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Notas sobre el sistema penal del capital tecnológico – Ruinas sobre ruinas

Las ruinas del poder disciplinario son los términos de lo que se percibe, socialmente, como “decadencia”. Se habla de “decadencia moral” como de “decadencia cultural” o “decadencia civilizatoria”. Son todas formas tristes de referirse al retiro de los dioses.

ruinas capital tecnologico derecho

 Sucede que la decadencia no tiene nada que ver con la representación de un “derrumbarse”, de un “venirse abajo”. Todo lo contrario: es el esplendor de esta época en su consistencia maquinal. La decadencia es el resultado de la auto-superación propia de la dominación tecnológica desenvuelta a escala planetaria.Decadencia es una noción lista, disponible, al alcance del comentario. No importa su esencia técnica. No nos referimos a la decadencia de los “filósofos de la decadencia”. Tampoco nos importa demasiado, a los fines de nuestro trabajo, la relación genealógica entre la idea de “decadencia” y el presente adjetivado como “decadente”. No son pensadores los que se ocupan así del presente. Son profesores de ética, periodistas, comunicólogos, opinadores profesionales, entretenedores culturales… Habladurías: la decadencia sobrepasa al cotidiano que lo copa todo con su inmortal “queja de usuario”. Decadente tampoco es un tiempo que ha culminado y otro que no termina de nacer; unas instituciones que no murieron y otras que no han terminado de parirse porque tal interregno no es otra cosa que el presente concebido por una conciencia medieval. La “decadencia” así mentada no es un concepto sino una actitud. Una afectación en el sentimiento. Una imposibilidad de comprender las fuerzas novedosas que rigen la actualidad. El resultado es la moralización del presente bajo una selección ideal de un pasado que nunca existió. Esa “decadencia” allí donde se la argumenta denuncia, groseramente, la ausencia completa de sentido histórico. 

La decadencia aconceptual es la reacción frente a la ruina de los ídolos de la sociedad disciplinaria. Esa sociedad que, en el marco de la acumulación nacional centrada del capital industrial, producía cuerpos productivos, obedientes, capaces de crear riqueza en formas objetivas independientes del arbitrio del hombre como un poder que solo se ejerce pero que nadie posee. Las nuevas objetividades desarrolladas por las fuerzas del trabajo humano muestran las formas anteriores como rudimentarias, como modos embrionarios, falsos, incapaces de alcanzar una condición presente (subjetiva) para la producción social: el presente se nos escapa, el disfrute no llega nunca. Y con cada innovación, la percepción se refuerza ad infinitum.

Vemos la falta de disciplina en el trabajo, en el estudio, en los oficios: el mundo es indisciplina como peligro. No tenemos tiempo y corremos detrás de la información como monos en busca de una banana (certeza). Seguridad es esa obsesión compulsiva. Seguridad es la solución como necesidad de responder a los cuerpos desobedientes sin conciencia. Nuestra conciencia era el fruto de una disciplina metódica, sea exterior, sea interior: has de cambiar tu vida como primacía de la práctica de sí sobre sí. Era también el modo en que la sociedad nos hacía una mentalidad, nos individualizaba y sujetaba nuestra fuerza a la producción de capital en donde nos representábamos como seres abstractamente iguales: nos gobernaban con orden. En este presente llamado “global” la miseria, el atentando, el descontrol, la expulsión constituyen el funcionamiento del instante: el desgobierno como resultado del ejercicio del poder

Los límites entre Norma y Excepción son ahora muy borrosos, difusos, contingentes. No hay colectivos que temer sino a un individuo virosico que puede resultar la causa formal de un estado de excepción sin barreras nacionales. Todos adentro y todos afuera: el Otro ya no es el bloque socialista sino cualquiera de los mortales. Hay que controlarlo todo porque la monada terrorista puede destruir Occidente. Someter a grandes porciones de la población a la nada y volver a incorporarlas a la producción en ciclos económicos cada vez más violentos, turbulentos, veloces, caóticos y crueles, es la textura del capital: su lógica se ha acelerado, respecto del Veinte, ganando grados mayores de destrucción. Humildad y vértigo. La tasa de desempleo sube, baja, parece que vuelve el estado benefactor y el pleno empleo. Luego, se devasta casi todo y se reconstruye como “oportunidad inversora”. Un poco de keynesianismo allí, más libertad para el sector privado allá: el capital reforma su poderío sea con el mercado, sea mediante el estado, mientras sus placas tectónicas dibujan los ojos asiáticos de la geo-política porvenir.

Y la cárcel está ahí, permanece intacta, más reformista o más cruel, más humana o con tolerancia cero, con voluntad de volver a la disciplina o como empresa que utiliza la delincuencia para reproducir el poder del estado como mafia: la decadencia de nuestros días es la aceleración de las fuerzas destructivas de la modernidad, contra lo moderno, paradójicamente pone al presente en un precipicio frente al cual solo queda retroceder y seguir adjetivando la época con el sufijo “post”.

No existe, entonces, ninguna sociedad “post-disciplinaria” sino una sociedad del control que reordena las fuerzas normalizadoras como carga y diferencia

I 

El plan—.  La metodología de las ciencias sociales entorpece la perspectiva con la cual el pensar mira lo venidero con una especie de “momento” de la investigación en donde se hacen manifiestos los denominados “presupuestos” del método. Lo que se pretende aquí es una instancia policial revestida de apariencia científica. Importa que el investigador declare su escuela, su pertenencia teórica y siga, detalladamente, los pasos indicados en pos del respeto de la comunidad de investigadores. La originalidad importa menos que la previsibilidad de una escritura obediente. Tales presupuestos equivalen a sentar sobre tablas si es marxista, interpretativista, positivista, estructuralista, etc.Pensamos que el método no existe con anterioridad a la investigación porque el pensar hace presa de su asunto como lo propio de sus fuerzas. La metodología no tiene que ver con el pensamiento sino con el oficio de matricero. ¿Qué es un centro interpretativo

Un centro interpretativo es una condensación de fuerzas. No se trata de citar una maraña de autores. En este artículo hay pocas menciones. Un centro argumentativo tampoco es la exposición minuciosa del objeto mediante sucesivas determinaciones del concepto. Una condensación de argumentos es un decir con voluntad polémica. No busca el diálogo sino el encuentro. No busca la verdad en contraposición a la mentira y al error sino las fuerzas que se hacen con la interpretación. No hace ciencia sino que la presupone.Un centro interpretativo es un basamento como condición de posibilidad de la investigación. No es un programa ni una teoría como esquema sino el apremio con el ojo. 

