la escritura y la lectura, al permanecer siempre en estado de atención por la forma imposible que vendrá. Pero, ¿cuál será esa forma, en quien encarnará, por cuanto tiempo será visible? De momento, en cada ensayo asumiremos el compromiso ético de no desvirtuar su forma de resistencia, de no perder de vista la distinción de lo íntimo que supone todo pensamiento a contramano del sentido del mundo.

FUENTE

[1] El presente texto fue leído el día 31 de marzo en el Museo Genaro Pérez en la presentación del libro El discurso sobre el ensayo en la literatura argentina de los 80, compilado por Alberto Giordano.

[2]“Consideraciones sobre un poema de  Juan L. Ortiz” en  La intemperie sin fin, Alción, Córdoba, 2008, pág. 194.

[3] La angustia de las influencias, Monte Ávila Editores, Caracas, 1991, pág. 111.

[4] El discurso sobre el ensayo en la cultura argentina desde los 80, Santiago Arcos editor, Buenos Aires, 2015.

[5] “La crítica: entre la literatura y el público”. Este ensayo fue una conferencia pronunciada en el ciclo Los escritores, la producción y la crítica que se realizó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en 1984. Luego se publicó en Espacios de crítica y producción en 1994.

[6] Nos referimos a “El proyecto de Benjamin”, publicado en Punto de vista, noviembre de 1980.

[7] El ensayo de Grüner se publicó en 1985, en el número 4/5 de Sitio.

[8] “De la subjetividad del ensayo (problema de género) al sujeto del ensayo (problema de estilo)” en El ensayo como clínica de la subjetividad, Marcelo Percia (Comp), 2001.

[9] El texto de Crstófalo, “Dialéctica del ensayo”, se publicó originalmente en El ojo mocho. Revista de crítica cultural, en el otoño de 1993.

[10] En “El alma y las formas del ensayo. Lukács, con la visión de Sócrates”, publicado originalmente enEnsayo y subjetividad, compilado por Marcelo Percia, 1998.

[11] En “La in-quietud del alma”, publicado originalmente en 1998, Ensayo y subjetividad, Marcelo Percia (Comp.).

[12] “Elogio del ensayo” en Babel. Revista de libros, 1990.

[13] “El ensayo y la doxa”, publicado originalmente en el libro El ensayo (La crítica de la cultura en Adorno. La irrupción del saber en la subjetividad, 2001.

[14] “El ensayo de interrupción”, Leído en el coloquio Retóricas y políticas del ensayo, Rosario, 2001; y publicado en Boletín/10, Rosario, 2002.

[15] Ediciones Universitarias de Valparaíso, Chile, 1982, pág. 11.

Revista Espectros Nº2


GABRIEL MURO / EL QUIRÓFANO FRACTAL

Ya está online la revista Espectros, número 2, que co-edito junto al sociólogo Leonardo Sai.

Con trabajos de: Julio Sevares, Manu Silvero, Ana Natalucci, Franco Basaure, Guido Leonardo Croxatto, Flor Tittarelli y Gerónimo Erdmann Mc Donald, Natalia Navia, y Lucas Rubinich, y de los editores.

Esta edición incluye una entrevista exclusiva al ensayista alemán, Joseph Vogl. Asimismo, hemos recuperado una pieza de León Rozitchner llamada “La sombra del Facundo”.

En la sección videos, una entrevista a Gabriel Vommaro, autor de Mundo PRO, y el poderoso documental de Alejandra Almiron “Behavioral Cut Ups”

Sean nuestros huéspedes y hagan click nomás:

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Espectros_Portada nro 2

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DE LA BATALLA CULTURAL A LA FRACTURA SOCIAL


Por Martín Rodríguez 

Algunos intelectuales hablan del nuevo gobierno como de un “cristinismo invertido”, un cristinismo de “derecha” que repite el manual de estilo: exaltación del decisionismo (todos los días una nueva medida que nadie conocía), nulo reconocimiento de la victoria electoral como logro colectivo (el 51% de Macri como el 54% de CFK, dejando a los radicales a un costado), concentración en la política de comunicación y un desdén por las convenciones institucionales, aquellas que hacen los procesos de gobierno más lentos, previsibles y acordados. Hay una diferencia notable entre macrismo y cristinismo (más allá de las “derechas e izquierdas”): una de las creencias más firmes del ideólogo Durán Barba es su tirria al microclima ideológico, al hábitat natural del militante político, donde ponen a jugar sus imaginarios, su teatro de sombras chinescas. El ecuatoriano cree que a la mayoría ciudadana sólo le importan las cosas concretas.

Así, el PRO evalúa como “costo menor” el efecto de decisiones autoritarias que, vislumbran, no afectan la vida cotidiana del común de la gente, sino a una porción menor de politizados que se expresan públicamente (sobre todo) en la ciudad donde el PRO gana las elecciones. Modifican la ley de medios (beneficiando a todos, principalmente a Clarín, borrando cualquier límite a la concentración), migran el Fútbol para Todos a las viejas/nuevas manos privadas (¡leer el TL de Fantino!), encarcelan a Milagro Sala por Protestar, etc. El macrismo actúa como un Estado Islámico: su ocupación del poder significa una suerte de profanación de los templos sagrados kirchneristas. ¿Por qué lo hace? Porque puede.

“EL MACRISMO ACTÚA COMO UN ISIS: SU OCUPACIÓN DEL PODER SIGNIFICA UNA PROFANACIÓN DE LOS TEMPLOS KIRCHNERISTAS”

Información que está haciendo circular ATE Capital, el sindicato de empleados del Estado, repasa dónde está el meollo de los despidos nacionales: el Ministerio del Interior, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Cultura (el Centro Cultural Kirchner), el Ministerio de Industria y Secretaría de Comercio Interior, el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, el Ministerio de Seguridad, Jefatura de Gabinete y Presidencia y organismos como AFSCA, OCCOVI u ORSNA. ¿De cuántos despidos hablamos hasta hoy a nivel nacional? Más de 4000 (el gremio actualiza permanentemente los números). La comisión directiva de ATE Capital se toma el trabajo de pasar en limpio los números concretos para no alimentar una sensación térmica paranoica. ¿Qué son 4000 despidos sobre la base de un total de más de 400 mil trabajadores estatales distribuidos en la órbita nacional entre el PEN, Entes Autárquicos y empresas del Estado? Proporcionalmente, y por ahora, pocos. Vistas de cerca muchas de esas historias resultan una colección de arbitrariedades para el disciplinamiento interno en la administración pública nacional y un mensaje social puertas afuera que dice: el Estado no es un lugar al que aspirar.

En Seguridad  despidieron a embarazadas o mujeres en lactancia. Y despidieron a un hombre de 60 años que llevaba diez años de funciones que terminó sufriendo un ACV. El macrismo opera sobre un sentido común simultáneo al del consenso que existe sobre el rol regulador del Estado en la vida económica: es el consenso contra el “privilegiado” trabajador estatal. El 1 de diciembre el “especialista en sociedad”, Guillermo Oliveto, publicó en el diario La Nación el resultado de un estudio que medía la paradoja de que el triunfo macrista se asentaba sobre la aprobación mayoritaria que tienen muchas políticas estatistas: desde la SUBE, las jubilaciones gestionadas por el Estado o la nacionalización de YPF. Estado y trabajador del Estado aparecen escindidos en el imaginario oficialista: se acepta (y repentinamente celebra) la nacionalización de YPF o Aerolíneas, pero simultáneamente se apunta contra los “ñoquis” en una controversia que tira al montón. Resulta tan tóxico como alimentar el “odio” de un vecino pobre contra el otro vecino más pobre que “cobra el Plan”: el Estado presentado como un dador de privilegios. Como el tío bobo al que le asaltaron la casa los sobrinos militantes. Ese sentido común es popular en Argentina y la retirada kirchnerista le hizo el juego bravamente. Pero la noción del “ñoqui” es una intuición que tiene una tradición. También Menem diseñó su política de reformas con ese sentido “justiciero” aunque en un contexto drástico: había que sacarse a las empresas del Estado de encima (y a sus trabajadores también). El mundo de lo privado versus el mundo de lo público reponen su duelo callejero.

 

“EL KIRCHNERISMO TIENE UNA FACTURA: AYUDÓ A CREAR AL PRO, HECHO A SU IMAGEN Y DISCREPANCIA.”

Durán Barba no experimenta sólo por su oráculo de focus groups que guían el “discurso sensible” del PRO, sino que promueve una política dirigida a una mayoría silenciosa que no gusta de la política y que evalúa las gestiones según la vara de su propio beneficio. Es un convencido de la posmodernidad, y en el baile en el balcón o en la foto del perro en el sillón de Rivadavia está el eco de su sonrisa. (Dijo hace días: “Yo siempre me reí del poder. Y me gustan los mandatarios que son capaces de reírse del poder y de sí mismos. Si ponemos a Balcarce cuando Mauricio es presidente, estamos diciendo ‘no nos la creemos, no somos dioses. Balcarce viene acá y está perfecto, somos seres humanos comunes’. Es el mensaje más profundo de la campaña de Mauricio.”) Para el macrismo, el kirchnerismo es una especie de tribu urbana formada esencialmente por progresistas con sus rutinas, símbolos y retóricas que viven frente al “nuevo gobierno” la zozobra de una profecía autocumplida: viven la “resistencia” que desearon vivir frente a un gobierno liberal. Es que el kirchnerismo tiene una factura: ayudó a crear al PRO. Desde 2003, el PRO fue hecho a su imagen y discrepancia. Son los dos hijos de la crisis. Y Cristina y los cristinistas se confesaron más cómodos y estimulados frente a Macri que frente a cualquier peronista díscolo, a quien consideraban más “vidrioso”, rebelde y peligroso (“Macri dice lo que piensa, es lo que parece”, y cosas así que se hicieron realidad). Y Macri actuó también bajo los parámetros de la representación que hicieron de él sus otros: invertir el universo simbólico kirchnerista. Pero el macrismo tendrá cita con el Congreso, con los sindicatos en las paritarias, y detrás, también, con una ristra de organizaciones sociales como la franciscana CTEP, la TUPAC, el Evita, etc., que componen un cuadro social tensamente equilibrado que desconocía y empieza a conocer. Los empoderados de Cristina no existen: existe un país fibroso con hambre de igualdad, competencia, desquicio, un país de agremiaciones. Las inconsistencias evidentes de la construcción “purificadora” del ciclo 2011 – 2015 sólo tardaron dos meses fuera del poder para verse a la luz.

 

“LOS EMPODERADOS NO EXISTEN: EXISTE UN PAÍS FIBROSO CON HAMBRE DE IGUALDAD, COMPETENCIA, DESQUICIO”

 El gobierno provoca el ideario kirchnerista pero hizo algo más que desmontar su durlock: devaluó. ¿Era la crónica de una devaluación anunciada y era la devaluación que “iban a hacer todos los candidatos”? Seguramente. Pero ocurrió. Y la gran pregunta es: ¿qué harán los sindicatos? Porque si este gobierno es un gobierno pragmático basado en el hacer “lo que hay que hacer” de la economía, la respuesta social será pragmática: ¿me alivia o me perjudica a mi economía doméstica? La posmodernidad pedagógica te deja más a solas con tu bolsillo. ¿No quieren relato? Pues bien: entonces quieren economía, pura economía. MI economía.

¿Qué harán los sindicatos?

El fondo de la tirria entre Moyano y el kirchnerismo (más allá de muchas particularidades y negociaciones), como apunta la socióloga Ana Natalucci en su investigación sobre sindicalismo y kirchnerismo, es el  retorno a un peronismo sindical, ese intento por “recuperar su estatuto de sujeto político, reflejada en la idea de columna vertebral del movimiento”, algo que en 1983 pareció sepultarse. En el acto en River de octubre de 2010, el líder camionero soñó en voz alta con un presidente trabajador y a Cristina no le hizo ni media gracia. La solución Caló llegó: un sindicalismo más a gusto con su rol corporativo. Moyano en cambio promovía la politización del sindicalismo que lo re-erigiera como el sujeto político del peronismo, y fue promotor de figuras para la política. Un ejemplo paradójico: Héctor Recalde.

Se sabe que para el despliegue deseado del capitalismo en Argentina la primera piedra en el zapato es el alto nivel de sindicalización. Ahí empieza un límite para el PRO: las negociaciones salariales donde Macri camina sobre las brasas de su 51%, es decir, los miles de trabajadores que lo votaron. No le toca lidiar con la Argentina de “la grieta” cultural sino con la Argentina de la fractura social: no contra los “empoderados” de Parque Centenario sino con los empleados de Cresta Roja, los sindicalizados, los que no se bajan del consumo, esa Argentina aspiracional que no quiere ser la carne de cañón del sacrificio para que un día llegue el desarrollo, sino saciar el hambre de consumo y mantener estándares de vida en el marco de un país donde el Estado no garantiza buena provisión de salud o educación, para empezar. Miguel Ángel Villegas, un empleado de Cresta Roja que fue desalojado a gomazos de la Richieri gritaba: “Yo lo voté a Macri porque quería un cambio. Mirá cómo me pagó, no tiene vergüenza. Le dio todo a los sojeros, a los bancos, a nosotros nada”. La voz de Miguel es el fondo de la interna y reconstrucción peronista.

“EN LAS NEGOCIACIONES SALARIALES MACRI CAMINA SOBRE LAS BRASAS DE SU 51%: LOS TRABAJADORES QUE LO VOTARON”

 En Argentina el desempleo construyó una identidad política. El trabajador argentino tiene una identidad que sobrevive a la condición laboral misma: puede estar desempleado pero es trabajador. En Argentina, hasta 1976, se disputó el reparto de la riqueza principalmente en el lugar de trabajo. Ese país no existe más, pero no todo se perdió. La recuperación económica también fue sindical: la Panamericana fue el dolor de cabeza de Berni, ahí donde talla SMATA pero también el PTS. Aunque persista un 33% de trabajadores en una informalidad ya estructural. Para arrojar un dato: en 2014 hubo 1.963 convenios y acuerdos colectivos. 5.227.294 trabajadores quedaron cubiertos, al alcance de estos acuerdos. Prácticamente todos los registrados.
Macri le cedió a “Los Gordos” de la anterior CGT oficial el manejo de la millonaria caja de las obras sociales: el médico Luis Alberto Scervino, afín al secretario General del sindicato de Obras Sanitarias, José Luis Lingeri. Es la insinuación de una fórmula vieja: darle plata a los sindicatos para que representen menos. Hasta hace poco, frente a algún paro de la CGT, muchos militantes devenidos funcionarios se sacaban selfies con sus trajes en las oficinas públicas y un cartelito que decía “Yo no paro”. Si la mayor reivindicación sindical de los años kirchneristas finales era la reducción del MNI (ya que nadie, tampoco el Estado o la militancia k, representaba a los millones de informales), creían que eso circunscribía los gremios a la defensa de una “aristocracia obrera” de trabajadores en blanco con obra social.  Moyano podría decir que terminó defendiendo esa “aristocracia obrera” porque no lo dejaron hacer política. El enfriamiento de la relación del sindicalismo y el gobierno k entre 2011 y 2015 fue paralelo a la exaltación de una militancia juvenil pura con escasa raíz territorial (municipal, sindical o provincial). Los primeros dos meses de gobierno macrista y sus medidas económicas sin medias tintas colocaron incluso la sensibilidad de esa militancia en la orfandad: ahora reclaman la presencia de los gremios y una campaña de afiliación al PJ. Un repliegue a las estructuras clásicas del peronismo después de ignorarlas, despreciarlas o creerlas superadas. En la selfie de los ex funcio el cartel debe decir “¡ahora paren, párenlos!”.
Se rinde examen en marzo, cuando las paritarias y en especial, la paritaria docente, madre de todas las paritarias, junto al ciclo parlamentario se enciendan. Un formidable tuit de Ernesto Semán resume la filosofía política que advertimos: “Los que ponen la paz interior de su vida privada (nació mi hija, hago meditación) al servicio de su ideario político, son los más violentos.” El macrismo no es gratis: vino con la “sorpresa” de un revanchismo público que cree regular. Pero el macrismo empezará a jugarse la suerte en la base de su propio 51%, un colectivo electoral que trasciende sus estereotipos. Y ya no podrá vivir de los fuegos de artificio de golpear al kirchnerismo. Afuera hay un país.

FUENTE: Revista Panamá

Abrir la caja negra de las controversias


Nicolás Baya-Laffite se especializó en Francia en el estudio de controversias ambientales. Sus trabajos en relación con los debates sobre cambio climático y cómo la discusión técnica contribuyó a despolitizar el conflicto de las papeleras en el río Uruguay.
 Abrir la caja negra de las controversias ambientales

Agencia TSS – Hace ya una década que Nicolás Baya-Laffite (foto) dejó la Argentina, tras graduarse como licenciado en Ciencia Política y especializarse en gestión ambiental. A los 27 años se fue a París, donde vive actualmente y trabaja como investigador posdoctoral en el Laboratoire Interdisciplinaire Sciences Innovations Sociétés (LISIS), en la Universidad Paris-Est.

En Francia, Baya-Laffite se codeó con algunas celebridades de las ciencias sociales. Dominique Pestre dirigió su tesis de doctorado en Historia de las Ciencias y de las Técnicas –en la que investigó sobre el conflicto de las papeleras en el río Uruguay– y durante tres años trabajó en el Médialab Sciences Po, que dirige el sociólogo y antropólogo Bruno Latour.

Las investigaciones de Baya-Laffite apuntan a contribuir al desarrollo de una sociología política de los instrumentos que se utilizan en las controversias relacionadas con el medio ambiente. Su tesis sobre el conflicto que desató la instalación de las papeleras entre la Argentina y Uruguay es un ejemplo: allí analiza la construcción de los instrumentos de evaluación de impacto ambiental y de las mejores técnicas disponibles, y cómo su utilización llevó la discusión a un debate más técnico que político.

En el Médialab, su trabajó se reorientó a la cartografía de controversias, con proyectos de investigación como MEDEA, una iniciativa interdisciplinaria para mapear los debates en torno a la adaptación al cambio climático. Más recientemente, sus investigaciones se enfocaron al estudio de los debates sobre cambio climático en Internet.

¿En qué línea de investigación está trabajando actualmente en el LISIS?

