Giberti
Julio 28, 2009
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La muerte del Ing. Horacio Giberti y las emotivas palabras de Mabel Thwaites Rey me motivaron a recordar otra faceta de “el inge”, como lo llamábamos quienes lo conocíamos desde 1973. Pues precisamente en ese año fue nombrado Secretario de Agricultura y acompañó la gestión de Cámpora- Perón, siendo Ministro de Economía José Gelbard. Muchos jóvenes sociólogos e ingenieros agrónomos ya estábamos trabajando en la Secretaria en un grupo técnico que se llamaba precisamente Sociología Rural. No obstante cuando él asumió nuetro trabajo cobró un nuevo sentido, nos incorporamos al proyecto para el sector agrario que el gobierno de Juan Perón tenía en su tercer gobierno: interceptar la fabulosa renta agraria que en aquel entonces estaba en manos de los terratenientes y grandes capitalistas de la región pampeana; otro de los puntos de su programa fue apoyar un desarrollo sustentable para el sector más desfavorecido del agro extrapampeano. Nosotros colaboramos en esta última tarea pero no dejamos de interesarnos, discutir algunas ideas en relación con todo el otro paquete de medidas: proyectos de ley de Renta Normal Potancial de la tierra; Arrendamiento Forzoso y la famosa Ley Agraria que fue el límite que la poderosa burguesía agraria no soportaría. Reuerdo haber tenido en mis manos ese proyecto de Ley Agraria y en quel entonces pude apreciar el documento histórico en que se convertiría. Era la Reforma Agraria para este país.La muerte de Perón y el giro del gobierno de Isabel Perón con Celestino Rodrigo y el Ing. Emer en la Secretaría de Agricultura preparó el camino para la política de Martinez de Hoz con Videla.
La posición del Ing. Giberti fue clara, consensuada (se creó un sistema de política agraria consensuada donde la SRA no participó) y no dejaba lugar a ambigüedades ni dudas hacia donde se dirigía; a quien se debía limitar en sus feroces ganancias también estaba claro y sin dudas en esos tiempos era la SRA quien concentraba gran parte del poder que se quería limitar. No existía aún el agronegocio, los grandes exportadores de granos ni un sector financiero que los apoyara.
Giberti y su esposa, Julieta Menasé, quien fue su mano derecha, una especie de subsecretaria sin cargo nos abrieron espacios a pesar de nuestra juventud y posiciones “supuestamente” siempre más radicales que las de ellos. Susana Aparicio y yo tuvimos el privilegio de formar parte de ese equipo y primero ella y luego yo fuimos prescidindas de la institución cuando todo ese equipo fue relevado junto con el Ministro de Economía. Gelbard nunca entregó su política agraria porque para ellos fue en esos cortos dos años (tal vez menos) “política de estado”.
Luego vinieron los exilios internos y externos y cuando en 1984 nos reencontramos, tuvimos el honor de proponer un seminario de sociología rural con él que se dio para la Carrera de Sociología y Filosofía y Letras. Memorable y numeroso seminario, donde participó como invitado su amigo Humberto Volando aún en Federación Agraria. Hace poco recuperé una grabación del Ingeniero analizando el Martín Fierro para describir el campo pampeano de la segunda parte del XIX, enseñándonos como José Hernández conocía los distintos sujetos y formas de producir de su época. Memorable clase, que recuperé hace poco entre los guardados y viejos casettes, que mi equipo pasó a forma de Ficha de Cátedra y que mis alumnos tiene aún el privilegio de leearla. Una confusa situación lo dejó afuera de los profesores contratados de Sociología y Susana Aparicio y yo lo lamentamos hasta el día de hoy. Por suerte Filosifía y Letras le dio el título de Profesor Honorario y supo valorar al personaje en cuestión.
Hace tres años murio su esposa, mujer lúcida, cálida que no sólo lo acompañó sino que fue decidida y clara en los momentos difíciles. Los recuerdo en los suntuosos salones de la institución del viejo poder terrateniente, habitándolos en forma sencilla, con ese modo simple de personas cultas y progresistas que tenían muy claro para qué la historia los había colocado en esos despachos. En los últimos tiempos el Ing. Giberti, fiel a su generación, seguía creyendo en el desarrollo, la tecnología y el progreso; si bien no lo podía acompañar en sus creencias esto no restaba un milímetro mi respeto y admiración.
Vaya con estas historia mi homenaje a Don Horacio Hiberti, “el inge” y a Julieta Menase.
Norma Giarracca
Profesora de Sociología Rural
Coordinadora del GER en el IIGG
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