El centro interpretativo del presente artículo es el siguiente: 

  1. La sociedad mundial del capital tecnológico es el imperio de la relación salarial a escala planetaria sin entorno no-capitalista. Esto presupone ya no el imperialismo sobre las colonias sino el capital tecnológico como medio del capital para su propia diferenciación sistémica. El resultado es un esquema piramidal donde una masa gigante de capitales ya no puede competir —ni siquiera a escala regional— y son sostenidos por el estado o absorbidos por otros capitales, incluyendo el financiero. En tal situación, las empresas no innovadoras son permanentemente re-configuradas por empresas de tecnología que poseen una determinación supra-nacional respecto del estado de la ciencia y del estado como tal. En ese contexto global, al sostener PyMES, el estado financia la necesidad de mercado interno para el capital tecnológico. Aparece como creación de empleos y lucha proteccionista al mismo tiempo que déficit por importación. La política productiva no funciona como planificación del desarrollo sino como coyuntura y urgencia. Entonces, el sistema de conjunto si bien permite que la propiedad de los medios de producción pase a manos de los trabajadores (“fábricas recuperadas”, subsidios a cooperativas y emprendimientos productivos) opone férreos obstáculos a que éstos se apropien, productivamente, de la innovación y la alta tecnología. Llamaremos contraplanificación a la búsqueda de una teoría social que abra el horizonte de tal apropiación. 
  1. La economía mundial del capitalismo tecnológico crea y recrea continuamente zonas vulnerables donde el estado no puede, no sabe, no quiere que pase absolutamente nada que no sea control y seguridad. El estado de excepción ya no tiene su modo de ser sobre la lucha de clases —en un sentido harto reduccionista como represión de la clase trabajadora— sino sobre una selección específica del conjunto humano supra-nacional que no posee capital (desde asalariados hasta religiosos) y a los que se identifica, específicamente, bajo la forma del derecho penal del enemigo[1]. La economía general del poder de castigar, en la sociedad de control, no se aplica, por lo tanto, sobre conjuntos sino sobre una movediza zona de individualización y desindividualización productora de dispositivos[2]que conducen el poder a la dominación.

 

  1. El problema ya no son los desviados y su sociología sino los normales y su marketing. Es el individuo normal sobre el que hay que ejercer el control: el hacker, el terrorista, el distribuidor de pornografía infantil. Para los “desviados” hay tolerancia, abandono como “anti-psiquiatría”, olvido y psicoanalistas (sub) contratados, flexibilizados, tercerizados por el aparato de estado, la medicina prepaga y las obras sociales. No constituyen ni demandan un esfuerzo presupuestario inabordable. Las mayores pérdidas para el capital no provienen de los anormales sino de controlar los movimientos del hombre común que, por ejemplo, ya no quiere pagar para acceder a la cultura y no reconoce, en su práctica, el derecho privado a la ganancia proveniente de la (re)producción industrial. La piratería de las luchas virtuales de este siglo son formas de resistencia al “proceso de privatización” del conocimiento colectivo y la cooperación social en redes supra-nacionales. De la locura esquizofrénica al copyright binario. 
  1. El estado que ejecuta el derecho penal del enemigo sobre la normalidad para desplegar y justificar la excepción no requiere de saber sino de información. No tiene conceptos. Tiene PowerPoints. No solicita “discursos” sino imagen, sonido, archivo de la sospecha permanente. Un estado supra-nacional que no se define por la territorialidad sino por la capacidad absoluta de ver. Tiene hambre de flujos y de visión. Seduce con su Ojo y con él construye una objetividad, prácticamente, invulnerable. Las redes sociales como paradigma de funcionamiento y legitimidad de este poder de ver: el reality show como fiesta del “castigo postmoderno”. El espacio social no se define por la disciplina vigilada en su rebeldía sino por la participación activa en el control que los ciudadanos ejercen sobre lo que el dispositivo de ver absoluto presenta de modo continuo e ininterrumpido. El panóptico ha dado vuelta su propia media: de unos pocos que observaban y castigaban a muchos que observan y controlan. El suplicio carcelario es un circo romano mediático que nos devuelve una realidad ficcional de la exclusión como entretenimiento y turismo social. 
  1. El consenso generalizado avanza sin cesar en la mira de un orden auto-regulado crecientemente por agentes no estatales. El estado es uno más en una mesa donde no tiene el mando, ni el control, ni la primacía. El capital tecnológico le ha secuestrado el comando del castigo al Estado. El estado se vuelve miope para intervenir en los territorios. Intenta armar redes de clientela pero esa dinámica no es un unilateral y la mafia lo termina devorando casi siempre tirando al tacho gobernadores tras gobernadores, ministros tras ministros. El ideal del encierro es ahora la prisión domiciliaria donde la propia comunidad controla y observa con un estado que certifica y ofrece tecnología o directamente la importa. El poder de castigar se repliega en forma aparente: se vuelve, selectivamente, más económico. No gasta en burocracia sino en cámaras de seguridad.

 

  1. El poder de disciplina al secularizar la justicia, es decir, la venganza del Dios en el Estado no solo modifica la fundamentación del castigo sino la concepción moderna (laica) del tiempo. La pena no se desarrolla en un tiempo absoluto que re-establece el orden vulnerado sino en un tiempo progresivo, metódicamente, observable, según una linealidad individualizada que re-constituye el caso sometido, a su propia evolución, bajo el juicio de la ciencia. Poder disciplinario absorbiendo el poder de soberanía. Resocialización. Todo eso ya no importa ni como “hecho” ni como “discurso”. La posmodernidad penal suspende la interpretación jurídica disolviendo la especificidad del derecho en el ejercicio desnudo de la dominación.

El resultado de los puntos presentados es que la sociedad se encamina hacia el gobierno de los indisciplinados en un presente donde el estado, al ejercicio de poder de castigar clásico, le está sobre-imprimiendo las tecnologías del control desarrolladas por el capital más innovativo y diferenciado. La tecno-política busca deglutirse viejas burocracias con formas más locales y efectivas. Lo que falta para instaurar una nueva mentalidad[3] al poder de castigar es hacerse, resolutivamente, con un estado de situación que deslegitime —por izquierda y por derecha— la existencia misma de la cárcel. Esa tierra está arada, disponible y preparada, sea por el abolicionismo ideológico, sea por la puesta en práctica de las tecnologías de seguridad: la cárcel ya no tiene más cabida ni razón de ser. Para poder instaurarse la penalidad del XXI la mentalidad que deslegitima de raíz la estructura del XX debe producirse como “superación” al interior del propio campo del sistema penal. “No más cárcel”, sea por clamor socialista. “No más cárcel”, sea por compasión reformista. “No más cárcel” sea, por voluntad de venganza a domicilio. Una comunidad de vecinos vigilantes por laptot observa en Youtube la vida del preso del barrio: la comunidad, en tanto burócrata colectivo, abre la cárcel al ojo tecnológico que todo lo graba, archiva, ve. Esta banalización última del panóptico es, en realidad, la primacía de su dominio.