Sigo con la línea que empecé en el Médialab, donde durante tres años estuve trabajando con métodos digitales en el ámbito de la cartografía de controversias. Allí, el foco de mi investigación fue el cambio climático. La idea era probar el potencial de la cartografía de controversias para caracterizar las dinámicas de los debates, no ya  sobre el origen antrópico del cambio climático o de la mitigación, es decir, de la reducción de gases que generan el efecto invernadero, sino sobre la necesidad de una política de adaptación y sobre cómo esta temática emergente impacta en ámbitos institucionales. Trabajé con métodos de análisis y visualización de redes semánticas el contenido de los Boletines de Negociación de la Tierra, que informan sobre las negociaciones que tienen lugar dentro de la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC). El trabajo llevó a la publicación de dos artículos y lo que estoy haciendo ahora es continuar esa línea de investigación pero a partir de una base de datos digitales mucho más amplia y heterogénea. El objetivo es mapear el debate público online en torno a la Conferencia sobre Cambio Climático de París (COP 21).

¿Qué implicó cambiar el corpus de trabajo, de lo que eran los debates en un ámbito cerrado, a los que se dan en las redes sociales?

Es una transición de una investigación numérica de un corpus relativamente pequeño de textos digitalizados, destinado a la gente que participa de las negociaciones y bastante técnico, a un corpus enorme de datos digitales extraídos de Facebook, Twitter, Instagram, Google+, blogs y distintos medios en Internet. Es una plataforma muy heterogénea y el desafío en el que estoy trabajando es qué estrategias implementar para que todas estas trazas digitales tengan sentido, cómo identificar señales y separarlas del ruido. La plataforma sobre la que trabajamos se llamar Radarly, es de la empresa Linkfluence y tuvimos acceso a ella a través de un acuerdo que hizo la Universidad Paris-Est. La diferencia con el trabajo anterior está en que se podía verificar la robustez de la metodología al comparar los resultados que obteníamos con lo que ya sabíamos sobre las negociaciones climáticas. Ahora, en cambio, ya no tenemos con qué comparar para saber cuáles son las principales tendencias. Hay que hacer emerger los datos y es lo que venimos trabajando con mis estudiantes en un curso.

¿Cómo es trabajar en estos métodos digitales para alguien que proviene de las ciencias sociales?

Entré con muchos obstáculos, dado que solo no podía hacer gran cosa porque no tenía conocimientos sobre muchas de las herramientas que se usan. Entonces, tenía que trabajar con especialistas en estas técnicas, como programadores, que no necesariamente saben algo sobre cuestiones de política ambiental. Entonces, la única forma de lograr resultados es mediante un trabajo muy colaborativo, donde ambas partes deben saber entender las demandas del otro. Yo fui sumando conocimientos sobre cómo pensar estrategias de investigación digital y logré adquirir un rol intermedio. Si bien no puedo manejar las herramientas con el mismo grado de destreza que algunos de mis colegas expertos en métodos digitales, sí pude entender su lógica de funcionamiento para diseñar estrategias de investigación digital.

En uno de sus trabajos dice que hay una tendencia errónea a confundir digital con automático.

Es una de las enseñanzas fundamentales que extraje de estas experiencias con herramientas de análisis de grandes corpus de datos textuales, como el software CorTexT. Todo esto está lejos de apretar un botón y que las cosas funcionen. Obtener resultados significativos, por ejemplo a partir de un análisis semántico de redes, es un trabajo arduo. Y es algo que consume mucho tiempo, como la selección de los términos que uno va a conservar luego de una primera extracción automática. El algoritmo de extracción de términos, si bien se basa en técnicas bien establecidas de procesamiento de lenguaje natural, no extrae únicamente los términos pertinentes para el investigador. Ahí uno tiene que meter mano y lo que va a obtener es el resultado de una gran cantidad de elecciones: desde las preguntas que se hacen hasta el corpus sobre el que se va a trabajar, el tipo de tecnología, el algoritmo a usar y cómo se parametriza, y el tipo de visualización que se va a usar. Así, cuando se estudia por ejemplo un debate en línea a partir de millones de tuits, dado que no existe referencia en la que apoyarse, es el investigador el que va haciendo emerger señales significativas. Esa manipulación no invalida el trabajo. Al contrario, es lo que hace posible que el resultado sea sólido. Lo importante es la transparencia en el protocolo de investigación.

¿Hubo cierto encandilamiento por parte de las ciencias sociales a partir de la libre disponibilidad de bases de datos en Internet? ¿Hay demasiadas expectativas sobre la posibilidad de hacer una suerte de sociología en tiempo real?

Hay una sobreexpectativa que responde a la economía de las promesas científicas. Es decir, existe unboom de accesibilidad a determinados datos numéricos y las ciencias sociales encuentran una suerte de panacea que en realidad no es tal. Estratégicamente, se hacen muchas promesas, o especulaciones, en torno a lo que se va a obtener y eso redunda en más financiamiento disponible. En mi caso, primero entré con cierto escepticismo ante lo que veía como visualizaciones de la información que parecían muy espectaculares, pero que no decían demasiado. Pero me involucré y quise llegar a un equilibrio sobre para qué sirven estos métodos numéricos de análisis y visualización de la información, y cómo usarlos para decir cosas y no para vender humo, como los que dicen que big data es la respuesta a todos los problemas de las ciencias sociales. Hoy en día es un área de interés y hay mucho dinero para proyectos. La frontera va en esta dirección y con el tiempo vamos a ver cosas cada vez más espectaculares, pero los diagnósticos podrían ser más matizados. Los métodos tradicionales siguen teniendo su lugar bien sólido y el desafío es cómo articular métodos tradicionales y numéricos en el estado actual de las cosas y con las técnicas de las que hoy disponemos.

¿Hay una brecha generacional entre los investigadores en el uso de herramientas digitales en las ciencias sociales?

Hay una brecha pero que no coincide necesariamente con lo generacional. Por ejemplo, Bruno Latour, que está cerca de retirarse, ha sido uno de los grandes propulsores desde el Médialab. La brecha tiene que ver más con lo cultural. Yo hice mi tesis de doctorado en el Centro Alexandre Koyré, en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Francia), y ahí es otra cultura. Por ejemplo, Dominique Pestre, que fue mi director, durante mucho tiempo me expresó un cierto  escepticismo sobre la cartografía de controversias con métodos digitales. Pero luego se dio el caso de que Pestre colaboró con Franco Moretti, que dirige elStanford Literary Lab y analiza grandes corpus de literatura con métodos de análisis cuali-cuantiativos. Juntos llevaron a cabo  una investigación sobre el lenguaje del Banco Mundial, y caracterizaron, a partir de un corpus de informes mundiales sobre el desarrollo, diversos momentos en su discurso. Así, detectaron cosas interesantes, como que hasta los 90 predomina la nominalización y, más adelante, el lenguaje hace un giro y predomina la adjetivación. Lo interesante es que esta colaboración  ocurrió porque Pestre conocía bien a Moretti y se interesó en su enfoque. Lo que importa, en terminos de brecha, son las experiencias de colaboración. No obstante, Pestre sigue siendo escéptico a determinados enfoques de trabajo con métodos digitales.

¿Cuál es la crítica principal?

Que no logran decir algo sustancialmente nuevo. Pero creo que es porque su experiencia es limitada en este ámbito. Trabajar en estos temas requiere mucho trabajo e involucrarse en estas técnicas. Considero que hay contribuciones modestas pero relevantes en las cartografías de controversias. Uno puede ver en un gráfico la curva de aumento de discusiones sobre un determinado tema y apoyarse en esa exploración visual para el análisis cualitativo. Por ejemplo, a partir del trabajo que realizaron estudiantes míos, pudimos observar, con una visualización de datos sobre las discusiones en torno a la COP21 extraídos de Twitter, que los climatoescépticos ya no tienen demasiado apoyo, que los océanos y los desechos plásticos son temas de gran relevancia en las discusiones y que las empresas que buscan lavar su imagen siendo auspiciantes de la COP21 no logran escapar a las críticas de greenwashing (intentar mejorar la reputación a través de iniciativas relacionadas con el cuidado del medio ambiente). El trabajo sobre estos datos, y su representación visual son una forma de contribuir al conocimiento. Plasmar procesos complejos en mapas permite reducir la complejidad y encontrar, por medio del análisis visual, patrones que permiten contar nuevas historias.

El conflicto de las papeleras y la trampa de la discusión técnica

En su tesis de doctorado, Baya-Laffite quiso analizar el rol que cumplieron los instrumentos de evaluación de impacto ambiental y de las mejores técnicas disponibles en el estudio de la controversia sobre la autorización y el financiamiento de los proyectos de plantas de celulosa de inversores españoles (ENCE) y finlandeses (Botnia) a orillas del río Uruguay. En primer lugar, mediante el clásico intento del campo de los estudios de la ciencia y la tecnología de “abrir la caja negra de los artefactos”, en este caso un instrumento con una pretendida neutralidad pero que no deja de ser una construcción política. El análisis de la historia y la definición de esos instrumentos se complementan con cómo fueron utilizados en la disputa entre Uruguay y la Argentina que culminó con el fallo del Tribunal de La Haya.

En su tesis sobre el conflicto de las papeleras en el río Uruguay dice que la utilización de instrumentos de evaluación de impacto ambiental llevó a una despolitización del debate. ¿Por qué?

El caso de las papeleras permite ver cómo se gobierna el desarrollo sustentable en el mundo. Cuando se plantea el problema en términos de las mejores técnicas disponibles, el debate queda clausurado de antemano. Se lo podría haber formulado de otro modo y la historia podría haber sido otra. Pero se eligió plantearlo, dentro del ámbito jurídico, diciendo que las técnicas que se aplicaban no eran las mejores, dada la vulnerabilidad del ambiente, lo cual llevó la discusión a un ámbito técnico. Mi tesis muestra que la existencia de instrumentos de políticas que estructuran el debate genera ciertos efectos de encuadre que conducen a una salida en la que los expertos de la industria pesen más en el debate.

Pero esos instrumentos de evaluación también son un producto de negociaciones políticas…

Sí, y es importante mirar la historia sobre cómo se define una mejor técnica disponible en términos de norma o estándar, y cómo ese estándar se aplica caso por caso. Había dos técnicas de blanqueo consideradas como las mejores disponibles en la definición del estándar: ECF, con dióxido de cloro, y TCF, sin ningún compuesto clorado. La discusión se terminó trasladando a si la evaluación de impacto ambiental se había hecho bien o no, y a qué podría haber pasado si la Argentina hubiese podido participar de la evaluación en el marco del estatuto del río Uruguay y convencer a Uruguay de que hacía falta reemplazar el blanqueo ECF por un blanqueo TCF. Esa era la opción más costosa y el producto TCF, además, tiene mercados muy pequeños, lo que habría llevado a anular los proyectos. Cuando esta cuestión es llevada a la Corte Internacional de Justicia, que zanja la cuestión varios años después de la puesta en marcha de la planta de Botnia, no tiene más que remitirse a los resultados de un monitoreo que fue efectuado por el Banco Mundial y Uruguay, por un lado, y por la Argentina, por otro. Lo que los jueces concluyeron, tras consultar a expertos de manera secreta, fue que Botnia utlizaba las mejores técnicas disponibles, incluido el blanqueo ECF, y que los datos de monitoreos indicaban que su planta no violaba de manera sustancial las normas de calidad ambiental y de emisión. Y que, en todo caso, si había polución, no se podía asegurar que venía de Botnia. Finalmente, la Corte, en el fallo, le da a entender al Gobierno argentino que, si le preocupa la vulnerabilidad del río Uruguay, debe dictar normas ambientales más estrictas. Y la Argentina, si bien demostró que Uruguay no consultó como debía, no logró demostrar que no había tomado medidas, conforme al estado del arte, para evitar la contaminación.

Foto: Roblespepe - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

Reducir la controversia a una discusión más técnica amplía la asimetría de información entre las distintas partes, ¿no?

Totalmente. Uno soñaría con que hubiera mecanismos de contra expertise. Gualeguaychú se apoyó mucho en ONG que saben de aspectos técnicos,  pero que tienen una visión que no coincide con los estándares globales. Ahí está la trampa de la discusión focalizada en lo técnico. Lo que uno tiene que decir es: “No queremos este futuro, no queremos un río Uruguay con plantas de celulosa, queremos otra cosa. Poco importa si es con mejores técnicas o no”. Si bien siempre es preferible que haya una evaluación a que no la haya, la evaluación de impacto ambiental perpetúa, en las condiciones en que se produce, las asimetrías de conocimiento, porque en el proceso predomina el encuadre técnico y no el político. Eso restringe la posibilidad de confrontar, en un marco formal, visiones del mundo antagónicas, determinadas nociones de justicia, de quiénes correrán los riesgos de la decisión y quienes sufrirán las consecuencias de agregarle una carga de contaminantes a un río como el Uruguay en esas condiciones. Eso no significa que dentro del proceso de evaluación no se hayan tenido en cuenta muchas de las cuestiones técnicas que preocupaban a la gente de Gualeguaychú y que condujeron a mejorar algunos de los aspectos de la planta de Botnia. La evaluación no se daba en un vacío político y no se la puede aislar de un contexto más amplio, incluido el corte del puente, que de algún modo traduce la frustración de la gente de Gualeguaychú con el proceso de evaluación y de decisión sobre las plantas. Así, finalmente se instaló una sola planta y no dos, como estaba previsto. Eso es mérito de la lucha de mucha gente.

Bruno Massare

Panama Papers: Revealing details live in the gaps between the lines


OffGuardian

by Kit

Pictured: NATO Heads of State and their ally, the King of Saudi Arabia Pictured: NATO Heads of State and their ally, the King of Saudi Arabia

Certain species of lizard – when threatened, cornered or in danger of being eaten – have the ability to “drop” their tail. This process, “Autotomy” (from the Greek, auto=self, tome=severing), enables the lizard to flee whilst the predator gets a brief distraction and small meal. The lizard survives. Tails grow back.

A simple, efficient survival method. The body ejects a replaceable part in protection of the vital whole. Easily adapted for the “Grand Chess Board”. Pinochet, the Shah of Iran, Saddam Hussein. All have played their part, only to be dropped when it became convenient. Despots and puppets grow back, too.

The Panama Papers broke, yesterday. Dozens of MSM outlets joined together in echoing this startling piece of investigative journalism: Rich people avoid paying their taxes. I know, I was shocked too.

Most of the…

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Raíces sangrientas raíces


Escrituras

¿En qué sentido el capital ha construido naciones? El engaño de Adam Smith yace en el título de su obra fundamental. Quizás, la primera ilusión de la economía política: que el capital construye la riqueza de las naciones. Es simplemente una apariencia, una idea estática, un producto ideológico del poder burgués. En cuanto puede hacerlo, el caparazón que lo cobija se rompe y nos demuestra lo él siempre quiso de la nación y de sus creyentes[1]: sangre, sudor, lágrimas. Lo que el mercado mundial era in nuce, lo que era ser exterior del capital industrial y del estado del capital, se produce como uno al romper todas y cada una de las barreras que le impedían el dominio completo del planeta como riqueza abstracta. El capital destruye las naciones e impone sobre ellas su propia ley, la ley capitalista del plusvalor: reino imperial de la mercancía. Una…

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Uber por encima de todo


GABRIEL MURO / EL QUIRÓFANO FRACTAL

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Uber es una empresa tecnológica nacida en California y presente en más de 250 ciudades y 50 países del mundo. Su enorme poder de cálculo está desbaratando los modos tradicionales de viajar en taxi a través de las grandes ciudades. Uber, como Facebook, es una plataforma digital que conecta a diversos usuarios entre sí. La empresa no produce otra cosa que los “marcos” o el contexto para la realización de intercambios aparentemente libres. Pero como se sabe, todo contexto determina el contenido de lo que se hace o lo que se dice. Nunca hubo una innovación tecnológica capaz de expandirse por el mundo tan rápido y generar a la vez tantos conflictos laborales. Allí donde llega Uber, las ciudades son trastornadas.
Los tacheros de la ciudad de Buenos Aires, que tanta micro-campaña han hecho a favor de Macri, a favor de la mano dura y de la limpieza de la…

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¿Y el Ombudsman del Bien Común?; por Carlos Leyba


17652La gestión Macri ha tomado, por lo menos, cuatro decisiones inexplicables y reveladoras que la aplicación de principios de gestión privada no contribuye al Bien Común.

Primero lo postergó con el escandaloso “cumplir el compromiso” de pago de los contratos del dólar futuro por los que fue denunciado penalmente Alejandro Vanoli y citados, por el juez Claudio Bonadio, Axel Kicillof y Cristina Kirchner. El denunciante es Alfonso Prat Gay.

¿Cuál será “el principio” que obliga a Federico Sturzenegger  y al directorio del BCRA, a pagarle  76 mil millones de pesos a un conjunto de apostadores, hombres de “mucha información”, a cambio de nada?

Los beneficiarios del dólar futuro, a cambio de nada, han recibido más que lo que el Congreso ha decidido pagarle a los buitres con sentencia. ¿Hay alguna explicación decente acerca de esto?

Aquellos que consideran delictivo haber vendido dólares a futuro a precio “vil”, son los mismos que hacen posible una ganancia escandalosa. ¿Cómo se explica acusar y pagar al mismo tiempo?

Además, para absorber la descomunal emisión monetaria, con que se paga a los beneficiarios de la trampa, emitieron Letras con una tasa de interés de 38 por ciento anual. La primera iteración aumenta el costo del crédito; y la segunda genera una presión a la baja del nivel de actividad y – al mismo tiempo – una presión inflacionaria por el lado de los costos. La economía desciende y la inflación del mes escala al 5 por ciento.

Los beneficios (privados) de la medida se concentran en el sector financiero y los costos (públicos) brutales los paga el conjunto de la población.

El BCRA esta rindiendo un tributo inexplicable a la estanflación y alienta el “pedal” de tasa, que sube, contra dólar con riesgo de baja. ¿Están convencidos que la tasa “vencerá” a la inflación? Ingenuidad conmovedora o fatal.

¿Cuál fue el principio rector de esta decisión catastrófica? Dicen:“cumplir los contratos”. ¡Por favor!.