El presente artículo trata de pensar el asunto del derecho penal en la época del capital tecnológico. La organización del mismo es la siguiente: A) se presenta, sucintamente, la noción básica de capital tecnológico; B) se analizan noticias sobre el sistema carcelario en sociedades muy disímiles ya no bajo el eje seguridad / inseguridad —eje que hace a la legitimidad del castigo— sino bajo el eje productividad / improductividad que ilumina la producción del castigo en lugar de los modos de hacerlo socialmente aceptable. Tal análisis se realiza en la dirección de considerar la decadencia de la sociedad disciplinaria como su superación en manos de un capital tecnológicamente diferenciado que aún no ha desplegado toda su capacidad de destrucción sobre la institución penal pero que ha podido privatizar, subsumir, capturar las funciones sociales de la seguridad estatal: el capital tecnológico como liquidación discursiva del derecho penal en tanto poder público; C) se concluye con el señalamiento del límite intrínseco de toda política reformista del sistema carcelario, en el marco del capital, y la necesidad de una teoría y estrategia transicional.

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Ruinas sobre ruinas.Notas sobre el derecho penal del capital tecnológico

[1] El concepto derecho penal del enemigo fue introducido por el profesor Günther Jakobs en un congreso celebrado en Frankfurt, en el año 1985, en el contexto de una reflexión sobre la tendencia en Alemania hacia la “criminalización en el estadio previo a una lesión” del bien jurídicamente tutelado. Jakobs establece, en un primer momento, una separación entre el derecho penal de los ciudadanos y el derecho penal de excepción en la dirección de Carl Schmitt. En un Congreso de Berlín, ya en 1999, la diferenciación se profundiza entre personas (derecho penal del ciudadanos) y no personas (derecho penal del enemigo). Se trata de un derecho penal de peligrosidad: el autor, el enemigo, el que abandona el derecho en forma permanente y no se encauza más. No es un discurso sobre la resocialización sino sobre la eliminación de raíz de lo peligroso. Para Jakobs, una y otra forma de derecho penal —ciudadano y enemigo— se hallan entremezclados en el derecho penal vigente: la declaración abierta del enemigo lo hace menos peligroso para el estado y en un mismo movimiento se desenmascaran ambos. Ya no se trata de ocultar ni de cosificar con maquillaje: se abandona el Estado de Derecho liberal, el derecho penal de culpabilidad liberal y se avanza hacia un Estado de Derecho de la Seguridad, un derecho penal de la seguridad orientado preventivamente y policialmente, a escala global: el derecho penal pierde su medida y límite. Ya no limita al poder punitivo: lo realiza en todo el ámbito social, desdibujándose y volviéndose amorfo. Y, en pos de la defensa de las normas como esencia de la cohesión social, la confianza y las expectativas normales, entrega definitivamente el aparato de justicia a la policía. El derecho penal del enemigo es la destrucción del derecho penal laico como realización plena de un poder punitivo fundamentado en un derecho penal teológico-militar. El enemigo es una amenaza constante: no puede cambiar, no se puede reformar, no tiene conciencia, no tiene capacidad cognitiva. Es peligro. En un sentido genérico, el derecho penal siempre fue “derecho penal del enemigo”. El Veinte lo deja muy claro. Sin embargo, aquí hablamos del sentido específico del derecho penal del enemigo como derecho supra-nacional de excepción en el marco de la acumulación mundial de capital. No hay “enemigo público”. Lo público y lo privado ya no se diferencian: el derecho penal del enemigo es la honestidad como cinismo procedente de la derrota del socialismo. Correlato de la sociedad del control, arquitecto de la “seguridad en la era de la globalización”: la diferencia del derecho penal del enemigo del Veintiuno es una diferencia de grado, de intensidad, de escala. Una diferencia cualitativa.

[2] Agamben, G. (2009) “What is an Apparatus?”. Stanford University Press.

[3] Defino mentalidad como la confluencia de múltiples causas y condiciones hacia una actitud básica e inicial previa a toda “naturalización”, a todo “sentido común”, a toda “racionalización”. La mentalidad constituye la predisposición a la advenida de nuevos modos y formas de ejercicio del poder, del gobierno de los hombres y de la dominación. La mentalidad, por lo tanto, no es un contenido sino un marco formal que espera ser enunciado. 

FUENTE BLOG SSOCIOLOGOS

Rothschild hereda una patente de semiconductores al desaparecer el MH370

Cuatro días después de que el vuelo MH370 desapareciese, una patente de semiconductores fue aprobada por la oficina de patentes de EE.UU. 

La patente se divide en partes de un 20% entre cinco titulares. Uno de los titulares es la propia empresa, Freescale Semiconductor, de Austin, Texas (EE.UU.), y los otros cuatro, empleados chinos de la compañía: Peidong Wang, Zhijun Chen, Zhijong Cheng y Li Ying, todos ellos de la ciudad de Suzhou. Y todos ellos pasajeros del avión de Malaysia Airlines desaparecido el 8 de marzo, según Eternity.

Si el titular de la patente muere, los demás titulares compartirán equitativamente los dividendos de la persona fallecida, siempre y cuando no se dispute en su testamento. Si cuatro de los cinco titulares de la patente mueren, entonces el titular de la patente que queda con vida consigue el 100% de la patente. Ese titular de la patente restante es la empresa Freescale Semiconductor. 

¿A quién pertenece Freescale Semiconductor? La respuesta es: a Jacob Rothschild. El multimillonario británico es el propietario de la empresa Blackstone, la cual a su vez posee la compañía Freescale. 

Varias especulaciones en la Red ya han prestan atención a este circunstancia. 

Los Rothschild son una dinastía de financistas y banqueros internacionales de origen judeoalemán. La familia es desde el siglo XIX uno de los más influyentes linajes de banqueros y financieros de Europa. 

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/123046-rothschild-hereda-patente-semiconductores-avion-malasio

FUENTE

Replacing Russian Gas Deliveries with US Shale Gas? Washington Lies to the EU

Global Research, April 10, 2014
Url of this article:

The White House and State Department have engaged in brazen lying to EU governments regarding the ability of the US to supply more than enough natural gas to replace Russian gas deliveries. Recent statements by US President Obama and Secretary of State John Kerry are so patently false that it betrays an incredible desperation in Washington over the situation in Ukraine versus Moscow. Or it suggests that Washington is so out of touch with any factual reality she simply doesn’t care what she says. Either way, it suggests an unreliable diplomatic partner for the EU.