La autoridad monetaria tenía medios para mantener la cotización del Mercado Único de Cambios hasta que se extinguiera el último contrato de futuro. Obviamente no habría podido “liberar el cepo”. Pero habría podido desdoblar el mercado de cambios para las operaciones de comercio exterior que reflejara una cotización símil a la de un “mercado sin cepo”. Habría sido una violación transitoria del cumplimiento de la promesa de liberar el cepo. Y utilizar las “horribles (para los ortodoxos fanáticos) políticas de desdoblamiento cambiario”.

Pero habrían cumplido con el compromiso del bien común. Prefirieron cumplir “principios privados” y destrozar su propio programa monetario, alentar la inflación y aplastar la actividad. Inexplicable.  El costo, para la sociedad, de la primacía de la “visión privada” es enorme.

Otra decisión escandalosa ha sido trabar la resolución de Corte Suprema que obliga a hacer público el contrato de YPF con Chevron. Laura Alonso, que le ha costado demasiado a este gobierno, en la oposición consideraba que no podían existir “secretos” en empresas de mayoría estatal como YPF y menos respecto de Vaca Muerta. Una vez en el oficialismo cambió los principios del bien común (transparencia de la información de interés público) por la visión de gestión privada. El gobierno adhirió a esta filosofía.

¿Qué principio inspira violar el Bien Común que obliga dar a publicidad los actos de gobierno? El kirchnerismo fue acusado por ocultar el contrato con Chevron, Y ahora el gobierno de Macri hace lo mismo. Igual que con el dólar futuro.

Para el PRO lo que hicieron los otros está mal. Si lo hacemos nosotros está bien. Son re K. Inexplicable.

La decisión de pagar el dólar futuro genera un daño irreparable. Lo de Chevron se repara publicando el contrato.

La tercera decisión inexplicable fue la confirmación del sistema de subsidios a las empresas petroleras que, siendo capital extranjero en su mayoría, extraen y venden petróleo en el mundo a “precio internacional”. Salvo en la Argentina donde las subsidiamos. Inexplicable. El ministro de energía explicó el aumento de los combustibles por el subsidio al petróleo. ¿Qué les pasa?

Kicillof inventó el subsidio al barril por encima de su valor internacional. No son los costos locales los que impiden la rentabilidad. Ni los salarios, ni las regalías. Las empresas ganan dinero. YPF se privatizó cuando el barril costaba 20 dólares.

¿Cuál es la racionalidad de esta política?¿Cuál sería la decisión, ante esta demanda de las petroleras, si lo que presidiera la gestión fuera la visión del Bien Común?

En ese caso, la única decisión que no se podría tomar es la de aumentar el déficit fiscal para subsidiar a las petroleras; y a la vez quitar subsidios a los sectores populares para reducir el déficit fiscal. Los subsidios a las petroleras se han estimado entre 3 y 6 mil millones de dólares en un año. Inexplicable.

¿Realmente la gestión Macri quiere morigerar la emisión monetaria “espuria” contra nada y reducir el déficit fiscal provocado por “subsidios insensatos” o bien la visión de gestión privada los ha obnubilado?¿Saben ellos que en estas tres decisiones continúan las decisiones del kirchnerismo?

La cuarta decisión inexplicable, desde el punto de vista del Bien Común, es la eliminación de las retenciones a las exportaciones mineras que representaban ingresos fiscales importantes.

En esto son originales. Los K las mantuvieron. Al incremento de ingresos a las exportadoras que implicó la devaluación se le suma la devolución de retenciones.  El argumento PRO es el apoyo a las PYMES, federalismo, etc.; y “respetar la ley de minería de Carlos Menem”. La visión de gestión privada obnubila la visión de bien común. ¿Quién puede sostener que el incremento de ingresos de la devaluación ha sido insuficiente para la minería? ¿Qué debe pensar un productor de soja que sigue con retenciones del 30 por ciento?

Un informe sobre la mina Veladero de Octubre pasado, de la ex Secretaría de Ambiente, apuntaba fallas en el sistema de seguridad; está en manos del juez Sebastian Casanello en la causa por contaminación en la que la Policía Federal determinó que el derrame de un millón de litros de agua cianurada, de la mina de Barrick Gold, contaminó cinco ríos. Sergio Bergman dijo “hay que prepararse para un escenario de cierre de la mina” que está en un ambiente glaciar y periglaciar. La ley de glaciares lo prohíbe. ¿Visión del Bien Común o de gestión privada?

A pesar de estos antecedentes y de la gigantesca rentabilidad de la minería  antes de la devaluación, los “principios de gestión privada” indujeron a la torpeza de renunciar a recursos fiscales para crear “un clima de inversión”. Cuarta decisión inexplicable.

¿Qué principios los gobiernan? El PRO en tres de estas decisiones hace seguidísimo del kirchnerismo que, respecto de la cuarta, fue quien otorgó las concesiones mineras a la Barrick a pesar de las advertencias de muchos. Macri sigue y pone más.

Si en estas cuestiones las decisiones hubieran respondido a la prioridad del Bien Común hubieran mejorado la política económica. Pero no es lo único.

Por ejemplo, Prat Gay señaló reiteradamente que los precios privados deberían retornar a los niveles de noviembre pasado.  Señaló que muchos precios se habían “adelantado” para cubrirse de decisiones futuras y que debían retroceder a los niveles previos. Las empresas no lo hicieron. Y el gobierno nada hizo en la materia. Se lavó las manos, privilegió el criterio de gestión privada sobre el del bien común. Ni siquiera trató de confirmar o rechazar la veracidad de las afirmaciones del Ministro.¿Manda el ministro o el secretario de comercio?

Va por el mismo camino el cumplimiento del compromiso de eliminación de las retenciones, con la excepción de la soja, porque no ha tenido en cuenta el cambio de marco que significa la devaluación. No tiene el mismo fundamento la eliminación de las retenciones con el dólar del 10 de diciembre  de 2015 que con el dólar posterior a la eliminación del cepo.

El principio del bien común nos señala que la diferencia material, la transferencia de recursos que la quita de las retenciones implica (del sector público al privado), es abismalmente distinta respecto de la situación del tipo de cambio antes o después de la devaluación.

Más allá del concepto de política económica, que esta quita de retenciones implica, ¿qué principio de bien común está detrás de esta decisión que incrementó, por encima de las expectativas más alentadoras, los ingresos de un sector de la sociedad?

Todas estas decisiones, además de las cuatro comentadas, se han llevado a cabo sin despertar la más mínima vocación compensadora que, para ser realmente tal, debe ser “en tiempo real”, es decir al mismo tiempo.

Todo, la emisión monetaria, la tasa de interés, el precio del petróleo, la devaluación, etc., como toda medida de política económica, genera costos y beneficios. Los costos pueden ser socialmente insoportables y los beneficios moralmente intolerables. Insoportable más intolerable genera una preocupación mayor sobre el futuro.

Por eso toda medida de política económica, para responder al principio del Bien Común, debe generar compensaciones.

Y para ello la política, las medidas que la instrumentan, debe ser siempre global y simultánea.

Al programa de corto plazo, si lo hay, por ahora no le va bien. Y una de las causas es tan sencilla como que no tienen (y vaya si lo necesitan) un “Ombudsman” del Bien Común que compense su desdén. Hasta ahora no hay un tiro para el lado de la justicia que haya dado en el blanco.

Tampoco tienen un ministro de economía. La improvisación de interpretes individuales confunde, perturba, nos cuesta caro.

Conclusión, la gestión de Macri mejoraría con un “Ministro de toda la Economía” (contradicciones) y con un Ombudsman del Bien Común (flojera de principios). Es cierto que la “oligarquía de los concesionarios” creada o desarrollada por los K fue y sigue siendo mucho peor. Pero es otro problema.

EL ICEBERG YA HIZO CONTACTO CON EL PJ


Zuleta sin techo

Con el levantamiento de la veda y los jueces lanzados a la cacería de políticos, no podía hacer menos María Servini de Cubría. Ayer prorrogó el plazo para la presentación de listas de candidatos a las elecciones de autoridades del PJ que cerraba a medianoche de ayer. Con eso desbarató los planes de la cúpula actual para instaurar en lista única a la dupla José Luis Gioja-Daniel Scioli. Con esa medida aprieta los plazos y dinamita el cronograma que prevé urnas (formales, porque nadie ha previsto una competencia) para el 8 de mayo. Más importante, les da tiempo a los contradictores de la conducción del partido – que anoche anotó la lista oficial – para presentar una nómina que se enredará en una sucesión de impugnaciones que puede abrir espacio a una intervención judicial que le conviene a todos, menos al peronismo formal. El iceberg ya tocó a ese Titanic…

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El Derecho a la Educación en prisión abarca la formación extracurricular.


1° de Marzo, 2016.

La Sala II de Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal, hizo lugar al recurso de Casación interpuesto por la Procuración Penitenciaria de la Nación, aplicando un criterio amplio sobre la procedencia de la vía de habeas corpus como mecanismo idóneo frente al cercenamiento del derecho a la educación, y  entendiendo a los talleres extracurriculares como parte necesaria para su efectivo goce.

El pasado 17 de febrero, la Sala II de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional, hizo lugar al recurso de casación interpuesto por esta Procuración en el marco de un habeas corpus correctivo colectivo en el que se reclamaba el pleno acceso a la educación por parte de las personas alojadas en el CPF de la CABA.

De este modo, al casar lo resuelto en primera instancia, se amplía la interpretación concerniente al derecho a la educación, garantizando la protección y fomento que la ley 24.660 y su reglamentación otorgan a los talleres extracurriculares.

A su vez, el voto mayoritario, ha adoptado un criterio amplio en lo relativo a la procedencia del habeas corpus como vía idónea para reparar el cercenamiento del derecho a la educación.

Entre los argumentos esgrimidos por la Sala II, cabe destacar, en cuanto a la procedencia de la vía de habeas corpus en la materia, la aplicabilidad del art. 142 de la Ley 24.660 (texto según Ley n° 26.695), el cual establece que: “Los obstáculos e incumplimientos en el acceso al derecho a la educación podrán ser remediados por los jueces competentes a través de la vía del hábeas corpus correctivo, incluso en forma colectiva. Excepcionalmente, los jueces podrán asegurar la educación a través de un tercero a cuenta del Estado, o, tratándose de la escolaridad obligatoria, de la continuación de los estudios en el medio libre…”. Por lo cual, en su voto mayoritario, entiende que, “surge con claridad que el legislador ha elegido la vía del hábeas corpus como mecanismo para garantizar un rápido acceso al control judicial para evitar la frustración del derecho a la educación dentro de la cárcel; de esta forma, las decisiones administrativas que por razones de seguridad u organización, lo limiten, cercenen o restrinjan en el contexto de encierro que implica la prisión, pueden constituir un agravamiento de las condiciones de detención, valoración que dependerá de cada caso concreto. En este último aspecto, la ley amplía el significado tradicional del hábeas corpus correctivo: no sólo comprende las condiciones materiales “clásicas” en que se cumple la pena privativa de la libertad (alojamiento, alimentación, higiene) y que pueden generar un sufrimiento adicional al encierro, sino que abarca su objetivo central: la reinserción social, según los términos que utiliza el art. 1, Ley n° 24.6603.”

De este modo, dejó en claro que “todas las decisiones que adopta la autoridad penitenciara son de neto corte administrativo y en lo que se refiere a la educación en la cárcel, podrán ser materia de un recurso de hábeas corpus correctivo en la medida que constituyan un obstáculo o impedimento para que los internos accedan a este derecho…”.

Por su parte,  en cuanto al alcance del derecho a la educación, atendiendo los argumentos de esta Procuración y los que aportara el Sr. Fiscal Federal actuante ante el Tribunal casatorio Leonardo Filippini, el fallo reparó en que: “la participación en esta clase de talleres resulta una herramienta para que los internos se acerquen a la educación, en tanto no exigen haber finalizado estudios anteriores o la realización de alguno; por lo cual, el lugar donde se desarrollan no resulta indiferente. Y si la educación en el contexto carcelario ha sido definida por el propio Estado como una política pública prioritaria y un derecho de los internos, el cambio de lugar de realización del taller, de la manera en que se hizo, se revela como un obstáculo para el ejercicio de esa facultad.”

Resaltando a su vez que, “el art. 1.1 del decreto 140/2015 establece expresamente que la agenda educativa para satisfacer el derecho a la educación pública en contextos de encierro ‘…contemplará las actividades curriculares y extracurriculares que se desarrollarán tanto los días hábiles como los sábados, domingos y feriados, así como durante los recesos escolares, favoreciendo la participación de las organizaciones de la sociedad civil y de las familias…’. De esta manera, queda clara la legitimación de las asociaciones civiles para participar en la oferta educativa a los internos, que abarca actividades dentro y fuera de la plantilla de materias e incluso puede realizarse fuera de horarios hábiles.”

Para la Procuración Penitenciaria de la Nación el derecho a la educación es uno de sus  temas prioritarios, que implica la promoción y fortalecimiento de los diversos centros universitarios, entendiendo aquella como un derecho básico de las personas privadas de su libertad y funcional al fin resocializador de nuestra Constitución nacional, por lo que cualquier restricción injustificada debe ser considerada un agravamiento ilegítimo en las condiciones de detención, e impone la inmediata remoción de los obstáculos.

Fuentes: http://www.ppn.gov.ar

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Michelle Obama y un discurso para las chicas superporderosas


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Michelle Obama usa vestidos hermosos, tiene un pelo radiante y derrocha simpatía en su andar, todo el mundo habla de su estilo. De lo que no se habla tanto es de sus ideas y su trabajo. Esta mujer que, según ella misma relata, de niña era tan pobre que compartía una habitación con su hermano dividida por una falsa pared es hoy una exitosa profesional, reconocida líder y activista feminista. Hace no mucho fundó “Let girls learn” (deja que las chicas aprendan), un programa que promueve alrededor del mundo la inserción escolar de niñas que por diversos motivos no pueden estudiar.

La primera dama estadounidense dio un discurso en Buenos Aires frente a 400 jóvenes mujeres en donde relató los obstáculos que tuvo que sortear para estudiar y graduarse de abogada en Harvard. Explicó que cuando era niña soñaba cosas muy grandes para su vida pero que el mensaje que…

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DEUDA: CAÑO, AGUJEROS Y CALIDAD


por Carlos Leyba.

Estamos en camino a la salida del default luego de varios intentos fallidos de todos los ministros de la anterior gestión.

Desde 2003 tropas de plomeros se propusieron tapar los agujeros de un caño con perforaciones de enorme magnitud. Ninguna terminó de cerrarlo. El default es como un agujero en un caño que lo termina pudriendo.

Ahora,  con el concurso de gran parte de la oposición, están dispuestas las vituallas y materiales para que una nueva cuadrilla, más liberal que keynesiana,  procure tapar los agujeros que faltan para salir del default.

La autorización es el lógico producto de una coincidencia histórica porque peronistas kirchneristas, kirchneristas cristinistas, cristinistas liberales y cristinistas marxistas de Grucho desde 2003, todos, coincidieron en tratar de pagar. Y también lo hizo el equipo económico que perdió las elecciones, Miguel Bein y David Blejer. Ellos propusieron, en campaña, la quita de 30 por ciento a los buitres para cerrar el default.

Todos los pasos dados desde 2005 fueron meritorios pero fracasaron en el único propósito lógico: sacarnos del default.

Es más, la presión con que se taparon algunos agujeros (ley cerrojo) hizo el campo orégano para que los buitres compraran, por monedas, títulos de valor facial legalmente plenos. “Espalda que no se quiebra se endereza”

Luego se diseñó el llamado “camino de Boudu”. Lo emprendió, cayado en mano, Axel Kicillof. Pagó a REPSOL más de lo que valía computando las fallas contractuales adecuadamente; pagó al Club de Paris sin lograr la más mínima quita; y pago juicios del CIADI, prorroga de jurisdicción que nunca otorgó Brasil.

No haber salido del default – y necesitar dólares – obligó, a la gestión anterior, a endeudarse caro con Venezuela; y peor, con la República Popular China que asoció su crédito a enormes condicionalidades y con legislación británica.

Desde 2003 todos apostaron a salir del default. Ninguno lo logró.  El caño no se reparó. Y algunos incrementaron la deuda externa (p.ej. REPSOL, China).

La propuesta actual también es incompleta. Pero puede ser que la cuadrilla de Alfonso Prat Gay termine con el default que Cristina Kirchner exploró, sin resultado, después de la sentencia.

Con todos los pagos hechos por el FPV habría sido grosero negarse a terminar lo que ellos mismos empezaron. Ninguno de ellos hubiera podido decir “no que hay salir del default” porque pusieron miles de millones de dólares para tratar de cerrarlo y todo ese dinero, hasta ahora, ha sido inútil porque el default sigue en pie.

Votar negativamente a la propuesta es votar por seguir en default por lo menos por los próximos cuatro años.

No salir del default tiene costos. El primero, es la continuidad de la cautelar que impide pagar a los bonistas  canjeados, lo que hace muy probable la aceleración de la deuda canjeada. Un desastre.

El segundo costo es que el taxi de la deuda con sentencia es carísimo, y aquella que espera tener sentencia puede serlo, y todo acrecentará el stock de deuda haciendo que la financiación para la Argentina se encarezca aún más.

El tercer costo es que, dado el déficit fiscal, comercial externo y de expansión monetaria obligada – que esta gestión trata de compensar con la tasa de interés – la economía, de seguir en default, acrecentará sus desequilibrios. Salir del default tampoco resuelve los desequilibrios sino que no los acrecienta, lo que no es lo mismo.

Pero no salir del default es muchísimo más caro que hacerlo aún de la manera cara que propone esta cuadrilla tapa agujeros del PRO que es la elegida por los ciudadanos para hacerlo. El equipo de D. Scioli hubiera hecho lo mismo.

¿El costo presupuestado para tapar los agujeros que quedan resiste el análisis comparativo?

Primero, las tasas de interés que paga el país son mayores que la que pagan los vecinos, eso refleja el default y no nuestra capacidad de pago. Segundo, esa tasa, es mayor que el crecimiento posible del PBI en dólares lo que la hace crecientemente gravosa. Por ambas razones este arreglo es caro en términos relativos. Y además, por ahora, incompleto. Depende que puedan atar lo que falta.

La “comparación política” corresponde a la relación entre lo que pagamos, desde 2005 hasta 2014 para tapar los agujeros anteriores.