After his recent meeting with EU leaders Obama issued the incredible statement that the secret Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) that is being secretly negotiated behind closed doors by the major private multinational companies would make it easier for the United States to export gas to Europe and help it reduce its dependency on Russian energy: “Once we have a trade agreement in place, export licenses for projects for liquefied natural gas destined to Europe would be much easier, something that is obviously relevant in today’s geopolitical environment,” Obama stated.

That bit of political opportunism to try to push the stalled TTIP talks by playing on EU fears of Russian gas loss after the US-orchestrated Ukraine coup of February 22, ignores the fact that the problem in getting US shale gas to the EU does not lie in easier LNG licensing procedures in the USA and EU.

In other recent statements, referring to the recent boom in unconventional US shale gas, Obama and Kerry have both stated the US could more than replace all Russian gas to the EU, an outright lie based on physical realities. At his Brussels meeting Obama told EU leaders they should import shale gas from the US to replace Russian. There is a huge problem with that.

Shale revolution a failure

Number one, the “shale gas revolution” in the USA has failed. The dramatic rise in US natural gas production from “fracking” or forcing gas out of shale rock formations is being abandoned by the largest energy companies like Shell and BP as uneconomical. Shell has just announced a huge reduction of its exposure to US shale gas development. Shell is selling its leases on some 700,000 acres of shale gas lands in the major shale gas areas of Texas, Pennsylvania, Colorado and Kansas and says it may have to get rid of more to stop its shale gas losses. Shell’s CEO,Ben van Beurden stated, “Financial performance there is frankly not acceptable … some of our exploration bets have simply not workedout.”

A useful summary of the shale gas illusion comes from a recent analysis of the actual results of several years of shale gas extraction in the USA by veteran energy analyst David Hughes. He notes, “Shale gas production has grown explosively to account for nearly 40 percent of US natural gas production. Nevertheless, production has been on a plateau since December 2011; eighty percent of shale gas production comes from five plays, several of which are in decline. The very high decline rates of shale gas wells require continuous inputs of capital—estimated at $42 billion per year to drill more than 7,000 wells—in order to maintain production. In comparison, the value of shale gas produced in 2012 was just $32.5 billion.”

So Obama is either being lied to by his advisers on the true state of US shale gas supplies, or he is willfully lying. The former is most likely.

The second problem with the US “offer” of gas to the EU to replace Russian gas is the fact that it requires massive, costly infrastructure in the form of construction of new Liquified Natural Gas terminals that can handle the huge LNG supertankers to bring it to similar huge LNG terminal harbors in the EU.

The problem is that owing to various US laws on export of domestic energy and supply factors, there exist no operating LNG liquefaction terminals in the US. The only one now under construction is the Sabine Pass LNG receiving terminal in Cameron Parish, Louisiana, owned by Cheniere Energy, where John Deutch, former CIA head, sits on the board. The problem with the Sabine Pass LNG terminal is that most of the gas has been pre-contracted to Korean, Indian and other Asian LNG customers, not to the EU.

The second problem is that even were a huge port capacity installed to satisfy EU gas needs to replace Russian supplies, that would push domestic natural-gas prices higher and cut short the mini-manufacturing boom fueled by abundant, cheap shale gas. The ultimate cost to EU consumers of US LNG would have to be far more than current Russian gas pipelined over Nord Stream or Ukraine. The next problem is that the specialized LNG supertankers do not exist to supply the EU market. All this takes years, including environmental approvals, construction time, perhaps seven years on average in best conditions.

The EU gets some 30% of its gas, the fastest-growing energy source there, from Russia today. In 2007, Russia’s Gazprom supplied 14 percent for France, 27 percent for Italy, 36 percent for Germany, with Finland and the Baltic states receiving as much as 100 percent of gas imports from Russia.

The EU has no realistic alternative to Russian gas. Germany, the largest economy, has foolishly decided to phase out nuclear power and its “alternative energy”—wind power and solar–is an economic and political disaster with consumer electricity costs exploding even though alternatives are a tiny share of the total market.

In short, the chimera of shutting Russian gas and turning on US gas instead is economic, energy and political nonsense.

F. William Engdahl is strategic risk consultant and lecturer, he holds a degree in politics from Princeton University and is a best-selling author on oil and geopolitics , exclusively for the online magazine “New Eastern Outlook”

Los Ojos del Arma – Sobre el cine de Harun Farocki, por Gabriel Muro

Harun Farócki es un cineasta imprescindible. De origen checo-alemán, con casi cien películas en su haber, es el primer historiador de las sociedades de control. Sintomáticamente, sus investigaciones no han sido realizadas primariamente en forma escrita (aunque también escribe) sino a través de la realización de documentales. Farocki es una especie de Virgilio que con sus películas nos arrastra al “showroom” de las nuevas tecnologías de poder. Sus más de cien documentales giran obsesivamente sobre un antiguo tema judeo-platónico: la desconfianza y hostilidad hacia las imágenes. Pero ya no se trata del antiguo odio mítico frente a las imágenes entendidas y temidas como desafío a un Dios esencialmente irrepresentable. Si la escritura fue creada para combatir a las imágenes mágicas, es decir a la idolatría, las imágenes técnicas de nuestra era recobran un cierto poder “mágico” de actuar sobre las cosas. Para las imágenes técnicas de última generación, en cambio, no hay nada irrepresentable, puesto que no representan nada, sino que programan, calculan distancias, escanean movimientos, detectan intrusos y localizan objetivos.

Las imágenes que obsesionan a Farocki no son las imágenes artísticas, sino las imágenes técnicas, esto es, aquéllas producidas por un aparato. La primera de este tipo fue la fotografía y la siguen, en orden de aparición, el film, las imágenes electrónicas y por último, las imágenes informáticas o digitales. Existen, por supuesto, cruces y relaciones entre las imágenes artísticas y las imágenes técnicas. En La Plata y La Cruz (2010) Farocki explora el modo en que la iglesia organizaba la extracción de plata de la mina de Potosí en la época del virreinato utilizando como única referencia un cuadro al óleo de 1784 realizado por el pintor Gaspar Miguel de Berrío, en donde se representa al detalle y como si fuese una infografía, la explotación del Cerro Rico.

Farocki hace pública la potencia bélica de las imágenes técnicas. Existe una guerra audiovisual que se desarrolla de modo imperceptible, en toda la extensión de la sociedad tecnológica y en los márgenes de los medios masivos de comunicación.

En Los Creadores de los Mundos de Compras (2001), Farocki observa el modo en que un grupo de expertos planifican y diseñan cada rincón de un Shopping-Center para mejor atraer los ojos de los visitantes. En Imágenes del Mundo y La Inscripción de la Guerra (1989), se trata de analizar el rol que ha jugado la fotografía al oficiar de ojo-máquina para mejor dirigir aviones no tripulados y misiles inteligentes. En Naturaleza Muerta (1997), vemos como un grupo de fotógrafos reunidos en un estudio producen, meticulosamente, las imágenes publicitarias de un conjunto de productos alimenticios. En Perseguir y Reconocer (2003) vemos cómo las cámaras que se insertan en las cabezas de los misiles militares funcionan efectivamente como ojos, capaces de decidir una trayectoria y de perseguir incansablemente a su objetivo, torciendo su propio rumbo, reacomodándose frente a los movimientos de su presa.

Imagenes de Prision

El cine de Farocki no es un cine de denuncia. No responde a ninguno de los estándares estereotipados con los que generalmente se producen esa clase de películas. Los films de Farocki son analíticos, casi hasta mimetizarse con las imágenes que observa con su propia cámara. En todo caso, se trata de un cine maquínico-testimonial, o como él mismo afirma, un cine que pone en evidencia, un cine que “hace ver” el nuevo estatuto de las imágenes en las sociedades informatizadas. Este curioso e inquietante hacer ver se da por una suerte de traslación del espectador hacia la mirada del Amo. Es como si Farocki nos depositase en el punto de vista del Poder. Vemos lo que ven los aparatos de control pero descubrimos que esta visión está vacía, que no hay una subjetividad que sea la depositaria de esas imágenes, sino un vasto programa matemático que organiza un teatro de operaciones electrónico y automático.

Hace casi un siglo, tanto el cineasta experimental Dziga Vertov como Walter Benjamin, coincidían en afirmar que la potencia del Cine se hallaba en su capacidad para ver más que lo que ve el ojo humano. Dziga Vertov había nombrado a su programa político-cinematográfico como el de “Cine-Ojo”. Benjamin resaltaba la potencia del cine para revelar un “inconsciente óptico” al que el ojo, frente a la pantalla, quedaba cautivado. Este programa vanguardista e iluminista viene siendo cumplido por otro tipo de cámaras, las llamadas cámaras “inteligentes”. Con Farocki comprendemos que el Iluminismo es la voluntad de iluminarlo todo para que así pueda ser visto con claridad y calculado con precisión. La matematización cartesiana del mundo encuentra su máxima aplicabilidad en las tecnologías de la óptica. Pero Farocki sigue filmando y por eso iluminando los resquicios que han quedado oscuros en relación a las condiciones de posibilidad para el dominio de las imágenes técnicas. Farocki no recae en ingenuas formas del romanticismo pretecnológico. Se mantiene fiel a la fórmula adorniana: ir más allá de la ilustración a través de la ilustración.

En Imágenes de la prisión (2000) vemos lo que captan las cámaras de seguridad de una prisión de máxima seguridad de EEUU. La cámara observa las visitas que reciben los presos, examina las cartas que se intercambian, observa los movimientos y las riñas que se producen en el patio del correccional. Nada se le escapa al nuevo panóptico. Ya no se contenta con una pura contemplación voyeurística, sino que también interviene en la escena. Cuando dos presos comienzan una refriega, una voz automática, largada por altoparlantes, les advierte que tienen diez segundos para dejar de combatir. La cámara los observa atenta, ajustando la mira. Luego del tiempo de gracia, al constatar que los presos siguen peleando, se descargan sobre ellos una serie de disparos que coinciden con la mira de la cámara. La imagen funciona como campo visual que ajusta milimétricamente el objetivo del arma. Uno de los presos cae abatido, el otro se cubre y tira al piso, como ordena el protocolo carcelario.

Farocki es también el primer cineasta en posar su mirada sobre la automatización del trabajo. Varios de sus films tratan sobre el modo en que sofisticadas máquinas producen mercancías independientemente de cualquier trabajador. El trabajo humano queda fuera de campo. Esas máquinas han sido programadas por científicos para producir, por sí solas, con la ayuda de su propia percepción electrónica, precisas piezas de diseño industrial, o bien calcular la cantidad de stock mercantil disponible en un depósito, en donde máquinas “visionarias” se encargan, autónomas, de la logística. Terminamos por confundir todos los dominios. Los aparatos que sirven para la guerra también sirven para la producción de mercancías. Las tecnologías para dirigir misiles se asemejan a las usadas para arar los campos por medio de tractores automatizados.

El cine de Farocki hace ver que ya no se trata tanto de realizar una crítica ideológica de las imágenes que irradian los medios de comunicación masivos. Tampoco se trata de soslayar esas imágenes, solo que ya no pueden ser el núcleo de una política de las imágenes. Las imágenes técnicas no aparecen en televisión excepto bajo la forma devaluada del espectáculo policíaco. El vasto arsenal de imágenes inteligentes circula por otros carriles, menos evidentes que los televisivos y sin embargo presentes en todos los espacios de la producción capitalista. No son imágenes que engañen, que distraigan o que entretengan al público para mantenerlo adormecido o engañado. Las imágenes técnicas no necesitan de la mentira ni de la operación de prensa. No ocultan ningún complot siniestro. En cambio, se contentan con un simple objetivo: programar por completo el funcionamiento de los aparatos y de las sociedades que de ellos dependen.

FUENTE

El Juez y el Poeta

Las quemas de libros a partir del 24 de marzo de 1976 

Por Julián Axat, defensor juvenil

Cuando mis padres desaparecieron, en abril de 1977, mi abuelo paterno, Carlos Alberto Axat, un moderado abogado civilista, hizo su primer habeas corpus ante el juzgado federal electoral de la Provincia de Buenos Aires. El entonces juez, Teniente Coronel Dr. Héctor Gustavo de la Serna Quevedo, que lo recibió en su despacho, le preguntó qué estudiaba su hijo, a lo que mi abuelo le explicó Filosofía. La respuesta derivó en una arenga entusiasta del magistrado sobre los problemas épicos y filosóficos acerca del trigo y la cizaña. Mi abuelo, desesperado, que solo estaba ahí para pedir por el paradero de su hijo y su nuera, tuvo que soportar que el señor juez terminara con su clase pseudoerudita para implorar una respuesta efectiva. Cuando regresó al juzgado a los pocos días, encontró el rechazo del habeas corpus y las costas al vencido. Yo por entonces tenía pocos meses, la anécdota me la contó cuando ingresé a la facultad de derecho en 1994, en ella estaba contenido el punto de su frustración en el derecho y la justicia para un abogado con 70 años de profesión libre. Con la anécdota me decía: elegí bien, que no te pase lo que a mí. Mi abuelo murió en 1995.

Héctor Gustavo De la Serna Quevedo, nació en 1926 en Catamarca, hijo de un militar de alto rango y primo del “Che” de lado materno; huérfano desde los ocho años, hizo la carrera militar hasta que fue dado de baja por ser parte de la intentona de alzamientos anteriores a 1955. Recibido de abogado a los 40 años, fue designado por Onganía como interventor del Servicio Penitenciario, y más tarde por la dictadura cívico-militar como juez federal electoral de la provincia de Buenos Aires; cargo que ocupó hasta 1983.