Los análisis financieros comparados, usando como metro patrón la quita (el costo) final del Canje 2015 – que hubiera sido como quita mucho menor si el INDEC no hubiera falsificado la tasa de inflación con que ajustaban unos cupones del Canje –  demuestran que, si se materializa la salida del default tal cual esta propuesto, su costo será aproximadamente igual o menor al del Club de Paris, pero mayor al del Canje2005. Pero este arreglo, hay que considerarlo, se formaliza luego de una sentencia adversa.

El arreglo es caro, es incompleto, pero puede sacarnos del default. La situación posterior será mejor que la actual y mucho mejor de la que podríamos atravesar si no intentamos salir del default.

¿Las malas noticias? Hay de dos tipos, coyunturales y estructurales.

La  primera coyuntural de política macro fiscal. Es un verdadero escándalo que – con este enorme déficit fiscal – se subsidie el barril de petróleo a las empresas petroleras, la mayor parte extranjeras, que producen a ese precio en otro países. Una de ellas en 9 meses – con el barril en baja – ganó 4 mil millones de pesos en 2015. Repsol compró YPF en los 90 a 20 dólares el barril. ¿Cuánto aumentaron en dólares los costos para tener que subsidiar a las petroleras? Son más de 3 mil millones de dólares en un año. Un escándalo que empezó con Kicillof.

La segunda coyuntural de política macro monetaria. Es el escándalo de la emisión de 100 mil millones de pesos para pagar a los especuladores del dólar futuro que comenzó Alejandro Vanoli. El ministro Alfonso Prat Gay hizo una denuncia penal por el dólar futuro e igual pagamos una pérdida que lleva la tasa de interés al 38 por ciento anual. Escandaloso.

Y doblemente escandaloso cuando se propone endeudamiento post default para paliar el déficit fiscal sin acudir a la emisión.

El Congreso debe exigir información y reparación de ambos desaguisados.

La primera estructural es la cuestión de la deuda. No es posible que el parlamento no profundice las investigaciones del Juez Jorge Ballestero que  han demostrado la ilegitimidad de una parte sustancial de la misma. Seguramente es sólo una reparación moral. Pero en esto, aunque no sea posible la recuperación patrimonial, la recuperación moral es imprescindible porque nuestra sociedad necesita develar la trama de corrupción que también se ha orquestado detrás de la deuda externa que, desde 1976, tanto daño nos ha causado.

La segunda estructural es la de la calidad del caño. La estructura de la economía argentina. Esta estructura, este caño, es de una calidad tal que se volverá a romper aun saliendo del default. Porque se trata de un caño de mala calidad. De una economía estructurada para la deuda.

Desde 1976 la economía nacional fue reestructurada para conformar una “economía para la deuda”. Y hasta hoy no fue reestructurada.

Desde 1976 y hasta 2002, la deuda externa año a año financió la sustitución de producción nacional por producción importada. La deuda se refinanció con deuda. Los dólares que ingresaban monetizaban el excedente económico nacional (“el ahorro”) para permitirle la fuga del sistema. El stock de capital fugado al estallar la crisis de 2002 era idénticamente igual al stock de deuda externa.

Por la fuga, el excedente económico nacional no se materializó en inversiones, que es el destino natural del excedente. La ausencia de inversiones implica una tendencia natural al incremento del déficit fiscal. Cuando las inversiones concretadas están por debajo de las inversiones potenciales (que deben sumar a las concretadas el excedente fugado) se produce el fenómeno del subempleo y su correlación de precariedad social. La contrapartida es, por un lado, la necesidad del aumento del gasto social compensatorio (en miles de formas) y por el otro la reducción del potencial de capacidad contributiva por ausencia de inversiones y de capital fugado.

La deuda externa, finalmente, genera déficit fiscal (ausencia de inversiones) y déficit externo (incremento de importaciones) y ambos déficits establecen las condiciones para justificar la continuidad del endeudamiento.

Eso es lo que pasó hasta 2002.

Luego se impuso el default y la devaluación. Los términos del intercambio ultrafavorables, en ese contexto, generaron los superávit externo y fiscal.

Sin embargo la fuga del excedente continuó financiada por la soja: sumamos 100 mil millones de dólares en la era K al stock de capital fugado. Continuó la ausencia de inversiones, la economía se primarizó, el PBI industrial por habitante de 2014 es igual al de 1974, la pobreza esta estancada en el 30 por ciento de la población, y para salir del default y de los desequilibrios fiscales y monetarios, nos dicen que nos volveremos a endeudar.

El remedio no es alimento del cuerpo. Hay que cambiar el caño. Es imprescindible una estrategia de desarrollo, consensuada para el largo plazo, que antes que atraer capitales foráneos sea capaz de retener en casa el excedente económico que se genera en el país. Nadie va a entrar, ni nadie va a volver hasta que no se terminen las razones para irse y empiecen las para quedarse.

Y lamentablemente con lo hasta aquí hecho y los anuncios y las ingenuidades del Tratado de Libre Comercio con China, USA, la UE, sin tener la más mínima estrategia para el desarrollo nacional, seguirá en pie el proyecto ajeno y no el propio.

El Congreso aprobando el acuerdo tiene la obligación de controlar los desaguisados fiscales y monetarios cometidos, continuidad del kirchnerismo; y exigir la investigación de la deuda y el diseño de una estrategia de desarrollo propia. Entonces habrá vuelto el vigor Parlamentario para mejorar la calidad de la estructura económica, eludir la condena de la deuda y dejar de vivir tapando agujeros.

 

El texto fue publicado en El Economista y resume lo expuesto por el autor en la Comisión del Senado a la que fue invitado por el Senador Fernando Pino Solanas.

VERBITSKY, ANTES Y DESPUÉS DEL KIRCHNERISMO


Por Martín Rodríguez y Tomás Rodríguez Ansorena | Fotos Ignacio Sánchez

A esta altura de la soirée podemos decir que hay dos clases de kirchneristas: los que sabían qué querían del kirchnerismo y los consumidores de poder. El periodista Horacio Verbitsky es de los primeros por una razón básica: no lo inventó el kirchnerismo, aunque llegó a ser, por momentos, “autor” de muchas de sus narrativas. “El perro”, como lo llaman desde sus primeros años en el periodismo, preside el CELS, un organismo de Derechos Humanos que auditó el work in progress de las instituciones democráticas antes, durante y después. Si Luis D’Elía fue kirchnerista a costa de resignar su propia agenda de “tierra” y “vivienda” y Edgardo Depetri fue el referente de una CTA afín al gobierno que no pudo lograr la personería gremial, Verbitsky entró a la Casa Rosada “sin dejar sus convicciones en la puerta”: desde el CELS impulsó la creación del Ministerio de Seguridad, el fortalecimiento de los juicios por deitos de lesa humanidad  o la creación de organismos como la Procuración Penitenciaria de la Nación. Verbitsky motorizó su agenda, incluso cuando no consiguió que bajaran ciertos cuadros (la cuestión Milani), o en “los derechos humanos de hoy”, en causas como la de Luciano Arruga o la represión a los Qom en Formosa. Mientras vemos las ruinas del imperio en el escándalo del vaciamiento de los “medios militantes” del Grupo 23, la conmoción interna del peronismo con sus “fieles” o “traidores”, o las citas judiciales a Alejandro Vanoli, Axel Kiciloff y la propia Cristina, entrevistamos a Horacio Verbitsky quien en su tono pausado parece abstraerse y reducirse al grado cero de su poder: “apenas” un columnista del diario Página/12. Pero Verbitsky es más que eso, y lo sabe. La biografía no autorizada que escribió Gabriel Levinas, y a la que califica de “canallada”, subraya su lugar dentro del sistema político, del que nunca –y sus columnas son el máximo testimonio de ello- pretendió alguna ajenidad. Hoy se para de cara a un nuevo gobierno que parece salido de la peor pesadilla progresista (“un gobierno liberal votado por el pueblo”). Hablamos de lo que pasó y de lo que viene, con el fondo de una efeméride redonda: a 40 años del último Golpe de Estado.

PLAYBOY: Arranquemos por la política, ¿por qué ganó Macri?

Horacio Verbitsky: Porque tuvo dos y medio por ciento más de votos que Scioli.

PLAYBOY: ¿Creés que hay razones para eso?

Verbitsky: Me parece que hizo una campaña inteligente, profesional, muy bien hecha. Sintonizó con algunas tendencias profundas de sectores de la sociedad argentina y no tuvo enfrente una campaña igualmente clara y organizada, con coherencia interna. Por ejemplo, en las legislativas de 2013, el kirchnerismo hizo una campaña a mi juicio muy buena, con la consigna “En la vida hay que elegir”. Pero el candidato era Insaurralde, una fotocopia de Massa. Ese candidato hubiera sido coherente con otra campaña y viceversa. En el 2015 ocurrió algo no tan marcado pero de alguna manera parecido. En las primarias hubo, por parte del candidato del Frente para la Victoria, una campaña de tipo “catch-all”, una apelación genérica, indiscriminada. Y en cambio en la segunda vuelta, digamos, retomó las líneas de las legislativas de 2013. Y, bueno, estuvo muy cerca. Si la campaña hubiera durado un poco más, o si ese giro discursivo hubiese empezado antes, es posible que el resultado hubiera sido distinto. De todos modos, eso es contrafáctico. Pero la pregunta induce la contrafacticidad. Lo que está por verse es si la victoria electoral de Macri significa algo más que un episodio coyuntural y si tiene un arraigo profundo en la sociedad. Eso se irá viendo a medida que pase el tiempo. Hoy no se puede saber. El kirchnerismo sí tuvo un arraigo profundo en la sociedad, y el hecho de haber perdido la elección presidencial no contradice eso. En todo caso, refleja ciertas limitaciones de construcción política por las cuales, en el 2013 llevó a un candidato como Insaurralde y en el 2015 a un candidato como Scioli, que no son la expresión más clara de lo que el kirchnerismo significó a lo largo de 12 años en el país. No son candidaturas de síntesis, son candidaturas que reflejan ciertas líneas internas que han formado parte del kirchnerismo, pero no lo sintetizan. Lo que observo es que hubo incapacidad para construir un candidato. Y esa es una responsabilidad política de quienes han tenido la conducción, sin duda.

PLAYBOY: ¿Cómo era tu relación con Néstor Kirchner y con Cristina? ¿Te leían, te hacían una devolución de lo que escribías? Vos mantuviste una conducta de adhesión y crítica al gobierno, no eras un estilista, eras, en algún sentido, un ideólogo, proponía agendas para el gobierno.

Verbitsky: Esa es una palabrota, “un ideólogo” (ríe). Bueno, durante los primeros 20 años de la democracia argentina, yo he sido muy crítico, y he planteado una serie de cuestionamientos tanto a las políticas de Alfonsín como a las de Menem, De la Rúa o los interinatos del Senador Duhalde. A partir de 2003, cuando hay un gobierno que comienza a realizar muchas de las cosas que he considerado positivas y por cuya ausencia he criticado a los gobiernos anteriores, naturalmente, mi posición ha sido favorable a ese gobierno. Me parece elemental que sea así. Ahora, yo en ningún momento resigné una visión crítica. Pero cómo recibía el gobierno esas cosas… a mí nunca ni Cristina ni Néstor me dijeron “escribiste esto y tal cosa, tal otra”; jamás en 12 años tuve ese tipo de diálogo.

PLAYBOY: ¿Era una relación fluida?

Verbitsky: No, esporádica. Hay muchos mitos en ese sentido, yo los veía de tanto en tanto. No he tenido una relación ni cotidiana, ni semanal, ni siquiera mensual.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del factor Aníbal Fernández en la elección y, más concretamente, del “fuego amigo”?

Verbitsky: Amigo de quién es la pregunta. Está claro que no era amigo de él. Yo creo que tanto el factor Aníbal como el factor Sabbatella, fueron muy importantes. Porque Aníbal tuvo la oposición abierta, organizada y militante de la Iglesia Católica; y Martín Sabbatella, de parte de un sector importante de los intendentes peronistas. Eso también explica el resultado en la Provincia de Buenos Aires, y el resultado en la Provincia explica el resultado nacional. Si Vidal no hubiera ganado la elección en octubre, Macri no hubiera ganado en noviembre. Es un encadenamiento de hechos. Cuando vos ves una pelea de box, el knock out es muy espectacular, pero antes del directo a la mandíbula, hubo un golpe al hígado.

PLAYBOY: ¿Pero ese golpe al hígado vos lo identificás con la campaña de la Iglesia o con la denuncia en sí misma? Y de ahí la pregunta por el “fuego amigo”.

Verbitsky: Es la denuncia, la Iglesia militándolo, y el uso de la campaña de Cambiemos. Lo del “fuego amigo” no me parece decisivo, ni lo más relevante. Ha habido, como en toda interna; si compiten, una se opone a la otra. Eso es una interna. Pero veamos las cosas que se han mencionado. El gran agravio que le habrían hecho a Aníbal es la presencia de Domínguez bailando en el programa de Tinelli al día siguiente de la denuncia…

PLAYBOY: La autorización al equipo periodístico a hacer las entrevistas.

Verbitsky: Veamos: la participación en el programa, no creo que tenga relevancia. Y el ingreso de las cámaras fue autorizado por la jueza de la causa. Eso, Casal lo explicó en detalle, mostrando la comunicación judicial. Lo pidieron los presos, los autorizó la jueza… Scioli dio una buena respuesta, “¿yo me estoy tirando un tiro en el pie?”. No creo realmente que Scioli haya pensado que él podía incidir en la primaria contra Aníbal, y que después eso no tuviera repercusión en la general en contra suyo. Me parece que Scioli tiene limitaciones evidentes, pero es bastante astuto, no es un estúpido. Y si él hubiera participado en esa operación, sería de tonto. Y no me parece que sea tonto. Yo le asigno más importancia a la militancia de la iglesia y al uso propagandístico por parte de Cambiemos, que a la denuncia en sí.

PLAYBOY: ¿Cómo ves la reconstrucción del peronismo? Hablaste de Pichetto hace poco.

Verbitsky: De Pichetto señalo la paradoja de que los gobernadores, que son los defensores de la territorialidad, tengan como operador a un clavel del aire que no tiene territorio. Pichetto perdió en su provincia. Eso, señalaba, me parece una ironía de la política. Pero, ¿cómo se va a reformatear el peronismo? Me parece prematuro arriesgar opiniones. Ahora en marzo comienza a terminarse la luna de miel de Macri con su electorado, se van a empezar a sentir los efectos de las medidas económicas tomadas. Todo parece indicar que va hacia una desaceleración de la economía, con inflación creciente. Todavía no comenzó el cierre masivo de fábricas como en la década del 90, pero si estas políticas siguen… Los aumentos descomunales de las  tarifas eléctricas, luego de gas, son elementos que van a reducir el consumo, la actividad, pero no van a reducir la inflación.

PLAYBOY: Pero algunos aspectos de este ajuste eran advertidos por Scioli. ¿El modelo kirchnerista, en términos económicos, no estaba también agotado?

Verbitsky: Sí, el tema de la sintonía fina fue planteado por Cristina cuando ganó en 2011. Y comenzó a aplicarlo en los subsidios eléctricos, por ejemplo. Después paró por las dificultades técnicas de la segmentación, que ahora se van a empezar a ver: es muy difícil determinar quién necesita y quién no el subsidio en base a criterios objetivos; y porque hubo una percepción de que iba a implicar un parate de la economía, un efecto recesivo. Por eso, el Gobierno dio marcha atrás. Y eso implicó que se mantuviera un desequilibrio de tipo macroeconómico a lo largo de estos años. Los niveles de inflación eran altos; el déficit fiscal, si bien es mucho menor de lo que pretende el actual Gobierno, iba en aumento. Y eran desequilibrios que requerían su corrección. El Gobierno anterior eligió el mantenimiento del poder adquisitivo del salario. Con medidas de estímulo al consumo y a la producción. El tema es que, si para corregir esos desequilibrios vos promovés un alza de la desocupación, un incremento del endeudamiento interno, una recesión dura, y al mismo tiempo no lográs parar la inflación, bueno, en los libros podrás haber corregido algo, pero armaste un zafarrancho en la sociedad que es mucho más grave que aquellos desequilibrios.

PLAYBOY: Se cumplen 40 años del golpe. ¿Te preocupa la continuidad de los juicios a los militares y las políticas anteriores?