De la Serna fue no solo conocido solo por ser el juez preferido de “Jimy” Smart dando cobertura judicial a secuestros y desapariciones, para luego rechazar habeas corpus y gozar de imponer costas a familiares de esos desaparecidos; sino que fue y sigue siendo conocido por uno de los hechos más graves contra la cultura de este país. A eso de las nueve y media de la mañana, el 7 de diciembre de 1978, los depósitos que el Centro Editor de América Latina en Avellaneda fueron allanados y clausurados bajo la acusación de infringir la ley 20.840. Por entonces, el valiente editor Boris Spivakow junto con su abogado se atrevieron a dirigirse hasta el despacho de De la Serna para evitar el atropello, pero allí atónitos recibieron una filípica sobre “filología de la disgregación social”, fundamento que se materializó en el decomiso del 30 de agosto de 1980, en un terreno baldío de Sarandí, donde un millón y medio de libros ardieron frente a la mirada del propio De la Serna.

El acto judicial que firmado y sellado por De la Serna, que ordena la quema ha sido rescatada hace pocos meses, gracias al trabajo de archivo del grupo la Grieta de la Plata encabezado, esta vez, por Gabriela Pesclevi. Como diría Walter Benjamin, el documento judicial representa toda una pieza de la barbarie que, a su vez, expone la negación-destrucción cultural de la dictadura hacia determinados libros, entre los que figuraban Marx, Lenin, Mao, Sartre, Cortazar, García Márquez, pero especialmente libros infantiles como los de Elsa Bonerman, o María Elena Walsh.  La investigación llevada a cabo por Pesclevi, me llevó a otros lugares interesantes. Si uno lo Googlea “Héctor Gustavo De La Serna”, lo primero que encuentra es el típico homenaje que el diario “El Día” hace a los personajes de su ciudad, en los que nunca se distingue al héroe del villano; de allí que el desapercibido fallecimiento de De La Serna ocurrido el 8/5/2012, tuvo un montaje-recordatorio donde aparece como “poeta, docente y filósofo”, y nada sobre su nefasto rol de juez.

Lo que a mí me despertó curiosidad del recordatorio del diario no fue el lavado de una historia, sino la introducción de la siguiente palabra: “Poeta”. ¿Cómo compatibilizar la quema de libros con la poesía? ¿Cuál es el lugar del juez verdugo y cuál el de la poesía frente al Mal? La poesía y el derecho son dos lugares que me obsesionan, y De la Serna no solo había rechazado el habeas corpus de mis padres, sino que además se decía abogado y poeta. Si la pieza judicial firmada por De la Serna, que ordenaba la quema de un millón y medio de libros, se trata de una pieza arqueológica que refleja todo el lugar de la barbarie cultural Argentina, entonces hallar el libro de poesía firmado por ese mismo autor, representa el fin de la palabra (poética), o el lugar donde la maldad y la ignorancia coincidían.

Como detective literario, salí en la búsqueda de la poesía de De La Serna. No figuraba en catálogos de Internet, recorrí librerías de viejo, consulté en bibliotecas de La Plata, hasta que di con un único ejemplar  de “Poesía y Meditación”, Ediciones Almafuerte (1996). La tapa lleva una imagen de la bóveda de la catedral platense, por lo que ya se aprecia un tono cruzado y en la solapa la siguiente  caracterización: “… crítico preocupado por las ideas disolventes en que se ha encarnado la sociedad…”. La serie de versos son una lírica confesional trillada, halito meditabundo de burócrata jubilado que se paga una edición para despuntar culpas y rendir cuentas con los fantasmas que lo persiguen y ante los que se justifica. Basten este puñado de palabras que reflejan al resto: “¿Quién conociera el peso de la historia / y su incidencia en el vivir futuro? / con su irrumpir en varias direcciones / con tanto polvo sedimentando el alma, /con tanta pena crucificando al hombre /en inseguridad sin concesiones / ¡quien pudiera desentrañar la suerte del angustiado permanentemente! / un profundo arcano señorea el mundo / y el torrente de tiempo, vida y muerte / en medio de nuestro acaecer fecundo / se repite absurdo, obstinadamente… /escribir y borrar acto seguido / en el cuaderno de sufrir y el llanto /sin reparar en el que sufre tanto…”.

Alguna vez me detuve en la poesía del latinista Carlos A. Disandro, o me obsesiona dar algún día con el inhallable libro de poesía firmado por Eduardo E. Massera, en su juventud y que Claudio Uriarte se cansó de buscar. El libro de poemas del ex juez De la Serna forma parte de estas inquietudes, y la paradoja consistía en rescatar del olvido, el libro de un quemador de libros. Quién quemaría estos libros, aun cuando estén manchados de sangre o lejos estén de la Poesía, con mayúsculas. Cuando mi abuelo me contó la anécdota de su frustración ante el juez De la Serna, entonces yo decidí ser abogado, pero también elegí la Poesía.

CENTRO de pensamiento crítico WALTER BENJAMIN

El Centro de Pensamiento Crítico Walter Benjamin surge como un espacio de estudio y reflexión sobre las derivas más sombrías del sistema-mundo que habitamos. Algo que implica dar cuenta del punto de clivaje donde la violencia moderna se convierte en una violencia naturalizada, vuelta “irrepresentable”, reducida a una simple “gestión”.

Se trata de hacer pensable el mecanismo que constituye la figura del poder soberano como fuente de exterminio sin contradecir, y éste es el escándalo que subyace a una política fundada en la exclusión de hombres que ya no son solamente superfluos , sino que se han vuelto desechables.

En esta perspectiva, son objeto de análisis las marcas que el desvío de la llamada Modernidad han provocado en la cultura, en los imaginarios sociales, en los cuerpos y en la subjetividad, lo que lleva a interpelar lo intolerable del presente y de los paradigmas que rigen hoy la cultura occidental

A través de cursos, seminarios, jornadas, mesas debate y conferencias, el Centro se propone trabajar en la línea de pensamiento crítico que desarrolló la primera Escuela de Frankfurt, lo que remite a la lectura de obras clave  de Theodor Adorno, Max Horkheimer  y,  especialmente, de textos fundamentales del filósofo alemán Walter Benjamin, como son las “Tesis de filosofía de la historia” que, en oposición a la historiografía tradicional, proponen restituir los sentidos del pasado y escuchar voz de los vencidos

Se trata no sólo de recuperar el pensamiento crítico, dejado de lado tras la caída del Muro de Berlín, junto con ideologías y certidumbres, sino de crear comunidad, una comunidad pensante y deseante en oposición a “las escuelas de servidumbre”  que hacen de la violencia estructural del capitalismo el reverso imaginario de una libertad ilusoria.