Verbitsky: Macri no va a impedir que los juicios sigan porque no puede. Lo tiene clarísimo y viene diciéndolo desde hace seis años. En el Bicentenario, nosotros le mandamos una carta planteándole el tema de los juicios y él dijo que era una política de Estado, que se comprometía a seguirlos. En el año 2010, por carta. El Congreso votó una declaración en ese sentido por unanimidad, sobre el texto que redactó el CELS. Ahora, lo que su gobierno está haciendo es prescindir de todas las estructuras, financiamiento y personal que en los últimos años y en distintos lugares del Estado trabajó en apoyo de la investigación para favorecer el avance de los juicios, en la Secretaría de DDHH, en el Banco Central, en el Ministerio de Justicia, en el programa Verdad y Justicia. El programa Verdad y Justicia del Ministerio de Justicia se creó a propuesta del CELS luego del secuestro de Jorge Julio López. Fue una de las propuestas que nosotros hicimos porque entendíamos que no había un diseño de política criminal. El gobierno de Alfonsín tuvo un diseño de política criminal. Dijo: vamos a juzgar hasta tal nivel; lo vamos a hacer hasta tal lapso y siguiendo estas reglas procesales. Yo estuve en desacuerdo con eso, pero era un planteo claro. Intervino gente inteligente, capaz, que hizo un diseño de política criminal. El gobierno de Menem hizo todo lo contrario; decidió terminar. Ese también era un diseño claro de política de prosecución criminal. Ahora, los gobiernos no actúan en el vacío, sobre todo en este tema, en este país, donde las organizaciones de DDHH y la movilización política y social han sido muy fuertes. Siempre. Entonces, tanto en el gobierno de Alfonsín como en el gobierno de Menem, no lo pudieron llevar a cabo como hubieran querido. Y pongo ejemplos: Alfonsín había planeado que solo fueran juzgadas las cúpulas y algunos casos de personas que hubieran cometido atrocidades, o hubieran dado las órdenes. Y se preocupó porque quedara claro que el juicio del 85 fuera el último, que ahí se terminaba. Ahora, la resistencia que hubo a esa política de poner punto final fue tan fuerte que incluso la Juventud Radical participó en una marcha con los organismos de DDHH, oponiéndose a las instrucciones que habían dado los fiscales para que se cerrara. Y la Cámara Federal que juzgó a los ex comandantes, y que estaba integrada por gente en la cual Alfonsín confiaba, incluyó en la sentencia un punto en el que contradecía ese diseño de política criminal, según el cual todos aquellos que hubieran tenido responsabilidades debían ser juzgados y no solo ese grupo que Alfonsín quería. Y ahí se abre el juicio del Cuerpo I, la causa 450, el juicio de la ESMA; el juicio de Camps y Ricchieri en la Provincia de Buenos Aires, que no estaban en los planes de Alfonsín. Y eso es justamente por la presión social y de los organismos. En el caso de Menem, por ejemplo, con la Ley de Obediencia Debida, él indulta pero deja una ventana abierta que es el tema del robo de bienes y el secuestro de chicos. No se anima a cerrar eso, ni Alfonsín ni Menem. Porque hubiera tenido un costo muy grande, por un reclamo social muy fuerte. Y además, Menem, acepta llevar a cabo una política de reparaciones reconociendo las decisiones de la Comisión Interamericana de DDHH. Y esa es otra ventana abierta que permite luego seguir avanzando a pesar de los indultos. Y cuando Kirchner llega al gobierno, había 50 militares de alta jerarquía procesados y detenidos. Videla y Massera, para empezar. No fue Kirchner el que empezó esta historia. Ahora, llo que hizo fue darle un fuerte apoyo a esa política. Pero lo que no hizo fue un diseño de política criminal. La situación es el resultado de esas posiciones contrapuestas entre lo que quería Alfonsín, lo que quiso Menem, los límites que la sociedad les impuso a ambos, los indultos que quiso firmar Duhalde. De todo eso surge una situación confusa donde se superponen distintos tipos de juicios, con distintos grados de avance. Y entonces, en el momento en que se produce el secuestro de López, ahí nosotros dijimos: “Bueno, la única manera de enfrentar la amenaza que significa el secuestro de testigos es profundizar la definición de un esquema de persecución criminal y conseguir que los juicios avancen rápidamente”. Y entre las propuestas que hicimos, una fue la de la creación del programa Verdad y Justicia. Ese programa ha hecho un trabajo extraordinario. Esto ha permitido investigar con mucha más profundidad; investigar las responsabilidades civiles y económicas, y hacer un aporte fundamental para los fiscales y para los jueces. Esto es lo que ahora el gobierno trata de frenar. Pero no puede frenar los juicios.

PLAYBOY: En el contexto del clima cultural respecto de los 70, ¿cómo analizás los dichos del Ministro de Cultura porteño, Darío Lopérfido, sobre los 30 mil desaparecidos?

Verbitsky: Bueno, yo escribí que suma a lo pérfido, lo ignorante, porque su fundamentación es patética. Él cita a (Ceferino) Reato, que dice exactamente lo contrario; y a (Graciela) Fernández Meijide, que fue de las primeras que salió a contestarle. Y lo retractaron el secretario de DDHH y el jefe de Gobierno, con lo cual, el clima es de despiste ahí. Me parece que tendrá que controlar mejor los estados alterados en los que se encuentra este muchacho.

PLAYBOY: Uno podría decir que la necesidad de una cifra está contenida en la consigna de “Memoria, Verdad y Justicia”. ¿Qué pasa con el número? ¿Se mitificó y entonces es difícil desarmar un símbolo, es imposible calcularlo?

Verbitsky: Es muy difícil, no sé si imposible. El argumento de Lopérfido de Mitre es que se infló la cifra para cobrar subsidios y cita a Reato que dice exactamente lo contrario: para Reato, la prueba de que son menos es que se cobró subsidios por 8500. Ahora, yo conozco por lo menos siete, ocho casos de desaparecidos que no fueron denunciados. Gente con la cual he hablado del tema. Y no puedo proyectar eso como número válido, porque no lo es, pero me da la pauta de que la existencia de indemnizaciones y de registros escritos no agota el tema. El número puede ser muy superior al que está registrado con nombre y apellido. Yo no cuestiono en absoluto el esfuerzo de precisión. He tenido una polémica al respecto con Reato, donde me atribuía a mí sostener el número de 30 mil, y yo nunca dije eso. He dado el número que estaba acreditado con nombre y apellido, desde la época de la revista El Periodista en adelante. He dicho “tal número acreditado con nombre y apellido, pero que otras fuentes elevan hasta 30 mil”. Ahora, que quedó instalado como un lema, como un símbolo, eso es evidente. Una cosa es alguien que se ponga a hacer una investigación, a ver cuántos son. Y otra cosa es que aparezca un frívolo que diga que inventaron el número para cobrar subsidios. Eso es un ataque simbólico, deliberado, clarísimo. Y, bueno, tuvo el repudio que merecía.

PLAYBOY: Rodríguez Larreta fue bastante elocuente, diciendo “no estoy de acuerdo, a mi viejo lo chuparon los milicos”…

Verbitsky: Y sí… Horacio la pasó mal. Todos sabemos lo que pasó. Su padre fue secuestrado y torturado, estuvo en Campo de Mayo, vendado, encapuchado. Hay gente muy frívola y hay gente seria.

PLAYBOY: En un homenaje que te hicieron en Página/12, Mónica Müller cita una frase tuya del año 92: “He sido peronista desde los 13 años, he sido periodista desde los 18, he sido militante peronista desde los 19. He sido militante montonero. He dejado de ser peronista en 1973 y he dejado de ser montonero en 1977. Sigo siendo periodista”. Pasaron 24 años de esa definición. ¿Qué cambió?

Verbitsky: Lo único que cambió respecto de esa frase es que soy el presidente del CELS.

PLAYBOY: ¿No sos peronista?

Verbitsky: No. No he vuelto a ser peronista.

PLAYBOY: Al revés que muchos hombres públicos que vivieron los años 70, vos hiciste una autocrítica…

Verbitsky: Por supuesto.

PLAYBOY: ¿No hubo, en algún aspecto, un freno a una visión más crítica sobre los 70 en esta década? ¿No quedó anclada en el kirchnerismo una reivindicación un poco romántica e idealizada de los 70 y la experiencia política?

Verbitsky: Lo que pasa es que el kirchnerismo no tiene responsabilidad de hacer autocrítica de Montoneros porque ellos no formaron parte. Esa es la responsabilidad de los que sí estuvimos, y yo y otros lo hemos hecho. Ahora, que haya un gobierno que reivindique la militancia, la participación, la entrega, el sacrificio, es bueno. Lo valoro, lo agradezco. Y no me hace olvidar las críticas.

PLAYBOY: ¿Cómo las resumirías?

Verbitsky: Yo lo he dicho a lo largo de muchos años en distintos escritos. En el libro de Ezeiza yo digo que fuimos a la vez prepotentes e ingenuos. La idea de copar el acto para que Perón viera la representatividad… nos recagaron a tiros. Eso es prepotente e ingenuo al mismo tiempo. Y más adelante ha habido mucho ideologismo, poca política…

PLAYBOY: Durante los 80 y los 90 te enfrentaste con Firmenich y Galimberti.

Verbitsky: Yo no estuve enfrentado con ellos, cuando yo decía estas cosas me hacían campañas tremebundas. Lo dijo Galimberti: se reunieron en Río de Janeiro para ver cómo me destruían. Yo dije las cosas que creo que hay que decir. Y además no he hecho una personalización, no creo que una reflexión crítica de esos años pueda saldarse con una demonización de tal o cual persona. Esto fue un fenómeno colectivo: todos tenemos responsabilidad en lo que pasó. Por supuesto, es distinta la responsabilidad de quienes participamos pero en el mismo tiempo en que participamos, criticamos una cantidad de cosas, como fue mi caso, con documentos elevados internamente, de quienes condujeron y pasaron por alto esas críticas. No nos dieron ni cinco de pelota.

PLAYBOY: ¿Cuál era el cuestionamiento central?

Verbitsky: Perder la política en aras de lo militar. Pero todos tenemos responsabilidad. Nunca he eludido mis responsabilidades. Ahora, cuando Reato dice que Juan Gelman ni yo hicimos una autocrítica, no es cierto. Lo que no hicimos es la fiesta que querés hacer vos, destruyendo todo, cagándose en todo, faltándole el respeto a la historia, a los compañeros muertos, a los vivos, y contribuyendo a convertir una historia compleja en una página negra, que es lo que quieren hacer. Claro que hicimos autocrítica, y en el momento de los hechos.

PLAYBOY: Vos fuiste parte de una organización político-militar y sos desde hace tiempo un referente de los DDHH. Pertenecer a una organización político-militar supone que la violencia forma parte de la política; lo que está en el seno de un organismo de DDHH es lo contrario. Es suponer que hay que garantizar el Estado de Derecho, que hay un límite para la política. La creación del CELS es del 79, y simultáneamente, por ejemplo, ese año Montoneros monta una contraofensiva militar. Es decir: en algún momento hubo una simultaneidad entre la violencia política y el surgir de Madres, Abuelas, CELS, y demás organismos de Derechos Humanos. ¿En qué momento vos te desarmaste en términos políticos, cómo fue el pasaje entre un militante armado a un defensor de los DDHH?

Verbitsky: Bueno, yo creo que en torno del tema de la violencia, antes de hablar de situaciones personales, es imprescindible ubicar procesos históricos colectivos. Es decir, la violencia fue parte de la acción política argentina desde que yo nací hasta que terminó la Dictadura. Cuando terminó la Dictadura, yo tenía 41 años. Yo en el año 55, por azar, estuve en el bombardeo de Plaza de Mayo. Iba al colegio a tres cuadras, entraba al turno de la tarde a la 1 del mediodía y salí del subterráneo a las 12 y media, cuando estaban bombardeando la Plaza de Mayo. De ahí en adelante, eso marcó toda la vida política del país. Esa fue la marca central que hubo en la vida política del país en los 20 años que van desde que eso ocurre hasta el gobierno de Isabel Perón, López Rega, la triple A. No había un solo grupo político argentino que no usara la violencia como modo de hacer. Incluso, antes. El atentado en la Plaza de Mayo de 1953, realizado por el Ingeniero Roque Carranza, luego Ministro de Alfonsín, es otro ejemplo. Digamos, no se concebía la política en la Argentina sin determinados grados de violencia. Cuando ibas a una marcha, ibas con palos, ibas con cadenas, o con bolitas para los caballos de la policía, tratabas de llevar pañuelos mojados para evitar los gases lacrimógenos. La proscripción del peronismo, los fusilamientos, los secuestros, son todas cosas que van formando, digamos… La resistencia peronista es profundamente violenta antes de que hubiera la guerrilla que yo integré. La resistencia peronista es anterior a la Revolución cubana. Yo me acuerdo todavía las imágenes del estallido del gasoducto de Córdoba cuando gobernaba Arturo Frondizi en la Nación y Arturo Zanichelli en Córdoba, que estuvo tres días ardiendo. Esa era la moneda corriente de la vida política argentina. La participación de mi generación, y de gente más joven que yo, en la guerrilla, adquiere una lectura crítica de mi parte a partir del momento en que percibo que el componente militar predomina sobre cualquier otra cosa. Es decir, creo que ahí hay un salto cualitativo. Esta historia de violencia de décadas abarca a todos los sectores políticos. Nadie puede decir “yo no fui violento”, no es verdad, eso es lo que aprendimos, lo que vivimos. A partir del regreso a la clandestinidad, en septiembre del 74, y en los años posteriores, en el 75, 76, 77, comienzan  a prevalecer las opciones militares por sobre las opciones políticas. Ahí yo siento que es un camino cerrado, que no lleva a ningún lado. Y una de las cosas que escribo en esos documentos es el error de asimilar las estructuras organizativas y las estructuras ideológicas con los movimientos de liberación nacional asiáticos. La idea del partido, Frente de Liberación, conceptos de la guerra de Vietnam, son inaplicables en la Argentina, no tienen nada que ver. Lo que había en Argentina era una confrontación interna entre sectores. Una de las cosas que yo escribo es que las Fuerzas Armadas son tan nacionales como nosotros; no son una fuerza ocupante extranjera. Ahí yo creo que hay una pérdida de sentido. Ahí, cuando termina la dictadura y con el terrible daño que hace, comienza un proceso de aprendizaje democrático por parte de toda la sociedad. Y yo, afortunadamente, no me excluyo de ese proceso. Yo aprendí también en ese proceso. Y además, bueno, hoy no hay nadie que plantee la violencia como modo de construcción política. Esto ha sido socialmente desterrado. Yo creo que el proceso es ese. Me parece que antes que el camino individual es importante precisar el contexto social general. Dentro de ese contexto, por supuesto, yo siento que la reivindicación de los DDHH y su vigencia universal son un camino muy importante para la construcción democrática y no se me ocurriría pensar en otra cosa.


PLAYBOY:
¿Cuál es la historia de esa foto? (Detrás suyo, sobresale una foto con Kirchner)

Verbitsky: Está tomada dos meses antes de la muerte de Kirchner, el 4 de agosto de 2010, que era el aniversario de la muerte del obispo Angelelli. Había un acto conmemorativo y fui al acto, en La Rioja. Y ahí Kirchner me dijo que fuera a una entrega de computadoras de Conectar Igualdad –en el Polideportivo Carlos Menem-, que coincidía con el evento, porque me dijo que quería charlar algunas cosas conmigo. Así que fui, y aunque sabía que después del acto íbamos a poder charlar, no se aguantaba, y se acercó al borde del palco y quedó esa foto.

PLAYBOY: ¿Y qué te dijo?

Verbitsky: Tenía que ver con algo de la política del momento. Creo que yo le había pegado un garrotazo a Scioli… porque era un momento en que él planeaba ser candidato en el 2011, y yo había escrito que Scioli tenía el plan de desplazarlo. Él decía que no era verdad. Ése es el tipo de ocasiones en las que yo me encontraba con él. Es un buen ejemplo de lo que me preguntaban antes. Son más las veces que he tenido encuentros de ese tipo que las que he planeado.

PLAYBOY: Pero hubo medidas del Gobierno que tuvieron tu impronta, como la creación del Ministerio de Seguridad…

Verbitsky: Esa es una propuesta que yo le hice a Cristina. El CELS venía planteando el tema de la creación del Ministerio de Seguridad desde hace mucho tiempo. Es decir, que lo que se había hecho en Defensa, había que hacerlo en Seguridad, por el control político de la fuerza y demás. Cuando ocurre lo del Indoamericano, que es dos meses después de la muerte de Kirchner, nosotros entendimos que era el momento de impulsar nuestra propuesta de gobierno político de Fuerzas de Seguridad. Pedí una audiencia, la fui a ver a Cristina, se lo planteé y a ella le pareció bien.

PLAYBOY: ¿Y tuviste propuestas rechazadas?

Verbitsky: En general, no. Bueno, sí, claro. Cuando le propuse a Kirchner bajar los cuadros, ya se lo había propuesto a De la Rúa y a Duhalde (a López Murphy y a Jaunarena, respectivamente). Y se burlaron, los dos. En el 2003, se lo propusimos a Julián Domínguez y a (José) Pampuro. Y al día siguiente, Pampuro me dijo que Kirchner quería verlo. Así que lo fui a ver, le planteé el tema, y me dijo: “Bueno, lo hacemos este 24 de marzo”. Ése fue el diálogo. Ahora, por ejemplo, en 2007, cuando él decide impulsar la candidatura de Scioli para la gobernación de la Provincia, le dije: “A mí me parece un disparate, yo no estoy de acuerdo”. Además, lo escribí. Y durante varios meses no hablé con él. Y un día me dice: “Tengo que hablar con vos, yo quiero que entiendas por qué tomé yo esa decisión que vos cuestionás. Yo tengo la información de que Macri está planeando salir de la Capital e ir a la Provincia. Si Macri cruza a la Provincia y nos gana, todo esto se acabó; y el único que le puede ganar a Macri en la Provincia es Scioli”. Y ahí entonces yo le dije que había tiempo para construir otro candidato, y que además iba a ser traccionado por las presidenciales, con la candidatura de Cristina. Y él me dijo: “No, es al revés: para que Cristina gane, hace falta alguien que empuje desde la Provincia”. Esa fue una diferencia de criterio fuerte que tuvimos. A mí no se me hubiera ocurrido por una cosa de esas pelearme con él.

PLAYBOY: Y lo de Milani, ¿cómo fue?

Verbitsky: Lo de Milani, bueno, cuando el Senador Morales y el actual Ministro Martínez hacen las denuncias y demás, nosotros buscamos en nuestro archivo y no teníamos nada. Y entonces, cuando se producen los ascensos previos de Milani, no teníamos nada para decir. Ahora, cuando él es designado para conducir el Ejército como Jefe del Estado Mayor, ya era un cargo con mucha responsabilidad y la insistencia de los Senadores era muy fuerte y además Lanata había entrevistado al ex soldado Llanes, y entonces hicimos una investigación propia y verificamos que efectivamente había elementos muy pesados. Y entonces se lo planteé a Cristina. Y le ofrecí que si ella quería, los organismos de DDHH le pedíamos que retirara el pliego, para que no tuviera el costo de promoverlo. Que nosotros lo asumíamos. Y me dijo que no, que de ninguna manera. Entonces, hicimos una reunión de Comisión Directiva del CELS, que convoqué especialmente para analizar el tema, y fui el último en hablar. Todos en la Comisión habían dicho que teníamos que denunciarlo y yo coincidí. Entonces le mandamos una carta a Cristina con todos los elementos que habíamos reunido. No hubo respuesta. Eso fue un viernes. El Gobierno no nos dio bola y entonces el domingo hice una cosa que no suelo hacer en la columna, y directamente sugerí que Milani diera un paso al costado. Y el lunes, a las 9, cuando se realizaba la Comisión de Acuerdos, llevamos nuestra impugnación con todos los elementos.

PLAYBOY: ¿Y por qué creés que Cristina lo sostuvo?

Verbitsky: Yo no tengo una clara comprensión de por qué. Hay una cosa que yo vi en mi discusión con Cristina, una cosa muy marcada del kirchnerismo, que es no retrocedemos, no cambiamos. La idea de que si modificás algo, es una muestra de debilidad. Todo lo que plantearon el radicalismo yla izquierda, de que a Milani lo tenían porque hacía inteligencia, yo nunca lo percibí. Y de hecho el Ministro Martínez ha dicho últimamente que dieron vuelta el Ministerio y no encontraron nada. A mí no me consta.