El abordaje, desde una perspectiva interdisciplinaria, se traduce en la participación de  docentes, investigadores, psicoanalistas, historiadores, antropólogos, sociólogos y especialistas en derecho y filosofía.

Aunque la consolidación del Centro de Pensamiento Crítico Walter Benjamin es reciente, sus integrantes cuentan con una vasta experiencia en la docencia y la investigación. Sus actividades, durante el año pasado, tuvieron un carácter “itinerante”, que se tradujo en la realización de encuentros de debate y reflexión en diversos ámbitos académicos.

El crecimiento en la demanda de un proyecto de trasmisión e intercomunicación de saberes, que contemple nuevas temáticas, ha planteado la necesidad de que el Centro disponga  de un espacio físico más permanente para el desarrollo de sus actividades, en el marco de su programa académico para el año 2014.          Los debates, mesas redondas y jornadas tendrán por objetivo no sólo el intercambio de ideas sino la meta, quizá más ambiciosa, pero no imposible,  de crear un lugar de pertenencia cultural, donde puedan  discutirse libremente los temas que no se abordan o que, en caso de ser abordados, carecen de la necesaria profundidad.

Una reflexión de León Rozitchner quizá sea la síntesis que más se acerque a nuestra propuesta: “La desintegración producida por el sistema capitalista forma sistema con el hombre desintegrado en el cual el capitalismo se objetiva. La salida de la contradicción en que estamos viviendo no puede ser pensada con la racionalidad burguesa: debemos descubrir una racionalidad más profunda que englobe en una sola estructura, partiendo desde la experiencia sensible de nuestro propio cuerpo, nuestra conexión perdida con los otros. Hay que volver a hacer sentir lo que es necesario pensar, pero hay que volver a pensar profundamente para recomenzar a sentir y salir del entumecimiento””.

Inicio de Actividades

El Centro de Pensamiento Crítico Walter Benjamin inicia sus actividades de este año el 12  de marzo con una serie de Talleres de lectura e interpretación de textos.

Talleres de lectura e interpretación de textos

  • 12 de marzo: El lado oscuro de la Modernidad. De los sueños de la razón a las fábricas de la muerte. Cultura y barbarie: una relación dialéctica.

“El ángel de la historia”, Walter Benjamin

Fragmentos de “Dialéctica del Iluminismo”, T. Adorno y M. Horkheimer.

“El silencio de las sirenas”, Franz Kafka.

  • 19 de marzo: Del sujeto ilustrado  al hombre desechable. La irrupción de los otros en el “Otro”. Alienación y normalización social. La producción de idiotismo moral.

Odradek”, Franz Kafka

“Hurbinek”, Primo Levi

“Los que abandonan Omelás”, Ursula Le Guin

  • 26 de marzo: El genocidio como ruptura de la historia. Usos de la memoria y políticas del olvido. Poder y  resignificación de pasados traumáticos.

 “Tesis de Filosofía de la Historia (7º Tesis)”, Walter Benjamin

“Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida”, Giorgio Agamben

Estas reuniones se llevarán a cabo los días miércoles, de 19 a 21 horas, en el Casal de Catalunya, Sala Gaudì (planta baja), Chacabuco 863, Capital Federal.

Los encuentros son gratuitos, con inscripción previa a aguilis1@hotmail.com ó rangel1@speedy.com.ar

Seminario Anual

A partir del 9 de abril, dará comienzo el Seminario Cultura y barbarie -De los sueños de la Ilustración a las fábricas de la muerte, a cargo de la Lic. Raquel Angel y el Lic. Alberto Guilis.

Se adjunta la introducción y objetivos  del Seminario.

Duración: anual

Días y horario: miércoles, de 19 a 21 horas

Se entregarán certificados de asistencia.

Informes e inscripción: rangel1@speedy.com.ar; aguilis1@hotmail.com

Teléfono: 11 4049-7864

CULTURA Y BARBARIE

De los sueños de la Ilustración a las fábricas de la muerte 

Seminario anual

Docentes: Raquel Angel y Alberto Guilis

Introducción y objetivos del seminario

     “No existe documento de cultura que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie”. Sobre esta  reflexión de Walter Benjamin y los múltiples sentidos que dispara, se articula la propuesta central del seminario. Establecer el vínculo entre cultura y barbarie implica trabajar en los bordes de una oposición que se enmascara. Dicho de otro modo, significa analizar la  dialéctica de la Ilustración que va a operarse en la llamada Modernidad, a partir del surgimiento y consolidación del capitalismo.

Se trata de  proporcionar herramientas teóricas que permitan visualizar  las causas que produjeron el pasaje del proyecto de la Ilustración (siglo XVIII) a las tecnologías de guerra y exterminio del siglo XX. Una mirada que deja al descubierto la contracara de la filosofía del progreso, el lado oscuro de  una cultura que significaba la destrucción de la naturaleza, la cosificación del hombre, la explotación de su fuerza de trabajo, la expropiación de su vida, la masificación, la homogeneización y la pérdida de autonomía en el marco embrutecedor de la revolución industrial. Laceraciones que provocaron ruptura de los lazos solidarios, marcas en el lenguaje, en la cultura, en los cuerpos y en la subjetividad, y que se tradujeron en la producción del “hombre serializado”, según la definición de Sartre.

Una contextualización rigurosa obliga a revisar críticamente  la génesis de los Derechos Humanos, la visión de los filósofos contractualistas  y la concepción burguesa de los Derechos Humanos. que se consolida a partir de la Revolución Francesa, en l789.

El abordaje que proponemos apunta a desmontar el entramado de ideologías que se fue configurando a lo largo de la Modernidad y cuyo rasgo común fue concebir a su tecnocultura como despliegue y conquista del mundo, En esta perspectiva, se analizará exhaustivamente el gran relato moderno: triunfo de la Razón sobre la superstición, dominio del hombre sobre la naturaleza, exaltación de la ciencia y de la técnica como únicos caminos hacia la verdad; progreso ininterrumpido, promesa de un devenir emancipador de las sociedades y protagonismo del sujeto como arquitecto de la historia.

Este recorrido implica dar cuenta del punto de viraje del paradigma moderno. El deslizamiento hacia el “lado oscuro” de la Razón ya empieza a perfilarse en el siglo XIX ( trabajo alienado y fetichismo de la mercancía, como operación ideológica  clave de la Modernidad), pero su despliegue, en el siglo XX, tendrá el signo de la catástrofe con el estallido de dos guerras mundiales, el primer genocidio del siglo, sufrido por el pueblo armenio, la irrupción del nazismo y de los campos de concentración, la eliminación masiva de opositores políticos, de gitanos y homosexuales y, como culminación de este cruce entre política y violencia sacrificial, la instalación de las fábricas de la muerte y el asesinato de seis millones de judíos.