PLAYBOY: ¿El caso Boudou es también un ejemplo de esa obstinación?

Verbitsky: No, no creo, no me parece. Porque ahí, digamos, lo que había era una ofensiva contra el Vicepresidente que no avanzó judicialmente. Si hubiera avanzado… lo que se planteaba era que Cristina le pidiera la renuncia. Ahora, si Cristina le pedía la renuncia, al día siguiente iban contra ella. Ahí yo creo que hubo pragmatismo.

PLAYBOY: Vos escribiste que había “interés estatal en Ciccone”.

Verbitsky: Una vez, Adrián Paenza me contó un diálogo con un hacker. Él siempre está en contacto con el mejor hacker, el mejor basquetbolista. Entonces, él le había preguntado al hacker por la seguridad del sistema informático, si hay alguna forma de garantizar la inviolabilidad. Y el hacker le dijo “Mire, todo eso es relativo, depende del esfuerzo, de la inversión. Si a usted lo corre un león, usted no necesita correr más rápido que el león, solo necesita correr más rápido que su amigo”. A mí me parece que en el caso de Boudou está eso. Si no hubiera estado Boudou, el león hubiera ido contra Cristina. Porque está claro… al margen de lo que una investigación seria, imparcial, pueda acreditar en un caso o en el otro, al margen de eso, yo no me voy a pronunciar al respecto, está claro que en toda esa denuncia había una intencionalidad política de derribo del gobierno, es obvio, como lo hay en Brasil con Dilma, Lula, digamos, ha sido una estrategia generalizada contra los gobiernos populistas de Sudamérica. Entonces, yo creo que la explicación de lo de Boudou es esa. Yo dije que había interés estatal, sí, por supuesto. Argentina estaba fabricando moneda en Brasil y Chile, y no había capacidad para producir billetes en el país. Era un problema de soberanía.

PLAYBOY: Mal resuelto…

Verbitsky: Muy mal resuelto. Eran muy difíciles las alternativas en ese momento. Por ejemplo, una cosa que alguien ha dicho: “la hubieran expropiado”. ¿Cómo hacías, si el “Grupo A” tenía mayoría en el Congreso? No se podía. Cuando hubo mayoría, se expropió. Al margen de lo que uno piense de lo que hizo Boudou, el interés estatal en tener el control de la impresión de billetes es indiscutible. Por qué no se actuó mejor, o se buscó otra solución a tiempo, bueno, son las características de los últimos años, siempre se ha actuado sobre la urgencia. Urgencias reales.

PLAYBOY: En ese modus operandi hay algunos casos que son muy similares. El ingreso de los Ezkenazi en YPF, el intento de Rudy Ulloa de comprar Telefe…

Verbitsky: Bueno, ése es otro tema que yo discutí con Kirchner. Cuando él hizo la prórroga de las licencias en el año 2005, que le dio diez años más a todos los canales de televisión, a la radio, a todo el mundo, lo cuestioné. Y él un día me dijo “Si yo no hacía eso, quebraban Canal 9 y América. Con la deuda que tienen, van a la quiebra y Clarín se queda con todo”. “Pero Hadad y Moneta son peores que Clarín”, le dije. “Sí, pero no tienen la misma fuerza. Y si nadie transmite lo que digo, no voy a poder gobernar”, me contestó. Son peores pero son débiles. Yo no hubiera hecho ninguna de esas cosas, pero lo entiendo. Tiene una lógica. Ni se encaprichó ni quiso hacer un negocio, dio una respuesta apurada e incorrecta a un problema serio. Con la debilidad que tenía ese gobierno en ese momento, si no tenés una alternativa de difusión, estás en el horno.

PLAYBOY: La corrupción es uno de los grandes temas en tu trayectoria periodística. En Robo para la corona está muy bien descripta la sobornización como forma de hacer política. ¿Cómo concebís vos la corrupción en el proceso kirchnerista?

Verbitsky: Mirá, yo creo que los niveles de corrupción de los gobiernos kirchneristas no han superado el promedio de lo que han sido los gobiernos argentinos que yo recuerde. En el caso del menemismo, que es cuando yo dediqué tiempo y esfuerzo para investigar esas cuestiones, a mí me interesaba ver cómo la corrupción era el precio que se pagaba a un movimiento popular de raigambre histórica por el abandono de las banderas tradicionales. El proceso español es paralelo; la corrupción del PSOE tiene el mismo origen. En el caso del kirchnerismo… bueno, el caso de Ezkenazi sin duda es un caso de corrupción, no hay ninguna duda de eso. Ahora, digamos, fue puesto al servicio de una idea, errónea, pero donde también había una idea de política de Estado, también en ese caso la motivación…

PLAYBOY: Hay un patrón similar en los ferrocarriles, una burguesía nacional fallida.

Verbitsky: El kirchnerismo ha cometido errores de lectura muy graves. El kirchnerismo de Kirchner; el de Cristina, no. Es decir, durante el gobierno de Kirchner se plantea la lucha contra los acreedores externos y se entiende a los empresarios argentinos como burguesía nacional aliada en esa lucha. Eso termina en el 2008 con la sublevación de la Sociedad Rural. Ahí es donde queda claro que no hay ninguna burguesía nacional, y que los organismos internacionales de crédito son una parte del problema. Pero la “oligarquía diversificada”, como la llama Eduardo Basualdo, son la otra parte. Y Cristina toma una serie de medidas, desde lo que fue esa batalla contra la Sociedad Rural, que radicalizan y profundizan el proceso político. Veo una clara diferenciación entre esos dos momentos. Habrá que esperar que pase el tiempo, a ver los hechos de corrupción, cuáles han tenido o no, alguna explicación vinculada con políticas estatales. Cuáles han sido meramente choreos y cuáles han sido resoluciones berretas, torpes, de temas serios. Como el caso Ciccone. Kirchner, con Repsol, lo que hace es meter al presunto empresariado nacional adentro. Cristina, directamente, expropia. Son dos soluciones distintas, en dos momentos distintos. Lo mismo con Aerolíneas. No sé cuántos casos reales de corrupción ha habido en el gobierno de Cristina. Ha habido un tam tam obsesivo y reiterativo, que impide un análisis en serio. Todo es motivo de denuncia, de sospecha, nunca de prueba. Habrá que esperar.

PLAYBOY: En el libro de Gabriela Esquivada sobre el diario Noticias de Montoneros, aparece clara tu posición de querer hacer un diario de masas: “Vamos a hacer un diario que quiera leer el pueblo argentino”. Y después te convertiste en un periodista que le escribe a minorías: ¿En quién pensás cuando escribís?

Verbitsky: En el pueblo argentino (ríe).

PLAYBOY: Hay una respuesta probable: en el sistema político.

Verbitsky: Eso es lo que dice Lanata. Son momentos distintos. En aquel momento éramos parte de un proyecto popular, militante, teníamos la potestad de influir en cómo iba a ser el producto, de hacer un diario distinto de La Opinión. En Página/12 no he tenido la incidencia que tuve en Noticias. No he sido directivo. Yo soy apenas un columnista político…

PLAYBOY: No sé si sostendría el “apenas”.

Verbitsky: Pero bueno, yo en Página también planteé que había que tener una sección deportiva importante, pero no me dieron pelota. Yo sigo creyendo que sería bueno un diario más popular…

PLAYBOY: Nunca te reivindicaste periodista militante.

Verbitsky: Es que no lo soy. No estoy encuadrado en ninguna estructura.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del periodismo militante? ¿Fue una estrategia comunicacional efectiva, acertada?

Verbitsky: Mirá, a mí me parece que fue una respuesta en espejo a lo que hacen los medios más tradicionales. Una vez me dijeron que 678 era un programa de propaganda. Y yo dije que sí, pero, ¿y TN qué es? Fue hecho en espejo. Por supuesto, se ofendieron todos. No hubo nadie a quien le cayera bien.

PLAYBOY: ¿Y Página/12 qué fue?

Verbitsky: Página expresa a un sector social, político, cultural, que tiene una incidencia significativa en la sociedad pero que no forma parte de un proyecto político determinado, y que en cada momento se va acomodando de acuerdo a lo que va viendo en el panorama político del país. Coincidimos con algunas cosas del gobierno de Alfonsín y criticamos otras; con algunas de Menem y criticamos otras; con poquísimas de De la Rúa y del interinato de Duhalde; y tuvimos muchas coincidencias con los gobiernos de Néstor y Cristina sin dejar de expresar esa identidad preexistente. A mí me parece que el tema de los DDHH ha sido una definición permanente de Página/12 y a mí me importa destacar que el aporte de Kirchner a los DDHH ha sido muy importante. Pero no ha sido un invento del kirchnerismo. Cuando Kirchner llegó, había ya medio centenar de altos cuadros militares bajo proceso. Detenidos y bajo proceso, por obra del movimiento de DDHH, en contra de los gobiernos anteriores. Entonces,  mucha alegría de que el gobierno de Kirchner tomara ese tema. Pero es un tema previo, para el diario y para el movimiento de DDHH. Y es un tema posterior. Ya se fue el kirchnerismo, pero nosotros vamos a seguir, y vamos a seguir mientras existamos. Es un tema de identidad.

PLAYBOY: La última: ¿qué opinás del rol de Bergoglio como Papa en la política nacional?

Verbitsky: Prefiero no contestar sobre Bergoglio.

Por Martín Rodríguez y Tomás Rodríguez Ansorena | Fotos Ignacio Sánchez

A esta altura de la soirée podemos decir que hay dos clases de kirchneristas: los que sabían qué querían del kirchnerismo y los consumidores de poder. El periodista Horacio Verbitsky es de los primeros por una razón básica: no lo inventó el kirchnerismo, aunque llegó a ser, por momentos, “autor” de muchas de sus narrativas. “El perro”, como lo llaman desde sus primeros años en el periodismo, preside el CELS, un organismo de Derechos Humanos que auditó el work in progress de las instituciones democráticas antes, durante y después. Si Luis D’Elía fue kirchnerista a costa de resignar su propia agenda de “tierra” y “vivienda” y Edgardo Depetri fue el referente de una CTA afín al gobierno que no pudo lograr la personería gremial, Verbitsky entró a la Casa Rosada “sin dejar sus convicciones en la puerta”: desde el CELS impulsó la creación del Ministerio de Seguridad, el fortalecimiento de los juicios por deitos de lesa humanidad  o la creación de organismos como la Procuración Penitenciaria de la Nación. Verbitsky motorizó su agenda, incluso cuando no consiguió que bajaran ciertos cuadros (la cuestión Milani), o en “los derechos humanos de hoy”, en causas como la de Luciano Arruga o la represión a los Qom en Formosa. Mientras vemos las ruinas del imperio en el escándalo del vaciamiento de los “medios militantes” del Grupo 23, la conmoción interna del peronismo con sus “fieles” o “traidores”, o las citas judiciales a Alejandro Vanoli, Axel Kiciloff y la propia Cristina, entrevistamos a Horacio Verbitsky quien en su tono pausado parece abstraerse y reducirse al grado cero de su poder: “apenas” un columnista del diario Página/12. Pero Verbitsky es más que eso, y lo sabe. La biografía no autorizada que escribió Gabriel Levinas, y a la que califica de “canallada”, subraya su lugar dentro del sistema político, del que nunca –y sus columnas son el máximo testimonio de ello- pretendió alguna ajenidad. Hoy se para de cara a un nuevo gobierno que parece salido de la peor pesadilla progresista (“un gobierno liberal votado por el pueblo”). Hablamos de lo que pasó y de lo que viene, con el fondo de una efeméride redonda: a 40 años del último Golpe de Estado.

PLAYBOY: Arranquemos por la política, ¿por qué ganó Macri?

Horacio Verbitsky: Porque tuvo dos y medio por ciento más de votos que Scioli.

PLAYBOY: ¿Creés que hay razones para eso?

Verbitsky: Me parece que hizo una campaña inteligente, profesional, muy bien hecha. Sintonizó con algunas tendencias profundas de sectores de la sociedad argentina y no tuvo enfrente una campaña igualmente clara y organizada, con coherencia interna. Por ejemplo, en las legislativas de 2013, el kirchnerismo hizo una campaña a mi juicio muy buena, con la consigna “En la vida hay que elegir”. Pero el candidato era Insaurralde, una fotocopia de Massa. Ese candidato hubiera sido coherente con otra campaña y viceversa. En el 2015 ocurrió algo no tan marcado pero de alguna manera parecido. En las primarias hubo, por parte del candidato del Frente para la Victoria, una campaña de tipo “catch-all”, una apelación genérica, indiscriminada. Y en cambio en la segunda vuelta, digamos, retomó las líneas de las legislativas de 2013. Y, bueno, estuvo muy cerca. Si la campaña hubiera durado un poco más, o si ese giro discursivo hubiese empezado antes, es posible que el resultado hubiera sido distinto. De todos modos, eso es contrafáctico. Pero la pregunta induce la contrafacticidad. Lo que está por verse es si la victoria electoral de Macri significa algo más que un episodio coyuntural y si tiene un arraigo profundo en la sociedad. Eso se irá viendo a medida que pase el tiempo. Hoy no se puede saber. El kirchnerismo sí tuvo un arraigo profundo en la sociedad, y el hecho de haber perdido la elección presidencial no contradice eso. En todo caso, refleja ciertas limitaciones de construcción política por las cuales, en el 2013 llevó a un candidato como Insaurralde y en el 2015 a un candidato como Scioli, que no son la expresión más clara de lo que el kirchnerismo significó a lo largo de 12 años en el país. No son candidaturas de síntesis, son candidaturas que reflejan ciertas líneas internas que han formado parte del kirchnerismo, pero no lo sintetizan. Lo que observo es que hubo incapacidad para construir un candidato. Y esa es una responsabilidad política de quienes han tenido la conducción, sin duda.

PLAYBOY: ¿Cómo era tu relación con Néstor Kirchner y con Cristina? ¿Te leían, te hacían una devolución de lo que escribías? Vos mantuviste una conducta de adhesión y crítica al gobierno, no eras un estilista, eras, en algún sentido, un ideólogo, proponía agendas para el gobierno.

Verbitsky: Esa es una palabrota, “un ideólogo” (ríe). Bueno, durante los primeros 20 años de la democracia argentina, yo he sido muy crítico, y he planteado una serie de cuestionamientos tanto a las políticas de Alfonsín como a las de Menem, De la Rúa o los interinatos del Senador Duhalde. A partir de 2003, cuando hay un gobierno que comienza a realizar muchas de las cosas que he considerado positivas y por cuya ausencia he criticado a los gobiernos anteriores, naturalmente, mi posición ha sido favorable a ese gobierno. Me parece elemental que sea así. Ahora, yo en ningún momento resigné una visión crítica. Pero cómo recibía el gobierno esas cosas… a mí nunca ni Cristina ni Néstor me dijeron “escribiste esto y tal cosa, tal otra”; jamás en 12 años tuve ese tipo de diálogo.

PLAYBOY: ¿Era una relación fluida?

Verbitsky: No, esporádica. Hay muchos mitos en ese sentido, yo los veía de tanto en tanto. No he tenido una relación ni cotidiana, ni semanal, ni siquiera mensual.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del factor Aníbal Fernández en la elección y, más concretamente, del “fuego amigo”?

Verbitsky: Amigo de quién es la pregunta. Está claro que no era amigo de él. Yo creo que tanto el factor Aníbal como el factor Sabbatella, fueron muy importantes. Porque Aníbal tuvo la oposición abierta, organizada y militante de la Iglesia Católica; y Martín Sabbatella, de parte de un sector importante de los intendentes peronistas. Eso también explica el resultado en la Provincia de Buenos Aires, y el resultado en la Provincia explica el resultado nacional. Si Vidal no hubiera ganado la elección en octubre, Macri no hubiera ganado en noviembre. Es un encadenamiento de hechos. Cuando vos ves una pelea de box, el knock out es muy espectacular, pero antes del directo a la mandíbula, hubo un golpe al hígado.

PLAYBOY: ¿Pero ese golpe al hígado vos lo identificás con la campaña de la Iglesia o con la denuncia en sí misma? Y de ahí la pregunta por el “fuego amigo”.

Verbitsky: Es la denuncia, la Iglesia militándolo, y el uso de la campaña de Cambiemos. Lo del “fuego amigo” no me parece decisivo, ni lo más relevante. Ha habido, como en toda interna; si compiten, una se opone a la otra. Eso es una interna. Pero veamos las cosas que se han mencionado. El gran agravio que le habrían hecho a Aníbal es la presencia de Domínguez bailando en el programa de Tinelli al día siguiente de la denuncia…

PLAYBOY: La autorización al equipo periodístico a hacer las entrevistas.

Verbitsky: Veamos: la participación en el programa, no creo que tenga relevancia. Y el ingreso de las cámaras fue autorizado por la jueza de la causa. Eso, Casal lo explicó en detalle, mostrando la comunicación judicial. Lo pidieron los presos, los autorizó la jueza… Scioli dio una buena respuesta, “¿yo me estoy tirando un tiro en el pie?”. No creo realmente que Scioli haya pensado que él podía incidir en la primaria contra Aníbal, y que después eso no tuviera repercusión en la general en contra suyo. Me parece que Scioli tiene limitaciones evidentes, pero es bastante astuto, no es un estúpido. Y si él hubiera participado en esa operación, sería de tonto. Y no me parece que sea tonto. Yo le asigno más importancia a la militancia de la iglesia y al uso propagandístico por parte de Cambiemos, que a la denuncia en sí.

PLAYBOY: ¿Cómo ves la reconstrucción del peronismo? Hablaste de Pichetto hace poco.

Verbitsky: De Pichetto señalo la paradoja de que los gobernadores, que son los defensores de la territorialidad, tengan como operador a un clavel del aire que no tiene territorio. Pichetto perdió en su provincia. Eso, señalaba, me parece una ironía de la política. Pero, ¿cómo se va a reformatear el peronismo? Me parece prematuro arriesgar opiniones. Ahora en marzo comienza a terminarse la luna de miel de Macri con su electorado, se van a empezar a sentir los efectos de las medidas económicas tomadas. Todo parece indicar que va hacia una desaceleración de la economía, con inflación creciente. Todavía no comenzó el cierre masivo de fábricas como en la década del 90, pero si estas políticas siguen… Los aumentos descomunales de las  tarifas eléctricas, luego de gas, son elementos que van a reducir el consumo, la actividad, pero no van a reducir la inflación.

PLAYBOY: Pero algunos aspectos de este ajuste eran advertidos por Scioli. ¿El modelo kirchnerista, en términos económicos, no estaba también agotado?

Verbitsky: Sí, el tema de la sintonía fina fue planteado por Cristina cuando ganó en 2011. Y comenzó a aplicarlo en los subsidios eléctricos, por ejemplo. Después paró por las dificultades técnicas de la segmentación, que ahora se van a empezar a ver: es muy difícil determinar quién necesita y quién no el subsidio en base a criterios objetivos; y porque hubo una percepción de que iba a implicar un parate de la economía, un efecto recesivo. Por eso, el Gobierno dio marcha atrás. Y eso implicó que se mantuviera un desequilibrio de tipo macroeconómico a lo largo de estos años. Los niveles de inflación eran altos; el déficit fiscal, si bien es mucho menor de lo que pretende el actual Gobierno, iba en aumento. Y eran desequilibrios que requerían su corrección. El Gobierno anterior eligió el mantenimiento del poder adquisitivo del salario. Con medidas de estímulo al consumo y a la producción. El tema es que, si para corregir esos desequilibrios vos promovés un alza de la desocupación, un incremento del endeudamiento interno, una recesión dura, y al mismo tiempo no lográs parar la inflación, bueno, en los libros podrás haber corregido algo, pero armaste un zafarrancho en la sociedad que es mucho más grave que aquellos desequilibrios.

PLAYBOY: Se cumplen 40 años del golpe. ¿Te preocupa la continuidad de los juicios a los militares y las políticas anteriores?

Verbitsky: Macri no va a impedir que los juicios sigan porque no puede. Lo tiene clarísimo y viene diciéndolo desde hace seis años. En el Bicentenario, nosotros le mandamos una carta planteándole el tema de los juicios y él dijo que era una política de Estado, que se comprometía a seguirlos. En el año 2010, por carta. El Congreso votó una declaración en ese sentido por unanimidad, sobre el texto que redactó el CELS. Ahora, lo que su gobierno está haciendo es prescindir de todas las estructuras, financiamiento y personal que en los últimos años y en distintos lugares del Estado trabajó en apoyo de la investigación para favorecer el avance de los juicios, en la Secretaría de DDHH, en el Banco Central, en el Ministerio de Justicia, en el programa Verdad y Justicia. El programa Verdad y Justicia del Ministerio de Justicia se creó a propuesta del CELS luego del secuestro de Jorge Julio López. Fue una de las propuestas que nosotros hicimos porque entendíamos que no había un diseño de política criminal. El gobierno de Alfonsín tuvo un diseño de política criminal. Dijo: vamos a juzgar hasta tal nivel; lo vamos a hacer hasta tal lapso y siguiendo estas reglas procesales. Yo estuve en desacuerdo con eso, pero era un planteo claro. Intervino gente inteligente, capaz, que hizo un diseño de política criminal. El gobierno de Menem hizo todo lo contrario; decidió terminar. Ese también era un diseño claro de política de prosecución criminal. Ahora, los gobiernos no actúan en el vacío, sobre todo en este tema, en este país, donde las organizaciones de DDHH y la movilización política y social han sido muy fuertes. Siempre. Entonces, tanto en el gobierno de Alfonsín como en el gobierno de Menem, no lo pudieron llevar a cabo como hubieran querido. Y pongo ejemplos: Alfonsín había planeado que solo fueran juzgadas las cúpulas y algunos casos de personas que hubieran cometido atrocidades, o hubieran dado las órdenes. Y se preocupó porque quedara claro que el juicio del 85 fuera el último, que ahí se terminaba. Ahora, la resistencia que hubo a esa política de poner punto final fue tan fuerte que incluso la Juventud Radical participó en una marcha con los organismos de DDHH, oponiéndose a las instrucciones que habían dado los fiscales para que se cerrara. Y la Cámara Federal que juzgó a los ex comandantes, y que estaba integrada por gente en la cual Alfonsín confiaba, incluyó en la sentencia un punto en el que contradecía ese diseño de política criminal, según el cual todos aquellos que hubieran tenido responsabilidades debían ser juzgados y no solo ese grupo que Alfonsín quería. Y ahí se abre el juicio del Cuerpo I, la causa 450, el juicio de la ESMA; el juicio de Camps y Ricchieri en la Provincia de Buenos Aires, que no estaban en los planes de Alfonsín. Y eso es justamente por la presión social y de los organismos. En el caso de Menem, por ejemplo, con la Ley de Obediencia Debida, él indulta pero deja una ventana abierta que es el tema del robo de bienes y el secuestro de chicos. No se anima a cerrar eso, ni Alfonsín ni Menem. Porque hubiera tenido un costo muy grande, por un reclamo social muy fuerte. Y además, Menem, acepta llevar a cabo una política de reparaciones reconociendo las decisiones de la Comisión Interamericana de DDHH. Y esa es otra ventana abierta que permite luego seguir avanzando a pesar de los indultos. Y cuando Kirchner llega al gobierno, había 50 militares de alta jerarquía procesados y detenidos. Videla y Massera, para empezar. No fue Kirchner el que empezó esta historia. Ahora, llo que hizo fue darle un fuerte apoyo a esa política. Pero lo que no hizo fue un diseño de política criminal. La situación es el resultado de esas posiciones contrapuestas entre lo que quería Alfonsín, lo que quiso Menem, los límites que la sociedad les impuso a ambos, los indultos que quiso firmar Duhalde. De todo eso surge una situación confusa donde se superponen distintos tipos de juicios, con distintos grados de avance. Y entonces, en el momento en que se produce el secuestro de López, ahí nosotros dijimos: “Bueno, la única manera de enfrentar la amenaza que significa el secuestro de testigos es profundizar la definición de un esquema de persecución criminal y conseguir que los juicios avancen rápidamente”. Y entre las propuestas que hicimos, una fue la de la creación del programa Verdad y Justicia. Ese programa ha hecho un trabajo extraordinario. Esto ha permitido investigar con mucha más profundidad; investigar las responsabilidades civiles y económicas, y hacer un aporte fundamental para los fiscales y para los jueces. Esto es lo que ahora el gobierno trata de frenar. Pero no puede frenar los juicios.

PLAYBOY: En el contexto del clima cultural respecto de los 70, ¿cómo analizás los dichos del Ministro de Cultura porteño, Darío Lopérfido, sobre los 30 mil desaparecidos?

Verbitsky: Bueno, yo escribí que suma a lo pérfido, lo ignorante, porque su fundamentación es patética. Él cita a (Ceferino) Reato, que dice exactamente lo contrario; y a (Graciela) Fernández Meijide, que fue de las primeras que salió a contestarle. Y lo retractaron el secretario de DDHH y el jefe de Gobierno, con lo cual, el clima es de despiste ahí. Me parece que tendrá que controlar mejor los estados alterados en los que se encuentra este muchacho.

PLAYBOY: Uno podría decir que la necesidad de una cifra está contenida en la consigna de “Memoria, Verdad y Justicia”. ¿Qué pasa con el número? ¿Se mitificó y entonces es difícil desarmar un símbolo, es imposible calcularlo?

Verbitsky: Es muy difícil, no sé si imposible. El argumento de Lopérfido de Mitre es que se infló la cifra para cobrar subsidios y cita a Reato que dice exactamente lo contrario: para Reato, la prueba de que son menos es que se cobró subsidios por 8500. Ahora, yo conozco por lo menos siete, ocho casos de desaparecidos que no fueron denunciados. Gente con la cual he hablado del tema. Y no puedo proyectar eso como número válido, porque no lo es, pero me da la pauta de que la existencia de indemnizaciones y de registros escritos no agota el tema. El número puede ser muy superior al que está registrado con nombre y apellido. Yo no cuestiono en absoluto el esfuerzo de precisión. He tenido una polémica al respecto con Reato, donde me atribuía a mí sostener el número de 30 mil, y yo nunca dije eso. He dado el número que estaba acreditado con nombre y apellido, desde la época de la revista El Periodista en adelante. He dicho “tal número acreditado con nombre y apellido, pero que otras fuentes elevan hasta 30 mil”. Ahora, que quedó instalado como un lema, como un símbolo, eso es evidente. Una cosa es alguien que se ponga a hacer una investigación, a ver cuántos son. Y otra cosa es que aparezca un frívolo que diga que inventaron el número para cobrar subsidios. Eso es un ataque simbólico, deliberado, clarísimo. Y, bueno, tuvo el repudio que merecía.

PLAYBOY: Rodríguez Larreta fue bastante elocuente, diciendo “no estoy de acuerdo, a mi viejo lo chuparon los milicos”…

Verbitsky: Y sí… Horacio la pasó mal. Todos sabemos lo que pasó. Su padre fue secuestrado y torturado, estuvo en Campo de Mayo, vendado, encapuchado. Hay gente muy frívola y hay gente seria.

PLAYBOY: En un homenaje que te hicieron en Página/12, Mónica Müller cita una frase tuya del año 92: “He sido peronista desde los 13 años, he sido periodista desde los 18, he sido militante peronista desde los 19. He sido militante montonero. He dejado de ser peronista en 1973 y he dejado de ser montonero en 1977. Sigo siendo periodista”. Pasaron 24 años de esa definición. ¿Qué cambió?

Verbitsky: Lo único que cambió respecto de esa frase es que soy el presidente del CELS.

PLAYBOY: ¿No sos peronista?

Verbitsky: No. No he vuelto a ser peronista.

PLAYBOY: Al revés que muchos hombres públicos que vivieron los años 70, vos hiciste una autocrítica…

Verbitsky: Por supuesto.

PLAYBOY: ¿No hubo, en algún aspecto, un freno a una visión más crítica sobre los 70 en esta década? ¿No quedó anclada en el kirchnerismo una reivindicación un poco romántica e idealizada de los 70 y la experiencia política?

Verbitsky: Lo que pasa es que el kirchnerismo no tiene responsabilidad de hacer autocrítica de Montoneros porque ellos no formaron parte. Esa es la responsabilidad de los que sí estuvimos, y yo y otros lo hemos hecho. Ahora, que haya un gobierno que reivindique la militancia, la participación, la entrega, el sacrificio, es bueno. Lo valoro, lo agradezco. Y no me hace olvidar las críticas.

PLAYBOY: ¿Cómo las resumirías?

Verbitsky: Yo lo he dicho a lo largo de muchos años en distintos escritos. En el libro de Ezeiza yo digo que fuimos a la vez prepotentes e ingenuos. La idea de copar el acto para que Perón viera la representatividad… nos recagaron a tiros. Eso es prepotente e ingenuo al mismo tiempo. Y más adelante ha habido mucho ideologismo, poca política…

PLAYBOY: Durante los 80 y los 90 te enfrentaste con Firmenich y Galimberti.

Verbitsky: Yo no estuve enfrentado con ellos, cuando yo decía estas cosas me hacían campañas tremebundas. Lo dijo Galimberti: se reunieron en Río de Janeiro para ver cómo me destruían. Yo dije las cosas que creo que hay que decir. Y además no he hecho una personalización, no creo que una reflexión crítica de esos años pueda saldarse con una demonización de tal o cual persona. Esto fue un fenómeno colectivo: todos tenemos responsabilidad en lo que pasó. Por supuesto, es distinta la responsabilidad de quienes participamos pero en el mismo tiempo en que participamos, criticamos una cantidad de cosas, como fue mi caso, con documentos elevados internamente, de quienes condujeron y pasaron por alto esas críticas. No nos dieron ni cinco de pelota.

PLAYBOY: ¿Cuál era el cuestionamiento central?

Verbitsky: Perder la política en aras de lo militar. Pero todos tenemos responsabilidad. Nunca he eludido mis responsabilidades. Ahora, cuando Reato dice que Juan Gelman ni yo hicimos una autocrítica, no es cierto. Lo que no hicimos es la fiesta que querés hacer vos, destruyendo todo, cagándose en todo, faltándole el respeto a la historia, a los compañeros muertos, a los vivos, y contribuyendo a convertir una historia compleja en una página negra, que es lo que quieren hacer. Claro que hicimos autocrítica, y en el momento de los hechos.

PLAYBOY: Vos fuiste parte de una organización político-militar y sos desde hace tiempo un referente de los DDHH. Pertenecer a una organización político-militar supone que la violencia forma parte de la política; lo que está en el seno de un organismo de DDHH es lo contrario. Es suponer que hay que garantizar el Estado de Derecho, que hay un límite para la política. La creación del CELS es del 79, y simultáneamente, por ejemplo, ese año Montoneros monta una contraofensiva militar. Es decir: en algún momento hubo una simultaneidad entre la violencia política y el surgir de Madres, Abuelas, CELS, y demás organismos de Derechos Humanos. ¿En qué momento vos te desarmaste en términos políticos, cómo fue el pasaje entre un militante armado a un defensor de los DDHH?

Verbitsky: Bueno, yo creo que en torno del tema de la violencia, antes de hablar de situaciones personales, es imprescindible ubicar procesos históricos colectivos. Es decir, la violencia fue parte de la acción política argentina desde que yo nací hasta que terminó la Dictadura. Cuando terminó la Dictadura, yo tenía 41 años. Yo en el año 55, por azar, estuve en el bombardeo de Plaza de Mayo. Iba al colegio a tres cuadras, entraba al turno de la tarde a la 1 del mediodía y salí del subterráneo a las 12 y media, cuando estaban bombardeando la Plaza de Mayo. De ahí en adelante, eso marcó toda la vida política del país. Esa fue la marca central que hubo en la vida política del país en los 20 años que van desde que eso ocurre hasta el gobierno de Isabel Perón, López Rega, la triple A. No había un solo grupo político argentino que no usara la violencia como modo de hacer. Incluso, antes. El atentado en la Plaza de Mayo de 1953, realizado por el Ingeniero Roque Carranza, luego Ministro de Alfonsín, es otro ejemplo. Digamos, no se concebía la política en la Argentina sin determinados grados de violencia. Cuando ibas a una marcha, ibas con palos, ibas con cadenas, o con bolitas para los caballos de la policía, tratabas de llevar pañuelos mojados para evitar los gases lacrimógenos. La proscripción del peronismo, los fusilamientos, los secuestros, son todas cosas que van formando, digamos… La resistencia peronista es profundamente violenta antes de que hubiera la guerrilla que yo integré. La resistencia peronista es anterior a la Revolución cubana. Yo me acuerdo todavía las imágenes del estallido del gasoducto de Córdoba cuando gobernaba Arturo Frondizi en la Nación y Arturo Zanichelli en Córdoba, que estuvo tres días ardiendo. Esa era la moneda corriente de la vida política argentina. La participación de mi generación, y de gente más joven que yo, en la guerrilla, adquiere una lectura crítica de mi parte a partir del momento en que percibo que el componente militar predomina sobre cualquier otra cosa. Es decir, creo que ahí hay un salto cualitativo. Esta historia de violencia de décadas abarca a todos los sectores políticos. Nadie puede decir “yo no fui violento”, no es verdad, eso es lo que aprendimos, lo que vivimos. A partir del regreso a la clandestinidad, en septiembre del 74, y en los años posteriores, en el 75, 76, 77, comienzan  a prevalecer las opciones militares por sobre las opciones políticas. Ahí yo siento que es un camino cerrado, que no lleva a ningún lado. Y una de las cosas que escribo en esos documentos es el error de asimilar las estructuras organizativas y las estructuras ideológicas con los movimientos de liberación nacional asiáticos. La idea del partido, Frente de Liberación, conceptos de la guerra de Vietnam, son inaplicables en la Argentina, no tienen nada que ver. Lo que había en Argentina era una confrontación interna entre sectores. Una de las cosas que yo escribo es que las Fuerzas Armadas son tan nacionales como nosotros; no son una fuerza ocupante extranjera. Ahí yo creo que hay una pérdida de sentido. Ahí, cuando termina la dictadura y con el terrible daño que hace, comienza un proceso de aprendizaje democrático por parte de toda la sociedad. Y yo, afortunadamente, no me excluyo de ese proceso. Yo aprendí también en ese proceso. Y además, bueno, hoy no hay nadie que plantee la violencia como modo de construcción política. Esto ha sido socialmente desterrado. Yo creo que el proceso es ese. Me parece que antes que el camino individual es importante precisar el contexto social general. Dentro de ese contexto, por supuesto, yo siento que la reivindicación de los DDHH y su vigencia universal son un camino muy importante para la construcción democrática y no se me ocurriría pensar en otra cosa.


PLAYBOY:
¿Cuál es la historia de esa foto? (Detrás suyo, sobresale una foto con Kirchner)

Verbitsky: Está tomada dos meses antes de la muerte de Kirchner, el 4 de agosto de 2010, que era el aniversario de la muerte del obispo Angelelli. Había un acto conmemorativo y fui al acto, en La Rioja. Y ahí Kirchner me dijo que fuera a una entrega de computadoras de Conectar Igualdad –en el Polideportivo Carlos Menem-, que coincidía con el evento, porque me dijo que quería charlar algunas cosas conmigo. Así que fui, y aunque sabía que después del acto íbamos a poder charlar, no se aguantaba, y se acercó al borde del palco y quedó esa foto.

PLAYBOY: ¿Y qué te dijo?

Verbitsky: Tenía que ver con algo de la política del momento. Creo que yo le había pegado un garrotazo a Scioli… porque era un momento en que él planeaba ser candidato en el 2011, y yo había escrito que Scioli tenía el plan de desplazarlo. Él decía que no era verdad. Ése es el tipo de ocasiones en las que yo me encontraba con él. Es un buen ejemplo de lo que me preguntaban antes. Son más las veces que he tenido encuentros de ese tipo que las que he planeado.