En el caso de Argentina, bajo el Terrorismo de Estado (1976-1983), igual que en otros genocidios estudiados, el seminario no se detiene en la descripción meramente  historicista de lo acontecido, sino que apunta a instalar reflexiones y debates sobre temas que hasta ahora se han venido soslayando: grado de implicación social con los mandatos del poder, opciones morales en situaciones límite, políticas de la memoria y usos del olvido, entre otros. Cuestiones que, en un análisis comparativo, permiten visualizar al genocidio como una tecnología de poder ligada a lo que ha dado en llamarse “sociedades concentracionarias”.

La recurrencia a prácticas genocidas a lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI –Argelia, Vietnam, Laos, Camboya, Argentina, Chile, Guatemala, Ruanda, Afganistán, Irak, entre otros ejemplos- obliga a formular preguntas inquietantes.

¿Se trata de un fracaso de la Modernidad o de un  producto inevitable en un proceso civilizatorio ligado a la acumulación capitalista? ¿Cómo explicar el pasaje del gran sueño de la Ilustración al exterminio de millones de seres humanos? ¿Qué condiciones posibilitaron la tragedia de la Razón, el quiebre de una cultura, la caída en la barbarie? En el marco de esta requisitoria, el seminario plantea un núcleo central: ¿qué subjetividad produce la modernidad capitalista y hasta dónde es funcional esta subjetividad a la perpetración de un genocidio?

El cruce de reflexiones sobre los aparatos de captura de la Modernidad y sobre las inscripciones del poder en la subjetividad demanda la imprescindible apelación al denominado “pensamiento fuerte”. Spinoza, Benjamin, Adorno, Horkheimer, Nietzsche, Freud, Lacan, Sartre, Merleau-Ponty, Agamben, Levi-Strauss,  Grüner y León Rozichtner, son algunos de los autores que se trabajarán a lo largo del seminario.

A través de este enfoque multidisciplinario que incluye miradas desde la filosofía, la historia, la antropología, el marxismo crítico y el psicoanálisis,  la  propuesta apunta a responder interrogantes que aún desvelan la conciencia del presente y penden, como amenaza, sobre el futuro.

Los 15 argentinos más ricos tienen tanta plata como el Banco Central

Según el ranking 2013 de los argentinos más ricos, publicado por la edición local de la revista Forbes, el conjunto de los patrimonios de estos 15 millonarios se ubica solo un 3 por ciento por debajo de las reservas internacionales de nuestro país, según el cierre del lunes de la entidad monetaria.

La lista la encabezan los hermanos Alejandro y Carlos Bulgheroni (Bridas, Panamerican Energy) con 5.880 millones de dólares. Los Bulgheroni cerraron 2013 con 180 nuevos pozos perforados en el yacimiento Cerro Dragón, en Comodoro Rivadavia, y con el lanzamiento de Axion, la nueva compañía de refinación de petróleo crudo y comercialización de combustibles y lubricantes que Bridas le compró a ExxonMobil en Argentina, Paraguay y Uruguay.

En segundo lugar aparece Paolo Rocca con 3.400 millones de dólares. Rocca es el responsable de Tenaris y Ternium, las dos empresas principales de la Organización Techint, el mayor productor de acero de América Latina y el mayor productor global de tubos sin costura, usados principalmente en la industria petrolera.

Gregorio Pérez Companc y familia ocupan el tercer lugar del ranking con 2.800 millones de dólares. Retirado de la actividad diaria, Pérez Companc llegó a estar al frente de uno de los grupos más poderosos del país durante 25 años, Molinos Río de la Plata, y fue líder de este ranking.

Eduardo Eurnekian es propietario de Corporación América, la compañía que desembolsó 200 millones de dólares para quedarse con el 81 por ciento de CGC, la petrolera en la que sus fundadores, el Grupo Soldati, mantienen un 19 por ciento. El exdueño de América TV ocupa el cuarto lugar de la lista con un patrimonio de 2.200 millones de dólares, seguido por Jorge Pérez (The Related Group) con 1.550 millones de dólares.

Alberto Roemmers y familia aparecen sextos con 1.350 millones de dólares. Al frente del holding farmacéutico más grande del país, Roemmers preside el directorio de la compañía familiar que fundó su padre. Además, la familia también produce olivares.

La única heredera de Amalia Lacroze de Fortabat, María Inés de Lafuente Lacroze, es la mujer más rica del país desde febrero de 2012. Posee obras de arte y propiedades en la Argentina, Estados Unidos y Uruguay que elevan su fortuna al puesto siete con 1.260 millones de dólares.

Luis Alejandro Pagani ocupa el octavo puesto con 1.250 millones de dólares. Con ventas anuales por 14.000 millones de dólares, ganancias por 44 millones de dólares y un valor estimado de la compañía de 2.280 millones de dólares, Pagani está al mando de Arcor, la mayor productora de caramelos del mundo.

El ranking Forbes de los argentinos más ricos ubica noveno a Roberto Urquía con 1.200 millones de dólares. Urquía es uno de los propietarios de la compañía familiar Aceitera General Deheza (ADG), la mayor exportadora del país de aceite de soja a China.

Con idéntico patrimonio figura Edith Rodríguez de Rey, quien fuera la mujer de Luis Alberto Rey, el ingeniero que fundó la petrolera de origen nacional Pluspetrol y Papel Prensa.

Alfredo Román, líder del transporte logístico en la Argentina, ostenta el puesto 11 de la lista con 1.110 millones de dólares. Lo sigue Hugo Sigman con 1.000 millones de dólares, quien encabeza el grupo Insud, integrado por los laboratorios ELEA, Biogénesis y Bagó. Sigman además, posee negocios agroforestales, así como otras unidades relacionadas con la información y la cultura, como la Editorial Capital intelectual.

Samuel Liberman, abocado al desarrollo inmobiliario a través de las empresas Sociedad Latinoamericana de Inversiones (Grupo SLI) y Altius Group, es el 13er argentino más acaudalado con 950 millones de dólares.

En el puesto siguiente está Enrique Esquenazi (Grupo Petersen), con 870 millones de dólares.

El ranking lo cierran Carlos Blaquier y familia con 840 millones de dólares. Con la madre de sus hijos, María Elena Arrieta Wollman, el empresario tiene el 90 por ciento de las acciones de la firma Ledesma.

Blaquier está procesado como cómplice primario en 26 casos de privación ilegítima de la libertad en la causa Burgos, que investiga los hechos ocurridos durante La Noche del Apagón en 1976, y por los secuestros del intendente de Libertador San Martín, Luis Ramón Aredez, de Omar Gainza y de Carlos Melián, durante la última dictadura cívico militar.

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