PLAYBOY: Pero hubo medidas del Gobierno que tuvieron tu impronta, como la creación del Ministerio de Seguridad…

Verbitsky: Esa es una propuesta que yo le hice a Cristina. El CELS venía planteando el tema de la creación del Ministerio de Seguridad desde hace mucho tiempo. Es decir, que lo que se había hecho en Defensa, había que hacerlo en Seguridad, por el control político de la fuerza y demás. Cuando ocurre lo del Indoamericano, que es dos meses después de la muerte de Kirchner, nosotros entendimos que era el momento de impulsar nuestra propuesta de gobierno político de Fuerzas de Seguridad. Pedí una audiencia, la fui a ver a Cristina, se lo planteé y a ella le pareció bien.

PLAYBOY: ¿Y tuviste propuestas rechazadas?

Verbitsky: En general, no. Bueno, sí, claro. Cuando le propuse a Kirchner bajar los cuadros, ya se lo había propuesto a De la Rúa y a Duhalde (a López Murphy y a Jaunarena, respectivamente). Y se burlaron, los dos. En el 2003, se lo propusimos a Julián Domínguez y a (José) Pampuro. Y al día siguiente, Pampuro me dijo que Kirchner quería verlo. Así que lo fui a ver, le planteé el tema, y me dijo: “Bueno, lo hacemos este 24 de marzo”. Ése fue el diálogo. Ahora, por ejemplo, en 2007, cuando él decide impulsar la candidatura de Scioli para la gobernación de la Provincia, le dije: “A mí me parece un disparate, yo no estoy de acuerdo”. Además, lo escribí. Y durante varios meses no hablé con él. Y un día me dice: “Tengo que hablar con vos, yo quiero que entiendas por qué tomé yo esa decisión que vos cuestionás. Yo tengo la información de que Macri está planeando salir de la Capital e ir a la Provincia. Si Macri cruza a la Provincia y nos gana, todo esto se acabó; y el único que le puede ganar a Macri en la Provincia es Scioli”. Y ahí entonces yo le dije que había tiempo para construir otro candidato, y que además iba a ser traccionado por las presidenciales, con la candidatura de Cristina. Y él me dijo: “No, es al revés: para que Cristina gane, hace falta alguien que empuje desde la Provincia”. Esa fue una diferencia de criterio fuerte que tuvimos. A mí no se me hubiera ocurrido por una cosa de esas pelearme con él.

PLAYBOY: Y lo de Milani, ¿cómo fue?

Verbitsky: Lo de Milani, bueno, cuando el Senador Morales y el actual Ministro Martínez hacen las denuncias y demás, nosotros buscamos en nuestro archivo y no teníamos nada. Y entonces, cuando se producen los ascensos previos de Milani, no teníamos nada para decir. Ahora, cuando él es designado para conducir el Ejército como Jefe del Estado Mayor, ya era un cargo con mucha responsabilidad y la insistencia de los Senadores era muy fuerte y además Lanata había entrevistado al ex soldado Llanes, y entonces hicimos una investigación propia y verificamos que efectivamente había elementos muy pesados. Y entonces se lo planteé a Cristina. Y le ofrecí que si ella quería, los organismos de DDHH le pedíamos que retirara el pliego, para que no tuviera el costo de promoverlo. Que nosotros lo asumíamos. Y me dijo que no, que de ninguna manera. Entonces, hicimos una reunión de Comisión Directiva del CELS, que convoqué especialmente para analizar el tema, y fui el último en hablar. Todos en la Comisión habían dicho que teníamos que denunciarlo y yo coincidí. Entonces le mandamos una carta a Cristina con todos los elementos que habíamos reunido. No hubo respuesta. Eso fue un viernes. El Gobierno no nos dio bola y entonces el domingo hice una cosa que no suelo hacer en la columna, y directamente sugerí que Milani diera un paso al costado. Y el lunes, a las 9, cuando se realizaba la Comisión de Acuerdos, llevamos nuestra impugnación con todos los elementos.

PLAYBOY: ¿Y por qué creés que Cristina lo sostuvo?

Verbitsky: Yo no tengo una clara comprensión de por qué. Hay una cosa que yo vi en mi discusión con Cristina, una cosa muy marcada del kirchnerismo, que es no retrocedemos, no cambiamos. La idea de que si modificás algo, es una muestra de debilidad. Todo lo que plantearon el radicalismo yla izquierda, de que a Milani lo tenían porque hacía inteligencia, yo nunca lo percibí. Y de hecho el Ministro Martínez ha dicho últimamente que dieron vuelta el Ministerio y no encontraron nada. A mí no me consta.

PLAYBOY: ¿El caso Boudou es también un ejemplo de esa obstinación?

Verbitsky: No, no creo, no me parece. Porque ahí, digamos, lo que había era una ofensiva contra el Vicepresidente que no avanzó judicialmente. Si hubiera avanzado… lo que se planteaba era que Cristina le pidiera la renuncia. Ahora, si Cristina le pedía la renuncia, al día siguiente iban contra ella. Ahí yo creo que hubo pragmatismo.

PLAYBOY: Vos escribiste que había “interés estatal en Ciccone”.

Verbitsky: Una vez, Adrián Paenza me contó un diálogo con un hacker. Él siempre está en contacto con el mejor hacker, el mejor basquetbolista. Entonces, él le había preguntado al hacker por la seguridad del sistema informático, si hay alguna forma de garantizar la inviolabilidad. Y el hacker le dijo “Mire, todo eso es relativo, depende del esfuerzo, de la inversión. Si a usted lo corre un león, usted no necesita correr más rápido que el león, solo necesita correr más rápido que su amigo”. A mí me parece que en el caso de Boudou está eso. Si no hubiera estado Boudou, el león hubiera ido contra Cristina. Porque está claro… al margen de lo que una investigación seria, imparcial, pueda acreditar en un caso o en el otro, al margen de eso, yo no me voy a pronunciar al respecto, está claro que en toda esa denuncia había una intencionalidad política de derribo del gobierno, es obvio, como lo hay en Brasil con Dilma, Lula, digamos, ha sido una estrategia generalizada contra los gobiernos populistas de Sudamérica. Entonces, yo creo que la explicación de lo de Boudou es esa. Yo dije que había interés estatal, sí, por supuesto. Argentina estaba fabricando moneda en Brasil y Chile, y no había capacidad para producir billetes en el país. Era un problema de soberanía.

PLAYBOY: Mal resuelto…

Verbitsky: Muy mal resuelto. Eran muy difíciles las alternativas en ese momento. Por ejemplo, una cosa que alguien ha dicho: “la hubieran expropiado”. ¿Cómo hacías, si el “Grupo A” tenía mayoría en el Congreso? No se podía. Cuando hubo mayoría, se expropió. Al margen de lo que uno piense de lo que hizo Boudou, el interés estatal en tener el control de la impresión de billetes es indiscutible. Por qué no se actuó mejor, o se buscó otra solución a tiempo, bueno, son las características de los últimos años, siempre se ha actuado sobre la urgencia. Urgencias reales.

PLAYBOY: En ese modus operandi hay algunos casos que son muy similares. El ingreso de los Ezkenazi en YPF, el intento de Rudy Ulloa de comprar Telefe…

Verbitsky: Bueno, ése es otro tema que yo discutí con Kirchner. Cuando él hizo la prórroga de las licencias en el año 2005, que le dio diez años más a todos los canales de televisión, a la radio, a todo el mundo, lo cuestioné. Y él un día me dijo “Si yo no hacía eso, quebraban Canal 9 y América. Con la deuda que tienen, van a la quiebra y Clarín se queda con todo”. “Pero Hadad y Moneta son peores que Clarín”, le dije. “Sí, pero no tienen la misma fuerza. Y si nadie transmite lo que digo, no voy a poder gobernar”, me contestó. Son peores pero son débiles. Yo no hubiera hecho ninguna de esas cosas, pero lo entiendo. Tiene una lógica. Ni se encaprichó ni quiso hacer un negocio, dio una respuesta apurada e incorrecta a un problema serio. Con la debilidad que tenía ese gobierno en ese momento, si no tenés una alternativa de difusión, estás en el horno.

PLAYBOY: La corrupción es uno de los grandes temas en tu trayectoria periodística. En Robo para la corona está muy bien descripta la sobornización como forma de hacer política. ¿Cómo concebís vos la corrupción en el proceso kirchnerista?

Verbitsky: Mirá, yo creo que los niveles de corrupción de los gobiernos kirchneristas no han superado el promedio de lo que han sido los gobiernos argentinos que yo recuerde. En el caso del menemismo, que es cuando yo dediqué tiempo y esfuerzo para investigar esas cuestiones, a mí me interesaba ver cómo la corrupción era el precio que se pagaba a un movimiento popular de raigambre histórica por el abandono de las banderas tradicionales. El proceso español es paralelo; la corrupción del PSOE tiene el mismo origen. En el caso del kirchnerismo… bueno, el caso de Ezkenazi sin duda es un caso de corrupción, no hay ninguna duda de eso. Ahora, digamos, fue puesto al servicio de una idea, errónea, pero donde también había una idea de política de Estado, también en ese caso la motivación…

PLAYBOY: Hay un patrón similar en los ferrocarriles, una burguesía nacional fallida.

Verbitsky: El kirchnerismo ha cometido errores de lectura muy graves. El kirchnerismo de Kirchner; el de Cristina, no. Es decir, durante el gobierno de Kirchner se plantea la lucha contra los acreedores externos y se entiende a los empresarios argentinos como burguesía nacional aliada en esa lucha. Eso termina en el 2008 con la sublevación de la Sociedad Rural. Ahí es donde queda claro que no hay ninguna burguesía nacional, y que los organismos internacionales de crédito son una parte del problema. Pero la “oligarquía diversificada”, como la llama Eduardo Basualdo, son la otra parte. Y Cristina toma una serie de medidas, desde lo que fue esa batalla contra la Sociedad Rural, que radicalizan y profundizan el proceso político. Veo una clara diferenciación entre esos dos momentos. Habrá que esperar que pase el tiempo, a ver los hechos de corrupción, cuáles han tenido o no, alguna explicación vinculada con políticas estatales. Cuáles han sido meramente choreos y cuáles han sido resoluciones berretas, torpes, de temas serios. Como el caso Ciccone. Kirchner, con Repsol, lo que hace es meter al presunto empresariado nacional adentro. Cristina, directamente, expropia. Son dos soluciones distintas, en dos momentos distintos. Lo mismo con Aerolíneas. No sé cuántos casos reales de corrupción ha habido en el gobierno de Cristina. Ha habido un tam tam obsesivo y reiterativo, que impide un análisis en serio. Todo es motivo de denuncia, de sospecha, nunca de prueba. Habrá que esperar.

PLAYBOY: En el libro de Gabriela Esquivada sobre el diario Noticias de Montoneros, aparece clara tu posición de querer hacer un diario de masas: “Vamos a hacer un diario que quiera leer el pueblo argentino”. Y después te convertiste en un periodista que le escribe a minorías: ¿En quién pensás cuando escribís?

Verbitsky: En el pueblo argentino (ríe).

PLAYBOY: Hay una respuesta probable: en el sistema político.

Verbitsky: Eso es lo que dice Lanata. Son momentos distintos. En aquel momento éramos parte de un proyecto popular, militante, teníamos la potestad de influir en cómo iba a ser el producto, de hacer un diario distinto de La Opinión. En Página/12 no he tenido la incidencia que tuve en Noticias. No he sido directivo. Yo soy apenas un columnista político…

PLAYBOY: No sé si sostendría el “apenas”.

Verbitsky: Pero bueno, yo en Página también planteé que había que tener una sección deportiva importante, pero no me dieron pelota. Yo sigo creyendo que sería bueno un diario más popular…

PLAYBOY: Nunca te reivindicaste periodista militante.

Verbitsky: Es que no lo soy. No estoy encuadrado en ninguna estructura.

PLAYBOY: ¿Qué opinás del periodismo militante? ¿Fue una estrategia comunicacional efectiva, acertada?

Verbitsky: Mirá, a mí me parece que fue una respuesta en espejo a lo que hacen los medios más tradicionales. Una vez me dijeron que 678 era un programa de propaganda. Y yo dije que sí, pero, ¿y TN qué es? Fue hecho en espejo. Por supuesto, se ofendieron todos. No hubo nadie a quien le cayera bien.

PLAYBOY: ¿Y Página/12 qué fue?

Verbitsky: Página expresa a un sector social, político, cultural, que tiene una incidencia significativa en la sociedad pero que no forma parte de un proyecto político determinado, y que en cada momento se va acomodando de acuerdo a lo que va viendo en el panorama político del país. Coincidimos con algunas cosas del gobierno de Alfonsín y criticamos otras; con algunas de Menem y criticamos otras; con poquísimas de De la Rúa y del interinato de Duhalde; y tuvimos muchas coincidencias con los gobiernos de Néstor y Cristina sin dejar de expresar esa identidad preexistente. A mí me parece que el tema de los DDHH ha sido una definición permanente de Página/12 y a mí me importa destacar que el aporte de Kirchner a los DDHH ha sido muy importante. Pero no ha sido un invento del kirchnerismo. Cuando Kirchner llegó, había ya medio centenar de altos cuadros militares bajo proceso. Detenidos y bajo proceso, por obra del movimiento de DDHH, en contra de los gobiernos anteriores. Entonces,  mucha alegría de que el gobierno de Kirchner tomara ese tema. Pero es un tema previo, para el diario y para el movimiento de DDHH. Y es un tema posterior. Ya se fue el kirchnerismo, pero nosotros vamos a seguir, y vamos a seguir mientras existamos. Es un tema de identidad.

PLAYBOY: La última: ¿qué opinás del rol de Bergoglio como Papa en la política nacional?

Verbitsky: Prefiero no contestar sobre Bergoglio.

FUENTE: Revista PLAYBOY

Contra la censura “socialista” en el arte


Rolando Astarita [Blog]

Por estos días tuve oportunidad de leer la crítica de Eduardo Sartelli, del grupo Razón y Revolución, a la posición defendida por los partidos trotskistas sobre que debe existir la más plena libertad de creación artística. En un reportaje concedido a la Agencia Paco Urondo, Sartelli califica la posición de Trotsky y el trotskismo en el arte de “liberal”, y precisa: “Esa idea de otorgar ‘toda libertad al arte’ presupone la existencia de un campo abstraído de las relaciones sociales, sin conflictividad, donde el artista es una especie de privilegiado, el único ser en el universo que no está determinado por ninguna relación social” (http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/18727-queremos-combatir-una-lectura-religiosa-de-trotsky).

Por otra parte, en el Prólogo que escriben Sartelli y Rosana López Rodríguez a la reciente edición de Literatura y revolución, critican la “caricatura trotskista” de la posición de Trotsky en el arte, diciendo que la misma “pretende que Trotsky encuentra repulsiva…

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2016: La peor de las crisis económicas, causas, medidas y crónica de una ruina anunciada


alemcifo

Manuel Sutherland*

Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO)

La situación económica del país es extremadamente grave. La inflación más alta del mundo (140 %[i]), déficit fiscal de dos dígitos (por quinto año consecutivo), caída del 75 % de los precios del petróleo, el riesgo país a la inversión internacional más alto del globo (JP EMBI+ 4145 puntos[ii]), la estrepitosa caída del PIB (-7,1% al tercer trimestre de 2015[iii]), la cantidad de reservas internacionales más baja del decenio y una tremebunda escasez de toda clase de bienes y servicios. A ello se le suma la fuga de capitales más elevada del planeta[iv]. Ante ese deslucido panorama se erige la certeza de que la situación puede ser mucho más grave, pero que en 2016 será el desenlace.

La importación fraudulenta, uno de los padres de la escasez y la inflación

En varios artículos nos hemos referido en extenso a este tópico…

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PARA QUÉ PÚBLICO TRABAJA MACRI (CHARLA CON GELBLUNG SOBRE LOS PRIMEROS 60 DÍAS)


Zuleta sin techo

• CUÁL ES EL PÚBLICO DE MACRI HOY. • EL DESAFÍO DE LAS ELECCIONES DEL AÑO QUE VIENE. • EL PERONISMO QUE SE ARMA PARA GANARLE EN 2017. • LAS VENTAJAS DE LOS PRIMEROS 60 DÍAS. • EL ACIERTO DE MOSTRAR LOS DIENTES Y LA INTOLERANCIA CRIOLLA ANTE LOS GOBIERNOS BLANDOS. • POR  QUÉ SCIOLI NO ES MASSA. • UN DIÁLOGO CON CHICHE GELBLUNG (RADIO BELGRANO, AM 950) SOBRE LOS PRIMEROS 60 DÍAS DEL GOBIERNO CAMBIEMOS.

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PJ, MODELO PARA ARMAR: DE LIGA DE GOBERNADORES A LIGA DE INTENDENTES


Zuleta sin techo

  • DE CÓMO EL PERONISMO VIRA DE SER UNA LIGA DE GOBERNADORES A UNA LIGA DE INTENDENTES. • EL PACTO CHAQUEÑO DE CAPITANICH CON JULIO PEREYRA. • LO QUE MACRI QUIERE CAMBIAR ES UN SISTEMA QUE SE CREO EN LA CRISIS DE 2002. • NO ES SÓLO UN CAMBIO DE GOBIERNO. • MÁXIMO NO ES UN DIRIGENTE POLÍTICO, ES UN FAMILIAR. • MÁS IMPORTANTE QUE ÉL ES SU TÍA ALICIA, QUE POR LO MENOS ES GOBERNADORA. • EN POLÍTICA HACERSE UNA SELFIE ES COMO HACERSE LA P… • UN DIÁLOGO SOBRE LO QUE SE VIENE EN 2016 POR RADIO SYNCRO.

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El ataque de los buitros IXI: The Force Awakens


economix

De la serie “Notas para el Facebook”

Después de un par de años de bombardeo mediático con el tema, la mayoría ya tiene una idea de qué son los fondos buitres: especuladores que quieren ganar mucha plata. Lo que aún se discute es el alcance de sus acciones, si hay que pagarles, cómo, cuánto, cuándo y sobre todo qué implicancias tiene hacerlo o no. Con el cambio de gobierno también hubo un cambio de estrategia respecto al tema. Se pasó de una “no-negociación” con tono de batalla épica “Patria o buitres“ a sentarse amablemente a tomar algo y charlar.

Lo que se está negociando es deuda que viene de 2001 (y de antes, y de la dictadura, y de cosas que ya ni sabemos de dónde salieron). En ese entonces, producto de la crisis, hubo un festival de bonos muy baratos y muchos aprovecharon, entre ellos los fondos buitres. Kirchner…

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